Argentina perdió por goleada pero Ganó

viernes, 9 de julio de 2010

GANÓ ARGENTINA

A pesar de haber caído por goleada alemana en el campeonato mundial de fútbol de Sudáfrica 2010, Argentina ha ganado. Perdió un seleccionado que llevaba nuestros colores por fuera, pero que tenía la impronta kirchnerista por dentro.

El director técnico de la Selección de Fútbol Nacional, Diego Armando Maradona, adolece del mismo defecto que el matrimonio presidencial: no se bancan las críticas de la prensa.


La señora presidente soñaba con la Plaza de Mayo atestada de incondicionales admiradores (de los que vienen por el "jornal" de vino y sándwich), y un balcón compartido con Néstor, Maradona y Estela de Carlotto, entre otros emblemas de la "cultura" nacional actual. Una imagen que quedaría en la memoria colectiva por años y años.

Choripán y circo del bicentenario. Ni pensar lo que hubiera sido el palco en Johannesburgo, con el discurso de la victoria del "modelo económico, político, social y deportivo" de Kristina -que todo el planeta debería implementar inmediatamente-, en caso de haber ganado el campeonato.

El fútbol es un deporte y, esencialmente, un juego. Pero ciertos países -y el nuestro no es la excepción- lo toman como una guerra, en la que los triunfos significan una conquista incuestionable del "modelo de gobierno" turno. Así en 1978 como en 2010.

No. Argentina no perdió. Ha obtenido un triunfo resonante como pais democratico, hemos dado un paso adelante y no un paso atras en nuestro camino por Institucionalizar con seriedad el pais.

Don Diego, después de violentarse con algunos simpatizantes alemanes, se retiró humillado del estadio. Nosotros nos hemos sentido humillados desde el comienzo de esta ridícula puesta en escena.

-Nos humillan los 600 millones destinados al fútbol y robados a los jubilados.

-Nos humilla un presidente vitalicio de la AFA que no ha hecho más que vivir del erario público.

-Nos humillan los cientos de miles de decodificadores pagados con el sudor de los que trabajan y distribuidos a la "clientela" electoralista.

-Nos humilla un director técnico soberbio, pedante y maleducado, que está convencido de que es Dios.

-Nos humilla la presencia de Estela de Carlotto en Sudáfrica para autopromover su indecente candidatura al Premio Nobel de la Paz (¿Será Santa Teresa de Calcuta y no nos dimos cuenta?).

-Nos humillan los barrasbravas, cuya presencia en el continente africano "nadie" puede explicar, como tampoco su conducta violenta y su consecuente deportación.

Diego Armando Maradona fue en otra época, y sin duda alguna, un superdotado en sus piernas, aunque los dotes en el otro extremo de su cuerpo parecen inversamente proporcionales. A él le debemos una copa mundial obtenida con trampa, por la viveza criolla que pasó a la historia como "la mano de Dios" y también la bochornosa expulsión de otro mundial a raíz de su adicción a las drogas.

Ser excluidos del campeonato mundial de fútbol significó quitarles el caramelo de la boca al populista matrimonio presidencial, al inmoral presidente de la AFA, a la dudosa abuela Carlotto y al fracasado Director Técnico de la selección nacional.

Maradona ha dejado sin libreto a la presidente y a su cohorte de funcionarios inútiles y corruptos. ¿Qué hará ahora la primera magistrada? ¿Cómo seguirá la obra? ¿A quién acusará de haberle "secuestrado los goles"?
¿A la Fifa? ¿A los sudafricanos? ¿A Messi? A Maradona, ciertamente no. A Maradona sólo le cabe la derrota de la selección nacional en la copa del mundo e, irónicamente, el extraordinario triunfo de Argentina.

Coimas en Venezuela: Incendian Casa Tornquist para quemar pruebas

miércoles, 30 de junio de 2010

UN FUEGO MUY OPORTUNO
Se incendió la Casa Tornquist:

Por Alexis Di Capo

¿Desaparecieron las pruebas de los negocios con Venezuela?

La Casa Tornquist, donde funcionaba el banco del mismo nombre y que perteneció a la familia Acuña Debary Tornquist, está ubicada en la calle Bartolomé Mitre 533. Ahora el inmueble pertenece al gobierno nacional a través del Ministerio de Planificación Federal de Julio De Vido.

En su octavo piso (ídem en el cuarto) se acumulaban papeles confidenciales que estaban bajo el control del equipo de colaboradores directos del Ministro. Dos días atrás, horas después de que el embajador Eduardo Sadous ratificara ante la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados sus denuncias sobre coimas en Venezuela, el inmueble en cuestión sufrió un "oportuno" incendio que afectó a buena parte de la documentación bajo custodia.

Prohibido apagar el fuego

Testigos del incendio refieren que, durante el incendio, se observó el despliegue de personal policial (varios de civil) con armas largas que no sólo no cooperaba con los bomberos sino que contuvo la acción de los mismos, obligándolos a trabajar lentamente, pese a los riesgos y a tratarse de un monumento histórico. Esta secuencia de extraños acontecimientos dio lugar a una versión originada en fuentes de inteligencia. La misma consigna que lo que se quemó en el misterioso incendio sería una parte importante de la documentación del intercambio comercial entre Argentina y Venezuela, entre ellos los informes sobre el fideicomiso constituido con los fondos provenientes de las compras argentinas de fuel oil venezolano, destinados a pagar las compras de maquinaria, alimentos y tecnología argentina. En estas operaciones se pagaron coimas del orden del 15%.

De este modo, gracias al oportuno fuego, habrían desaparecido las pruebas que en cualquier momento podría requerir el Juez Federal Julián Ercolini, a cargo de la investigación de las coimas.

Ricardo Alfonsín se recibió de líder político

lunes, 7 de junio de 2010

Por Ignacio Fidanza

Ricardo Alfonsín se recibió esta noche de líder político. Aupado en el cariño popular que despertó la muerte de su padre, prefirió eludir la comodidad de liderar las encuetas de imagen positiva para pelear el poder real al interior de su partido.


Con mucho para perder -tenía un sólo representante en la junta electoral que controlaban a Leopoldo Moreau y Federico Storani-, salió a desafiar mucho más que la titularidad de la UCR bonaerense, enfrentó al estabishment del partido que llevó al radicalismo al borde de la extinción y que ahora apostaba a reciclarse detrás de la popularidad de Cobos.

Su triunfo vale doble porque se impuso a un aparato que no controlaba, sumandose a la historia de grandez batacazos como el que protagonizó Carlos Menem cuando le ganó la interna del PJ a Antonio Cafiero, por ese entonces al frente del partido.

El radicalismo también se dio el lujo de enviar un potente mensaje al resto de las fuerzas políticas, es la única estructura nacional que realiza internas como para definir sus autoridades, frente a los dedados que imperan en el PJ, la Coalición Cívica y el PRO.

Un gesto muy positivo de normalización de la vida partidaria que por si mismo valió el esfuerzo y que engarzado con las primarias obligatorias -si es que finalmente se concretan- alientan la esperenza de una lenta recomposición del sistema político luego de la implosión del 2001.

El éxito de Alfonsín también refuerza las chances de la UCR para las presidenciales del 2011. Es que luego del explícito apoyo que Elisa Carrió le dio en su pelea con la vieja estructura -que ella nunca pudo derrotar internamente-, quedó claro que la candidatura presidencial del hijo del ex presidente ampliaba la base política del radicalismo.

Como bien se apresuró a decir esta noche el senador Gerardo Morales, el triunfo de Alfonsín revitaliza un agonizante Acuerdo Cívico. Ahora sí el hijo del ex presidente tiene pergaminos como para reclamar la candidatura presidencial y todo indica que detrás de su figura será mas sencillo confluir con la Coalición Cívica y el socialismo de Hermes Binner, que se apresuró a felicitarlo igual que Lilita Carrió y Margarita Stolbizer.

Se vislumbra así una coalición mucho más competitiva en lo electoral que la que expresaba el cobismo, que lentamente se fue encerrando en los sectores más conservadores de la UCR. El propio Alfonsín eufórico en los festejos en el tradicional Hotel Castelar de la Avenida de Mayo subrayó que su prioridad será trabajar para que "no sólo los cobistas regresen al partido, sino también los que se fueron al GEN y a la Coalición Cívica".

Lo acompañaban hombres muy cercanos a Carrió como el porteño Ricardo Gil Lavedra y el santacruceño Eduardo Costa, quien acaricia la posibilidad de desplazar a los Kirchner del poder en su refugio patagónico.

Notable decadencia del vicepresidente que no supo aprovechar el inmenso regalo que le otorgó la historia al colocarlo en la instancia clave de la votación de la 125, para consolidar un proceso renovador en la anquilosada estructura del radicalismo. Sin embargo, también es justo reconocer que Cobos cuenta con pergaminos de gestión ejecutiva -como decano universitario, como gobernador y como vicepresidente- de los que carece Alfonsín, que construyó toda su carrera política en funciones legislativas. Una diferencia que acaso no sea menor a la hora de votar un presidente.

Como sea, el triunfo de Alfonsín además tiene el doble mérito de haber sido impuesto en las difíciles internas, que como todo el mundo sabe son mucho mas complicadas que las generales, verdadera universidad de los dirigentes políticos. Se le quemaron los papeles a los viejos generales del partido, que miraban con cierta displicencia al hijo del viejo líder, a quien no se cansaban de minimizar llamandoló "Ricardito".

El desenlace de esta pelea, el primer round serio de la política nacional, también dejó un herido colateral: el intendente de San isidro Gustavo Posse, que apoyó la lista de Moreau y Storani, también deberá olvidarse por un tiempo de su candidatura a gobernador.

En tanto que acaso mañana, se empiece a sentir el efecto de la nueva oleada alfonsinista: por la noche se reunirán los delegados del Comité Capital de la UCR para elegir el próximo presidente del radicalismo porteño, entre el veterano Marcelo Stubrin y el alfonsinista Carlos Mas Velez.

Pero en este caso habría que eludir la tentación fácil de emparentar a Stubrin con Enrique Nosiglia y a este con Cobos, para vislumbrar el capítulo porteño de la pelea entre Alfonsín y el vicepresidente. Si bien Nosiglia no oculta a nivel nacional sus preferencias por Cobos, ha logrado en la Capital la aspiración de todo político: los dos contendientes a presidir el partido lo reconocen como jefe.

Sociedad Civil y Clase Política actúan de manera disociada

miércoles, 2 de junio de 2010

El análisis político y económico de los doctores Vicente Massot y Agustín Monteverde


Entre el 22 y el 25 de mayo unas multitudes refractarias a cualquier tópico ideológico se congregaron, de manera espontánea, para conmemorar el Bicentenario de la Revolución de Mayo y, de paso, aprovecharon la ocasión para entretener sus ocios.

Nadie medianamente equilibrado se animaría a atribuirle a esa inmensa marea humana, que libremente se desparramó por la ciudad de Buenos Aires, una intención o una coloratura políticas. Fue, tomando prestada la frase que se popularizó durante el campeonato mundial de fútbol de 1978, “una fiesta de todos”.

El análisis, pues, que de semejante fenómeno se puede hacer es de naturaleza sociológica. La sociología y no la ideología puede explicarnos por qué de pronto y rebalsando cuanto cálculo se había hecho con anterioridad a esos días, apareció la gente por millones y se adueño de las avenidas preparadas para ver pasar a las tropas, carrozas, trapecistas y artistas de distinto tipo.

También esa ciencia social podrá dar cuenta de un hecho que, hasta el momento, no ha merecido una interpretación acorde con su importancia, a saber: que la muchedumbre fue siempre una espectadora del espectáculo que se había montado para divertirla.

Inmediatamente después de haber concluido los actos, el gobierno fue el primero en querer adueñarse del sentido que, según sus principales representantes, habría tenido tamaña presencia humana. El kirchnerismo no ha sido tan burdo como para considerar que la población salió a las calles a los efectos de poner de manifiesto sus simpatías políticas. Menos aun ha considerado que la mayoría de esas personas respondían a su credo partidario. Pero sí ha creído y cree firmemente que el estallido popular que se vivió en la Capital Federal en el curso de esas 96 horas, poco más o menos, puede aprovecharse en beneficio de la candidatura presidencial de Néstor Kirchner.

No sostienen en la Casa Rosada y en la Quinta de Olivos que el espacio publico fue de ellos, porque a tanto no llega su visión unilateral de cuanto esta sucediendo en el país. Sí dicen, en cambio, que la algarabía de la población demuestra un estado de ánimo colectivo amigable hacia el gobierno. El hecho de que tantos hayan festejados en paz estos 200 años de historia común, los mueve a pensar que hay un terreno fértil para avanzar con las políticas públicas puestas en práctica por la actual administración.

El razonamiento es algo forzado pero, al mismo tiempo, es cierto que si la situación general de la gente hubiera sido mala, difícilmente habría salido a festejar como lo hizo. De esto último se agarra la propaganda oficial, sin ponderar en su justa medida que la alegría colectiva de los argentinos no tuvo nada que ver con lo que hiciera o dejara de hacer la clase política. Cabría decir que una y otra, sociedad civil y clase política, actuaron de manera disociada, como si fueran compartimentos estancos.

Dicho de manera diferente: el gobierno militar no fue en agosto de 1978 más popular porque el seleccionado de Cesar Luis Menotti venciera en el final de la Copa al combinado de Holanda; la administración presidida por Raúl Alfonsín no se impuso en las cruciales elecciones de 1987 a pesar de que, apenas un año antes, el equipo que respondía a Carlos Salvador Bilardo y tenía como ídolo indiscutible a un Maradona en su plenitud, había ganado su segunda copa mundial en Méjico.

Suponer, entonces, que alguien podría adueñarse de “la fiesta de todos”, sería no entender la índole del fenómeno. Aunque quisiera, el gobierno —este o cualquier otro en su misma situación— no podría tomar lo que es, de suyo, inasible. Vale, lo dicho antes, para todos aquellos que se han lanzado a conjeturar acerca de los efectos beneficiosos o deletéreos que tendría para el oficialismo que los once dirigidos por Maradona saliesen campeones o se quedasen sin nada.

Quizá si las elecciones presidenciales se substanciaran en octubre de este año, cuando todavía se escuchasen los ecos del mundial de Sudáfrica, cabría pensar de que el fútbol pudiese tener influencias sobre el humor de los argentinos a la hora de votar. Pero, siendo que esos comicios recién se llevaran a cabo quince meses después de finalizado el torneo al que vivimos haciendo referencia, carecería de sentido imaginar que su resultado condicionase a los argentinos en el cuarto oscuro.

Precisamente a ese cuarto son cada vez más los políticos que lo tienen presente. La semana pasada hubo, al respecto, declaraciones para todos los gustos, cuyo común denominador no fue otro que la carrera presidencial, ya iniciada, de cara al año próximo.

Rompió el fuego el santafesino Hermes Binner que, por vez primera, insinuó la posibilidad de ser parte de una fórmula con Ricardo Alfonsín. Le siguió, poco después, Elisa Carrió, apuntando algo parecido, aunque con la intención, en su caso, de poner distancias de Julio Cobos. Por su parte, también dijeron lo suyo quienes, seguramente, dirimirán supremacías para encabezar la fórmula presidencial del panradicalismo: Cobos y Alfonsín.

Uno y otro, entreviendo que el clima dentro de su partido se ha enrarecido en consonancia con los comicios internos de la provincia de Buenos Aires —que se harán efectivos el domingo venidero— afirmaron cosas diferentes con el propósito de no escalar sus disidencias. El vicepresidente repitió eso de que todavía no se siente candidato.

Por su lado, Alfonsín intentó quitarle dramatismo a la disputa en el principal distrito electoral del país diciendo que, cualquiera fuera el resultado, no tenía nada que ver con las candidaturas del 2011.

El panradicalismo sabe que le lleva al peronismo ventaja en dos aspectos: 1) no es gobierno y por lo tanto no sufre el desgaste que aqueja al kirchnerismo (peronista) y 2) no tiene por delante una batalla a vida o muerte como la que ya divide al justicialismo.

Entre Cobos y Alfonsín no existen los odios que separan, por ejemplo, a Kirchner de Duhalde. Pero, además, son conscientes sus jefes —con la excepción de Elisa Carrió— de que no pueden darse el lujo de la división. Juntos tienen prácticamente asegurado un lugar en la segunda vuelta electoral. Separados perderían la posibilidad de volver a dirigir los destinos del país.

Con todo, algo parece haber cambiado en el curso de los últimos seis meses entre los correligionarios del viejo partido de Alem e Yrigoyen. Medio año atrás Julio Cobos no tenía competidores de fuste enfrente suyo. Hoy la figura de Ricardo Alfonsín ha crecido tanto que difícilmente pueda alguien pensar que vaya a abstenerse de darle batalla al mendocino. Es más, hay quienes suponen que si las elecciones fuesen mañana, en una interna en la cual la mayoría resultase radical, Alfonsín llevaría las de ganar. Como quiera que sea, Alfonsín genera hoy en el espacio panradical mayor cantidad de adhesiones de parte de las estructuras políticas que Cobos.

Al revés, éste le gana a aquél, de momento, en punto al respaldo de la gente que no pertenece a un partido o que, siendo radical, no es militante.

Para no ser menos, también los peronistas se hicieron escuchar. Dos que tienen pocos votos pero mucha presencia y seguridad en sí mismos —Felipe Solá y Mario Das Neves— se lanzaron al ruedo con la conocida diferencia del primero de los nombrados, respecto del segundo y de los demás que se postulan para el año que viene —empezando por Eduardo Duhalde— de que él en ningún caso está dispuesto a aceptar las reglas de juego de la interna que ha propuesto el kirchnerismo.

Solá es el único que ha dicho, en más de una ocasión, que sería una tontería —equivalente al suicidio— confrontar con el santacruceño hacia adentro de una estructura que maneja a su antojo. Los otros —llámense Das Neves, Duhalde o De Narváez— en público sostienen todavía una posición que, si el oficialismo no estuviese dispuesto a reformular las condiciones vigentes para substanciar una elección interna en el PJ, tarde o temprano recusarán al igual que Solá.

El ultimo en hacerse escuchar fue Francisco De Narváez, el cual, tras cruzar acusaciones con Mauricio Macri, le dejó abiertas las puertas, de par en par, a Carlos Reutemann para que oportunamente —¿principios del 2011?— se decidiera a ser parte de la carrera presidencial.

Claro que, al propio tiempo, puso en claro que recurrirá a la justicia con el propósito de saber si puede o no ser candidato. El dilema que arrastra De Narváez es el siguiente: si la Corte le dijera que no puede ser presidente y Reutemann decidiese no ser finalmente de la partida, como aspirante a gobernador de la provincia de Buenos Aires no podría presentar una boleta sin candidato a presidente. En tal caso, de los que están anotados, debería inclinarse por Duhalde o Macri, con quienes hoy, al menos, está peleado.

Pasado el jolgorio todo vuelve a la normalidad: las prepagas trasladarán la suba salarial a las cuotas a partir de agosto; los asambleístas de Gualeguaychú cortaron la ruta 14 dos días antes de la Cumbre entre Cristina Fernández y José Mújica; distintos gremios, encabezados por el de Luz y Fuerza, piden reabrir paritarias y obtener mayores aumentos aduciendo que el 35 % de incremento obtenido por los trabajadores de la alimentación los deja desairados; los famosos fondos de Santa Cruz han vuelto a ser noticia y todo el arco opositor calificó de vejatorio el procedimiento judicial que sufrieron los hermanos Marcela y Felipe Noble Herrera, hijos adoptivos de la directora de Clarín.

Nada cambio, todo sigue igual. Si alguien pensó que el espíritu del Bicentenario era una suerte de bisagra en la historia argentina, pecó de ingenuo. Hasta la próxima semana.

Inmediatamente después del efecto Bicentenario, Kirchner redobla la apuesta, profundizando los conflictos

Por Rosendo Fraga

Tras los festejos del Bicentenario, Kirchner dice a sus militantes que el oficialismo ha quedado a 4 puntos de ganar en la primera vuelta. El razonamiento parte de los datos proporcionados por los sondeos contratados por el oficialismo, de acuerdo a los cuales, si hoy se votara, el ex presidente obtendría 36% de los votos.


Con 40%, de acuerdo a la Constitución argentina, se gana en primera vuelta, siempre que el segundo no haya llegado al 30%. En los mismos sondeos, ningún candidato opositor de la media docena que están instalados, llega a dicho porcentaje.

Si bien falta casi un año y medio para las elecciones, y en consecuencia todo puede ser posible en política, cabe destacar que los mismos sondeos que hoy le adjudican 36% a Kirchner, un año atrás lo daban ganando por 6 puntos en la provincia de Buenos Aires, donde finalmente perdió por 2.

Además, que hoy el voto opositor esté muy dividido no quiere decir que no se polarice acercándose la elección, como sucedió en 2009 en la provincia de Buenos Aires a favor de Francisco de Narváez, dado que una parte relevante del electorado suele optar por quien ve con mayor posibilidad de impedir que gane quien no quiere que gane. Pero el llamado efecto bicentenario ha llevado a los voceros del oficialismo a insistir cada vez más con la candidatura del ex Presidente para 2011.

Mientras tanto, la oposición no logra articularse y difícilmente lo haga antes que se definan las candidaturas. En el peronismo disidente, Francisco de Narváez elogia a Reutemann, manifiesta que se presentará a la Justicia para reclamar contra la disposición constitucional que le impide ser candidato por haber nacido en Colombia y recorre el país; Eduardo Duhalde se reúne con la Comisión de Enlace, ante la cual ratifica su intención de ser candidato, y Felipe Solá no niega la intención de serlo, incluso por fuera del PJ.

En el radicalismo, las diferencias entre quienes apoyan a Julio Cobos y quienes ven a Ricardo Alfonsín como una alternativa, se profundizan al acercarse la interna de la UCR bonaerense del próximo 6 de junio. Desde el radicalismo se mantienen conversaciones tanto con el Partido Socialista como con la Coalición Cívica, para constituir un frente electoral y se aspira a que Binner o Carrió acepten una candidatura a Vicepresidente. A su vez Macri sigue insistiendo con su candidatura presidencial y, pese a las diferencias, hoy aspiraría a reeditar la alianza con Narváez y Solá gestada para la elección del 2009.

La recuperación del oficialismo en el Senado y la división de la oposición en Diputados han paralizado al Congreso. Al controlar hoy el Gobierno la Cámara Alta -aunque con alianzas precarias- y tener la oposición mayoría en la Baja, el Congreso queda neutralizado.

La oposición a su vez muestra un núcleo central con alto grado de coincidencia, integrado por la UCR, la Coalición Cívica, el PJ Federal o Disidente y el PRO. De acuerdo a las circunstancias y proyectos, logran ampliarse al Socialismo, el GEN de Margarita Stolbizer y el Proyecto Sur de Pino Solanas.

En Diputados, la oposición se concentra esta semana en lograr dictámenes de comisión para varios proyectos. Entre ellos, el que propone devolver a las provincias el 15% de los fondos del ANSES. Pero una vez obtenidos los dictámenes, debe lograr el quórum de mayoría simple para tratarlos y para ello debe acordar con alguno de los tres sectores de centro-izquierda mencionados.

En el Senado esta semana da su informe -que debería ser mensual para cada Cámara- el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, oportunidad en la cual la oposición tratará de reclamar respuestas sobre diversas denuncias de corrupción. Entre los proyectos a tratar, recién adquiere significación el del matrimonio gay, que está previsto para el 14 de junio.

Inmediatamente después del efecto Bicentenario, Kirchner redobla como siempre la apuesta, profundizando los conflictos. Los medios de comunicación son su frente más importante y en él, el ADN compulsivo impuesto por la nueva jueza que lleva el caso de los hijos adoptivos de la dueña del grupo Clarín, implica escalar el conflicto del oficialismo con el principal grupo de medios del país. Asimismo, las iniciativas del secretario de Comercio para cuestionar la propiedad de los diarios Clarín y La Nación de la empresa Papel Prensa, van en la misma dirección.

Pero al mismo tiempo, siguen avanzando las denuncias de corrupción contra la administración Kirchner. Las contradictorias manifestaciones del ministro de Economía de Santa Cruz, diciendo primero que se han gastado la totalidad de los 579 millones de dólares que la provincia tenía en el exterior en gastos corrientes, para al día siguiente corregirse diciendo que todavía restan 179, pusieron en evidencia una vez más que se trata un tema en el cual el oficialismo nacional y provincial no tiene explicación convincente.

A ello se agregaron las declaraciones de un ex vicegobernador justicialista de la provincia (Arnold), quien abiertamente acusó a los Kirchner de haberse robado esos fondos. En la política exterior, mientras Cristina tiene esta semana una reunión con su colega uruguayo en un marco de mayores tensiones por el conflicto de Botnia, su marido decide suspender su participación como secretario general de UNASUR en la Cumbre que se realiza en Santo Domingo para coordinar la ayuda a Haití, porque a ella asiste el Presidente de Honduras (Lobo).

Argentinos de Fiesta

lunes, 31 de mayo de 2010

Por Jorge Lanata

“Hoy el noble y el villano,
el prohombre y el gusano
bailan y se dan la mano
sin importarles la facha.
(…) Y con la resaca a cuestas
vuelve el pobre a su pobreza,
vuelve el rico a su riqueza
y el señor cura a sus misas.”
Joan Manuel Serrat

Escribo estas líneas el viernes, mientras la 9 de Julio continúa taponada, el tránsito de la ciudad enloquecido y los interpretadores trabajando a jornada completa.

—Fue el estallido de la buena onda –dijo Néstor Kirchner en Tucumán, citando a Piero.
—Ciertos sectores de la prensa no dejaban ver lo que estaba sucediendo; ahora sabemos que nuestra realidad es muy distinta –dijo Hugo Moyano.
—Fue una paralización lúdica de carácter autorreflexivo –balbuceó Horacio González, en Boletín Oficial/12.
Clarín tuvo, por primera vez, miedo de sus propios lectores: ante la avalancha de público, equilibró su cobertura anti Gobierno y hasta se permitió el elogio.

El Bicentenario fue, también, la danza de los millones: seis millones, tres millones, diez millones, una especie de loteria humana que los medios se empeñaron en clasificar: “El acto más importante de la historia argentina”. “Superó la llegada del general Perón a Ezeiza.”

Calculadora y mapa en mano, me dediqué a hacer la cuenta: no cerraba. Tres millones sólo entran si están a cococho unos de otros. Esta vez, el cálculo policial de millón y medio parecía el más ajustado a lo real.
El entusiasmo de los números expresaba un deseo: se ve que andamos necesitando actos fundacionales.
—¿Te parece que los políticos van a escuchar el mensaje de la gente? –me preguntaron en una radio.
—Yo todavía espero que escuchen el de 2001.
¿Escucharán el mensaje?
¿Hubo alguno?

Quien convocó al acto fue la Argentina: ni el Estado nacional, ni el provincial, ni el municipal. Convocó la Nación: ¿cuáles son los intereses comunes entre los que asistieron al desfile militar, los que comieron chipá en el stand de Paraguay y los chicos que fueron a ver a Fito? ¿Y todos ellos con los que miraron con la boca abierta por el asombro a FuerzaBruta?

¿A quién votaron o votarán los que lloraron al paso de los ex combatientes de Malvinas?
¿Y los que saltaron hasta el desmayo con la Sole?
¿Quién los reunió?
¿Cómo llegaron hasta acá?
¿Qué quieren?

Eran argentinos festejando. Por una vez en la vida, los tristes, los melancos, los cínicos, los aburridos, los acomplejados argentinos estaban ahí festejando con la ambigüedad de los festejos, que nunca son sólo lo que enuncian.

Los que estaban encerrados salieron a la calle, tal vez fue esa la alegría, la de –por una noche, por un día– no mirar al costado esperando el arrebato o el revólver, la de volver a ganar la calle propia que se volvió ajena.

La palabra Argentina todavía logra ese milagro: se equivocan los miserables que buscan su porción en este viento. Es imposible tomarlo con la mano.

Euforia Oficialista

Por Nelson Castro

Nadie lo esperaba. La sorpresa fue total. La masiva concurrencia de la ciudadanía a los distintos actos que, a lo largo y a lo ancho del país, se organizaron para conmemorar los 200 años de la Revolución de Mayo ha constituido un fenómeno de análisis sociológico cuyas consecuencias políticas serán efímeras. Es lo que enseña la historia argentina. Y nada demuestra en estas horas que haya predisposición para aprender de esas experiencias.

Hay un dato indiscutible: la organización de los actos fue impecable. Esto fue mérito del Gobierno. Pero la mayoría de quienes asistieron a esos actos no lo hicieron pensando en el significado electoral de su concurrencia. En el universo del público convivieron, sin ningún tipo de prejuicio, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo con las Fuerzas Armadas; el Teatro Colón con los recitales de Soledad, El Chaqueño Palavecino, Fito Páez y la Orquesta Sinfónica Nacional.

En la realidad política, en cambio, esa convivencia fue sensiblemente menor. Los dos tedeum y la ausencia de la Presidenta en el Colón fueron las muestras que ejemplificaron esa realidad. Ambos hechos tuvieron, además, un componente anecdótico interesante.

En los dos tedeum –el de la Basílica de Luján oficiado por monseñor Agustín Radrizzani, al que asistió el Gobierno nacional, y el de la Catedral Metropolitana, encabezado por el cardenal Jorge Bergoglio– el mensaje que bajó desde la Iglesia fue el mismo: crítica a la escasa vocación por respetar la división de poderes –no sólo de este Gobierno–, importancia de reforzar la institucionalidad y necesidad imperiosa de combatir la pobreza y la exclusión.

En lo que respecta al faltazo del kirchnerismo a la función de reapertura del Teatro Colón, la causa real no estuvo en la descortés apreciación de Mauricio Macri hacia el matrimonio presidencial –expresión por la que el jefe de Gobierno porteño debería haberse disculpado– sino en el temor de Cristina y Néstor Kirchner a un posible abucheo. Un párrafo aparte merecerían las presiones, por momentos desopilantes, que desde el Gobierno hubo para que el presidente de la República Oriental del Uruguay, José Mujica, no asistiera a esa función.

En la cúpula del poder faltó la foto del Bicentenario. El no haber invitado al vicepresidente ni a los ex presidentes constitucionales a la cena de gala del 25 de Mayo en la Casa Rosada, así como también la no inclusión de dos de ellos –Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde– en la recopilación histórica de la recuperada democracia argentina, habla de la permanente actitud de los Kirchner de subordinar los asuntos institucionales a las cosas personales.

Algo de todo esto buscó enmendar el Congreso el miércoles con la actitud de los diputados de todos los partidos de generar un acto de convivencia que el Bicentenario pedía a gritos.

En el Gobierno se viven por estos días horas de euforia. Más de allá del discurso hacia afuera negando cualquier intento de capitalización política de la contundente presencia popular en los actos del Bicentenario, el matrimonio Kirchner ha creído ver en ella la evidencia de un apoyo manifiesto hacia su gestión.

La proliferación de algunas encuestas mostrando un aumento de la popularidad de Néstor Kirchner no ha sido un hecho casual. Tampoco lo ha sido la circulación de aquellos sondeos que muestran un efecto positivo sobre la figura de Mauricio Macri.

A este tren también se han subido los que se preparan para aprovechar los potenciales efectos políticos positivos de una posible y anhelada buena actuación de la Selección Nacional en la Copa Mundial de Fútbol a disputarse en Sudáfrica.

El Gobierno apuesta fuertemente a esto. En la oposición, hay quienes también comparten la misma idea. Ya circulan impresos conteniendo el fixture del Mundial con las leyendas acompañadas de las respectivas fotos tanto de Scioli 2011 como de Solá 2011.

Por todo esto es que el Gobierno está trabajando a destajo para asegurar la distribución de decodificadores entre los beneficiarios de los planes sociales, sobre todo en el Conurbano bonaerense.

El plan del Gobierno es el de saturar la pantalla con publicidad oficial durante el mes que dure el certamen. Allí aparecerá la Presidenta poniendo su mejor cara en actos de inauguración de obras. “Si la Selección gana el Mundial, tenemos más de media elección ganada”, afirma una voz del Gobierno bajo los efectos euforizantes de los actos del Bicentenario. La historia, otra vez, tiene algo que decir a este respecto.

En 1986, tras la conquista de la Copa del Mundo por parte de aquel seleccionado capitaneado por Diego Maradona, en el riñón del alfonsinismo hubo quienes hicieron un razonamiento similar. Los hechos posteriores demolieron esta suposición ya que, el 6 de septiembre de 1987, Antonio Cafiero ganó la elección a gobernador en la provincia de Buenos Aires y pulverizó los sueños de permanencia, nunca reconocidos oficialmente, que el gobierno de Raúl Alfonsín albergaba.

Los ejemplos no son sólo nuestros. En medio de tanta euforia surgió, inesperadamente, la declaración del ministro de Economía de Santa Cruz, Diego Robles, acerca de la utilización de los fondos de la provincia depositados en el exterior durante la gestión de Néstor Kirchner al frente de la Gobernación. Las contradictorias explicaciones que sobre su manejo siempre hizo el ex presidente en funciones no hicieron más que despertar sospechas.

Esos fondos han sido siempre un misterio. La escasez de comprobantes y documentos que permitan conocer a ciencia cierta cómo se los ha administrado es alarmante. Se sabe que una parte fue utilizada para solucionar el grave conflicto docente que hubo en 2007. Se sabe, también, que se lo utilizó para cubrir otros gastos corrientes de la provincia, objetivo para el cual esos dineros no estaban destinados. Hay que agregar que los reiterados pedidos de informes que sobre la disposición de esos fondos se hicieron desde la Legislatura santacruceña nunca fueron respondidos.

Lo que el ministro Robles dijo sacudió al Gobierno nacional. Menos bonito, al ministro le dijeron de todo. La clásica desmentida que debió hacer, diciendo que había sido “malinterpretado”, lejos de aclarar, oscureció. Mucho del manejo de los fondos públicos que hace el kirchnerismo es oscuro. Para ser justos, hay que decir que esa “oscuridad” no le es exclusiva.

Un asunto que hoy a la ciudadanía le interesa tan poco como la nada es el de las internas partidarias. Sin embargo, en el presente de muchos dirigentes políticos, el tema ocupa espacio y tiempo. Es otra de las disociaciones de la hora. A Néstor Kirchner le inquieta la diáspora de dirigentes justicialistas. Si le vacían la interna, sus aspiraciones de triunfo se habrán esfumado. Hasta ahora De Narváez está adentro, Solá afuera y Duhalde no se sabe. Tampoco se sabe qué es lo que hará Reutemann quien, hasta ahora y en forma oficial, no se ha bajado de la carrera presidencial.

En la UCR, por su parte, la caliente interna de la provincia de Buenos Aires no deja de llamar la atención. Allí el enfrentamiento del sector que, entre otros, integran Leopoldo Moreau y Federico Storani –alfosinistas de la primera hora que apoyan a Julio Cobos– con Ricardo Alfonsín, hijo del ex presidente, es un monumento a la paradoja.

Como se ve, el Bicentenario y sus reminiscencias patrióticas han pasado, en tanto que la ambición personal que domina el escenario de la política argentina ha quedado.

Pesimismo Argentino

domingo, 30 de mayo de 2010

Por Mariano Thieberger


Tres encuestas que circulan por estos días en círculos políticos y empresarios coinciden en algunos datos que los candidatos presidenciales no deberían pasar por alto.

El principal problema del país es, para la mayoría, la inseguridad. Inmediatamente después se ubican, en distinto orden según el sondeo, la inflación, la desocupación y la pobreza. Eso en lo que tiene que ver con el presente.

Con respecto al futuro, en dos de las encuestas, más de la mitad de los consultados cree que la situación económica en uno o dos años será peor o, incluso, mucho peor.

Algunos lo podrán atribuir al pesimismo argentino. Puede ser. Pero, al menos por un tiempo, todos tenemos derecho a soñar que en la última parada está la gloria.

El equipo de Amado Boudou responsabiliza a los banqueros

Por Marcelo Bonelli

Un fuerte cruce entre los bancos asesores del canje y los funcionarios del Palacio de Hacienda se produjo en las últimas jornadas. El equipo de Amado Boudou responsabiliza en herméticas reuniones a los banqueros por el pobre resultado que tuvo el primer vencimiento para aceptar la propuesta argentina . En esos encuentros, Amado Boudou objetó una cuestión: la pésima evaluación que tuvieron los banqueros para relevar a los verdaderos tenedores de los bonos en default.

El Barclays, el Citi y el Deutche insistieron en que la mayoría de los bonos en default estaban en poder de grandes inversores y diagramaron una oferta que desestimó la verdadera importancia de los pequeños ahorristas .

Esto hizo equivocar el diseño de la propuesta, que no percibió que existen muchos indecisos y no se dio prioridad para captar esa clase de inversores.

Pero también el equipo de Boudou acusa a los banqueros de tener una actitud displicente y de no trabajar ahora a fondo para obtener la máxima aceptación de los bonistas pequeños de Europa.

La cuestión se trató con absoluto hermetismo, porque es obvio que el propio Boudou cometió una falla elemental : confiar y delegar todo el armado del canje en los bancos, para suplir la inexperiencia y el desconocimiento profesional de su propio equipo negociador.

Entre otros desconocimientos, el ministro creyó siempre en una proyección que difundieron los banqueros : que ya estaba asegurada una aceptación del 75 al 80 %. Trascendió que hubo roces fuertes con los responsables de la operación. En la lista esta Carlos Mauleón y Roberto Helbling, del Barclays; Marcelo Blanco del Deutsche y Juan Bruchou del Citi.

Los financistas –a sus vez– respondieron a las críticas de Boudou y tienen objeciones duras sobre las decisiones del Palacio de Hacienda. Así lo argumentan los voceros de los banqueros: el primer vencimiento del canje fue pobre porque el Gobierno cambió la oferta a último momento y eliminó el pago retroactivo por la evolución del PBI desde el 2006 hasta ahora.

Sostienen que la propuesta estuvo bien diseñada, pero esas modificaciones finales ahuyentaron a algunos fondos clave. Critican, además, la difícil toma de decisión del Gobierno, y la falta de independencia que tuvo Boudou para avanzar en la negociación.

Objetan que cada detalle de la propuesta debía superar el filtro de Néstor Kirchner. La cuestión derivó en otro tema: en el Palacio de Hacienda ahora objetan la “pasividad” que tienen los banqueros para incentivar una mayor participación de bonistas pequeños de Europa.

La respuesta no se hizo esperar: los banqueros sostienen que Boudou sobreactúa contra los bancos para responsabilizarlos de cualquier fracaso, en la intimidad de la Quinta de Olivos y así no hacerse cargo de sus propios desaguisados políticos. Igual en el Ministerio de Economía esperan una importante aceptación por parte de los pequeños bonistas.

No hay datos ciertos, pero se cree que, al final, alcanzarían un aval global del 62% de los bonistas. Caso contrario, la salud política de Boudou volvería a tener problemas. Ayer, la Argentina recibió un alivio parcial con la decisión de la Cámara de Apelaciones de Manhattan de corregir a Thomas Griessa. Refleja la decisión del Departamento de Estado de no asfixiar a la Argentina, tal como prometió Hillary Clinton en Buenos Aires.

La crisis europea golpea fuerte en todas las economías y también en la Argentina. En el BCRA temen por los cuestionamientos que tiene la banca privada en España.

Hasta ahora el mercado de bonos de Argentina se diferenció de otros países y fue de los más golpeados entre las naciones emergentes . Un “paper” que circula entre banqueros locales sostiene que el traspié inicial del canje volvió injustamente a poner en duda la capacidad de pago de la Argentina porque obliga a una mayor utilización de las reservas.

También puntualizan otros dos factores negativos sobre los bonos locales. Primero el deterioro en el clima de negocios después de la intromisión política del kircherismo en la Asociación Empresaria Argentina. Y mencionan la brutal forma como se frenaron las importaciones de alimentos. Nadie cuestiona la legítima y necesaria defensa de la industria nacional, sino los modos que utiliza Guillermo Moreno .

Cristina Kirchner trató el tema anoche en su viaje a Brasil. A último momento decidió subir al avión a la ministra Débora Giorgi, una negociadora para tratar de resolver el problema con Lula. La ministra de la Producción, Boudou y Mercedes Marcó del Pont ultimaron un paquete de medidas financieras.
La semana próxima, el gobierno lanzará créditos a la producción fabril a cinco años de plazo y a una tasa subsidiada inferior al 10%.

La cuestión será tratada por la Unión Industrial el martes, en un encuentro con la CGT. A esa reunión fue invitada precisamente Giorgi. En la CGT están preocupados por el impacto laboral que puede tener la crisis en Europa. El ajuste fiscal y salarial puede llevar al Viejo Continente otra vez a la recesión y eso podría complicar la recuperación en Argentina. A la gente que lidera Héctor Méndez le inquieta el recalentamiento salarial. Denuncian que establece un piso por expectativas a la inflación.

El problema es tan serio que en la UIA pondrán como ejemplo el escalonado y prudente acuerdo que cerró Enrique Wagner de la Cámara de la Construcción, que fija un alza del 25 al 27 %.

El tema alarma a los hombres de negocios, que critican la actitud prescindente en el conflicto del ministro Carlos Tomada. Por eso anoche en el establishment comenzó a tomar cuerpo la inminente convocatoria del influyente Grupo de los 7.

Ninguna crisis política podría saldarse de la noche a la mañana

Por Eduardo Van Der Kooy

Vivió la semana pasada la Argentina algo parecido a una ensoñación . La habitual avaricia política fue arrasada por una festiva vocación popular como no se recordaba desde el retorno de la democracia que comandó Raúl Alfonsín.


Hubo fiesta, pero hubo también armonía y tranquilidad . Ni el Gobierno de Cristina y Néstor Kirchner ni la oposición se animaron aún a enturbiar ese clima, a poner fin a la luna de miel que provocó el Bicentenario.

Ese espíritu de concordia no sobrevoló sólo las calles porteñas. Se notó más, simplemente, porque allí se agolpó la mayor multitud y porque la televisión repicó con esas imágenes. Pero existieron otras multitudes, en Córdoba o las que colmaron varios días el Monumento a la Bandera en Rosario, que le concedieron a la fiesta un sentido extrañamente nacional.

¿Una tregua o, ciertamente, la posibilidad de algún cambio político y social en la Argentina? El interrogante es imposible de responder ahora mismo. Que sea una cosa o la otra dependerá, sin dudas, de la interpretación que la clase dirigente haga sobre las cosas sucedidas. Aunque ninguna crisis política, como la que arrastra la Nación desde el 2001, podría saldarse de la noche a la mañana.

Menos, todavía, cuando el marco de las celebraciones mostró dos planos bien diferenciados. La sociedad atenta sólo al entretenimiento y a la excepcional oferta artística. Los dirigentes pendientes más de sus propias aldeas.

Los Kirchner planearon sus apariciones aventando cualquier posibilidad de sobresalto.

Cuando hicieron la caminata con los presidentes extranjeros, cuando participaron del Tedéum en Luján o al sumarse con naturalidad a la clausura de los festejos. Siempre en la línea de vanguardia de las multitudes que los rodearon predominaron los militantes kirchneristas. Fue lo que Mauricio Macri no le pudo garantizar al matrimonio en el Teatro Colón.

Tampoco el entusiasmo popular pudo hacer olvidar otras cosas. La novelita de Cristina con Macri. La realización de dos Tedeum por una inquina de los Kirchner con el cardenal Jorge Bergoglio. La especulación política opositora en torno a esos actos religiosos. El aislamiento de Julio Cobos en su papel de vicepresidente. El desprecio por las investiduras de Carlos Menem, Fernando de la Rúa, Eduardo Duhalde y Adolfo Rodríguez Saá.

No parecieran esos cimientos sólidos como para suponer que luego de la fiesta se podría comenzar a construir un tiempo político nuevo en el país.

La responsabilidad de ese tiempo deseado es de todos los sectores. Pero aquellos que ejercen el poder –los Kirchner– tienen siempre un deber superior. Los pequeños gestos que el matrimonio entremezcló en medio de las celebraciones no resultaron prometedores. No pareció necesario que Cristina, por ejemplo, haya danzado con un sombrero que promovió la candidatura de Kirchner para el 2011. La Presidenta proclamó también que la fiesta era de todos aunque pronunció un mensaje que, más allá de la legítima mirada ideológica, no transpiró ningún sentido integrador.

Los Kirchner no han sido, en los últimos años, eficaces intérpretes de las expresiones colectivas. Supusieron que el rotundo triunfo de Cristina en el 2007 significaba un aval de incondicionalidad. Que no había nada perentorio para cambiar. La imagen de la Presidenta fue de inmediato sumida por la de su esposo. También llevaron hasta una estación de irracionalidad el conflicto con el campo, pese al ostensible desagrado social. Esa puja les abrió una enorme brecha con la comunidad.

Tardíamente están tratando de enmendarla .

El matrimonio minimizó además el significado de la derrota en las elecciones legislativas. Por empezar, nunca admitió esa derrota. Hurgó más tarde sus causas en la hipotética necesidad de profundizar algunas decisiones. Eso se tradujo en una embestida contra la oposición en el Congreso y en una pelea contra los medios de comunicación y el Poder Judicial.

¿Habrán comprendido, entonces, el sentido de la esquela que la sociedad despachó en el Bicentenario? Hubo apresurados que vaticinaron cambios y que hablaron, incluso, sobre la chance de que rodara la cabeza de Guillermo Moreno. Los Kirchner no creen en cambios y, menos todavía, en la separación del secretario de Comercio.

La candidatura de Kirchner para el 2011 se meneaba antes del Bicentenario. Habría tomado en las últimas horas un vigor renovado.

“¿Quién se lo puede discutir?” , preguntaba un legislador bien leal al oficialismo. El ex presidente, como su esposa, quedaron encantados con la participación social. Como en otras ocasiones, no se preocuparon por ahondar más allá de la espuma de los hechos. Pero Kirchner está convencido de que podría volver, aún contra lo que pronostican ahora las encuestas.

Sus ojos, de nuevo, están posados en Buenos Aires. En un dirigente con cuya compañía ha logrado forjar todos los éxitos. Daniel Scioli es el hombre señalado. Con él llegó a la Casa Rosada. El mismo resultó determinante para la ventaja que arrancó Cristina cuando se hizo Presidenta.

El gobernador trabaja desde hace rato, discretamente, con la esperanza de convertirse en el heredero de los Kirchner. Los pasos políticos del ex presidente tendrían otro rumbo: querría a Scioli como compañero de fórmula.

“¿Quien nos ganaría?”, se entusiasma desafiante en la intimidad.

El del gobernador de Buenos Aires es un caso notable en la política. Ha zigzagueado con Menem, con Duhalde y terminó anclado a los Kirchner. Administra el distrito más complejo y misterioso del país, donde muchos dirigentes terminaron sepultando sus carreras. Entre tropiezos políticos y siempre con la guillotina de la inseguridad sobre su cuello, Scioli sobrevive . Ninguna encuesta lo ubica por debajo del 36% de imagen positiva. Posee otro hándicap: es uno de los kirchneristas menos atacados por la oposición.

El supuesto desplazamiento de Scioli a la fórmula con Kirchner, en el 2011, desnudaría un problema en Buenos Aires. El kirchnerismo carece allí de candidatos taquilleros. Las eternas ilusiones de Aníbal Fernández se consumieron al compás de cada incesante desatino como jefe de Gabinete. El ex presidente le envió varios emisarios a Sergio Massa.

El intendente de Tigre está hoy en otra cosa. Frecuenta a dirigentes que militan en el antikirchnerismo y que suponen, como él, que el peronismo estaría condenado a una derrota si no apuesta a la renovación.

Aunque también es cierto que en sus planes figura el arribo a la gobernación de Buenos Aires. Duhalde es uno de los que tiene en cuenta esa ambición.

Massa se fue del Gobierno dejando una relación distante con Cristina y mala con Kirchner. Pero poco le importa eso al ex presidente cuando en juego está su porvenir. El intendente figura entre los cuatro dirigentes con mejor imagen en la Provincia, incluso por encima de Scioli.

Ricardo Alfonsín también asoma en ese lote . Alrededor del hijo del ex caudillo radical se enhebran un montón de expectativas. Por primera vez, Hermes Binner, el gobernador socialista de Santa Fe, no descartó acompañarlo en una supuesta fórmula presidencial. Elisa Carrió ha dicho lo mismo. Pero nadie sabe si Alfonsín será, al final, candidato. Deberá superar todavía el filtro de las internas abiertas.

Ahora está en una batalla sorda contra Cobos. Los separa la interna partidaria en Buenos Aires del próximo fin de semana. El cobismo cuestionó agriamente al diputado por haber asistido a la cena de gala de la Casa Rosada, de la cual fue apartado el vicepresidente. Cristina llenó de halagos a Alfonsín. Los cobistas sospechan que el kirchnerismo apostaría por el afianzamiento de Alfonsín para dañar al vice. Las sospechas van de un lado hacia el otro: los alfonsinistas creen en la existencia de un pacto para perjudicarlos en Buenos Aires entre Scioli, el viejo peronismo y el viejo radicalismo , que está alineado con Cobos.

El kirchnerismo tiene una gran eficacia para disolver cualquier atisbo de unidad en la oposición. Tiene también otras herramientas para hacerle a esa oposición la vida muy difícil. La oposición en Diputados pretende avanzar cuanto antes con la reforma al Consejo de la Magistratura y al INDEC. El dictamen del Consejo está trabado en la Comisión de Peticiones, Poderes y Reglamentos que timonea un kirchnerista. Sobre el INDEC existen 36 proyectos distribuidos, con intencionalidad, nada menos que en 15 comisiones.

Ninguno prospera . La oposición presume algo desde hace semanas: los Kirchner estarían cocinando alguna novedad –¿otro maquillaje?– sobre las cuestionadas mediciones oficiales.

Los Kirchner están, en cambio, ante una encrucijada por la caducidad de las facultades delegadas que operará a fines de junio. Eso significaría, entre muchas cosas, que la fijación de las retenciones al agro quedarían en poder del Congreso.

Una pésima noticia para el Gobierno.

Agustín Rossi, el jefe del bloque oficialista, estuvo haciendo un tanteo con Felipe Solá a fin de buscar una salida. Pero esa gestión no prosperó . De todos modos los Kirchner estarían dispuestos a bajar el tenor de la pelea con el campo para concentrarla en el periodismo y la Justicia.

La refriega con Brasil por el bloqueo de Moreno a las importaciones no acaba. Resurgió el debate por los millonarios fondos de Santa Cruz que parecen haberse evaporado.

Esos fondos serían mayores que los que siempre se dijeron . No le esperará un momento distendido a Cristina, quizá, en la cumbre que tendrá este miércoles con José Mujica. El uruguayo siente que el matrimonio no hace nada por aliviar el conflicto con los asambleístas de Gualeguaychú, cada vez más hostiles.

Cuando el telón del Bicentenario se levante, volverá el país carnal que los festejos populares lograron relegar.

La celebración del Bicentenario: ¿Tregua o cambio político?

Eduardo Van der Kooy plantea que "después de lo visto y lo vivido en la fiesta popular del Bicentenario, uno inevitablemente se hace una pregunta sobre la Argentina: ¿Está viviendo una tregua o quizás esa celebración es el comienzo de algún cambio social, político o institucional, por qué no, que está reclamando la Argentina?".



Para esta pregunta no hay respuesta, la dará tiempo. Pero si hay aspectos de esta celebración que uno debe tener en cuenta. El primero de ellos es el grado de participación social que tuvo el bicentenario, no sólo por el número sino por las expectativas y el entusiasmo. Me parece que solo nos permitía remontarnos a los comienzos de la democracia cuando ese retorno generaba ilusiones y cuando además, la figura del ex presidente Raúl Alfonsín, generaba también, expectativas.

El segundo punto es que esa participación social no tuvo ningún momento de debilidad política, de rispidez, de confrontación, de pelea. Me parece que la sociedad estuvo varios escalones por encima de la política y por encima de la clase política.

La celebración popular, de alguna manera, enterró cuestiones políticas que ocurrieron, porque la pelea entre Macri y Cristina Kirchner ocurrió, la ausencia de la Presidenta en el desfile militar, la ausencia de los ex presidentes o la ausencia de Cobos en la cena de gala en el Salón Blanco de la Casa Rosada.

Estas discordias políticas existieron pero fueron ocultadas por la enorme participación y acompañamiento social. Y volvemos al comienzo: ¿Esto es una tregua y la semana que viene volveremos a la rutina de la pelea cotidiana, del enfrentamiento, de la descalificación, o esto es la posibilidad del comienzo de un cambio político en la Argentina? Habrá que verlo, pero por lo pronto para que ese cambio exista, los principales responsables, que son los dirigentes, deben estar convencidos de la necesidad de ese cambio, y allí radica, por ahora, la gran duda.

Es buena la felicidad y es impopular la preocupación

sábado, 29 de mayo de 2010

Por Pepe Eliaschev

Nadie puede pronosticar a ciencia cierta, dada la proverbial volatilidad Argentina, que estas mieles de mayo de 2010 se mantendrán intactas en octubre de 2011, pero es evidente que mucha gente se ha expresado con noble y plausible optimismo en las calles, exhibiendo una fuerte corriente de esperanzada confianza en el país. Esto no sólo no es malo, sino que es muy bueno.

La mera constatación de que una sociedad se aleja prudentemente del nihilismo venenoso que produce su autodestrucción, como sucedió en 2000/2001, provoca alborozo. Que esto suceda en la Argentina lo es más aún, porque otrora nuestro país ha sido generador de colosales desmadres de efusividad necia, súbitamente mutados en ominosos espasmos de negrura existencial.

Debería evitarse incurrir en diagnósticos demasiado concluyentes, no importa desde qué mirada. Cuando uno se para ahora mismo en el centro de la pista de aterrizaje de la riojana Anillaco, desolada y barrida por el viento y a la que le han robado hasta las balizas demarcadoras, sólo escucha la desnuda soledad de la naturaleza y asume en su elocuencia el carácter provisorio de toda gloria.

Al margen de los presagios victoriosos que con llamativa rapidez se dispararon desde el Gobierno y otros ámbitos satisfechos con este estado de cosas, nada puede entenderse sin antes advertir que ese gentío pacífico y feliz que navegaba plácidamente en un jubileo de 96 horas con todo pago, tiene todo el derecho del mundo a sentirse bien y despreocuparse de todo lo demás. ¿Por qué no podrían sentirse así?

En este punto, impresiona que el martes 25, cuando los colectivos y subtes de Buenos Aires no daban abasto porque no se cobraba pasaje, mucha gente creyera que estaba viajando “gratis”, esa palabra mágica y clave de mucho de lo que hemos hecho y seguimos haciendo los argentinos. Pero, ¿fue acaso gratis viajar el 25 de mayo en Misiones o en Chubut? Lo ignoro, pero a nadie le importa mucho, como tampoco se razona quién paga lo que se brinda sin pedir nada a cambio.

Es como si en un rincón remoto e irreductible de nuestra condición nacional, un alma infantil gozara con las golosinas y se devorara los cucuruchos, sin interrogarse de dónde vienen y quién los hizo posible. El transporte del 25 fue “gratis”, sí, pero sin embargo alguien lo pagó, algún papito azucarado con billetera gorda y estrategia resuelta.

Es buena la felicidad y es impopular la preocupación. En los años ochenta se instaló con fuerza, en unos medios liberados de la censura del pasado, la noción de que la gente reconcentrada o excesivamente recelosa era una colección de caras-de-culo, los célebres “caracúlicos” que patentó una figura entonces rutilante, Raúl Portal, desde el mismísimo canal oficial de TV.

Lo “caracúlico” fue un diagnóstico lapidario como herramienta eficaz para opacar o directamente descalificar a personas, supuestamente amargas, sombrías y empapadas de mala onda (la “patota cultural”), cuya única pretensión era advertir que no existe tal cosa como un almuerzo gratis.

Los “caracúlicos” eran y son, en promedio, gente preocupada por confrontar y resolver las lacras sociales más acuciantes, convencida de que el adolescente barullo entusiasta que soslaya ponerles cimientos verdaderos a las condiciones de posibilidad de un país más justo, equitativo, próspero y salubre, inexorablemente termina precipitándose al abismo de las depresiones más devastadoras.

Una agresiva y virulenta cruzada contra ese supuesto “caraculismo” se evidenció ahora, tras los fastos del Bicentenario. Era previsible. Gozar del placer es sano y legítimo. El carnaval exalta y revitaliza. Hasta que, cuando llega la hora, los disfraces se arrugan y el maquillaje se volatiliza.

En tiempos de escuálida robustez moral, la supuesta cara de culo de quienes, escépticos, sospechan de esta fiesta no debería determinar que sean crucificados por mero ejercicio de agnosticismo ideológico.

Después de todo, uno de los selectos invitados especiales de la Presidenta que ascendió por la alfombra roja de la Casa Rosada la noche del 25 de mayo de 2010, escribía en julio de 1979 (Videla presidente) en una importante revista extranjera:

“Bajo el sistema de libre empresa: la Argentina, con su economía nuevamente prosperando atrae las inversiones extranjeras de todo el mundo. (…) El terrorismo marxista internacional llevó a cabo una de sus más intensas campañas en la Argentina entre 1973 y 1976, provocando la peor crisis económica en la historia de la nación. Cuando, en marzo de 1976, las autoridades militares, respondiendo a una extendida presión pública, se hicieron cargo del gobierno, la nación estaba a punto de colapsar. (…) Cuando llegó al poder en 1976, el nuevo gobierno heredaba una inflación salvajemente descontrolada. Además, el país estaba convulsionado por un caos social provocado por la falta de autoridad del gobierno anterior y victimizado por una serie de crímenes terroristas. La oleada terrorista no había sido plenamente comprendida en los círculos políticos internacionales. Poco sabía de los asesinos, torturas, extorsiones y amenazas terroristas.”
Cambia, todo cambia

Cualquier análisis sobre cuánto influirá la fiesta del Bicentenario en una lejana elección es absurdo

viernes, 28 de mayo de 2010

Por Ernesto Tenembaum

Se ha dicho que:

Cristina es supersectaria porque no fue al Teatro Colón.

Cristina es superabierta porque su gobierno organizó un festejo donde hubo lugar para todos y cada uno, más allá de cualquier idea política.


El pueblo manifestó masivamente su apoyo al acto del Gobierno. Así, textualmente se dijo.

El pueblo se manifestó masivamente porque era gratis, porque es patriota, aunque esté en contra del Gobierno.

El pueblo se manifestó masivamente con lo que demuestra que, masivamente, no odia al Gobierno.


Se ha afirmado también que:

Alguna vez está bien que tiremos la casa por la ventana para celebrar algo.

Se gastó plata que debería haber ido para los chicos pobres.

Kirchner tiene ahora el camino completamente liberado para ser reelecto el año que viene.

Asistimos al fin de la fiesta kirchnerista –así se dijo–, al ocaso de un período, la gente en la calle expresa una corriente subterránea que va en contra de este gobierno.

El Gobierno está a solo cuatro puntitos de ganar sin ballottage.

El Gobierno ha muerto y aún no se dio cuenta.

Se ha sostenido:

Que en la calle estaba el pueblo y en el Colón la oligarquía.

Que en la Casa Rosada estaban los sectarios y en el Colón los tolerantes, el germen de una nueva Argentina.

Que el Gobierno es el gran beneficiado porque ahora lo empezarán a querer aun aquellos que se le resisten.

Que todo demuestra lo equivocados que están los grandes medios al transmitir una imagen oscura del país.

Que el gran beneficiado es Mauricio Macri porque el Gobierno lo acaba de elegir como el gran opositor y, si se polariza la elección, aumentan notablemente sus chances.

Que la Iglesia, je, llama a la reconciliación nacional.

Que Macri, je, llama a la reconciliación nacional.

Que Cristina, je, llama a la reconciliación nacional.

Se ha argumentado que:

En el Bicentenario, le pese a quien le pese, estamos mejor que en el Centenario.

El Gobierno no entiende nada sobre el clima de consenso que le pide la gente.

Es ridículo que Ricardo Fort fuera invitado al Colón.

Sólo un pueblo que está feliz celebra como lo hizo en estos días.

Sólo la tristeza de un pueblo explica semejante explosión de alegría.

No hay mucho para agregar a tantos intentos por interpretar lo que acabamos de vivir todos. Seguramente, cada uno tendrá un poco de razón, como siempre sucede. Pero quizá sea oportuno decir –desde una mirada política en extremo cuidadosa– que el Gobierno logró sintonizar con la sociedad en la manera en que convocó a los festejos centrales y no hizo un solo gesto que sectarizara la celebración popular: ni en la elección de los artistas, ni en la movilización de militantes, ni en la colocación de banderas.

Que el Gobierno entendió mejor que muchísima gente –entre ellos, el que suscribe– la importancia de la fecha y le dio la trascendencia que merecía. Y que desplegó una gran imaginación y capacidad organizativa.

Cualquier análisis sobre cuánto influirá todo eso en una lejana elección es absurdo. Pero si esa sintonía se repite varias veces –sobre todo por parte de un sector político que, por decirlo suavemente, no estuvo muy preciso al respecto en los últimos dos años–, el Gobierno, los Kirchner, al ser mejor que sí mismos, van a forzar a la oposición en la misma dirección, porque ya no alcanzará con favorecerse por los errores ajenos.

Desde una mirada social en extremo cuidadosa, sería bueno que algunos sociólogos, o filósofos, o estudiosos del alma humana, nos explicaran a los que no sabemos nada cuál es la extraña relación entre los argentinos y lo que se da en llamar Patria. ¿Qué es lo que hizo que la transmisión que más midiera en Canal 7 fuera nada más y nada menos que el desfile militar del sábado al mediodía? ¿Por qué los doscientos años de la constitución de la Primera Junta de gobierno convocan a más gente que cualquier causa social, política, religiosa o –más aún– futbolística?

Desde una mirada artística en extremo cuidadosa: ¡qué maravilla ha hecho la gente de Fuerza Bruta y qué audaz la decisión de elegirlos a ellos por parte de los funcionarios!

Y finalmente, desde una mirada humana, extremadamente cuidadosa, quizá quepa agregar que fue muy refrescante ver bailar a la Presidenta de la Nación al ritmo de las maravillas del grupo Fuerza Bruta.

Se la veía realmente feliz y relajada.

Por momentos a uno se le ocurre que su gobierno hubiera sido mucho mejor –más tranquilo, exitoso, constructivo, popular– con un poco más de pasos de baile como los del 25 de mayo.
No hay tantos enemigos ni tanta gente que odie.

Se puede bailar y disfrutar un poco.

Relajarse.

Doscientos años después lo hemos descubierto.

Reacciones diversas en torno a los festejos por el Bicentenario

Por Gustavo Sylvestre

La movilización popular en torno a los festejos por el Bicentenario de la Revolución de Mayo, sorprendió a la dirigencia política de nuestro país. Una vez más, la gente se mantuvo al margen de peleas estériles, de discusiones sin sentido, de agresiones inútiles. Participó activamente, acompañó sin banderías políticas y evitó en todo momento cualquier significación política con su presencia.


Mientras caminaba el lunes por la noche hacia el teatro Colón, el senador Carlos Reutemann, con su estilo campechano y su fino olfato de los humores de la gente, les comentaba a ocasionales acompañantes: “Hay que estar atentos a estos mensajes que nos deja la sociedad con esta participación increíble en la calle”.

Desde otro sector, Federico Pinedo, opinaba: “Ha sido espectacular, es como que la gente se tomó venganza de todos y salió a la calle a manifestar su alegría”.

El Gobierno organizó todos los actos en el mayor de los secretos. Y sorprendió. Más allá del lamentable cruce entre el gobierno porteño y el nacional, con la ausencia de la Presidenta en un Teatro que nos pertenece a todos, los dirigentes de la oposición actuaron frente a los actos programados por el oficialismo con sorpresa, en algunos casos por la masiva participación popular y cautela frente a las invitaciones a participar del Tedéum y actos en la Rosada.

Muchos dirigentes de la oposición no fueron al Tedeum por temor a “quedar pegados” al oficialismo. En otros casos, como se sabe, no fueron invitados. Sólo Ricardo Alfonsín; Federico Pinedo y el senador Juan Carlos Marino cumplieron con sus roles institucionales y asistieron a la Rosada.

Los dirigentes de la oposición prefirieron refugiarse en el Tedeum porteño que luego de la advertencia previa del Cardenal Bergoglio de que no era un acto político hizo desistir a muchos. También hay que decir que el cardenal ya no tiene en la oposición el predicamento que tenía años atrás; viene soportando una fuerte interna de los sectores más conservadores de la Iglesia, hace años que no dialoga con la líder del ARI, Elisa Carrió y sus buenos vínculo con el macrismo están más que fríos, desde que Macri acompañó en la Ciudad el casamiento entre personas del mismo sexo.

El otro lugar para el refugio político fue el Teatro Colón de la mano de Mauricio Macri.

En el largo intervalo que se dio en la función de gala del lunes, fueron interesantes los diálogos que se dieron entre los dirigentes opositores que compartían una copa de champagne o un canapé. “El oficialismo tiene las dos ‘s’ a su favor: soja y suerte” reflexionaba un notable senador de la oposición con destino político incierto. “No hay que subestimar a Kirchner y muchos de mis colegas lo han hecho y así ha crecido”, completaba.

Una diputada de la Coalición Cívica anticipaba: “Tenemos que salir de la parálisis en la que estamos, hay que actuar y producir dos o tres hechos que impacten políticamente”, al tiempo que le consultaba a otro colega, “¿qué pasa con el proyecto de reforma del Consejo de la Magistratura que no avanza?”. “Es que no tenemos los votos de la izquierda aún”, fue la lacónica respuesta.

Otros fueron más críticos para con ellos mismos: “hemos equivocado la estrategia política y mediática... encima los radicales se meten en una pelea interna en la Provincia de Buenos Aires que desgasta mucho a Cobos... estamos dispersos”.

Otros fueron más sinceros: “Algunos hemos optado por guardarnos por un tiempo para preservarnos, se han cometido algunos errores que hay que enmendar, nos hemos ido de pico y lo hemos pagado caro”, decía un senador radical con voz cantante en el Senado, “desaparecido” de los medios desde hace un tiempo, después de haber cometido algunos “papelones” -según sus colegas- en el Senado.

La foto del palco del Colón fue la del Vicepresidente Julio Cobos al lado del gobernador Hermes Binner. Tal vez un anticipo de una fórmula presidencial que podría darse el año próximo si prosperan las discretas negociaciones políticas que ya han comenzado y que también tienen a la Provincia de Santa Fe en el centro de las mismas. Allí Binner no puede ir por la reelección y los radicales, en alianza actual con él en esa provincia, quieren poner el candidato a gobernador para el año próximo.

Si bien el kirchnerismo evitó en todo momento politizar los festejos del Bicentenario, se descuenta que a partir de ahora exaltará todo lo registrado a nivel popular e insistirá con estos tipos de actos multitudinarios de aquí a la finalización del año.

Seguirían los consejos de algunos intelectuales que el verdadero debate es con el macrismo. “Ellos se quedan con un acto elitista en el Colón... en cambio nosotros demostramos que podemos hacer actos multitudinarios y también el Colón, lo nuestro es inclusivo mientras que lo de ellos es exclusivo”, adelantó como parte de ese debate el Secretario de Cultura, Jorge Coscia.

Desde hace tiempo que Kirchner expresa en privado que el ballotage será con Mauricio Macri y que por eso hay que adelantar ese debate. Por su lado Macri, en privado, sueña con lo mismo.

El fenómeno popular abrió un mundo de preguntas que acaso proyecte al líder que encuentre las respuestas

jueves, 27 de mayo de 2010

Por Ignacio Fidanza

Nadie puede negarle a los Kirchner la capacidad para reconstruir lo que ellos mismos destruyen. Estuvieron muy cerca de arruinar su rol en los festejos del Bicentenario con una pelea de conventillo con el jefe de Gobierno porteño, y sobre el final coronaron un cierre espectacular que tuvo el beneficio adicional, para una pareja que se dice peronista, de la aplastante masividad.


¿Son los Kirchner los depositarios directos del afecto de la gente que por millones se volcó a las calles? Es una pregunta para sociólogos, pero lo cierto es que si la fiesta salía mal iban a ser los responsables. De manera que aunque sea por omisión, fueron beneficiarios de la alegría de la gente. Negarlo sería tan tozudo como no reconocer que no le sumó nada a la Presidenta el faltazo al Colón, que le regaló la tapa de los diarios del 25 de Mayo a Macri.

Pero acaso lo que parece una torpeza sea una estrategia. Pensándolo bien, no les vendría nada mal a los Kirchner polarizar la disputa política con el jefe de Gobierno. La famosa pelea de “modelos” difícilmente quede más clara que en una contraposición de Macri y los Kirchner, por estética, historia personal y hasta por algún dejo de ideología, o al menos de identidad política.

Porque si hubo dos ganadores políticos de estos largos festejos, sin duda fueron los Kirchner y Macri. Fue notable el segundo plano en el que quedó ubicado Julio Cobos –insólitamente apañado en Mendoza por el gobernador peronista con peor imagen del país-. Así como la virtual desaparición de la escena pública de Eduardo Duhalde, Ricardo Alfonsín y Elisa Carrió, los otros candidatos que hoy despuntan para pelear la Presidencia.

Macri, como todos los opositores, tiene que librar dos peleas simultáneas. La primera por despegar de ese lote heterogéneo que se engloba bajo la palabra “oposición” y la segunda contra los Kirchner. Una es función de la otra y el matrimonio presidencial en los últimos días no ahorró esfuerzos por posicionarlo como “él” contrincante.

El poder de la gestión

Es verdad, que de todos los presidenciables de la oposición, Macri es el único que administra un gobierno grande y con amplia visibilidad. Y el gobierno es un lastre, pero también un trampolín. Quedó claro en este Bicentenario que sólo desde el manejo del Estado se pueden dar ciertas peleas.

Macri deslumbró con el Teatro Colón y los Kirchner, agazapados, sorprendieron con un final vanguardista y a tono con los mejores shows del mundo, que tenían cuidadosamente escondido. La Presidenta perdió cuando intentó contraponer el inconcluso Palacio del Correo al Colón –algo debe querer decir de la decadencia nacional que este Bicentenario se festeje reinagurando dos edificios de más de 100 años-.

Pero ganó cuando se plegó a los gustos populares sin pretensiones. Había que verla bailando –y con mucha gracia- en el palco, para terminar de entender la densidad del daño político que los Kirchner se hacen a si mismos. Esa imagen cálida, suelta, humana, cae tan bien, como espantan los giros destemplados y la impostura al estilo Evita, que ciertamente suenan fuera de época. Vivimos una época de épicas módicas y para bien o mal, ya nadie piensa en dar la vida por un político.

O si se quiere el escenario político es de una volatilidad que obliga a reescribir la historia cada mañana. Los ganadores de hoy son los derrotados de mañana. Acaso esto revele la dificultad para auscultar las razones profundas del humor popular. Preguntas para estudiosos de la opinión pública: ¿Qué festejó la gente en el Bicentenario? ¿La recuperación económica luego del bajón del 2008/2009? ¿Fue un desahogo y un rechazo ante tanta pelea cruzada? ¿Simple alegría de ser argentinos?

El fenómeno popular de ayer, abrió un mundo de preguntas que acaso proyecte al líder que encuentre las respuestas y logre sintetizar ese entusiasmo.

Parecería que por más que Macri y los Kirchner intenten arrogarse esa representación, la gente camina por un sendero paralelo a la política. Castigó a Kirchner en el 2009, luego tomo distancia del ganador Francisco de Narváez, tal vez por sus veleidades y zigzagueos, y este Bicentenario disfrutó sin prejuicios el espectáculo público del Colón y los festejos que organizó la Casa Rosada.

Sin embargo, la alegría que ayer se expresó en las calles, acaso si revela que no prevalece en el ánimo general una visión apocalíptica del futuro inmediato. Eso es bueno para el Gobierno, pero también es bueno para líderes como Macri y Cobos, que se han esforzado por proyectar una imagen de moderación, de crecimiento sobre lo conseguido.

El enemigo ideal

Ahora, asumiendo que en todo el sainete del Bicentenario no hubo torpeza sino una deliberada acción política de los Kirchner para posicionar a Macri, la pregunta obligada es: ¿Para qué esforzarse en unir la representación opositora?

Si se parte de la hipótesis de Kirchner, que es ganar en primera vuelta con 40 puntos, una lógica posible es que busque la polarización para conseguir perforar el techo del 30 por ciento que hoy desvela al gobierno. En un escenario de ese tipo, lo natural es que suban ambos contendientes y como primera minoría, Kirchner estaría mas cerca de alcanzar los soñados 40 puntos.

Si por el contrario, la propuesta opositora para la primera vuelta se mantuviera atomizada, podría ocurrir como en el 2003, en el que ningún candidato superó el 25 por ciento. Ese es el escenario que a toda costa debe evitar Kirchner. O sea, lo que se intuye que debería hacer el oficialismo y acaso lo esté buscando es anticipar la segunda vuelta a la primera, pero limitada.

Es decir, un juego de relojería que le permita subir su piso ante la antinomia Derecha-Progresismo o Macri-Kirchner, atrayendo a potenciales votantes de Pino Solanas, Duhalde, Carrió o la UCR, que puestos contra esa pared elijan “el mal menor”. Lograr ese escenario pero al mismo tiempo mantener las otras opciones vivas para que el tiro no salga por la culata y termine ganando Macri en primera vuelta podría ser el desafío ensayado.

En ese sentido, el relato histórico-político que se construyó con mucha habilidad ayer en el video proyectado sobre el Cabildo y el propio desfile de Fuerza Bruta, apunta a reforzar la idea de los Kirchner como una continuidad de las más puras luchas sociales, al tiempo que sintoniza a la centroderecha con la Dictadura, Menem y los períodos más oscuros de nuestra historia.

Juegos de laboratorio que no necesariamente pregnan en esa vía paralela que parece estar construyendo una sociedad, que ayer se apropió de la escena pública con su propia agenda y que acaso se guarde más de una sorpresa de acá al 2011.