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Encuentro de todos los Periodistas en Diputados

viernes, 30 de abril de 2010

Por Pablo J. Blanco

En una sala repleta que de a poco se fue vaciando, la comisión de libertad de expresión de la Cámara de Diputados no puedo llegar a un dictamen unánime debido a que el Frente para la Victoria se rehusó a repudiar el juicio ético a periodistas promovido por Hebe de Bonafini y las Madres de Plaza de Mayo hoy en la plaza frente a la Casa Rosada. Si hubo consenso en la crítica a los afiches contra varios periodistas del grupo Clarín durante la última marcha a favor de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.


Al encuentro en el segundo piso del anexo de diputados asistieron varios de los periodistas reconocidos que está hoy en la línea del fuego del gobierno y sus aliados. Joaquín Morales Solá, Magdalena Ruíz Guiñazú (dos de los hoy "unjuiciados"), Gustavo Silvestre, Marcerlo Bonelli, Edgardo Alfano, Daniel Santoro, Fanny Mandelbaum, Luis Majul y Ricardo Kirschbaum tomaron la palabra para reclamar acciones institucionales concretas para los que denominaron una "escalada" contra el periodismo crítico.


Luis Majul sostuvo que el escrache visual y el juicio ético deben ser puesto en un contexto. "Parte de una escalada que comenzó en el conflicto con el campo", recordó Majul, quien sostuvo que hay un "plan sistemático para poner a la prensa en el lugar de un partido opositor, con ventaja para ellos [el Gobierno] porque te meten en el barro y tienen armas más poderosas: desde escraches hasta programas en canales públicos pagados por todos que tergiversan la información", detalló.


Magdalena Ruíz Guiñazú repudió el juicio popular de Bonafini y consideró que llamarlo "enjuiciamiento" es una "usurpación". Además, recordó los agradecimientos que Hebe de Bonafini le había hecho en 1984 por su tarea durante la dictadura. " Parece que Hebe perdió la memoria", acotó y reclamó que se esclarezca quién hizo los afiches anónimos contra los periodistas: " Si la SIDE no puede descubrir de donde salen los escraches tenemos un servicio de inteligencia de cuarta", lanzó.

Por su parte, Gustavo Silvestre, periodista de TN, rechazó los dichos de Néstor Kirchner, quien dijo que el periodismo es la oposición y sostuvo que "la crítica no es golpismo". En cuanto a los afiches, dijo: " Ya hemos pasado por esto cuando estaba la triple A, que marcaba a buenos y malos" y se mostró indignado por ser uno de los blancos del Gobierno. "Mis nenas son chicas y tienen que andar dando explicaciones, por favor que se detenga este escarnio público", instó.

En esa misma línea, su compañero en A dos voces, Marcelo Bonelli, señaló que ellos, como periodistas, no están exentos de la crítica: "Siempre es bienvenida cuando viene de frente", añadió. " Todos sabemos cómo empieza esto, pero no cómo termina, hay que ponerle un límite institucional a este tipo de agravios", manifestó.

Edgardo Alfano, también periodista de TN, acusó al Gobierno de confundir al periodismo con el enemigo y manifestó que desde Olivos se premia al periodismo "amigo" con reportajes a los funcionarios difíciles. En consonancia, Ricardo Kirschbaum, Editor General del diario Clarín, afirmó que " el concepto de periodismo se ha ido convirtiendo, según los voceros conspicuos del oficialismo, en militancia".

"Primero fueron por los medios, ahora van por cada periodista, después por qué seguirán", alertó Joaquín Morales Solá, columnista del diario La Nación y periodista del Grupo Clarín, quién sostuvo que estas acciones generan "un clima de incitación a la violencia y al homicidio". " No nos van a callar, aún si esta saga tiene que terminar con un muerto", sentenció.


Daniel Santoro, del equipo de investigaciones de Clarín, bromeó al agradecerle "a la mano de obra ocupada porque en los afiches salí mucho más jóven", pero alertó sobre la posibilidad de que la agresión verbal se convierta en física. Fanny Mandelbaum también llegó al Congreso para solidarizarse con los periodistas agredidos y contó que ayer fue amenazada por un anónimo que le envió un correo electrónico diciéndole "judía fascista". Al terminar la reunión se mostró dolida porque no hubo un rechazó unánime y marcó que nadie tiene derecha hacer un juicios ético a los periodistas que dicen lo que piensan"

Fueron recibidos en el Parlamento todos los periodistas escrachados

jueves, 29 de abril de 2010

La titular de la Comisión de Sistemas y Medios de Comunicación del Senado, María Eugenia Estenssoro (CC), exhortó hoy a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner a que impida el “linchamiento público” de periodistas convocado por Hebe de Bonafini en Plaza de Mayo.


En una reunión en la que fueron recibidos los periodistas que serían objeto de ese “juzgamiento” popular, la senadora manifestó la necesidad de que institucionalmente se ponga “freno a esta escalada” de violencia y prometió a los invitados que el pronunciamiento de la comisión no se quedará “en lo simbólico”.

Al término de la reunión realizada en el Salón “Eva Perón”, Estenssoro indicó que la comisión citará al titular de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación, Gabriel Mariotto, a la vez que pedirá explicaciones al jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y al responsable de los medios públicos.

El pedido para que intervenga la jefa de Estado y evite el “juicio popular” convocado por Bonafini fue expresado por senadores de distintos bloques, incluida Adriana Bortolozzi , del bloque del Frente para la Victoria.

“Por favor detenga el acto de mañana”, clamó la senadora formoseña, que semanas atrás sorprendió a su propio bloque cuando dio quórum junto a la oposición para tratar la coparticipación del impuesto al cheque, con lo que rompió la igualdad numérica que mantenía sin sesiones a la Cámara.

Si bien Bortolozzi aclaró que hablaba “a título personal”, su par Guillermo Jenefes (FPV- Jujuy) repudió en nombre del bloque que conduce Miguel Ángel Pichetto -quien no estuvo presente- los actos intimidatorios sufridos por periodistas en los últimos días.

“Repudio que se utilice cualquier medio para acallar la voz de cualquier periodistas”, manifestó Jenefes adelantando la posición de su bancada que, más tarde, será expresada en el recinto cuando todos los bloques voten una declaración unánime rechazando los actos intimidatorios que se produjeron.

La comisión recibió a los periodistas Ricardo Kirchsbaum, Eduardo van der Kooy y Daniel Santoro (Clarín); Joaquín Morales Solá (La Nación), Magdalena Ruiz Guiñazú (radio Continental y Diario Perfil); Edgardo Alfano y Marcelo Bonelli (TN) y Nelson Castro (radio Mitre y Diario Perfil), quienes supuestamente serán objeto del “juicio popular” en Plaza de Mayo.

Magdalena Ruiz Guiñazú, quien se retiró antes que finalizara la reunión, refirió que “vivimos una situación inédita para un régimen democrático” y especuló con que el Gobierno “es ignorante o es cómplice” de la situación.

Joaquín Morales Solá consideró que el escrache con afiches “no es anónimo”, según dedujo de las manifestaciones de funcionarios del Gobierno -entre ellos Mariotto- y del ex presidente Néstor Kirchner, en tanto que Edgardo Alfano advirtió que hay que “salir de la falsa creencia de que es un ataque sólo contra una empresa” porque “es contra los que piensan diferente”.

En la misma línea, Kirchsbaum señaló que “la firma del cartel” la puso Kirchner cuando atribuyó ayer a la prensa ser “la principal oposición”, mientras que Van der Kooy alertó que existe “un nivel de descomposición y de fractura en el cuerpo periodístico” provocado desde el Gobierno.

También Nelson Castro recordó las declaraciones de Mariotto en la marcha que se realizó frente a Tribunales a favor de la Ley de Medios, lo cual demostró que “los carteles anónimos no eran tales” y tienen detrás “funcionarios que responden al poder nacional”.

La senadora Hilda “Chiche” Duhalde llamó la atención sobre la ausencia de las autoridades del bloque del Frente para la Victoria en la reunión repudiando los actos de violencia, mientras que su colega del peronismo no kirchnerista, Sonia Escudero, indicó que las agresiones a periodistas están tipificadas en el Código Penal como “coacción” y pueden funcionar como “una instigación al delito”.
Fuente: DyN

Una adrenalina alimentada de desprecio infinito sigue pautando la respiración nacional

lunes, 26 de abril de 2010

Por Pepe Eliaschev

El país vuelve a ser el escenario elegido para la puesta en escena de grandes revolcones mortuorios. En el pedestal del monumento a Roca, en Diagonal Sur y Perú, una agrupación de izquierda ha pintado “Derrocar a Roca”.

Julio A. Roca murió hace 96 años. El grupo de Hebe de Bonafini (al que gruesas franjas de la sociedad siguen llamando, con incomprensible veneración, “las Madres”, como si las mujeres de la Línea Fundadora no existiesen y las madres a secas tampoco contaran), ha anunciado un “juicio” a periodistas que, a su juicio, colaboraron con el régimen concluido en 1983. En esa mascarada, se anuncia el enjuiciamiento de Bernardo Neustadt, que murió hace dos años. Bonafini aplaudió en 2001 el ataque contra las torres gemelas en Nueva York que asesinó a unas 3 mil personas.


Encausar muertos y derrocar estatuas es una de las delikatessen argentinas. Los militares robaron el cadáver de Eva Perón en 1955. Los Montoneros, que habían secuestrado y asesinado a Aramburu en 1969, robaron de nuevo su cadáver en 1974. Ya en democracia, las manos de Perón fueron serruchadas y robadas de su tumba en 1987.

¿Juzgar a Roca? ¿Encausar a Neustadt? Nada nuevo en una Argentina que participa de una acendrada cultura de ultratumba. En su poderoso y desasosegante film Secuestro y muerte, Rafael Filipelli -con guión de Beatriz Sarlo- despliega una deslumbrante mirada sobre el crimen de Aramburu. Revela, desde la extrema continencia de una factura de austeridad ejemplar, la temible banalidad homicida que cruza toda la historia argentina.

Pero la necesidad de recordar, la tenaz decisión de preservar la memoria como enseñanza y educación para futuras generaciones, se han ido cristalizando de la peor manera en la Argentina, con autonomía y respiración propias. La santificada memoria ha sido ella misma ofrendada en el altar de conveniencias muy pedestres.

En muchos sentidos, es como si esa memoria irreductible e inoxidable se hubiera convertido en una enajenación del sereno recuerdo reparador, un dispositivo adornado, en su exterioridad, de excelsas (y aparentes) bellezas morales, pero que en realidad funciona al servicio de proyectos y causas muy visiblemente asociadas al ejercicio y preservación del actual poder político.

Es una memoria “para”, un fenómeno muy ostensiblemente enganchado con criterios y cálculos de corto plazo. Se vincula con fuertes tradiciones nacionales, impávidas pese a las décadas, una suerte de eterno presente empapado de una historia perpetuamente sostenida en acto. La idea de “derrocar” a un estadista que nació en 1843 y murió en 1914 o enjuiciar a un periodista que nació en 1925 y murió en 2008 manifiesta una pétrea callosidad. Se menta la historia, pero no como referente valórico o contexto explicatorio de un fenómeno, sino aceptando resignadamente que estamos enjaulados por el perfume del pasado.

Días atrás, mientras esperaba que me llamasen a embarcar en Aeroparque, observé que un hombre de mediana edad, con un sobrepeso inocultable, semicalvo y con aspecto de profesional, refunfuñaba mientras leía La Nación en la cafetería, sentado a una mesa junto a la mía. Tras varios resoplidos, escuché que exclamaba en voz bien alta: “¡Qué gorilas!”. Sonriente, tomé de una silla cercana uno de los diarios “gratuitos” que publica el Gobierno, se lo alcancé y le dije: “Tenga, deje de sufrir, lea éste, que no es gorila, pero sí lo pagamos todos”.

Me impresionó una vez más la rústica vigencia del concepto “gorila”, acuñado hace más de medio siglo y resucitado hace pocos años al compás de los esfuerzos gubernamentales para polarizar el país.

Los escrachadores de periodistas de estas últimas semanas encarnan lo que, me temo, es el rasgo más vituperable de este chapoteo en el pasado. La misma sociedad en cuyos sótanos se escondieron durante lustros infinidad de personas que decían no saber, no conocer, no haberse enterado ni querer hacerlo ahora se regocija de su sobreactuado y ruidoso memorismo militante. Pero lo hace apelando a las peores esencias de aquel pasado que supuestamente quiere homenajear.

Ha santificado un papel honorable del odio, sacraliza la contienda y vive enamorada de la denuncia. Lo que hace es escandalosamente arcaico, incluso para la Argentina. De los truculentos años de “¡Mueran los salvajes unitarios!” a este renovado espasmo de zafarranchos contra quienes no comulgan con el Gobierno no hay grandes diferencias.

Una adrenalina alimentada de desprecio infinito sigue pautando la respiración nacional. Siempre hay chivos emisarios para ese odio congénito.

Afiches, Hebe de Bonafini convoca a participar del “juicio ético y político" a periodistas

jueves, 22 de abril de 2010

Convocatoria - Juicio en Plaza de Mayo


Esta semana se conocieron los nuevos afiches, donde la organización Madres de Plaza de Mayo, que conduce Hebe de Bonafini, promueve un “juicio ético y político a los periodistas cómplices de la dictadura”, que se realizará el jueves 29 de este mes en la Plaza de Mayo.

Según el afiche, los “juzgados” serán Magdalena Ruiz Guiñazú, Joaquín Morales Solá, Chiche Gelblung, Bernardo Neustadt, Mariano Grondona, Mauro Viale y Julio Lagos, entre otros.

La iniciativa mereció hoy el repudio de todos los diputados no oficialistas que en la Conferencia de Prensa que se llevó a cabo hoy, se solidarizaron con los periodistas agraviados Felipe Solá apuntó "desde el ’83 hasta ahora no hubo nunca una actitud de intimidación y de escrache fascista como el que estamos viviendo ahora." Aguad "Cuando asumió Néstor Kirchner en 2003 el presupuesto en publicidad era de 42 millones de pesos, hoy es de 1200 millones de pesos, cifra que solventa medios de comunicación afines al gobierno" y Silvana Giúdici recordó además el desempeño de Ruiz Guiñazú en la Conadep, entre otros.

La Asociación Madres de Plaza de Mayo convocó a participar del “juicio ético y político a los periodistas cómplices con la dictadura” el próximo jueves 29 de abril, a las 17, en Plaza de Mayo, tras la marcha habitual de cada jueves, y en el marco del 33º aniversario de la agrupación.

“Durante la dictadura militar, el silencio cómplice, el ocultamiento y la mentira hicieron que el terrorismo de Estado pudiera aniquilar a miles de personas. Muchos periodistas, que sabían lo que pasaba, fueron partícipes necesarios de ese genocidio. La continuidad de muchos de ellos y de los grupos empresarios monopólicos amerita que hoy, 34 años después, usted y nosotros, junto a las Madres, los juzguemos en la Plaza de Mayo”, concluye el comunicado.

El periodismo parece más una herramienta de castigo que un camino honesto hacia la verdad

martes, 20 de abril de 2010


Ya se sabe: el periodismo no es una ciencia exacta que suma dos datos, tres testimonios y una foto, y da como resultado la verdad. Por eso, el buen periodista no es aquel que cuenta “la” verdad, sino aquel que con honestidad intelectual intenta las aproximaciones necesarias para alcanzarla. Eso lo diferencia del mal periodista, aquel que no le importa la verdad ni los caminos que puedan conducir a ella.


En un país que mira absorto la batalla entre el Gobierno y un grupo de medios encabezado por Clarín, el periodismo a veces parece más una herramienta de castigo que un camino honesto hacia la verdad.

Esta semana, la Argentina participó de la cumbre mundial sobre seguridad nuclear. Después de días en que la mayoría de los medios informó, con grado de certeza, que el mandatario norteamericano no recibiría a Cristina Fernández, el encuentro finalmente se produjo.

La misma anticipación fallida había ocurrido semanas atrás cuando se anunciaba que Hillary Clinton no iba a visitar la Argentina; o el año anterior cuando se afirmaba que la Presidenta no iba a poder ver a Fidel Castro en Cuba. La realidad demostró que los titulares quizás reflejaban más un deseo que una información confirmada.

Desde el Gobierno se responde con la misma parcialidad. Con el agravante que eso significa: la utilización del aparato económico y comunicacional de un Estado que es solventado con fondos públicos.
 
Durante todos los partidos de fútbol del pasado fin de semana, se gastaron $ 204.000 en publicidad para convocar a una marcha oficialista a favor de la Ley de Medios. Además, los programas y los medios oficialistas no dudan en lanzar acusaciones absurdas (como llamar golpista a cualquiera que piense distinto) contra periodistas con nombres propios.
 
La televisión del pasado martes fue una muestra caricaturesca de esa guerra: mientras Canal 7 ninguneó durante todo el día el debate con mayoría opositora que finalmente derogó el DNU que permitía usar las reservas del Banco Central; el canal de cable TN, del grupo Clarín, ignoró por completo la conferencia de prensa de la Presidenta tras su encuentro con Barack Obama.


El Gobierno ya tiene poco para perder en esta lucha. La credibilidad del periodismo, en cambio, puede perder demasiado.

Fuente: Revista Noticias

Hostigamiento Personal y Pensamiento Úniko, esa es la consigna de Kirchner

Por Luis Majul

El hostigamiento personal contra periodistas que impulsan grupos de choque kirchneristas no empezó hace poco, como registra la mayoría de las crónicas. En verdad, se inició durante la campaña electoral, cuando el ex presidente respondió a preguntas de trabajadores de prensa como si fuera un barra brava y dio así carta blanca a todos sus seguidores para insultar y patotear a cualquier colega que no estuviera alineado con el pensamiento úniko.


La desmesura que implica la agresión verbal de Néstor Kirchner protegido por su custodia contra un periodista que pregunta, sea en representación de Clarín, de Radio Continental o del Canal América, es, además de censurable, un signo de cobardía. Personal e institucional. Tan cobarde como la acción de quienes insultaron durante dos cuadras a Fernando Bravo, el jueves pasado, en el marco de la manifestación a favor de la Ley de Medios que terminó frente a los tribunales.

Tan intolerante como los gritos descalificadores y las persecuciones que vienen sufriendo en la vía pública, frente a los medios donde trabajan y, en algunos casos, cerca de sus domicilios particulares, colegas que decidieron no hacerlo público, por temor a amplificar el hecho, y contagiar de malas ideas a militantes fanatizados que sueñan con entregar a Kirchner la cabeza de un enemigo en esta guerra que inició su jefe.

El pasado viernes 9 de abril tuve la mala suerte de toparme con el inicio de la primera marcha de apoyo a la Ley de Medios, convocada en el obelisco, justo cuando la policía interrumpió el tránsito que venía desde la avenida Corrientes hacia Leandro Alem. Estacioné sobre la mano izquierda de Corrientes, aconsejado por un policía que me advirtió sobre el espeso clima imperante.

Tenía una cita muy cerca, el día había sido demasiado largo y lo quería terminar sin ningún inconveniente. Caminé unos metros hacia la calle Libertad hasta que un hombre más o menos alto, y de contextura física robusta, que seguramente iba hacia la marcha gritó: “¡Gorila!”, como si fuera el dueño del peronismo.

Iba acompañado de otras tres personas. Me di vuelta y sonreí. El volvió, se puso a mi lado, me tocó el hombro y de nuevo me gritó en la cara. ¡Gorila!. Le dije que si me tocaba de nuevo le iba a responder de la misma forma. El episodio no terminó en una batalla campal porque mientras sus compañeros se acercaban otro grupo de cuatro personas tomó la decisión de enfrentarlos, y esa determinación puso fin al hostigamiento.

Antes de llegar a la esquina, otro hombre, sentado junto a dos mujeres a la mesa del bar ubicado a la vereda, vociferó: “¡¿Cómo pudiste escribir un libro tan valiente como Los dueños de la Argentina y terminaste haciendo ahora esta porquería lleno de inventos que te pagó el Grupo Clarín?!”.

Como su agresión parecía más elaborada le pregunté si tenía un minuto para discutirlo. Aproveché la sorpresa que le causó la invitación para preguntarle si lo había leído. Le recordé que el nuevo libro empezaba con una denuncia que involucraba en un grave episodio de corrupción al propio Kirchner, que el denunciante era alguien que había gobernado durante ocho años junto a él la provincia de Santa Cruz y que le pidió a los jueces que lo carearan con el entonces gobernador.

También le pregunté si su virulenta crítica personal incluía la defensa de hechos de corrupción protagonizados por el ex presidente. La mujer que estaba a su derecha le dijo: “te taparon la boca. Por charlatán”. Él decidió terminar la charla con una acusación de supuesta censura: “Cuando (Enrique) Pinti estaba haciendo una denuncia, no lo dejaste terminar. Mandaste un corte larguísimo y no volvió más”. Le pedí que me recordara de qué estaba hablando Pinti. Le expliqué que me parecía difícil, porque había sido este gobierno el que nos había negado el uso del Cabildo para hacer un reportaje precisamente a Pinti. El fogoso crítico no recordaba ni una cosa ni la otra. Prefirió iniciar otra discusión con su compañera de mesa.

Seguí caminando y en estado de alerta, hasta que llegué a la esquina de Libertad y Lavalle. Allí, desde adentro del café Petit Colón salió a la vereda otro manifestante, con una pequeña bandera en la mano, quien gritó a viva voz: “¡Puto!”. Detrás suyo salió una ex asesora de prensa de una ex funcionaria. Ella se le paró enfrente y le escupió en la cara: “¡Sos un cobarde!”. El hombre y sus acompañantes tardaron segundos en pagar la cuenta y retirarse del lugar.

Decenas de periodistas que caminan por la calle sin custodia vienen soportando agresiones parecidas desde hace más o menos un año. Programas de televisión como 6,7,8, Duro de domar y Televisión Registrada las propician y alimentan.

El aparato del Estado y las máximas autoridades de este país las alientan y justifican. La mayoría de los colegas no las denuncian porque tienen miedo de que las represalias sean todavía peores. ¿Qué pasaría si en el contexto de la locura dominante aparecieran uno, o dos o más “soldados kirchneristas” y se les “fuera la mano”, como sostienen que se le habría ido la mano al jefe de los custodios de Yabrán que mandó a disciplinar a José Luis Cabezas?

Si algo parecido llegara a ocurrir, sería improbable que la justicia pudiera determinar la responsabilidad efectiva del ex presidente. Pero muy pocos dudarían de su responsabilidad política.

La cruzada contra los periodistas es una guerra santa contra la libertad

Por Alfredo Leuco

Frankenstein

Perseguir al que piensa distinto es el ADN de todos los autoritarismos. Castigar al que pretende manifestar pacíficamente sus disidencias es el comienzo de la mutilación democrática. Agitar fotografías de periodistas y acusarlos de todos los males se llama caza de brujas aquí y en la China.


Mandar patotas a insultar, provocar y atacar a trabajadores de los medios de comunicación que no comulgan con el gobierno es metodología fascista de la peor calaña que repugna la conciencia republicana.

Néstor Kirchner con su violencia vengativa inventó un monstruo que le va a costar mucho controlar. El Frankenstein que se alimenta de presuntos gorilas destituyentes ya tomó vida propia y si desde el gobierno no lo frenan con toda contundencia puede terminar devorándose al propio matrimonio Kirchner. ¿Se imaginan que podría suceder en la Argentina si alguno de los periodistas colocados como blancos móviles sufriera un atentado? Vade retro, satanás. Que Dios no lo permita.

Ya le dije el viernes que el asesinato de José Luis Cabeza ocurrió porque un lugarteniente quiso quedar bien con su jefe. Fue más yabranista que Yabrán. El gobierno debería hacer un urgente llamado a la reflexión a sus grupos de tareas.

Debería hacerles entender que la crispación y el odio no construyen ciudadanía ni justicia social. Si no lo hacen por una cuestión ética de convicciones profundas que por lo menos lo hagan en defensa propia. Porque insisto con la idea. Si un periodista es atacado por alguna patota kirchnerista la primera víctima va a ser ese colega pero la segunda víctima va a ser el propio gobierno. Va a tener que pagar un costo político infinito por haber alentado, fogoneado, incitado a castigar de todas las maneras posibles al periodismo.

Que Néstor Kirchner detenga al Frankenstein que ha creado a su imagen y semejanza. Que haga un llamado desde la presidencia a través de su esposa para pacificar. Que desactiven a las barras bravas. Que se reciba en la Casa Rosada a una delegación de periodistas no oficialistas como una señal clara de tolerancia.

Todavía no se escucharon voces oficialistas fuertes condenando las agresiones ni los carteles. Todavía casi no hubo artistas populares o periodistas colaboracionistas del gobierno repudiando a fondo semejante atropello. Ya le quemaron el auto a una colega de Santa Cruz y muchos de los que pedían solidaridad cuando eran atacados por el menemismo no han dicho una palabra.

El periodismo de estado es muy pernicioso para la libertad de prensa. Fustigar al mensajero con el combustible de la publicidad oficial y los servicios de inteligencia es propaganda del régimen.

Jorge Lanata dijo que desde la guerra de Malvinas y José Gómez Fuentes que no se veía una cosa igual en los canales oficiales y para oficiales. Edi Zunino escribió que para algunos irresponsables la consigna parece ser "Haga patria mate un periodista". Escraches virtuales y reales, señalamientos con el dedo y discriminaciones cobardes fueron el caldo del cultivo del macartismo.

La cruzada contra los periodistas es una guerra santa contra la libertad. Y eso es la negación misma del progresismo.

Explosivo intercambio de opiniones sobre la independencia y la corrupción periodística

miércoles, 10 de marzo de 2010

Por Sebastián Di Domenica

La razón del encuentro era la presentación del libro El Dueño de Luis Majul, que se realizaba en el Auditorio del edificio anexo del Congreso de la Nación.

La idea era plantear un debate a partir de la siguiente consigna: Periodismo de investigación: decisión de alto riesgo. El anfitrión era, por supuesto, Luis Majul; y en la mesa de debate se presentaba un panel superestelar integrado por la diputada Silvana Giudici y los periodistas Jorge Fernández Díaz, Jorge Fontevecchia, Joaquín Morales Solá, Daniel Santoro, Nelson Castro y Víctor Hugo Morales.

La presentación le dio lugar al debate sobre periodismo de investigación, pero rápidamente, la exposición de ideas generó un explosivo intercambio de opiniones sobre temas tan sensibles como la independencia y la corrupción periodística, la crisis del periodismo actual, la ley de medios, la pelea entre el gobierno y Clarín, la división de los periodistas de uno u otro lado, la independencia frente a las empresas que los emplean y el libro El Dueño, motivo del encuentro.


“Teníamos muchas ganas de presentar este libro en el Parlamento-comenzó Majul-. Obtuvimos el permiso porque fuimos insistentes y porque tenemos derecho a hacerlo. Que no haya dueño del Parlamento y de las instituciones democráticas.”

Luego de dar la bienvenida y agradecer la presencia en el lugar de políticos como Gabriela Michetti o Margarita Stolbizer, el autor habló del antes y del después de la escritura del libro: “Tarde tres años en terminarlo y a las fuentes les solicité que no informen sobre las entrevistas hasta el lanzamiento del libro. Tomé esta precaución porque temía que Néstor Kirchner llame a los dueños de los medios en los que trabajo para que me saquen”, continuó.

Sobre la repercusión de la gente en la calle, señaló que entre otras cosas la gente le ha hecho y le hace comentarios sobre su seguridad y sobre los datos que se presentan en la investigación: ¿“Dónde está tu guardaespaldas?”, ¿“Es todo verdad?” “Me vas a amargar las vacaciones pero es mejor saberlo” ¿“Por qué no están presos?”, dijo que son algunos de ellos.

Tanto Silvana Giudici como Jorge Fernández Díaz expusieron sus opiniones favorables hacia el libro: “Si la investigación de Luis molesta, es porque cumple un objetivo”, dijo Giudici. Mientras que el escritor y periodista de La Nación señaló que “el trabajo rescata el periodismo de investigación y bate todos los récords” Fernández Díaz señaló que muchos periodistas descalifican el libro, pero en ese sentido dijo lo siguiente: “cuando investigábamos a Menem, éramos patriotas; ahora, con la investigación somos destituyentes”

Fontevecchia y se abre el debate

Jorge Fontevecchia marcó el inicio de la parte más caliente del debate. El director de Diario Perfil negó que el periodismo de investigación de hoy genere riesgos y en su análisis también criticó el poder del Grupo Clarín. “Yo no comparto que el periodismo de investigación sea riesgoso. Nunca hubo tan poco riesgo. Hoy tenemos un gobierno debilitado con un 70 por ciento de la gente en contra. Fueron riesgosos los primeros años del kirchnerismo”, afirmó.

En tanto, sobre el periodismo y sobre Clarín señaló que “Hay cada vez menos gente que sigue al periodismo y a las noticias. Y en Argentina crea desconfianza que empresas líderes como Clarín se diversifiquen tanto”. El periodista sostuvo que en esta situación, la investigación periodística genera sospechas de estar vinculada a las alianzas específicas de empresas. “No existen ejemplos en otros países de medios con el peso específico de Clarín. No hay forma de vencerlos”. En relación al libro El Dueño dijo que “hoy tiene un valor histórico, pero hace unos años hubiese tenido un valor profiláctico”.

Daniel Santoro del Diario Clarín y Nelson Castro de Radio Mitre y TN se sumaron al intercambio: “Las generalizaciones son siempre peligrosas”, señaló Santoro, quien afirmó que “hay que investigar más y para eso es necesario acceder a documentos, a información de las reuniones de funcionarios y evitar el off the record que confunde al lector”

Nelson Castro, en tanto, habló de la ley de medios: “ha generado algo bueno que es el debate pero algo malo que son los extremos a favor y en contra”. La credibilidad es un elemento clave para el periodismo, sostuvo Castro; y señaló que “existe la duda sobre si uno está influenciado porque trabaja en el Grupo Clarín”. “Nosotros como periodistas debemos tener opinión propia independiente de la que tienen las empresas para las que trabajamos”, afirmó. Por último, señaló que el periodismo de baja calidad, más allá de afectar a la profesión, afecta a toda la sociedad.



Victor Hugo, crítico

Victor Hugo Morales, en el comienzo de su exposición, insistió con los detalles sobre la llamada personal que le realizó el ex presidente Néstor Kirchner. La misma, tal como él ya lo había contado hace un mes, se produjo después de que Morales, desde Radio Continental, criticó duramente al ex presidente por la compra de 2 millones de dólares.

Luego de esas apreciaciones, el periodista con total sinceridad expuso su mirada crítica sobre el libro El Dueño: “busca rating”, “utiliza mucho el potencial”, "llamarle a esto periodismo de investigación es faltarle el respeto al periodismo de investigación", señaló entre otras cosas.

Entre lo positivo sostuvo que sirve de material de consulta y que contiene entrevistas bien realizadas. Luego también se refirió al periodismo en general y al gobierno. Estas son algunas de sus afirmaciones: “Estamos en la peor etapa de la credibilidad del periodismo.” “Después de la ley de medios, el país es otro. Todos los días nos enfrentamos a un periodismo desquiciado” “Los medios les decimos todos los días infinidad de cosas al gobierno; y el gobierno queda completamente indefenso”

Sin dejar de valorar y señalar su respeto hacia Victor Hugo Morales, Majul acotó en relación a las críticas: afirmó que no es cierto que en el libro se presenten muchos fragmentos en verbo potencial; y para remarcar la magnitud de la investigación, el autor señaló que el trabajo tiene 500 páginas y que fueron consultadas 158 fuentes. Majul también le pidió precisiones a Morales sobre los fragmentos señalados y remarcó algunos aspectos del comienzo del libro. Frente al silencio de Victor Hugo, el autor comentó que todo parecía indicar que el periodista de Continental no había leído el libro en su totalidad o no lo había leído.

Por último, cabe destacar la participación de Joaquín Morales Solá quien afirmó que en la actualidad existen problemas para desarrollar buen periodismo de investigación: “Yo me paso más tiempo chequeando información que escribiendo. Porque hoy en la Argentina la información está en muy pocas manos” “Muchos tenemos intervenidos nuestros teléfonos y hay problemas serios para investigar”

Para terminar su exposición, y en relación a los diferentes intercambios en la mesa señaló que “Kirchner tiene una gran habilidad y es descubrir las debilidades de sus adversarios. A los periodistas nos está dividiendo” concluyó.

En síntesis, la presentación de El Dueño generó un debate de enorme interés y un espacio de intercambio muy valioso. El mismo permitió que grandes celebridades del periodismo nacional expongan ideas, coincidan, disientan, y lo más importante, dialoguen. Una buena oportunidad para pensar y reflexionar sobre temas centrales para el periodismo y para toda la sociedad.