Mostrando entradas con la etiqueta julio cobos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta julio cobos. Mostrar todas las entradas

Mauricio Macri presentó una gala inolvidable en el Teatro Colón

martes, 25 de mayo de 2010

Con una emocionante ceremonia, el Teatro Colón reabrió sus puertas


Un heterogéneo público, que no contó con dirigentes oficialistas, asistieron a la reinauguración de la histórica sala porteña, tras más de tres años de remodelación; entre los presentes se encontraron Cobos, Das Neves, Binner y José Mujica; "Me hubiese encantado que [Cristina Kirchner] hubiera venido", dijo Macri en medio de las disputas políticas.
 
Pasadas las 19.30, comenzó la celebración por la reapertura de la centenaria sala, con una propuesta al aire libre abierta para todo público. Se trató de una proyección en 3D (sistema mapping) sobre la fachada posterior del teatro -sobre la calle Cerrito- de una suerte de documental histórico-musical, que recorría los momentos más importantes de la historia del teatro.



Los invitados. A pesar de la ausencia de la presidenta Cristina Kirchner, y de dirigentes oficialistas, la ceremonia de reinauguración del Teatro Colón reunió a personalidades del ámbito político, cultural y del espectáculo.


El jefe de gobierno estuvo acompañado por gran parte de su gabinete. Macri compartió el palco, destinado originalmente para la Presidenta, con el vicepresidente Julio Cobos; el senador Carlos Reutemann; el gobernador de Chubut, Mario Das Neves, y de Santa Fe, Hermes Binner; el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti; y el presidente uruguayo José "Pepe" Mujica.

También asistieron el ex presidente Fernando de la Rúa, junto a su mujer, Inés Pertiné, y el ex ministro de Economía Roberto Lavagna. Otros dirigentes políticos que fueron al Teatro Colón son el líder radical, Ernesto Sanz, y el senador de la UCR Gerardo Morales; los diputados Ricardo Gil Lavedra (UCR), María Eugenia Estenssoro y Adrián Pérez (Coalición Cívica) y Francisco de Narváez (Peronismo Federal).

En tanto, también disfrutaron de la ceremonia los titulares de la Sociedad Rural y Confederaciones Rurales Argentinas (CARBAP), Hugo Biolcatti y Mario Llambías, respectivamente y Carlos Garetto.

Los antiguos jefes de gobierno porteño Enrique Olivera, Jorge Telerman y Aníbal Ibarra se hicieron presentes en la reapertura del coliseo. Ibarra, al llegar al Colón, declaró al canal TN: "Tenemos que hacer una pusa en nuestras posiciones políticas en el marco del Bicentenario, y después cada uno seguirá con sus convicciones".

Además, se acercaron hasta el Teatro Colón figuras del mundo del espectáculo, como Susana Giménez, Mirtha Legrand, Enrique Pinti y Graciela Borges para participar de la gala. Los bailarines Julio Bocca y Eleonora Cassano se mostraron emocionados al llegar al lugar.

Otros invitados que se hicieron presentes en la ceremonia fueron la diputada Lidia Elsa "Pinky" Satragno, los periodistas Magdalena Ruiz Guiñazú, Luiz Majul, Samuel "Chiche" Gelblung; y el empresario Daniel Hadad.

Si bien la reinauguración del Colón fue el eje principal de los festejos de ayer por el Bicentenario, desde el mediodía los festejos continuaron en los distintos escenarios ubicados sobre la avenida 9 de Julio, en los cuales habrá diversas actividades y recitales

No hay palabra, por más poderosa que sea, que pueda reemplazar a la ausencia de política

domingo, 2 de mayo de 2010

Por Eduardo van der Kooy

Néstor Kirchner terminó de despejar las últimas dudas, si es que todavía las había. Rodeado de gobernadores peronistas y de jefes sindicales definió el martes pasado y ayer en Paraná a los medios de comunicación -en especial al Grupo Clarín- como la primera fuerza de la oposición. Hacia allí apuntaría, entonces, el corazón de su estrategia política y también la de su esposa, Cristina.


El ex presidente ha exhumado un libreto cuya autoría intelectual corresponde, en realidad, a Carlos Menem. Fue el caudillo riojano quien, al promediar los '90, descubrió que doblarle el brazo a los medios de comunicación era más imperioso que enfrascarse en las luchas con la oposición política. El resultado no fue bueno para él: los votos que cosechó la oposición -la Alianza- terminaron por desplazarlo para siempre del poder.

Menem recurrió a varios atajos jurídicos para intentar condicionar al periodismo. También a muchas artes innobles. Ese ensayo de colocar a los medios de comunicación por encima de los partidos políticos y de las instituciones -por caso, el Congreso- no sólo significó la alteración de un orden natural de la democracia. Pareció también el inicio de un proceso profundo de mediatización de la política que debilitó y empobreció esa actividad.

Néstor Kirchner se valió de ese debilitamiento, justamente, para irrumpir en el 2003 como presidente rodeado por ruinas. Aquel empobrecimiento de la política reconoció, en ese momento, una expresión culminante: la deserción de Menem para intervenir en el balotage que presagiaba para él un epílogo humillante.

Kirchner ha retomado la receta de Menem impulsado por una realidad inocultable. Nada hizo, en todos estos años, para mejorar la política partidaria e institucional. El peronismo es sólo un puñado de leales soldados que andan como almas en pena. La transversalidad y la concertación fueron experimentos electorales echados al cesto cuando perdieron sentido.

Lo demuestra el quiebre de la relación de los Kirchner con Julio Cobos. Los vaivenes cotidianos del Congreso entre el kirchnerismo y la oposición representan otra muestra de la decadencia general.

Existe otra cuestión que refleja con la fidelidad de pocas el fracaso político del matrimonio presidencial. Los Kirchner disfrutaron como nadie desde el 2003 -con la excepción del año último- de un ciclo económico externo e interno favorable. Con tasas de crecimiento que si bien no produjeron cambios de raíz en la pirámide social, generaron una bonanza -o una sensación-, cuyo último antecedente habían sido los lejanos tiempos en que Menem le colocó un corsé a la inflación.

Con siete años de aquella historia en sus espaldas, los Kirchner no pueden exhibir ahora otra construcción política que no sea la sostenida por gobernadores e intendentes del PJ encadenados a las arcas estatales, el sindicalismo de Hugo Moyano y algunas organizaciones sociales cuya incorporación a la política constituye, tal vez, la única novedad. La descripción desnuda hasta qué punto fueron incapaces de idear una alternativa a futuro que no dependa, como ahora, de un poder apuntalado sólo por el dinero y las herramientas que provee el manejo del Estado.

Ese desprecio por la política -entendida como un ejercicio de debates y negociaciones- fue alejando paulatinamente a los Kirchner de la sociedad. ¿Qué reflejo más contundente de eso puede existir que los votos en una democracia? Pues bien, en un año y medio Cristina pasó de tener el 46%, al convertirse en Presidenta, al 31%, cuando sufrió un duro revés político en las legislativas del año pasado.

Los Kirchner, quizá para no martirizarse con su inhabilidad, prefirieron leer otra historia. Por el alejamiento de importantes franjas de la sociedad responsabilizaron a los medios de comunicación. Al relato de esos medios, como le gusta decir a Cristina. Nunca repararon si sus políticas no habían transitado demasiado tiempo los senderos del error. A partir de ese momento cargaron baterías para la batalla que libran contra el periodismo.

El derrotero parece claro. Kirchner proclamó que el primer enemigo a derrotar es la prensa crítica. Luego le aguardaría el turno al Poder Judicial, que se ha encargado de colocarle ciertos límites al kirchnerismo y que hurga ahora mismo en una montaña de denuncias y sospechas de corrupción en el Gobierno. En el último peldaño aguardaría la oposición política, tal vez con su capacidad de resistencia mellada si el matrimonio cumpliera con éxito el primer par de objetivos.

La tensión entre el periodismo y los poderes -se repite hasta el hartazgo- forman parte natural de una relación que siempre tiene filones traumáticos. Sucede en todos los países del mundo donde el periodismo se ejerce con libertad. Alcanza con reparar, para comprenderlo, en el enojo que Barack Obama dispensa hoy a varios medios de Estados Unidos. Pero el fenómeno en la Argentina registraría dos novedades peligrosas: aquella tensión ha mutado en una confrontación virulenta; la revulsión y un potencial estado de quiebre fomentado por el poder contagió también al periodismo.

El periodismo atravesó muchos debates internos aunque nunca, quizás, los necesarios. El último recordado sucedió con el advenimiento de la democracia y enfrentó, en términos civilizados, a los hombres de prensa que habían sufrido el exilio y aquellos que permanecieron en el país durante la dictadura. Es difícil asegurar que ese debate haya quedado definitivamente saldado. Pero jamás desbordó las convicciones ni las palabras.

El debate parece plantearse ahora en otros términos. Hay periodistas que, legítimamente, comulgan con los puntos de vista de los Kirchner. Pero que se transforman en enjuiciadores públicos de aquellos que tienen una postura diferente. No sería eso lo peor: recurren a la desacreditación, al escarnio, la delación, el chacoteo y hasta convalidan actitudes del poder que, más allá de miradas políticas, poseen inconfundible sesgo autoritario.

¿Qué hacían periodistas en una parodia de juicio popular contra un grupo de colegas promovido por Hebe de Bonafini? Quizás sea el sinceramiento de una situación disimulada por años, incluso durante el menemismo : la de la militancia política bajo el disfraz del periodismo.

La palabra del kirchnerismo nunca es inocente cuando refiere al periodismo. Tampoco lo es en su afán de instalar en la Argentina una cultura de la división y la pelea. Los senadores, aun del oficialismo, votaron un repudio por los recientes desbordes. Curiosamente fue una kirchnerista, Adriana Bortolozzi, la que cargó más duro contra Cristina. Los diputados no se animaron porque los Kirchner les hicieron conocer el desagrado por aquella permisividad de los senadores.

El ex presidente fue rotundo cuando asistió al bloque para respaldar a Agustín Rossi, sobre quien cayeron algunas críticas luego que fracasó la sesión de la semana pasada sobre la ley del cheque y el matrimonio gay: "No tenemos nada que ver con las cosas que pasan en la calle contra el periodismo. Las empresas las inventan para hacernos daño", aleccionó.

La Presidenta también hizo su aporte. Minimizó ciertos episodios callejeros contra la prensa y los equiparó con las críticas que ha sufrido ella en el ejercicio del poder. "No hay una categoría especial de ciudadanos sobre otros", pontificó. Notable incomprensión del lugar que ocupa: no debería haber, en efecto, una categoría especial de ciudadanos, pero ella y su marido tienen responsabilidades y obligaciones incomparables con cualquier otro mortal de la Argentina.

Concluyó su alegato con otra definición sorprendente: "No hay libertad de expresión para todos" en el país, anunció. Con certeza, no debió referirse a quienes comulgan con sus ideas y sus formas de actuar: ningún Gobierno desde 1983 dispuso, como éste, de una plataforma de medios privados y estatales tan amplia para difundir sus pensamientos. Hasta los militares de la sangrienta dictadura, podrían envidiarlos.

Aníbal Fernández conoce aquella plataforma. Sus palabras rústicas vuelan: ahora sentenció que las denuncias de coimas en la relación comercial entre la Argentina y Venezuela "son un bluff". Nada lo hace escarmentar. Fue el propio jefe de Gabinete el que negó con una desvergüenza inigualable que el valijero venezolano Guido Antonini Wilson hubiera estado en la Casa Rosada. Cuando un video demostró lo contrario se hizo el opa.

Las anomalías en esa relación bilateral empiezan a tomar forma en la Justicia. Pero hay sospechas que se cimentan desde el sentido común más elemental. ¿Por qué razón el vínculo lo manejó siempre Julio De Vido? ¿Por qué Rafael Bielsa, antes, y Jorge Taiana, ahora, fueron reducidos como cancilleres a espectadores? ¿Por qué, además, para transacciones comerciales entre dos países hubo que contratar a consultoras que cobraban comisión? Una de ellas en funciones luego del escándalo de la valija.

La maraña de fogosas palabras kirchneristas, en ese y otros temas, parecen ya insuficientes para camuflar una realidad que huele mal. De nuevo la misma lección: no hay palabra, por más poderosa que sea, que pueda reemplazar a la ausencia de política.

Los Kirchner quieren verlo procesado y destituido a Mauricio Macri, renunciado a Cobos, acorralado a Clarín y fuera de escena a Carlos Fayt

miércoles, 21 de abril de 2010

El análisis político y económico de los doctores Vicente Massot y Agustín Monteverde

¿Muestras de fuerza o manotazos de ahogado?

Conviene recordar, si fuera posible con lujo de detalles, lo que pasó la semana pasada en el Congreso Nacional donde el oficialismo, de un lado, y el arco opositor, del otro, obtuvieron cada uno sendos triunfos y sufrieron, al mismo tiempo, singulares derrotas.

Con un común denominador: tanto aquellos éxitos como estos fracasos fueron tácticos. Ni el kirchnerismo a la hora de celebrar la votación que consagró a Mercedes Marcó de Pont ni sus opugnadores al momento de votar la ley del cheque pudieron festejar en plenitud porque sabían que las alegrías y los sinsabores siempre serían pasajeros. Hoy se puede ganar una refriega y mañana perder en el mismo terreno contra idéntico adversario. La teoría del empate político que anunciamos hace ya más de un mes se ha transformado en realidad.

Pero no hay un solo frente de batalla. El parlamentario resulte, quizá, el de mayor visibilidad, sobre todo en atención a que allí se concentran, sentados en sus bancas de diputados y senadores, los representantes de aquellos partidos opositores a los cuales solo parece unirlos su ojeriza antikirchnerista. Sin embargo, tanto les preocupa a los habitantes de la Quinta de Olivos cuanto acontece en la cámara alta y baja del Poder Legislativo, como la figura de Julio Cobos o el desempeño de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Para una administración que, desde sus inicios, allá por mayo del año 2003, ha hecho del conflicto el pilar de su acción política, llevar las disputas a todos los ámbitos y transformarlas en verdaderas cruzadas, es algo que se halla ínsito en su naturaleza. Por eso no debe extrañar la saña con la cual las figuras más representativas del oficialismo, encabezadas por la mismísima presidente de la República y el jefe de gabinete, Aníbal Fernández, han descalificado a Cobos.

Resulta, ésta, la ofensiva más encarnizada que se recuerde desde la madrugada del famoso voto no–positivo del mendocino.

Con el compañero de fórmula de Cristina Fernández en octubre del 2007, devenido luego enemigo a muerte del matrimonio, sucede algo que a los Kirchner los enfurece: todos los esfuerzos por esmerilar su figura han terminado obrando el efecto contrario. Es como si cuanto más lo agraviaran y más exigieran su renuncia, más consolidaran su imagen y su permanencia en el cargo.

Hasta aquí Cobos había desenvuelto, no sin éxito, una estrategia bien sencilla: no responder a las andanadas verbales del matrimonio gobernante, sus ministros y principales voceros parlamentarios —Pichetto y Rossi—, por un lado. Por el otro, moverse en dirección exactamente contraria a la del kirchnerismo, de modo tal que cuando éste dijese A, él estuviese en la Z.

Sin abandonar la mencionada línea de acción, por primera vez el vicepresidente, el domingo pasado, rompió su silencio y expresó, sin pelos en la lengua: —“Nadie más se va a dejar intimidar por la presidente”. En un reportaje que le concedió a Clarín, nada menos, escaló como nunca antes en su polémica con el oficialismo sin olvidar los temas que más calan en la gente. —“Hay que ocuparse de la corrupción y la inflación”— sostuvo, ensayando así un clarísimo tiro por elevación al gobierno.

De más está recordar que si, para el santacruceño, el cuyano careciese de relevancia, el tratamiento que le tendría reservado sería similar al que le dispensó al pobre Daniel Scioli mientras éste hizo las veces de convidado de piedra en su calidad de vicepresidente de la República. Sin embargo, Cobos ha demostrado ser un hueso duro de roer que no sólo no se amilana ante la ola de cuestionamientos y agravios que recibe a diario sino que, frente a la adversidad, muestra su mejor perfil.

Si los Kirchner piensan que lanzándole mandobles sin ton ni son lograrán ablandarlo y conseguirán que, por propia voluntad, se baje mansamente del lugar que ocupa en el organigrama institucional argentino, se equivocan sin remedio.

Si alguien dudaba respecto de cuál sería la actitud de Cobos cuando los Kirchner viniesen degollando —verbalmente, se entiende—, las declaraciones del vicepresidente no pueden haber sido más claras. Ni remotamente piensa abandonar un puesto que lo sitúa en el centro de la escena y le permite tener un grado de expectabilidad que, de otra manera, si siguiese los pasos del Chacho Álvarez, perdería en un abrir y cerrar de ojos.

Inclusive sus correligionarios, que hasta no hace mucho insinuaban en rueda íntima o manifestaban públicamente la conveniencia de que Cobos diese un paso al costado, parecen haberse percatado de su error.

Nadie que no fuera un suicida en términos políticos imitaría al segundo de De la Rúa, sobre todo si la ciudadanía, precisamente por efecto de lo que saca de casillas al kirchnerismo —su presunta traición— lo ha premiado como a pocos en el lapso transcurrido desde junio del 2008 a la fecha. En resumidas cuentas, Cobos tiene en los Kirchner a unos inmejorables jefes de campaña. ¿Por qué, pues, echaría todo a perder si, manteniendo el statu quo, lleva las de ganar?

Por momentos, el plan vertebrado en la Casa Rosada para dar cuenta de sus enemigos transparenta, apenas disfrazado, un alto grado de desesperación. Sus reacciones semejan manotazos de ahogado aunque no se hallen los Kirchner próximos a naufragar. Si no les quedase resto, sus días estuviesen contados, sus filas diezmadas y sus enemigos a punto de derrotarlos, se entendería que intentasen una suerte de contraofensiva en todas las direcciones.

No obstante, su situación dista de ser desesperante y, así y todo, quieren verlo procesado y destituido a Mauricio Macri, renunciado a Cobos, acorralado a Clarín y fuera de la escena al ministro de la Corte Carlos Fayt.

La desproporción de los frentes que abre sin necesidad hace que, en general, sus maniobras sean pocos felices. Su embestida, Oyarbide mediante, contra el jefe de gobierno de la ciudad capital tiene final abierto.

Su arremetida contra Cobos se ha estrellado, de dos años a esta parte, en la muralla protectora erigida por el vicepresidente. La campaña tendiente a poner de rodillas al diario de la señora de Noble ha cosechado un triunfo pírrico en el Congreso y sucesivas derrotas tácticas en el frente judicial ¿Y la Corte?

Que Carlos Kunkel y Diana Conti hayan zarandeado al Dr. Fayt echándole en cara sus años como impedimento para desempeñarse en el superior tribunal de justicia del país, no es, por supuesto, fruto de la casualidad o producto de alguna interpretación de la normativa vigente respecto de quiénes pueden y con qué edad formar parte de la Corte. Resulta, por el contrario, uno de esos ataques que el kirchnerismo ensaya cuando considera que, delante suyo, ha aparecido un potencial opugnador.

El santacruceño y su mujer son conscientes de lo que supone, en última instancia, la así llamada “judicialización de la política” a la cual conduce, de manera inexorable, el empate político entre el gobierno y el arco opositor y la falta de respeto a las instituciones que existe en la Argentina. El papel revelante que, en este contexto, le guste o no, terminará adquiriendo la Corte Suprema, es tan claro como riesgoso para el gobierno. Más aún si piensa que los integrantes de ese tribunal no se allanarán a secundar las ideas y, menos aún, los caprichos del oficialismo.

El tema de la ley de medios —léase Clarín— puede aterrizar en cualquier momento en la Corte y si sus ministros siguiesen el criterio de los jueces de primera instancia y la sentencia de la cámara de Mendoza, toda la planificación montada para reducir al periódico más vendido del país a su mínima expresión se vendría abajo como un castillo de naipes. ¿Qué hacer, entonces?

En la desesperación, revolearle sus 93 años al integrante que juzgan más peligroso, convirtiendo su vejez en argumento “destituyente”. ¿Qué consiguieron? Precisamente lo contrario de cuanto buscaban. Que Fayt les respondiese que no piensa renunciar —igual que Cobos— y que el tribunal se abroquelase en torno suyo no por coincidencias ideológicas sino por espíritu de cuerpo. ¿Dios ciega a quienes quiere perder? Hasta la próxima semana.

Los Kirchner, su rigidez fundamentalista más castrense que política

sábado, 17 de abril de 2010

Por Alfredo Leuco


Luz de alerta: la multiplicación de insultos, ataques y amenazas dejaron de ser repugnantes instrumentos coercitivos y se han convertido en peligrosas turbulencias institucionales. Para muestra, algunos botones:


1) El oficialismo, en su actitud destituyente, intenta hacerle juicio político a Julio Cobos después de que la mismísima Presidenta lo descalificara como el crupier de un casino que no respeta la Constitución. En su momento, suspendió su visita oficial a China con la excusa infantil que era riesgoso dejar el Gobierno en manos de su vice. Esta semana, Cristina pidió disculpas a Hu Jintao y reparó semejante despropósito.

2) Como parte del mismo objetivo, el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, acusó a Cobos de ser el jefe de una banda que publicó una solicitada fascista y pronosticó que ni Dios le va a sacar la mochila de traidor que llevará de por vida.

3) En respuesta a estas declaraciones, los senadores radicales propusieron que el Parlamento remueva de su cargo a Aníbal Fernández, con una moción de censura que está prevista en la Constitución.

4) El senador Ernesto Sanz, presidente de la UCR, fue un poco más allá y por radio dijo que la Presidenta “es la ejecutora número uno de un programa sistemático, permanente y habitual para devaluar, desacreditar y desprestigiar la figura de Cobos, al que han convertido en el puchinbol del Gobierno. Quieren librarse de él porque ahora no pueden manejar al Congreso a voluntad como hicieron en los últimos años”.

5) A 27 años de recuperada la democracia, una senadora kirchnerista hasta los huesos como Adriana Bortolozzi, atornillada a su banca para dar quórum en contra de la decisión de su bloque, dijo que tenía miedo.

Traidor. Miedo. Dos palabras que están teniendo demasiado protagonismo, pese a que son inservibles para construir una democracia más plural e igualitaria. El temor a la agresión es el principal motivo de autocensura y falta de participación. ¿Qué provocó el susto de Bortolozzi? ¿Ser enviada a la siberia a la que Néstor Kirchner acostumbra mandar a los que tienen la osadía de manifestar la mínima disidencia? Llamados telefónicos y pintadas cobardes la acusaron de ser “traidora a Formosa”.

Se expande el miedo porque acusar al otro de traidor es el paso previo a la violencia física. ¿Qué otra cosa se puede hacer con quien se pasa al bando del enemigo golpista y traiciona la idea de patria que el Gobierno tiene de sí mismo? He ahí la luz de alerta. En la mentalidad del fanático no hay espacio para los matices, sólo amigos o enemigos.

Néstor Kirchner suele llamar “tibios” a muchos políticos y periodistas que no terminan de alinearse con verticalismo, subordinación y valor. Esa rigidez fundamentalista, más castrense que política, lleva a que figuras respetadas del progresismo y los derechos humanos sean agraviadas por “hacerle el juego a la derecha gorila” al no estar en la trinchera del kirchnerismo.

La diputada Victoria Donda (hija de desaparecidos y nacida en cautiverio) lo sufrió en carne propia en la movilización del 24 de marzo. Desde las columnas oficialistas, un fascista de izquierda le dijo que si sus padres se levantaran de la tumba le reprocharían su actual posición crítica hacia el Gobierno. Testigos cuentan que tuvieron que parar a Jorge Ceballos, su compañero del Movimiento Libres del Sur, que se quería comer crudo al agresor.

La ofensiva del kirchnerismo no tiene estómago ideológico para recuperar terreno y mejorar sus perspectivas electorales. Es capaz de ofrecer todos sus recursos para intentar seducir al diputado Eduardo Macaluse, por un lado, y por el otro, apelar a la vieja metodología siniestra de Raúl Othacehé en Merlo para perseguir al concejal Horacio Cepeda.

El pragmatismo de sumar de todos lados y buscar chivos expiatorios volvió a colocar en el paredón de fusilamiento pingüino a Alberto Fernández, que encabeza el ranking de los traidores, junto a Julio Cobos.

Néstor y Cristina fueron instalando de a poco la idea de que ellos son los dueños de todos los aciertos, los padres de las victorias y que Alberto es el responsable de todos los errores.

Ya lo señalaron en dos peleas clave: con Clarín y con el campo, por la 125. Pero ahora planifican tirarle el fardo en otro caso mucho más grave porque lo puede obligar a recorrer los Tribunales: el rol de Héctor Capaccioli, Sebastián Gramajo y Hernán Diez como recaudadores de la campaña de Cristina Fernández de Kirchner y su relación con la mafia y el Yabrán de los medicamentos.

Estos tres dirigentes serán llamados a declaración indagatoria en una causa sembrada de escuchas telefónicas muy reveladoras, sobre un sistema donde se mezclan los dineros negros de la política, el lavado, el narcotráfico, los medicamentos adulterados y hasta un triple crimen.

En la cima del Frente para la Victoria preparan papeles para argumentar que Alberto Fernández no podía estar ajeno a la forma de recibir los aportes de campaña que tenían sus hombres y que ese mecanismo ya se venía aplicando para recolectar fondos, incluso durante la campaña de Eduado Duhalde de la que Alberto fue tesorero.

¿Llegarán a tanto? ¿Seguirá Aníbal Fernández prendiendo el ventilador contra su ex amigo Alberto, al que acusó de haber comprado terrenos a precio vil en El Calafate como hicieron los Kirchner?

Sería muy delicado y peligroso para ambos y para el matrimonio presidencial. Sería una especie de Guerra de los Roses, donde todos quedan fuera de combate y el contexto, destruido. Muy lejos no están. Su vieja amiga Cristina no le dirije la palabra a Alberto.

Sobre el gigantesco costo político que el Gobierno pagó en su pelea contra los productores agropecuarios, Guillermo Moreno no tiene dudas: “Ahora me doy cuenta de quién se mandó la cagada: Alberto”.

En la TV, mientras Julio Piumatto arremetía como un cruzado contra Clarín y lo acusaba de todos los males, le pregunté por qué hace apenas un par de años eran íntimos amigos del Gobierno. La propia Presidenta confesó que nadie cenó tanto en Olivos con ellos como Héctor Magnetto. ¿Qué respondió Piumatto? La culpa fue de Alberto.

Como si Néstor y Cristina fueran dos corderitos patagónicos llevados de la nariz por el ex jefe de Gabinete. El propio Kirchner dijo en su momento, con una vaga autocrítica, que él no se había atrevido a dar la pelea con Clarín como sí se animó Cristina porque Alberto siempre decía que no era el momento adecuado.

Cobos, Alberto Fernández, la senadora Bortolozzi, la diputada Donda o el concejal Cepeda simpatizan o simpatizaron con el proyecto original propuesto por los Kirchner. El Gobierno ahora no los puede acusar ni tratar como enemigos. Salvo que apueste a la irracionalidad del aislamiento total y la tolerancia cero.

Cobos se defiende de las acusaciones del krchnerismo

jueves, 15 de abril de 2010

El vicepresidente Julio Cobos defendió hoy su actuación en el Senado durante el tratamiento de la reforma de la Ley del impuesto al cheque, en la que la oposición consiguió derogar un artículo clave de la norma.

"Tengo la tranquilidad de haber actuado conforme a lo establecido en la Constitución Nacional y el Reglamento de la Cámara", señaló Cobos en un comunicado, en el que adelantó que "en el caso de persistir las dudas, los mecanismos del sistema democrático permiten que tanto la Cámara de Diputados como la Justicia puedan discutir y definir sobre lo actuado".


Más allá de todo, consideró que "debemos valorar que el Senado de la Nación ha vuelto a sesionar, superando la parálisis en la que estaba inmerso" y calificó al hecho de "muy bueno" ya que es "prioritario avanzar tanto en los temas provenientes del Poder Ejecutivo, como aquellos que surjan de la iniciativa de los representantes de las provincias, que son quienes defienden los intereses de las mismas".

"Es claro que para sacarle recursos a las provincias hay mayores exigencias constitucionales, para devolverlos no. Además, los recursos deben ser coparticipables. Esto no es una interpretación caprichosa, lo establece el artículo 75, inciso 2 de la Constitución Nacional", expresó el vicepresidente, acusado por el bloque K de haber actuado en complicidad con la UCR y el PJ disidente para forzar una votación que denuncian es nula.

Acerca de los cuestionamientos en la votación, explicó que "sabiamente la Constitución establece que cuando se trata de quitar recursos a las provincias -una excepción a la norma- se requiere una mayoría absoluta. Ahora bien, para devolver esa norma al estado original, es decir devolver el beneficio a las provincias, se requiere mayoría simple".

El titular del Senado advirtió que si bien "no se estaba violando una norma constitucional", era consciente de la dificultad y complejidad del tema y que, por esa razón, "una vez más intenté que se llegara a un acuerdo".

En efecto, en medio de la sesión Cobos expusó su idea de que el tema regresa a la comisión para ser debatido a fondo y despejar cualquier tipo de dudas. "La mayoría de los senadores decidió aprobar lo propuesto; entonces la votación requería mayoría simple. Soy responsable de ejecutar ese mandato, que además comparto. La aprobación del proyecto posee legitimidad y legalidad".


"Lamentablemente se optó por centrar los agravios en la figura del vicepresidente, en lugar de aceptar las reglas de la democracia", añadió el mendocino, en referencia a todas las críticas que recibió desde el Ejecutivo, entre ellas la de la Presidenta que le pidió que "recapacite" y lo tildó de ser un "croupier".  VER VIDEO

"Desviar la atención de un tema tan importante vinculado al federalismo -como la coparticipación del impuesto al cheque- con descalificaciones, es cambiar el eje de la discusión. No se violentó la Carta Magna, sino por el contrario se refrendó lo que establece en su artículo 1º: el régimen republicano, representativo y federal"

Fuente: Perfil

Cobos le ofreció custodia personal a Adriana Bortolozzi, ferviente opositora a la Iglesia Católica

El vicepresidente Julio Cobos le ofreció custodia personal a la senadora nacional Adriana Bortolozzi (Formosa-FpV), luego de que sufriera presiones en plena sesión tras ser la legisladora número 37, que permitió que la oposición consiguiera quorum para luego votar junto con el oficialismo para aprobar la desiganción de Mercedes Marcó del Pont, Frente al Banco Central de la República Argentina.


El ofrecimiento de Cobos llegó a traves de su secretario privado, pero Bortolozzi todavía no respondió si la acepta o no.

En plena sesión, la senadora había dicho que estaba "sola y con miedo. "Estoy acá por mi propia decisión. Creo que para defender a nuestra primera mandataria, a quien estoy agradecida por las obras en mi provincia, la peor manera de defenderla es no sesionar. Estoy sola, tengo miedo, pero me voy a quedar todos los miércoles", aseguró Bortolozzi.

Estas declaraciones llegaron luego de que en pleno recinto el secretario administrativo de la Cámara Alta, Mario Daniele, la senadora Marina Riofrío, y el propio Miguel Ángel Pichetto intentaran convencerla para que se vaya de la sesión, dejando al oficialismo sin el número necesario para tratar el pliego de Marcó del Pont y la reforma al impuesto al cheque.

¿Quién es Bortolozzi?

Adriana Bortolozzi, es senadora nacional por la Alianza Frente para la Victoria de la provincia de Formosa, desde 2005, y su período vencerá el año próximo.

La formoseña está casada con Floro Eleuterio Bogado, quien fuera gobernador de la provincia entre 1983 y 1987 y actualmente es el vice del gobierno de Gildo Insfrán.

Bortolozzi cursó la carrera de doctorado en Derecho en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Nacional del Nordeste, en la provincia de Corrientes

Adriana Bortolozzi, es la senadora que presentó varios proyectos que irritan a la Iglesia. La senadora formoseña quiere modificar el Codigo Civil argentino para cambiar el staturs juridico de la Iglesia Católica y eliminar su carácter público.

El proyecto de ley de Bortolozzi tiene como objetivo principal que el Estado deje de financiar a la Iglesia y que esta institución pierda status público en la sociedad.

“La Iglesia Católica y las demás entidades religiosas reconocidas, las asociaciones y las fundaciones que tengan por principal objeto el bien común, posean patrimonio propio, sean capaces por sus estatutos de adquirir bienes, no subsistan exclusivamente de asignaciones del Estado y obtengan autorización para funcionar”, fundamentó oportunamente Bortolozzi.

Pero hay mas. La senadora formoseña busca que se deroguen los decretos leyes 21.950, 21.540 y 22.430 firmados por el dictador Jorge Rafael Videla, los cuales establecían una “asignación mensual para los obispos”.

En este sentido, la senadora oficialista fundamentó que “no se pretende con la abrogación de asignaciones a la jerarquía eclesiástica, en funciones y en retiro y de jubilaciones sin aportes compatibles con otros ingresos, incumplir el mandato constitucional del artículo 2º, de sostenimiento del culto católico, apostólico, romano. Por el contrario, se trata de no condicionar a las autoridades eclesiásticas argentinas en el destino de la suma que les otorga anualmente el presupuesto”.

En una 3ra iniciativa, Bortolozzi se propone tambien modificar el artículo 1081 del Código Civil argentino donde se establece "la obligación de reparar el daño causado por un delito pesa solidariamente sobre todos los que han participado en él como autores, consejeros o cómplices, aunque se trate de un hecho que no sea penado por el derecho criminal. La senadora formoseñá quiere incorporar la afirmación de responsabilidad solidaria de instituciones peligrosas, respecto de los hechos ilícitos cometidos por sus sacerdotes o equivalentes.

“Ante la situación de indefinición normativa respecto de la cuestión cuya modificación se pretende y para prevenir situaciones injustas motivadas en la incertidumbre legal y el arbitrio jurisdiccional, es nuestra responsabilidad establecer clara e inequívocamente en un texto legislativo como el que se propone (u otro con similar contenido), la solidaridad que le corresponde a las religiones, iglesias y congregaciones por los hechos ilícitos de sus ordenados, sacerdotes o pastores; la necesidad de coherencia de nuestro derecho y la conveniencia social de garantías de los justiciables, justifican plenamente la presente iniciativa parlamentaria”, fundamentó la senadora Bertolozzi a la hora de presentar su proyecto de ley.

En otro de sus proyectos, que perdió estado parlamentario porque nunca fue tratado, Bortolozzi pretendía la eliminación del obispado castrense. Su proyecto establecía: “Cesarán en sus funciones el obispo castrense, el obispo auxiliar castrense, los capellanes mayores, los sacerdotes militares de cada una de las Fuerzas Armadas y quienes desempeñen funciones eclesiales análogas en las fuerzas de seguridad”.

Fuente: Urgente 24

La huída de Fernando de la Rúa en helicóptero está muy presente en la memoria de los argentinos

jueves, 1 de abril de 2010

Por Alfredo Leuco

¿Cómo va a hacer el radicalismo para gobernar si es que gana en el 2011? Esta pregunta se formula a cada rato en los ámbitos políticos y da por seguro dos conceptos contradictorios: que la UCR está otra vez en carrera después de haber tocado fondo y que aún no superó el trauma de abandonar el poder sin terminar el mandato en las dos ocasiones que hubo presidentes radicales desde la recuperación democrática de 1983.

La huída de Fernando de la Rúa en helicóptero por los techos de la Casa Rosada está muy presente en la memoria de los argentinos y el kirchnerismo se encarga de refrescarla en todos los discursos. Fue tan autodestructiva y frágil su gestión que se ganó el desprecio social y abrió heridas muy profundas en el cuerpo de su partido centenario.


Pero la figura de Raúl Alfonsín, a un año de su muerte, fue revalorizada casi como la contracara de los comportamientos del matrimonio Kirchner. Hasta sus viejos adversarios coinciden en rescatar la honradez y austeridad que evidenció a lo largo de toda su vida, su vocación de diálogo, la defensa de los derechos humanos cuando las balas picaban cerca y el combate a favor de la libertad y en contra de todo tipo de autoritarismo. Sopló tan fuerte el nuevo huracán alfonsinista que generó un fenómeno inédito al catapultar a su hijo Ricardo al primer lugar en imagen positiva entre los dirigentes políticos.

Su crecimiento en las encuestas fue vertiginoso pese a que su experiencia parlamentaria o de gestión es casi nula y que sus condiciones y reales capacidades están aún bajo la lupa de la sociedad. No hay demasiados antecedentes en la historia de alguien que haya pasado del desconocimiento casi total a la cima del aprecio. Extrañamente, el único caso que se le asemeja es el de su correligionario y competidor Julio Cleto Cobos que también, en un abrir y cerrar de ojos desde la madrugada del voto no positivo pasó a integrar el pelotón de los argentinos mas respetados. Pero hay diferencias.

Cobos fue ministro y después gobernador de Mendoza y fue expulsado del partido por acompañar como vicepresidente de la Nación a Cristina Fernández aunque luego regresó al redil, arrepentido de haber creído en las buenas intenciones de Néstor.

Otra curiosidad es que en el mundo de la política hay bastante consenso en decir que el mejor candidato a presidente del radicalismo es el menos conocido: Ernesto Sanz. Tiene buenos antecedentes al comando de la intendencia de San Rafael, su desempeño como senador y ahora en la jefatura de su partido lo muestran como un analista inteligente capaz de pensar estratégicamente las próximas jugadas. Algo premonitorio hubo ayer en estos micrófonos cuando dijo: “ Para un futuro gobierno no peronista es un enorme desafío colocar a la sociedad de su lado y no a las corporaciones.”

Y aquí aparece la madre de todas las preguntas. ¿En que están pensando para romper ese mito de que los radicales no saben gobernar y que la CGT de Moyano y los piqueteros de Kirchner les van a hacer la vida imposible si vuelven al poder?

¿ El radicalismo logrará convencer a las grandes mayorías de que está en condiciones de gobernar? O mejor dicho: ¿Se podrá demostrar que alguien que no sea peronista puede gobernar este país? Todavía no hay respuestas definitivas. Pero las preguntas son cada vez mas concretas.

A quién le conviene la reforma política II

miércoles, 31 de marzo de 2010

Por Marcos Novaro

Retomando el post de ayer, pasemos entonces a revisar los escenarios posibles para la oposición. En realidad, no difieren mucho de los que hemos constatado rigen para los Kirchner.

Si Cobos sigue perdiendo terreno frente a otros posibles candidatos radicales, que encima tienen más chances que él de mover a votar a la masa de afiliados, entonces tal vez le termine conviniendo lo mismo que a los Kirchner en una situación semejante. En cambio si revierte esta tendencia, y si logra sacar del juego, o mejor incorporar como aliado, a al menos uno de sus potenciales contrincantes (Sanz es el que tiene más a mano), reconciliarse con los afiliados y legitimarse como opositor en una interna masiva puede ser muy conveniente para sus ambiciones presidenciales.


Lo opuesto sucede con los otros candidatos radicales. Y en ello coincidirán con sus contrapartes del peronismo. Según cómo se de esta coincidencia, Ricardo Alfonsín puede terminar siendo compañero de ruta en este terreno tanto de los disidentes del PJ, como de los Kirchner. Se entiende por ello hasta ahora ni él ni Cobos hayan hecho ninguna mención a cómo piensan resolver este asunto.

Es mucho más claro en cambio lo que piensan los demás candidatos. Tanto para Macri como para Carrió lo mejor es pelear con Kirchner, y que se hagan las internas abiertas si eso lo garantiza, y se suspendan si el PJ pudiera usarlas para consagrar a algún disidente que les diputaría sus bases electorales, o las que sueñan con tener. Es decir, es más claro lo que los outsiders quieren, que lo que quieren en los dos grandes partidos, pero tampoco es claro cómo piensan conseguirlo.

Todo dependerá, en suma, de lo eficaz que sean los Kirchner en llevar a la práctica lo que anuncia Rossi: empiojar al máximo la competencia política en y entre los partidos de aquí al 2011.

Hay un trasfondo que toca a los propios fundamentos de la democracia y a su desempeño político

martes, 16 de febrero de 2010

Por Hugo Quiroga*

La Argentina no deja de sorprender. Cada vez más encerrada en una filosofía del conflicto permanente. La teoría oficial de la conspiración se acrecienta ahora por el "partido judicial", junto al "partido mediático".

Sin duda, el conflicto es inherente a la política, pero, ¿no hay un trasfondo que toca a los propios fundamentos de la democracia y a su desempeño político? La voluntad democrática colectiva, de largo plazo, que echó a rodar en 1983 ha perdido la fuerza ordenadora de las ideas, de las reglas y de una praxis cotidiana que organiza la comunidad política desde la búsqueda del buen gobierno. Nuestra democracia ha resuelto bien la transferencia pacífica del poder, pero no la cuestión del buen gobierno.

La construcción de aquella voluntad democrática ha encontrado en su derrotero tres grandes obstáculos.

El primero, la relación del Estado democrático con su comunidad histórica (según el significado de Paul Ricoeur), con el pueblo, es decir, con las metas comunes, con la esperanza de todos. Se designa al "nosotros" (al deseo del vivir juntos en una comunidad histórica), a una identidad simbólica que comunica a los ciudadanos con su destino común. El Estado argentino tiene dificultades para organizar y orientar a su comunidad histórica.

El segundo, la relación del Estado con los ciudadanos a través del sistema de representación. El Estado es la instancia que unifica políticamente la sociedad moderna fundada en la autonomía del individuo y se erige, así, en unidad de representación de los ciudadanos. En la situación actual los ciudadanos no se sienten muy reconocidos en esa esfera de representación. El Estado de derecho democrático no puede convertirse en un instrumento que divida y separe a la sociedad frente a temas vitales que conciernen a todos, ni puede constituir enemigos entre sus miembros.

El tercero, la precariedad de la política, íntimamente relacionada con el déficit de cultura legal. La cultura política de los argentinos no deja de ser compleja y poliforme. Lo que ha prevalecido en los últimos años es una legitimidad "decisionista" antes que una legitimidad constitucional.

Ese modo de legitimación está más interesado por el dominio de los hombres y la aplicación de la regla de la mayoría que por la plena vigencia del Estado de derecho democrático, el que plantea el nexo entre soberanía popular y normas constitucionales. El poder del líder "decisionista", avalado por el principio de la mayoría, no es la única fuente de legitimidad de las decisiones, porque el ejercicio de ese poder no es ilimitado y está sujeto al contrato constitucional y sus derechos fundamentales, que son también fuente de legitimidad de las mismas.

Los decretos de necesidad y urgencia de creación del Fondo del Bicentenario y de destitución de Martin Redrado ilustran bien lo que decimos. Tenemos un problema en la calidad de la cultura política.

La Argentina carece de proyecto colectivo, con orientación estratégica y fuerza simbólica. Esta carencia refleja la crisis de construcción de una voluntad democrática común. Los hombres políticos se muestran demasiado absorbidos por la competencia electoral, el juego político agonal y su propio sostén.

Los ciudadanos no sólo deberían pensar en sus legítimos derechos, sino también en sus obligaciones frente a la comunidad (participación, pago de impuestos, control), para ser dueños de sus destinos.

La democracia argentina es modesta, y de fuertes contrastes. Aquí va una breve enumeración que sirve para ilustrarlos.

Se ha consolidado un sistema de votación, la competencia pacífica por el ejercicio del poder; se ha "normalizado" el imperio de la excepcionalidad, el Ejecutivo legislando mediante decretos, legislación delegada o veto parcial; las desigualdades sociales se han profundizado; se vacían las instituciones partidarias, se desdibuja el rol del parlamento y la justicia pierde autonomía.

Es justo reconocer, sin embargo, los cambios positivos operados en el Congreso a partir del conflicto con el campo y los fallos de la Corte Suprema y de algunos magistrados, que revelan independencia del poder político.

Otras irregularidades institucionales saltan a la vista. A pesar de las normas constitucionales, la figura opositora del vicepresidente de la Nación no deja de constituir una anomalía institucional. Es cierto que la función del vicepresidente se reduce a la presidencia del Senado y a reemplazar al Presidente por la condición unipersonal del Poder Ejecutivo. No obstante, el conflicto político con Cristina Kirchner se agrava y es muy difícil para Julio Cobos encontrar un equilibrio entre ser el vicepresidente del oficialismo y, a la vez, un referente decisivo de la oposición.

Desde el hogar presidencial, Néstor Kirchner convoca a los ministros en la Quinta de Olivos, y a los gobernadores e intendentes; exige rendición de cuentas de las tareas encomendadas, designa o destituye funcionarios en la práctica. Una clara demostración de la confusión institucional entre lo público y lo privado, que conduce al desempeño de funciones gubernamentales de quien no tiene esas atribuciones.

A ello se suma la compra de dos millones de dólares, en los comienzos del alza en la divisa en 2008, que pone de manifiesto un uso discrecional de la información reservada que se disponía.

El carácter personal del poder oficial revela un nuevo armazón institucional que parece adquirir la forma de una organización estatal "neopatrimonial", que deja al desnudo la propiedad privada de las funciones públicas. Todo esto nos conduce a una pregunta insoslayable sobre el porvenir de la democracia argentina, y sobre la vida social y política en ella implícita.


*Hugo Quiroga es un politólogo, docente titular de Teoria Política II de la Facultad de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Rosario y del Litoral.

El matrimonio presidencial obstinado en repetir con ahínco sus errores

domingo, 14 de febrero de 2010

Por Nelson Castro

El trance que puso en riesgo la salud de Néstor Kirchner le agregó un condimento de dramatismo al turbulento presente político de la Argentina. Cuando la doctora Patricia Carrascosa diagnosticó la placa de ateroma que estrechaba la luz de la arteria carótida derecha del ex presidente en funciones, un halo de conmoción embargó a todos los que vivían el vértigo de ese momento.

Que Kirchner tuviera una lesión igual a la que padeció Carlos Menem hace casi 17 años es una de esas paradojas propias de una novela que tanto abundan en la historia. La exitosa intervención quirúrgica que realizó el doctor Víctor Caramutti trajo calma a la atribulada vida política de Kirchner.


Fue una calma que duró lo que la nada. A las horas de haber concluido la operación, la clínica se transformó en una unidad básica. Muchos dirigentes del kirchnerismo se acercaron no sólo para hacerse ver sino para saber qué es lo que vendrá. Para cualquier persona que haya atravesado por una situación como la que le tocó vivir al ex presidente en funciones, lo aconsejable es, hablando en términos futbolísticos, “parar la pelota”. Ya se sabe que nada de esto ocurrirá.

Se sabe que en los hábitos de vida de Kirchner abunda el desorden. Esta es una alternativa nociva que debería modificar en aras de un mejor cuidado de su salud. No es éste, sin embargo, el pensamiento del ex presidente en funciones, quien, inmediatamente después de haber dejado el sanatorio, se encargó de redoblar la apuesta para apurar su vuelta a la conducción del PJ y para seguir demostrando que sigue en el ejercicio del poder.

Allí estuvieron, pues, las órdenes para que los legisladores díscolos del justicialismo bonaerense publicaran una solicitada de apoyo a su persona, con el objetivo de borrar la afrenta de las críticas vertidas en la cena que se realizó hace unos días en la casa que uno de ellos tiene en Pinamar; también hubo órdenes para que desde el oficialismo salieran a pegarle a Carlos Reutemann, a causa de sus fuertes declaraciones de comienzo de semana en las que trató al matrimonio presidencial de ladrón.

Lo que la reacción del Gobierno expresa es la preocupación que produce en Kirchner el ex piloto. La razón para esto es muy simple: Reutemann es el rival a quien el ex presidente en funciones más teme para la interna del PJ. “Si Reutemann se presenta, no hay con qué darle”, reconoce una voz del riñón K.

Y la verdad es que el actual senador santafesino, a quien las encuestas le dan bien, sigue trabajando con dos objetivos: tener un rol más activo en las sesiones ordinarias del Congreso, que comenzarán el 1º de marzo y el armado político con el que piensa dar la batalla en la interna peronista de 2011 por la candidatura presidencial.

Con relación a ello, distintas fuentes confirman la existencia de contactos con Alberto Fernández. El ex jefe de Gabinete, a su vez, está hablando con algunos gobernadores ultrakirchneristas, quienes, suplicándole absoluta reserva, le vienen manifestando sus crecientes desacuerdos con el enfoque político de Kirchner. Uno de esos gobernadores suele aparecer haciendo una defensa a ultranza del matrimonio presidencial.

Volviendo a Reutemann, hay que señalar que Kirchner en persona ha decidido ponerse al frente de las operaciones políticas en Santa Fe. Su primera acción fue motorizar una solicitada contra el ex piloto de F1 que subscribió un grupo de intendentes de esa provincia.

Es en atención a esa batalla que Kirchner cree imperiosa su reasunción de la conducción del PJ. Es con vistas a esa batalla que necesita sí o sí del Fondo del Bicentenario para el Desendeudamiento y la Estabilidad. Ahí las cosas vienen complicándose día tras día. Las esperanzas del kirchnerismo para que el Decreto de Necesidad y Urgencia sea aprobado por el Congreso están puestas en el Senado.

“Allí hoy estamos dos votos abajo, aun cuando las cosas no están cerradas. Daremos batalla”, reconoce una voz que habita en la Casa Rosada. La disputa pasa por la crucial votación de los senadores pampeanos Carlos Verna y María Higonet. Verna podría votar una ley que creara el Fondo especificando cómo se va a repartir entre las provincias. Esto no es lo que quiere el matrimonio presidencial, ya que le quitaría poder de decisión sobre el direccionamiento de esa plata.

La no aprobación del DNU del Fondo del Bicentenario significaría, además, una derrota de alto significado político para el Gobierno que, al insistir en su modalidad del todo o nada, demuestra su negativa a reconocer la nueva realidad política que emergió tras los comicios del 28 de junio pasado.

En el horizonte de preocupaciones del oficialismo también viene creciendo el proceso de rearmado de la UCR. En Olivos se festejó el costo político que para Julio Cobos tuvo su voto en la comisión bicameral que aconsejó la remoción de Martín Redrado al frente del Banco Central. Las encuestas demostraron que el vice pagó políticamente y cayó su imagen.

La posibilidad de una ruptura en el seno de la UCR entusiasmó al matrimonio K, deseo que se perturbó ante el encuentro de los radicales en San Nicolás, al que asistió Cobos y en el que se limaron asperezas. Por eso fue que el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y el ministro del Interior, Florencio Randazzo, recibieron la orden de salir a acusar al radicalismo de “cuasi golpismo”. Por lo que se sabe, a Randazzo le disgusta cada vez más recibir órdenes para salir a decir estas cosas en las que no cree.

Es cierto que la situación de Cobos es insólita y cada vez más difícil de explicar. De ahí a hablar de golpismo, hay un abismo. Pero éste es ya un clásico del Gobierno, para quien si no gana una elección sobreviene el caos, si la oposición discrepa afecta la gobernabilidad y es golpista y si los medios critican son destituyentes, hechos todos desmentidos por la realidad.

Así como le cuesta reconocer esta realidad, le sucede con otras. En estos días el objeto de la polémica es la inflación. Frente a esto el Gobierno está encarando su clásico plan de acción. Para ello ya llamó a Guillermo Moreno.

Ya se puede predecir, pues, la metodología a utilizar: el apriete. Ya se puede anticipar, también, cuál será el resultado efectivo del método Moreno: el fracaso, que es el resultado que se obtuvo cada vez que se utilizó el método en el pasado. Sin embargo, esto poco importa al matrimonio presidencial, siempre obstinado en repetir una y otra vez, con ahínco, sus errores.

Ernesto Sanz fue el centro de la escena y todos los méritos en San Nicolás

viernes, 12 de febrero de 2010

Por Alfredo Leuco

La impactante herida en el cuello de Néstor Kirchner puede funcionar como metáfora y diagnóstico del momento político que está atravesando. Sus fanáticos podrán decir que todo lo que no lo mata lo fortalece. Y sus enemigos, que está lastimado porque después de su derrota electoral personal del 28 de junio pasado, nada fue igual. Lo llamativo es que ni el riesgo de sufrir un daño cerebral severo le sirvió a Kirchner para calmar a una oposición y una realidad adversa.

El jefe de la jefa de estado padeció los mas grandes dolores postoperatorios por culpa de Luis D'Elía y Carlos Reutemann y ayer del vicepresidente Julio Cobos.

La cena amable de Cobos con las autoridades de la UCR es la confirmación de que ya no tiene dudas sobre la camiseta que lucirá en los comicios del 2011. Las viejas facturas que todavía tienen los radicales que se quedaron en el partido para resistir con Gerardo Morales a la cabeza comenzaron a pagarse al contado.

Sobreactuando cierta humildad, Cobos, dijo que se sentía uno mas en esa reunión y se dispuso a dar por superado el chisporroteo que tuvo con parte de la opinión pública (con caída en las encuestas y todo) cuando votó en la misma línea que el kirchnerismo.

Esta vez escuchó los consejos de su partido y le dejó a Ernesto Sanz el centro de la escena y todos los méritos por haber diseñado ese encuentro unitario y programático en San Nicolás. El hecho político fue una señal contra Néstor Kirchner pero también contra Elisa Carrió.

El diputado convaleciente había festejado como un triunfo el voto de Cobos en la comisión bicameral porque no analizó a fondo el contenido de las críticas que levantó el mendocino. El sector que lo cuestionó, lo hizo por no ser lo suficientemente opositor y por aparecer demasiado cerca de los Kirchner. Por lo tanto era un llamado más de atención para el matrimonio presidencial y no algo que corresponda ser celebrado. Esta mañana, Aníbal Fernández (AUDIO al final de la nota) enmendó el error y retomó las acusaciones de traidor y golpista contra el vicepresidente.

En el caso de Carrió las cosas están mas claras. La semana pasada ella fue muy dura con Cobos, tal como lo viene siendo desde que - voto no positivo mediante- Cobos se transformó en su competidor y se encaramó en la cima de la tabla de posiciones de popularidad.

“Es lo peor del radicalismo” dijo Carrió de ese hombre que anduvo anoche a los abrazos con la mayoría de su conducción. Para los radicales es un tema saldado. Si las elecciones fueran el próximo domingo llevarían como candidato presidencial a Cobos aún a riesgo romper el Acuerdo Cívico y Social que será lo que deba ser o no será nada.

Las exhaustas arcas fiscales

jueves, 11 de febrero de 2010


El análisis político y económico de los doctores Vicente Massot y Agustín Monteverde


Quién da más…


En términos políticos el principal problema que arrastra el gobierno es el desencantamiento de la sociedad con el matrimonio gobernante. Si aún teniendo que sobrellevar las dificultades de todos conocidas la gente continuase identificándose con el santacruceño y su mujer, la suerte del 2011 no estaría echada para ellos.


Pero sucede que desde la crisis del campo a la fecha todo lo que ha hecho el kirchnerismo pareciera enderezado a malquistarse con el ciudadano común y corriente que, hasta octubre del 2007, lo había votado sin pensarlo dos veces.

Ha sido tal la protervia gubernamental, de tal magnitud su empeño en llevarse el mundo por delante, tan desconsiderados sus planteos, tan provocativas sus decisiones y tan corruptos sus principales referentes, que el prestigio ganado entre mayo del 2003 y finales del 2007 se hizo añicos.

En resumidas cuentas, cuanto proviene hoy de los Kirchner suscita el rechazo del 70 % de la población, poco más o menos. Esto último no lo entendió Julio Cobos al votar por la destitución de Martín Redrado, alineándose con el Poder Ejecutivo.

Las encuestas ponen en evidencia que, por primera vez desde que expresó su voto no positivo, que lo catapultó a la fama, la ciudadanía está en desacuerdo con la decisión tomada por el vicepresidente de la República.

Curiosa actitud la de Cobos que hasta aquí había desenvuelto su estrategia con arreglo a un planteo tan simple como eficaz: hacer lo contrario de los Kirchner.


Por otro lado, en términos económicos, el principal quebradero de cabeza que tiene por delante esta administración es de carácter fiscal y por eso, en la desesperación de no hallar fuentes de financiamiento alternativas, Kirchner consideró pertinente avanzar, a pecho descubierto, sobre el Banco Central.

Si el gasto público continúa creciendo frente a ingresos que no alcanzan a seguirle el ritmo, es lógico que sea menester apropiarse de una nueva caja —otra más— para dotar de recursos a las exhaustas arcas fiscales.


El nombramiento de Marcó del Pont es, pues, la puerta de entrada a los U$ 17000 MM que necesita el gobierno a los efectos de no colapsar. Nada hay de exagerado en este juicio. Sin las llamadas “reservas excedentes”, los requerimientos de financiación del año en curso no podrían cubrirse. Por lo tanto, tres cosas resultan ciertas:

1) se reformará, cuanto antes, la Carta Orgánica del Banco Central, 2) cualquier atisbo de autonomía de la principal institución financiera del país es, a esta altura, cosa del pasado, y 3) el uso de las reservas carecerá de límites.


El gobierno tiene por delante la misión de conseguir en alguna de las dos cámaras del Congreso un número suficiente de votos para aprobar el polémico DNU que dio origen al Fondo del Bicentenario. Está claro que, por el lado de la justicia, las estrategias planteadas por Cristina Fernández y sus asesores no tuvieron buen final.

Es más, en el frente al que venimos haciendo referencia el gobierno se halla sometido a un fuego cruzado que no cesa, al extremo de cosechar fallos adversos en casi todos los estrados judiciales del país en las cuestiones —ley de medios, Telecom, etc.— que le preocupan.


Razón de más para tratar, ahora obligados por la justicia, de dar la batalla en el Parlamento.


Nadie puede asegurar hoy cómo se alinearán los senadores en punto a la utilización de las reservas. Mientras los gobernadores de Tucumán y Chaco, José Alperovich y Jorge Capitanich, así como Daniel Scioli, Fabiana Ríos y José Luis Gioja, entre otros, defendieron la decisión gubernamental en la materia, algo de lo que no hay por qué sorprenderse en atención a sus observancias ideológicas, también lo hizo un opositor acérrimo a la pareja presidencial, Juan Schiaretti, ahogado por las estrecheces financieras que aquejan a Córdoba.


En este orden de cosas no es de extrañar que resulte clave la postura que, al respecto, adopte el pampeano Carlos Verna quien viene manteniendo diversos contactos con algunas de las principales figuras del oficialismo —dentro y fuera de la cámara— interesadas, como no podría ser de otra manera, en convencer a los dos representantes de La Pampa, como a los fueguinos y correntinos, y sumar sus votos a los de la bancada del Frente para la Victoria.

De esa manera podrían obtener los 36 necesarios a los fines de aprobar el DNU de la discordia y entonces poder disponer libremente de las reservas del Banco Central.


El escenario que ahora parece abrirse es múltiple. La Casa Rosada ha querido dar intervención a la Corte Suprema en el tema del DNU ya famoso, aunque ese camino difícilmente conduzca a buen puerto. Es que el máximo tribunal de justicia de la Nación ya ha manifestado que la materia es competencia del Congreso. Inclusive, si asumiese el caso, habría pocas probabilidades, si acaso alguna, de que su pronunciamiento fuese antes de marzo cuando se abra el periodo de sesiones ordinarias en el Parlamento.

Como fue dicho antes es en este último ámbito donde se dirimirá la próxima batalla de importancia entre el oficialismo y el arco opositor.


El arsenal con que cuenta el gobierno reside en el manejo discrecional de la caja por parte del Poder Ejecutivo vis a vis las apremiantes necesidades de las provincias en términos financieros. El rojo fiscal es común a la totalidad de éstas y por ende la especulación del kirchnerismo respecto de cambiar plata fresca del Fondo del Bicentenario (léase reservas del Banco Central) por los votos de los diputados y senadores, es realista.


El santacruceño sospecha, con buenas razones, que no habrá en la puja que se anuncia para marzo una confrontación de carácter ideológico sino un tira y afloje por recursos que todos anhelan y que darían cualquier cosa por conseguir. De su lado los principales referentes del arco opositor al gobierno, previendo esta realidad, han imaginado una jugada tan osada como ingeniosa.

Sabedores de que en estas circunstancias no bastarán los argumentos institucionales para convencer a los representantes que le son afines de las dos cámaras para que no se pasen de bando y terminen secundando la estrategia kirchnerista, han lanzado al tapete la idea de coparticipar el impuesto al cheque a las provincias.

Piensan que sólo una medida de esta naturaleza podría compensar los aportes que las provincias no recibirían en el supuesto de que no hubiese Fondo del Bicentenario.


En una palabra, asistimos a una ronda de promesas y de ofertas cruzadas que tienen como punto de referencia, tanto en el plan del oficialismo como en el de sus contrincantes, a los dineros públicos.

Desde la Quinta de Olivos la orden es comprar voluntades a cambio del compromiso de sufragar un incremento del gasto vía el manejo de las reservas. Voten el DNU —vienen a decir Pichetto y Rossi a los senadores y diputados, respectivamente— y no tendrán de qué preocuparse.

De lo contrario, sus provincias deberán enfrentar problemas insolubles. De su lado, el antikirchnerismo enarbola una táctica menos extorsiva: coparticipemos el impuesto a los débitos y créditos bancarios, afirman, y no habrá necesidad de convalidar la extorsión kirchnerista.


Claro que la presidencia se reserva una carta ganadora para el caso de que el arco opositor consiguiera salirse con la suya y lograse aprobar la coparticipación del mencionado impuesto: el veto.

Hasta la semana próxima.