Mostrando entradas con la etiqueta Cristina Fernández. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cristina Fernández. Mostrar todas las entradas

Tiremos manteca al techo: El Tango-10 llevó a Florencia Kirchner a un cumpleaños en Río Gallegos

jueves, 15 de abril de 2010

Mientras Cristina Fernández y su marido Néstor estaban en Estados Unidos, su hija Florencia viajó a Río Gallegos en un jet presidencial para asistir al cumpleaños de una amiga, un jet que regresó a Buenos Aires y luego volvió, la pasó a buscar y la llevó de regreso a Capital Federal.




En una maniobra con estricta reserva, el Tango-10 arribó al aeropuerto internacional Piloto Fernández de Río Gallegos el pasado viernes 9, a las 21.06, con una sola pasajera: Flor K. Rápidamente, el jet ingresó al playón de carreteo, se acercó a uno de los hangares de la Fuerza Aérea y se detuvo cerca de una Toyota Hilux, donde dos custodios esperaban a la hija presidencial, informó la agencia local Opi Santa Cruz . A los pocos minutos, el jet volvió a despegar, esta vez sin pasajeros, con destino a Buenos Aires.

Florencia llegó a Río Gallegos el fin de semana para asistir al cumpleaños de una de sus amigas con las cuales cursó los estudios en el Colegio religioso María Auxiliadora. Y rápidamente regresó a Buenos Aires, en el mismo avión que la llevó a Santa Cruz. El lunes 12 el T-10 tocó pista, vacío, a las 13:55hs, y cumpliendo el protocolo ordenado, los pilotos dirigieron la máquina hacia la zona de hangares de la FAA dentro de cuyos galpones el avión permanece invisible a ojos indiscretos.

Allí, cuando una camioneta se acercó y de ella bajó Florencia que recorrió un corto trecho y subió rápidamente las escalerillas de la máquina. Minutos después el avión perteneciente a la flota presidencial abandonaba la pista con un solo pasajero abordo más la tripulación, rumbo a Capital Federal

Fuente: Perfil

Los Kirchner siguen intentando vulnerar los límites en cada uno de sus actos

domingo, 11 de abril de 2010

Por Eduardo van der Kooy


Aníbal Fernández consumió buena parte de la semana pasada en una discusión con Nicole Neuman. El tema debatido fue la existencia o no de un asalto que la modelo habría sufrido en Quilmes. No se trató de la única ocupación del jefe de Gabinete: también discrepó con el canciller, Jorge Taiana, sobre el contenido del encuentro sorpresivo entre Cristina Fernández y José Mujica. Los dos ministros parecieron tocar de oído porque estuvieron ajenos a la preparación de esa cita. Pero Taiana -que mencionó el futuro fallo sobre Botnia en la conversación de presidentes- sintonizó mejor.


A Amado Boudou parece fascinarle ser comentarista. Se paseó con soltura por un programa de actualidad de la televisión del Estado, donde en muchos momentos se asemejó a un periodista antes que a un ministro. Cuando habló sobre economía apaleó a todos los que cuestionan el modelo, en especial ortodoxos, liberales y conservadores. Exactamente, quienes fueron sus compañeros de ruta hasta que los Kirchner le abrieron -hace poco- alguna hendija del poder.

El Congreso volvió a paralizarse. En verdad, está paralizado desde que el Gobierno perdió la mayoría en Diputados y complicó su situación en el Senado. La oposición había juramentado un desquite, aunque fracasó en ambas Cámaras.

Valdría la pena detenerse, solamente, en uno de los motivos que la privaron del quórum en Diputados, donde amenazaba tumbar el DNU presidencial que le permitió tomar reservas del Banco Central. Varios legisladores opositores -faltaron alrededor de 20 para el quórum- llegaron al recinto muy tarde cuando su titular, el kirchnerista Eduardo Fellner, había levantado la sesión después de dar por cumplidos con rigurosidad los 45 minutos de espera reglamentarios.

¿Qué produjo la demora de aquellos legisladores? ¿Diferencias políticas? ¿Disputas personales? ¿Complicidad con el kirchnerismo? Nada de eso: sucedió que el timbre de llamado a la sesión funcionó sólo en el viejo Palacio. El sistema se atrofió en el edificio anexo. Por casualidad o mala intención oficial. Todo es posible en un país donde las trampas, la vulgaridad, la marginalidad política, la negligencia y, además, cierta candidez, conviven en un mismo escenario.

Desde la crisis del 2001 -también antes- la Argentina ha sido capaz de producir episodios sorprendentes que el mundo, incluso, comenta ahora mismo. El arribo de Cristina al poder estuvo envuelto con promesas de una mejora de la civilización política que apuntalaría la recuperación económica. A casi a dos años de su Gobierno y con seis del ciclo matrimonial completo, los Kirchner, junto con la impericia opositora, parecieran empeñados en arrastrar al país por nuevas estaciones de la decadencia.

Los Kirchner han trazado, en ese sentido, una parábola firme. Incursionaron en la transversalidad, en la concertación, hablaron de otra renovación en el PJ. Pero van finalizando su derrotero aferrados a Hugo Moyano y pendientes de lo que trama cada día Carlos Menem, convertido, objetivamente, en una pieza clave del kirchnerismo en el Senado.

¿Por qué razón tan importante? Por varias, simultáneas. Es el voto que le impide a la oposición imponer el quórum, prescindiendo del oficialismo. Menem no forma parte, además, de ningún proyecto político. Simplemente, porque su futuro se evaporó luego de rendirse en el balotage del 2003 frente a Kirchner. No hay nadie en el peronismo, con aspiraciones, que lo tenga en cuenta.

Los proyectos del ex presidente riojano pasan a ser, así, sólo personales. Sus mayores intereses radicarían en aclarar el porvenir, siempre ensombrecido por la Justicia. Menem arrastra todavía seis causas penales, de las cuales el contrabando de armas a Ecuador y Croacia y el atentado a la AMIA son las más resonantes. ¿Quién podría ayudarlo en esa dura travesía? El sentido común indica que el Gobierno mucho más que la oposición. Aún cuando los Kirchner han sembrado aversión en el Poder Judicial.

No existen evidencias, todavía, de ningún alivio para el ex presidente. Hay en cambio constancias y antecedentes de intercambios discretos entre Menem y el kirchnerismo. Aníbal Fernández nunca ocultó su simpatía ni sus conversaciones con el riojano. El Gobierno, incluso, entabló con él una negociación que quedó a mitad de camino en los días febriles de la resolución 125 sobre las retenciones al campo.

Con la llave de Menem, el kirchnerismo intenta convertir al Senado en tierra yerma. Pero nadie sabe, de verdad, cuánto podría perdurar esa estrategia. Hay senadores oficialistas que no quieren hipotecar su futuro como lo viene hipotecando el matrimonio. Hay dos, al menos, -uno de ellos el misionero Luis Alberto Viana-, que comunicaron que acompañarían a la oposición en su intento de reformar la ley del cheque.

También hay aliados que son sometidos a tensiones innecesarias. El neuquino Horacio Lores fue el miércoles pasado al Senado, entre varias razones, para un homenaje al fallecido líder de su partido, el MNP, Felipe Sapag. Nunca pudo bajar al recinto porque el kirchnerismo lo impidió. Aquel homenaje resultó finalmente suspendido.

Los kirchneristas tampoco saben si le darán vida esta semana a un recinto muerto. Una resolución administrativa de Julio Cobos, antes de asumir en reemplazo interino de Cristina, produjo una revulsión. No les importa el descuento a sus dietas por la última ausencia: les inquieta la convocatoria a través de solicitadas en los diarios -con fotos incluidas- para el miércoles próximo. "Es un método fascista", se quejaron. Pues bien: esas atribuciones del titular del Senado fueron impulsadas en los tiempos en que Cristina era legisladora.

Cobos se desligó del tema. Estará a cargo del Poder Ejecutivo hasta el regreso de la Presidenta desde EE.UU., el jueves venidero. La carga se desplomó en las espaldas de José Pampuro que deberá presidir la sesión. Los senadores kirchneristas le demandan que derogue la resolución de Cobos.

En Diputados, la agitación inútil no es diferente a la que sucede en el Senado. Claro que la mayor responsabilidad por ese estado de cosas corresponde primero a la oposición y luego al kirchnerismo. El kirchnerismo se ocupa de urdir provocaciones o de explotar cada pequeñez.

El diputado tucumano del FPV, Gerónimo Vargas Aignasse, trató de levantar la sesión que analizaba la reglamentación de los DNU ante una ausencia circunstancial de la peronista disidente Graciela Camaño. La mujer casi lo trompeó. Agustín Rossi, el jefe del bloque kirchnerista, bajó al recinto sólo para pedirle a Fellner que levantara la sesión en la cual la oposición no alcanzaba el quórum. El presidente de la Cámara cumplió como soldado kirchnerista -que es- y soslayó la autonomía que le otorga el sillón que ocupa.

Su cabeza ha quedado en la picota opositora. Pero en ese abanico político la posibilidad de un acuerdo asoma siempre tan remota como la ilusión de levantar un rascacielos en la luna.

Felipe Solá y Camaño propusieron llamar a una sesión para remover a Fellner. El radicalismo ya opinó que no. Mantiene la idea de que ese cargo -por tradición- corresponde al oficialismo, aunque sea minoría. Aquellos disidentes, al fin, tienen madera peronista: "El kirchnerismo rompió todas las tradiciones. ¿Por qué debemos respetarlas nosotros?", bramó Solá.

El presidente del bloque del peronismo federal apuntaba, entre muchos casos, a la severidad con que Fellner manejó el tiempo para ayudar al fracaso de la sesión en Diputados. "Nunca se levanta una sesión importante en 45 minutos", explicó. Un ex diputado radical, revisando sus anotaciones, le dio la razón. Cuando el kirchnerismo buscó en agosto del 2009 la prórroga de los superpoderes esperó 4 horas y 15 minutos hasta conformar el quórum. Un mes después, aguardó 1 hora y 23 minutos para tener número y avanzar con la ley de medios.

La esterilidad del Congreso ha dejado de ser novedad. Pero su persistencia seguirá agravando la realidad política e institucional. Es, seguramente, lo que menos interesa a los Kirchner: en ese tobogán podrían entrar también los líderes de la oposición que tienen aspiraciones presidenciales. Ellos deben desempeñarse en un Parlamento que empezaría a fatigar la paciencia colectiva.

Al matrimonio presidencial le importan los recursos financieros con los cuales disciplinan al PJ y condicionan la política. Para los actos de Gobierno cuentan con los decretos y los vetos.

El objetivo inmediato consistiría en alinear a sectores díscolos de la Justicia y oprimir a aquellos medios de comunicación que no dicen lo que les gusta.

El plan está en marcha: ¿Cómo entender la reforma empujada por el kirchnerismo para que los jueces rindan, como condición para seguir, examen cada cuatro años? El mismo tiempo que dura un mandato presidencial.

Los Kirchner siguen intentando vulnerar los límites en cada uno de sus actos. No solamente. Cuando la Presidenta afirmó sentirse Sarmiento, también evidenció descontrol en las palabras y desprecio por el sentido de la historia.

El diálogo de la Presidenta sirve para aumentar dudas y fricciones

miércoles, 7 de abril de 2010

Por Eduardo van der Kooy

Quizás pueda atribuirse a la falta de costumbre. O a una costumbre que abandonó cuando cambió el Congreso por el Poder Ejecutivo, para servirle de posta a Néstor Kirchner. Lo cierto es que en la ronda de diálogo con los gobernadores, que arrancó la semana pasada y continuó ayer, Cristina Fernández pareciera haber sembrado más dudas y fricciones que afiatado la posibilidad de algún acuerdo nuevo.


Le sucedió incluso con los mandatarios provinciales propios. La mayoría de los peronistas exaltó el encuentro del lunes de la semana anterior en Olivos. Pero ese encuentro tuvo los mismos defectos de otros que encabezó la Presidenta. Mucho monólogo, casi nada de diálogo y la imposición de nuevas exigencias que muchos gobernadores no están en condiciones de cumplir. En este caso, la famosa reforma a la ley del impuesto al cheque, que podría considerar hoy el Senado, y la difusa promesa de derogarla cuando entre septiembre y octubre el Congreso deba abordar el Presupuesto para el 2011.

Para octubre falta mucho. Y para pensar con seriedad que el Gobierno esté dispuesto a resignar los ingresos por ese tributo, mucho más aún. Sobre todo si se calcula que representa ingresos por encima de los $ 21 mil millones, casi tanto o más que lo que representa el DNU al que echó mano para tomar reservas del Banco Central y financiar lo que resta del año.

Cristina tampoco fue cordial con los peronistas. Un importante gobernador le propuso publicar una declaración de apoyo a las iniciativas de ella: "No necesito el aval de nadie. Tengo el aval de los votos para gobernar", replicó.

Aquel encuentro de la Presidenta con los mandatarios de su partido no pareció tener reflejo en el Congreso. La última reunión de la Comisión de Labor Parlamentaria concluyó en un desbande entre los kirchneristas, algunos de sus aliados y la oposición. ¿Qué ocurrió? Que los dos senadores de Tierra del Fuego, que responden a la gobernadora Fabiana Ríos, y Horacio Lores, del MPN de Neuquén, quedaron marginados del reparto de las comisiones.

La oposición sostiene que el kirchnerismo debe cederles lugares por ser sus aliados. Ningún kirchnerista quiere dar el brazo a torcer, por dos razones: la unidad del propio bloque oficial pende de un hilo; la confianza hacia los aliados cada día es menor.

Habrá que observar si la oposición consigue hoy, finalmente, quórum para imponer la media sanción a la ley del cheque. Carlos Menem, una pieza clave en esa estrategia, se paseó ayer rozagante por el Senado. Pero a los opositores, demasiadas veces, se les suelta alguna liebre. Los kirchneristas Luis Alberto Viana (Misiones) y Guillermo Jenefes (Jujuy) no ayudarán a la oposición. Pero si esa oposición consigue quórum, es posible que aparezcan votando a favor de la reforma a la distribución de aquel impuesto.

Si con los peronistas había existido jaleo, nada hacía prever una cita tranquila de Cristina con gobernadores aliados o aliados críticos. Cierta destemplanza atravesó la reunión con Hermes Binner (Santa Fe), Ricardo Colombi (Corrientes), Brizuela del Moral (Catamarca) y Ríos (Tierra del Fuego).

Los roces, esta vez, sucedieron con el gobernador socialista. Binner llegó con la sangre en el ojo por múltiples motivos. El primero: el Gobierno se desinteresó de la audiencia de Santa Fe con la Corte Suprema por la coparticipación que tuvo dos notas llamativas: la presencia de Carlos Reutemann, codo a codo con su peor adversario, y la ausencia de Amado Boudou, el ministro de Economía

El resto de los enojos del socialismo tiene relación con la política en Santa Fe, donde una objetiva combinación del reutemismo con las fuerzas de Agustín Rossi -jefe del bloque de diputados kirchneristas- le impidieron al gobierno provincial la sanción de una reforma impositiva, necesaria para achicar el déficit provincial.

¿Cómo sería aquella combinación entre dos rivales, como son Reutemann y Rossi? El socialismo logró aprobar la reforma en Diputados que el Senado, con la influencia del ex gobernador y senador, modificó. El socialismo requería de los dos tercios para ratificarla en Diputados: pero no alcanzó esa proporción por los legisladores que le retaceó Rossi. El diputado le exigía al socialismo la aplicación de un nuevo impuesto al campo. Binner, con este presente, no puede echarse al campo encima.

Epílogo: las Cámaras parlamentarias le aprobaron al gobierno socialista una moratoria que Binner preferiría no aplicar porque, a juicio suyo, no resolvería los problemas financieros de la provincia.

El gobernador de Santa Fe le recordó a Cristina esa ausencia de solidaridad política kirchnerista. La Presidenta le enrostró la participación del socialismo en todas las estrategias con la oposición, a nivel nacional, que le hicieron perder la mayoría del poder en Diputados y le ha complicado de modo ostensible el Senado.

Nada hace prever, con estos antecedentes, que las futuras reuniones sean mejores. Por el contrario. En el horizonte figuran Mauricio Macri, Alberto Rodríguez Saá (San Luis) y Mario Das Neves (Chubut). Das Neves viene de reunirse con Francisco de Narváez, en uno de los tantos intentos por participar de una alternativa en contra de los Kirchner para el 2011. Rodríguez Saá está en un largo conflicto con el gremio docente que impide el comienzo de las clases en su provincia. Un conflicto donde cree descubrir la injerencia kirchnerista. Macri acaba de ser citado por el juez Norberto Oyarbide por la investigación sobre las escuchas ilegales y el espía Ciro James, ex empleado de su gobierno.

Oyarbide está habituado a los equilibrios delicados: progresa sobre la denuncias de corrupción sobre Ricardo Jaime, el ex secretario de Transporte al cual los Kirchner soltaron la mano, y encierra cada vez más a Macri con una historia que el ingeniero tampoco explica satisfactoriamente.

Otro prólogo que no sólo hace difícil presagiar entendimientos de Cristina con los gobernadores. Además, induce a preguntar cuánto hay de convicción en este diálogo y cuánto de simple pasatiempo.

New Statesman Magazine, Cristina Fernández de Kirchner: a profile of the Argentinian president

jueves, 18 de marzo de 2010

By Vincent Bevins for New Statesman Magazine

Cuando Cristina Fernández de Kirchner ganó la presidencia Argentina en 2007, su campaña pudo haberse visto beneficiada por la popularidad del saliente presidente, su esposo, Néstor Kirchner. Pero la actual presidenta es una veterana política por su propio peso, hace tiempo establecida como una voz argentina independiente.

Fernández de Kirchner nació en La Plata, cerca de Buenos Aires. Como estudiante gravitaba a través del Partido Justicialista, fundado por Juan y Eva Perón. Rápidamente se volvió activa en la Juventud Peronista (que estaba afiliada con la guerrilla de militantes montoneros); pero como el país cayó en dictadura militar en 1976, ella dejó la política, mudándose a la Patagonia para estudiar leyes.

Fue durante la Junta Militar, que la Argentina fue a la guerra contra Gran Bretaña por las Falklands, o Las Malvinas. Y fue precisamente la Junta, la que hizo desaparecer muchos de los camaradas de los Kirchner, ella no retorno a la vida política sino después de que el régimen colapsara en 1983, después de la derrota militar.

Con una provincial y luego nacional elección para diputada a fines de los 80 y cerca de los 90, Cristina Kirchner, se convirtió en una abierta senadora en 1995. En 2003, mientras sujetaba el asiento de Santa Cruz, también actuó como la columna vertebral de la exitosa campaña de su marido como presidente. Para ese momento, ambos Kirchner se habían mudado hacia la centroizquierda, y desde ese entonces ha rebatido la izquierda militante del ala elitista de la década del 70 revolucionaria.

Como primera dama, Kirchner ganó la reputación que mantiene como presidenta, sobre todo por ser tan bien vestida como lo es políticamente estridente. Ella no se disculpa por su glamorosa apariencia tan cuidadosamente construida (al que algunos adjudican quirúrgicamente alterada), ya que en una ocasión pregunto: “¿Tendría que vestirme como pobre sólo para demostrar ser una buena líder política?”

Sus poderosos discursos le trajeron comparaciones con Eva Perón, y como presidenta, sus respuestas ante cualquier amenaza contra la soberanía nacional parecen ser más feroces que las de su marido. Dijo que los Estados Unidos, actúa como si “quisiera a los demás países como empleados o subordinados, en vez de como amigos” y obtuvo una avergonzada disculpa de la cúpula de la CIA, luego de haber cuestionado la estabilidad argentina. Sin embargo mantiene buenas relaciones con Washington.

Los índices de popularidad de Kirchner han disminuido desde que asumió su último cargo, particularmente perjudicada por un fallido intento de extraer los ingresos tributarios procedentes de la agricultura, para resolver los problemas de liquidez del estado, aún así parece ser un actor respetada en la política latinoamericana. Luego de una disputa en el 2008, Hugo Chávez de Venezuela, se disculpó con la alemana Angela Merkel cuando dijo: “estoy haciendo esto frente a Cristina, porque cada vez que me porto mal, ella me jala las orejas.”

En su opinión sobre las Malvinas, Kirchner ha sido típicamente directa. En la pasada reunión del G20, dio un discurso anunciando su deseo de “reafirmar la soberanía sobre las Islas Malvinas.” Para los argentinos, este grito de guerra es indiscutible.

La perspectiva de Kirchner sobre que “las Malvinas son Argentinas”, es común de ver en casi todas las tendencias políticas. Y con el apoyo de una América Latina más unida que nunca, está decidida a influenciar sobre el Reino Unido, incluso si la guerra perpetuada hace 3 décadas, fue llevada a cabo por un régimen dictatorial que secuestró a sus propios seres queridos.

VER NOTA NEW STATESMAN Cristina Fernández de Kirchner: a profile of the Argentinian president

La Señora de Olivos y Marcó del Pont, retrato de la incoherencia

domingo, 14 de marzo de 2010

Por Nidia G. Osimani Ibáñez


La hipotética lógica que rige los actos administrativos de la Sra. de Olivos frente al Poder Ejecutivo de la Nación, estos “desatinos permanentes” saltan a la vista casi todos los días y a una frecuencia mínima de dos veces por jornada.


En ese contexto, es posible advertir decenas de hechos y dichos provenientes de la mencionada Sra. que no guardan la mínima relación con la coherencia, la confrontación permanente contra fantasmas de la década de los ´70, la provocación en cada discurso en la aparente búsqueda de placer mediante la violencia verbal indiscriminada e innecesaria la mayoría de las veces.

Los gestos y actitudes adolescentes, la decisiones fundamentadas en caprichos, la venganza infaltable cuando alguien no está de acuerdo con alguno de sus berrinches, la destrucción de la economía nacional bajo el discurso de estar “a favor de los pobres”, la falsificación permanente de las estadísticas nacionales mientras trata de justificarlo en el marco de un “modelo” (que todavía nadie logra encontrar), el desconocimiento que ha demostrado varias veces en disciplinas como la geografía y la historia, dando clase al mejor estilo de maestra ciruela desde los atriles a los que gustaba hasta no hace mucho samarrear sus micrófonos (y cada tanto se le escapa).

El derroche de gastos en cada viaje para su excesiva y hasta excéntrica comodidad personal mientras frente a la tragedia natural en una provincia del Norte argentino producto de la deforestación habla casi como si se burlara de la pobre gente desposeída de todo de que la causa es la “pobreza estructural” (en tanto veta alegremente y por intereses económicos puntuales, leyes protectorias de nuestros recursos naturales), en fin, barbaridad tras barbaridad hasta llegar a la conclusión de que “gobernar es gastar” a su entender, lo que implica (siempre a su entender), todo el despilfarro necesario e innecesario para que ella y su marido puedan seguir perpetuándose en el poder aunque haya más miseria cada día.

No importa, Cristina se cree que ella está gobernando y que nadie la contradiga o deberá enfrentarse con una venganza segura y su frecuente mirada fulminante de odio, rencor y resentimiento, de manera mucho más directa cuando bamboleándose de lado a lado como quinceañera en pleno despliegue de vanidad sacude micrófonos, mira fijo las cámaras y lanzando llamas por los ojos esputa sus exabruptos en su habitual tono grave de voz.

Como se ve, la Sra. de Olivos está muy lejos de seguir una línea de coherencia, sin embargo, la titular del Banco Central Mercedes Marcó del Pont hizo referencia hace pocas horas a la “coherencia y la valentía que demuestra permanentemente" la presidente Cristina Kirchner.

A menos que Mercedes se refiera a ser coherente en la incoherencia, disculpen mi torpeza, pero otra posibilidad no veo.

Asimismo, del Pont, pidió “no retroceder ni un milímetro de la defensa de los ideales”, obviamente los de ella y de Cristina que nada tienen que ver con el 85 % de los del pueblo argentino de vivir y trabajar en paz, de que haya justicia, de que haya seguridad, de que haya educación y salud, de que no haya un gobierno dictactorial ni corrupto, y por sobre todo de que haya un gobierno “coherente”.

Dijo además “Cuando se sale a enfrentar el miedo, las psicopateadas y las descalificaciones, los sectores populares están de nuestro lado", evidenciando un desconocimiento absoluto de lo que la mayoría de la población piensa de este gobierno, a pesar de que lo hayamos dejado bastante claro en la última elección el 28 de junio pasado.

Habló también de “la fuerza y la consistencia" de las ideas que defiende, en fin, varios ítems, pero lo mejor que escuchamos fue, según Mercedes, que lo más interesante de todo este conflicto generado en torno al tema del uso de las reservas para pagar la deuda pública, “es haber introducido la cuestión de las reservas que no se generó el azar sino que son fruto del trabajo de los argentinos".

¿Qué parte del “no queremos pagar la deuda externa con plata de las reservas porque la consideramos ilegítima, irregularmente documentada y previo a todo hay que revisarla desde cero, no entendió la Lic. del Pont?

¿Qué parte del “ya nos dimos sobrada cuenta de todas las maniobras y falsificaciones que hicieron a modo de práctica de “contabilidad creativa” para generar esas reservas y sabemos por eso el irreversible perjuicio que ocasionaría al país que las utilicen para ese fin en este momento, no entendió la Lic. del Pont?

¿Qué parte de “la deuda externa es ilegítima” y es una aberración afirmar que debe ser pagada con el producto del trabajo de todos los argentinos, no entendió la Lic. del Pont?

Yo le propongo una idea:

¿Y si en lugar de robarnos las reservas con fines puramente políticos para satisfacer los intereses personales del matrimonio gobernante, la pagan con el producto del enriquecimiento ilícito de sus jefes y entorno beneficiado por el matrimonio?.

¿No le parece que eso sí resultaría una alternativa un poco más razonable, Lic. del Pont?. Al menos no estarían “saqueando” (además) el fruto del trabajo de todos los argentinos.

Papelón de Víctor Hugo Morales frente a los periodistas más prestigiosos de Argentina

sábado, 13 de marzo de 2010

Por Luis Majul


El martes pasado, en el auditorio del anexo del Congreso de la Nación, el prestigioso comentarista y relator de fútbol Víctor Hugo Morales hizo algo que sorprendió a la mayoría de los presentes y dejó atónito y triste a quien esto escribe. Morales descalificó a El Dueño con un tono agresivo. Dijo, entre otras cosas: “Llamar investigación al libro de Luis es faltarle el respeto al periodismo de investigación”.


Fue un golpe bajo y artero. No porque no tuviera derecho a criticar la investigación, sino, entre otras cosas, porque el 3 de febrero pasado, en una nota que le hice para La Red con motivo de su pedido de disculpas a Néstor Kirchner por haberlo criticado al comprar dos millones de dólares en un día, y sin que nadie se lo pidiera, mencionó a El Dueño como un ejemplo de texto que señala los “comportamientos éticos de quienes gobiernan”. Es decir: no lo alabó. Pero tampoco lo despreció, como lo hizo ahora, en su primera intervención.

Pero mi tristeza no es por eso. Todo el mundo tiene derecho a criticar lo que no le gusta. Pero, ahora que pasaron las horas me quedó muy claro que Víctor Hugo no había venido a debatir sobre los riesgos del periodismo de investigación, el verdadero motivo de la convocatoria, sino a atacar al libro al que Néstor Kirchner ya había ordenado descalificar. Y lo que es más triste todavía: a poco de comenzar, quedó en evidencia que no lo había leído. O que por lo menos no lo había hecho con el detenimiento necesario como para desautorizarlo con semejante certeza.

Jorge Fontevecchia, en el mismo encuentro, había sido igual de provocador, pero más educado, al plantear que en el periodismo de investigación “nunca hubo tan poco riesgo como hoy, con un gobierno debilitado y el 80 por ciento de la opinión pública en contra”. Esa hipótesis sí que me resultó apasionante y digna de discutir más a fondo. El fundador de Noticias presentó su hipótesis en la misma mesa en la que estaban sentados Nelson Castro, a quien hace poco más de un año dejaron sin su programa de radio, a Joaquín Morales Solá, a quien no hace mucho criticaron desde el atril presidencial, a Daniel Santoro, a quien le pincharon el teléfono según comprobó la justicia, y a él mismo, a quien, si no me equivoco, el gobierno sigue discriminando al no colocar en sus medios publicidad oficial.

¿Por qué sospecho que Víctor Hugo Morales atacó a El Dueño de manera premeditada? Porque empleó el mismo método que antes habían usado el jefe de gabinete, Aníbal Fernández, el recaudador de impuestos, Ricardo Echegaray y el filósofo obnubilado con “Cristina y con Néstor”, José Pablo Feinmann, quien tampoco se había tomado el trabajo de leer el texto.

Solo lo ningunearon, igual que hicieron con Patria o Medios, el libro de Edi Zunino. Lo mismo que hizo el martes, en el auditorio, de manera descomedida, el propio comentarista de Radio Continental con ¿Qué les pasó?, el reciente libro de Ernesto Tenembaum, un trabajo excepcional que constituye un fuerte cachetazo político para Kirchner y la Presidenta.

No incluyo aquí la liviana referencia que escribió Horacio Verbitsky el domingo 28 de febrero en Página 12 sobre “un libro de verano, que se lee tan rápido como se olvida (y que) sostiene que el de los Kirchner fue el gobierno más poderoso de la historia argentina”, porque no especificó a que trabajo se refería. Si debo decir que lamento, de verdad, que Horacio no siga investigando con la misma pasión con la que lo hacíamos en los malditos años noventa. Aunque algunos de sus viejos libros, a veces, no tengan la sintaxis necesaria como para ser leídos sin dificultad.

Tengo el mismo afecto por Víctor Hugo que él dice manifestar por mí. De hecho, creo ahora con sinceridad que él mismo tomó conciencia de que había sido más papista que el Papa. Porque en su segunda intervención, intentó equilibrar la embestida al afirmar que el libro tenía muy buenas entrevistas y que se lo podía tomar como un texto de consulta. Como el ambiente, en el auditorio, había quedado enrarecido, le escribí un mail que reproduzco acá solo porque me enteré que lo había mencionado ayer en su programa de radio:

Querido Víctor Hugo:

Gracias por haber compartido tan interesante charla. Lamento la intensidad del cambio de palabras. Me disculpo de antemano si el énfasis en la defensa de la investigación pudo haberte enojado. La vida tiene muchas vueltas. Seguramente nos encontraremos en alguna de ellas.

Pero ahora que la tensión ya pasó hablemos en serio y con precisión. ¿Por qué Morales, un especialista en el relato de partidos de fútbol, un hombre de sanas inquietudes culturales pero que no parece conocer la técnica del periodismo de investigación se metió en semejante laberinto? Está claro que no es lo mismo leer un libro para escribir su prólogo, como lo hizo con el de anécdotas de el "Bambino" Veira, que analizarlo en detalle para ejercer el interesante oficio de la crítica.

Se supone que un buen libro de investigación, elaborado con honestidad intelectual, tiene que tener, revelaciones periodísticas, buena información, contexto político y social, y el rigor necesario como para ser defendido en los tribunales, si es preciso.

El martes, aunque ese no era el motivo del debate, me vi obligado a defender mi trabajo, como si estuviera en un aula de la facultad. Entonces tuve que explicar que la principal materia prima del periodismo de investigación eran los datos, y no la opinión.

Le pregunté a Víctor Hugo si recordaba con qué dato empezaba El Dueño, porque quizá era uno de los más fuertes del libro. Pero no lo recordaba. Le informé que era una denuncia inédita por el cobro de una coima del 20 por ciento de un crédito de tres millones de dólares a una empresa naviera, decisión en la que habían participado Néstor Kirchner y Lázaro Báez.

Le hice notar que, enfrente suyo, en la primera fila, estaba quien la había denunciado, Eduardo Ariel Arnold, el hombre que gobernó Santa Cruz con Kirchner durante ocho años. Pero no lo conocía. Le comenté entonces, que un par de butacas más allá se encontraba Manuel Garrido, el ex fiscal de Investigaciones Administrativas que tuvo que renunciar después de haber denunciado que la declaración jurada del ex presidente estaba floja de papeles. Pero tampoco parecía conocerlo.

Antes, Víctor Hugo había explicado por enésima vez porqué creía que era una canallada sospechar de la compra de dos millones de dólares que hizo Kirchner. La vergüenza que sentía al recordar que el ex jefe de Estado se había tomado el trabajo de explicarle, a través de un mail, que habían sido adquiridos de buena fe, para comprar acciones de Hotesur, le empresa dueña del Hotel Alto Calafate.

Entonces le tuve que aclarar, ayudado por la memoria, que Kirchner debería explicar por qué necesitó comprarlos si, según su declaración patrimonial, tenía a disposición 4 millones de dólares líquidos en su cuenta. Y que también debería explicar si no contaba con información privilegiada porque los documentos demuestran que los adquirió días antes de anunciar la estatización de las AFJP, medida que bien pudo haber provocado una considerable suba del tipo de cambio.

Para argumentar que El Dueño es un libro marketinero, Morales dio dos ejemplos contenidos en dos páginas distintas. En uno cuestionó, como si fuera un experto en la materia, el uso del término “fuentes confiables”, pero no se detuvo en el contenido de la información. En otro pareció molestarle los ejemplos que demuestran que la Presidenta Fernández tiene una fuerte dependencia psicológica, además de política, de Néstor Kirchner.

Cuando me tocó el turno, le pregunté a qué páginas se refería, pero tampoco me respondió. Uno de los organizadores del encuentro tuvo la fortuna de recuperar el ejemplar que el colega había usado para desacreditar mi trabajo. Se trata de las páginas 285 y 439. Para no aburrir a los lectores, solo diré que si Víctor Hugo se hubiera tomado el trabajo de leer la advertencia que se encuentra antes del prólogo en la página 12, habría comprobado que las fuentes de información de ambos episodios están identificadas de la manera correcta, según aconseja, por ejemplo, el Manual de Estilo de el diario El País de Madrid (a mi criterio, uno de los mejores periódicos de habla hispana).

No creo que Víctor Hugo haga las cosas por interés. Y reconozco que su atractiva manera de hablar puede generar la falsa sensación de que está diciendo verdades absolutas e irrefutables. Me atrevería a sugerirle, sin embargo, que no repita, como si fuera una hazaña o una virtud, que hace diez años que no lee Clarín. Para ejercer el periodismo con seriedad y comparar datos hay que leer todo lo que se pueda. Incluso el diario que no comulga con sus ideas. El no hacerlo, por más bronca que uno tenga, habla de cierto autoritarismo y una falta de profesionalismo que no se condice con el discurso habitual de Víctor Hugo.

Algunas mañanas escucho a Morales. En serio: dice las cosas en un tono que a veces parecen certezas incontrastables. Lo disfruto, por ejemplo, cuando sale desde Venecia y habla del carnaval. Porque después me queda la sensación de que estuve allí, con un amigo de hace años. Pero no me pasa lo mismo cuando habla de política. Porque no puedo entender, por ejemplo, como un hombre tan inteligente, honesto, informado y con opinión, justifica la corrupción de este gobierno con unas cuántas palabras huecas, al sentenciar “Todo poder es corrupto. Eso no es ninguna novedad”.

Cuando pasa eso, y últimamente pasa bastante seguido, cambio de radio, pienso un poco y concluyo que a Víctor Hugo Morales le pasa lo que a Kirchner, a Cristina y a gente que ha sido tan prestigiosa como Feinmann: a veces se enamoran de su propia voz, de sus propios textos y de sus viejas obsesiones. Y entonces el enorme ego no les permite ver que hay otro mundo, otras ideas y otros textos, más allá de los de ellos.

Censura para nadie. Mesura para todos pero empezando desde lo mas alto del poder

miércoles, 10 de marzo de 2010

Por Alfredo Leuco

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner echó mas leña al fuego del conflicto de poderes que viene provocando desde hace un tiempo contra lo que ellos definen despectivamente como “Partido Judicial”. La Corte Suprema es destacada por la inmensa mayoría de los argentinos (incluso por la propia presidenta hasta hace muy poco) por su excelencia profesional, integridad ética e independencia absoluta.


Hay bastante consenso en señalar que la conformación de esta Corte Suprema fue uno de los aportes mas valiosos que hizo el kirchnerismo desde que llegó al poder. Veníamos de una Corte vergonzosa que tenía puesta la camiseta de Menem y la nueva integración fue una bocanada de aire puro y una señal para reconstruir desde la cabeza la credibilidad de la justicia. Sin embargo ayer, la presidenta, acusó a la Corte de querer censurarla. Si, así como lo escucha. Fue capaz de decir que todas y todos los integrantes de la Corte Suprema le pidieron mesura pero a ella esa palabra le sonaba muy parecida a censura.

¿Alguien en su sano juicio puede creer que las doctoras Carmen Argibay o Elena Highton quieren impedir la libertad de expresión de la presidenta? ¿Tiene algún anclaje en la realidad sospechar que Zaffaroni o Lorenzetti tienen intenciones de cerrarle la boca a la jefa del estado? ¿En que dato, indicio, información o lógica de sentido común se apoya la presidenta para decir semejante barbaridad?

Los integrantes de la Corte Suprema de Justicia han demostrado hasta ahora que son los principales defensores de la libertad y los más prudentes actores del escenario político. El comunicado que molestó a la excelentísima presidenta apenas pedía respeto por la división de poderes, mesura y equilibrio. Una suave muestra de preocupación por las cosas que están pasando. Y la presidenta, en lugar de reflexionar, de tomarlo como un aporte y mirar en forma autocrítica su comportamiento salió a castigarlos.

Si a mi me critica Aldo Rico o Luis D’Elía, tal vez no les dé importancia y lo atribuya a su pensamiento blindado, minoritario y violento. Pero si me critica la Corte Suprema, como mínimo, debería obligarme a un autoanálisis que trate de responder la siguiente pregunta: ¿Qué estoy haciendo tan mal que un cuerpo colegiado del prestigio de la Corte Suprema se permite hacer una observación?

Ya dijimos que la presidenta tiene la palabra demasiado fácil y como habla todo el tiempo de todos los temas fatiga a sus audiencias y está siempre al borde de cometer errores que la perjudican principalmente a ella.

Ya se lo advirtió en su momento con un dibujo Hermenegildo Sabát y ella lo trató de cuasi mafioso. Nada menos que al Menchi, el artista-periodista mas honesto, democrático e independiente que conozco.

Pero esta vez el tirón de orejas de la Corte no fue solo por su incontinencia oral. Fue también por las acciones intimidatorias de su gobierno contra integrantes de la justicia. Patrullero policial para una, chismes de alcoba por cadena nacional para otra, escrache televisivo con nombre y apellido para otros dos con publicidad oficial, acusaciones generales sin aportar una sola información o denuncia sobre jueces alquilados que fallan según la tapa de los diarios o que tienen tarifadas las libertades.

Acusaciones muy graves si las hiciera cualquier ciudadano o cualquier periodista. Pero en boca de la Presidenta de la Nación adquieren una dimensión de irracionalidad autodestructiva porque erosiona su credibilidad.

Nadie cree que el radicalismo, Cobos, o los medios de comunicación intenten dar un golpe de estado. Nadie cree que la Corte Suprema quiera censurar a la Presidenta. Mas allá de cómo le suene a ella la palabra mesura según el diccionario tiene como sinónimos a cordura y sensatez.

El antónimo de mesura es desmesura. Y de eso se trata. De parar tanta desmesura que insiste en llevar a la Argentina a un conflicto de poderes que nadie quiere. Censura para nadie. Mesura para todos pero empezando desde lo mas alto del poder. Esa es la consigna.

Cristina Fernández de Kirchner dedicó algunos párrafos a la reforma política

martes, 9 de marzo de 2010

Por Eduardo Aulicino


En medio de sus últimas embestidas contra el Congreso y la Justicia, Cristina Fernández de Kirchner dedicó algunos párrafos a la reforma política que debería regular -si no vuelve la historia de las suspensiones- las próximas elecciones internas. Eso ocurriría en agosto de 2011.

Resultó doblemente curioso entonces el mensaje presidencial: pareció una chicana fuera de tiempo a la oposición, a la que desafió a revalidar títulos en las urnas, pero en realidad apuntó al PJ, donde persisten las dudas sobre esa ley y reaparecen jugadas para evitar, al menos, que las listas locales del peronismo queden atadas a la caída kirchnerista.

La mayor sensibilidad frente a este tema es fácilmente advertible en los jefes del peronismo bonaerense. Fracasaron el año pasado con varios intentos de legislar de tal modo que las internas por los cargos provinciales se realizaran en fecha diferente de la interna nacional, para evitar un arrastre con pronóstico muy negativo. Pero no se rinden: analizan despegar de hecho las listas en el cuarto oscuro.

Las cuentas en este punto son sencillas. Si los nombres de los candidatos nacionales atraen, están en ascenso, entonces hay que pegar las listas locales para ganar votos aprovechando la tracción -tal el término utilizado- que viene de arriba. Pero si ocurre al revés, conviene apostar sólo a las listas locales, no arriesgar el capital propio, tomar distancia. Así lo entienden los intendentes y otros dirigentes llamados territoriales, ahora muy inquietos frente al desgaste en continuado de la Presidente y de Néstor Kirchner.

Hubo varios intentos para desmarcarse a la hora de aprobar la reforma provincial, que desde Olivos se pretendía, y se consiguió, igual y simultánea a la nacional. Se intentó, por ejemplo, imponer un padrón provincial diferente, lo cual hacía imposible ir a internas abiertas y obligatorias el mismo día para los cargos nacionales y bonaerenses. No pudo ser. Después se avanzó con un artículo que delegaba en el gobernador la fijación de la fecha. El proyecto fue aprobado por los diputados provinciales, pero por presión intensa y personal de Kirchner, el texto fue corregido por los senadores y debió ser refrendado en la cámara inicial.

Parecía una historia cerrada, pero subsisten las prevenciones. Algunos dirigentes, entre ellos varios legisladores, creen que este es un camino muy riesgoso para los planes K. Tal como lo establece la ley, que aún debe ser reglamentada, las elecciones internas son obligatorias para todos los partidos y también para todos los votantes. "Una tentación para el voto castigo, sin costo alguno, porque para el voto definitivo queda luego el capítulo de la elección general", razona un legislador crítico.

Cerca de Kirchner, en cambio, sostienen que si las estructuras partidarias están alineadas, se puede enfrentar la prueba con candidatos propios, porque después no hay chances para caminos alternativos: en la elección general sólo compite una lista por partido.

Pero ocurre que las señales de alarma provienen de las estructuras partidarias, particularmente en la Provincia. Allí, trascendió que se siguen buscando alternativas para evitar el efecto de pegar las listas nacionales y las locales en un mismo acto. "Hay que analizar bien el tema, pero podrían separarse las listas en el cuarto oscuro: mesas para cargos nacionales (presidente, vice, diputados) y mesas para cargos provinciales (gobernador, legisladores provinciales, intendentes, concejales)", explica un hombre que transita los caminos del PJ bonaerense.

Frente a este cuadro y hasta donde deja trascender, Daniel Scioli da pasos para instalar su propia reelección y busca mantener los equilibrios con jefes comunales y legisladores. Tiende puentes incluso hacia la oposición, a diferencia de Olivos, pero sin descuidar en nada la relación con el poder nacional: el aumento a los docentes fue una nueva prueba de las necesidades financieras en juego.

También lo saben los intendentes, aunque en sus intentos de preservación exhiben una imaginación enorme.

Todo depende del humor de Néstor Kirchner y de su esposa

lunes, 8 de marzo de 2010

Por Nelson Castro

El episodio que se describe a continuación es ilustrativo de los momentos que se están viviendo dentro del Gobierno. Ocurrió el viernes último. El asesor de un ministro interrumpió el diálogo que estaba manteniendo con un visitante para levantar el volumen del televisor, sintonizado en TN, en el que hablaba el senador oficialista José Pampuro, presidente Provisional de la Cámara Alta.

Allí, Pampuro corregía lo que había expresado más temprano en un reportaje en Radio 10, en el que había señalado que el llamado al diálogo entre los sectores políticos era responsabilidad del Gobierno. Esto molestó profundamente al matrimonio presidencial, que emitió una orden para que ese ministro saliera a desautorizar al senador en caso de que éste, oportunamente anoticiado del malestar reinante en la Babel de Olivos, no hubiera producido la correspondiente rectificación consistente en decir exactamente lo contrario a lo expresado en su primera manifestación. “Qué suerte que lo hizo. Nos evitó tener que salir a desmentirlo.”

En la semana que pasó, la Presidenta hizo y dijo cosas que han desconcertado a más de un funcionario oficial y que han roto cualquier puente de negociación con la oposición. Haber inaugurado las sesiones ordinarias del Congreso anunciando dos decretos, uno de ellos de necesidad y urgencia, constituyó una verdadera provocación.

Por si eso fuera poco, lo expresado el jueves por la jefa de Estado cuando, por Cadena Nacional, al anunciar su propósito de desconocer una orden judicial disponiendo la prohibición de usar reservas del Banco Central para hacer frente a los pagos de los acreedores privados, fue algo de una profunda gravedad institucional.

“Apoyo y defiendo a la Presidenta en cada una de sus iniciativas pero, en esta, no. No puedo convalidar esta actitud de desacato de un fallo judicial”, reconocía con pena un legislador del riñón del kirchnerismo.

Parecen no sólo lejanos, sino también olvidados los días en que, siendo miembro titular de la estratégica Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado, la hoy Presidenta bregaba por el respeto a la independencia de los poderes del Estado.

Su mensaje del jueves fue malísimo. La jefa de Estado tiene, como cualquier otro ciudadano, todo el derecho de criticar los fallos judiciales. Ante la disconformidad que tales fallos le produjeron tiene el recurso de apelar ente las instancias superiores. No obstante, mientras todo ello transcurre, su deber es el de acatar las disposiciones de la Justicia.

El problema es que la actitud que adoptó la Presidenta no fue la de criticar el fallo, sino la de la descalificación de la jueza. “A la jueza Sarmiento le mandamos la Policía y la maltratamos por las actividades de su padre en las que nada había tenido que ver, y a la Dra. Rodríguez Vidal, desde el atril presidencial, le pegamos por el ‘delito’ de ser la pareja de un juez que al Gobierno no le gusta. Esto, lisa y llanamente, es un escrache”, sostenía un ministro que horas antes había aplaudido “con fervor” a la Presidenta.

Lo que la Presidenta olvidó decir es que con el fallo de la jueza Rodríguez Vidal, el Gobierno ya acumula cuatro dictámenes adversos a la metodología de disponer, por medio de un decreto de necesidad y urgencia, el uso de las reservas del Banco Central para cancelar deuda externa.

Ante esta ofensiva del Gobierno, la preocupación reinante en los ámbitos tribunalicios es enorme. La Corte es objeto de las críticas ácidas del matrimonio presidencial. El mayor encono se focaliza en el presidente del cuerpo, el Dr. Ricardo Lorenzetti, a quien consideran un traidor.

De cara a este panorama, los Kirchner están pensando en alguna movida que le quite poder al órgano supremo de la Justicia Argentina. Por otra parte, hay que consignar que la realidad judicial del matrimonio presidencial está lejos de ser desahogada.

“La causa vinculada al espectacular crecimiento patrimonial de los Kirchner es muy complicada. El presuroso sobreseimiento que dictaminó el juez Norberto Oyarbide es de una endeblez formidable. Una de sus debilidades es que transformó una verdadera megacausa en una causa simple, por lo que hay motivos más que sobrados para invocar una razón de ‘fraude procesal’, que implicaría la posibilidad cierta de una reapertura del caso”, explica una voz que conoce el día a día de Tribunales.

Lo que además quedó plasmado en el discurso del jueves de la Presidenta fue, a su vez, la verdadera situación de precariedad fiscal que vive la Argentina. Además, la posición de la aspirante a ocupar su sillón presidencial del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, pende de un hilo de coser. “Quedate tranquila que yo te apoyo” le dijo la Dra. Fernández de Kirchner, a lo que Marcó del Pont, con descarnado realismo, respondió: “Cristina, si el Congreso no aprueba mi pliego yo no puedo quedarme ni un minuto”.

El miércoles y el jueves fueron días de furia en el Congreso. La oposición hizo sentir su peso y doblegó al oficialismo. En el camino cometió errores y excesos. El jueves, el temple y las convicciones de un senador radical impidieron que varios de sus correligionarios y aliados cometieran un verdadero atropello en los tiempos y las formas concernientes al procedimiento de funcionamiento de la Comisión Bicameral de Seguimiento de los decretos de necesidad y urgencia. La oposición debe saber que la furia es mala consejera.

Algunos tomaron nota de lo riesgoso de esta circunstancia de enfrentamiento de los poderes de la República y decidieron levantar el pie del acelerador. En ese contexto fue que se produjo el episodio que involucró al senador Pampuro. Su pensamiento real es el que expresó en su primera declaración. Por lo tanto, es él quien está llevando adelante una negociación con el jefe del bloque de senadores de la UCR, Gerardo Morales. El lunes, cuando se reúnan, tratarán una iniciativa para congelar la entrada del senador Luis Juez a la Comisión Bicameral de seguimiento de los DNU y otorgar la presidencia de la comisión a la oposición. El nombre que suena para ese cargo es el del diputado radical Rubén Lanceta. Habrá que ver si el matrimonio presidencial acepta esto o no.

Y ése es el problema del Gobierno: todo depende del humor de Néstor Kirchner y de su esposa, misterio insondable del que son testigos mudos unos pocos allegados al matrimonio presidencial y las paredes de la Babel de Olivos y de la mansión de ricos que poseen en El Calafate.

Los Kirchner: Su obsesión sádica por el castigo y la persecución

sábado, 6 de marzo de 2010

Por Alfredo Leuco

No hay antecedentes de una jefa de Estado que haya ventilado por cadena nacional chismes de la vida íntima de una jueza (“que parece alquilada”, agregó) para descalificar un fallo. ¿Quién informó a la Presidenta acerca del amor de la magistrada? ¿Los servicios de inteligencia que espían para la corona? ¿O algún programa de la tele vespertina? ¿Qué pasaría si esta práctica despreciable se convirtiera en costumbre? Podríamos desbarrancarnos en infiernos personales. Es fácil imaginar la degradación en la que caeríamos si, por ejemplo, el vicepresidente Cobos difundiera con la misma liviandad y en medio de una sesión parlamentaria, información sentimental o de alcoba de la Presidenta.



Néstor Kirchner demostró una tenacidad inédita para perder el control parlamentario después de haberlo manejado por teléfono y a su antojo. Su contracción al trabajo le permitió unificar gran parte de la Justicia en su contra. Su obsesión sádica por el castigo y la persecución al que piensa diferente, incluso dentro de su propia tropa, lo convirtió en el mejor partero de figuras opositoras, en un experto en dinamitar puentes de diálogo y en un lanzador de cuadros políticos por la ventana.
El jueves, la Presidenta acusó a la oposición de ser “un rejunte político que sólo quiere obstruir para que no funcionen las instituciones” y de cometer un “acto de venganza de baja estofa”. Fue el colmo de la victimización de quien es cofundadora del Frente para la Venganza. Los Kirchner han sido los primeros en diseminar por todo el país ese veneno revanchista.
Un intendente peronista del Conurbano profundo se sinceró con una metáfora futbolera el motivo de su bronca contra los Kirchner: “Ellos van al ataque todos los días contra alguien distinto y nosotros tenemos que atajar los penales que son los reclamos de la gente que está hastiada de tanto palabrerío”.

Ambos apelan al poder de daño que todavía tienen y que es grande. Ninguno encuentra los mejores caminos para edificar nuevos proyectos que sean encarnados por liderazgos convocantes.

Hay un convencimiento fanático por parte del kirchnerismo. Se mueven como propietarios absolutos de la verdad. Esa soberbia es la que tal vez más los diferencia del presidente uruguayo, José Mujica. En una reunión con intelectuales, el ex tupamaro dijo: “Sólo los ignorantes creen que la verdad es definitiva y maciza cuando apenas es provisoria y gelatinosa”.

El senador cristinista Nicolás Fernández anunció que quieren llevar a juicio al vicepresidente Julio Cobos “por mal desempeño como funcionario”. En su defensa de Mercedes Marcó del Pont, utilizó otra figura grave: “Los senadores la citaron como si fueran un paredón de fusilamiento de 1976”.

Empieza a registrarse cierto desabastecimiento de defensores del kirchnerismo. El propio Fernández ocupa los lugares que Miguel Angel Pichetto está cediendo en su ocaso.

Y algunos senadores confiaron a sus pares opositores que están agotados de poner la cara para perder, por decisiones que Kirchner toma en Olivos. Muchos de ellos aspiran a ser gobernadores de sus provincias que, en su mayoría, están fuertemente endeudadas. Saben que oponerse a repartir 10 mil millones del impuesto al cheque no es el mejor camino hacia la popularidad.

Tiemblan ante la forma en que los Kirchner maltratan a sus propios funcionarios. El que no acepta el verticalismo y la obediencia debida es arrojado al desierto con el rótulo de traidor. Y el que acepta se ve obligado a inmolar su carrera en el altar del matrimonio.

Mercedes Marcó del Pont es el ejemplo más descarnado. Joven, intelectual y éticamente respetada y poseedora de un amplio espectro de relaciones multipartidarias, ha perdido gran parte de su capital político y manchado su foja de servicio.

Tanta beligerancia hizo aflorar en la Presidenta conceptos que han sido banderas de sectores reaccionarios como que “el delincuente entra por una puerta y sale por la otra” o que los mercados indican que el Gobierno está en el camino correcto. Como si la gloriosa Jotapé hoy fuera JP Morgan que recomienda a sus clientes apostar a los bonos de un país que está dispuesto a romper todas las reglas, con tal de correr presuroso para pagar sus deudas.

¿El Gobierno quiere quedarse o quiere irse?

Por Susana Viau

¿El Gobierno quiere quedarse o quiere irse? Ese interrogante asomó el jueves, luego del discurso con que Cristina Fernández prolongó la onda de desafío que había iniciado el lunes ante la Asamblea Legislativa.

Si lo que la Presidenta buscaba era desatar por cadena nacional las iras del cielo y del infierno, el resultado no pudo ser mejor. Los anuncios sobre la Cuenca del Salado se transformaron rápidamente en un oleaje rabioso que se metió entre las sábanas de las magistradas, haciendo enrojecer de indignación las fotografías que adornan el Salón de las Mujeres, y arrojó a la orilla de enfrente a los otros dos poderes del Estado.

Los jueces porque, según dijo, se “alquilan”; los parlamentarios, porque con maniobras de “baja estofa” trabajan para su destitución. De cualquier modo, con ellos o contra ellos, aseguró la Presidenta, las reservas del Banco Central pagarán la deuda pública.

¿Por qué será así? Porque tanto la creación del Fondo del Bicentenario como la del Fondo de Desendeudamiento Argentino hicieron subir la bolsa, los bonos y bajar el riesgo país y eso es bueno para la nación. Poco importa que dos años atrás la estatización de las AFJP haya derrumbado 11 puntos la bolsa y los bonos y disparado el riesgo país en un 18,7 por ciento.


El cuerpo multitudinario de la nación se encarna desde hace siete años en una figura bicéfala. Pero sobre todo, el tiempo que quede por delante se gestionará así, contra viento y marea porque la Presidenta está convencida de que ha sido elegida por cuatro años para conducir a piacere la orientación del Estado. Al que no le guste, que espere su turno.

Lo habían anticipado, con una grosería maradoniana, las mariposas volanteadas en el Congreso. En la filosofía Kirchner el poder es total o no es nada. En su concepción, la democracia presidencialista es apenas la forma más o menos moderna de referirse a una monarquía, temporaria y electiva, es cierto, pero absoluta al fin. Ya lo decía Bossuet: “Si el príncipe se conduce mal no hay fuerza capaz de obligarle. Los súbditos no deben oponer más que respetuosas advertencias”. En eso consiste, para los Kirchner, el difícil arte de gobernar.

La oposición, esta vez, no mordió el anzuelo. Luego de la sesión del Senado en la que el Frente para la Victoria perdió la mayoría en todas las comisiones, desde Olivos le hicieron saber al puntano Adolfo Rodríguez Saá que no estaba en los cálculos del Gobierno retroceder: “Si ustedes vienen por todo, nosotros vamos a hacer lo mismo y después vemos quién se queda con la bandera de la democracia”, le habrían dicho.

En el Peronismo Federal hubo coincidencia en que la jugada de Cristina Fernández apuntaba a poner a prueba los límites de la oposición. “Hay que tener nervios de acero porque está invitando a destituirla”, evaluaron y especularon con un eventual intento de “fujimorización”.

De todos modos, recordaron, las diferencias son insalvables porque, en 1992, al decretar el cierre de un Congreso que le “impedía gobernar”, el peruano contaba con un 80 por ciento de imagen positiva. Y hasta los más entusiastas seguidores de la pareja patagónica saben que ninguno de los cónyuges supera el techo del 20 por ciento.

El radicalismo sacó conclusiones similares, aunque prefirió imaginar que el kirchnerismo intentará reequilibrar su situación apelando al ejemplo del hondureño Manuel Zelaya, quien trató de esquivar al Parlamento para llamar a un referéndum que le abriera el camino a la reelección y acabó derrocado por las bancas.

Entre tanto, durante un almuerzo, Felipe Solá y el líder de Proyecto Sur, Pino Solanas, avanzaron en la discusión de una ley correctiva del Presupuesto, idea que parece potable para casi todo el arco opositor.

El oficialismo de la Legislatura, sobre todo en el Senado, absorbió con resignación la pérdida de la mayoría en las comisiones. Las declaraciones altisonantes que coronaron la sesión no fueron más que una formalidad a cumplir. “Estábamos obligados a hacerlas”, admitieron. Puertas adentro del bloque K todos sabían que ese desenlace era inevitable.

En el Frente para la Victoria no son pocos los senadores que, a la vista de la catástrofe, han comenzado a pedir la reanudación del diálogo. “Olivos cada vez maneja menos al bloque –admite uno de ellos–, la presión que se ejerce desde allí disminuye aceleradamente y en las reuniones se nota que ha bajado la obediencia debida”.

Miguel Pichetto, jefe de la bancada, relata la fuente, pese a la aparente aspereza de su postura escucha las críticas a la conducción política y en ocasiones las comparte. La flexibilidad le permite mantener la disciplina del grupo. Sin embargo, aún no ha sonado la etapa de la dispersión. “Estamos camino a eso –dice el legislador–: el conflicto no para, el deterioro institucional es grande.

Todo apunta a una crisis prolongada, el partido no puede encontrarle una salida y Kirchner no abre caminos de escape”. Decepcionado, describe un paisaje del que han sido ahuyentadas las palomas y en el que no sobreviven sino los halcones. Si bien reconoce que “la oposición no puede dar marcha atrás”, desliza los nombres de quienes a su juicio conforman el corazón del núcleo “duro”: Gerardo Morales, Luis Juez, Elisa Carrió, Eduardo Duhalde.

Se ha tensado tanto la cuerda que ya no quedan puentes, sostiene. “Hasta para ellos es difícil encontrar un negociador. Y no va a haber voluntarios individuales porque el que se mueva quedará expuesto y sospechado de colaboracionista”, supone. No obstante es en sus propias filas donde comenzó a gestarse una maniobra de aproximación.

Fue una iniciativa de José Pampuro, un hombre que cuenta con la simpatía de todos sus colegas del cuerpo. Después de algunos intentos fallidos, ayer por la mañana, en Olivos, el bonaerense volvió a plantear ante el matrimonio presidencial la urgente necesidad de hallar un principio de entendimiento.
La piedra de toque era, por supuesto, el DNU 298/10, que permite disponer de las reservas del Banco Central.

Néstor Kirchner se negó de plano a habilitar esa mesa de discusión. Por la tarde, la Presidenta daba una contraorden y Pampuro se reunía con los referentes del radicalismo y del Peronismo Federal. Para la oposición está claro que no habrá concesiones en relación con el rechazo de los pliegos de Mercedes Marcó del Pont –sumida, afirman, en una profunda preocupación–, la modificación del impuesto al cheque y la derogación del decreto de la discordia.

Todavía se encuentra en discreto estado de preparación un pedido de informes que procurará determinar cuántos bonos compró, antes de la firma de los DNU, un importante banco de capitales argentinos y considerado un firme aliado del Gobierno.

Recostado sobre un enorme sofá y monitoreando las novedades a través de la pantalla del televisor, Néstor Kirchner prefirió seguir confiando en la potencia de la movilización callejera, en los réditos que le produzca el revival del 11 de marzo y en no tomar nota del fracaso del mitin al que el jueves por la tarde convocó Hebe de Bonafini para respaldar a Cristina Fernández y su irreversible decisión de pagar deuda con reservas. Un pañuelo blanco para los holdouts.

Fuente: Crítica

No es cierto el riesgo de default que augura la Presidente de manera amenazante

Por Alfonso Prat-Gay

La Presidente insiste en la falsa lógica de “reservas o default”. Su obstinación la llevó, el lunes, al triste récord de inaugurar las sesiones ordinarias con un decreto de necesidad y urgencia. El jueves, a adelantar en cadena nacional el desacato a una sentencia judicial. Preocupante ejemplo para los ciudadanos de un país que su máxima autoridad incite a delinquir. Sólo queda preguntarse a qué la llevará su innecesaria obsesión la semana que viene.


Frente a esa irracionalidad, desde la oposición ofrecemos calma y prudencia. No existen vencimientos significativos de la deuda con bonistas en las próximos meses así que no es cierto el riesgo de default que augura la Presidente de manera amenazante.

El presupuesto 2010 autoriza al gobierno a atender dichos vencimientos con nueva deuda, sin incrementos netos. También cuenta el Poder Ejecutivo con la autorización del Congreso para llevar adelante un segundo canje de deuda que, según el Ministro de Economía, va a ser muy favorable para el país.

El cronograma de pagos da tiempo para debatir nuevas alternativas en el Congreso. Para eso, es necesario que la Presidente deje de gobernar por decreto y se preste al debate republicano que hasta ahora pudo evitar.

La tasa de interés usurera que la Presidente denuncia como excusa para manotear reservas no es producto de un complot internacional contra la Argentina sino el reflejo de la desconfianza interna y externa que provocan el desapego a las normas republicanas y las políticas erradas del gobierno, como la aceptación de una inflación galopante, la represión de nuestras exportaciones, la presión sobre los jueces, el deterioro de la infraestructura de servicios públicos y recursos naturales, el manipuleo del Indec, el ataque al que piensa distinto, el desmantelamiento de los órganos de auditoría y control, la creciente pobreza - políticas que el gobierno prefiere no cambiar.

Hoy nuestros mismos vecinos del Mercosur como Brasil o Uruguay, sin ser economías libres de problemas, logran refinanciar su deuda a tasas de menos del 6% y 7% respectivamente. La desconfianza nos cuesta caro y no es el resultado del default: a mediados de 2005 Argentina pagaba la misma tasa de interés que Brasil.

Le proponemos a la Presidente que en vez de repetir la historia eligiendo el camino fácil del impuesto inflacionario, moralmente inaceptable en un país en el que la pobreza roza el 40%, que normalice el Indec, revea el Presupuesto 2010 para sincerar las variables, y que no priorice a los bonistas extranjeros en detrimento de los ahorristas argentinos.

Sólo así, y con la ayuda institucional de la oposición podrá ir reduciendo las tasas de interés para refinanciar la deuda.

Cuando uno ofende a mucha gente, mucha gente se puede sentir ofendida

Por Ernesto Tenenbaum



Tengo la impresión de que hay algo que no está funcionando demasiado bien. El otro día, cuando mucha gente aplaudía a la Presidenta –siempre mucha gente aplaude a los presidentes– me entró en el alma cierta preocupación, un tanto de inquietud, un poco de escozor. Ya no por la insistencia en sus ataques contra todo el sistema mediático. Ya no por el pito catalán tan brillante, genial, inesperado, talentoso que le hizo al Congreso. No, por nada de eso.


Lo que más me impactó del discurso fueron las referencias a la Justicia.

En esta nueva etapa de la notable –por colocar un calificativo neutral– evolución de las principales figuras del gobierno nacional, hay un nuevo enemigo: el Poder Judicial. Así, en bloque. Así, sin distinciones. Los jueces son todos chorros, empleados de Clarín, cobardes, dejan que los delincuentes entren por una puerta y salgan por la otra (se nota allí la influencia de Eduardo Feinmann).

Es cuestión de minutos, pero ya sobrevuela sobre los jueces la acusación de golpistas y destituyentes.

Así lo dijo la Presidenta:

“La Argentina real es la del Gobierno (sic) dio la Corte de Justicia más independiente del gobierno que se recuerde en toda la historia de la República Argentina. (Aplausos) No hay Corte más independiente del Gobierno que esta Corte. Necesitamos también una Justicia que sea independiente del resto de los poderes políticos y, fundamentalmente, de los poderes económicos concentrados; necesitamos jueces que fallen no de acuerdo con la tapa de Clarín sino al Código Civil y al Código Penal (Aplausos). Necesitamos jueces que condenen a los responsables de lo que sucedió por el accidente aéreo de Lapa y no a un mecánico a tres años; necesitamos jueces que no dejen salir a los delincuentes, porque están tabulados los precios de excarcelaciones o eximiciones de prisión y, entonces, los criminales que entran por una puerta salen por la otra”.

Olvídese, por un momento, si tiene razón o no en lo que dice –aunque, la verdad, con semejante grado de generalización es difícil dársela, parece realmente una brutalidad–. Piense en los efectos de esas palabras. Y créame: el martes, al día siguiente del discurso, Tribunales era un hervidero. Mucha gente, sin tener nada que ver con ninguno de los fallos cuestionados por el Gobierno, se habrá sentido enojada, herida, ofendida. Suele suceder: cuando uno ofende a mucha gente, mucha gente se puede sentir ofendida.

El problema es que no se trata de un exabrupto, de un momento poco inspirado producto de las típicas pasiones de una oradora que improvisa con pasión. La ofensiva verbal de la conducción política del país sobre los jueces –sobre todos, sin distinción, con algunas excepciones menores como el de Campana, Faggionato Márquez es una política de Estado.

El Gobierno está muy molesto con algunos jueces por distintos motivos. El primer fallo que irritó al Poder Ejecutivo fue el que disponía que el gremio de aeronavegantes debía ser devuelto a quienes se lo habían robado mediante un recuento fraudulento de votos. Quizás usted no lo recuerde, pero en aquel momento el jefe de Gabinete Aníbal Fernández se resistió a cumplir una orden de desalojo dispuesta por una jueza –y luego por una cámara– porque le pareció, opinó, se le antojó, que era inconstitucional. Al final, luego de dos semanas de desgaste, debió aceptarla. Pueden imaginarse ustedes cómo fue tomada en la Casa Rosada semejante resolución. Sé que hay muchos lectores de esta revista que simpatizan con el Gobierno. Igual, deben admitir algo: si hay algo que no les gusta mucho a sus líderes, es la desobediencia. No es que no les gusta. Los pone muy fastidiosos. Y esta desobediencia fue pública.

Luego vino el fallo de la jueza Sarmiento sobre la utilización de reservas. Ahí la bronca fue in crescendo. ¿Se acuerdan que le enviaron un patrullero a la casa durante un fin de semana? ¿Quién tomó esa decisión? ¿Quién pagó por esa decisión tan costosa, sobre todo, para el Gobierno? Ustedes recordarán que un medio bastante cercano a la Casa Rosada publicó en tapa que el papá de la jueza había sido militar y tituló “De tal palo”. Bueno, es lógico que la jueza, su familia, sus amigos, sus compañeros de trabajo se sientan ofendidos y preocupados. Y que mucha gente –que no es destituyente, que es democrática, que es tolerante y que incluso simpatiza con muchas medidas del Gobierno– haya percibido que se trataba, cómo decirlo sin ofender, de un apriete a esa jueza y a cualquiera de sus colegas que se atreva a fallar contra la voluntad presidencial.

Esta última semana, el Gobierno confirmó esos prejuicios al utilizar los espacios publicitarios del Futbol para Todos para denunciar con nombre y apellido a los jueces que convalidaron un aumento del abono del cable.

Yo, por momentos, pienso, ¿no? ¿Cuál hubiera sido la reacción de muchos pensadores, periodistas, militantes que hoy se alinean con el Gobierno, si este tipo de cosas las hubieran hecho Menem o Duhalde? O, dicho de otra manera, ¿qué credibilidad tendrán cuando sean otros los que gobiernen y traten de hacer lo mismo?

Pero mejor no hacerse ciertas preguntas.

Luego vino el fallo de la cámara, que confirmó parcialmente la opinión de la jueza Sarmiento. Néstor Kirchner fue entonces a un programa de televisión y, por primera vez, denunció la existencia de un Partido Judicial.

Así lo dijo:

“Hay un tema que es vital, es muy importante: el del partido judicial; los dos fallos que se sacaron son horrendos, el de Redrado y el que dice que no hay necesidad ni urgencia para sacar el DNU. Clara coincidencia entre el partido judicial, la oposición y Magnetto. Hemos soportado con sobriedad cuando la Justicia no nos es favorable, pero sabemos que en algún momento la Justicia se va a renovar. Tengo esperanza en que la Justicia se va a terminar renovando, se pidieron procedimientos para renovar la clase política, pero la Corte Suprema sigue con una parte de su estructura que viene de hace mucho tiempo”.

Le confieso que ese día fue la primera vez que sentí la inquietud de la que hablaba al principio, ese escozor, esa preocupación. Me pareció que Kirchner estaba colocando la piedra fundacional del Partido Judicial. Ya lo había visto varias veces. La campaña contra el periodismo fue tan dura que, tarde o temprano, unificó en contra a la inmensa mayoría de los periodistas.

La manera en que el Gobierno reaccionó ante el desafío agropecuario de marzo del 2008 fue tan destemplada que generó una unanimidad notable en toda la región afectada por esa pelea, en todos los ex presidentes democráticos, en todos los dirigentes de la oposición, de izquierda a derecha.

La curiosa estrategia parlamentaria ha logrado una y otra vez que fuerzas disímiles en todo sentido, ideológicamente opuestas, que compiten entre sí por espacios de poder, se unifiquen –todas– en contra del Gobierno. Y, ahora, Kirchner se encaminaba hacia la militancia por la formación del Partido Judicial.

Otra vez: si se ofende a mucha gente, es posible que mucha gente se sienta ofendida.

Antes que usted –si pertenece a Carta Abierta, o cree que hay una conspiración terrible en marcha– se ofenda, déjeme aportarle un par de datos. Hay personas muy cercanas al Gobierno que creen que la política judicial fue torpe e indecente.

Otro dato de contexto más. Es difícil sostener que el Poder Judicial haya tratado –o trate actualmente– a los Kirchner de manera más dura que a Carlos Menem.

El fantasma del Partido Judicial es eso: un fantasma. Pero el problema con los fantasmas es que, a veces, al ser convocados finalmente se corporizan.

O sea, hay ciertas normas que conviene no olvidar tanto en la física como en la vida.

Una es la ley de la gravedad: mejor no hacer demasiadas piruetas en la cornisa.

Otra es el principio de acción y reacción. Todo lo que va, en determinado momento vuelve.

Y una vez más: si uno ofende a mucha gente, mucha gente se puede sentir ofendida.

¿No les parece que muchas cosas que pasan en este país, dicho sea de paso, no tienen mucho sentido?

Mamita, los meses que se vienen.