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Reacciones diversas en torno a los festejos por el Bicentenario

viernes, 28 de mayo de 2010

Por Gustavo Sylvestre

La movilización popular en torno a los festejos por el Bicentenario de la Revolución de Mayo, sorprendió a la dirigencia política de nuestro país. Una vez más, la gente se mantuvo al margen de peleas estériles, de discusiones sin sentido, de agresiones inútiles. Participó activamente, acompañó sin banderías políticas y evitó en todo momento cualquier significación política con su presencia.


Mientras caminaba el lunes por la noche hacia el teatro Colón, el senador Carlos Reutemann, con su estilo campechano y su fino olfato de los humores de la gente, les comentaba a ocasionales acompañantes: “Hay que estar atentos a estos mensajes que nos deja la sociedad con esta participación increíble en la calle”.

Desde otro sector, Federico Pinedo, opinaba: “Ha sido espectacular, es como que la gente se tomó venganza de todos y salió a la calle a manifestar su alegría”.

El Gobierno organizó todos los actos en el mayor de los secretos. Y sorprendió. Más allá del lamentable cruce entre el gobierno porteño y el nacional, con la ausencia de la Presidenta en un Teatro que nos pertenece a todos, los dirigentes de la oposición actuaron frente a los actos programados por el oficialismo con sorpresa, en algunos casos por la masiva participación popular y cautela frente a las invitaciones a participar del Tedéum y actos en la Rosada.

Muchos dirigentes de la oposición no fueron al Tedeum por temor a “quedar pegados” al oficialismo. En otros casos, como se sabe, no fueron invitados. Sólo Ricardo Alfonsín; Federico Pinedo y el senador Juan Carlos Marino cumplieron con sus roles institucionales y asistieron a la Rosada.

Los dirigentes de la oposición prefirieron refugiarse en el Tedeum porteño que luego de la advertencia previa del Cardenal Bergoglio de que no era un acto político hizo desistir a muchos. También hay que decir que el cardenal ya no tiene en la oposición el predicamento que tenía años atrás; viene soportando una fuerte interna de los sectores más conservadores de la Iglesia, hace años que no dialoga con la líder del ARI, Elisa Carrió y sus buenos vínculo con el macrismo están más que fríos, desde que Macri acompañó en la Ciudad el casamiento entre personas del mismo sexo.

El otro lugar para el refugio político fue el Teatro Colón de la mano de Mauricio Macri.

En el largo intervalo que se dio en la función de gala del lunes, fueron interesantes los diálogos que se dieron entre los dirigentes opositores que compartían una copa de champagne o un canapé. “El oficialismo tiene las dos ‘s’ a su favor: soja y suerte” reflexionaba un notable senador de la oposición con destino político incierto. “No hay que subestimar a Kirchner y muchos de mis colegas lo han hecho y así ha crecido”, completaba.

Una diputada de la Coalición Cívica anticipaba: “Tenemos que salir de la parálisis en la que estamos, hay que actuar y producir dos o tres hechos que impacten políticamente”, al tiempo que le consultaba a otro colega, “¿qué pasa con el proyecto de reforma del Consejo de la Magistratura que no avanza?”. “Es que no tenemos los votos de la izquierda aún”, fue la lacónica respuesta.

Otros fueron más críticos para con ellos mismos: “hemos equivocado la estrategia política y mediática... encima los radicales se meten en una pelea interna en la Provincia de Buenos Aires que desgasta mucho a Cobos... estamos dispersos”.

Otros fueron más sinceros: “Algunos hemos optado por guardarnos por un tiempo para preservarnos, se han cometido algunos errores que hay que enmendar, nos hemos ido de pico y lo hemos pagado caro”, decía un senador radical con voz cantante en el Senado, “desaparecido” de los medios desde hace un tiempo, después de haber cometido algunos “papelones” -según sus colegas- en el Senado.

La foto del palco del Colón fue la del Vicepresidente Julio Cobos al lado del gobernador Hermes Binner. Tal vez un anticipo de una fórmula presidencial que podría darse el año próximo si prosperan las discretas negociaciones políticas que ya han comenzado y que también tienen a la Provincia de Santa Fe en el centro de las mismas. Allí Binner no puede ir por la reelección y los radicales, en alianza actual con él en esa provincia, quieren poner el candidato a gobernador para el año próximo.

Si bien el kirchnerismo evitó en todo momento politizar los festejos del Bicentenario, se descuenta que a partir de ahora exaltará todo lo registrado a nivel popular e insistirá con estos tipos de actos multitudinarios de aquí a la finalización del año.

Seguirían los consejos de algunos intelectuales que el verdadero debate es con el macrismo. “Ellos se quedan con un acto elitista en el Colón... en cambio nosotros demostramos que podemos hacer actos multitudinarios y también el Colón, lo nuestro es inclusivo mientras que lo de ellos es exclusivo”, adelantó como parte de ese debate el Secretario de Cultura, Jorge Coscia.

Desde hace tiempo que Kirchner expresa en privado que el ballotage será con Mauricio Macri y que por eso hay que adelantar ese debate. Por su lado Macri, en privado, sueña con lo mismo.

El fenómeno popular abrió un mundo de preguntas que acaso proyecte al líder que encuentre las respuestas

jueves, 27 de mayo de 2010

Por Ignacio Fidanza

Nadie puede negarle a los Kirchner la capacidad para reconstruir lo que ellos mismos destruyen. Estuvieron muy cerca de arruinar su rol en los festejos del Bicentenario con una pelea de conventillo con el jefe de Gobierno porteño, y sobre el final coronaron un cierre espectacular que tuvo el beneficio adicional, para una pareja que se dice peronista, de la aplastante masividad.


¿Son los Kirchner los depositarios directos del afecto de la gente que por millones se volcó a las calles? Es una pregunta para sociólogos, pero lo cierto es que si la fiesta salía mal iban a ser los responsables. De manera que aunque sea por omisión, fueron beneficiarios de la alegría de la gente. Negarlo sería tan tozudo como no reconocer que no le sumó nada a la Presidenta el faltazo al Colón, que le regaló la tapa de los diarios del 25 de Mayo a Macri.

Pero acaso lo que parece una torpeza sea una estrategia. Pensándolo bien, no les vendría nada mal a los Kirchner polarizar la disputa política con el jefe de Gobierno. La famosa pelea de “modelos” difícilmente quede más clara que en una contraposición de Macri y los Kirchner, por estética, historia personal y hasta por algún dejo de ideología, o al menos de identidad política.

Porque si hubo dos ganadores políticos de estos largos festejos, sin duda fueron los Kirchner y Macri. Fue notable el segundo plano en el que quedó ubicado Julio Cobos –insólitamente apañado en Mendoza por el gobernador peronista con peor imagen del país-. Así como la virtual desaparición de la escena pública de Eduardo Duhalde, Ricardo Alfonsín y Elisa Carrió, los otros candidatos que hoy despuntan para pelear la Presidencia.

Macri, como todos los opositores, tiene que librar dos peleas simultáneas. La primera por despegar de ese lote heterogéneo que se engloba bajo la palabra “oposición” y la segunda contra los Kirchner. Una es función de la otra y el matrimonio presidencial en los últimos días no ahorró esfuerzos por posicionarlo como “él” contrincante.

El poder de la gestión

Es verdad, que de todos los presidenciables de la oposición, Macri es el único que administra un gobierno grande y con amplia visibilidad. Y el gobierno es un lastre, pero también un trampolín. Quedó claro en este Bicentenario que sólo desde el manejo del Estado se pueden dar ciertas peleas.

Macri deslumbró con el Teatro Colón y los Kirchner, agazapados, sorprendieron con un final vanguardista y a tono con los mejores shows del mundo, que tenían cuidadosamente escondido. La Presidenta perdió cuando intentó contraponer el inconcluso Palacio del Correo al Colón –algo debe querer decir de la decadencia nacional que este Bicentenario se festeje reinagurando dos edificios de más de 100 años-.

Pero ganó cuando se plegó a los gustos populares sin pretensiones. Había que verla bailando –y con mucha gracia- en el palco, para terminar de entender la densidad del daño político que los Kirchner se hacen a si mismos. Esa imagen cálida, suelta, humana, cae tan bien, como espantan los giros destemplados y la impostura al estilo Evita, que ciertamente suenan fuera de época. Vivimos una época de épicas módicas y para bien o mal, ya nadie piensa en dar la vida por un político.

O si se quiere el escenario político es de una volatilidad que obliga a reescribir la historia cada mañana. Los ganadores de hoy son los derrotados de mañana. Acaso esto revele la dificultad para auscultar las razones profundas del humor popular. Preguntas para estudiosos de la opinión pública: ¿Qué festejó la gente en el Bicentenario? ¿La recuperación económica luego del bajón del 2008/2009? ¿Fue un desahogo y un rechazo ante tanta pelea cruzada? ¿Simple alegría de ser argentinos?

El fenómeno popular de ayer, abrió un mundo de preguntas que acaso proyecte al líder que encuentre las respuestas y logre sintetizar ese entusiasmo.

Parecería que por más que Macri y los Kirchner intenten arrogarse esa representación, la gente camina por un sendero paralelo a la política. Castigó a Kirchner en el 2009, luego tomo distancia del ganador Francisco de Narváez, tal vez por sus veleidades y zigzagueos, y este Bicentenario disfrutó sin prejuicios el espectáculo público del Colón y los festejos que organizó la Casa Rosada.

Sin embargo, la alegría que ayer se expresó en las calles, acaso si revela que no prevalece en el ánimo general una visión apocalíptica del futuro inmediato. Eso es bueno para el Gobierno, pero también es bueno para líderes como Macri y Cobos, que se han esforzado por proyectar una imagen de moderación, de crecimiento sobre lo conseguido.

El enemigo ideal

Ahora, asumiendo que en todo el sainete del Bicentenario no hubo torpeza sino una deliberada acción política de los Kirchner para posicionar a Macri, la pregunta obligada es: ¿Para qué esforzarse en unir la representación opositora?

Si se parte de la hipótesis de Kirchner, que es ganar en primera vuelta con 40 puntos, una lógica posible es que busque la polarización para conseguir perforar el techo del 30 por ciento que hoy desvela al gobierno. En un escenario de ese tipo, lo natural es que suban ambos contendientes y como primera minoría, Kirchner estaría mas cerca de alcanzar los soñados 40 puntos.

Si por el contrario, la propuesta opositora para la primera vuelta se mantuviera atomizada, podría ocurrir como en el 2003, en el que ningún candidato superó el 25 por ciento. Ese es el escenario que a toda costa debe evitar Kirchner. O sea, lo que se intuye que debería hacer el oficialismo y acaso lo esté buscando es anticipar la segunda vuelta a la primera, pero limitada.

Es decir, un juego de relojería que le permita subir su piso ante la antinomia Derecha-Progresismo o Macri-Kirchner, atrayendo a potenciales votantes de Pino Solanas, Duhalde, Carrió o la UCR, que puestos contra esa pared elijan “el mal menor”. Lograr ese escenario pero al mismo tiempo mantener las otras opciones vivas para que el tiro no salga por la culata y termine ganando Macri en primera vuelta podría ser el desafío ensayado.

En ese sentido, el relato histórico-político que se construyó con mucha habilidad ayer en el video proyectado sobre el Cabildo y el propio desfile de Fuerza Bruta, apunta a reforzar la idea de los Kirchner como una continuidad de las más puras luchas sociales, al tiempo que sintoniza a la centroderecha con la Dictadura, Menem y los períodos más oscuros de nuestra historia.

Juegos de laboratorio que no necesariamente pregnan en esa vía paralela que parece estar construyendo una sociedad, que ayer se apropió de la escena pública con su propia agenda y que acaso se guarde más de una sorpresa de acá al 2011.

Cristina perdió una ocasión inmejorable para darle una pincelada de barniz modesto a su habitual personalidad presuntuosa y sectaria

miércoles, 26 de mayo de 2010

Por Eduardo van der Kooy

¿Tendrá, al final, el Bicentenario alguna derivación política? ¿Serán capaces Néstor y Cristina Kirchner, o también la oposición, de capitalizar la aluvional participación social de estos días? ¿Podría aventurarse detrás de esa conducta colectiva algún pronóstico electoral para el año próximo?


Los interrogantes empezaron a cobrar fortaleza no bien se acercó el epílogo de la celebración. Si algo quedó claro en los últimos cuatro días fue una cosa: la sociedad pareció celebrar de modo genuino y desinteresado los 200 años de la Argentina; las conjeturas permearon sólo entre políticos, economistas, empresarios y periodistas.

Con todo, el Bicentenario dejó plasmadas un par de realidades similares a las existentes hasta ahora.

¿Cuáles? Los Kirchner no asoman todavía preocupados por interpretar las señas de importantes núcleos de la comunidad que aspiran a una convivencia menos traumática que la actual. Sí parecen empeñados, en cambio, en afianzar a los sectores populares que les son fieles con un estilo político y un sistema de poder que desconoce concesiones.

Como contrapartida, la oposición estuvo atenta siempre a tratar de sintonizar con las demandas sociales de armonía. Pero de esa buena voluntad no se trasunta todavía ninguna alternativa política que pudiera seducir para las elecciones del año que viene.

Los mensajes de los Kirchner fueron varios y bastante uniformes. El primero, la ausencia de Cristina en el desfile militar de la jornada inaugural. El argumento de una "acumulación de cansancio", que deslizaron portavoces de la Casa Rosada para justificar aquella ausencia, sonó débil. La Presidenta soportó estoicamente, hace algunas semanas, la parada militar del festejo en Venezuela junto a Hugo Chávez y con el calor y la humedad infernales de Caracas.

El matrimonio prefiere, en este tiempo, no experimentar sobre el antimilitarismo y la política actuada en materia de derechos humanos que sirve para amalgamar a sectores nada despreciables del kirchnerismo. Existe un dato cierto: los Kirchner han carecido estos años de un plan hacia las Fuerzas Armadas que exceda la revisión del pasado. ¿Por qué razón hacerlo ahora, cuando el capital político no sobra y la pareja enfrenta un momento decisivo para su proyecto de seguir en el poder en el 2011?

Otras poses públicas de la pareja presidencial apuntaron también a exhibirse como siempre. Intransigentes con aquellos que los desafían o representan un potencial riesgo. La reyerta de Cristina con Mauricio Macri, que concluyó con su ausencia en la reapertura del Colón, estuvo envuelta por el humo espeso. La excusa del supuesto agravio -más allá de la inoportuna ironía del jefe porteño- le permitió apartarse de una geografía incómoda. No sólo por una hipotética hostilidad de la concurrencia. Además, porque ese palco del teatro estuvo colmado por dirigentes a los cuales los Kirchner no les dispensan ninguna simpatía.

Macri es visto por el matrimonio como una acechanza para el 2011. Carlos Reutemann puede ayudar a aglutinar -habrá que verlo- al peronismo disidente. Con el socialista Hermes Binner las distancias se han estirado en los últimos meses. Julio Cobos es, según ellos, el paradigma de la traición. Gerardo Morales y Ernesto Sanz son de los radicales que más los critican. Radicales y socialistas andarían tramando una fórmula conjunta para el 2011.

Ricardo Lorenzetti -también en aquel palco apareado a Macri- dejó de encantar hace rato a la Presidenta, que insistió para encumbrarlo en la Corte Suprema. Habría que reparar en los máximos jueces. Ninguno de ellos asistió al Tedeum en Luján, al cual habían sido invitados. Los asientos de Lorenzetti y de Juan Carlos Maqueda quedaron vacíos y, para disimular esas ausencias, Aníbal Fernández, el jefe de Gabinete, se encargó de hacer una rápida redistribución de lugares. La tensión con la Corte viene de lejos. Pero escaló cuando el Tribunal resolvió la semana pasada establecer límites para los DNU (Decretos de Necesidad y Urgencia). Esos límites, de modo objetivo, constituyeron un aval para los reclamos de la oposición en el Congreso.

La impresión final que quedó en el Colón fue que Cristina perdió una ocasión inmejorable para darle, al menos, una pincelada de barniz modesto a su habitual personalidad presuntuosa y sectaria. No hubo en el teatro el mínimo atisbo de la posibilidad de algún desaire hacia ella. Podría haber opacado, incluso, al propio Macri que no terminaría nunca de sentirse seguro con el papel que desempeña. Y haber aflojado, de paso, las inminentes tensiones que le aguardan con Mujica. El mandatario de Uruguay fue al Colón porque el teatro, sencillamente, lo deslumbra. Pero fue también un mensaje para su propia clientela política uruguaya, que le achaca desde que asumió ser extremadamente contemplativo con los Kirchner.

Los Kirchner tampoco transigieron con la cena de gala en la Casa Rosada. Dejaron afuera a Cobos y dejaron afuera, además, a los ex presidentes Carlos Menem, Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde. No tuvieron en cuenta la doble excepcionalidad del acontecimiento. Por un lado el Bicentenario; por otro una reunión en el Salón Blanco que posee, apenas, un par de antecedentes: una cena que ofreció en la década del 30 el general José Félix Uriburu y otra realizada por Arturo Illia cuando agasajó al entonces presidente de Francia, Charles De Gaulle.

No hay excepcionalidad que valga para los Kirchner. El cardenal Jorge Bergoglio y monseñor Agustín Radrizzani coincidieron, en la médula, con las homilías que pronunciaron en la Catedral y en Luján. Ambos subrayaron, en este época de la Argentina, la necesidad de un mayor ejercicio del diálogo y de la búsqueda de consensos. Al menos durante los días del Bicentenario, los Kirchner se dedicaron a otra cosa.

Incluso aprovecharon la ceremonia religiosa en Luján para darse un baño de política callejera. Hubo una movilización muy bien organizada que agasajó al matrimonio cuando abandonó la Catedral. Tan organizada, que hasta llamó la atención el aporte del gobernador de Tucumán, el kirchnerista José Alperovich. Los últimos actos kirchneristas han costado un dineral: desde aquel del regreso de Kirchner a Río Gallegos hasta los realizados en Córdoba y Paraná. Kirchner supone que el Bicentenario podría ser el primer trampolín en el proyecto hacia el 2011. En dos semanas se larga el mundial de fútbol, donde también depositan esperanzas.

Las fantasías pueden demasiadas veces más que la realidad. Raúl Alfonsín también soñó en 1986 cuando la Argentina obtuvo el campeonato del mundo en México de la mano de Diego Maradona. Un año más tarde perdió las elecciones legislativas, que terminaron por acelerar su salida de poder y sepultaron sus proyectos.

Una lección que los Kirchner, embriagados ahora por el acompañamiento social del Bicentenario, no deberían desdeñar.

El canje y el sermón

domingo, 23 de mayo de 2010

Por Nelson Castro

“No cubrió las expectativas.” Con esta frase, una voz gubernamental que conoce el pensamiento del matrimonio presidencial se refería al porcentaje del 45% de aceptación que tuvo la zarandeada nueva propuesta que el Gobierno argentino hizo a los tenedores de deuda que habían quedado fuera del canje del año 2005. “Para la interna de Boudou, esto no es bueno”, expresaba esta misma voz, describiendo los avatares que el posicionamiento del ministro de Economía va generando dentro del universo K.

A esto hay que agregar cosas poco claras y sospechosas que todo este proceso de reapertura del canje de deuda ha generado: la participación de la consultora Arcadia, el manejo de información privilegiada que tuvieron entidades y fondos que pudieron así comprarles a los desprevenidos acreedores bonos a un precio vil, para después canjeárselos al Estado argentino por el doble o el triple del valor pagado. A esto hay que agregarle la derogación de la llamada ley cerrojo, de la que también participó la oposición, alternativa que afectó fuertemente la ya de por sí escuálida credibilidad de la Argentina en los mercados.

Al poco éxito de esta iniciativa contribuyeron varios factores: uno no menor fue la crisis financiera desatada en Europa; el otro, la poca envergadura técnica de la propuesta nacida en el Ministerio de Economía. Hay que agregar, además, que sobre el ministro se extienden varias sospechas.

Una de ellas tiene que ver con el episodio del “intruso”, Roberto Larosa, que con gran aspaviento denunció Amado Boudou. Quienes están al tanto de este hecho dicen tener sospechas y evidencias de una operación montada con el fin de neutralizar las denuncias que sobre la reapertura del canje y la participación de la consultora Arcadia vino haciendo el diputado Claudio Lozano.

Todos estos factores alejan la posibilidad inmediata de acceso a los mercados de financiamiento internacional que el Gobierno está buscando. Esto dificulta muchas cosas. Una de ellas es la posibilidad de enfrentar el fenómeno de la inflación atacando el problema desde su origen. Esto se da en un momento particularmente bueno para la economía argentina, en la que se verifica un indiscutible crecimiento. Es un crecimiento basado en el consumo y en la idea de que la inflación se come el valor del dinero.

Por lo tanto, es un proceso generador de inflación. Falta la inversión. Y sin inversión va a ser muy difícil detener el aumento de precios que hoy carcome principalmente los bolsillos de los que menos tienen. De eso, precisamente, estuvo hablando en la noche del martes último un grupo de dirigentes empresariales con algunos líderes sindicales. Es que el tema se disparó con mucha fuerza tras el acuerdo de recomposición salarial que alcanzó el gremio de la alimentación. La cifra, 35%, produjo un sacudón tanto dentro de las fuerzas del trabajo como del capital.

El panorama sindical es bien complejo. Hugo Moyano, que enfrenta una situación delicada debido a las investigaciones que se están llevando adelante en la causa por adulteración de medicamentos, es una fuente de poder imprescindible para el Gobierno nacional. El líder de los camioneros lo sabe y es por eso que hace pedidos que incomodan al Gobierno. El del aumento del piso para el impuesto a las ganancias es uno de ellos, y el matrimonio presidencial le viene escapando. El salarial es otro.

A pesar de esta realidad compleja, la Presidenta no se privó de pasearse por la cumbre del Mercosur y la Unión Europea con su habitual discurso con aire de sermón a propósito de la crisis financiera que tiene en vilo a toda Europa.

Está claro que se padecen allí las consecuencias de una burbuja económica producto de una fiebre de consumo y descontrol casi ilimitado en el manejo del gasto público. La Dra. Cristina Fernández de Kirchner habló desde el púlpito contra las políticas de ajuste. Lo que dijo fue correcto desde el punto de vista de la visión crítica de los efectos de las políticas neoliberales. Lo que no dijo es que algún día el ajuste será otra vez una realidad de la economía argentina si es que nada cambia en la política de adulteración de los índices que proporciona el Indek, el dibujo del presupuesto nacional y una política de subsidios enmarañados y poco controlados que aplica su gobierno.

La actitud de la Presidenta no cayó bien a su auditorio y el protagonismo que le atribuyeron los obsecuentes de siempre no fue tal. Eso sí, a su paso por España tuvo la necesidad de desmentir lo que los hechos confirman: la restricción dispuesta a la importación de productos extranjeros que compiten con los que se fabrican en la Argentina, sobre todo en el rubro alimentario.


En este contexto, hemos llegado a la celebración del Bicentenario de la Revolución de Mayo, en la que la fotografía que nos muestra gran parte de la dirigencia política es patética.
La Primera Junta de Gobierno nacida el 25 de mayo de 1810 fue cruzada por el signo de la división y la incomprensión entre los pensamientos de Cornelio Saavedra y Mariano Moreno. Doscientos años después, buena parte de la dirigencia argentina sigue padeciendo de aquel mal.

Los archivos recordarán siempre la moral del kirchnerismo en la política y los negocios

lunes, 10 de mayo de 2010

Por Osvaldo Pepe

Ciertos individuos trajeron de Grecia a Roma un testamento falso de Lucio Minucio Basilio, que era muy rico. Para conseguir más fácilmente la ratificación de su validez, nombraron coherederos a Marco Craso y a Quinto Hortensio, hombres de grandísima influencia en aquellos tiempos. Éstos sospecharon que el testamento era falso, pero, sabiendo que ellos no tenían culpa, no repudiaron la pequeña propina del delito ajeno. ¿Basta esto para que parezca que ellos no pecaron?. De Marco Tulio Cicerón, orador, político y filósofo latino, en su obra "Sobre los deberes". El relato corresponde a episodios aproximados al año 50 a.C.


Unos 2060 años después, la trama que investiga la Justicia sobre el presunto pago de coimas a las que eran "obligados" empresarios argentinos para acceder al mercado venezolano, además de la "valija" y la "embajada paralela", sacuden al kirchnerismo (ver: La ANSeS maneja $ 147.000 millones que nadie controla ). Sin embargo, en el poder no hay vocación por hablar.

Ni siquiera para repudiar "las propinas del delito ajeno". Cero mensaje, salvo el que se le escapó, Freud mediante, a Aníbal Fernández. En un reportaje con Marcelo Longobardi por C5N, para justificar la intermediación bajo sospecha, dijo: "A veces los trámites no son sencillos. Nadie entra por derecha..."

Ya en ocasión de la compra de Néstor Kirchner de US$ 2 millones en posesión de información calificada sobre los mercados, la propia Presidenta había dicho que "el drama de Kirchner quizá sea vivir en blanco en una Argentina acostumbrada a vivir en negro, en la trampa": una implícita añoranza por las finanzas clandestinas. Una presidenta, un ex presidente, un jefe de Gabinete.

Para una antología de la ética gubernamental. Se los perdió Marco Tulio Cicerón por unos dos mil anos, pero los archivos recordarán siempre la moral del kirchnerismo en la política y los negocios.

La Fórmula Kirchner-Kirchner

lunes, 26 de abril de 2010

Por Alejandro Borensztein


Compañera Jefa, no hace falta que le recuerde mi incondicional apoyo a la causa y mi incansable labor desde este espacio que me prestan los ingenuos conspiradores de este diario, sin conocer dónde está mi pertenencia y mi corazón. (Lo del pedacito de Canal 13 que me prometieron para cuando salga la Ley de Medios, sigue en pie, no?)


Por eso, y para colaborar con el proyecto "Cristina y Néstor 2011" quiero aportar algunas ideas, para no correr riesgos y asegurarnos que todo salga tal cual lo planeado. ¿Le gusta la fórmula? Kirchner-Kirchner, como Perón-Perón en el 73, se acuerda?

Yo sé que la estrategia de casi todos los políticos es decir que aún no hay que hablar de candidaturas y que, llegado el momento, "estaré en el lugar donde el pueblo me diga que yo deba estar". (A algunos, hace rato que el pueblo les dijo que se vayan a la roncha de su hermana, pero parece que no escuchan bien). La única realidad es que a todos los desvela lo mismo: el 2011. Y nosotros no somos la excepción. Tenemos que seguir hasta el 2015, o inclusive el 2019. Como Stroessner. Bueno, no elegí el mejor ejemplo, pero usted me entiende.

La situación es la siguiente: en las elecciones del 2011 hay que ganar en primera vuelta porque, en caso de balotaje, nos gana cualquiera. Desde Cobos hasta Ricardo Fort. Mejor dicho, desde Ricardo Fort hasta Cobos, para decirlo en orden de coherencia y seriedad.

Según las últimas encuestas publicadas en los diarios, nosotros vamos primeros con el 24%, pero vamos derechito al mismo lugar donde quedó Menem en el 2003. Por lo tanto, descartada la opción del balotaje, sólo nos sirve ganar en primera vuelta, con la cláusula del 40% de los votos, y una distancia mínima de 10 puntos sobre el segundo.

Si tenemos el 25%, quiere decir que nos faltan 15 puntos. ¿De dónde los vamos a rascar? No se desespere. No me llore. En primer lugar, un poquito le podemos morder a la izquierda. Si los asustamos con la sola idea de que podrían ganar De Narváez o Duhalde, tal vez un 5% se venga con nosotros. Algo progres somos. Mucho menos de lo que decimos ser, pero un poco somos. Si arañamos ese 5%, más el 25% que ya tenemos, estamos en un 30%. Faltaría un 10%. ¿Qué hacemos? Le dije que no me llore.

Un par de puntitos podríamos sumar si ganamos el Mundial. Ahora que estamos como chanchos con Julio Grondona y que descubrimos que es un pan de Dios, teniendo en cuenta que el tipo es el número dos de la FIFA, podríamos pedirle que nos dé una manito. Para Don Julio, conseguir un par de penales y la expulsión de algún nigeriano, debe ser una pavada.

Sin Mundial, tendremos que ir juntando los 10 puntos que nos faltan, votito a votito. El 10% del padrón son sólo 2.800.000 votos. Casi todo el Uruguay. Difícil, pero no imposible. Hay que manotearle votos a cada sector.

Por ejemplo con Cobos, hay que ser más vivos. Si lo atacamos crece en las encuestas y si lo ignoramos, cae. A veces parecería que el jefe de campaña de Cobos está en la mismísima Casa Rosada. Si en vez de putearlo todo el día, lo ninguneamos, un par de puntos seguro le sacamos.

Con Macri, el operativo "Hola Mauri" anda fenómeno. Un par de espías, unos teléfonos, una cucharadita de Oyarbide y al horno. El Compañero Mauri ya está en manos del juez. (Te la encargo quedarte en manos de Oyarbide. Ahí, nosotros zafamos de milagro, no?).

Por su parte, De Narváez ahora dijo que va por la gobernación y se bajó de la presidencial. ¿Usted le cree? Yo tampoco. Inauguró su primer local en Capital. ¿Lo vio? Tiene grandes afiches con su cara y frases al pie. Por ejemplo: "El futuro no viene, al futuro hay que ir". Honestamente, no sé si es en serio o en joda. ¿Le estará haciendo la campaña José Narosky? De ahí, algún voto hay que sacar.

A la izquierda ya le pegamos un golpecito esta semana con el tipo que agarraron entrando de noche en un despacho del Ministerio de Economía, y al que Lozano y Pino salieron a defender como si fuera un hermano. Después vieron el video que mostró Amado Boudou y terminaron diciendo, más o menos, que era un pariente lejano que hace mucho que no veían.

Primero era un tipo aterrorizado al que perseguían al grito de "¡Deténgase en nombre de Cristina!". Y terminó siendo algo bastante parecido a un vendedor de quiniela clandestina, levantando apuestas por los pasillos del Ministerio. Creo que al gordo Larrosa (así se llama) le iba mucho mejor de 8 en la selección de Menotti que como asesor en Economía.

Con Lilita y Solá habrá que pensar un plan porque esos dos están armando algo serio. ¿Y si lanzamos el rumor de que hay romance? No sé él, pero ella agarra viaje volando. Me la imagino re mimosa.

Todo lo demás depende de nosotros. Externamente andamos bastante bien. Amplios, diría yo. Reunión con Obama y sobre el pucho, reunión con Chávez. En realidad fueron 15 minutos con el americano y 48 horas con el venezolano, pero podemos decir que fue una especie de empate diplomático. Como con los uruguayos. Otro empate. Nosotros nos quedamos con la razón sobre la violación del tratado, y ellos se quedaron con el mamotreto echando humo frente a las playas. Extraño empate, pero empate al fin.

Internamente, habría que hacer una limpieza entre los miembros de la banda. Los que restan se van, lo que suman se quedan.

Taiana tiene buena imagen, se queda. Boudou también, Marcó del Pont también, Giorgi también, Aníbal no tiene buena imagen, pero es un espectáculo. Además, ¿quién va a contestarle a Nicole Neumann y Amalia Granata? Dicen que el debate con Granata lo ganó ella. Me parece que Aníbal ve dos tetas, le entra a vibrar el bigote y se pierde. En cambio, ya podemos agradecerle los servicios prestados a Moreno, Kunkel, D'Elía y otros que hacen las delicias de grandes y chicos pero, a la hora de sumar, son todos piantavotos.

Después hay que sacarse de encima a toda la banda propagandista. Se lo digo por experiencia. Los gobiernos nunca terminan de aprender que cuantos más chupamedias ponen en los medios, más fastidio generan en la gente.

La cuenta es muy fácil: a los que ya están a favor, no hace falta convencerlos. A los que están en contra no hay forma de convencerlos, y a los que están en el medio, que son los que necesitamos para llegar al 40%, la propaganda burda los espanta.

Ya lo dijo el General en los 50: "Con los medios en contra, ganamos. Y cuando controlamos los medios y los teníamos a favor, nos echaron a patadas". Lo mismo les pasó a los milicos con ATC y aquello de "estamos ganando", le pasó a los radicales con la Coordinadora manejando los canales, le pasó a Menem con Neustadt y compañía, le pasó a De La Rúa con los chambones del grupo sushi y nos va a pasar a nosotros con los que aparecen ahora. Es más sabia la política de "silencio stampa", como dice el Coco Basile.
¿Qué más podríamos hacer para conseguir algún otro puntito? No creo que pegar afiches contra Nelson Castro o Zlotogwiazda, y juzgar a Magdalena Ruiz Guiñazú el próximo jueves en una plaza pública, aporten mucho. A propósito Jefa, ¿no sabe si ese mismo jueves está prevista la lapidación, o eso lo van a organizar después del Mundial?

Le digo algo: somos muchos los que sabemos todo lo bueno que hizo Magdalena en los años duros. Yo le aviso, por si no lo recuerda. Además, el fascismo ya pasó de moda. Le dejo la inquietud.

Como ve, yo empujo todo lo que puedo, pero us+tedes tienen que ayudar. El 2012 nos encontrará juntos, en la Rosada disfrutando del poder, o en El Calafate mirando el lago por la ventana (siempre y cuando Oyarbide no se enoje). Por las dudas, yo me voy reservando una suite en el hotelito que compramos. Hasta ahora, entre el 25% y el 40%, hay un vacío casi imposible de llenar.

Demasiadas evidencias a la vista como para no suponer que Kirchner apuesta su continuidad

domingo, 25 de abril de 2010

Por Eduardo van der Kooy

¿Hasta dónde puede llegar Kirchner?

Entusiasmo. Hasta ráfagas de euforia. Obsesión por los adversarios políticos -que son enemigos- y preocupación maníaca por las encuestas. Visitas sólo de dirigentes de insospechada fidelidad al kirchnerismo. Seguimiento implacable de cada acontecer en el Congreso. Así pasa sus días en Olivos Néstor Kirchner.


Muros adentro de la residencia presidencial parece vivirse -al decir de un invitado sorprendido, que no extravió el sentido común- un clima distinto al que perciben los argentinos comunes. Existe en el imaginario del matrimonio una nación feliz, una población que estaría suplicando su eternidad en el poder. Quizás aquel imaginario explique la convicción con que el ex presidente ha vuelto a hablar de su candidatura en el 2011.

Agustín Rossi, el jefe de los diputados oficialistas, lo comunicó en una reunión de kirchneristas del PJ de Santa Fe: "Kirchner será nuestro candidato en la interna", proclamó. Hubo rostros atónitos, asistentes que tragaron saliva con dificultad, pero que se limitaron a asentir. Son los que prevén, con ese panorama, una posible hecatombe en la elección nacional.

La insistencia del ex presidente acerca de su retorno bifurca las opiniones peronistas. Hay quienes creen a rajatabla en su promesa. Otros señalan que se trata de una expresión inevitable para evitar, de modo prematuro, un desmadre de su poder político. "Kirchner nunca será candidato si sabe que puede perder. Es como Menem (Carlos)", pontificó uno de los hombres que lo conoce hasta las vísceras.

Aquel optimismo de Kirchner tiene el combustible de su propia voluntad. Recalca el 48% positivo que su imagen y la de Cristina tendrían en Chaco y Formosa. Confía en que el consumo, en ascenso, sostenga y disimule otros males de la economía que la están minando. Esos argumentos poseen cimientos vulnerables.

La opinión pública sobre el matrimonio continúa siendo bajísima en los grandes centros urbanos. La aprobación no llega al 15%, por ejemplo, en Capital y Rosario. Las grandes ciudades son determinantes en cualquier elección. El incremento en el consumo se detecta, por otro lado, en sectores medios. Son los que votaron, en forma mayoritaria, en contra del kirchnerismo en las legislativas de junio del 2009. Cuando esos sectores se retiran difícilmente vuelven. Le ocurrió a Menem. Con el célebre voto cuota, logró conquistarlos en su primer período, hasta la reelección. Luego partieron con rumbos diferentes.

El verdadero dilema de Kirchner se plantea ahora mismo en el núcleo duro de su clientela electoral. La inflación está haciendo estragos en el consumo de alimentos y esterilizando el efecto de medidas que aterrizaron bien en los sectores bajos.

El INDEC reconoció que en el primer trimestre los precios de los alimentos indispensables treparon casi un 10%. Una consultora privada sobre temas sociales y laborales (Ernesto Kritz) señaló que con la asignación universal por hijo una familia tipo (pareja con dos hijos) sólo alcanza a cubrir el 30% de la canasta básica.

Los Kirchner no tienen a mano ninguna solución para ese problema. Sólo un aumento de aquella asignación, que sería devorado en pocos meses por el galope inflacionario. A falta de respuestas económicas valdría cualquier artimaña política.

Kirchner ya se ocupó de Carlos Reutemann, una amenaza latente para él en el PJ. El senador no deja de recibir mensajes intimidatorios para que no abandone su estado casi clandestino. La guerra volvió a ser franca con Julio Cobos. Pero el ex presidente fija ahora su atención en otro par de opositores: Mauricio Macri y Francisco De Narváez. Son quienes muestran en la mayoría de las encuestas una intención de voto consolidada, de dimensiones módicas.

El jefe porteño tuvo esta semana una mala noticia. La Cámara Federal rechazó la recusación presentada contra Norberto Oyarbide en la causa sobre el espionaje. El juez tiene allanado el camino para progresar con el tema. ¿Se avecina un procesamiento? El interrogante no es producto de ningún capricho: basta para justificarlo con recorrer las huellas de Oyarbide desde que se convirtió en hombre de confianza para el kirchnerismo.

El magistrado metió el dedo en la mafia de los remedios hasta empujar detrás de las rejas a un viejo cacique sindical, aliado discreto de los Kirchner, el bancario Juan José Zanola. Al mismo tiempo dictó el sobreseimiento del matrimonio por supuesto enriquecimiento ilícito.

Aquella mafia y los dineros para la campaña de Cristina darían para más. El juez estaría siendo presionado para citar a declarar a Alberto Fernández, el ex jefe de Gabinete. ¿Presionado por quién? Por la Policía Federal, dice una fuente. Un informante de la Justicia menciona a kirchneristas en el poder que querrían darle un escarmiento.

Oyarbide fue el primero en actuar también sobre el kirchnerista Ricardo Jaime, ni bien renunció a la Secretaría de Transporte luego de la caída electoral. Le prohibió salir del país, inhibió y embargó sus bienes. Otro juez, Claudio Bonadio, lo procesó por recibir dádivas de las empresas del área. La investigación sobre Jaime avanzó casi en simultáneo con la causa del espionaje de Macri. Se impone el sacrificio de un ex funcionario para desgastar a un potencial adversario de los Kirchner.

Tal vez De Narváez haya captado, antes que otros, la maniobra urdida por el ex presidente. El diputado no sólo escapa al tormentoso foco del Congreso donde el kirchnerismo tiene por meta trabar y desmembrar a la oposición. También comunicó que su destino político será la gobernación de Buenos Aires. ¿Un escape? "Para las presidenciales falta mucho. Hay que afianzarse en un territorio y luego ver", se le oyó confesar. Aquella provincia no es cualquier territorio.

Kirchner temería a una hipotética combinación electoral de Macri con De Narváez. Esa hipótesis es remota porque se abrió una brecha amplia entre esos dirigentes. De Narváez ha vuelto a arrimarse a Felipe Solá. Hubo dos reuniones políticas -no parlamentarias- entre ellos las últimas semanas. De Narváez lo invitó a recorrer juntos el país.

Solá supone que esa invitación tendría ahora un contratiempo: el jefe del bloque del Peronismo Federal en Diputados insume sus días en la estrategia parlamentaria para batallar contra el kirchnerismo. Anda con Elisa Carrió y con el radical Oscar Aguad. Aunque incorporó la semana pasada otro interlocutor: Pino Solanas.

Tampoco Solá y Solanas se distrajeron con asuntos del Congreso: repasaron las alternativas para el 2011. Sobrevolaron, incluso, la posibilidad de compartir un espacio futuro. Hay una trama en ciernes que podría contemplar a otras fuerzas. Desde ya al PJ disidente.

Solanas está horrorizado con el autoritarismo kirchnerista. Una parte de la centroizquierda resolvió divorciarse definitivamente del oficialismo luego de un escándalo. Ese escándalo estalló entre Claudio Lozano y Amado Boudou, por la detención de un colaborador del diputado, en extrañas circunstancias, dentro del Ministerio de Economía.

Los líderes de la oposición estarían empezando a tomar conciencia sobre algo. Es cierto que resta un tramo largo e incierto hasta el 2011. Pero todo el tiempo que ellos dilapidan es aprovechado por los Kirchner para arroparse con herramientas del Estado, vaciar las instituciones (las trabas en el Congreso son un ejemplo) y llevar hasta la anemia a una oposición de origen heterogéneo y débil.

Los intentos por desplazar a Cobos van en esa dirección. El vicepresidente posee la llave de un Senado que se complica cada día para el kirchnerismo. En Diputados el kirchnerismo está arrinconado. Esa realidad impediría cualquier juicio político. Por esa razón, Hebe de Bonafini plantó una denuncia en la Justicia contra Cobos por incumplimiento de los deberes de funcionario público. En la Justicia el kirchnerismo oculta todavía alguna esperanza.

Esa Justicia sufre acoso como lo sufre también el periodismo. Hay, sin embargo, una diferencia. Muchas voces oficiales no se camuflan para criticar a los jueces e incluso a la Corte. La hostilidad a la prensa se hace desde las sombras, con argumentos en abundancia miserables. Aquellas mismas voces oficiales se hacen las sorprendidas frente a tal hostilidad.

Una semana demoró el kirchnerismo en decir algo sobre el maltrato anónimo a la prensa. El senador Miguel Pichetto hizo punta. ¿Pero qué valor podría tener la tibia condena de Aníbal Fernández?. El mismo exhibió, orondo, una remera con el logotipo de este diario, pero con el clarinete clavado en el traste. La palabra política del jefe de Gabinete cotiza en la Argentina, a esta altura, menos que un austral.

La historia reciente enseña que el empinamiento de Hugo Chávez en Venezuela sobrevino por el derrumbe de la política y de las instituciones. Luego se produjo la furia contra la prensa y la cooptación de la Justicia. Nuestro país está corriendo el riesgo de verse reflejado en ese espejo.

Sale otra vez a superficie la relación turbia de estos años entre Buenos Aires y Caracas. Un alerta fue aquella valija de Guido Antonini Wilson. Ahora, la declaración de un ex embajador argentino acerca de la existencia de coimas. El Gobierno habría pedido coimas a empresarios para hacer negocios en Venezuela. Los empresarios habrían pagado esas coimas. Eso se llama decadencia.

Demasiadas evidencias a la vista como para no suponer que Kirchner apuesta su continuidad virando hacia un chavismo tardío.

La cruzada contra los periodistas es una guerra santa contra la libertad

martes, 20 de abril de 2010

Por Alfredo Leuco

Frankenstein

Perseguir al que piensa distinto es el ADN de todos los autoritarismos. Castigar al que pretende manifestar pacíficamente sus disidencias es el comienzo de la mutilación democrática. Agitar fotografías de periodistas y acusarlos de todos los males se llama caza de brujas aquí y en la China.


Mandar patotas a insultar, provocar y atacar a trabajadores de los medios de comunicación que no comulgan con el gobierno es metodología fascista de la peor calaña que repugna la conciencia republicana.

Néstor Kirchner con su violencia vengativa inventó un monstruo que le va a costar mucho controlar. El Frankenstein que se alimenta de presuntos gorilas destituyentes ya tomó vida propia y si desde el gobierno no lo frenan con toda contundencia puede terminar devorándose al propio matrimonio Kirchner. ¿Se imaginan que podría suceder en la Argentina si alguno de los periodistas colocados como blancos móviles sufriera un atentado? Vade retro, satanás. Que Dios no lo permita.

Ya le dije el viernes que el asesinato de José Luis Cabeza ocurrió porque un lugarteniente quiso quedar bien con su jefe. Fue más yabranista que Yabrán. El gobierno debería hacer un urgente llamado a la reflexión a sus grupos de tareas.

Debería hacerles entender que la crispación y el odio no construyen ciudadanía ni justicia social. Si no lo hacen por una cuestión ética de convicciones profundas que por lo menos lo hagan en defensa propia. Porque insisto con la idea. Si un periodista es atacado por alguna patota kirchnerista la primera víctima va a ser ese colega pero la segunda víctima va a ser el propio gobierno. Va a tener que pagar un costo político infinito por haber alentado, fogoneado, incitado a castigar de todas las maneras posibles al periodismo.

Que Néstor Kirchner detenga al Frankenstein que ha creado a su imagen y semejanza. Que haga un llamado desde la presidencia a través de su esposa para pacificar. Que desactiven a las barras bravas. Que se reciba en la Casa Rosada a una delegación de periodistas no oficialistas como una señal clara de tolerancia.

Todavía no se escucharon voces oficialistas fuertes condenando las agresiones ni los carteles. Todavía casi no hubo artistas populares o periodistas colaboracionistas del gobierno repudiando a fondo semejante atropello. Ya le quemaron el auto a una colega de Santa Cruz y muchos de los que pedían solidaridad cuando eran atacados por el menemismo no han dicho una palabra.

El periodismo de estado es muy pernicioso para la libertad de prensa. Fustigar al mensajero con el combustible de la publicidad oficial y los servicios de inteligencia es propaganda del régimen.

Jorge Lanata dijo que desde la guerra de Malvinas y José Gómez Fuentes que no se veía una cosa igual en los canales oficiales y para oficiales. Edi Zunino escribió que para algunos irresponsables la consigna parece ser "Haga patria mate un periodista". Escraches virtuales y reales, señalamientos con el dedo y discriminaciones cobardes fueron el caldo del cultivo del macartismo.

La cruzada contra los periodistas es una guerra santa contra la libertad. Y eso es la negación misma del progresismo.

La Cultura del Secreto

miércoles, 14 de abril de 2010

Por Eduardo Bertoni *

El jefe de Gabinete negó a ONG información sobre inversión publicitaria del Poder Ejecutivo, un dato que sin duda reviste interés para todos. Sólo una ley de acceso a la información publica puede evitar tanta arbitrariedad y discrecionalidad.

La reciente respuesta del jefe de Gabinete de ministros, Aníbal Fernández, rechazando el otorgamiento de información solicitada por distintas ONG, permite reflexionar una vez más sobre las razones por las que los funcionarios públicos se oponen a transparentar datos que involucran cuestiones de interés público.

Permite también reforzar el llamado al Congreso para que se trate de manera urgente una ley de acceso a la información pública para que rápidamente la República Argentina tenga una normativa que impida la arbitrariedad y discrecionalidad en el manejo de la información pública.


Los hechos son sencillos: organizaciones de la sociedad civil -Poder Ciudadano y la Asociación por los Derechos Civiles (ADC)- solicitaron información sobre la inversión publicitaria ejecutada por el Poder Ejecutivo Nacional durante 2009. En otras palabras, se preguntó al Gobierno cómo gastó el dinero de los ciudadanos, y esa pregunta obviamente involucró conocer a quiénes se contrató y cuánto se les pagó. El Jefe de Gabinete rechazó el otorgamiento de la información, encuadrando su accionar en la ley 25.326, más conocida como la "ley de datos personales". Esta ley, como bien lo indica su artículo primero, es reglamentaria del derecho de "habeas data" previsto en el artículo 43 de la Constitución reformada en 1994.

La ley citada no tiene ninguna posibilidad de aplicación con el pedido de información formulado por las ONG. Si fuera correcta la interpretación del señor ministro, significaría derechamente que en Argentina el principio es el secreto y la excepción el otorgamiento de la información en temas de interés público.

Si en supuestos como el que se requirió información se requiere consentimiento del titular de los datos -esto es, las empresas contratadas- nos encontramos frente a una interpretación que va a contravía de lo decidido por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, contradice principios elaborados por el Comité Jurídico Interamericano, rechaza resoluciones aprobadas por la Asamblea General de la OEA y, finalmente, no se compadece con las disposiciones contenidas en legislación sobre acceso a la información en países vecinos.

En distintos foros internacionales es común que se aluda a la "cultura del secreto" enquistada en los funcionarios públicos que se demuestra cuando se oponen o dificultan el acceso a la información. Esa cultura se evidencia en algunas ocasiones cuando los funcionarios interpretan la normativa favoreciendo la opacidad en lugar de la transparencia.

Sin embargo, en el caso que es objeto esta nota, sería un insulto a la inteligencia del ministro y sus asesores pensar que han incurrido en tremendo error de interpretación legal. Lamentablemente, la equivocación es tan gruesa, que parecería más una decisión política: de aquí en más, el Poder Ejecutivo dará o negará información cuando se les ocurra a los funcionarios.

Si ello es así, la situación es de suma gravedad. Fue el gobierno del ex presidente Kirchner el que sancionó el decreto 1172 en el año 2003 que establecía justamente la transparencia como principio y limitaba la discreción de los funcionarios en el ámbito del Poder Ejecutivo. Distintas organizaciones nacionales e internacionales advirtieron que el decreto presidencial -aún vigente-, si bien era un paso positivo, era insuficiente, y que Argentina debía, como lo han hecho la mayoría de los países latinoamericanos, aprobar una ley de acceso a la información pública.

Ante lo sucedido, ese reclamo cobra ahora un renovado vigor. Es imprescindible que en el ámbito del Congreso Nacional, ámbito natural donde se deben discutir las leyes en una democracia, rápidamente se impulse una legislación que esté de acuerdo con los estándares internacionales que se han venido plasmando en los últimos años y que sea una herramienta para promover la transparencia y limitar el arbitrio de los funcionarios de turno.

* DIRECTOR CENTRO DE ESTUDIOS EN LIBERTAD DE EXPRESION, UNIVERSIDAD DE PALERMO. EX RELATOR ESPECIAL PARA LA LIBERTAD DE EXPRESION, OEA

Análisis a mano alzada

miércoles, 31 de marzo de 2010

El análisis político y económico de los doctores Vicente Massot y Agustín Monteverde


A veces conviene, para trazar un cuadro de situación, enumerar, siquiera sea a mano alzada, las certezas, distinguiéndolas, al propio tiempo, de las incertidumbres que presenta la política argentina. Claro que resultaría imposible, aun contando con más espacio que el habitual en este tipo de crónicas, hacer que la mencionada enumeración fuese exhaustiva a punto de detalle.


Pero ello nada quita a la posibilidad de pasar revistas a las principales constancias —a aquello que damos por sentado— y también a las incógnitas más significativas. Todo, por supuesto, con la mira puesta en el presente y en el 2011, a la vez.

Comencemos por lo que, a esta altura del partido, parece poco discutible, a saber:

1) el proyecto hegemónico kirchnerista hace rato que está muerto, y ello malgrado el derroche de optimismo y de propaganda con los cuales el gobierno pretende hacernos creer que, mas allá del próximo año, el santacruceño seguirá siendo un actor decisivo e inclusive que podría triunfar, sobre su eventual contendiente, en una segunda vuelta en las elecciones presidenciales.

Lo más parecido al plan kirchnerista actual es el menemista gestado a fines del año 1998. El resultado final, siendo el riojano infinitamente más popular que el patagónico, fue su deserción en el 2003 cuando tomó conciencia —la misma que, tarde o temprano, tomará Kirchner— que el 70 % de los argentinos con capacidad para votar lo recusaba.

2) El principal poder de los Kirchner radica en el manejo que tendrán asegurados del aparato estatal-gubernamental hasta la finalización del mandato. Su dominio no alcanza a compensar la quiebra definitiva de a hegemonía perdida entre mediados del 2008 y del 2009 —derrota de la 125 en el Senado y revés electoral en los comicios legislativos— pero les permite mantener la iniciativa y la caja.

3) El Congreso ya no es más la escribanía mayor de la Casa Rosada. El fenómeno de subordinación automática que caracterizó, sin excepción, al Parlamento respecto del presidente entre 2003 y mediados del 2008, es cosa del pasado.

4) Dicho lo cual es conveniente no caer en la tentación de creer que, desaparecida la mayoría oficialista, ahora ha sentado sus reales en el Legislativo una nueva mayoría opositora. No hay ni habrá tal relación de fuerzas, necesariamente adversa al oficialismo, mientras exista un arco opositor tan distinto en su composición y la caja —menguada y todo— siga en manos de Néstor Kirchner.

5) Por muchas que sean las verónicas que Boudou y sus mandantes ensayen respecto de la inflación, con negarla nada ganarán. Ha llegado para quedarse y si no se vertebra un plan serio de carácter antiinflacionario —algo, de momento, por completo ausente en la mentalidad gubernamental— la escalada de los precios puede convertirse en el principal factor de riesgo para la estabilidad de los Kirchner.

6) Nada indica que sea probable que, de aquí a las elecciones, aun si se substanciasen en octubre del 2011, como están programadas, la actual administración pueda mejorar en términos reales y no sólo nominales, un dato al que anteriormente hemos hecho referencia y habla por sí solo: el 70 % de los trabajadores en blanco de la Republica Argentina ganan menos de $ 2000.

7) Clarín no está muerto. Herido, sin duda; pero con un poder de fuego que el kirchnerismo no imaginó cuando celebró alborozado la votación de la ley de Medios. Esto significa que lo más seguro es que, antes de abandonar el poder, el matrimonio gobernante no pueda disfrutar de la ingeniería que inventó para reducir al citado matutino a su mínima expresión. Mientras tanto tiene más capacidad de daño Clarín que los Kirchner si los medimos en una contienda de uno contra el otro.

8) El Poder Judicial ha dejado de hacer las veces de un apéndice del Ejecutivo y si bien el gobierno todavía maneja a los jueces federales, no hay más que analizar los fallos que se han conocido en cuanto a la ley de medios, los DNU y el Banco Central para darse cuenta de que el frente de los jueces se agrieta a medida que pasan los días. La destitución de Faggionato Márquez es prueba suficiente de lo dicho.

9) El peronismo seguirá sin un jefe indiscutido y es probable que, aun si Carlos Reutemann se decidiese a competir por la presidencia, el escenario al que debe prestársele atención será similar al que se dio entre el 2001 y el 2003, sólo que esta vez no dirimirán supremacías Eduardo Duhalde y Carlos Menem, sino Néstor Kirchner, con el poder residual que le quede, contra un contendiente que todavía no es visible. En este orden, Carlos Reutemann y Francisco de Narváez emergen como los mejor posicionados.

10) En la puja, por momentos destemplada, que vienen manteniendo el kirchnerismo y eso que denominamos, por una razón de economía de términos, oposición —en realidad es un arco opositor, algo bien distinto, dicho sea de paso— el volumen que desplazan ambas fuerzas tiende a ser parejo. La consecuencia de ello es que no podrán sacarse ventajas significativas en su disputa.

Triunfos y derrotas tácticas habrá de uno y otro lado, pero ninguna tendrá carácter estratégico. Hasta aquí las certezas. En cuanto a las incertidumbres, parece que cuatro se destacan del resto sin que lo expresado suponga, ni mucho menos, agotar el repertorio.

1) Nadie sabe, ni siquiera de manera aproximada, qué decisión tomará finalmente el ex–gobernador de Santa Fe y ex–corredor de Fórmula I que resulta algo así como la esperanza blanca del peronismo disidente.

Así como Carlos Menem en sus tiempos de esplendor era un provocador, Elisa Carrió una Casandra criolla, Néstor Kirchner un belicista nato, así también cabría decir de Reutemann que es, después de Hipólito Yrigoyen, el único hombre publico críptico, por naturaleza, que ha dado la política argentina.

Siendo así, las definiciones que necesariamente habrán de producirse en el peronismo, se acompasarán con los tiempos del santafecino y condicionarán, en no poca medida, las estrategias no sólo de la Casa Rosada sino también del resto de los justicialistas con aspiraciones presidenciales.

2) Es una incógnita qué puede llegar a decidir y cuándo la Corte Suprema de Justicia de la Nación al momento de tener en sus manos el caso acerca de la constitucionalidad o no del planteo que, oportunamente, hará Francisco de Narváez. Su trascendencia radica, como no podría ser menos, en que hoy es el político mejor posicionado, fuera de Julio Cobos, si se mide su imagen e intención de voto. No hay otro, actualmente al menos, que en las encuestas figure a la par de Kirchner en la interna del PJ y segundo del radical mendocino en una hipotética segunda vuelta.

3) Es un misterio cuándo votaremos para elegir al sucesor de Cristina Fernández. Formalmente, claro, todo indica que la fecha será octubre del 2011, con internas partidarias abiertas y obligatorias dos meses antes. Sin embargo, cualquiera sabe que la válvula de escape, si se complicase de manera irreversible la situación del país, sería el adelantamiento de los comicios, tal como sucedió el pasado año.

4) Si misteriosa es la fecha de las elecciones, qué decir de la ley que las reglamenta. Representa, para los analistas, un verdadero acertijo, cuya importancia no cabe desestimar. La reforma que acaba de votarse, en caso de llevarse a la práctica, beneficiaría claramente a los principales partidos del país a expensas de las agrupaciones menores.

Además, las consecuencias que podrían tener las internas abiertas, son difíciles de establecer en la medida que tanto pueden resultar beneficiosas para el matrimonio gobernante como un salvavidas de plomo.

Precisamente en función de tamaña certezas y de las incertidumbres señaladas es que deben analizarse, entre otras cuestiones, el cruce de declaraciones respecto de la inflación entre Hugo Moyano y Amado Boudou; la reunión de la presidente en Olivos con los gobernadores afines; la predisposición de tres senadores kirchneristas a votar junto al arco opositor la coparticipación de la ley del Cheque; el plan B del santacruceño para los comicios presidenciales, consistente en nominar a Daniel Scioli como candidato del oficialismo; el nuevo cortocircuito que se anuncia con la Iglesia en razón de las leyes que planea votar el kirchnerismo sobre temas tan ríspidos como el aborto y el casamiento de homosexuales y la relación bilateral con el Uruguay cuando próximamente se conozca el fallo de la Corte de la Haya. Felices Pascuas.

Los planes de Los Kirchner

domingo, 28 de marzo de 2010

Por Eugenio Paillet



Los despachos y algunas covachas del oficialismo se llenaron, en los últimos días, de rumores y versiones. ¿De qué hablan? De la candidatura de Néstor Kirchner para 2011, de la posibilidad de que sea finalmente Cristina Fernández la que decida ir por la reelección, previo acuerdo de alcoba. Y hasta se ha llegado a escuchar alguna alquimia estrambótica: que la fórmula del kirchnerismo para el año que viene la integren los dos. "¿Una fórmula Néstor-Cristina? Y por qué no?", descerrajó, sin rubor, uno de los hombres que suelen trajinar los pasillos de la Casa Rosada.


Esos murmullos de difícil comprobación pública, por la cerrada decisión de las fuentes de hablar en privado, han ido de la mano de otros que han regado, por estas horas, no sólo los dominios del oficialismo sino campamentos de la oposición y hasta oficinas de observadores y analistas políticos.

Se dice que los Kirchner podrían planear adelantar las elecciones presidenciales previstas para octubre del año venidero. Y que, en ese marco, sería una perfecta utopía suponer que la nueva ley Electoral se pondría en marcha, lo que, como primer dato a la mano, significaría, lisa y llanamente, la defunción, antes de nacer, de las internas abiertas y simultáneas votadas por el Congreso.

Para no pocos de esos confidentes, las elecciones presidenciales se adelantarían al mes de marzo de 2011. Para voceros de la oposición, la jugada podría suceder frente a una crisis política y económica como la que se estaría incubando pese a la fantasiosa propaganda oficial, que apuraría a los Kirchner a pegar ese manotazo, para evitar una debacle mayor del gobierno de Cristina Fernández.

Curiosamente, en recovecos del kirchnerismo, no se descarta de ningún modo esa estrategia. Pero se dice que sería exactamente al revés de como lo plantean sus enemigos: el nuevo manotazo al cronograma electoral debería ocurrir para aprovechar el mejor momento económico y político del gobierno, que sobrevendría hacia fines de año, como consecuencia de un crecimiento otra vez a tasas cercanas al 8 por ciento y de medidas que potenciarán las inversiones y la mejora de la imagen internacional del país, como consecuencia de, al menos, dos supuestos: los beneficios en el tiempo que dejará el canje de la deuda con los bonistas que no adhirieron al plan de 2005, y, en el orden interno, un aumento exponencial de los planes sociales que distribuye Alicia Kirchner y la sanción, antes de fin de 2010, de una nueva ley de Coparticipación Federal.

El colofón de semejante parafernalia ha sido, y de ningún modo por casualidad, la salida de esta semana a los medios del jefe de gabinete, Aníbal Fernández, a defender, sin que nadie le pregunte, la posibilidad de ningún modo descartada de que Néstor o Cristina sean candidatos presidenciales. El lenguaraz quilmeño se permitió, además, un desafío: dijo que si uno de los dos integrantes de la pareja de Olivos se presenta a competir por el cetro presidencial, ganará sin necesidad de ir a una segunda vuelta.

Aníbal ha salido al ruedo en el marco de una estrategia que no reconoce un gramo de improvisación. Lo ha hecho en medio de un verdadero vendaval de candidaturas, reales o en ciernes, que, desde el oficialismo y la oposición, se han planteado en estos días, como si todos a la vez hubiesen entendido que una carrera para la que cualquier análisis racional permite afirmar que falta mucho tiempo, hay que empezar a correrla ahora mismo. Pruebas al canto: en apenas dos semanas, los probables protagonistas de aquella pulseada por el sillón de Rivadavia, reales o supuestos, con chances o sin ellas, han reconocido en más o en menos esas aspiraciones.

Carlos Reutemann y Francisco de Narváez dejaron trascender graciosamente los detalles de un encuentro de ambos en Santa Fe que muy bien pudieron mantener, de haberlo querido, en secreto. Se ha hablado, públicamente o en reservado, de la posibilidad de una fórmula compartida, si es que la Corte Suprema habilita al empresario de origen colombiano, y si es que, finalmente, el ex piloto acaba con sus dudas eternas y se decide a competir. De Narváez ha dicho, a su vez, que no tendría empacho en ceder en sus aspiraciones (una vez habilitado por el máximo tribunal) y acompañar a Lole en una fórmula del peronismo disidente o federal, como gustan llamarle ellos.

Eduardo Duhalde está más lanzado que nunca a plantear ahora mismo su propia candidatura presidencial. En sus cuarteles, dicen que no se trata de una chicana para amargarle la vida a Kirchner. "El Negro ha decidido que su candidatura es, a estas alturas, imposible de soslayar", dijo uno de sus punteros, en oficinas frente al Congreso. El ex presidente interino esperaría, en el peor de los casos, a formalizar en los hechos su idea de una gran mesa de diálogo, para plantar las bases del desarrollo del país en los próximos veinte años, antes de oficializar su postulación, que, de todos modos, en su entorno, nadie discute. En todo caso, lo que analiza el hombre de Lomas de Zamora es la integración de la fórmula. Nadie ha tirado nombres al voleo. Y si Duhalde tiene in pectore ese nombre, no se lo ha soltado a ninguno de sus confidentes.

En el radicalismo, todos dan por descontada la candidatura presidencial de Julio Cobos. Pero, en los últimos días, creció la posibilidad de que el senador Ernesto Sanz se sume a esa grilla. El legislador mendocino no ha desactivado esos comentarios, que empezaron a tomar forma durante aquella reunión de las autoridades partidarias que se realizó, en febrero último, en la ciudad de Córdoba, a la que también asistió el vicepresidente de la Nación. Esta semana, en consonancia con aquella catarata de pronunciamientos, se volvió a mencionar la posible postulación de Sanz. Y hasta se dijo, en pasillos senatoriales, que tampoco habría que descartar una candidatura del titular del partido y senador por Jujuy, Gerardo Morales.

Por si faltase algo, el miércoles, apareció en escena el ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández, quien plantó con todas las letras que no descartaba ser candidato a presidente en 2011. Dijo que no le asustaba ese desafío, y hasta desgranó un comentario sobre sus cualidades que, seguramente, no deben haber caído nada bien en las alcobas de Olivos. "Yo sé cómo gobernar un país, porque lo hice durante cinco años".

Los jefes de gabinete, y no desde ahora, suelen arrogarse a veces, y no exentos de dosis de altivez, que la Constitución descarga en ellos la responsabilidad de la administración del país. Y a eso parece haber recurrido Alberto F. con tan ingenioso eslogan de campaña. Le faltó decir que, cuando resolvió abrirse apenas un poco de las directivas que emanaban de la residencia de Olivos, o supuso que podía gestionar con algo de luz propia, fue echado del cargo sin demasiados miramientos.

En otro cerrado lote, para completar el cuadro, habría que mencionar a quienes, en los últimos tiempos, también han hecho profesión de fe de candidatos presidenciales. Felipe Solá, del Peronismo Federal, y los oficialistas Jorge Capitanich, José Luis Gioja, el salteño Juan Manuel Urtubey, con alineamiento crítico, y hasta el entrerriano Sergio Urribarri, todos atados al carro de Olivos y a lo que dispongan sus jefes.

José Manuel de la Sota ha dicho a sus íntimos que su acercamiento de los últimos tiempos a Néstor Kirchner tiene como objetivo prepararse él también para ser ungido con una postulación por el santacruceño. Daniel Scioli ha debido, asimismo, responder, por estas horas, acerca de su candidatura. De si será el postulante del Frente Para la Victoria, para el caso de que ni Kirchner ni Cristina Fernández se presenten.

El gobernador sabe que la pareja presidencial lo considera el principal postulante a esa candidatura, si es que ellos se bajan. Pero esta semana ha respondido con una frase que tiene algo de enigma, aunque no tanto: "Mi pensamiento está únicamente puesto en la provincia". Ya es un secreto a voces, en despachos platenses, que el gobernador preferiría ir por su reelección, y que, de algún modo, esos mensajes, como el de la declaración periodística de esta semana, pretende que lleguen a Olivos. Pero tampoco hay dudas de que un reclamo, basado más en la necesidad que en la oportunidad, de la pareja a la que demuestra ciega obediencia, lo haría cambiar de planes.

El gobernador socialista santafesino, Hermes Binner, es, tal vez, el único que, por estos días, ha guardado silencio en torno del tema que se ha subido al primer lugar de la agenda de los políticos. Pero la probabilidad de una candidatura presidencial suya en 2011, al frente de una coalición del socialismo y partidos afines, sigue firme, aunque sin tanto barullo como en los casos anteriores.

A la par del apuro por el lanzamiento de candidaturas, puede decirse que la inflación será el otro gran tema del año que se inicia, y que seguramente tendrá alta incidencia en los discursos de tan temprana campaña electoral.

Desde el gobierno, lo menos que se quiere es que, justamente, la impresión de un alza constante y sin control de los precios, que niega con una tozudez digna de encomio, se instale en el centro de la escena. Una probanza salta a la vista: Hugo Moyano salió como un rayo a responderle a Amado Boudou, quien, en línea con aquella impronta matrimonial, insistió en el Congreso con la cantinela según la cual no hay inflación sino "tensión" en algunos precios. Y le recordó que, como decía Perón, "la única verdad es la realidad".

Y la realidad, dijo y después hasta lo puso en un inusual comunicado oficial de la CGT, es que hay un proceso inflacionario que nadie puede negar. Ocurrió lo que otras veces: 24 horas después, el líder camionero debió bajar el tono, por reclamo de Olivos, y cambió el discurso. Hasta dijo que un poco de inflación no le viene nada mal a los argentinos. "¿Qué nos queda si Moyano sale a decir que hay inflación?", justificó la voltereta un funcionario con despacho en la Casa Rosada.

En verdad, el camionero obró sin inocencia alguna y en beneficio de sus propios intereses. Aceptó la marcha atrás que le reclamaron los Kirchner, pero dejó instalado en el colectivo social y sindical que las discusiones paritarias en marcha y por venir saltarán muy por encima del 19 por ciento de aumento que sugería el gobierno y clamaban no pocas centrales empresarias. Hoy, la realidad es que ningún convenio se pelea por debajo del 23 o 24 por ciento. Y hay gremios que arrancarán por encima del 30 por ciento, como metalúrgicos, mecánicos y gastronómicos. Moyano hizo su buena contribución a ese estado de profunda incertidumbre con la que los hombres de negocios miran ahora el marco de discusión con las comisiones internas.

El gobierno negará la inflación no sólo por cuestiones de conveniencia política, sino por convicción: desde la presidenta para abajo, la bajada de discurso es que la inflación no existe. No es un problema al que haya que abocarse.

Especialmente, porque la cerrazón sobre la cuestión generaliza un discurso que puede ser escuchado en despachos de la Casa Rosada o del ministerio de Economía: "No hay inflación, y, si la hubiera, no vamos a salir con un remedio que es peor que la enfermedad, como son los ajustes o el enfriamiento de la economía, como nos proponen los economistas de la oposición".

No importa que las principales cámaras empresarias hayan alertado, en los últimos días, sobre el proceso inflacionario y las nulas perspectivas de inversión que esa visión genera en la mayoría de sus empresas. O acerca de que existen en verdad remedios a la mano, como una baja sustancial del gasto público, que creció de manera exorbitante en los últimos cinco años, siempre dedicado a mejorar el clientelismo político.

"Lo primero que tiene que hacer el gobierno para salir de la crisis es reconocer que tiene un problema de inflación", planteó, desde el país real, el titular de la Asociación Empresaria Argentina, Jaime Campos. No será escuchado. Y hasta es probable que algún "ultra" del oficialismo lo acuse de destituyente...

En el Peronismo se viene rumiando un sordo fastidio como el de una olla a presión

lunes, 15 de marzo de 2010

Por Osvaldo Pepe


Acaso con más fruición que las otras fuerzas políticas, el kirchnerismo ha devaluado el sentido de las palabras: las adultera, o las carga de un contenido épico que no tienen. Escribe una historia que no es la que transcurre y ni siquiera se detiene en reparos éticos.


Su máximo jefe político, Néstor Kirchner, acaba de reasumir la conducción del Partido Justicialista a menos de nueve meses de haber presentado su renuncia, corrido por la derrota electoral de junio. Fingió irse al día siguiente, con una parodia mediática que puso en escena a través del aparato de comunicación estatal a su servicio. Delegó el poder en Scioli: se fue sin haberse ido.

Hace 4 meses, diseñó el "operativo retorno" con un remedo institucional partidario mediante el cual se rechazó su dimisión entre gallos y medianoche. Y el miércoles último, en Chaco, retomó el mando en un acto con estudiada liturgia y estética justicialista, que al llegar el poder despreciaba: "Es pejotismo puro", decía. En tanto, en el peronismo se viene rumiando un sordo fastidio como el de una olla a presión en cuenta regresiva.

Como Menem en su tiempo, Kirchner nunca dejó de ser "el Jefe". La forma de ejercer y sentir el poder los iguala, aunque ahora Kirchner aluda al ciclo menemista como "la noche neoliberal": una noche que lo cobijó como uno de los principales fogoneros de la privatización de YPF, que le significó a Santa Cruz regalías por más de US$ 500 millones, cuyo destino aún permanece incierto.

Kirchner y la Presidenta construyen su propia mitología: gobiernan, dicen, para los menos pudientes, como manda el ideario peronista. Pero en febrero la canasta básica tuvo la mayor suba en 8 años: ya sale casi el doble del sueldo promedio de $ 2.000 que cobra 70% de los asalariados.

De eso, claro, los Kirchner no dicen ni una palabra.