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Los Kirchner ya no escriben de manera exclusiva los puntos de la agenda pública

lunes, 24 de mayo de 2010

Por Eduardo Aulicino


¿Qué tienen en común la refinanciación de deudas de las provincias y la resolución de la Corte Suprema que fijó límites a los Decretos de Necesidad y Urgencia? Nada en cuanto a sus efectos concretos, pero mucho en términos de lectura política: reflejan por distintos caminos que los Kirchner ya no escriben de manera exclusiva los puntos de la agenda pública.

Los DNU y el manejo de los fondos para las provincias no eran temas que el oficialismo quisiera tratar: pero allí están, como parte de un debate más amplio, no agotado y que supera los límites del Congreso, donde la oposición expresa sus limitaciones pero logra cada tanto alterar los planes de Olivos.

Esa realidad, negada en público, no pasa inadvertida en la intimidad del poder. Pero ganar la iniciativa, claro, no es sólo cuestión de hilvanar un discurso presidencial por jornada. En estos días, se admite en el círculo kirchnerista que un objetivo primordial es recuperar credibilidad, empezando por algunas franjas de la sociedad que habían apoyado de algún modo sus gestiones y luego se disgustaron. En esa línea, se anotan desde gestos tardíos y limitados hacia productores agropecuarios, hasta promesas repetidas de planes de viviendas.

Es curioso cómo funciona en algunos casos el kirchnerismo. El Bicentenario, aludido de manera reiterada por Cristina Fernández de Kirchner y por la publicidad oficial, parecía un buen elemento para mejorar climas y relaciones sociales. Pero el mensaje volvió a cerrase sobre sí mismo: se sumaron el cruce con Mauricio Macri por la gala del Colón y la decisión de no convocar para las celebraciones a ex presidentes democráticos, ni al vice. Los K conspiran contra los planes que según sus allegados serían prioridad en función de los cálculos para el 2011.

Ese mismo mecanismo -que inhabilita cualquier camino que contemple acuerdos con otras fuerzas- ha llevado al Gobierno a recrear como propios algunos proyectos o reclamos opositores. En Olivos, se privilegió la idea según la cual sólo se gana si el otro pierde o parece haber perdido. La política suele ser más que eso, pero los Kirchner jamás brindan a sus legisladores la posibilidad de un entendimiento con la oposición si eso además sugiere un éxito compartido.

El último capítulo lo escribieron sus idas y vueltas con las provincias. La oposición y el peronismo crítico avanzaron con una modificación del reparto del impuesto al cheque, que aún debe ser tratada en Diputados. La Presidenta y Néstor Kirchner metieron presión sobre los gobernadores, amenazaron con recortar otros fondos en caso de que la iniciativa prospere, y hablaron vagamente de rediscutir el sistema de coparticipación federal, tema eludido desde 1994.

Apareció luego un proyecto asociado al anterior: la distribución automática de los fondos conocidos como ATN. El texto apenas había dado un paso en el Senado, pero se perfilaba como de rápido trámite. El Gobierno decidió entonces refinanciar la deuda de las provincias, incorporando este punto, de manera parcial y distorsionada. Ahora espera que con tales medidas se marchiten las iniciativas opositoras en el Congreso. Cero consenso.

Para los K, de todos modos, los problemas no se agotan en el Congreso. Una reciente decisión de la Corte Suprema repuso el debate sobre otro tema de fondo: los alcances de los Decretos de Necesidad y Urgencia. El Tribunal fijó límites a los DNU y lo hizo con algunos señalamientos muy precisos: sostuvo que su uso debe ser excepcional, destacó el papel de la Justicia para pronunciarse sobre su validez y recordó que la reforma de la Constitución de 1994 buscó atenuar el sistema presidencialista.

Los famosos DNU tienen pendiente el tratamiento de un proyecto específico en el Senado. El oficialismo, por ahora, sólo atina a bloquearlo, pero no le alcanza para borrarlo de la agenda política.

Los crujidos que se escuchan dentro del kirchnerismo

domingo, 28 de marzo de 2010

Por Nelson Castro


Estamos asistiendo al fracaso de la política. Ni el oficialismo ni la oposición se manejan de forma responsable. El estilo confrontativo del Gobierno lleva al fracaso de la política de acuerdos que, por otra parte, es la que se está dando en la mayoría de los países democráticos.

Sobrevuela la idea de que los conflictos políticos crecientes se van a dilucidar en la Corte. Este es un error, ya que, salvo situaciones excepcionales, la Corte no está para dirimir esas cuestiones.

En este contexto de enfrentamiento entre el Gobierno y la Justicia hay que recordar que los jueces están para impartir justicia.

La Corte se dispone a producir un fallo importante sobre el espinoso tema de los decretos de necesidad y urgencia. La idea sobre la que hay acuerdo entre los miembros del alto tribunal es la de producir un fallo que establezca una limitación al uso de esta herramienta legal.

El concepto sobre el que va a girar el veredicto habrá de establecer que para que un decreto de necesidad y urgencia sea válido deberá ser aprobado por las dos cámaras del Congreso a través de una ley. Una idea que se está debatiendo es la de decretar la caducidad de todos los decretos de necesidad urgencia dictados con anterioridad a la creación de la Comisión Bicameral de Seguimiento de los DNU.

Las disidencias giran esencialmente alrededor de una discusión sobre los criterios de cómo definir los términos “necesidad” y “urgencia”. Dentro de la Corte hay quienes opinan que esto lo debería fijar el Congreso, luego de una serie de acuerdos políticos que hoy brillan por su ausencia.

La resolución de la Corte referida a los DNU se encamina a enmendar uno de los grandes disparates jurídicos que se han generado en estos años por el que se ha establecido que es más simple aprobar un decreto de necesidad y urgencia que una ley.

El tema de los decretos de necesidad y urgencia es una de las tantas trapisondas con las que todos los gobiernos democráticos, desde el ’83 hasta aquí, han usado a destajo, haciendo así que la necesidad y la urgencia dejara de ser algo excepcional para transformarse en algo normal.

Es cierto que el gobierno que menos DNU emitió es el de Cristina Fernández de Kirchner. Lo cuestionable de su conducta es que, en el caso del uso de reservas del Banco Central para pagar deuda, no había ni necesidad ni urgencia, como bien lo señalaron varios de los fallos judiciales que le fueron adversos.

A este asunto del canje de deuda se le ha agregado otro que desvela al Gobierno: es la rebelión en ciernes que se ha generado dentro del mismo oficialismo con el tema de la modificación del impuesto al cheque.

La reunión del sábado pasado de la Presidenta con sus legisladores fue un alerta. La ausencia de diez de ellos operó como una muestra más de los crujidos que se escuchan dentro del kirchnerismo.

Son producto de la compleja realidad que se vive en muchas provincias y que en la Babel de Olivos se pretende desconocer. “El tema no es tanto el dinero que recibiríamos de esta nueva distribución de los ingresos que se recaudan por este impuesto, sino el de asegurar que, al hacerse por ley, esto se instrumente en forma automática y no quede librado a la discrecionalidad de este o de cualquier otro gobierno”, afirma un legislador oficialista que, más allá de las presiones que está sufriendo, piensa votar a favor de la modificación de la ley del cheque.

La situación fiscal de muchas provincias es muy complicada. Esto no es novedad. Es algo que viene de lejos y que debería dar pie a un cambio profundo de la Ley de Coparticipación Federal. Sólo así se podrá dar un paso adelante serio en pos de la construcción de un país verdaderamente federal.

En este presente, la complicación agregada es la inflación. Es cierto que no es una inflación desbordada. Pero también es cierto que castiga duramente el poder adquisitivo de los más pobres que, en la Argentina, siguen siendo legión.

Es increíble que el matrimonio presidencial exponga al ridículo al ministro de Economía, Amado Boudou, prohibiéndole mencionar la palabra inflación. Y si algo faltó para hacer más patética la ponencia de Boudou, fue el mandoble que le propinó Hugo Moyano con sus declaraciones del jueves pasado, cuando dijo que “la inflación es una realidad que la palpamos todos los días cuando vamos al supermercado”. Al expresar eso, el secretario general de la CGT demostró que, más allá de su apoyo al matrimonio presidencial, la inflación le genera una presión en el frente interno imposible de disimular.

Además, uno de los efectos colaterales de este aumento de precios es el daño que produce sobre los ingresos de los sectores favorecidos por el Plan de Asignación Universal por Hijo para Protección Social creado por el Gobierno en diciembre pasado. Esta es una realidad molesta para el matrimonio presidencial.

La semana tuvo un momento de alto voltaje político durante el acto del Día de la Memoria, en el que se recordó un nuevo aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, que dio paso a la nefasta y brutal dictadura que encabezó la junta militar integrada por Videla, Massera y Agosti.

Allí la Presidenta aprovechó para reflotar la idea de la confrontación, que es el sustento permanente tanto de su gestión como de la de su marido.

El Gobierno ha buscado apropiarse del tema de los derechos humanos y hay que reconocer que lo ha logrado en muchos sectores sociales que le son afines. La anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, y de los indultos, impulsada por el matrimonio presidencial, son logros innegables que merecen ser destacados.

Sin embargo, esto no da derecho a desconocer lo realizado durante el gobierno de Raúl Alfonsín con el histórico Juicio a las Juntas, cuando el poder militar todavía rugía en la Argentina. A ello le sobrevino la claudicación que significaron las leyes antes mencionadas, que consagraron la impunidad de muchos, hecho al cual mucho contribuyó el peronismo de aquel entonces, que se negó a integrar la Conadep y que reclamó al radicalismo terminar con los juicios. Esas son las cosas que el matrimonio presidencial nunca dice.

Mientras tanto las arenas de la política proselitista están muy movidas. En donde hay más actividad y temperatura es en las del justicialismo. No significa esto que no haya movimiento dentro del radicalismo, que es el otro partido que hoy palpita una interna caliente. Allí genera inquietud el futuro de Julio Cobos, quien, a pesar de seguir liderando casi todas las encuestas de imagen, presenta una caída apreciable.

En el peronismo, Eduardo Duhalde y Francisco de Narváez están a full. En el entorno de este último ha sorprendido la ruptura de Mauricio Macri. Los de Macri dicen exactamente lo mismo pero, obviamente, al revés. Quienes rodean a De Narváez aseguran que la idea de recorrer el país y reunirse con los referentes del PJ de cada una de las provincias le está dando buenos resultados. Lo de la candidatura presidencial vendrá después, comentan.

De los encuentros mantenidos el más resonante fue el que tuvo con Carlos Reutemann, quien, por estas horas, vive momentos de angustia motivados por las supuestas revelaciones que podría haber hecho su ex esposa, “Mimicha” Bobbio, en el libro de Gabriel Pandolfo Lole Position, de próxima publicación. La personalidad de Reutemann es un enigma hasta para sus partidarios más cercanos, a quienes les preocupa más eso que los movimientos de Agustín Rossi para disputarle la interna en la provincia de Santa Fe.

Así termina marzo. ¿Con qué conflicto vendrá abril?

Censura para nadie. Mesura para todos pero empezando desde lo mas alto del poder

miércoles, 10 de marzo de 2010

Por Alfredo Leuco

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner echó mas leña al fuego del conflicto de poderes que viene provocando desde hace un tiempo contra lo que ellos definen despectivamente como “Partido Judicial”. La Corte Suprema es destacada por la inmensa mayoría de los argentinos (incluso por la propia presidenta hasta hace muy poco) por su excelencia profesional, integridad ética e independencia absoluta.


Hay bastante consenso en señalar que la conformación de esta Corte Suprema fue uno de los aportes mas valiosos que hizo el kirchnerismo desde que llegó al poder. Veníamos de una Corte vergonzosa que tenía puesta la camiseta de Menem y la nueva integración fue una bocanada de aire puro y una señal para reconstruir desde la cabeza la credibilidad de la justicia. Sin embargo ayer, la presidenta, acusó a la Corte de querer censurarla. Si, así como lo escucha. Fue capaz de decir que todas y todos los integrantes de la Corte Suprema le pidieron mesura pero a ella esa palabra le sonaba muy parecida a censura.

¿Alguien en su sano juicio puede creer que las doctoras Carmen Argibay o Elena Highton quieren impedir la libertad de expresión de la presidenta? ¿Tiene algún anclaje en la realidad sospechar que Zaffaroni o Lorenzetti tienen intenciones de cerrarle la boca a la jefa del estado? ¿En que dato, indicio, información o lógica de sentido común se apoya la presidenta para decir semejante barbaridad?

Los integrantes de la Corte Suprema de Justicia han demostrado hasta ahora que son los principales defensores de la libertad y los más prudentes actores del escenario político. El comunicado que molestó a la excelentísima presidenta apenas pedía respeto por la división de poderes, mesura y equilibrio. Una suave muestra de preocupación por las cosas que están pasando. Y la presidenta, en lugar de reflexionar, de tomarlo como un aporte y mirar en forma autocrítica su comportamiento salió a castigarlos.

Si a mi me critica Aldo Rico o Luis D’Elía, tal vez no les dé importancia y lo atribuya a su pensamiento blindado, minoritario y violento. Pero si me critica la Corte Suprema, como mínimo, debería obligarme a un autoanálisis que trate de responder la siguiente pregunta: ¿Qué estoy haciendo tan mal que un cuerpo colegiado del prestigio de la Corte Suprema se permite hacer una observación?

Ya dijimos que la presidenta tiene la palabra demasiado fácil y como habla todo el tiempo de todos los temas fatiga a sus audiencias y está siempre al borde de cometer errores que la perjudican principalmente a ella.

Ya se lo advirtió en su momento con un dibujo Hermenegildo Sabát y ella lo trató de cuasi mafioso. Nada menos que al Menchi, el artista-periodista mas honesto, democrático e independiente que conozco.

Pero esta vez el tirón de orejas de la Corte no fue solo por su incontinencia oral. Fue también por las acciones intimidatorias de su gobierno contra integrantes de la justicia. Patrullero policial para una, chismes de alcoba por cadena nacional para otra, escrache televisivo con nombre y apellido para otros dos con publicidad oficial, acusaciones generales sin aportar una sola información o denuncia sobre jueces alquilados que fallan según la tapa de los diarios o que tienen tarifadas las libertades.

Acusaciones muy graves si las hiciera cualquier ciudadano o cualquier periodista. Pero en boca de la Presidenta de la Nación adquieren una dimensión de irracionalidad autodestructiva porque erosiona su credibilidad.

Nadie cree que el radicalismo, Cobos, o los medios de comunicación intenten dar un golpe de estado. Nadie cree que la Corte Suprema quiera censurar a la Presidenta. Mas allá de cómo le suene a ella la palabra mesura según el diccionario tiene como sinónimos a cordura y sensatez.

El antónimo de mesura es desmesura. Y de eso se trata. De parar tanta desmesura que insiste en llevar a la Argentina a un conflicto de poderes que nadie quiere. Censura para nadie. Mesura para todos pero empezando desde lo mas alto del poder. Esa es la consigna.

Los Estados provinciales contra el Gobierno Nacional por la distribución de recursos

martes, 22 de diciembre de 2009

La oposición parlamentaria del Senado busca delimitarle las parcelas al gobierno nacional en materia de coparticipación y de reparto de recursos federales. Para ello, un grupo de senadores de distintos bloques pasará hoy por el despacho del presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, con el objeto de ofrecerse para participar en las causas que por los motivos referidos sean abordados por el Alto Tribunal.

Se trata de pedirle a Lorenzetti que los incorpore en calidad de “Amicus Curiae” (Amigos del Tribunal, en latín) en las causas iniciadas por los Estados provinciales contra la Nación por la distribución de recursos. Son cinco las que están en espera: Las iniciadas por las provincias de San Luis, Santa Fe, Catamarca, Córdoba y Corrientes.

De esa manera, los legisladores, en su condición de representantes de los intereses de sus provincias, podrán aportar informes, pruebas e iniciativas, cuando la Corte comience a tratar algunos de los asuntos en cuestión.

Los opositores consideran que puede reunir una cantidad de legisladores que ponga en aprietos al kirchnerismo en un tema tan sensible para el Gobierno en su relación con las provincias, como es el manejo de la "caja grande".

Los promotores de la movida –el jefe del bloque de senadores de la UCR, Gerardo Morales, y el referente del Inter-bloque Federal, Adolfo Rodríguez Saá– confían en sumar al menos 34 senadores del radicalismo, el Peronismo Federal y de representaciones unipersonales (como el socialista santafesino Rubén Giustiniani) y provinciales (como el renovador salteño Juan Agustín Pérez Alsina o el cordobés Luis Juez). Aunque, hasta ayer, eran 28 los legisladores que habían estampado la firma. La cita es a las 17.30 en el Palacio de Tribunales.

Además de los mencionados, se esperaba la presencia de los justicialistas disidentes Carlos Reutemann, Juan Carlos Romero, Hilda Duhalde y Carlos Menem, entre otros.

Los senadores le entregarán a Lorenzetti un documento con su pedido. El mismo fue elaborado, en una reunión realizada la semana pasada, por Morales y Rodríguez Saá, junto con los radicales José Cano (Tucumán) y Alfredo Martínez (Santa Cruz) y los peronistas Romero, Sonia Escudero (Salta) y Liliana Negre (San Luis). Y fueron asesorados por el diputado radical Ricardo Gil Lavedra (constitucionalista y ex integrante de la Cámara Federal que juzgó a las Juntas Militares).

Los que están bajo la mirada de oficialistas y opositores son los senadores peronistas por La Pampa, Carlos Verna y María de los Angeles Higonet, quienes según trascendidos harían una presentación similar pero por sus propios medios por motivos políticos.

De acuerdo con los artículos 116 y 117 de la Constitución Nacional, cuando una provincia tiene un litigio con el Estado Nacional por temas federales toda demanda debe iniciarse ante la Corte Suprema.

Fuente: Cronista.com

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