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Nunca sabremos qué ofreció/entregó/cedió la Argentina a cambio para que Néstor Kirchner fuera elegido Secretario General del Unasur

martes, 11 de mayo de 2010

Por Claudio M. Chiaruttini

Después de meses de duras negociaciones diplomáticas, donde nunca sabremos qué ofreció/entregó/cedió la Argentina a cambio, Néstor Kirchner fue elegido Secretario General del Unasur, pese a que el Congreso nunca votó la aprobación del ingreso argentino al organismo regional.


Mostrando el más profundo desprecio por el formalismo, 24 horas más tarde, Néstor Kirchner se sentó en su banca de diputado nacional y votó la aprobación del matrimonio del mismo sexo porque sabe que necesitará los votos de la comunidad gay el año que viene, pese a que las normas del Unasur reclaman dedicación exclusiva de su Secretario General.

¿Cuál es la respuesta de Néstor Kirchner ante la críticas internas y externas? Anuncia que su primera tarea será relanzar el Banco del Sur, es decir, hacer lo mismo que hizo en Santa Cruz, cuando fue Presidente y ahora: repartir dinero entre amigos con el fin de tener poder.

Los diarios oficialistas –cada vez son más- hablan de “una nueva etapa para el Unasur”, cuando el organismo todavía no tiene un rol institucional internacional, ni un sentido operativo real. Si la Quinta de Olivos o el oficialismo cree que Néstor Kirchner Secretario General permitirá reposicionar a la Argentina en el escenario mundial es porque luego de 7 años en el Gobierno no lograron entender lo que son relaciones exteriores.

Sin embargo, Néstor Kirchner tendrá una gran oportunidad de demostrar sus dotes de diplomáticos: ¿qué hará el Unasur y su Secretario General ante el anuncio de que Gran Bretaña encontró petróleo de calidad y en cantidad abundante en las Islas Malvinas?

La Cancillería anunció que la Argentina protestará, pero ya lo hizo antes y los ingleses igual exploraron y encontraron lo que buscaban. Si antes de tener la seguridad de que existía petróleo Gran Bretaña defendió su control de las islas ¿qué hace pensar que Londres dejará el archipiélago ahora que tiene la confirmada la calidad del crudo austral?

Tal como se nota, el tema cae como anillo al dedo del nuevo Secretario General del Unasur. Será el parámetro para probar su efectividad como diplomático.

Los Kirchner parecieran ser inoportunos para embarcarse en las grandes cruzadas

domingo, 9 de mayo de 2010

Por Eduardo van der Kooy



El matrimonio presidencial está inquieto con la Corte Suprema. Y con los empresarios que integran el nucleamiento más fuerte del sector. Buscan quebrarlo porque allí hay también empresas de comunicación. Esa es ahora la obsesión. La Unasur, apenas una vidriera.

Roberto Baratta es el subsecretario de Coordinación de Julio De Vido. Un hombre de confianza íntima del ministro de Planificación. Baratta fue el encargado de transmitir en la última semana severos mensajes de advertencia a importantes empresarios.

"O se van de allí o se olvidan de la obra pública. Ah!, también se tienen que olvidar de las deudas del Estado", conminó a un alto ejecutivo de un grupo empresario del interior. Al hacer su poco amigable pedido, invocó a Cristina Fernández, a Néstor Kirchner y al propio De Vido. ¿De dónde deberían irse esos empresarios? De la Asociación Empresaria Argentina (AEA), el nucleamiento de empresas más fuerte del país.

Baratta hizo sólo una parte de aquel trabajo intimidatorio. Otra parte corrió por cuenta de Guillermo Moreno. La división de tareas tiene explicación: el secretario de Comercio corre detrás de la suba de precios en alimentos y pasa horas del día hurgando historias y papeles en Papel Prensa; Baratta está sobresaltado por el rumbo que tomaron las denuncias sobre el pago de coimas en la relación comercial entre la Argentina y Venezuela. Tiene mucha injerencia en ese vínculo desde que estalló el escándalo de la valija de Guido Antonini Wilson y eyectó a Claudio Uberti del gobierno de los Kirchner.

Moreno y Baratta actuaron por expresa indicación del ex presidente. Kirchner se indignó al enterarse, días pasados, de una reunión que directivos de AEA mantuvieron con el titular de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti. Se trató de una cita abierta y comunicada por la propia entidad empresaria y por el Centro de Información Judicial. Que se realizó, además, en Tribunales. No hubo secretos; ni siquiera una especial discreción.

¿Por qué, entonces, tanta indignación del matrimonio? Es cierto que hace tiempo que dejaron de confiar en la Corte que ellos mismos remozaron. En el nucleamiento empresario no confiaron nunca. Pero habría que desmenuzar el grado de indignación real de otro ficticio. Los Kirchner terminaron transformando un encuentro importante pero formal -asistieron cinco empresarios de diferentes actividades- en un episodio de la política pública. Y lo pincelaron, como siempre suelen hacerlo, con un supuesto barniz conspirativo.

¿Por qué razón? Para que los jueces de la Corte tomen nota de que el kirchnerismo les derrama su respiración en la nuca. Para que los empresarios no logren aunarse en ninguna cadena solidaria. En AEA hay también empresas de comunicación. La gran inquietud de los Kirchner es qué hará la Corte ahora con una medida cautelar que elevó la Cámara Federal de Mendoza y que tiene suspendida la aplicación de la ley de medios.

Los Kirchner persiguen la ruptura de AEA porque sostienen que sus puntos de vista son los que reflejan, con exclusividad, los medios de comunicación no afines al Gobierno. Quebrada aquella unidad la batalla contra el periodismo resultaría, según ellos, más sencilla.

La idea de la lucha contra las corporaciones y los poderes económicos mancomuna el pensamiento de los Kirchner. Así la ejecutaron, con pésimos resultados, durante el conflicto con el campo. Pero en esta nueva trama podría descubrirse algún viejo sello de Cristina: la Presidenta siempre maquinó que para disciplinar a los poderes económicos había, primero, que enderezar a los principales medios de comunicación.

Los Kirchner parecieran ser inoportunos, sin embargo, para embarcarse en las grandes cruzadas. Desafiaron al campo en un momento de bajón, cuando había pasado el mejor esplendor. Eso generó una resistencia tenaz y una expansión social del conflicto. Embisten ahora contra los sectores empresarios cuando la economía, atada con hilos, podría sufrir con la onda expansiva de la crisis que golpea a la eurozona.

Esa crisis acaba de poner entre interrogantes el canje de la deuda que lanzó el Gobierno con el propósito de lograr algún financiamiento en los mercados internacionales. La oferta argentina es por demás generosa con los bonistas: un hándicap, sin dudas. Pero, aún así, requeriría de dosis de confianza para prosperar. No es la que transmiten las permanentes colisiones de los Kirchner en la política casera.

Aparte del canje, habría otras cuestiones a tener en cuenta. Dentro del pobre panorama de inversiones en la Argentina, las europeas son -junto a Brasil- las que tienen mayor preponderancia en la economía. El posible default de Grecia impactaría, sobre todo, en Gran Bretaña, Alemania e Italia, donde estaría la mitad de los tenedores de bonos griegos. Eso podría derivar en un proceso recesivo. El mismo que, por distintas razones, está atravesando España. Ese conjunto de posibilidades constituirían muy malas noticias para nuestro país.

Los Kirchner no muestran estar, ahora mismo, preocupados por todo eso. Los atrapa la disputa con los empresarios, el periodismo, la Justicia y la oposición. El enorme esfuerzo político y diplomático que hizo la pareja para encumbrar al ex presidente en la Unasur tampoco debe conducir a engaño: esa apuesta apunta a que Kirchner recobre un protagonismo público, fantaseando con el 2011, que su banca de diputados no le permite.

Al ex presidente le interesa poco la vida parlamentaria. Diputados está condenado a ser un escenario de muchas más derrotas que victorias para el kirchnerismo. Ello explicaría que Kirchner no haya querido perderse el festejo que significó la semana pasada la media sanción a la ley del matrimonio gay.

La Unasur parece haberse convertido, definitivamente, en una cuestión de política interna. Lo es para el matrimonio presidencial y también para la oposición. El reglamento del bloque regional establece de modo taxativo (artículo 10) que su secretario general no puede realizar otras actividades políticas. Kirchner es diputado, aunque podría pedir una licencia o renunciar. Es, además, jefe del peronismo, trono que nunca abandonará si pretendiera -como pretende- convertirse en el 2011 en candidato.

Los Kirchner deberían salvar esa contradicción con los doce miembros del bloque que lo respaldaron por consenso. Perú, Colombia y Chile fueron los que más retacearon, por esa razón, el apoyo. Brasil, el creador de la Unasur, también corcoveó con cautela. Sobre todo, porque Lula en estos años nunca logró descubrir algún entusiasmo del ex presidente en torno a la geopolítica regional. El remilgo de Uruguay, ya se sabe, respondió al largo e irresuelto conflicto por Botnia.

Pero suceden más cosas con aquella aparición internacional de Kirchner. La Argentina es, entre media docena, una de las naciones que no ratificó el tratado de creación de la Unasur. Es decir, ese bloque no existe todavía, formalmente, como tal. La ratificación debe provenir de las dos Cámaras: la clara minoría kirchnerista en Diputados representa una señal de alarma.

Superado ese obstáculo, podría sobrevenir otro: la licencia de Kirchner. No se trata sólo de números desfavorables. Aun en el caso de reunir una mayoría, tal vez con el respaldo de la centroizquierda, el ex presidente le temería a una discusión salvaje alrededor de su persona entre el oficialismo y la oposición. Si así fuera, se le podría consumir parte del crédito esforzado que obtuvo, al final, de los presidentes de la región.

La oposición, en su precariedad, intenta plantearle desafíos a los Kirchner que muchas veces quedan a mitad de camino. Aunque algún daño producen. Durante una discusión en Diputados sobre el canje de la deuda, Agustín Rossi, el jefe del bloque oficial, refutó críticas de Felipe Solá memorando el canje que había hecho  cuando era gobernador de Buenos Aires, en plena crisis.

Solá recogió el guante y reconoció tal acción. Pero se despachó con una anécdota que dejó perplejo al kirchnerismo. Contó que habló en ese momento (el 2005) con Kirchner por las dificultades que tenía para renegociar en los mercados externos una deuda de 2.900 millones de dólares. El entonces presidente aconsejó que el problema podía solucionarlo fácilmente con De Vido y con Uberti. Que esos funcionarios lo conectarían con Hugo Chávez.

La solución, al final, fue otra. Pero el relato de Solá repuso el problema de corrupción en la relación comercial con Venezuela que causa espanto aún en muchos kirchneristas. La comisión investigadora de Diputados se puso en marcha pero difícilmente prospere: la centroizquierda es reacia.

La oposición estaría urdiendo otro posible dolor de cabeza parlamentario para los Kirchner. Existiría inclinación en Diputados para introducir alguna modificación al proyecto del uso de reservas que, con holgura, el kirchnerismo dio media sanción en el Senado. Una modificación que obligaría al Gobierno a saldar previamente deudas con las provincias y que sería incluido en el mismo artículo que habilita el uso de reservas. Un incordio para el posible veto de Cristina.

La oposición está muy lejos todavía de delinear una alternativa de poder. Pero ha descubierto una fórmula para no perder vigencia: azuzar a los Kirchner y forzarlos a la transgresión. Una manera de distanciarlos más de la sociedad.

Un recurso al que apeló también Mauricio Macri, cuando se mostró víctima del matrimonio por la causa del espía que estimula siempre el juez Norberto Oyarbide.

Néstor Kirchner ha iniciado el recorrido de un camino largo y sinuoso

miércoles, 5 de mayo de 2010

Por Eduardo van der Kooy

Néstor Kirchner ha iniciado el recorrido de un camino largo y sinuoso con la esperanza de que pueda acercarlo, en algún momento, al complicado objetivo del regreso a la pelea presidencial para el 2011. Esa puede ser la lectura más realista del empeño político y diplomático que depositó el matrimonio presidencial para encumbrar al ex presidente hasta la Secretaría General de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Algo que consiguió ayer por la unanimidad de sus doce miembros.



El sillón obtenido es, todavía, un lugar repleto de virtualidad. El bloque regional no existe como tal, porque más de media docena de naciones no lograron su ratificación parlamentaria. Entre ellas, las propias Argentina y Uruguay. Los vaivenes políticos en esos países suelen actuar como un freno.

La Unasur vio sus primeras luces en el 2005 pero su conformación ha sido enredada. Promueve una integración económica, política y cultural que cuesta cristalizar. Un caso: el primer proyecto lanzado por el bloque fue la construcción de la Carretera Interoceánica entre Brasil y Perú, que atravesará Bolivia.

Brasil llegaría así al Pacífico y Perú al Atlántico. El financiamiento corre un 60% por parte de los brasileños y un 40% por parte de los peruanos. La estimación de la finalización de la obra se había fijado para el 2009. Pero debió correrse, ahora, al primer trimestre del 2011.

Las relaciones internacionales nunca constituyeron un tema de desvelo para Kirchner. Poco y nada le importó, por ejemplo, que la relación bilateral con Washington boyara en las aguas de la nada tras la discusión que tuvo con George Bush, en la Cumbre continental que en el 2005 se celebró en Mar del Plata.

También dejó fluir, sin inmutarse, el conflicto con Uruguay por la pastera Botnia. La concurrencia a la Corte de La Haya respondió, sin dudas, a la necesidad de ganar tiempo y descomprimir la política interna, azuzada por los asambleístas de Gualeguaychú.

El vínculo con la España de José Luis Rodríguez Zapatero se mantuvo sólo por la tenacidad y paciencia del líder socialista: pero ahora ese gobierno está en un tobogán, acechado por la crisis económica y social.

Tanto valor le asigna ahora Kirchner, en cambio, a su llegada a la escena internacional que ordenó hacer un fino trabajo político y diplomático para despejar un sendero que se exhibía lleno de malezas. Esos obstáculos fueron desapareciendo.

Kirchner tuvo la colaboración inestimable del presidente de Ecuador, Rafael Correa. El ecuatoriano ejerció hasta ayer la titularidad temporal del bloque. Su canciller, Ricardo Patiño, hizo la semana pasada una gira por cuatro países de la región que todavía resistían la nominación de Kirchner. Perú parecía, en ese aspecto, el más firme.

La presencia de Cristina Fernández en Lima durante el mes de marzo y su pedido público de disculpas por la venta clandestina de armas a Ecuador, en la década de Carlos Menem, sirvieron para suavizar algunas de aquellas resistencias de parte de Alan Garcia.

Pero no todas. Perú hizo trascender el mismo presentimiento que otros vecinos de la región prefieren mantener en silencio: la posibilidad de que Kirchner utilice sólo el Unasur como plataforma para suceder en el poder a su esposa, Cristina. Sería un duro golpe de confianza para un bloque que todavía no se empezó a consolidar.

Perú aflojó al tiempo que otros países dieron señales de bendición para el ex presidente argentino. Uno de ellos fue Colombia: Alvaro Uribe no tiene buen diálogo con los Kirchner y le fastidia, sobre todo, la proximidad del matrimonio a Hugo Chávez.

Un gesto importante para el ascenso de Kirchner al timón del Unasur lo terminó haciendo, aunque suene paradójico, el nuevo presidente de Chile, Sebastián Piñera. Aunque para ese gesto del mandatario derechista fue necesaria una discreta negociación.

¿Cuál? Que el gobierno kirchnerista no objetara la designación del veterano abogado, Miguel Otero, como embajador en Buenos Aires. Otero tuvo lazos públicos con la dictadura de Augusto Pinochet. Pero los Kirchner optaron por no levantar la voz y el embajador trasandino tuvo su plácet.

Cristina se encargó de hacer el resto. Fuentes diplomáticas marcaron la "extrema buena disposición" de la Presidenta en el par de entrevistas que ya tuvo con Piñera.

El apoyo más complicado fue, sin dudas, el de Uruguay. La nominación de Kirchner en la Unasur estaba paralizada por el veto impuesto por el ex presidente Tabaré Vázquez. Ocurrió en medio del desacuerdo profundo sobre Botnia. José Mujica dio una vuelta de campana a esa decisión. No sólo levantó la interdicción al argentino: ayer acompañó el consenso para su nominación, aunque dejó en claro que tanta generosidad podía acarrearle problemas de política interna si los Kirchner no tienen alguna correspondencia con él.

"Teniendo contradicciones muy fuertes en mi país, a este presidente la cuesta el paso que da", afirmó Mujica al avalar la designación del ex presidente argentino. Sabía de qué estaba hablando: la oposición Colorada y Blanca criticó enseguida, duramente, el cambio de postura de Mujica.

Pero el mandatario se guardó una sorpresa para atenuar el posible efecto negativo en la opinión pública: regresó acompañado a Montevideo por Lula da Silva. El presidente brasileño anunció un paquete de inversiones en la otra orilla del Río de la Plata.

Mujica le ha dado en pocas semanas a los Kirchner el oxígeno político que siempre les negó Tabaré. No sólo por el respaldo al ex presidente en el bloque regional. También por el margen de tiempo concedido para que el matrimonio presidencial desbarate el bloqueo del paso fronterizo que desde el 2006 realizan los asambleístas de Gualeguaychú. Los Kirchner cumplieron su primera parte: la policía impidió ayer en Zárate el paso de unos 60 manifestantes que querían repudiar a Mujica.

Queda por delante la tarea más ardua. No hay plan de corto o largo plazo de los Kirchner para afrontar el desafío de los asambleístas. El tiempo de Mujica no es infinito y podría estar condicionado, en buena medida, por los resultados de las elecciones a alcaldes que se celebrarán el próximo fin de semana en Uruguay. Un éxito del Frente Amplio en las intendencias importantes -las de Montevideo y Maldonado, se descuentan- le robustecería el crédito político a Mujica. Los Kirchner, han encendido algunas velas.

El interrogante para el matrimonio sería descubrir si la maniobra internacional por la cual apostaron como nunca podrá tener alguna influencia en una opinión pública inquieta por otros motivos. Veamos algunos: la inseguridad, el galope inflacionario, las denuncias sobre corrupción -en especial en la relación con Venezuela- que se derraman como una mancha enorme sobre el Gobierno de Cristina.

Ese problema indujo definitivamente a Kirchner a no abandonar su banca en Diputados. Los fueros son, en estas circunstancias, imprescindibles ante una ofensiva judicial.

Pero no sería la única razón. Kirchner no quiere desentenderse de un bloque que tiene visibles problemas internos. La permanencia de Agustín Rossi, al frente del bloque oficial, significa para el ex presidente una garantía.

La llegada a la Unasur sería, entonces, el primero y más sencillo paso de Kirchner en su ambición por volver. Falta ver si el PJ se despierta, cómo se aglutina la oposición y qué sucede con un humor popular en caída libre.

Néstor Kirchner se ha puesto en marcha para el 2011

viernes, 30 de abril de 2010

Por Gustavo Sylvestre

Néstor Kirchner se ha puesto en marcha para el 2011. Tras haber superado el post operatorio de la carótida, su reaparición pública y política, tras algunas semanas de silencio, fue tomada por su tropa como el puntapié hacia la candidatura presidencial.

El lugar elegido no fue en vano la sede de la CGT donde, una vez más, renovó su alianza inquebrantable con Hugo Moyano y donde pareció enunciar lo que será el eje de su campaña. Obviamente, una vez más, el clima de confrontación, sobre todo con los medios, es la columna vertebral de su discurso.


Lejos de una autocrítica por el clima de crispación que vive la sociedad, de la “marcación” a periodistas -que no ha sido repudiada por el gobierno con la fuerza necesaria que acciones de este tipo merecen-; de la fragmentación creciente que se percibe en el seno de la sociedad -advertida desde la Iglesia-, Kirchner parece encaminarse a consolidar su puja con los sectores presentes en su discurso, con el objetivo de fortalecer el núcleo duro de seguidores dentro del Justicialismo. Y en ese camino parece encolumnar a legisladores y gobernadores que le son fieles.

Otra pata de su lanzamiento mirando al 2011 será la búsqueda del secretariado de la Unasur, que le servirá a sus objetivos. El próximo lunes y martes, Los Cardales será sede de la reunión de Presidentes de América del Sur, que finalizaría, según prevé el kirchnerismo, con la elección por unanimidad del ex Presidente Kirchner como su nuevo Secretario General.

Desde ese cargo sueña con asumir la representación de la región para proyectarse al plano internacional, del que careció durante su mandato.

¿Saldrá ese encuentro tal como prevé el kirchnerismo? “Todo esta ordenado para que Néstor sea proclamado como nuevo secretario de la Unasur, Mujica levantó el veto de Tabaré y Lula es el primer impulsor de esa candidatura”, sostiene una alta fuente de la cancillería argentina.

Tal es el interés y la importancia que el kirchnerismo le da a esa candidatura, que hasta la propia Presidenta en sus viajes recientes por el continente hizo “campaña” para la candidatura de su esposo y cerró los acuerdos con el flamante Presidente de Chile, con el Pepe Mujica y con el Presidente de Perú, Alan García, que se oponía a la misma. Todo hace prever que Kirchner se saldrá con la suya y se quedará con el cargo. Si por algún motivo no ocurriera, sería una derrota que Kirchner no prevé.

Cuidando lo que se viene la semana próxima, y evitando todo conflicto que pueda poner piedras a esa candidatura, la reunión de este miércoles entre Cristina Kirchner y José Mujica transcurrió “con buena química”, “sin reproches” y buscando “reencauzar la relación bilateral y ponerla en un nivel más alto”, según contó al cronista un participante del encuentro.

“Se habló mucho de actuar con buena fe a partir de ahora, de cerrar la etapa de frialdad y desconfianza y relanzar la relación bilateral a partir de este fallo... recrear confianza, para después avanzar en la búsqueda de una solución al corte del puente”, confió la fuente.

En esa línea, se comprometieron a realizar una reunión con sus respectivos ministros a más tardar en junio, para ampliar la agenda entre ambos países; respetar las decisiones que tome la Comisión Administradora del Río Uruguay y ejercer una fuerte vigilancia sobre Botnia.

“Ambos presidentes coincidieron en la necesidad de evitar cualquier tipo de contaminación, son concientes de los problemas que traería para la relación, que buscan reencauzar, que se detecte algún error en la planta, y en este sentido Mujica, que tiene mucha conciencia ecológica, es el primero en querer controlar a Botnia”, señala nuestro informante.