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El cambio de estrategia de los Kirchner

miércoles, 19 de mayo de 2010

Por Eduardo van der Kooy

Silencio. Esa ha sido, al menos hasta anoche, la única respuesta política de Néstor y Cristina Kirchner a la polvareda levantada por el procesamiento que el juez Norberto Oyarbide dictó la semana pasada contra Mauricio Macri por un escándalo de espionaje. Idéntica respuesta produjeron sus principales portavoces. El dicharachero jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, asoma contenido.


Las primeras evidencias públicas recogidas por el kirchnerismo aconsejarían aquel silencio. Aunque el plan, con las características presentes, pareció urdido de antemano. Dos encuestas telefónicas realizadas en el ámbito porteño arrojaron un resultado similar: el 65% de los interrogados cree que el procesamiento a Macri obedece a una maniobra del gobierno de los Kirchner; el porcentaje restante se divide entre quienes suponen responsable al jefe porteño y aquellos que no tienen idea formada.

Quizás no sea esa la única señal de inquietud para la ingeniería política kirchnerista. Macri ha concitado en los últimos días una cantidad de adhesiones insospechadas en el arco opositor, incluso de dirigentes que sólo se dedicaron a combatirlo desde que resolvió abandonar Boca Juniors para volcarse a la política.

El peronismo disidente, con Eduardo Duhalde a la cabeza, aprovechó el procesamiento a Macri para cargar sobre los Kirchner. Elisa Carrió eligió la misma dirección pero amplió el radio de sus críticas: sostuvo que la causa de Oyarbide está inspirada por el matrimonio presidencial pero, además, por la Policía Federal. Los radicales tampoco le escaparon a los gestos de solidaridad, incluido Julio Cobos.

Convendría detenerse en la figura del vicepresidente para comprender, en alguna medida, el cambio de estrategia de los Kirchner. De la furia y los embates públicos contra el dirigente radical, desde que votó en contra de la resolución 125, a la actual prescindencia y mutismo alrededor del conflicto que involucra a Macri.

Tal vez la lección política haya sido aprendida, aunque las palabras de los Kirchner suelen estar demasiadas veces más cerca del temperamento que de la racionalidad. Cobos saltó a la fama con aquel célebre voto de desempate en el pleito con el campo y luego hizo gala de corrección y oportunismo político para ocupar el lugar que tiene en las preferencias sociales.

Pero su crecimiento no hubiera sido el que fue sin el inestimable aporte de los Kirchner, que con su lluvia de granizo ayudaron a su victimización. El valor de esa ecuación quedó demostrada durante el verano cuando Cobos se acercó al matrimonio para dirimir la pelea por el uso de las reservas del Banco Central y el desplazamiento de su entonces titular, Martín Redrado. Los niveles de aprobación del vicepresidente declinaron al compás de esa acción.

La embestida contra Macri sería ahora más sofisticada a partir también de los serios errores políticos que cometió el jefe porteño, al pretender designar al comisario (RE) Jorge Palacios a cargo de la Policía Metropolitana. Esa decisión le abrió frentes múltiples de batalla: con la Federal, con el submundo de la inteligencia, con buena parte de la dirigencia política y con un núcleo de familiares de víctimas del atentado en la AMIA.

¿Cuál sería aquella sofisticación del kirchnerismo? Erosionar a Macri sin plantear una pelea política formal y pública. Los senderos que debería seguir el plan estarían marcados en la Justicia y la Legislatura porteña. En un caso está Oyarbide y en otro el puñado de kirchneristas y el resentimiento que sembró el macrismo en la Ciudad cuando, inocultablemente, ayudó a tumbar a Aníbal Ibarra del Gobierno porteño luego de la tragedia de Cromañón.

Oyarbide tiene línea directa con Kirchner a través del director del Banco Nación, Juan Carlos Fábrega. Ese funcionario fue correo con el magistrado cuando el matrimonio requirió el sobreseimiento en la causa por supuesto enriquecimiento ilícito.

Oyarbide responsabiliza a Macri de integrar una asociación ilícita dedicada a las escuchas ilegales. El caso que más lo compromete en ese aspecto, en verdad, es la intervención del teléfono de su cuñado. Aunque hay otro dato, tal vez más político que judiciable, que el jefe porteño tampoco supo todavía explicar: qué hacía Ciro James, el espía en cuestión, metido en su Gobierno.

Macri repite, sin cesar, que en su vida vio ni conoció a James. Sería una buena estrategia pública si, en efecto, es verdad. Pero podría convertirse en su lápida, judicial y política, si surgiera la mínima evidencia en contrario.

En la Legislatura porteña los problemas de Macri no pasarán, hasta ahora, de sobresaltos. Evitó ayer la interpelación y envió a responder las preguntas de los legisladores a Guillermo Montenegro.

El ministro de Seguridad fue extrañamente sobreseído por Oyarbide, después de haber estado entre los principales sospechosos. La posibilidad de un juicio político es una utopía porque la oposición, incluido el kirchnerismo, necesitaría los dos tercios. Los legisladores de Carrió no se prestarán a ese juego al menos hasta que no haya una sentencia firme sobre el episodio de la Cámara de Casación. El tiempo para conocer esa sentencia es todavía incalculable.

El kirchnerismo lanzó anoche un proyecto para la formación de una comisión investigadora en la Legislatura que se meta en el escándalo de los espías. Quizás tampoco tenga éxito pero serviría, al menos, para tenerlo a Macri en guardia. Y al episodio, en medio de la atención pública. Con los Kirchner, aparentemente, en otra cosa.

Los Kirchner con demasiadas malas artes fueron vulnerando los límites que intentó trazarle el conglomerado opositor

miércoles, 31 de marzo de 2010

Por Eduardo van der Kooy

Néstor y Cristina Kirchner han ganado con los dos fallos de la Justicia conocidos ayer una batalla política que arrancó en diciembre del año pasado.

En ese derrotero de más de tres meses despidieron a Martín Redrado del Banco Central, alzaron en su reemplazo a Mercedes Marcó del Pont, cuyo pliego está aún pendiente de aprobación, resignaron el predominio en el Senado y despertaron, por sus presiones y palabras, resistencias impensadas en el Poder Judicial.


Tanta fricción continuó desgastando la imagen pública del matrimonio presidencial con la sociedad. Una encuesta conocida ayer en la geografía oficial indica que Cristina estaría en los niveles de popularidad más bajos desde que asumió en el 2007. Parecidos a los que cosechó durante el conflicto con el campo: sólo entre el 17% y el 18% de aceptación. Pero, tal vez, sea ese el contratiempo menos importante: los Kirchner parecen haber enterrado hace rato la posibilidad de recuperar fiabilidad. Se contentarían con gobernar para el núcleo duro de los incondicionales.

La batalla ganada no implicaría que el enfrentamiento global sobre determinadas facultades de poder de los Kirchner haya concluido. Sigue en manos del Congreso la chance de rechazar el DNU que habilitó el uso de las reservas para el pago de los vencimientos externos. También está bajo análisis de los integrantes de la Corte Suprema un pronunciamiento sobre las verdaderas necesidades y urgencias del Poder Ejecutivo para apelar, con tanta frecuencia, a los decretos.

En el caso del Congreso, aquel hipotético rechazo sería una especie de resarcimiento para una oposición que recurrió, en su momento a la Justicia, por la inoperancia política para enfrentar el reto de los Kirchner. Pero nada garantiza que los opositores vayan a tener ese consuelo: ayer mismo, durante la flojita exposición de Amado Boudou en el Senado, el kirchnerismo repitió con fuerza la idea de reflotar el proyecto del senador peronista Carlos Verna. Es decir, mutar el controvertido DNU en una ley. En ese aspecto, la polémica podría quedar saldada. Nadie sabe bien, en cambio, qué estarían tramando los integrantes de la Corte.

Lo cierto es que los Kirchner disponen desde ayer de los US$ 6.500 millones para pagar deuda externa. El ministro del Interior, Florencio Randazzo, anunció que la próxima semana ya serían utilizados US$ 200 millones. El grueso de los pagos habría que realizarlos recién en agosto.

Aunque, quizás, el nudo de la cuestión no pase únicamente por el dinero. Importaría tanto, o más, el significado político de lo sucedido en las últimas horas. Los Kirchner cambiaron, de hecho, la lógica de la relación entre el Poder Ejecutivo y el Banco Central. También con astucia política y demasiadas malas artes fueron vulnerando los límites que intentó trazarle el conglomerado opositor.

Nadie puede saber, a ciencia cierta, cuánto incidieron en este desenlace dos situaciones. La ofensiva del matrimonio contra la Justicia. La incapacidad de la oposición para encontrarle en el Congreso una solución política a la crisis que suscitó el uso de las reservas del Central.

El mundo de la Justicia suele latir acompasadamente al ritmo de las vivencias políticas. Y esas vivencias en la Argentina de esta hora van y vienen. Nadie imaginó en diciembre, cuando se apropió de la mayoría en Diputados, que la oposición crecería como creció hasta complicar al kirchnerismo en el Senado. Muchos supusieron, por error, en esa vereda, que el golpe de nocaut a los Kirchner había sido propinado. Cuando llegaron los enredos y los fracasos opositores en el Congreso cundió la desesperanza. Como si todo lo obtenido se hubiera derrumbado. Ni aquella euforia ni el presente pesimismo.

El primer reflejo del acomodamiento judicial fue aquel fallo del juez Enrique Lavié Pico que esterilizó las ambiciones de la oposición de declarar nulo en Diputados el DNU mediante el cual los Kirchner accedieron, finalmente, a las reservas del Central.

El fallo de ayer de la Sala IV en lo Contencioso Administrativo que volteó los recursos opositores estuvo en consonancia con otros anteriores de afinidad con posturas oficiales. Aunque, en esta ocasión, se apuntaló en un argumento difícil de refutar: recordó que la Corte Suprema había declarado abstracto un planteo del diputado del PRO, Federico Pinedo, contra el DNU del Fondo del Bicentenario porque ya había sido derogado por el Gobierno. Especialistas dijeron que los auspiciantes de la UCR debieron, en este caso, haber hecho una presentación aparte por el nuevo DNU de Cristina.

La mayor sustancia política quedó impresa en el fallo de la Sala I del mismo fuero federal. Dirigentes de la oposición admitían anoche que no había sospechas contra los doctores Néstor Buján, Pedro Coviello y Clara Do Pico, que desestimaron decisiones anteriores de Claudia Rodríguez Vidal. Esa jueza había atendido los reclamos de la oposición por el uso de las reservas del Central.

Pareció haber en el mensaje de los tres magistrados, aún con sus matices, una coincidencia: la oposición no supo encontrarle la vuelta política, pese al tiempo que dispuso, al problema planteado por los Kirchner. La Justicia no tendría por qué razón hacerse ahora cargo de una solución cuyas llaves poseería el Parlamento.

Buján y Coviello dejaron asentadas sus disidencias con los DNU de Cristina. Entre otros motivos, por haber asumido "indebidas funciones legislativas". Coviello, incluso, puso en duda la conveniencia del uso de las reservas. Pero convinieron, junto a Do Pico, que los recursos presentados por la oposición habían sido vaciados de sentido no bien se inició el período de sesiones ordinarias del Congreso. La falta de sesiones extraordinarias, ante una determinación tan importante, había justificado, al entender de los jueces, la demanda opositora.

Buján avanzó en consideraciones políticas, tal vez, con mayor audacia que sus colegas. Afirmó, por ejemplo, que el Congreso tenía las facultades para autoconvocarse. Y que si no lo hizo fue "por desidia" o por ausencia de voluntad. Junto con Do Pico sostuvo que hoy "no existe óbice alguno imputable al Poder Ejecutivo que les impida actuar en el ámbito de la Cámara que integran a los fines del tratamiento de los DNU". Este recurso había sido impulsado por los peronistas no kirchneristas Felipe Solá, Graciela Camaño y Alfredo Atanasof.

Los fallos de las dos Salas -pero en especial esta última- cayeron como granizo sobre la cabeza de los dirigentes opositores. Y desataron un debate sobre cómo continuar escribiendo esta difícil historia.

¿Sesionar el próximo miércoles para rechazar en Diputados el DNU? ¿Rechazarlo, simplemente, o declarar también su nulidad? ¿Incluir ahora ese rechazo en un solo proyecto que incluya, además, la reforma a la ley del cheque y los Adelantos del Tesoro Nacional (ATN)? ¿Retomar una ofensiva más amplia que tenga como cabecera la modificación del Consejo de la Magistratura?

Hasta anoche no había ninguna respuesta certera para ese puñado de interrogantes.

La oposición parece colocada otra vez de cara a un viejo y angustiante dilema: cómo enfrentar a los Kirchner, también en su época de declinación.

Néstor y Cristina no han dejado exceso por cometer

martes, 23 de marzo de 2010

Por Malú Kikuchi

Exceso: cosa que sale en cualquier línea de los límites de lo ordinario o de lo lícito; abuso, delito o crimen (*RAE). Argentina está sometida a excesivos excesos, y hay días en los que parece que no va a sobrevivir a tantos ataques en contra de la república, las instituciones y la racionalidad.


En tiempos K, todo es probable. De hecho todo lo que debiera ser imposible y está fuera de las normas, sucede. Néstor y Cristina se han especializado en cometer tropelías en contra de la Constitución Nacional.
En este último trimestre, han batido todos los récords. No han dejado exceso por cometer. “Dale que va, todo es igual” y el Cambalache “discepoliano” se queda corto ante la realidad argentina 2010.

El país se ha empobrecido (¿dónde fueron a parar los millones de dólares que entraron al país a través de las retenciones durante 5 años de floreciente economía internacional?); es un país inseguro, con mala o ninguna salubridad, con una educación pública deficiente y una inflación creciente; ya es importador, consumidor y fabricante de droga, y el gobierno juega a las escondidas en el congreso. Ya no tiene mayorías, y no lo soporta. El que tiene que soportar es el pueblo.

La oposición acompaña. Un día es el gobierno y al otro es el arco opositor jugando un juego llamado “no dar quórum”. ¿A quien le toca la próxima semana no sentarse en el senado? Como en el Don Pirulero, cada cual atiende su juego. Mientras, la gente común, que no entiende de reglamentos legislativos, ni de procesos judiciales, no sabe cómo llegar a fin de mes.

El poder judicial, generalmente vacío de justicia, es obligado a participar del juego. A veces se inclina para un lado, y a veces, dependiendo de las presiones, que son muchas, falla para el otro. Los dados vienen cargados y caen, como todos los dados, de acuerdo al azar. Mientras, la inflación 2010 se calcula entre el 25% y el 31%.

Cuando las reservas del BCRA están en juego (son los ahorros de los argentinos para defender el valor de la moneda), el congreso discute si se deben participar, o si no hay que tocarlas para que no las embargue el Juez Griessa, o si no hay ni necesidad ni urgencia para pagar con reservas los servicios de la deuda. Pocos son los que sostienen que las reservas no se tocan. Mientras, a los jubilados sólo se les aumentó un paupérrimo 8%, que no alcanza ni para los remedios.

En el congreso se preguntan si Marcó del Pont es apta o no para dirigir al BCRA, y la dejan hablar, pero no le preguntan nada, ni siquiera cómo pretende dirigir un banco cuya función esencial es defender el valor de la moneda, cuando ella no cree en esa premisa. Mientras, ya hay mucho más de un 30% de argentinos pobres y la mitad de ese porcentaje, es indigente.

En el congreso discuten si se coparticipa más el impuesto al cheque, para disminuir la excesiva presión del ejecutivo sobre las mendicantes provincias, pero no se discute lo esencial: no debe existir el impuesto al cheque si se quiere tener una economía formal y en blanco. El congreso le debe a la nación una ley de coparticipación federal desde 1996. Mientras, según la ONU, Trinidad y Tobago tiene más cloacas que Argentina.

En el senado intentan discutir, pero les resulta imposible hacerlo. El oficialismo no baja y si lo hace es porque tiene quórum propio. Tratar de poner en orden cronológico los excesivos disparates del ejecutivo, el legislativo y el judicial en este último trimestre, es casi una misión imposible.

No sólo imposible, es increíble en un país que se suponía civilizado. Y sin embargo, a golpes de excesos, sucedió. La realidad superó toda fantasía.

La jueza Sarmiento paralizó el uso de reservas, Marinelli que la reemplazó, compartió el fallo. Una cámara lo corroboró. Cristina dio de baja el DNU 298 al inaugurar las 128 sesiones ordinarias del congreso. Haciendo pito catalán a diputados y senadores, mandó otros 2 DNU, uno de ellos casi un clon del 298. Mientras, en el NEA, los indígenas tienen hambre y están enfermos, sin posibilidad alguna de ser considerados ciudadanos argentinos, con los mismos derechos que los demás.

Al mismo tiempo, Marcó del Pont, sigilosamente abrió una cuenta en el BCRA por US$4.200 millones a nombre del ejecutivo. El arco opositor acudió al poder judicial, la jueza (Rodríguez Vidal) falló a favor de los denunciantes. Cristina se metió con la vida privada de la jueza. Mientras, en los hospitales del norte argentino hay muchas más cucarachas que pacientes.

Pichetto gritó que no había que judicializar la política. Como no le gustó el fallo de la jueza, llevó el caso a la justicia. El caso le cayó a Marinelli. Este se recusó (forma parte de atacada vida privada de Rodríguez Vidal).

Le tocó el caso al juez Leiva Pico. Se lo sacó de encima y se lo devolvió a Marinelli. Pichetto indignado, amenazó a Leiva Pico con un juicio político si no se hacía cargo del tema con rapidez. Obediente, Leiva Pico le dio la razón a Pichetto. Mientras, Argentina, es el país que ha involucionada más en los últimos 15 años en educación pública.

Como frutilla del postre, 27 años después de reiniciada la democracia, el gobierno K descubre que el padre de la jueza Sarmiento (que osó contradecir a Cristina), el Coronel Luis Sarmiento (85, con Parkinson y en silla de ruedas), ha sido un “terrible y monstruoso represor”. Lo asegura Eduardo Luis Duhalde, que ya lo juzgó y condenó.

Es mucho. Es demasiado. Es excesivo.

Los K reaccionan de la única manera que conocen, atacando. Y tienen todavía mucho poder de fuego, una inagotable inventiva y una imperiosa necesidad de mantenerse en el poder, porque les gusta el poder y porque necesitan fueros para seguir en libertad.

El arco opositor votado el 28/6/09, hace lo que puede. Y puede poco. Es como una pelea entre profesionales y amateurs. Y la gente no entiende. La gente los votó para que le pusieran límites a los K y los K están cada día más ilimitados y más excesivos.

El arco opositor hace lo que puede, la tiene difícil ante los K y complicada entre ellos. La gente no entiende. La madre de un chico que no tiene lugar en el colegio del barrio, la que no puede comprarle los cuadernos porque la plata no le alcanza, no entiende. Ella votó otra cosa.

Las madres del paco, los que comen con suerte una vez al día, los que se arrastran buscando un trabajo que no encuentran, los que trabajan por sueldos de hambre en negro, los que no están defendidos por ningún sindicato, esos, no entienden, votaron otra cosa.

Los que no pueden lidiar con los aumentos, los que no tienen porqué conocer los entretelones de los tres poderes, todos ellos saben que la pareja presidencial, en un año de crisis económica mundial, ha podido aumentar su patrimonio oficialmente en ¡$5 millones!

Hay excesos que actúan como cachetazos y son más difíciles de tragar que la merluza a $12,50 que promociona Cristina.

*RAE: Diccionario de la Real Academia Española

Los Kirchner, Botnia, la Justicia y el Congreso

domingo, 21 de marzo de 2010

Por Eduardo van der Kooy

La impotencia política y la decrepitud institucional parecieran cubrir a la Argentina como un tapiz gigantesco. Ese tapiz, sin embargo, no alcanza a ocultarlo todo. Sobre la crisis que se han esmerado en incubar Néstor y Cristina Kirchner, en especial, y también la oposición iría asomando otra vieja crisis irresuelta condenada por tiempo al olvido: el conflicto por la pastera de Botnia en Fray Bentos y la relación con Uruguay.


Sucede que después de Semana Santa, días más o días menos, la Corte Internacional de La Haya anunciará el fallo sobre aquel litigio que ni la política ni la diplomacia de las dos orillas lograron resolver. La Argentina y Uruguay, entonces, dejaron en el 2006 el arbitraje en manos de los 15 jueces de aquel Tribunal.

La Cancillería argentina guarda silencio sobre el contenido del fallo -cuyo corazón dice desconocer- aunque acepta su inminencia. Fuentes diplomáticas extranjeras de primer nivel apuntan que, luego de las denuncias y los descargos de los Gobiernos de ambos países, la Corte tendría esbozada la dirección de la sentencia.

El fallo de la Corte Internacional haría hincapié en tres aspectos medulares. Reconocería el reclamo de la Argentina acerca de que Uruguay violó el mecanismo de información y consulta previa que establece el Tratado del Río Uruguay. Haría una recomendación especial al gobierno uruguayo para que, en el futuro, respete las normas vigentes.

Con la presentación de una decena de informes técnicos, el mismo fallo demostraría la inexistencia de mayores factores de contaminación de las aguas del río Uruguay desde que Botnia empezó a funcionar. Uno de los más meneados argumentos argentinos podría, de ese modo, derrumbarse.

La presencia de la pastera frente al principal balneario de Gualeguaychú desató legítimos disgustos pero azuzó también, a veces, fantasmas que no son. Durante el verano se difundió una dermatitis en un centenar de personas que asistieron un fin de semana a esas playas del río Uruguay. Las sospechas apuntaron de inmediato sobre Botnia. Los estudios posteriores demostraron que la irritación en la piel fue causada por partículas de excrementos humanos que circulaban en el agua.

El último aspecto sustancial del fallo de la Corte de La Haya sería una propuesta a la Argentina y Uruguay para un monitoreo constante -con fiscalización internacional- de la calidad de las aguas del río Uruguay.

Podrán estar faltando, con certeza, otros aspectos del fallo. Pero aún así podría anticiparse una conclusión: no habría objeción legal ni técnica a la permenencia de Botnia en Fray Bentos. La violación uruguaya del Tratado bilateral podría subsanarse con algún resarcimiento económico o, tal vez, un acuerdo político. El núcleo del problema volvería a ser aquel que prologó la decisión de los dos países de acudir a La Haya: ¿cómo normalizar la relación bilateral?, ¿cómo liberar un paso fronterizo bloqueado por asambleístas de Gualeguaychú desde el 2006?, ¿cómo aceptar que en el futuro de la Argentina y Uruguay, guste o no, estará la empresa finlandesa?

Con aquel fallo en ciernes, la Corte de La Haya habrá cumplido su papel. La búsqueda a la salida definitiva del conflicto quedaría circunscripta en ambos países al campo de la política. Ni la Argentina ni Uruguay están ahora como estaban cuando estalló el pleito.

Los Kirchner transitan su ocaso político, lejos de la popularidad que, en algún momento, también los indujo a manipular hacia adentro el conflicto. En Uruguay acaba de empezar a gobernar José Mujica. Un veterano ex guerrillero y político que se ocupó pronto de intentar recrear las expectativas en el vínculo con la Argentina. Partió Tabaré Vázquez rodeado de simpatía social, aunque habiendo dejado pendiente el problema con Botnia que tampoco supo manejar con pericia.

El mayor escollo para la solución al pleito radica en Gualeguaychú. El bloqueo sigue siendo observado como una provocación por los uruguayos. Mujica no podrá obviar, sin pagar costos, ese estado de ánimo existente. Quizás por esa razón y la cercanía del fallo de La Haya prefirió posponer un nuevo encuentro con los asambleístas. En la primera reunión había escuchado una sugerencia de ellos: la chance de que Botnia desdoble su planta y que la producción de la pasta de celulosa pueda realizarse aguas abajo de Fray Bentos.

Un enigma consiste en saber cuánto los Kirchner querrán y podrán hacer para darle respuesta satisfactoria al mandatario uruguayo que se han cansado de halagar.

Gualeguaychú fue complaciente cuando los Kirchner plantaron la bandera de la intransigencia en el conflicto. Pero desde aquel tiempo hasta hoy ocurrieron muchas cosas. Esa ciudad se convirtió en foco en Entre Ríos de la protesta del campo. Fue la época del auge de Alfredo De Angeli. El dirigente había estado también con los asambleístas. La estrella de De Angeli está sin brillo, al punto de haber roto el lazo comercial con su hermano mellizo. El asambleísmo quedó limitado a grupos pequeños pero ultras.

Gualeguaychú también mutó. La pastera es un incordio para su población. El bloqueo del puente internacional no le iría ahora en zaga. La gran mutación colectiva tendría signo político: Gualeguaychú es de todas las ciudades grandes entrerrianas, quizá, donde los Kirchner cosechan mayor nivel de impopularidad.

La impopularidad no suele ser un freno para el matrimonio. Está a la vista cómo actuaron después de la derrota electoral del 2009. Pero no se trataría, en este caso, de maltratar a la oposición política o de presionar a la Justicia para sacar algún rédito político. Doblegar la resistencia de un grupo de Gualeguaychú, poseído por una lucha de supuesta vida o muerte, podría tener consecuencias traumáticas. Está también la necesidad de un arreglo con Uruguay, difícil de esquivar una vez que alumbre el fallo de La Haya.

Cristina asumió con la promesa de reinsertar al país en el mundo. Ese mundo se ha alejado. Tal vez, la solución con Uruguay podría resarcirla en algo.

Nadie sabe si los Kirchner tienen siquiera un minuto de cada día para prestarle atención al problema. Los absorbe la pelea con la oposición. Su desvelo para que esa oposición no pueda desempeñarse en un territorio que, numéricamente, parece fértil: el Congreso.

Ese Congreso ha quedado paralizado por un sinfín de mañas políticas y judiciales. Desde que comenzaron las sesiones ordinarias Diputados pudo sesionar sólo una vez. Al Senado le sucedió lo mismo. El retaceo del quórum es una herramienta a la que apelan el kirchnerismo y la oposición.

Esa oposición, a medida que actúa en el Congreso, se transforma en un tinglado indescifrable. La convivencia de Elisa Carrió con los radicales -excepto con Gerardo Morales- es casi imposible.

La unidad de acción del peronismo federal también, más allá de los malabares de Felipe Solá. El diputado bonaerense acepta que algunas decisiones surgieron del arrebato. ¿Cuáles? Haber impuesto una distribución de poder en el Senado al mismo tiempo que se quiso tumbar a Mercedes Marcó del Pont del Banco Central. La economista, antes o después, será ratificada en su cargo. La oposición tiene en el Senado una mayoría que muchas veces es virtual y no le garantiza aquel poder que obtuvo.

Los Kirchner poseen además incalculables recursos para desguasar, de a piezas, al conglomerado opositor. Es todavía difícil saber qué sucedió la semana pasada en Diputados cuando, en plena madrugada, algunos legisladores desaparecieron. Tampoco terminan de explicarse las ausencias de Carlos Menem en el Senado, que neutralizan la supremacía de la oposición en instancias clave. El miércoles se disponían a darle sanción -incluso con apoyo de cuatro kirchneristas- a la ley del cheque, que privaría al Gobierno de $ 8 mil millones de su caja.

En cambio, otros saltos de vereda empezarían a entenderse. Desde que rompió con Carlos Reutemann, la senadora Roxana Latorre ha dialogado con los Kirchner. Latorre es una enamorada de su ciudad natal, Rosario, pero desde aquel episodio con el ex gobernador decidió mudarse. La afectó el escrache que delante de su departamento hizo el piquetero Raúl Castells. La mujer estaría ahora radicada en Buenos Aires, en una propiedad que habría comprado con la ayuda de un empresario cerealero y un crédito obtenido en un banco estatal.

El kirchnerismo es menos sofisticado cuando invade la Justicia. El juez Enrique Lavié Pico fue amenazado con un juicio político si no impedía que la oposición derogara el DNU de las reservas. Lo hizo. La jueza María José Sarmiento está siendo hostigada desde que se pronunció en contra del uso de los fondos del Central. El viernes ordenaron detener a su padre, ex militar, en una megacausa por violación a los derechos humanos en Misiones.

Habría que separar la paja del trigo. Nadie puede objetar la investigación por aquellos supuestos delitos. Pero el modo de proceder judicial resultó impropio y sospechoso. ¿Quizás un mensaje de advertencia para los jueces a los cuales el matrimonio no logra sujetar? ¿O sólo una casualidad?


No suele haber casualidades cuando a los Kirchner los corre la adversidad y la desesperación.

El Congreso y la Justicia en el ojo del kirchnerismo

domingo, 7 de marzo de 2010

Por Eduardo van der Kooy

Los Kirchner consiguieron las reservas del Banco Central. Pero quedaron debajo de una tormenta política. La pérdida de control del Senado fue un golpe duro. El rechazo a la designación de Marcó del Pont en el BCRA, también. ¿Avanza el conflicto de poderes?

Perplejidad y temor. Esas sensaciones empezaron a campear en el ánimo social después de la escalada política que vivió la semana pasada la Argentina. Una escalada -cuyo espolón principal fueron Néstor y Cristina Kirchner- que hizo extraviar la noción de orden y que forzó demasiados límites.


La Presidenta derogó el DNU del Fondo del Bicentenario para dictar otro igual, o similar, con el cual se apropió de la mayor parte (US$ 4.400 millones) de las reservas que deseaba del Banco Central. El resto (US$ 2.200 millones) lo obtuvo con un decreto simple. Se lo comunicó al Congreso cuando ya se retiraba, el día que dejó inauguradas las sesiones ordinarias.

Esa maniobra tuvo un efecto devastador, casi como un sismo. Hizo volar las esperanzas de alguna salida armónica y consensuada al conflicto en que se metió el Gobierno no bien concluyó la actividad parlamentaria del año pasado. Provocó una cohesión monolítica impensada en una oposición heterogénea, que vive entre tironeos y desconfianzas.

Selló, más temprano o más tarde, la suerte política de Mercedes Marcó del Pont, la titular del Banco Central. Desató alrededor de la economista otra tormenta que azota a las instituciones: la oposición en el Senado, con algún arrebato, rechazó el pliego de su designación antes de que Marcó del Pont pudiera decir algo. Cristina ha desconocido esa facultad.

La Presidenta fue aún más lejos. También desconoció el fallo de una jueza, Claudia Rodríguez Vidal, que invalidó el último DNU con el cual el matrimonio madrugó al Congreso. Hubo desconocimiento y hubo un peligroso desafío. Anunció que, más allá de lo que digan los jueces, su Gobierno seguirá pagando los vencimientos externos con fondos de las reservas. Desobediencia, cantó la jueza.

Detrás del enojo con el Senado y de la desconsideración con la Justicia se agazaparía algo de mayor gravedad: el conflicto del matrimonio presidencial con los otros poderes del Estado. Ni siquiera la Corte remozada por ellos les resulta fiable. En el Congreso, Cristina machacó que esa Corte sólo es independiente del Gobierno. A buen entendedor, sobran las palabras.

El Gobierno inauguró una insólita campaña de publicidad en televisión contra jueces que fallan en contra de sus pretensiones. Aníbal Fernández, el jefe de Gabinete, ya había intentado intimidar con un patrullero a la jueza María José Sarmiento, que aplazó en diciembre el despido de Martín Redrado del Central. Ese gesto activó alarmas en el Poder Judicial.

En un acto público, Cristina intentó descalificar a la jueza Rodríguez Vidal por su vínculo marital con Ernesto Marinelli. Se trata de otro juez que tuvo intervención en la medida cautelar que frenó el DNU del Fondo del Bicentenario y que neutralizó, además, una decisión oficial en contra de Papel Prensa.

El Congreso y la Justicia al mismo tiempo, entonces, en el ojo del kirchnerismo. En algunos territorios opositores habría empezado a merodear el fantasma de la fujimorización. Veamos: en abril de 1992 el entonces presidente de Perú, Alberto Fujimori, decretó la disolución del Congreso y una profunda y arbitraria reforma del sistema judicial.

Se aprovechó de la decadencia de ambas instituciones pero, sobre todo, contó con la complicidad funcional de la guerrilla cuyos actos terroristas estiraron hasta el colmo la tolerancia popular con él. Tuvo también el respaldo militar. El ex presidente, de origen japonés, cumple hoy en prisión sus 25 años de condena. Fujimori cometió esa tropelía -permitió además matar y torturar- en el momento de mayor fortaleza política. Los partidos estaban en estado de total desarticulación.

Los Kirchner están en su tiempo de mayor debilidad. Los partidos no lucen nada bien, pero el Peronismo, sobre todo, y también la UCR, logran algún reciclamiento. Existen partidos y coaliciones de menor envergadura que hacen su aporte.

El Congreso y la Justicia no gozan de ningún prestigio ejemplar. Pero el recambio legislativo, donde la oposición se convirtió en mayoría, abrió una expectativa social de equilibrio que se había evaporado en los últimos años bajo la prepotencia kirchnerista. La Corte, en medio de un paisaje político e institucional desarbolado, se transformó en una obligada referencia.

Quizás aquellas sombras sobre una supuesta fujimorización apuntarían a otro flanco. Al mismo que pasó por la cabeza de Carlos Menem cuando, luego de ganar la reelección en 1995, la oposición comenzó a fortalecerse. La administración por decreto, soslayando al Congreso. Si ese fuera el sentido, podría admitirse -con licencia- algún grado de fujimorización en los Kirchner.

La idea de intentar gobernar por decreto empezó a tomar volumen luego de la derrota de junio. Por esa misma razón el matrimonio impuso hasta diciembre, con rigor, su agenda parlamentaria a la oposición y sancionó las leyes que quiso. Cuando el oficialismo se convirtió en minoría en Diputados y el Senado, los Kirchner apelaron a los DNU.

Desde diciembre viven de conflicto en conflicto, a los tumbos. Fue gigantesco el error del Fondo del Bicentenario que alumbró la chapucería de Amado Boudou. Fue mucho más tremenda y patética la equivocación del DNU de la última semana, al margen de que se limitaron sus objetivos y se creó una comisión bicameral para controlar el cumplimiento. El problema no radica sólo en el contenido: el problema es la herramienta elegida por el matrimonio para querer gobernar.

Esa herramienta se articula siempre entre cuatro paredes. El último DNU de la discordia fue planeado por los Kirchner en la soledad de Olivos con el asesoramiento jurídico de Carlos Zanini, el secretario Legal y Técnico. Más de un ministro se tomó la cabeza cuando Cristina comunicó la decisión. El rostro de Julio De Vido, el ministro de Planificación, durante el mensaje de la Presidenta en el Congreso fue reflejo crudo de esa realidad.

Los legisladores kirchneristas también se cuidan pero tampoco comprendieron el viraje de los Kirchner cuando en el Senado y en Diputados se negociaba un proyecto de ley con la oposición que tomaba como base el DNU original y polémico. Han vuelto a esa idea con el nuevo DNU de Cristina. Peronistas y radicales, sobre todo, conversan. Pero el resultado está en el aire.

El camino elegido por los Kirchner parece tornarse sinuoso y estrecharse con riesgo. La Corte aconsejó que no se delegaran en la Justicia los pleitos que debía resolver la política. Cristina alegó la excesiva judicialización del DNU del Bicentenario para derogarlo y dictar otro tendiente a barrer escollos y alzarse con las reservas. Los escollos permanecen en el Congreso y en la misma Justicia.

La oposición descubrió en Diputados que todos los proyectos presentados sobre nulidad del DNU habían desembocado en la Comisión de Presupuesto, que controla el kirchnerismo, y ninguno en la de Asuntos Constitucionales, de propiedad opositora. Eso frustró la sesión de la semana pasada, porque para rechazarlo sin dictamen la oposición hubiera requerido la proporción inalcanzable de dos tercios.

Tanta resistencia puede terminar quebrando el dique. Después de que la oposición tomó el control del Senado, la Comisión Bicameral encargada de analizar los DNU sufrió un vuelco: tiene por ahora mayoría opositora por dos votos. Si esos números no se modifican, difícilmente algún decreto de los Kirchner encuentre allí un futuro promisorio.

Seguramente los Kirchner tendrán menos impedimentos con los vetos. Pero la repetición de esos vetos podría empujar al Gobierno a un punto desgastante de fricción e inestabilidad. La oposición pondrá en breve a prueba al matrimonio: esta semana el Senado tratará la reforma a la ley del cheque, que tuvo dictamen favorable en un día. El proyecto forzaría la coparticipación del 100% del impuesto. Las provincias reciben ahora sólo el 15%. Hay en juego $ 7.000 millones. Con el nuevo sistema Buenos Aires recibiría más de $ 2.000 millones y Santa Fe y Córdoba $ 700 millones cada una. Se resentiría demasiado una de las cajas de los Kirchner con la cual mantuvieron, por años, la disciplina política.

La oposición aguarda también el momento para lanzar la ofensiva con retoques al Consejo de la Magistratura. Retoques suficientes para mellar la supremacía kirchnerista. Será una pésima noticia en momentos en que los Kirchner redoblaron su ataque contra el Poder Judicial.

Cristina se defiende con una retahíla de discursos en los cuales abundan las falacias. Acusó a la oposición de querer obligar a su Gobierno a endeudarse por entorpecer el uso de reservas. ¿Acaso no logró que esa oposición le votara en el Presupuesto el derecho a endeudarse? Puso el grito en el cielo por el alto costo del crédito externo para la Argentina. ¿Acaso no recibió por años dinero de Venezuela a tasas de hasta el 16 por ciento?

La Presidenta no está bien. Se le nota en el rostro perturbado y en una disfonía que apena. Cada vez que no está bien vuelve sobre una incierta acción destituyente en el país. Kirchner prepara movilizaciones callejeras para esta semana, tras reasumir en el PJ. Manda a amenazar a cualquiera que proponga una tregua.

En la oposición se entreveran también algunas voces belicosas (Elisa Carrió) con otras que pregonan pacificación (Julio Cobos, Chiche Duhalde). Pero ninguna alcanza a enmudecer los tambores de guerra que parecieran sonar.

Bonnie and Clyde: Una versión pingüina

miércoles, 3 de marzo de 2010

Por Omar López Mato

No pasa un día sin que nos enteremos de un nuevo negociado, manejo indebido de la cosa pública, trasgresión a la Constitución, a la ética y al sentido común.


Estoy, como seguramente lo está usted, podrido de la prédica retrógrada, la siembra de odio y resentimiento, la búsqueda ramplona y descarada del voto, comprado a fuerza de mentiras, falsas promesas y engaños distribucionistas.

Estoy podrido como usted, y usted, y usted, de los impuestos confiscatorios (el 60% de lo que ganamos) que nos sacan a todos para darle migajas a los pobres que han fabricado con políticas mezquinas, que solo sirven a los intereses de los burócratas y coimeros de turno. En el proceso de traspaso ellos se quedan con la parte del León. A falta de logros esgrimen el crecimiento de la Villa 31 cómo ejemplo de desarrollo. Ese es el porvenir que nos espera.

Estoy podrido, como tantos otros, de mantener con mi trabajo la estructura elefantiásica de un Estado ineficiente, que no sabe administrar justicia, ni ofrecer seguridad, ni garantizar salud, ni educación.

Pero nada podrá atenuar la putrefacción de mi espíritu cuando finalizado el impasse del verano (porque protestar con calor es poco saludable) comience la interminable sucesión de reclamos callejeros por su cuota parte de la limosna gubernamental. Como no han sabido, ni querido, organizar políticas de pleno empleo, ahora deben recurrir a la dádiva envuelta en un discurso procaz y pendenciero para no perder votos. Esta cháchara espanta toda posibilidad de inversión, no solo ajena, sino propia. Si no confiamos nosotros en estos ñatos ¿quién miércoles va a invertir un centavo en la Argentina?

A caballo de su soberbia ni se percatan que son intragables para fuerzas propias y ajenas.

Nos esperan días de quejas plañideras de sindicalistas cebados por la plata que a raudales gastan en sus obras sociales, no para dar salud, ¡que va! Sino para mantener la burocracia de los gordos y su ostentoso tren de vida.

Ahora, que el gobierno que sostuvieron a rajatabla les retiene los fondos que necesitan para el funcionamiento del sistema de salud –un eufemismo para mantener el rumboso ritmo de gastos de sus sindicatos, paliando las necesidades de sus afiliados con agua destilada, vendida con dones terapéuticos –se van a poner cabreros.

Ofuscados, se van a desgarrar las vestiduras. (¿Qué vestiduras tienen los descamisados? ¿Acaso remeras de Armani?) y cantaran la marchita, mientras les recriminan a los K los derroches que vienen haciendo desde hace 8 años. En este tiempo, casi se cuadriplicó el gasto público y todo sigue igual, sin autopistas, sin energía, sin inversión, sin educación.... eso sí, la villa 31 creció y ¡ahora quieren poner un hotel boutique!

Ahora todos vociferan, reclaman, recriminan lo que desde lejos se veía venir. Pero mientras que hubo crematístico, todo fueron loas, pero cuando la fantasía se acaba, ¿Con qué bancamos este festival de despilfarro? ¿Quién tienen la culpa? Otra vez el juego del Gran Bonete: los golpistas, la patria financiera, el partido judicial, los innombrables de siempre.

Pero no aprenden –un signo de poca inteligencia- y van por más ¿de qué forma? ¡Con un decreto de necesidad y urgencia! Emitido mientras la presidenta estaba dando su arenga partidaria (describiendo un país que no existe) en el Congreso. Lo único que faltó fue hacer un corte de manga, para mostrar donde llevaba Caperucita la canastita con los dinerillos del Central. Quizás los señores legisladores deban percatarse a esta altura que con ladrones a la mesa uno no debe mostrar la billetera.

El gobierno se ha hecho de unos pesos que gastarán en un abrir y cerrar de ojos ¿Quién tendrá la culpa después? El tema pasará a la Justicia, allí le darán largas al asunto qué (¿Quién sabe?) quedará impune ¿o no? De seguir así en breve habrán de recurrir al robo a mano armada para obviar gastos en tintas y papeles. ¿Para qué publicar el Boletín Oficial? Hacen lo que se les canta y ¡chau!. Como Bonnie and Clyde nos acechan desde la quinta presidencial.

En lugar de andar en destartalados Buicks por los caminos polvorientos de Texas y Arkansas, estos van a usar el Mini Cooper de Florencia derecho por avenida Libertador para estacionar más cómodamente frente al Banco Central...

Cuándo los pesquen –porque espero que algún día los pesquen- nadie escribirá sobre sus tumbas como escribieron sobre la de Bonnie Parker "El viejo mundo es más brillante por las vidas de gentes como tú", probablemente se limiten a decir, "Han dejado al país sin luz, sin plata, con deudas y odios, sólo merecen el infierno".

Los Kirchner incorporaron dentro del creciente mundo de sus enemigos a la Justicia

sábado, 27 de febrero de 2010

Por Nelson Castro

La empatada sesión de la Cámara alta le devolvió protagonismo a Carlos Menem y agrandó la figura de los halcones de ambos bandos.


Eramos pocos y, faltazo mediante, reapareció Menem”, sentenciaba con una sonrisa una voz que habita los pasillos del poder. Y ese faltazo del ahora senador riojano le ha agregado al turbulento escenario político argentino un nuevo ingrediente, propio de relato de realismo mágico del que tanto abunda en nuestra historia.

“Cometimos un grueso error en la forma en cómo manejamos el asunto”, reconocía un legislador de la Unión Cívica Radical que todavía mascullaba bronca por lo sucedido en el Senado en la tarde del miércoles. De hecho, el presidente del partido, Ernesto Sanz, le hizo un severo reproche al titular de la bancada radical, el senador Gerardo Morales, por ese error.

Hay que recordar que, en ocasión de aquella crucial votación en la que se rechazó la Resolución 125 en la Cámara alta, Sanz, que por entonces era jefe del bloque de su partido, trabajó intensamente la presencia de Carlos Menem a través de su fluida relación con su hermano Eduardo. Incluso, hubo una activa participación de Zulemita Menem para asegurar el traslado de su padre, afectado ese día por una fuerte gripe, desde un sanatorio en donde era atendido, hasta el Congreso.


Son momentos de alegría para el ex presidente, quien volvió a tener, por unas horas, el protagonismo que tanto añora. Hombre astuto que no ha perdido sus mañas, una de sus virtudes es la paciencia. Y el miércoles, esa paciencia tuvo su premio al ocupar el primer plano de la escena política, circunstancia que aprovechó para pasarles facturas principalmente a los integrantes del peronismo disidente.

Ahí ni se lo ha tenido en cuenta ni se lo quiere mucho. Es que hay una verdad innegable: nadie que aspire a tener un futuro político próspero quiere aparecer pegado al ex presidente. Su imagen negativa sigue siendo muy alta y su gobierno es considerado un emblema de la corrupción. Claro que para muchos de ellos hay un problema: el de haber sido funcionarios que alabaron fervorosamente aquella gestión.

El abanico es amplio y va desde Néstor Kirchner hasta Daniel Scioli. Néstor Kirchner supo decir que Carlos Menem era el mejor presidente de la historia argentina; Daniel Scioli le obsequiaba los mismos elogios con los que hoy halaga a Néstor Kirchner y mañana, al que venga.

Contra todos ellos y muchos otros, Carlos Menem acumula tirria. Ya ha dicho que va votar contra el kirchnerismo; pero también ha dicho que no es “una cosa sino un ser pensante” (sic) y que reclama tener voz y voto en comisiones clave del Senado. Sabe que, a partir de ahora, la situación de paridad que se vive en la Cámara alta le dará un peso que, hasta aquí, sus pares de bancada del justicialismo disidente le han negado.

Pero lo que pasó el miércoles en el Senado tiene, a su vez, un significado mucho más profundo e inquietante: la imposibilidad de llegar a acuerdos entre oficialistas y opositores. El Gobierno se niega a reconocer la nueva realidad política surgida tras las elecciones del 28 de junio pasado.

Sigue trabajando, pues, con la metodología de la imposición. Una voz del oficialismo, que se sinceraba sobre esto, lo resumió muy bien: “Que nos haya salvado Menem es una paradoja increíble e incómoda. Hemos perdido el dominio del Senado. Sería muy malo que en estos dos años que nos faltan de gobierno reinara la vetocracia”.

Al actuar así, lo único que logra el kirchnerismo es exacerbar a los halcones de la oposición, ávidos por implantar la misma metodología de la imposición de la que ha venido haciendo uso el oficialismo. La orden emanada desde Olivos para que los legisladores del Frente para la Victoria dejaran sin quórum la sesión del Senado dio pasto a los integrantes del peronismo disidente que habían pretendido quedarse con la estratégica presidencia provisional de la Cámara, objetivo que no lograron debido a que, en una actitud atinada, ni el radicalismo ni el socialismo apoyaron esa pretensión. El funcionamiento del Senado pende de un hilo ya que, ante la manifiesta paridad de fuerzas, lograr el quórum habrá de ser un trabajo de orfebre.

Lo que tampoco produjo felicidad fue la reunión del matrimonio presidencial con los empresarios. Antes de ese encuentro, hubo otro entre algunos de esos empresarios y el ministro de Planificación, Julio De Vido. Allí hubo imposiciones del Gobierno: una, que los hombres de negocios aceptaron con renuencia, fue la de no hablar de la inflación; la otra, que rechazaron, no sin algún temor, la de firmar un documento de apoyo al Fondo del Bicentenario para el Desendeudamiento y la Estabilidad.

Uno de los asistentes a la reunión en Olivos, que suele ser complaciente con el Gobierno, no pudo ocultar su inquietud al confesar que “varios salimos de ahí muy preocupados por la falta de un plan o esquema alternativo de contingencia ante el aumento de los precios que ya existe y que puede dispararse aún más tras la negociación paritaria. Esto no se arregla con los gritos de Néstor Kirchner”.

Esa alusión se refería al deslucido acto organizado el jueves pasado en La Plata, destinado a castigar al intendente de esa ciudad, Pablo Bruera, quien hace rato se alejó de las orillas del kirchnerismo. En su discurso de reaparición tras la operación de su arteria carótida derecha, el ex presidente en funciones abundó en el autoelogio y repartió palos para todos.

Nada nuevo si no fuera por la insistencia en incorporar dentro del creciente mundo de sus enemigos a la Justicia. Esto fue consecuencia de la decisión de la Sala IV de la Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo de otorgar el recurso de apelación extraordinario ante la Corte Suprema que presentó el Gobierno sobre la prohibición de crear el Fondo del Bicentenario dictaminada tanto por la jueza María José Sarmiento y ratificada por la Sala I del fuero Contencioso Administrativo.

El Gobierno aspiraba a que en simultáneo con el otorgamiento del recurso de apelación, la Cámara dispusiera una medida suspensiva de los fallos anteriores, con lo que el Poder Ejecutivo habría podido hacerse de las reservas del Banco Central mientras corriera el tratamiento del tema en el Congreso. Al respecto de ello, un operador del kirchnerismo en la Justicia precisaba que “esa aspiración gubernamental no tenía ninguna posibilidad de concretarse ya que, habiendo dos fallos adversos al Fondo, hubiera sido un escándalo que la Sala IV hubiese decidido ordenar la suspensión de sus efectos”.

El Fondo del Bicentenario, por el que los Kirchner desesperan, tiene, hoy día, más destino de fracaso que otra cosa.

Así termina febrero, otro mes de oportunidades perdidas en la increíble y paradojal historia de la Argentina, el país del mañana mejor que nunca llega.

El adelantamiento de las elecciones sería el camino K para escaparle al cogobierno

jueves, 25 de febrero de 2010

Por Carlos Tórtora


“Si llegamos al 28-30 por ciento, adelantamos las elecciones para marzo”, definió el operador presidencial por excelencia, Juan Carlos Mazzón, la semana pasada.

Caminando ya por la cornisa, Néstor Kirchner estaría más que conforme si logra consolidar el 25% de los votos, porque está convencido de que el Acuerdo Cívico y Social terminará rompiéndose y que habrá por lo menos dos fórmulas peronistas opositoras, encabezadas por Eduardo Duhalde, Alberto Rodríguez Saá o Francisco de Narváez.

Con cuatro o cinco presidenciables fuertes en carrera, semejante dispersión sería más que suficiente para que el kirchnerismo ponga en marcha el operativo adelantamiento. La esperanza oficial es, sin duda, llegar a la segunda vuelta contra la UCR, para tratar de poner a los peronistas en una opción dramática: votar a Kirchner o a Scioli, o entregarle el poder a los radicales. Motivos para justificar el adelantamiento no van a faltarle, porque la espiral inflacionaria y la conflictividad social y sindical instalarían un clima agónico a partir de marzo-abril.

No habrá cogobierno

El adelantamiento es la vía de escape para negociar lo menos posible con la nueva mayoría opositora en el Congreso. Kirchner estaría convencido que la conspiración crece en los pasillos del Senado.

Para Olivos, el eje del mal está en el triángulo conformado por Juan Carlos Romero, Adolfo Rodríguez Saá y Carlos Verna. Este último ya tiene listo el proyecto de ley reprogramando el Fondo del Bicentenario para que el 37% del mismo sea coparticipable entre las provincias.

Este reparto de U$S 2500 millones en las arcas semivacías de los caudillos provinciales produciría a su vez un sismo político. Los gobernadores, con plata en la caja, dejarían de ser rehenes de la chequera de Kirchner y se alejarían rápidamente del Frente para la Victoria, pasándose probablemente al Peronismo Federal.

Y los gobernadores no peronistas, como el socialista Hermes Binner, dejarían de jugar a dos puntas para convertirse en opositores netos. El gobierno perdería entonces casi totalmente su capacidad de castigo. El peor escenario para Kirchner, la rebelión peronista, podría ser entonces imparable. La idea de aquél es resistir entonces a cualquier precio una ley que independice a los gobernadores de su yugo. El veto sería el arma a utilizar en última instancia, aunque esto dinamice la fuga de capitales y la presión sobre el dólar.

Acostumbrado a manejar la política con la chequera, el ex presidente no estaría dispuesto ahora a ser rehén del Congreso. Y menos todavía sabiendo que la Corte ya inició su maniobra de despegue y en cualquier momento puede dictar un fallo para demostrarlo.

¿Y si no alcanza?

El adelantamiento de las elecciones sería el camino K para escaparle al cogobierno. Pero la realidad puede marcar otra alternativa: que la inflación y el desgobierno creciente lleven los números oficiales cada vez más abajo, hacia la línea del 15% de los votos. No hay indicios de qué pasará si el plan adelantamiento se convierte en inútil.

Para los ultraK como Diana Conti y Carlos Kunkel, la alternativa sería patear el tablero. Es decir, profundizar la política inflacionaria con aumentos de sueldos superiores al 25%, vetar las leyes para reformar el INDEC y el Consejo de la Magistratura, impulsar la estatización de YPF y apropiarse de los fondos del Anses y el PAMI.

Este menú incluiría tensionar cada vez más la relación con Gran Bretaña por Malvinas y denunciar el inminente golpe institucional del Congreso, aliado a la UIA, el campo y el duhaldismo. Semejante victimización provocaría un descontrol de los mercados que bien podría derivar en la renuncia de CFK. Dejándole tierra arrasada a Cobos o a Pampuro, el kirchnerismo confiaría en que la ingobernabilidad que sobrevendría le permita subsistir y hasta presentarse a las elecciones, argumentando que “lo que vino después fue todavía peor”.

Senado: Mayoría Opositora hoy en la Sesión Preparatoria

miércoles, 24 de febrero de 2010

Por Eduardo van der Kooy

Quizás la última gestión rerservada del kirchnerismo en el Senado alcance a reflejar la precariedad política y el grado de desesperación que terminó por envolver a Néstor y Cristina Kirchner. Un hombre conocido del matrimonio, que no figura en la nómina de legisladores, tanteó a Carlos Menem con dos propósitos: arrancar su apoyo --o, al menos, su ausencia en el recinto-- para intentar neutralizar la ofensiva de la oposición que, hoy mismo, amenaza con poner fin al dominio oficialista en el Senado, del mismo modo que en diciembre sucedió en Diputados.

Cumplida esa ímproba tarea, aquel emisario se hubiera propuesto convencer al ex presidente sobre las bondades del DNU que le posibilitaría al Gobierno utilizar 6 mil millones de dólares de las reservas del Banco Central.


Si esa era la sorpresa con que el jefe de los senadores oficiales, Miguel Pichetto, pretendió asustar a la oposición, la jugada no tuvo, ni siquiera, el módico efecto de un espantapájaro. Los principales senadores opositores están seguros de los 37 votos con los cuales, aseguran, provocarán un nuevo cambio en la escena institucional. Menem, por otra parte, despachó sin demasiados miramientos, aunque con cordialidad, a aquel hombre político que, en nombre de los Kirchner, le propuso abrir un canal de conversación.

Que los Kirchner hayan pensado en el ex presidente como escape al laberinto en el cual parecen encontrarse encerrados, explicaría, entre muchas cosas, su presente político. Tampoco ese zarpazo hubiese sido salvador: el kirchnerismo ha quedado a dos votos de la oposición. "Pero pudo haber tenido un valor simbólico", explicó un legislador oficialista enterado de aquellas tratativas subterráneas.

Más simbólica resultó, en cambio, la comunicación del pampeano Carlos Verna. El senador terminó con un suspenso que alimentó conjeturas: apoyará a la oposición para que obtenga mayoría en todas las comisiones --aunque ceda al kirchnerismo la titularidad de varias de ellas-- y rechazará el DNU sobre las reservas del Central. Idéntica postura posee su compañera de provincia, María Higonet.

La irrupción de Verna terminó de consolidar el conglomerado opositor. Y derrumbó las esperanzas finales del kirchnerismo, incluída aquella misión discreta con Menem.

Todas las hendijas se fueron cerrando. La senadora correntina, Josefina Meabe, había desechado un acercamiento del ex senador Fabián Ríos. Este dirigente ocupa desde enero la presidencia del Banco Nación. El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, supuso que en lugar de Meabe podría seducirse al también correntino José María Roldán. Pero el senador no se despega, por nada, del vicepresidente Julio Cobos.

Nadie sabe, además, si Menem le deslizó algún guiño al salteño Juan Carlos Romero. El senador y ex gobernador insistiría con una maniobra que no encuentra plafón: desplazar de la vicepresidencia primera del senado a José Pampuro. La jugada se vino pergeñando desde la semana pasada y algunos estruendos provocó en el Peronismo Federal. Dos de sus caras más notorias (Carlos Reutemann y Adolfo Rodríguez Saá) habrían atendido, en principio, la pretensión de Romero. Pero esa atención pareció desvanecerse al compás del comportamiento opositor.

Los radicales fueron los primeros en frenar el ensayo. Ni Gerardo Morales, el jefe del bloque de la UCR, ni Ernesto Sanz, el titular del partido, aprueban el desplazamiento de Pampuro. Esgrimen varias razones: el significado político que encerraría ese hipotético corrimiento. Fernando de la Rúa lo padeció cuando en el 2001 el PJ impuso a Ramón Puerta en el timón del Senado. En aquel momento la vicepresidencia de la Nación estaba vacante porque Chacho Alvarez había renunciado. El vicepresidente es ahora Cobos. La honda expansiva del desplazamiento podría rozarlo a él mismo y concederle a los Kirchner argumentos sobre el plan conspirativo que, de tanto en tanto, reflotan.

El radicalismo tampoco pelea en soledad. Elisa Carrió y su Coalición resisten cambios en la conducción del Senado. Un criterio similar logró imponer la mujer cuando en Diputados también un sector pequeño del PJ disidente impulsó el reemplazo vano del jujeño Eduardo Fellner.

Sólo un giro drástico e imprevisto en la estrategia opositora podría allanarle el camino a Romero y correr a Pampuro. También alguna novedad impensada de última hora alteraría el teatro imaginado para hoy: una sesión preparatoria donde la oposición está en condiciones de imponer su mayoría.

El oficialismo, aún con desventaja política, estaría dispuesto a dar quórum. Los senadores no desean repetir el espectáculo de Diputados, que tuvo un elevado costo para el oficialismo. Público y político. Desde aquel paso en falso, el poder de los Kirchner, en casi todos los órdenes, se ha ido desgranando.

A Kirchner le costaría atravesar ese mal trago, tal vez, más que a Cristina. El ex presidente bregó durante el fin de semana para hallarle algún escape a la encerrona del Senado. La Presidenta tendría una mayor cuota de realismo: "Si no hay posibilidades de acuerdo hay que bajar al recinto y votar rápido. Cuanto más rápido mejor", habría instruído ayer después de regresar de la cumbre en México, donde consiguió un respaldo regional por Malvinas.

A Cristina pareciera importarle mas concentrar las últimas energías políticas en el Fondo del Bicentenario. Ese DNU agoniza aunque, a juicio de ella, no estaría muerto.

Los caminos se van estrechando sin remedio para los Kirchner

domingo, 21 de febrero de 2010

Por Eduardo van der Kooy

El Congreso se torna cada día mas adverso para el kirchnerismo. La pérdida de poder en el Senado sorprende. La oposición mantiene cohesión, aunque no puede superar sus internas. El matrimonio pierde capacidad de protección y de presión. La Justicia busca reacomodarse.