Cristina Kirchner consumó una de las defraudaciones políticas mas graves de su mandato

martes, 2 de marzo de 2010

Por Eduardo van der Kooy


Cristina Fernández de Kirchner consumó ayer una de las defraudaciones políticas mas graves de su mandato. Esa defraudación tuvo, de base, cuatro planos.


Derogó el DNU del Fondo del Bicentenario y lo reemplazó por un decreto simple y otro DNU de similares características al que desató la crisis de diciembre.

Dispuso la transferencia de los U$S6.500 millones de las reservas del Banco Central mientras pronunciaba el mensaje de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso. La cronología indica que el proceso de remisión de los fondos al Estado se cumplió entre las 12 hs y las 15hs. La Presidenta, con premeditación, dejó el anuncio para el final de su discurso que expiró cerca de las 13 hs.

Cristina Kirchner hizo en su discurso algunas invocaciones al diálogo, a la unidad social en el año del Bicentenario. Esas buenas intenciones sólo servían de camuflaje para el operativo político que el matrimonio Kirchner ya había puesto en marcha. Aquellas invocaciones fueron hechas delante de un plenario del Congreso donde el kirchnerismo tiene minoría. La mayoría, desde diciembre del año pasado, objetó el mecanismo de los DNU pero objetó, además, la utilización de las reservas para hacer frente a compromisos externos.

La Presidenta no se privó de casi nada. Se jactó de haber sido la mandataria que menos DNU firmó desde que fueron incorporados en 1994 en la reforma constitucional. Omitió otra jactancia: no hay registro en la historia parlamentaria de algún presidente que haya inaugurado las sesiones ordinarias anunciando la firma de dos decretos. La negación misma de lo que significa el Congreso como institución de la democracia.

En algún punto, la defraudación de Cristina asoció a amigos y adversarios. Desde la semana pasada, en Diputados y el Senado, legisladores kirchneristas venían negociando con la oposición la conversión del DNU ayer derogado en un proyecto de ley. Agustín Rossi, Miguel Pichetto y Nicolás Fernández tuvieron la autorización de Cristina. Tal vez, se trató sólo de un telón que ayudó a esconder la trama que se cocinaba en Olivos.

Esa negociación podía tener otros beneficiarios. Los gobernadores estaban interesados en el proyecto, para que una parte de los fondos del Central resultaran coparticipados con las provincias. Esos gobernadores deberán seguir dependiendo de los envíos discrecionales del Gobierno. Al menos esa es otra las las inocultables intenciones de los Kirchner.

Nadie sabe si el matrimonio evaluó las consecuencias que podría tener esta jugada. "Ustedes están locos", le descerrajó la diputada Vilma Ibarra en un cruce circunstancial con Carlos Zanini. El Secretario Legal y Técnico respondió con una mueca efímera. La peronista Graciela Camaño intercaló opiniones airadas desde su banca en medio del discurso, pero Cristina las desoyó.

La oposición --sus jefes de bloque-- decidió que en la sesión del jueves en Diputados buscarán tumbar el nuevo DNU. "Es de nulidad absoluta e insanable", opina Elisa Carrió. La diputada de la Coalición y Felipe Solá convinieron que si el oficialismo no habilita el tratamiento del tema en la Bicameral, de todos modos harían una sesión especial en el recinto. "Basta de Justicia. Es hora de mover el parlamento. Ya no estamos en receso", arengó el diputado del PJ Federal.

La Justicia tendría motivos de sobra para movilizarse por sí misma. El DNU de los Kirchner colocaría en los umbrales de un conflicto a los poderes Ejecutivo y Judicial. Los fallos de la jueza María José Sarmiento y de la Cámara sobre el DNU del Bicentenario fueron precisos: para usar las reservas del Banco Central hace falta un proyecto de ley. Para convalidar un DNU haría falta una urgencia ahora inexistente. Cristina esbozó una justificación al aludir a las derivaciones de la enorme crisis económica que atraviesa Grecia.

La Justicia pondrá la mira, además, en el procedimiento que siguió ayer el Banco Central. Desde Mercedes Marcó del Pont, su titular, hasta el directorio. Todos los directores, con excepción de uno, convalidaron la transferencia millonaria con dos decretos que no tenían publicación oficial y que no respetaron ninguno de los pasos previos obligados. Ni siquiera el informe técnico.

Para entender cómo el apuro envolvió una cantidad de anomalías, alcanzaría con recordar el trámite que siguió la transferencia del 2004, cuando el gobierno de Kirchner utilizó reservas para cancelar la deuda con el FMI. Entre la publicación de aquel DNU --que tuvo el soporte de un proyecto de ley-- y el envió de fondos pasaron 21 días corridos.

Quizás Marcó del Pont haya cumplido ayer su primer y último acto administrativo. Quizás haya estado al tanto de toda la estrategia cuando decidió asumir en lugar de Martín Redrado. La confirmación de Marcó del Pont como titular del Central está sujeta a la aprobación del pliego por parte del Senado.

Si la distribución de comisiones se hace mañana tal cual estaba prevista la semana anterior, el oficialismo tendrá la presidencia pero estará en minoría en la Comisión de Acuerdos. Ese filtro debe atravesar Marcó del Pont y dificilmente pueda hacerlo después de su conducta y de la burla política que los Kirchner cometieron con la oposición.

Cristina Kirchner habló en el Congreso otra vez, como le sucedió días pasados con Barack Obama, como una comentarista antes que como una Presidenta. Hizo denuncias gravísimas sobre jueces y sobre la Justicia. Dijo, entre muchas cosas, que hay jueces que cobran para liberar delincuentes. No dijo qué hizo ni qué hará para evitarlo.

No dijo tampoco si esa denuncia forma parte del país real o del país virtual, el latiguillo preferido de su largo discurso. Un latiguillo que pretendió ser molde político y que fue, de verdad, una muestra de sorprendente de chatura intelectual.

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