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Cualquier análisis sobre cuánto influirá la fiesta del Bicentenario en una lejana elección es absurdo

viernes, 28 de mayo de 2010

Por Ernesto Tenembaum

Se ha dicho que:

Cristina es supersectaria porque no fue al Teatro Colón.

Cristina es superabierta porque su gobierno organizó un festejo donde hubo lugar para todos y cada uno, más allá de cualquier idea política.


El pueblo manifestó masivamente su apoyo al acto del Gobierno. Así, textualmente se dijo.

El pueblo se manifestó masivamente porque era gratis, porque es patriota, aunque esté en contra del Gobierno.

El pueblo se manifestó masivamente con lo que demuestra que, masivamente, no odia al Gobierno.


Se ha afirmado también que:

Alguna vez está bien que tiremos la casa por la ventana para celebrar algo.

Se gastó plata que debería haber ido para los chicos pobres.

Kirchner tiene ahora el camino completamente liberado para ser reelecto el año que viene.

Asistimos al fin de la fiesta kirchnerista –así se dijo–, al ocaso de un período, la gente en la calle expresa una corriente subterránea que va en contra de este gobierno.

El Gobierno está a solo cuatro puntitos de ganar sin ballottage.

El Gobierno ha muerto y aún no se dio cuenta.

Se ha sostenido:

Que en la calle estaba el pueblo y en el Colón la oligarquía.

Que en la Casa Rosada estaban los sectarios y en el Colón los tolerantes, el germen de una nueva Argentina.

Que el Gobierno es el gran beneficiado porque ahora lo empezarán a querer aun aquellos que se le resisten.

Que todo demuestra lo equivocados que están los grandes medios al transmitir una imagen oscura del país.

Que el gran beneficiado es Mauricio Macri porque el Gobierno lo acaba de elegir como el gran opositor y, si se polariza la elección, aumentan notablemente sus chances.

Que la Iglesia, je, llama a la reconciliación nacional.

Que Macri, je, llama a la reconciliación nacional.

Que Cristina, je, llama a la reconciliación nacional.

Se ha argumentado que:

En el Bicentenario, le pese a quien le pese, estamos mejor que en el Centenario.

El Gobierno no entiende nada sobre el clima de consenso que le pide la gente.

Es ridículo que Ricardo Fort fuera invitado al Colón.

Sólo un pueblo que está feliz celebra como lo hizo en estos días.

Sólo la tristeza de un pueblo explica semejante explosión de alegría.

No hay mucho para agregar a tantos intentos por interpretar lo que acabamos de vivir todos. Seguramente, cada uno tendrá un poco de razón, como siempre sucede. Pero quizá sea oportuno decir –desde una mirada política en extremo cuidadosa– que el Gobierno logró sintonizar con la sociedad en la manera en que convocó a los festejos centrales y no hizo un solo gesto que sectarizara la celebración popular: ni en la elección de los artistas, ni en la movilización de militantes, ni en la colocación de banderas.

Que el Gobierno entendió mejor que muchísima gente –entre ellos, el que suscribe– la importancia de la fecha y le dio la trascendencia que merecía. Y que desplegó una gran imaginación y capacidad organizativa.

Cualquier análisis sobre cuánto influirá todo eso en una lejana elección es absurdo. Pero si esa sintonía se repite varias veces –sobre todo por parte de un sector político que, por decirlo suavemente, no estuvo muy preciso al respecto en los últimos dos años–, el Gobierno, los Kirchner, al ser mejor que sí mismos, van a forzar a la oposición en la misma dirección, porque ya no alcanzará con favorecerse por los errores ajenos.

Desde una mirada social en extremo cuidadosa, sería bueno que algunos sociólogos, o filósofos, o estudiosos del alma humana, nos explicaran a los que no sabemos nada cuál es la extraña relación entre los argentinos y lo que se da en llamar Patria. ¿Qué es lo que hizo que la transmisión que más midiera en Canal 7 fuera nada más y nada menos que el desfile militar del sábado al mediodía? ¿Por qué los doscientos años de la constitución de la Primera Junta de gobierno convocan a más gente que cualquier causa social, política, religiosa o –más aún– futbolística?

Desde una mirada artística en extremo cuidadosa: ¡qué maravilla ha hecho la gente de Fuerza Bruta y qué audaz la decisión de elegirlos a ellos por parte de los funcionarios!

Y finalmente, desde una mirada humana, extremadamente cuidadosa, quizá quepa agregar que fue muy refrescante ver bailar a la Presidenta de la Nación al ritmo de las maravillas del grupo Fuerza Bruta.

Se la veía realmente feliz y relajada.

Por momentos a uno se le ocurre que su gobierno hubiera sido mucho mejor –más tranquilo, exitoso, constructivo, popular– con un poco más de pasos de baile como los del 25 de mayo.
No hay tantos enemigos ni tanta gente que odie.

Se puede bailar y disfrutar un poco.

Relajarse.

Doscientos años después lo hemos descubierto.

Reacciones diversas en torno a los festejos por el Bicentenario

Por Gustavo Sylvestre

La movilización popular en torno a los festejos por el Bicentenario de la Revolución de Mayo, sorprendió a la dirigencia política de nuestro país. Una vez más, la gente se mantuvo al margen de peleas estériles, de discusiones sin sentido, de agresiones inútiles. Participó activamente, acompañó sin banderías políticas y evitó en todo momento cualquier significación política con su presencia.


Mientras caminaba el lunes por la noche hacia el teatro Colón, el senador Carlos Reutemann, con su estilo campechano y su fino olfato de los humores de la gente, les comentaba a ocasionales acompañantes: “Hay que estar atentos a estos mensajes que nos deja la sociedad con esta participación increíble en la calle”.

Desde otro sector, Federico Pinedo, opinaba: “Ha sido espectacular, es como que la gente se tomó venganza de todos y salió a la calle a manifestar su alegría”.

El Gobierno organizó todos los actos en el mayor de los secretos. Y sorprendió. Más allá del lamentable cruce entre el gobierno porteño y el nacional, con la ausencia de la Presidenta en un Teatro que nos pertenece a todos, los dirigentes de la oposición actuaron frente a los actos programados por el oficialismo con sorpresa, en algunos casos por la masiva participación popular y cautela frente a las invitaciones a participar del Tedéum y actos en la Rosada.

Muchos dirigentes de la oposición no fueron al Tedeum por temor a “quedar pegados” al oficialismo. En otros casos, como se sabe, no fueron invitados. Sólo Ricardo Alfonsín; Federico Pinedo y el senador Juan Carlos Marino cumplieron con sus roles institucionales y asistieron a la Rosada.

Los dirigentes de la oposición prefirieron refugiarse en el Tedeum porteño que luego de la advertencia previa del Cardenal Bergoglio de que no era un acto político hizo desistir a muchos. También hay que decir que el cardenal ya no tiene en la oposición el predicamento que tenía años atrás; viene soportando una fuerte interna de los sectores más conservadores de la Iglesia, hace años que no dialoga con la líder del ARI, Elisa Carrió y sus buenos vínculo con el macrismo están más que fríos, desde que Macri acompañó en la Ciudad el casamiento entre personas del mismo sexo.

El otro lugar para el refugio político fue el Teatro Colón de la mano de Mauricio Macri.

En el largo intervalo que se dio en la función de gala del lunes, fueron interesantes los diálogos que se dieron entre los dirigentes opositores que compartían una copa de champagne o un canapé. “El oficialismo tiene las dos ‘s’ a su favor: soja y suerte” reflexionaba un notable senador de la oposición con destino político incierto. “No hay que subestimar a Kirchner y muchos de mis colegas lo han hecho y así ha crecido”, completaba.

Una diputada de la Coalición Cívica anticipaba: “Tenemos que salir de la parálisis en la que estamos, hay que actuar y producir dos o tres hechos que impacten políticamente”, al tiempo que le consultaba a otro colega, “¿qué pasa con el proyecto de reforma del Consejo de la Magistratura que no avanza?”. “Es que no tenemos los votos de la izquierda aún”, fue la lacónica respuesta.

Otros fueron más críticos para con ellos mismos: “hemos equivocado la estrategia política y mediática... encima los radicales se meten en una pelea interna en la Provincia de Buenos Aires que desgasta mucho a Cobos... estamos dispersos”.

Otros fueron más sinceros: “Algunos hemos optado por guardarnos por un tiempo para preservarnos, se han cometido algunos errores que hay que enmendar, nos hemos ido de pico y lo hemos pagado caro”, decía un senador radical con voz cantante en el Senado, “desaparecido” de los medios desde hace un tiempo, después de haber cometido algunos “papelones” -según sus colegas- en el Senado.

La foto del palco del Colón fue la del Vicepresidente Julio Cobos al lado del gobernador Hermes Binner. Tal vez un anticipo de una fórmula presidencial que podría darse el año próximo si prosperan las discretas negociaciones políticas que ya han comenzado y que también tienen a la Provincia de Santa Fe en el centro de las mismas. Allí Binner no puede ir por la reelección y los radicales, en alianza actual con él en esa provincia, quieren poner el candidato a gobernador para el año próximo.

Si bien el kirchnerismo evitó en todo momento politizar los festejos del Bicentenario, se descuenta que a partir de ahora exaltará todo lo registrado a nivel popular e insistirá con estos tipos de actos multitudinarios de aquí a la finalización del año.

Seguirían los consejos de algunos intelectuales que el verdadero debate es con el macrismo. “Ellos se quedan con un acto elitista en el Colón... en cambio nosotros demostramos que podemos hacer actos multitudinarios y también el Colón, lo nuestro es inclusivo mientras que lo de ellos es exclusivo”, adelantó como parte de ese debate el Secretario de Cultura, Jorge Coscia.

Desde hace tiempo que Kirchner expresa en privado que el ballotage será con Mauricio Macri y que por eso hay que adelantar ese debate. Por su lado Macri, en privado, sueña con lo mismo.

El fenómeno popular abrió un mundo de preguntas que acaso proyecte al líder que encuentre las respuestas

jueves, 27 de mayo de 2010

Por Ignacio Fidanza

Nadie puede negarle a los Kirchner la capacidad para reconstruir lo que ellos mismos destruyen. Estuvieron muy cerca de arruinar su rol en los festejos del Bicentenario con una pelea de conventillo con el jefe de Gobierno porteño, y sobre el final coronaron un cierre espectacular que tuvo el beneficio adicional, para una pareja que se dice peronista, de la aplastante masividad.


¿Son los Kirchner los depositarios directos del afecto de la gente que por millones se volcó a las calles? Es una pregunta para sociólogos, pero lo cierto es que si la fiesta salía mal iban a ser los responsables. De manera que aunque sea por omisión, fueron beneficiarios de la alegría de la gente. Negarlo sería tan tozudo como no reconocer que no le sumó nada a la Presidenta el faltazo al Colón, que le regaló la tapa de los diarios del 25 de Mayo a Macri.

Pero acaso lo que parece una torpeza sea una estrategia. Pensándolo bien, no les vendría nada mal a los Kirchner polarizar la disputa política con el jefe de Gobierno. La famosa pelea de “modelos” difícilmente quede más clara que en una contraposición de Macri y los Kirchner, por estética, historia personal y hasta por algún dejo de ideología, o al menos de identidad política.

Porque si hubo dos ganadores políticos de estos largos festejos, sin duda fueron los Kirchner y Macri. Fue notable el segundo plano en el que quedó ubicado Julio Cobos –insólitamente apañado en Mendoza por el gobernador peronista con peor imagen del país-. Así como la virtual desaparición de la escena pública de Eduardo Duhalde, Ricardo Alfonsín y Elisa Carrió, los otros candidatos que hoy despuntan para pelear la Presidencia.

Macri, como todos los opositores, tiene que librar dos peleas simultáneas. La primera por despegar de ese lote heterogéneo que se engloba bajo la palabra “oposición” y la segunda contra los Kirchner. Una es función de la otra y el matrimonio presidencial en los últimos días no ahorró esfuerzos por posicionarlo como “él” contrincante.

El poder de la gestión

Es verdad, que de todos los presidenciables de la oposición, Macri es el único que administra un gobierno grande y con amplia visibilidad. Y el gobierno es un lastre, pero también un trampolín. Quedó claro en este Bicentenario que sólo desde el manejo del Estado se pueden dar ciertas peleas.

Macri deslumbró con el Teatro Colón y los Kirchner, agazapados, sorprendieron con un final vanguardista y a tono con los mejores shows del mundo, que tenían cuidadosamente escondido. La Presidenta perdió cuando intentó contraponer el inconcluso Palacio del Correo al Colón –algo debe querer decir de la decadencia nacional que este Bicentenario se festeje reinagurando dos edificios de más de 100 años-.

Pero ganó cuando se plegó a los gustos populares sin pretensiones. Había que verla bailando –y con mucha gracia- en el palco, para terminar de entender la densidad del daño político que los Kirchner se hacen a si mismos. Esa imagen cálida, suelta, humana, cae tan bien, como espantan los giros destemplados y la impostura al estilo Evita, que ciertamente suenan fuera de época. Vivimos una época de épicas módicas y para bien o mal, ya nadie piensa en dar la vida por un político.

O si se quiere el escenario político es de una volatilidad que obliga a reescribir la historia cada mañana. Los ganadores de hoy son los derrotados de mañana. Acaso esto revele la dificultad para auscultar las razones profundas del humor popular. Preguntas para estudiosos de la opinión pública: ¿Qué festejó la gente en el Bicentenario? ¿La recuperación económica luego del bajón del 2008/2009? ¿Fue un desahogo y un rechazo ante tanta pelea cruzada? ¿Simple alegría de ser argentinos?

El fenómeno popular de ayer, abrió un mundo de preguntas que acaso proyecte al líder que encuentre las respuestas y logre sintetizar ese entusiasmo.

Parecería que por más que Macri y los Kirchner intenten arrogarse esa representación, la gente camina por un sendero paralelo a la política. Castigó a Kirchner en el 2009, luego tomo distancia del ganador Francisco de Narváez, tal vez por sus veleidades y zigzagueos, y este Bicentenario disfrutó sin prejuicios el espectáculo público del Colón y los festejos que organizó la Casa Rosada.

Sin embargo, la alegría que ayer se expresó en las calles, acaso si revela que no prevalece en el ánimo general una visión apocalíptica del futuro inmediato. Eso es bueno para el Gobierno, pero también es bueno para líderes como Macri y Cobos, que se han esforzado por proyectar una imagen de moderación, de crecimiento sobre lo conseguido.

El enemigo ideal

Ahora, asumiendo que en todo el sainete del Bicentenario no hubo torpeza sino una deliberada acción política de los Kirchner para posicionar a Macri, la pregunta obligada es: ¿Para qué esforzarse en unir la representación opositora?

Si se parte de la hipótesis de Kirchner, que es ganar en primera vuelta con 40 puntos, una lógica posible es que busque la polarización para conseguir perforar el techo del 30 por ciento que hoy desvela al gobierno. En un escenario de ese tipo, lo natural es que suban ambos contendientes y como primera minoría, Kirchner estaría mas cerca de alcanzar los soñados 40 puntos.

Si por el contrario, la propuesta opositora para la primera vuelta se mantuviera atomizada, podría ocurrir como en el 2003, en el que ningún candidato superó el 25 por ciento. Ese es el escenario que a toda costa debe evitar Kirchner. O sea, lo que se intuye que debería hacer el oficialismo y acaso lo esté buscando es anticipar la segunda vuelta a la primera, pero limitada.

Es decir, un juego de relojería que le permita subir su piso ante la antinomia Derecha-Progresismo o Macri-Kirchner, atrayendo a potenciales votantes de Pino Solanas, Duhalde, Carrió o la UCR, que puestos contra esa pared elijan “el mal menor”. Lograr ese escenario pero al mismo tiempo mantener las otras opciones vivas para que el tiro no salga por la culata y termine ganando Macri en primera vuelta podría ser el desafío ensayado.

En ese sentido, el relato histórico-político que se construyó con mucha habilidad ayer en el video proyectado sobre el Cabildo y el propio desfile de Fuerza Bruta, apunta a reforzar la idea de los Kirchner como una continuidad de las más puras luchas sociales, al tiempo que sintoniza a la centroderecha con la Dictadura, Menem y los períodos más oscuros de nuestra historia.

Juegos de laboratorio que no necesariamente pregnan en esa vía paralela que parece estar construyendo una sociedad, que ayer se apropió de la escena pública con su propia agenda y que acaso se guarde más de una sorpresa de acá al 2011.

Mauricio Macri presentó una gala inolvidable en el Teatro Colón

martes, 25 de mayo de 2010

Con una emocionante ceremonia, el Teatro Colón reabrió sus puertas


Un heterogéneo público, que no contó con dirigentes oficialistas, asistieron a la reinauguración de la histórica sala porteña, tras más de tres años de remodelación; entre los presentes se encontraron Cobos, Das Neves, Binner y José Mujica; "Me hubiese encantado que [Cristina Kirchner] hubiera venido", dijo Macri en medio de las disputas políticas.
 
Pasadas las 19.30, comenzó la celebración por la reapertura de la centenaria sala, con una propuesta al aire libre abierta para todo público. Se trató de una proyección en 3D (sistema mapping) sobre la fachada posterior del teatro -sobre la calle Cerrito- de una suerte de documental histórico-musical, que recorría los momentos más importantes de la historia del teatro.



Los invitados. A pesar de la ausencia de la presidenta Cristina Kirchner, y de dirigentes oficialistas, la ceremonia de reinauguración del Teatro Colón reunió a personalidades del ámbito político, cultural y del espectáculo.


El jefe de gobierno estuvo acompañado por gran parte de su gabinete. Macri compartió el palco, destinado originalmente para la Presidenta, con el vicepresidente Julio Cobos; el senador Carlos Reutemann; el gobernador de Chubut, Mario Das Neves, y de Santa Fe, Hermes Binner; el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti; y el presidente uruguayo José "Pepe" Mujica.

También asistieron el ex presidente Fernando de la Rúa, junto a su mujer, Inés Pertiné, y el ex ministro de Economía Roberto Lavagna. Otros dirigentes políticos que fueron al Teatro Colón son el líder radical, Ernesto Sanz, y el senador de la UCR Gerardo Morales; los diputados Ricardo Gil Lavedra (UCR), María Eugenia Estenssoro y Adrián Pérez (Coalición Cívica) y Francisco de Narváez (Peronismo Federal).

En tanto, también disfrutaron de la ceremonia los titulares de la Sociedad Rural y Confederaciones Rurales Argentinas (CARBAP), Hugo Biolcatti y Mario Llambías, respectivamente y Carlos Garetto.

Los antiguos jefes de gobierno porteño Enrique Olivera, Jorge Telerman y Aníbal Ibarra se hicieron presentes en la reapertura del coliseo. Ibarra, al llegar al Colón, declaró al canal TN: "Tenemos que hacer una pusa en nuestras posiciones políticas en el marco del Bicentenario, y después cada uno seguirá con sus convicciones".

Además, se acercaron hasta el Teatro Colón figuras del mundo del espectáculo, como Susana Giménez, Mirtha Legrand, Enrique Pinti y Graciela Borges para participar de la gala. Los bailarines Julio Bocca y Eleonora Cassano se mostraron emocionados al llegar al lugar.

Otros invitados que se hicieron presentes en la ceremonia fueron la diputada Lidia Elsa "Pinky" Satragno, los periodistas Magdalena Ruiz Guiñazú, Luiz Majul, Samuel "Chiche" Gelblung; y el empresario Daniel Hadad.

Si bien la reinauguración del Colón fue el eje principal de los festejos de ayer por el Bicentenario, desde el mediodía los festejos continuaron en los distintos escenarios ubicados sobre la avenida 9 de Julio, en los cuales habrá diversas actividades y recitales

Los Kirchner se irán del poder en diciembre de 2011

domingo, 23 de mayo de 2010

Por Joaquín Morales Solá

Es enemigo todo aquel que no obedece . Esa nueva descripción del espíritu kirchnerista, que salió de la boca de un hombre que suele trasponer los portones de Olivos, explica muchas cosas que sucedieron en los últimos días.

Una de ellas es que el Gobierno celebrará el Bicentenario sin reconocer que existe un vicepresidente de la Nación, en medio de un desaire al jefe del gobierno de la Capital y borrando de la historia a tres ex presidentes de la Nación.

No es casual, de todos modos, que esos estrépitos de gallinero hayan tenido como víctimas a Julio Cobos y a Mauricio Macri, los dos presidenciables mejor ubicados en las encuestas de opinión pública. Es cierto que Macri cometió un serio e inoportuno error político cuando ninguneó a Kirchner, pero ni él ni la Presidenta tuvieron en cuenta el contexto histórico único en que les toca gobernar.

Sin embargo, en el primer lugar del ranking del rencor oficial está, contra otras apariencias, la Corte Suprema de Justicia.

La última resolución del tribunal le arrebató a Cristina Kirchner la lapicera para seguir firmando decretos de necesidad y urgencia por cualquier cosa. Sólo en caso de catástrofes o de urgencias imprevistas estarían justificados, por razones de tiempo, esos decretos que evitan al Congreso.

Aníbal Fernández hizo su propia interpretación: la excepcionalidad la establecerá la Presidenta. No leyó la resolución de la Corte o la malinterpretó con alevosía. En un país respetuoso, que no es éste, la jefa del Estado debió, luego de leer la sentencia de la Corte, derogar el decreto de necesidad y urgencia que estableció el feriado nacional de mañana.

El problema político anda por otro lado. Los intendentes del conurbano están negociando en secreto con Francisco de Narváez. Muchos gobernadores peronistas hablan más de Macri que de Néstor Kirchner. Ellos esperan, ansiosos, el momento oportuno para decir adiós.

Eduardo Duhalde es el único peronista que creció un poco en la provincia de Buenos Aires. Una fórmula política y electoral que incluyera a Macri, a De Narváez y a Duhalde, que nadie descarta, sepultaría en el acto las ilusiones continuistas del kirchnerismo.

El panradicalismo vacila entre Cobos y Ricardo Alfonsín; éste y Macri son los únicos dirigentes de la oposición no peronista que conservaron su lugar en la cima de las encuestas en las últimas semanas.

La algarabía kirchnerista por las encuestas se respalda en cifras módicas. Es cierto que los Kirchner y su gobierno subieron un poco en la consideración pública. Pasaron del 20 por ciento de aceptación al 30 por ciento, en cifras redondas, en los últimos tres meses. El último respingo fue más ligero que los anteriores, apenas un 2 por ciento.

Ningún líder de ningún gobierno del mundo estaría contento con ese raquitismo político. Aquí, convirtieron esas pobres mediciones en garantías de la continuidad de los Kirchner. Es comprensible: todo gobernante lucha por retener la mayor cuota posible de poder hasta el final de sus días. Y la probabilidad de la permanencia construye siempre las formas de un poder, aunque sea sólo alegórico.

Sea como sea, los Kirchner siguen mal, o muy mal, en el interior rural del país, donde no se olvidó ni el combate de 2008 ni los castigos posteriores que recibieron los productores rurales por aquella derrota del kirchnerismo. El matrimonio que gobierna nunca pudo suscribir, por otro lado, un contrato mínimo de adhesión con la mayoría social de los centros urbanos del país.

Cristina Kirchner ganó en 2007 ayudada por el entonces pujante ruralismo, pero ella lo desafió poco después de llegar a la presidencia a una conflagración que no cesó aún. Nadie gana el poder en la Argentina repudiado por los centros urbanos y por los productores rurales al mismo tiempo. Todo lo que se dijo en tiempos recientes sobre el crecimiento kirchnerista fueron sólo palabras cargadas de abalorios. Tal como están las cosas hoy, los Kirchner se irán del poder en diciembre de 2011. Eso es lo que indican la política y la encuestología.

Macri podría sacar provecho, además, de la atracción kirchnerista por convertir en héroes a sus competidores. La Presidenta encontró en una errónea declaración de hartazgo del líder capitalino el argumento para no asistir a la reapertura del mítico Teatro Colón. El gobierno nacional había pedido 1300 entradas (la mitad del total), pero Macri se las negó. El Gobierno tenía miedo de que un público macrista maltratara a la jefa del Estado. Eludió la supuesta encerrona con aquel pretexto sobre las referencias públicas de Macri sobre Néstor Kirchner. Los Kirchner van sólo a los actos seguros, organizados por ellos.

A pesar de todo, es la Justicia la que podría hacer de Macri un mártir del antikirchnerismo. El procesamiento judicial de Macri es una obra inconsistente del juez Oyarbide, según la opinión de los fiscales más importantes del país (algunos cercanos al Gobierno), que leyeron sus argumentos. No se puede procesar a una persona porque vive dentro de una celda de Nextel donde habitan miles de porteños , dijo uno de ellos. El fiscal de la causa, Jorge Di Lello, desapareció de la investigación antes del procesamiento; su firma no figura en ningún pedido contra Macri.

Oyarbide le reclamó a Macri el número de sus teléfonos sólo después de haberlo procesado. ¿Por qué no lo hizo antes? Nunca le requisó los archivos de la cámara de filmación que el líder de Pro tenía en la puerta de su casa de entonces para saber si Ciro James entró alguna vez a ese domicilio. Las escuchas telefónicas al cuñado de Macri son anteriores a la creación de la Policía Metropolitana, y su padre ratificó ante Oyarbide, mediante un escrito formal, su responsabilidad personal en aquella intervención.

El juez sobreactúa y los argumentos parecen sobredimensionados. Oyarbide detectó 400 llamadas telefónicas de Ciro James desde la zona donde vivía Macri y el juez las vinculó directamente a éste. En tal caso, James no era entonces sólo un espía de Macri, sino un amigo personal que se sentaba en el living de su casa para hablar por teléfono con medio mundo. La Cámara Federal debería poner las cosas en su lugar cuanto antes, pero uno solo de sus jueces, Eduardo Freiler, es justificadamente confiable.

Las últimas mediciones creíbles de opinión pública señalan que el procesamiento no perjudicó ni benefició a Macri. Cobos está pagando en las encuestas el precio de todos los políticos que trabajan en el Congreso; el Gobierno consiguió que la sociedad termine desilusionada de su Parlamento. Con todo, el peor problema de Cobos no son los Kirchner, sino Ricardo Alfonsín. La inmodificable buena imagen de Alfonsín sólo muestra los rasgos de una sociedad ya fatigada de la trifulca perpetua.

El próximo 6 de junio, Cobos y Alfonsín se medirán cuerpo a cuerpo, en elecciones internas, en la decisiva provincia de Buenos Aires. Cobos respalda una alianza de la vieja estructura partidaria (Leopoldo Moreau, Federico Storani y, en menor medida, Enrique Nosiglia), mientras Alfonsín decidió enfrentarla proclamando la necesidad de la renovación del radicalismo. Extraña situación la de Alfonsín: en nombre de las banderas de su padre, se propone batir a una generación que nació, creció y perduró bajo la sombra de su padre. El resultado bonaerense podría volcar al radicalismo hacia Cobos o hacia Alfonsín.

Esos son los riesgos reales de los Kirchner. En lugar de resolverlos con la política, han decidido enfrentarlos con el miedo y la fractura. Los pueblos indígenas son una minoría (sólo el 1,5 por ciento de la población argentina es auténticamente indígena) que merece el respeto de sus derechos y de su historia.

El Gobierno usó, en cambio, a la dura Milagro Sala (desautorizada hasta por las auténticas comunidades indígenas) para cavar en grietas sociales inexistentes entre "indios" y "gringos". El miedo es el último recurso autoritario de los que han perdido casi todo.

La costumbre de los Kirchner de mirar la política y la historia sólo por el ojo de una cerradura

Por Eduardo van der Kooy

El Bicentenario de la Argentina sucede ahora, con Cristina y Néstor Kirchner en el Gobierno. El matrimonio se ha empeñado este tiempo en convertirse en propietario de un par de ideas: aquella que intentaría erigirlos en refundadores de una nación arruinada luego de la crisis del 2001; otra que apuntaría a demostrar que esa nación acaba de encontrar el camino, sin retorno, de un destino venturoso.


¿Es realmente así y una inmensa porción de los argentinos no se ha dado cuenta todavía? ¿O aquella prédica, pincelada con ideología, es sólo un instrumento discursivo de la política de los Kirchner? No existen evidencias de que la sociedad, en ese aspecto, haya extraviado tanto su norte. El paso de la Presidenta por Madrid la semana pasada acentuó, en cambio, la impresión del uso instrumental que suele hacer de aquellas ideas.

El Gobierno entró en fricción con medio mundo -literal- por trabas inorgánicas a las importaciones que dispuso Guillermo Moreno. Que dispusieron, en verdad, los Kirchner. Cristina negó tales restricciones cuando asomó solitaria en el escenario español rodeada por líderes de la Unión Europea, América latina y el Caribe. Simultáneamente ocurrieron varias cosas.

Por un pleito más viejo, China resolvió cortar las importaciones de aceite de soja que significan para la Argentina cerca de US$ 500 millones. Brasil ejerció una presión intensa que obligó al Gobierno a desbloquear muchos de sus productos.

José Mujica realizó en Uruguay dos reuniones de gabinete por el conflicto. El gobierno de Felipe Calderón envió una nota al embajador en Buenos Aires por la queja de los empresarios mexicanos. Muchos se preguntaron por qué, inopinadamente, Sebastián Piñera desarchivó en Madrid el único problema pendiente entre la Argentina y Chile en la cordillera: también el nuevo mandatario chileno se vio forzado a contener las quejas de empresarios de su país. ¿Moreno continúa impidiendo entrada de productos?

Sucede algo más dañino. Muchas empresas argentinas han decidido cancelar cualquier pedido de importación por temor a las maniobras clandestinas de Moreno. Cristina no mintió cuando aseguró en Madrid que no había vigente ninguna norma que restrinja importaciones. Simplemente abundó en hipocresía. Mujica escuchó estas palabras de su ministro de Industria: "Hace más de diez días que nadie pide nada desde la Argentina".

El manejo de los Kirchner explicaría por qué durante décadas -incluido el ciclo matrimonial- la Argentina hizo esfuerzos por sembrar la desconfianza en el mundo y ganarse el lugar que tiene ahora. Acumula recelos en la región. La Presidenta se encargó con vanidades académicas de distanciarse un poco más de España y de la Unión Europea.

Dio varias clases magistrales de heterodoxia económica y de disciplina política como si fuera mandataria de alguna nación nórdica o -mirando la revulsión mundial de ahora- de algún planeta extraterrestre. Lo hizo delante de José Luis Rodríguez Zapatero, el hombre que defendió a los Kirchner cuando empezaron a gatear las alfombras jabonosas de la política internacional.

El socialista acaba de hacer un durísimo ajuste ortodoxo que lo ha puesto en un tobogán de popularidad. Lo hizo por exigencias de la UE antes que por convicción. ¿Qué otra cosa podía hacer? ¿Desprender abruptamente a su país de la Eurozona, gracias a cuya pertenencia -en buena medida- España logró dar el salto que dio?

En esos momentos suele aflorar aquel espíritu fundacional que embriaga a los Kirchner. También sobresale la ausencia de lo que significan como concepto el Estado y los procesos históricos. Además, el oportunismo: el mensaje de Cristina enfiló, sin dudas, hacia su clientela política doméstica. No por capricho la Argentina ha ganado fama sobre todo, desde Bernardino Rivadavia hasta hoy, por su imprevisibilidad.

El Gobierno incurre en otras adulteraciones. Florencio Randazzo, como la Presidenta, negó el bloqueo a las importaciones, pero remarcó que siempre va a defenderse el "desarrollo de las empresas nacionales". Hay mucha bruma y labilidad alrededor de esa prédica oficial.

¿Se defenderá a todas las empresas o sólo a aquellas amigas del poder o que han brotado estos años? El interrogante tiene fundamento: los Kirchner evidenciaron una notable debilidad cuando Hugo Chávez en 2008 expropió una empresa de acería perteneciente a Techint. La semana pasada comunicó la expropiación de una siderúrgica del mismo grupo. El matrimonio se contentó con haber conseguido del venezolano una buena indemnización. Antes que el interés nacional parecieron privilegiar la relación con Caracas.

También Cristina, en su derrotero por España, machacó con las virtudes del modelo argentino. ¿Cuál sería ese modelo? En su apogeo tuvo cuatro ejes: la paridad cambiaria, la acumulación de reservas, los superávits fiscal y comercial y el consumo interno. Las reservas declinan porque el Gobierno las requiere para financiarse y abonar compromisos externos. Los superávits gemelos han dejado de serlo y el fiscal se acerca al déficit. El consumo sigue siendo incentivado con el peligro de atizar aún más la escalada inflacionaria.

Los Kirchner enredan el modelo con algunas de las herramientas necesarias para construirlo. Confunden los medios con el objetivo. Se trata de una distorsión que, en realidad, sufrieron otros: Carlos Menem creyó que la convertibilidad era la panacea definitiva para la Argentina y no apenas una efectiva receta para doblegar a la inflación; Fernando de la Rúa supuso lo mismo y se preocupó sólo por la conducta pública, en la que su Gobierno también flaqueó.

Siete años de kirchnerismo con crecimiento económico notable no han servido para producir cambios estructurales en la pirámide social. Aquellas bases del hipotético modelo tampoco alcanzaron para modificar el sistema productivo. La fortaleza argentina -como lo admitió tardíamente Cristina- sigue estando en el agro y dentro del agro en un monocultivo: la soja. Los Kirchner argumentaron, durante el conflicto con el campo, que uno de los propósitos de su política con el sector era lograr la desojización. En ese momento el área sembrada de soja representaba el 50% del total. A un año y medio del pleito aquel área alcanza al 75%.

Sin que puedan tomarse como ejemplo -no podrían serlo con sociedades de fractura- otros países de la región mostraron mayor tendencia al progreso. El poderío industrial le sirvió a Brasil para desarrollar el agro y los biocombustibles que le permiten transferir su tecnología ahora mismo en Africa. La modesta economía de Chile atenuó la tradicional dependencia del cobre estatal diversificando productos exportables.

Dentro del panegírico sobre el modelo argentino que desarrolló en España, Cristina hizo hincapié en el papel del Estado. Es difícil, más allá del dogmatismo liberal, no aceptar la importancia del Estado en la regulación de la economía, sobre todo en situaciones críticas como las actuales. Pero el Estado no es una abstracción. Como bien recordó el historiador Luis Alberto Romero, citando a Emile Durkheim, "el Estado es el lugar donde la sociedad piensa sobre sí misma".

Los Kirchner sólo rearmaron, en parte, el anómico Estado que había descuartizado Menem y lo colocaron al servicio del proyecto político. Un reflejo de esa situación -entre varios- sería el fracaso de las políticas ferroviarias y la forma de reestatización de Aerolíneas Argentinas. Dos referencias del anclaje estatal al proyecto político lo representarían la destrucción del INDEC y los abundantes fondos con los cuales se sustentan a las organizaciones sociales y piqueteras.

¿Ha logrado la política evitar las adulteraciones kirchneristas en otros campos? La decadencia de la política sigue tan vigente como aquellos días aciagos de la gran crisis. El despecho de Cristina por expresiones infortunadamente irónicas de Mauricio Macri y su decisión de no asistir a la gala del Colón tiene que ver con aquella decadencia. Aunque esas expresiones pueden haberse convertido también en un excusa perfecta de los Kirchner para zafar del compromiso.

¿Por que razón? La Casa Rosada había pedido mil entradas para la gala. La mitad de la capacidad del teatro. El Gobierno porteño le cedió 200. El matrimonio temió un clima hostil en un recinto que estará copado mayoritariamente por porteños. Los Kirchner soportan sólo halagos y aplausos.

La degradación no se circunscribe a la reyerta con Macri. Los ex presidentes -con excepción de Kirchner- fueron marginados de la gran cena en el Salón Blanco de la Rosada. Algo similar sucedió con Julio Cobos. El divorcio con el vicepresidente, mirado bajo el cristal del Bicentenario, trasunta una matriz imperfecta de la historia: la incapacidad para los acuerdos, la enorme capacidad para las antinomias, las dificultades para la gobernabilidad.

Los Kirchner han exacerbado esas antinomias. Tal vez, por su costumbre de mirar la política y la historia sólo por el ojo de una cerradura.

¿Quién se beneficia y quién se perjudica con esta disputa, Macri o Kirchner?

viernes, 21 de mayo de 2010

La carta de la presidenta Cristina Fernández de Kichner, en la que anunció al jefe de gobierno porteño Mauricio Macri que no asistiría a la reinauguración del Teatro Colón el próximo lunes 24 de mayo por "la increíble catarata de agravios recibidos", parecía un capítulo más entre el gobierno nacional y el de la ciudad.


Pero ¿qué efectos políticos tiene esta "escalada de crispación"? ¿Cómo afecta al gobierno nacional en su imagen tradicionalmente asociada a la confrontación, y al PRO en su discurso supuestamente más conciliador? ¿Quién se beneficia y quién se perjudica con esta disputa?

"Pienso que gana más Macri que Cristina", respondió Rosendo Fraga, Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría. Y argumentó que la Presidenta "tiene imagen negativa para la mayoría de la sociedad" y que el anti kirchnerismo suma más que lo que resta, por lo cual "le da a Macri estatura de alternativa nacional".

"Es claro que el 'estilo K' es la causa del conflicto", opinó Fraga, ya que "es Cristina la que decide no ir cuando, en general, la gente no está de acuerdo con que el Bicentenario se utilice para dividir o como conflicto político, al mismo tiempo que no va al Tedeum en la Catedral por las diferencias con Bergoglio, y decide no invitar al Vicepresidente Cobos y a los ex presidentes Menem, De la Rua y Duhalde a la comida que se realiza con motivo del Bicentenario".

Artemio López, uno de los encuestadores favoritos de la Casa Rosada, opina distinto: el público, según su visión, toma este conflicto "como una especie de divertimento". "Son discusiones de alta peluquería", sostuvo -parafraseando al jefe de gabinete Aníbal Fernández- el titular de la Consultora Equis, en diálogo telefónico con Perfil.

Según López, la disputa sólo refuerza las identidades políticas existentes: "Los que están de acuerdo con Macri, coinciden con Macri; los que apoyan al gobierno, coinciden con Cristina; y los que no tienen opinión, siguen sin tenerla, miran esto como un espectaculo", dijo. El escándalo " no construye lealtades nuevas, no me imagino a nadie tomando posición a favor de alguno a raíz de esto", concluyó el encuestador.

Con él coincidió Graciela Römer, quien afirmó que la disputa entre Macri y Cristina "perjudica y beneficia mutuamente a ambos". Según ella, "a los simpatizantes de Macri les refuerza la simpatia hacia él y la animadversión por el gobierno nacional, y con los simpatizantes de Cristina ocurre lo mismo, pero al revés".

Pero la consultora de Graciela Römmer y Asociados hizo una distinción: el conflicto "perjudica al conjunto de la gente y la dirigencia", por mostrar un enfrentamiento innecesario en lugar de un trabajo conjunto.

¿No sería un escándalo que Oyarbide procesara a Néstor Kirchner por asociación ilícita debido a los desaguisados de Jaime?

Por Ernesto Tenembaum

A las 20.08 del 22 de septiembre del año pasado, Glenda Burstein recibió una llamada en su casa. “El teléfono de tu viejo que termina en 3307 lo tiene pinchado el Fino Palacios”, escuchó Glenda. El padre de Glenda es Sergio, dirigente de la fracción de las víctimas del atentado de la AMIA más cercana a la DAIA y al Gobierno, quien estaba en ese momento en un viaje con la Presidenta de la Nación.

La mamá de Glenda, rápidamente, hizo la denuncia ante la Justicia. De turno estaba el juez Norberto Oyarbide, quien le dio absoluta prioridad a esa denuncia anónima. Le preguntó a la gente de la SIDE y describió que, bingo, era cierto. Había un espía que intervenía los teléfonos de Burstein –y que estaba contratado por el gobierno porteño– y otro espía que espiaba a ese espía y lo involucraba en esa causa.

Esta historia notable de espionaje cruzado –que por momentos recuerda al querido agente 86 y en otros al Graham Greene de Nuestro hombre en La Habana– ocupa, naturalmente, la tapa de los diarios y puede terminar para siempre con la carrera política de Mauricio Macri... o, depende de cómo se den las cosas, transformarlo en presidente de la Nación.

¿Se imaginan a Cristina poniéndole la banda?


Así son las cosas: la gloria o Devoto, como quien dice.

Más allá de las simpatías políticas de cada uno, la causa que complica en estos días a Macri abre varias preguntas sobre el funcionamiento del sistema político, sobre todo en uno de sus aspectos: hasta dónde debe pagar el jefe de un gobierno por actitudes ilícitas de sus subordinados, o inclusive, de él mismo. Es una discusión que afecta a la democracia en los países más distantes.
Las personas que se alinean políticamente suelen tener respuestas categóricas a estos temas: si el tipo me gusta, lo defiendo; si no me gusta, trato de voltearlo. Al amigo todo, al enemigo ni justicia. Muchos de los más ardorosos defensores de Ibarra hubieran promovido la destitución de Macri por la causa Cromañón. Y muchos de los que hoy quieren interpelar a Macri –Ibarra incluido– defenderían a su gobierno si Ciro James, o alguno como él, hubieran trabajado para ellos. Son las reglas de la política.

La cuestión es que Ibarra, debió dejar el cargo. Y ya nada volvió a ser como antes para él.
Si se pone la lupa sobre el caso, se encuentra lo siguiente:

Macri designó en un puesto central de su gobierno a un comisario involucrado en el encubrimiento del atentado más sangriento que sufrió la Argentina en toda su historia.

Ese comisario, vinculado a través de decenas de llamadas con otro policía, también contratado por el gobierno de Macri, intentó pinchar el teléfono del dirigente máximo de una de las asociaciones de víctimas de ese atentado.

El espía que realizaba esos trabajos sucios, además, tenia intervenido el teléfono del cuñado de Macri, enfrentado por cuestiones familiares con el padre de Macri.

Ni Macri ni ninguno de sus funcionarios puede dar una explicación clara acerca de cómo ese espía llegó a ser contratado en el gobierno porteño. Balbucean, se contradicen, repiten pavadas pero no explican nada.

La exposición pública de todos estos dislates –algunos de ellos, como la designación de Palacios, profundamente inmorales– de por sí le genera un alto costo político a Macri.

Pero eso no responde la pregunta central: ¿hasta dónde debe pagar? ¿Debe ser destituido? ¿Debe correrse de la carrera presidencial? Pino Solanas, por ejemplo, cree que debe pedir licencia si la Cámara confirma el procesamiento.

En ese lío acaba de meter la cola el juez Norberto Oyarbide, quien acusa a Macri de formar parte de una asociación ilícita. Esa suele ser la figura que algunos jueces incorporan cuando quieren inculpar a alguien sobre quien no existen pruebas directas.

De hecho, en ningún lugar de la causa se prueba que hubiera un vínculo entre Macri y el espía Ciro James. Entonces, se lo culpa por el armado que hizo –o intentó hacer– un subordinado de él.

El lío es que Oyarbide interviene de esta manera directamente en el proceso político. Si sus fallos son confirmados, y la causa avanza a velocidad crucero, como lo ha hecho hasta ahora –son supuestos delitos ocurridos hace sólo ocho meses–, es posible que Macri deba abandonar la carrera presidencial.

Por un momento, sólo para percibir la complejidad del asunto, pensemos en otra causa de Oyarbide. El juez también tiene procesado por enriquecimiento ilícito al ex secretario de Transporte Ricardo Jaime. Es decir: sospecha que Jaime es un ladrón y que robó mientras era funcionario.

Durante ese período, hubo serias advertencias sobre los procedimientos de Jaime de la Auditoría General de la Nación, de la Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas, de la Oficina Anticorrupción, de la Sindicatura General de la Nación. No sólo eso: según declaró el ex subsecretario de Transporte Aeronáutico, Ricardo Cirielli, Jaime le habría confesado que él entregaba parte de la plata que recaudaba a altísimos funcionarios del gobierno nacional.

¿No sería, de alguna manera, un escándalo que Oyarbide procesara a Néstor Kirchner por asociación ilícita debido a los desaguisados de Jaime? Si lo hiciera, y sus fallos fueran confirmados, Kirchner también debería desistir de su candidatura.

Por supuesto, muchos de los que hoy apuntan contra Macri denunciarían a gritos al juez por destituyente y –viceversa– muchos de los que defienden a Macri estarían dispuestos a construirle un monumento al mismo juez.

Es un entuerto difícil de resolver.

Pero, si me permiten una mera opinión, preferiría que –salvo episodios gravísimos en los que no queden lugar a dudas– el destino de los dirigentes políticos sea decidido por la población y no por uno o un grupo de jueces.

Pero la opinión de cada uno, en todo caso, es irrelevante.

Este proceso está lanzado. Afectó a ciertos dirigentes en el pasado, los afecta ahora –en el presente–, y afectará a otros en el futuro.

Son las reglas de la política. Ahora, incluso dentro de esas reglas, hay gente que se maneja mejor o peor.

Las decisiones de Oyarbide respecto de Macri ponen el foco sobre este, pero puede ocurrir que el acusado gane la batalla mediática, se transforme en acusador, y logre que muchos de quienes rechazan al gobierno nacional empiecen a mirarlo con simpatía sólo por oposición. Y, entonces, así como el espía fue espiado, el acusado sea acusador, y en lugar de debatir los supuestos métodos de Macri, se empiecen a debatir los supuestos métodos de Kirchner.

Por alguna extraña razón, en estos días, ha vuelto el optimismo en el gobierno porteño acerca de las perspectivas presidenciales de Macri. Cosas más raras hemos visto en este país.

Desespero por saber, mientras tanto, de quién era la voz en el teléfono de Glenda Burstein. Qué misterio, ¿no?

Los principales líderes de la oposición, puertas adentro

Por Gustavo Sylvestre

“El Kirchnerismo es una minoría en expansión... Tiene poder y lo usa para hacer política... Nosotros debemos cambiar de estrategias”. Lo dijo Felipe Solá.


“Mientras la oposición discute temas menores o actúa mal, el kirchnerismo se la lleva puesta”. Lo dijo,en reiteradas oportunidades, Elisa Carrió.

"La oposición perdió más tiempo en pelearse con Kirchner que en ponerse como alternativa de poder". Lo dijo Margarita Stolbizer.

"La oposición sobreactuó su poder real, se mostró como que podía cambiar toda la realidad, después del 28 de junio y estamos en deuda". Lo dijo Ernesto Sanz, Presidente de la UCR.

Los principales líderes de la oposición, puertas adentro de sus despachos en algunas ocasiones, públicamente en otras, meditan un cambio en la estrategia para enfrentar al kirchnerismo. Creen que la estrategia parlamentaria no ha sido buena, que se metieron a discutir temas lejanos para la sociedad y que eso acrecentó en la opinión pública una imagen negativa sobre el accionar de la oposición.

En algunos casos, como Solá, se lamentan de “haberle dado letra al Gobierno, haberlos avivado en algunos temas, como la ley de cheque, donde terminaron arreglando con los gobernadores las deudas provinciales. Ellos se quedaron con el rédito político y nosotros miramos desde la tribuna”.

Por eso, después del mundial de fútbol, comenzarán a meter en la discusión parlamentaria, temas cercanos a la gente, como alguna forma de devolución del IVA por compra de alimentos para tarjetas de débito y tarjetas sociales; medidas relacionadas a la seguridad; y a preparar medidas alternativas al poder.

En las ultimas horas, por ejemplo, Felipe Solá, que no abandona sus pretensiones presidenciales, mantuvo una extensa charla con el ex Presidente del Banco Central, Mario Blejer, el economista mejor valorado en estos momentos por la opinión pública, quien le dijo que “no hay en la oposición un plan económico alternativo, hay carencia de ideas en materia económica, y deben trabajar sobre eso”. Después analizaron la marcha de la economía, Blejer la ve en términos positivos, aunque marca algunas falencias, sobre todo en materia de inversiones y de innovaciones tecnológicas.

Integrantes de la oposición, sobre todo en el Senado, analizan, de cara a su futuro político y al 2011, que ciertas alianzas transitorias que han realizado, le están jugando en contra. Un senador con bloque único, se lamentaba hace algunas horas, “toda la vida luchando para marcar diferencias con la política tradicional y de pronto me veo en las fotos al lado de Menem, Rodríguez Saá, Saadi, que lejos de sumar son el tren fantasma... Y además, sin ningún resultado concreto porque nos han pasado por arriba”.

Una última encuesta de la Consultora Ibarómetro, que dirige Doris Capurro, refleja la percepción que por primera vez, la imagen negativa de Cobos supera a la positiva; lo mismo le sucede a Macri, mientras que la única que recupera terreno e imagen positiva es Elisa Carrió. Pero la sorpresa mayor se da en la interna de la UCR: si las primarias para candidato presidencial fueran hoy, Ricardo Alfonsín le ganaría a Cobos. También lo supera en imagen positiva.

Para la interna peronista, la encuesta marca que el ex Presidente Kirchner supera ampliamente a Eduardo Duhalde. Y si las presidenciables fueran hoy, Néstor ganaría, aunque habría segunda vuelta, con un triple empate entre Cobos, Macri y Carrió en el segundo puesto.

El sondeo marca que la Presidenta Cristina Kirchner también recupera imagen positiva

Más allá de las encuestas, que reflejan un momento determinado en el humor social, los partidos buscan armar sus estrategias para el 2011. La UCR tendrá su primera prueba de fuego en junio con la interna en la Provincia de Buenos Aires. Allí el cobismo, apoyado por el tradicional aparato radical de Leopoldo Moreau y Federico Storani, medirá fuerzas con Ricardo Alfonsín.

La centroizquierda busca rearmar fuerzas. El fin de semana pasado la ciudad de Mar del Plata fue el epicentro de una importante reunión convocada por la diputada Margarita Stolbizer, que congregó a los líderes del radicalismo, del socialismo y de expresiones sindicales progresistas, donde se mostraron proclives a aunar fuerzas con vistas al 2011.

Pino Solanas sigue consolidando a nivel nacional a su Proyecto Sur del que sería candidato a presidente y el diputado Claudio Lozano candidato a jefe de gobierno porteño, aunque las encuestas marcan que Pino sería el único dirigente capaz de vencer a Gabriela Michetti en la ciudad.

Néstor Kirchner ya lo tiene decidido. Cuando se le pregunta a sus íntimos que va a hacer, entre sonrisas responden, “¿Cómo, qué va a ser? Va a ser candidato a presidente y va a ganar”, desafían exultantes. Y agregan, “en realidad no iba a jugar, pero tanto lo han acorralado, que será candidato. Es como cuando a un jabalí lo persiguen y acorralan, si no le dan el tiro de gracia, sale disparado hacia adelante... Eso es Kirchner hoy”, sostiene un íntimo que mucho lo conoce.

Elisa Carrió será candidata a presidenta y puede sorprender con su armado político. Hace poco, un político que supo saborear las mieles del fervor popular y ser un brillante estratega político, pensando en voz alta y mirando el futuro señaló: “Carrió debería recrear una especie de Frepaso, debería sumar fuerzas con Felipe Solá... y si me apurás, te digo que debe llevar a Felipe como jefe de gobierno”. No se sabe si el mensaje llegó a destino.

Y Mauricio Macri sigue con su proyecto presidencial. “No hay marcha atrás”, repite una y mil veces. Seguirá con sus recorridas por el interior del país y no definirá por el momento alianzas electorales. Cree íntimamente que se enfrentará en un ballotage con el ex presidente y que le ganará. Aunque en sus análisis político no suele incluir la situación judicial por las escuchas ilegales, que le puede jugar una mala pasada.

Las cartas que se cruzaron Cristina Fernández y Mauricio Macri

jueves, 20 de mayo de 2010

La Presidente Fernández de Kirchner envió hoy una carta al jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, anunciándole su ausencia a la reinauguración del Teatro Colón por considerar que "La política no puede ni debe ser una mera ceremonia cinísmo e hipocresía".

La respuesta de Macri no tardó en llegar. Hoy mismo le respondió a Cristina Kirchner, invitándola a "reflexionar y reconsiderar su posición".





El cambio de estrategia de los Kirchner

miércoles, 19 de mayo de 2010

Por Eduardo van der Kooy

Silencio. Esa ha sido, al menos hasta anoche, la única respuesta política de Néstor y Cristina Kirchner a la polvareda levantada por el procesamiento que el juez Norberto Oyarbide dictó la semana pasada contra Mauricio Macri por un escándalo de espionaje. Idéntica respuesta produjeron sus principales portavoces. El dicharachero jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, asoma contenido.


Las primeras evidencias públicas recogidas por el kirchnerismo aconsejarían aquel silencio. Aunque el plan, con las características presentes, pareció urdido de antemano. Dos encuestas telefónicas realizadas en el ámbito porteño arrojaron un resultado similar: el 65% de los interrogados cree que el procesamiento a Macri obedece a una maniobra del gobierno de los Kirchner; el porcentaje restante se divide entre quienes suponen responsable al jefe porteño y aquellos que no tienen idea formada.

Quizás no sea esa la única señal de inquietud para la ingeniería política kirchnerista. Macri ha concitado en los últimos días una cantidad de adhesiones insospechadas en el arco opositor, incluso de dirigentes que sólo se dedicaron a combatirlo desde que resolvió abandonar Boca Juniors para volcarse a la política.

El peronismo disidente, con Eduardo Duhalde a la cabeza, aprovechó el procesamiento a Macri para cargar sobre los Kirchner. Elisa Carrió eligió la misma dirección pero amplió el radio de sus críticas: sostuvo que la causa de Oyarbide está inspirada por el matrimonio presidencial pero, además, por la Policía Federal. Los radicales tampoco le escaparon a los gestos de solidaridad, incluido Julio Cobos.

Convendría detenerse en la figura del vicepresidente para comprender, en alguna medida, el cambio de estrategia de los Kirchner. De la furia y los embates públicos contra el dirigente radical, desde que votó en contra de la resolución 125, a la actual prescindencia y mutismo alrededor del conflicto que involucra a Macri.

Tal vez la lección política haya sido aprendida, aunque las palabras de los Kirchner suelen estar demasiadas veces más cerca del temperamento que de la racionalidad. Cobos saltó a la fama con aquel célebre voto de desempate en el pleito con el campo y luego hizo gala de corrección y oportunismo político para ocupar el lugar que tiene en las preferencias sociales.

Pero su crecimiento no hubiera sido el que fue sin el inestimable aporte de los Kirchner, que con su lluvia de granizo ayudaron a su victimización. El valor de esa ecuación quedó demostrada durante el verano cuando Cobos se acercó al matrimonio para dirimir la pelea por el uso de las reservas del Banco Central y el desplazamiento de su entonces titular, Martín Redrado. Los niveles de aprobación del vicepresidente declinaron al compás de esa acción.

La embestida contra Macri sería ahora más sofisticada a partir también de los serios errores políticos que cometió el jefe porteño, al pretender designar al comisario (RE) Jorge Palacios a cargo de la Policía Metropolitana. Esa decisión le abrió frentes múltiples de batalla: con la Federal, con el submundo de la inteligencia, con buena parte de la dirigencia política y con un núcleo de familiares de víctimas del atentado en la AMIA.

¿Cuál sería aquella sofisticación del kirchnerismo? Erosionar a Macri sin plantear una pelea política formal y pública. Los senderos que debería seguir el plan estarían marcados en la Justicia y la Legislatura porteña. En un caso está Oyarbide y en otro el puñado de kirchneristas y el resentimiento que sembró el macrismo en la Ciudad cuando, inocultablemente, ayudó a tumbar a Aníbal Ibarra del Gobierno porteño luego de la tragedia de Cromañón.

Oyarbide tiene línea directa con Kirchner a través del director del Banco Nación, Juan Carlos Fábrega. Ese funcionario fue correo con el magistrado cuando el matrimonio requirió el sobreseimiento en la causa por supuesto enriquecimiento ilícito.

Oyarbide responsabiliza a Macri de integrar una asociación ilícita dedicada a las escuchas ilegales. El caso que más lo compromete en ese aspecto, en verdad, es la intervención del teléfono de su cuñado. Aunque hay otro dato, tal vez más político que judiciable, que el jefe porteño tampoco supo todavía explicar: qué hacía Ciro James, el espía en cuestión, metido en su Gobierno.

Macri repite, sin cesar, que en su vida vio ni conoció a James. Sería una buena estrategia pública si, en efecto, es verdad. Pero podría convertirse en su lápida, judicial y política, si surgiera la mínima evidencia en contrario.

En la Legislatura porteña los problemas de Macri no pasarán, hasta ahora, de sobresaltos. Evitó ayer la interpelación y envió a responder las preguntas de los legisladores a Guillermo Montenegro.

El ministro de Seguridad fue extrañamente sobreseído por Oyarbide, después de haber estado entre los principales sospechosos. La posibilidad de un juicio político es una utopía porque la oposición, incluido el kirchnerismo, necesitaría los dos tercios. Los legisladores de Carrió no se prestarán a ese juego al menos hasta que no haya una sentencia firme sobre el episodio de la Cámara de Casación. El tiempo para conocer esa sentencia es todavía incalculable.

El kirchnerismo lanzó anoche un proyecto para la formación de una comisión investigadora en la Legislatura que se meta en el escándalo de los espías. Quizás tampoco tenga éxito pero serviría, al menos, para tenerlo a Macri en guardia. Y al episodio, en medio de la atención pública. Con los Kirchner, aparentemente, en otra cosa.

Los "apóstoles" de Mauricio Macri

Por Ignacio Fidanza

La cita tuvo asistencia perfecta y se concretó en las oficinas que el macrismo tiene en la avenida Rivadavia, frente al Congreso. El anfitrión fue el jefe de campaña Humberto Schiavoni, que empezó a imprimirle al PRO el ritmo vertiginoso de los peronistas a la hora de hacer política.


Macri comenzó la reunión explicando que el procesamiento en la causa de espionaje, hasta ahora, no estaba impactando en su proyección nacional. Se leyeron los últimos cortes de encuestas que revelan que una larga mayoría opina que Néstor Kirchner está detrás de la causa y desconfía profundamente del juez Oyarbide. Tendencia que según esos trabajos se profundiza en el interior del país.

“Al final esto de Oyarbide vino bien, porque lo posicionó a Macri en el centro de la escena y le dio esa cuota de sangre que el drama político necesita, hace rato que varios estábamos esperando que le pegue a Kirchner como hizo estos días”, se entusiasmó uno de los presentes.

En la larga mesa se acomodaron funcionarios del gabinete porteño como Horacio Rodríguez Larreta, Diego Santilli, Esteban Bullrich, Marcos Peña, Néstor Grindetti, diputados como Federico Pinedo, Christian Gribaudo, Laura Alonso, Gladis González, legisladores porteños y hasta el omnipresente “Tano” Angelici, líder del radicalismo macrista.

Pinedo tuvo a su cargo el “análisis político”. Didáctico afirmó que el escenario para el 2011 aventuraba una elección de tres tercios: el kirchnerista, el radical y la suma del PRO y el peronismo no kirchnerista. La lectura obvia fue que tanto para ellos como para el PJ opositor sería un suicidio ir separados, porque en ese caso, el ballotage se definiría entre el kirchnerismo –Kirchner o Scioli- y el candidato radical.

“El Lole seguramente no juegue, así que la discusión por la candidatura se limita a Duhalde y Macri; hoy Mauricio mide mucho mejor, pero se verá el año que viene quien es el candidato más competitivo”, razonó uno de los presentes, que trasmite la sensación que impera en el macrismo: confían que el final del camino los encontrará juntos al PJ no kirchnerista, incluido Francisco de Narváez. “Con Francisco mejoró un poco la relación, igual el acuerdo con él es una discusión del año que viene”, agregó la fuente consultada.

Pragmático, Schiavoni propuso avanzar sobre el trabajo territorial y se acordó dividir el país entre una lista de “parejas”(ver detalle más abajo) de legisladores que tendrán a su cargo armar las mesas Macri 2011. El lote de "apóstoles macristas", como era previsible, lo integra una abrumadora mayoría de porteños. Experimento político que habrá que ver si termina sumando para Macri o lo enreda en una serie de decisiones desafortunadas, como las que protagonizó su primo Jorge Macri en la fallida elección de concejales de Mendoza.

Como sea, luego del reparto de territorios, Macri pidió explícitamente que ninguno de sus ministros ni los líderes de la Legislatura (Oscar Moscariello y Cristian Ritondo) tuvieran responsabilidades intensas en el armado político “por lo menos por este año”, afirmó.

“No podemos descuidar la retaguardia, hay que mantener activo el gobierno de la Ciudad”, agregó.

El problema de la gobernabilidad

Por primera vez, en la historia del PRO se discutió abiertamente los desafíos que debería enfrentar un eventual gobierno macrista. Pinedo explicó que era muy importante seguir trabajando en el Congreso en los acuerdos con las otras fuerzas, sobre todo con el radicalismo. “Ellos y nosotros vamos a tener el mismo problema, gane quien gane, ninguno va a tener mayoría propia, así que hay que ir trabajando los consensos desde ahora”, apuntó. Los contactos más intensos son con el jefe de los diputados de la UCR, Oscar Aguad; y el senador Ernesto Sanz.

Filoso, uno de los presentes preguntó: “¿Y con Moyano y la CGT que vamos a hacer?”. Macri dejó que el suspenso creciera y reveló: “yo me junte con algunos de ellos, pero como los empresarios,por ahora no van a aparecer al lado nuestro para no tener conflictos con Kirchner”. Quedo claro que esas relaciones, el jefe de Gobierno se las guarda para sí.

Ese tramo de la charla también sirvió para integrar a Miguel “Mike” Braun, el ex Cippec que está a cargo de los equipos técnicos. Y también por primera vez en este tipo de reuniones circularon "papers" sobre distintos análisis por área de los principales desafíos que deberá enfrentar un eventual gobierno macrista. En línea con la moda actual se decidió que todas las propuestas estén teñidas de una “mirada federal”, lugar común de todos los candidatos, que suelen olvidar cuando llegan a la Casa Rosada.

Como sea, se acordó que se aprovechará el trabajo de Braun como insumo para armar seminarios y mesas en las provincias con temáticas locales como infraestructura, economías regionales, etc.

Luego de la charla, fieles al estilo "power point" que impera en el macrismo, todos los presentes recibieron sus carpetitas con el logo amarillo del PRO con un resumen de los programas analizados. Pero más allá de la inevitable estética corporativa, lo cierto es que varios de los presentes reconocieron que “por primera vez se empezó a hablar de política en serio”.

Sobre el final, luego de acordar la agenda de Macri para lo que resta del año, que prevé salidas al interior y la provincia todos los fines de semana (menos claro el próximo del Bicentenario), que se iniciará el 29 y 30 de este mes con una gira por Mar del Plata, Tandil y Balcarce.

La reunión concluyó con un repaso de la situación legal del partido. Se supo entonces que la semana que pasó la jueza Servini de Cubría realizó la última audiencia antes de definir la fusión de Recrear y Compromiso para el cambio en el flamante Pro, que podría materializarse en los próximos días.

Esa será la herramienta que Macri aspira a llenar de contenido territorial -o por lo menos intentarlo- de aquí al año que viene, para llegar al momento en el que imagina deberá sentarse en la mesa de los peronistas disidentes, con algún nivel de paridad.

Los "apóstoles" de Mauricio
 
Córdoba: el diputado nacional Christian Gribaudo (de regreso en el macrismo luego de un tiempo de coqueteo con De Narváez) y el legislador santillista Bruno Screnci.


Santa Fe: el diputado nacional Jorge Triaca y el “tano” Angelici.

Entre Ríos: los legisladores porteños Avelino Tamargo y Jorge Garayalde.

Buenos Aires: Jorge Macri (por ahora) y con resistencias.

Mendoza y Corrientes: la diputada nacional Paula Bertol.

Catamarca, Jujuy, Salta y Tucumán: el ex senador nacional Pablo Walter (socio de Esteban Bullrich en Recrear) y el ex ObSBA Carlos Regazzoni.

Neuquén: la legisladora porteña Karina Spalla, delegada de Néstor Grindetti, que al parecer tiene algunos vínculos con el Movimiento Popular Neuquino.

La Rioja y San Luis: la diputada nacional Silvina Majdalani.

Santa Cruz y Tierra del Fuego: el joven legislador porteño Fernando de Andreis.

Río Negro: la diputada nacional Gladis González.

Chaco y Formosa: otra vez Avelino Tamargo.

La Pampa: de nuevo Gribaudo, pero ahora asistido por la diputada del “tano” Angelici, la ex Poder Ciudadano Laura Alonso.