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Los Kirchner parecieran ser inoportunos para embarcarse en las grandes cruzadas

domingo, 9 de mayo de 2010

Por Eduardo van der Kooy



El matrimonio presidencial está inquieto con la Corte Suprema. Y con los empresarios que integran el nucleamiento más fuerte del sector. Buscan quebrarlo porque allí hay también empresas de comunicación. Esa es ahora la obsesión. La Unasur, apenas una vidriera.

Roberto Baratta es el subsecretario de Coordinación de Julio De Vido. Un hombre de confianza íntima del ministro de Planificación. Baratta fue el encargado de transmitir en la última semana severos mensajes de advertencia a importantes empresarios.

"O se van de allí o se olvidan de la obra pública. Ah!, también se tienen que olvidar de las deudas del Estado", conminó a un alto ejecutivo de un grupo empresario del interior. Al hacer su poco amigable pedido, invocó a Cristina Fernández, a Néstor Kirchner y al propio De Vido. ¿De dónde deberían irse esos empresarios? De la Asociación Empresaria Argentina (AEA), el nucleamiento de empresas más fuerte del país.

Baratta hizo sólo una parte de aquel trabajo intimidatorio. Otra parte corrió por cuenta de Guillermo Moreno. La división de tareas tiene explicación: el secretario de Comercio corre detrás de la suba de precios en alimentos y pasa horas del día hurgando historias y papeles en Papel Prensa; Baratta está sobresaltado por el rumbo que tomaron las denuncias sobre el pago de coimas en la relación comercial entre la Argentina y Venezuela. Tiene mucha injerencia en ese vínculo desde que estalló el escándalo de la valija de Guido Antonini Wilson y eyectó a Claudio Uberti del gobierno de los Kirchner.

Moreno y Baratta actuaron por expresa indicación del ex presidente. Kirchner se indignó al enterarse, días pasados, de una reunión que directivos de AEA mantuvieron con el titular de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti. Se trató de una cita abierta y comunicada por la propia entidad empresaria y por el Centro de Información Judicial. Que se realizó, además, en Tribunales. No hubo secretos; ni siquiera una especial discreción.

¿Por qué, entonces, tanta indignación del matrimonio? Es cierto que hace tiempo que dejaron de confiar en la Corte que ellos mismos remozaron. En el nucleamiento empresario no confiaron nunca. Pero habría que desmenuzar el grado de indignación real de otro ficticio. Los Kirchner terminaron transformando un encuentro importante pero formal -asistieron cinco empresarios de diferentes actividades- en un episodio de la política pública. Y lo pincelaron, como siempre suelen hacerlo, con un supuesto barniz conspirativo.

¿Por qué razón? Para que los jueces de la Corte tomen nota de que el kirchnerismo les derrama su respiración en la nuca. Para que los empresarios no logren aunarse en ninguna cadena solidaria. En AEA hay también empresas de comunicación. La gran inquietud de los Kirchner es qué hará la Corte ahora con una medida cautelar que elevó la Cámara Federal de Mendoza y que tiene suspendida la aplicación de la ley de medios.

Los Kirchner persiguen la ruptura de AEA porque sostienen que sus puntos de vista son los que reflejan, con exclusividad, los medios de comunicación no afines al Gobierno. Quebrada aquella unidad la batalla contra el periodismo resultaría, según ellos, más sencilla.

La idea de la lucha contra las corporaciones y los poderes económicos mancomuna el pensamiento de los Kirchner. Así la ejecutaron, con pésimos resultados, durante el conflicto con el campo. Pero en esta nueva trama podría descubrirse algún viejo sello de Cristina: la Presidenta siempre maquinó que para disciplinar a los poderes económicos había, primero, que enderezar a los principales medios de comunicación.

Los Kirchner parecieran ser inoportunos, sin embargo, para embarcarse en las grandes cruzadas. Desafiaron al campo en un momento de bajón, cuando había pasado el mejor esplendor. Eso generó una resistencia tenaz y una expansión social del conflicto. Embisten ahora contra los sectores empresarios cuando la economía, atada con hilos, podría sufrir con la onda expansiva de la crisis que golpea a la eurozona.

Esa crisis acaba de poner entre interrogantes el canje de la deuda que lanzó el Gobierno con el propósito de lograr algún financiamiento en los mercados internacionales. La oferta argentina es por demás generosa con los bonistas: un hándicap, sin dudas. Pero, aún así, requeriría de dosis de confianza para prosperar. No es la que transmiten las permanentes colisiones de los Kirchner en la política casera.

Aparte del canje, habría otras cuestiones a tener en cuenta. Dentro del pobre panorama de inversiones en la Argentina, las europeas son -junto a Brasil- las que tienen mayor preponderancia en la economía. El posible default de Grecia impactaría, sobre todo, en Gran Bretaña, Alemania e Italia, donde estaría la mitad de los tenedores de bonos griegos. Eso podría derivar en un proceso recesivo. El mismo que, por distintas razones, está atravesando España. Ese conjunto de posibilidades constituirían muy malas noticias para nuestro país.

Los Kirchner no muestran estar, ahora mismo, preocupados por todo eso. Los atrapa la disputa con los empresarios, el periodismo, la Justicia y la oposición. El enorme esfuerzo político y diplomático que hizo la pareja para encumbrar al ex presidente en la Unasur tampoco debe conducir a engaño: esa apuesta apunta a que Kirchner recobre un protagonismo público, fantaseando con el 2011, que su banca de diputados no le permite.

Al ex presidente le interesa poco la vida parlamentaria. Diputados está condenado a ser un escenario de muchas más derrotas que victorias para el kirchnerismo. Ello explicaría que Kirchner no haya querido perderse el festejo que significó la semana pasada la media sanción a la ley del matrimonio gay.

La Unasur parece haberse convertido, definitivamente, en una cuestión de política interna. Lo es para el matrimonio presidencial y también para la oposición. El reglamento del bloque regional establece de modo taxativo (artículo 10) que su secretario general no puede realizar otras actividades políticas. Kirchner es diputado, aunque podría pedir una licencia o renunciar. Es, además, jefe del peronismo, trono que nunca abandonará si pretendiera -como pretende- convertirse en el 2011 en candidato.

Los Kirchner deberían salvar esa contradicción con los doce miembros del bloque que lo respaldaron por consenso. Perú, Colombia y Chile fueron los que más retacearon, por esa razón, el apoyo. Brasil, el creador de la Unasur, también corcoveó con cautela. Sobre todo, porque Lula en estos años nunca logró descubrir algún entusiasmo del ex presidente en torno a la geopolítica regional. El remilgo de Uruguay, ya se sabe, respondió al largo e irresuelto conflicto por Botnia.

Pero suceden más cosas con aquella aparición internacional de Kirchner. La Argentina es, entre media docena, una de las naciones que no ratificó el tratado de creación de la Unasur. Es decir, ese bloque no existe todavía, formalmente, como tal. La ratificación debe provenir de las dos Cámaras: la clara minoría kirchnerista en Diputados representa una señal de alarma.

Superado ese obstáculo, podría sobrevenir otro: la licencia de Kirchner. No se trata sólo de números desfavorables. Aun en el caso de reunir una mayoría, tal vez con el respaldo de la centroizquierda, el ex presidente le temería a una discusión salvaje alrededor de su persona entre el oficialismo y la oposición. Si así fuera, se le podría consumir parte del crédito esforzado que obtuvo, al final, de los presidentes de la región.

La oposición, en su precariedad, intenta plantearle desafíos a los Kirchner que muchas veces quedan a mitad de camino. Aunque algún daño producen. Durante una discusión en Diputados sobre el canje de la deuda, Agustín Rossi, el jefe del bloque oficial, refutó críticas de Felipe Solá memorando el canje que había hecho  cuando era gobernador de Buenos Aires, en plena crisis.

Solá recogió el guante y reconoció tal acción. Pero se despachó con una anécdota que dejó perplejo al kirchnerismo. Contó que habló en ese momento (el 2005) con Kirchner por las dificultades que tenía para renegociar en los mercados externos una deuda de 2.900 millones de dólares. El entonces presidente aconsejó que el problema podía solucionarlo fácilmente con De Vido y con Uberti. Que esos funcionarios lo conectarían con Hugo Chávez.

La solución, al final, fue otra. Pero el relato de Solá repuso el problema de corrupción en la relación comercial con Venezuela que causa espanto aún en muchos kirchneristas. La comisión investigadora de Diputados se puso en marcha pero difícilmente prospere: la centroizquierda es reacia.

La oposición estaría urdiendo otro posible dolor de cabeza parlamentario para los Kirchner. Existiría inclinación en Diputados para introducir alguna modificación al proyecto del uso de reservas que, con holgura, el kirchnerismo dio media sanción en el Senado. Una modificación que obligaría al Gobierno a saldar previamente deudas con las provincias y que sería incluido en el mismo artículo que habilita el uso de reservas. Un incordio para el posible veto de Cristina.

La oposición está muy lejos todavía de delinear una alternativa de poder. Pero ha descubierto una fórmula para no perder vigencia: azuzar a los Kirchner y forzarlos a la transgresión. Una manera de distanciarlos más de la sociedad.

Un recurso al que apeló también Mauricio Macri, cuando se mostró víctima del matrimonio por la causa del espía que estimula siempre el juez Norberto Oyarbide.

Por primera vez se publican las pruebas de los oscuros negocios con Venezuela

Por Nelson Castro

El ex embajador en Caracas Eduardo Sadous y otros funcionarios alertaron sobre las irregularidades en el intercambio comercial. Por primera vez se publican las pruebas.


A medida que se conocen más datos del escándalo por el supuesto pago de coimas por la venta de productos desde la Argentina hacia Venezuela, la preocupación en ámbitos del Gobierno va en aumento. Es que esta operación, que está a la espera de un arrepentido que aporte su testimonio en la causa judicial, desnuda el esquema de corrupción sospechado en el gobierno del kirchnerismo.

Es un esquema que se centra, esencialmente, en el Ministerio de Planificación, ventanilla única por la que debían y deben pasar este y otros negocios. Sobre esto alguna vez alertó, en las postrimerías de su gestión como ministro de Economía, Roberto Lavagna. No es casualidad, entonces, que los tres episodios denunciados de corrupción más resonantes que afectan al Gobierno pasen por ahí. Los otros dos, hay que recordar, son Skanska y la valija conteniendo casi 800 mil dólares de Guido Alejandro Antonini Wilson.

En el sector de las empresas que fabrican maquinaria agrícola hay un verdadero revuelo. Están las que aceptaron firmar los acuerdos –una 39– para las que el negocio ha entrado en crisis. “No le habremos de vender una sola cosechadora más a Venezuela”, afirma el presidente de la Cámara Argentina de Fabricantes de Maquinaria Agrícola (Cafma), José María Alustiza.

Del otro lado están aquellas firmas que no aceptaron las presiones que recibieron desde el Ministerio de Planificación y que expresan un miedo monumental a contar lo que vivieron. Estos empresarios se indignan al escuchar a Julio De Vido desmentir esto y decir que “fue una opción de los empresarios contratar a Palmat”. “Nos llamaban directamente del Ministerio para pedir el 15%”, insisten.

De lo que se viene conociendo hasta aquí, es interesante el seguimiento del intercambio de cables desde la Embajada argentina en Venezuela, a cuyo cargo estaba Eduardo Sadous, y la Cancillería. El lector se encontrará aquí con las copias de partes de ellos. Lo primero que surge de este seguimiento es que hubo más de un cable relacionado con el problemático manejo que hacía Venezuela de los fondos de 93 millones de dólares del famoso fideicomiso.

Este dinero estaba destinado no sólo a la compra de maquinaria agrícola sino también de equipamiento médico fabricado por el Invap y otras empresas. Hubo en total seis cables referidos al respecto. El primero está fechado en Caracas el 19 de noviembre de 2004. En ese cable, escrito y tipeado por Alberto Alvarez Tufillo, se menciona que Pdvsa “ha utilizado ese dinero a pesar de estar prohibido su uso para otros fines que no sean los establecidos claramente en el contrato de fideicomiso. Actualmente la cuenta del fideicomiso (UBS Stanford-USA) tiene un saldo de cero”.

El segundo cable tiene fecha 22 de noviembre de 2004. El autor es otra vez Alberto Alvarez Tufillo. En él se menciona una reunión con Franklin Méndez, quien era el coordinador de los fondos fiduciarios de Pdvsa y representante de su principal accionista, el Ministerio de Energía y Minas de Venezuela.

En esa circunstancia los representantes de la Argentina expresaron su preocupación por la demora en la instrumentación del fideicomiso, hecho que estaba generando problemas a las empresas Invap, Medix y Philips por la falta de pago del 30% comprometido. Además, el envío cablegráfico consigna que la representación argentina planteó “el tema de la utilización o desvío de los fondos pagados por Argentina (Cammesa) realizado por la Tesorería de Pdvsa, violando lo establecido en el objeto del fondo fiduciario”.

El tercer cable está datado en Caracas el 1º de diciembre de 2004.

Lo tipea Alberto Alvarez Tufillo y lo firma el embajador Sadous. Allí se hace mención a la suspensión de una entrevista entre Franklin Méndez y la representación argentina a fin de dar respuesta a los reclamos de nuestro país.

Se expresa asimismo que tanto la Embajada como las autoridades del Ministerio de Salud de Venezuela “coinciden en que la suspensión de la reunión se debería a una falta de respuesta concreta a los 4 puntos antes citados”. Esos puntos tenían que ver, esencialmente, con la falta de pago de los correspondientes anticipos a Invap, Medix y Philips así como también al incumplimiento de la comprometida restitución del dinero del fideicomiso. El cable finaliza con un pedido de instrucciones a la Cancillería de nuestro país.

La respuesta de la Cancillería es despachada desde Buenos Aires el 2 de diciembre de 2004 a través de un cable confidencial firmado por el subsecretario de Integración Económica de América y el Mercosur, Eduardo Alberto Sigal. Allí se lee lo siguiente: “Se solicita al señor embajador realice las gestiones pertinentes al más alto nivel posible en el gobierno venezolano, manifestando preocupación por lo sucedido y solicitando la restitución de los fondos al fideicomiso y su aplicación a los fines previstos en el acuerdo integral de cooperación suscripto el 6 de abril pasado”. Junto con esto, el cable consigna una citación al embajador de Venezuela en Buenos Aires para informarlo de todo estos avatares.

El 7 de diciembre de 2004, a las 13.57, sale despachado otro cable desde la Embajada en Venezuela. En él se describe la reunión llevada a cabo en la sede diplomática ese mismo día 7 entre representantes argentinos y el licenciado Franklin Méndez y su equipo. El objetivo de la reunión fue analizar la situación del fideicomiso y lograr una mejor relación futura entre las partes, “hecho que hasta el momento no ha sucedido”.

El primer punto tratado fue el del dinero del fondo fiduciario, “tema sobre el que el licenciado Méndez se comprometió en un período máximo de 15 días a transferir la totalidad de los fondos existentes en la tesorería de Pdvsa/Caracas –y en bolívares– a la cuenta original en dólares en el banco UBS, sucursal New York”.

El cable cierra con una preocupación del embajador Sadous por ese período de 15 días pedido por el licenciado Méndez para cumplir su promesa, por lo que solicita la intervención del entonces presidente Néstor Kirchner ante el presidente Chávez para “acelerar los tiempos ante la proximidad de las fiestas de fin de año y la tradicional inactividad en Venezuela hasta el 15 de enero”.

Finalmente, llegamos al “famoso” cable del 26 de enero de 2005, tipeado por Alberto Alvarez Tufillo y firmado por el embajador Sadous, en el que se enumeran una serie de irregularidades y problemas en la implementación del fideicomiso.

Se expresa allí que el contrato de provisión de equipos de medicina nuclear e incubadoras, firmado por el ministro de Salud de Venezuela, Roger Capella, en un acto al que, junto al embajador Sadous, asistió Claudio Uberti “en su carácter de representante personal del ministro Julio De Vido”, era considerado “nulo”. Por otra parte, se señala que el dinero del fondo fiduciario aún no había sido repuesto, así como también se hace mención a la demora de importaciones de carne vacuna.

Sadous cierra el cable diciendo que “los intereses económicos preexistentes (General Electric), la corrupción de los niveles medios y altos (uso de fondos del fideicomiso) y otros factores están afectados seriamente los intereses argentinos, razón por la cual se considera necesario un planteo serio y preciso ante el presidente Hugo Chávez en su visita a esa (Buenos Aires), como única forma de destrabar y regularizar el tema fideicomiso”.

La historia dice que la plata del fideicomiso terminó reponiéndose, con una ganancia de 13 millones de dólares para quienes desde el gobierno de Chávez llevaron adelante la operación.

La historia también dice que, tras este episodio, Eduardo Sadous fue relevado de su cargo de embajador en Caracas. Lo que esta historia de corrupción aún no tiene es un arrepentido. Habrá que aguardar

Julio de Vido autorizaba cada cobro a las empresas

martes, 4 de mayo de 2010

Por Silvia Naishtat

El ministerio de Planificación autorizaba cada cobro a las empresas. Así, lo señalaron fuentes empresariales y diplomáticas. Para poder vender, las firmas ya habían tenido que contratar a una comercializadora que les cobraba 15%.


Como sucedía con el Muro de Berlín, Caracas está dividida hasta geográficamente entre los simpatizantes de Hugo Chávez y sus opositores. El ministro Julio de Vido lo sabe bien, ya que en sus múltiples viajes solo se alojó una vez en la residencia de la embajada argentina. Después, optó por el hotel Melliá ubicado en Sabana Grande, la zona oeste, más pobre, con fama de insegura y poblada por los defensores del gobierno. A De Vido lo acompañaban el ex titular de las Concesiones Viales, Claudio Uberti, su secretaria Victoria Bereziuk, el ex presidente del INTA, Carlos Cheppi, y José María Olazagasti, el Jefe de Ceremonial.

Un juez ahora investiga los 18 viajes de Uberti a Caracas. Y en el expediente que sigue el juez federal Julián Ercolini, hay otra revelación sobre la modalidad de los negocios con Venezuela. Así, según fuentes empresarias, judiciales y diplomáticas, el ministerio de Planificación era quien definía, imputaba o autorizaba los pagos por las exportaciones de empresas argentinas a Caracas.

Todo comenzó con la creación de un fondo fiduciario en 2004 y funcionaba con el dinero que se le pagaba a Venezuela por la compra de petróleo a PDVSA. En cada operación Cammesa (Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico) depositaba en la cuenta del Bandes venezolano en Nueva York. Con ese dinero, PDVSA adquiría productos a firmas argentinas. Para poder exportar esas compañías tenían que contratar a la trade Palmat que les cobraba un exagerado 15%, cuando lo habitual es 4%. Y para poder cobrar, dependían de la decisión del ministerio de Planificación.

El mecanismo era legal pero el ministro definía cuándo cobraba cada empresa y "eso permitía arbitrariedades", señaló un industrial. Por este sistema se vendieron desde ascensores a tractores.

El fideicomiso había nacido con las mejores intenciones, como una manera de recuperar el dinero que se pagaba por el gasoil. El padre de la idea fue Martín Redrado, por entonces vice canciller económico. Redrado se alejó del tema cuando fue designado presidente del Banco Central.

Cuando comenzó esta operatoria Eduardo Sadous era embajador en Caracas. Pero quien se encargaba de llevar la agenda de De Vido y seguir las relaciones comerciales era el número tres de la representación diplomática, el consejero comercial Alberto Alvarez Tufillo. Con el paso del tiempo, Alvarez Tufillo se convirtió en un eslabón clave que perduró durante la gestión de Nilda Garré, sucesora de Sadous. Y fue expulsado a Buenos Aires por la actual embajadora Alicia Castro.

Hay otras piezas que encajan en esa especial relación comercial: Roberto Wellisch, cara visible de Palmat, fuerte jugador en la compra-venta de aluminio y hombre de la cerealera Glencore, ligada al polémico Marc Rich, condenado por evasor e indultado por Bill Clinton en EE,UU. También, José Ernesto Rodríguez, de Madero trading, que participaba en las exportaciones y actuaba en nombre de empresas argentinas, entre ellas Impsa de Pecarmona.

En las declaraciones que llegaron a la justicia, consta que el empresario Eduardo Cavanagh fue el primero en tirar la piedra. Le comentó a Sadous que había quedado afuera de la exportación de 1.000 vaquillonas a Venezuela. Cavanagh habría dicho que el ex secretario de Agricultura, Javier de Urquiza, lo desplazó. Sadous le pidió un informe por escrito, pero Cavanagh se arrepintió.

En enero de 2005 un cable secreto enviado por Sadous con el título Grave situación, advierte que faltan US$ 90 millones del fideicomiso. Salieron de Nueva York volvieron a Venezuela, se vendieron en el mercado negro del dólar, se recompraron en el oficial y alguien se quedó con US$ 13 millones de diferencia, informó.

Tras el cable, Sadous se enteró de su despido por los diarios, lo mismo que su jefe, el entonces canciller Bielsa.

Es curioso. De Vido ha dicho que Sadous era anfitrión de golpistas en Venezuela. Pero su despedida estuvo repleta de reconocimiento por parte del gobierno de Chávez. Le otorgaron la orden Francisco de Miranda, que se entrega excepcionalmente y a embajadores con más de tres años en el cargo, un tiempo que Sadous no completó. Y al cóctel que le organizó el embajador de Marruecos asistió el entonces canciller Ali Rodríguez Araque, actual ministro de Finanzas.

La carta de Bielsa demuestra que Kirchner no podía ignorar lo que pasaba

Por Luis Majul

Para dejar documentado que no era parte de ningún negocio turbio con Venezuela, el entonces canciller Rafael Bielsa lo avisó por escrito en una carta que le envió al presidente de la Nación. La carta podría transformarse en una prueba que podría complicar a Néstor Kirchner, porque demostraría que el ex presidente estaba al tanto de los hechos de corrupción que en su momento denunció el ex embajador argentino en Venezuela, Eduardo Sadous.


Bielsa entró con la carta en la mano al despacho presidencial para explicar a Kirchner lo que horas antes Sadous había denunciado a través de un cable diplomático, con el nombre CAEVENE número 10.097, fechado el 25 de enero de 2005: que habían desaparecido ilegalmente 91.300.000 dólares de la cuenta del fideicomiso en Nueva York; que alguien los había ingresado a Venezuela; que había hecho una diferencia de 13 millones de dólares en el mercado paralelo y que lo habían devuelto al banco una vez que Sadous constató “la desaparición”.

El recurso de la carta no es inocente. Bielsa lo usaba cuando quería dejar expresa constancia de su papel en los asuntos más delicados. De hecho, el ex canciller le envió a Kirchner 170 misivas manuscritas que todavía guarda entre sus papeles como un preciado tesoro. Una de las últimas y las más críticas es de diciembre de 2007. Cristina Fernández acababa de ganar las elecciones presidenciales con el 47 por ciento de los votos. La carta empieza así:

“Néstor:

Los de esta elección son votos urgentes. Cuando la gente pone los votos de manera urgente, los retira igual: más urgente todavía”.

Todas las cartas que Bielsa le mandó a Kirchner tienen el sello de la mesa de entradas de la Casa de Gobierno, prueba irrefutable de que alguien las recibió:

–Para que quede constancia. Para que el día de mañana nadie pueda decir que yo no avisé– le explicó Bielsa a un amigo de toda la vida.

Después de entrar con la carta en la mano, el entonces canciller se lo dijo claramente a su jefe:

–Néstor: el embajador de Venezuela cree que se trata de una seria irregularidad.

El Presidente lo escuchó, no se pronunció, pero lo mandó a ver al ministro de Planificación, Julio De Vido.

Entonces De Vido, tal vez avisado por Kirchner, se atajó, y ensayó ante el canciller la primera hipótesis:

–Es probable que haya sido un error, producto de nuestra inexperiencia. No te olvides: es el primer fideicomiso que hicimos. Dame unas horas y volvemos a conversar.

Bielsa no se quedó quieto. Llamó al embajador de Venezuela en Argentina. Este lo tranquilizó con un argumento idéntico al de De Vido:

–Rafael querido. La plata desapareció, pero apareció de nuevo. Acá no hay corrupción, sólo inexperiencia. Ahora no falta nada más: el fideicomiso está completo.

Después del cable, Sadous fue desplazado de la embajada en Venezuela. Ahora el fiscal Gerardo Pollicita y el juez Julián Ercolini podrían citar a declarar a Bielsa para que confirme su reunión con Kirchner y De Vido y ratifique la existencia de la carta al Presidente.

El escándalo de los negocios con Venezuela creció en intensidad desde el 26 de abril pasado, cuando Pollicita y Ercolini le tomaron declaración testimonial a Sadous y le preguntaron si era cierto un diálogo que aparece en El Dueño, en el que el agregado comercial de la embajada, Alberto Alvarez Tufillo, le traslada una pregunta de empresarios argentinos, quienes deseaban saber “con quién había que arreglar” para destrabar los contratos.

La carta de Bielsa a Kirchner demuestra que el Presidente no podía ignorar lo que estaba pasando.

Los Kirchner, sinsabores por las coimas en Venzuela y sabores locales

domingo, 2 de mayo de 2010

Por Nelson Castro


"A este caso le hace falta un arrepentido.” Esta fue la frase con la que el ex defensor del Pueblo de la Nación Eduardo Mondino graficó la clave de la que puede depender el futuro de la causa abierta por el presunto pago de coimas para la venta de maquinaria agrícola de la Argentina a Venezuela.


El contundente testimonio del ex embajador argentino en Caracas Eduardo Sadous conmocionó al Gobierno, que puso a funcionar todo su aparato a fin de desmentir lo expresado por el diplomático.

Por eso fue que el mismísimo ministro de Planificación, Julio De Vido, salió a negar y a amenazar con cartas documento a quienes hablaron del tema e implicaron directamente a su ministerio.

Junto con esto hubo una maniobra informativa buscando desacreditar al embajador, atribuyéndole una relación de afinidad con sectores del antichavismo y hasta alguna conexión con el fallido golpe de Estado del 9 de abril de 2002, que intentó desplazar a Hugo Chávez del poder.

Sobre esto mismo insistió De Vido el viernes pasado. Los dichos del ministro, quien equivocadamente se refirió al golpe de Estado “de 2001”, fueron demolidos por la fuerza de los hechos, ya que Sadous fue destinado a Caracas varios meses después de ocurrida la citada asonada y su relación con el gobierno de Venezuela fue muy buena.

Tan buena fue que, insólitamente y contra los usos de estilo, el embajador fue condecorado por Hugo Chávez cuando el entonces presidente Néstor Kirchner decidió removerlo de apuro. La causa de esa remoción fue la denuncia que hizo Sadous acerca del faltante de dinero en el fideicomiso que fondeó las operaciones comerciales hoy bajo investigación.

El fiscal de la causa, Gerardo Pollicita, está trabajando intensamente en la búsqueda de pruebas que den sustento a la acusación. “La estructura jurídica de toda la operación es fuerte”, reconoce alguien que viene siguiendo el caso desde hace algún tiempo.

Una de las búsquedas tiene que ver con uno de los nombres que dio el Dr. Sadous. Se trata de Eduardo Kavana. En las horas posteriores a conocerse la denuncia del embajador, salió a hablar por varios medios un ganadero de nombre Eduardo Cabana desmintiendo su participación en los hechos de marras. Tanto Sadous como Pollicita saben que este Cabana no es el Kavana mencionado en la causa.

Otro de los testimonios que el fiscal está buscando es el del embajador Adrián Nador, quien, como ya se señaló en esta columna, tuvo a su cargo la coordinación del grupo de exportadores de la Cancillería, cargo del que, con insistencia, pidió ser removido ante las presiones que recibía de diversos sectores del Gobierno vinculados con el Ministerio de Planificación.

En estos días, hablar con el embajador Nador se ha transformado en un imposible. En los pasillos del Ministerio de Relaciones Exteriores el temor a decir algo conectado con el tema se palpa a cada paso. “El clima está muy espeso. Ni siquiera nos animamos a hablar en off. Por favor no llame más”, es la respuesta que se escucha de integrantes del cuerpo diplomático.

Por su parte, las autoridades de la Cámara de Maquinaria Agrícola han salido a desmentir la denuncia. “Este 15% era una comisión que se pagaba voluntariamente como parte del costo de la operación”, expresó el presidente de la Cámara, José María Alustiza. Sin embargo, desde el mismo sector, y también en estricto y desesperado off, quienes no aceptaron pagar la comisión coinciden: “Llamaban desde el Ministerio de Planificación y pedían el 15%, sí o sí. El que no pagaba se quedaba afuera”, afirma con indignación alguien que no pagó.

Una fuente que conoce bien todo lo que pasaba por ese tiempo narra con detalle este dato anecdótico: “Claudio Uberti viajaba a Caracas más o menos dos veces por mes. En los primeros viajes lucía ropa bien barata. En los sucesivos viajes las cosas fueron cambiando. A la ropa barata le siguieron prendas de confección y el infaltable Rolex. Cuando el que viajaba era De Vido, el mal trato al que era sometido Uberti era notable”.

La mismísima Alicia Castro, ya como embajadora en Caracas, aspiró a poner bajo su égida el control de todas las operaciones comerciales entre los dos países. Fracasó rotundamente.

En medio del sinsabor, la semana le deparó al Gobierno dos victorias: una fue la de hacer fracasar la sesión de la Cámara de Diputados en la que se iban a tratar la modificación de la Ley del Cheque y la Ley de Matrimonio Homosexual; la otra fue la sentencia de la Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo obligando a Julio Cobos a reponer a la senadora Beatriz Rojkes de Alperovich en la Comisión Bicameral de Seguimiento de los Decretos de Necesidad y Urgencia.

Dos reflexiones al respecto de estos hechos: en el primer caso, gran parte de la responsabilidad es de la oposición, que sigue empeñada en fragmentarse y debilitarse cada vez más. Es, al fin y al cabo, una disputa por la nada que el Gobierno aprovecha con precisión y contundencia. La consecuencia peor de todo esto es el desprestigio institucional que afecta al Congreso. En el segundo caso, es notable corroborar que cada vez que la Justicia falla a su favor, a la Presidenta no se la escucha hablar del “Partido Judicial”. Eso se aplica sólo cuando los jueces dictaminan contrariando sus deseos.

A propósito de causas judiciales, un frente de tormenta se avecina sobre la administración de Mauricio Macri y sobre él mismo en relación con la causa por las escuchas En su entorno están convencidos de que el juez Norberto Oyarbide lo procesará al igual que al ministro de Seguridad Guillermo Montenegro y a su ex colega de Educación Mariano Narodowski. “Macri está muy tranquilo. Al juez nadie le cree”, comentan alegremente y con sorprendente calma en su entorno.

En cambio, desde el mismo PRO, hay muchos que ven las cosas diferentes y afirman no sólo que “en esta causa Mauricio no tiene idea de dónde está parado” sino que también son críticos de su gestión. Unos y otros recuerdan cómo y cuánto le insistieron al jefe de Gobierno para que retirara la designación del comisario Jorge “Fino” Palacios al frente de la Policía Metropolitana.

“A Palacios le atribuían una fuerte disputa con sectores de la Federal por el negocio de las escuchas”, confiesa alguien que presenció algunas de las reuniones en las que se hablaba del tema. “La Federal nos va a tirar un muerto”, se escuchó en varios de esos encuentros. Nadie imaginó que sería Ciro James.

En las cercanías de Macri creen que van a poder manejar los efectos políticos colaterales del eventual procesamiento del juez Oyarbide. Lo que nadie quiere ni se atreve a pensar es qué pasará si el fallo de Oyarbide es confirmado por la Cámara de Apelaciones. La respuesta, sin embargo, es simple: la permanencia del jefe de Gobierno en su cargo sería insostenible.