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Bonafini y Carlotto han dejado hace tiempo de ser promotoras de los derechos ciudadanos

viernes, 30 de abril de 2010

Por Marcos Novaro

Es cierto, como se suele decir, que los Kirchner no inventaron nada. Que lo que ellos hacen y son no es más que el emergente de una cultura política largamente cultivada por la sociedad, o al menos por sectores amplios de la sociedad.

Pero eso no quita que hayan aportado lo suyo, en no pocos casos llevando al extremo rasgos negativos heredados, dándole una intensidad particular a algunos vicios, en sí mismos particularmente desagradables. Uno de ellos es la costumbre de jugar yendo a los pies del adversario, y no a la pelota. O dicho de otro modo, la de hacer de la política una permanente búsqueda de culpables y no de soluciones.



En los últimos días, algunos periodistas progresistas que entre 2001 y 2008 fueron tolerantes o comprensivos con los escraches contra los representantes de la “política tradicional”, o tal vez no contra ellos, pero sí contra los militares procesistas, y entonces habilitaron una distinción entre los que “merecían” ser golpeados por la calle y los que no, han tomado una forzada y cruel lección de lo que termina resultando de este tipo de prácticas.

Porque si estas costumbres no suponen la violación injustificada de derechos, sino que son un recurso legítimo que exige un juicio sobre merecimientos, entonces su justificación queda librada a la opinión. Y no necesariamente a la de la masa, sino, en términos prácticos, a los de grupos pequeños pero decididos de activistas.


Esos que hoy se esmeran en ganar puntos ante sus líderes y se ocupan de señalar a los “periodistas del monopolio” en carteles y marchas callejeras, en “juicios populares” y otros circos por el estilo.

Ellos, simplemente, están trasladando la experiencia “exitosa” de los escraches contra los represores, y la no menos exitosa campaña de agresiones en que consistió el “que se vayan todos”, a la escena de los actuales conflictos entre el pueblo y sus enemigos. ¿Por qué reprochárselos, por qué objetarles que escupan e insulten a Fernando Bravo, si estuvo bien hacerlo con Alemann, o quien fuera?

Más que la brutalidad de un gobierno desde el principio brutal, y ahora encima desesperado por conservar el poder y una escena que confirme sus prejuicios y su pretendida superioridad moral, lo más alarmante de lo sucedido en los últimos días con los señalamientos fascistas contra periodistas opositores ha sido, por un lado, el eco que las incitaciones oficiales o paraoficiales encontraron en un activo político bastante extendido y dispuesto a pasar de las palabras a los hechos; y por otro, las dificultades del resto de los actores para movilizarse de modo de sancionar esas prácticas, aislarlas, y neutralizar a sus promotores.

Si algo ha quedado en claro tras lo sucedido en los últimos dos años de “decadencia kirchnerista”, es que, aunque el gobierno pierda calor de masas, no pierde el de este activo militante, politizado y entusiasta, que lo acompaña fielmente, y tal vez lo siga acompañando hasta el final.

Los cientos de organizaciones que lo nuclean son muy diversas, promueven iniciativas concretas también muy distintas, pero el kirchnerismo no ha tenido dificultad sin embargo para vertebrarlas y mantenerlas alineadas detrás suyo.

El uso muy extenso e intenso de recursos públicos puede explicar en parte esta capacidad, pero sólo en parte. Hay detrás de ella también la eficacia articulatoria de una ideología “orgánica” que organiza y da sentido a la acción del gobierno y de sus seguidores: la del populismo regenerativo.

Él es particularmente propenso a dividir la escena política en buenos y malos, y a atribuir a la eliminación de los malos una función reparadora y transformadora. De nuevo, no es que los Kirchner lo hayan inventado: esa forma de ver las cosas está grabada en los genes de muchos argentinos, y es lo que ha hecho del resentimiento una de las pasiones más constantes en nuestra vida política.

Lo otro que ha quedado en claro en el desarrollo de las recientes agresiones a periodistas es lo mucho que contribuye el discurso de los organismos de derechos humanos a la descalificación de los enemigos del “gobierno nacional y popular”. Estos organismos, o al menos los más activos de ellos, nunca tuvieron raíces liberales y republicanas firmes. Y la poca afinidad que tenían con esos principios la perdieron del todo en los últimos años.

En la medida en que ellos fueron adquiriendo un único y exclusivo foco, y una visión polar y excluyente de la lucha política que encaraban, la de demostrar la culpabilidad y castigar a los violadores a los derechos humanos de la última dictadura, no es de asombrarse que se prestaran dócilmente a legitimar una gestión de gobierno que satisfacía esa meta. Y lo han hecho por cierto con entusiasmo, proveyéndole argumentos justificatorios no sólo en ese, sino en todos los demás asuntos y terrenos.

Al ceder a esta cooptación, esos organismos perdieron toda capacidad para promover la protección de derechos de la sociedad en general, o para formar consensos amplios en la vida política, que incluyan a más de al oficialismo y a su subcultura de izquierda, los puntos de vista de otros actores.

Pero eso no les ha impedido ejercer una suerte de censura moral sobre muchos de estos actores que descalifican, incluidos los periodistas. Para muchos hombres de prensa, concluir que entidades como las que dirigen Bonafini y Carlotto han dejado hace tiempo de ser promotoras de los derechos ciudadanos, y pueden incluso ser dañinas para ellos, supone una ruptura dolorosa con su propia historia, además de un muy concreto riesgo moral, el de ser “señalados” como derechistas, procesistas, “cómplices de la dictadura”.

Tal vez es hora de correr ese riesgo, y aceptar que el problema ha sido, en todo caso, no haberlo corrido tiempo atrás.

Hebe de Bonafini, la "presidenta del tribunal de ética"

Un estrado en la Plaza de Mayo presidido por Hebe de Bonafini fue ayer el escenario de un "juicio público" en el que cinco medios y siete periodistas resultaron "condenados" como "traidores al pueblo de la Nación Argentina" por su actuación durante la última dictadura.


Los diarios Clarín, La Nación y la Nueva Provincia (de Bahía Blanca), las editoriales Atlántida y Perfil y los periodistas Mariano Grondona, José Claudio Escribano, Joaquín Morales Solá, Magdalena Ruíz Guiñazú, Samuel "Chiche" Gelblung, Máximo Gainza Castro y Vicente Massot fueron hallados culpables de "haber extorsionado al pueblo, permitido que se mate y se torture y silenciado el horror", según las palabras de Bonafini, la "presidenta del tribunal", al concluir el acto que formó parte de la celebración del 33° aniversario de las Madres de Plaza de Mayo.


"Fue un juicio ético y político irrefutable", aseguró cuando ya había caído la noche y anticipó que próximamente serán juzgados los jueces por su actuación en aquellos años. Medios y jueces, precisamente, son los rivales preferidos de los Kirchner.


El escenario se montó a un costado de la Pirámide de Mayo, de espaldas a la Catedral. A los costados, dos hexaedros mostraban tapas de los diarios Clarín, La Nación y La Prensa, las revistas Gente, Somos, Extra y La Semana y las fotos y extractos de los textos que escribieron durante aquellos años los acusados, así como Raúl Portal y Mauro Viale.

Ante una veintena de Madres que ocuparon dos filas de butacas, una gran cantidad de medios locales y extranjeros, unos 50 obreros de la Fundación que conducen las Madres y un público de unas doscientas personas, la mímica del juicio se llevó a cabo después de la tradicional ronda de los jueves de las Madres y a pesar de las declaraciones de repudio de los últimos días a los ataques a la prensa.

No se vio a ninguno de los artistas que suelen participar de las actividades de las Madres. Y entre los funcionarios, sólo se mostró en primera fila el subsecretario de Obras Públicas, Abel Fatala, y la ex ministra de Economía Felisa Miceli, que se retiró antes del final.

Ante la mirada atenta de Hebe en el centro del escenario, durante más de dos horas fueron pasando periodistas a testimoniar mientras desde una mesa con tres "fiscales" le hacían preguntas.

El "cuerpo de peritos comunicacionales" compuesto por Hugo Ruano, Lucho Torres y Ana Clara Tosi concluyó que los diarios acusados le dieron "sustento ideológico y comunicacional" al golpe.

Claudia Acuña aportó fotocopias de notas de la revistas Gente, Somos y Para Ti en las que se celebraba a Jorge Videla o se describía el "clima familiar" de un supuesto "centro de rehabilitación para desertores de la subversión". "Esto no es periodismo, esto es propaganda, es falta de decencia", dijo la periodista de la cooperativa La Vaca que también mencionó las contradicciones de su propio trabajo durante aquellos años "en el que a la mayoría no nos muestra en el rol de héroes" y del que "es necesario hacer una autocrítica".

El presidente del nuevo Consejo Federal de Comunicación Audiovisual, Néstor Busso, presentó el caso de la Ley de Radiodifusión aprobada durante la dictadura "con apoyo de los medios". Carlos Rodríguez contó la historia de Papel Prensa y Pablo Llonto centró sus críticas en la actuación de Clarín y Ruíz Guiñazú.

"¿Alguno de los acusados desea ejercer su defensa?", propuso el conductor del evento y director de la radio de las Madres, Pedro Lanteri. Espero unos segundos y, ante la falta de respuesta, convocó a votar por la condena u absolución. Todos los brazos del público, muchos con un brazalete azul que decía "juez", se alzaron al grito de "¡Culpables!". "Condenados por unanimidad", anunció el locutor. Todos aplaudieron.

Fuente: Clarín

Encuentro de todos los Periodistas en Diputados

Por Pablo J. Blanco

En una sala repleta que de a poco se fue vaciando, la comisión de libertad de expresión de la Cámara de Diputados no puedo llegar a un dictamen unánime debido a que el Frente para la Victoria se rehusó a repudiar el juicio ético a periodistas promovido por Hebe de Bonafini y las Madres de Plaza de Mayo hoy en la plaza frente a la Casa Rosada. Si hubo consenso en la crítica a los afiches contra varios periodistas del grupo Clarín durante la última marcha a favor de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.


Al encuentro en el segundo piso del anexo de diputados asistieron varios de los periodistas reconocidos que está hoy en la línea del fuego del gobierno y sus aliados. Joaquín Morales Solá, Magdalena Ruíz Guiñazú (dos de los hoy "unjuiciados"), Gustavo Silvestre, Marcerlo Bonelli, Edgardo Alfano, Daniel Santoro, Fanny Mandelbaum, Luis Majul y Ricardo Kirschbaum tomaron la palabra para reclamar acciones institucionales concretas para los que denominaron una "escalada" contra el periodismo crítico.


Luis Majul sostuvo que el escrache visual y el juicio ético deben ser puesto en un contexto. "Parte de una escalada que comenzó en el conflicto con el campo", recordó Majul, quien sostuvo que hay un "plan sistemático para poner a la prensa en el lugar de un partido opositor, con ventaja para ellos [el Gobierno] porque te meten en el barro y tienen armas más poderosas: desde escraches hasta programas en canales públicos pagados por todos que tergiversan la información", detalló.


Magdalena Ruíz Guiñazú repudió el juicio popular de Bonafini y consideró que llamarlo "enjuiciamiento" es una "usurpación". Además, recordó los agradecimientos que Hebe de Bonafini le había hecho en 1984 por su tarea durante la dictadura. " Parece que Hebe perdió la memoria", acotó y reclamó que se esclarezca quién hizo los afiches anónimos contra los periodistas: " Si la SIDE no puede descubrir de donde salen los escraches tenemos un servicio de inteligencia de cuarta", lanzó.

Por su parte, Gustavo Silvestre, periodista de TN, rechazó los dichos de Néstor Kirchner, quien dijo que el periodismo es la oposición y sostuvo que "la crítica no es golpismo". En cuanto a los afiches, dijo: " Ya hemos pasado por esto cuando estaba la triple A, que marcaba a buenos y malos" y se mostró indignado por ser uno de los blancos del Gobierno. "Mis nenas son chicas y tienen que andar dando explicaciones, por favor que se detenga este escarnio público", instó.

En esa misma línea, su compañero en A dos voces, Marcelo Bonelli, señaló que ellos, como periodistas, no están exentos de la crítica: "Siempre es bienvenida cuando viene de frente", añadió. " Todos sabemos cómo empieza esto, pero no cómo termina, hay que ponerle un límite institucional a este tipo de agravios", manifestó.

Edgardo Alfano, también periodista de TN, acusó al Gobierno de confundir al periodismo con el enemigo y manifestó que desde Olivos se premia al periodismo "amigo" con reportajes a los funcionarios difíciles. En consonancia, Ricardo Kirschbaum, Editor General del diario Clarín, afirmó que " el concepto de periodismo se ha ido convirtiendo, según los voceros conspicuos del oficialismo, en militancia".

"Primero fueron por los medios, ahora van por cada periodista, después por qué seguirán", alertó Joaquín Morales Solá, columnista del diario La Nación y periodista del Grupo Clarín, quién sostuvo que estas acciones generan "un clima de incitación a la violencia y al homicidio". " No nos van a callar, aún si esta saga tiene que terminar con un muerto", sentenció.


Daniel Santoro, del equipo de investigaciones de Clarín, bromeó al agradecerle "a la mano de obra ocupada porque en los afiches salí mucho más jóven", pero alertó sobre la posibilidad de que la agresión verbal se convierta en física. Fanny Mandelbaum también llegó al Congreso para solidarizarse con los periodistas agredidos y contó que ayer fue amenazada por un anónimo que le envió un correo electrónico diciéndole "judía fascista". Al terminar la reunión se mostró dolida porque no hubo un rechazó unánime y marcó que nadie tiene derecha hacer un juicios ético a los periodistas que dicen lo que piensan"

Fueron recibidos en el Parlamento todos los periodistas escrachados

jueves, 29 de abril de 2010

La titular de la Comisión de Sistemas y Medios de Comunicación del Senado, María Eugenia Estenssoro (CC), exhortó hoy a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner a que impida el “linchamiento público” de periodistas convocado por Hebe de Bonafini en Plaza de Mayo.


En una reunión en la que fueron recibidos los periodistas que serían objeto de ese “juzgamiento” popular, la senadora manifestó la necesidad de que institucionalmente se ponga “freno a esta escalada” de violencia y prometió a los invitados que el pronunciamiento de la comisión no se quedará “en lo simbólico”.

Al término de la reunión realizada en el Salón “Eva Perón”, Estenssoro indicó que la comisión citará al titular de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación, Gabriel Mariotto, a la vez que pedirá explicaciones al jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y al responsable de los medios públicos.

El pedido para que intervenga la jefa de Estado y evite el “juicio popular” convocado por Bonafini fue expresado por senadores de distintos bloques, incluida Adriana Bortolozzi , del bloque del Frente para la Victoria.

“Por favor detenga el acto de mañana”, clamó la senadora formoseña, que semanas atrás sorprendió a su propio bloque cuando dio quórum junto a la oposición para tratar la coparticipación del impuesto al cheque, con lo que rompió la igualdad numérica que mantenía sin sesiones a la Cámara.

Si bien Bortolozzi aclaró que hablaba “a título personal”, su par Guillermo Jenefes (FPV- Jujuy) repudió en nombre del bloque que conduce Miguel Ángel Pichetto -quien no estuvo presente- los actos intimidatorios sufridos por periodistas en los últimos días.

“Repudio que se utilice cualquier medio para acallar la voz de cualquier periodistas”, manifestó Jenefes adelantando la posición de su bancada que, más tarde, será expresada en el recinto cuando todos los bloques voten una declaración unánime rechazando los actos intimidatorios que se produjeron.

La comisión recibió a los periodistas Ricardo Kirchsbaum, Eduardo van der Kooy y Daniel Santoro (Clarín); Joaquín Morales Solá (La Nación), Magdalena Ruiz Guiñazú (radio Continental y Diario Perfil); Edgardo Alfano y Marcelo Bonelli (TN) y Nelson Castro (radio Mitre y Diario Perfil), quienes supuestamente serán objeto del “juicio popular” en Plaza de Mayo.

Magdalena Ruiz Guiñazú, quien se retiró antes que finalizara la reunión, refirió que “vivimos una situación inédita para un régimen democrático” y especuló con que el Gobierno “es ignorante o es cómplice” de la situación.

Joaquín Morales Solá consideró que el escrache con afiches “no es anónimo”, según dedujo de las manifestaciones de funcionarios del Gobierno -entre ellos Mariotto- y del ex presidente Néstor Kirchner, en tanto que Edgardo Alfano advirtió que hay que “salir de la falsa creencia de que es un ataque sólo contra una empresa” porque “es contra los que piensan diferente”.

En la misma línea, Kirchsbaum señaló que “la firma del cartel” la puso Kirchner cuando atribuyó ayer a la prensa ser “la principal oposición”, mientras que Van der Kooy alertó que existe “un nivel de descomposición y de fractura en el cuerpo periodístico” provocado desde el Gobierno.

También Nelson Castro recordó las declaraciones de Mariotto en la marcha que se realizó frente a Tribunales a favor de la Ley de Medios, lo cual demostró que “los carteles anónimos no eran tales” y tienen detrás “funcionarios que responden al poder nacional”.

La senadora Hilda “Chiche” Duhalde llamó la atención sobre la ausencia de las autoridades del bloque del Frente para la Victoria en la reunión repudiando los actos de violencia, mientras que su colega del peronismo no kirchnerista, Sonia Escudero, indicó que las agresiones a periodistas están tipificadas en el Código Penal como “coacción” y pueden funcionar como “una instigación al delito”.
Fuente: DyN

Una adrenalina alimentada de desprecio infinito sigue pautando la respiración nacional

lunes, 26 de abril de 2010

Por Pepe Eliaschev

El país vuelve a ser el escenario elegido para la puesta en escena de grandes revolcones mortuorios. En el pedestal del monumento a Roca, en Diagonal Sur y Perú, una agrupación de izquierda ha pintado “Derrocar a Roca”.

Julio A. Roca murió hace 96 años. El grupo de Hebe de Bonafini (al que gruesas franjas de la sociedad siguen llamando, con incomprensible veneración, “las Madres”, como si las mujeres de la Línea Fundadora no existiesen y las madres a secas tampoco contaran), ha anunciado un “juicio” a periodistas que, a su juicio, colaboraron con el régimen concluido en 1983. En esa mascarada, se anuncia el enjuiciamiento de Bernardo Neustadt, que murió hace dos años. Bonafini aplaudió en 2001 el ataque contra las torres gemelas en Nueva York que asesinó a unas 3 mil personas.


Encausar muertos y derrocar estatuas es una de las delikatessen argentinas. Los militares robaron el cadáver de Eva Perón en 1955. Los Montoneros, que habían secuestrado y asesinado a Aramburu en 1969, robaron de nuevo su cadáver en 1974. Ya en democracia, las manos de Perón fueron serruchadas y robadas de su tumba en 1987.

¿Juzgar a Roca? ¿Encausar a Neustadt? Nada nuevo en una Argentina que participa de una acendrada cultura de ultratumba. En su poderoso y desasosegante film Secuestro y muerte, Rafael Filipelli -con guión de Beatriz Sarlo- despliega una deslumbrante mirada sobre el crimen de Aramburu. Revela, desde la extrema continencia de una factura de austeridad ejemplar, la temible banalidad homicida que cruza toda la historia argentina.

Pero la necesidad de recordar, la tenaz decisión de preservar la memoria como enseñanza y educación para futuras generaciones, se han ido cristalizando de la peor manera en la Argentina, con autonomía y respiración propias. La santificada memoria ha sido ella misma ofrendada en el altar de conveniencias muy pedestres.

En muchos sentidos, es como si esa memoria irreductible e inoxidable se hubiera convertido en una enajenación del sereno recuerdo reparador, un dispositivo adornado, en su exterioridad, de excelsas (y aparentes) bellezas morales, pero que en realidad funciona al servicio de proyectos y causas muy visiblemente asociadas al ejercicio y preservación del actual poder político.

Es una memoria “para”, un fenómeno muy ostensiblemente enganchado con criterios y cálculos de corto plazo. Se vincula con fuertes tradiciones nacionales, impávidas pese a las décadas, una suerte de eterno presente empapado de una historia perpetuamente sostenida en acto. La idea de “derrocar” a un estadista que nació en 1843 y murió en 1914 o enjuiciar a un periodista que nació en 1925 y murió en 2008 manifiesta una pétrea callosidad. Se menta la historia, pero no como referente valórico o contexto explicatorio de un fenómeno, sino aceptando resignadamente que estamos enjaulados por el perfume del pasado.

Días atrás, mientras esperaba que me llamasen a embarcar en Aeroparque, observé que un hombre de mediana edad, con un sobrepeso inocultable, semicalvo y con aspecto de profesional, refunfuñaba mientras leía La Nación en la cafetería, sentado a una mesa junto a la mía. Tras varios resoplidos, escuché que exclamaba en voz bien alta: “¡Qué gorilas!”. Sonriente, tomé de una silla cercana uno de los diarios “gratuitos” que publica el Gobierno, se lo alcancé y le dije: “Tenga, deje de sufrir, lea éste, que no es gorila, pero sí lo pagamos todos”.

Me impresionó una vez más la rústica vigencia del concepto “gorila”, acuñado hace más de medio siglo y resucitado hace pocos años al compás de los esfuerzos gubernamentales para polarizar el país.

Los escrachadores de periodistas de estas últimas semanas encarnan lo que, me temo, es el rasgo más vituperable de este chapoteo en el pasado. La misma sociedad en cuyos sótanos se escondieron durante lustros infinidad de personas que decían no saber, no conocer, no haberse enterado ni querer hacerlo ahora se regocija de su sobreactuado y ruidoso memorismo militante. Pero lo hace apelando a las peores esencias de aquel pasado que supuestamente quiere homenajear.

Ha santificado un papel honorable del odio, sacraliza la contienda y vive enamorada de la denuncia. Lo que hace es escandalosamente arcaico, incluso para la Argentina. De los truculentos años de “¡Mueran los salvajes unitarios!” a este renovado espasmo de zafarranchos contra quienes no comulgan con el Gobierno no hay grandes diferencias.

Una adrenalina alimentada de desprecio infinito sigue pautando la respiración nacional. Siempre hay chivos emisarios para ese odio congénito.

Afiches, Hebe de Bonafini convoca a participar del “juicio ético y político" a periodistas

jueves, 22 de abril de 2010

Convocatoria - Juicio en Plaza de Mayo


Esta semana se conocieron los nuevos afiches, donde la organización Madres de Plaza de Mayo, que conduce Hebe de Bonafini, promueve un “juicio ético y político a los periodistas cómplices de la dictadura”, que se realizará el jueves 29 de este mes en la Plaza de Mayo.

Según el afiche, los “juzgados” serán Magdalena Ruiz Guiñazú, Joaquín Morales Solá, Chiche Gelblung, Bernardo Neustadt, Mariano Grondona, Mauro Viale y Julio Lagos, entre otros.

La iniciativa mereció hoy el repudio de todos los diputados no oficialistas que en la Conferencia de Prensa que se llevó a cabo hoy, se solidarizaron con los periodistas agraviados Felipe Solá apuntó "desde el ’83 hasta ahora no hubo nunca una actitud de intimidación y de escrache fascista como el que estamos viviendo ahora." Aguad "Cuando asumió Néstor Kirchner en 2003 el presupuesto en publicidad era de 42 millones de pesos, hoy es de 1200 millones de pesos, cifra que solventa medios de comunicación afines al gobierno" y Silvana Giúdici recordó además el desempeño de Ruiz Guiñazú en la Conadep, entre otros.

La Asociación Madres de Plaza de Mayo convocó a participar del “juicio ético y político a los periodistas cómplices con la dictadura” el próximo jueves 29 de abril, a las 17, en Plaza de Mayo, tras la marcha habitual de cada jueves, y en el marco del 33º aniversario de la agrupación.

“Durante la dictadura militar, el silencio cómplice, el ocultamiento y la mentira hicieron que el terrorismo de Estado pudiera aniquilar a miles de personas. Muchos periodistas, que sabían lo que pasaba, fueron partícipes necesarios de ese genocidio. La continuidad de muchos de ellos y de los grupos empresarios monopólicos amerita que hoy, 34 años después, usted y nosotros, junto a las Madres, los juzguemos en la Plaza de Mayo”, concluye el comunicado.

Eduardo Luis Duhalde, responsable de los derechos humanos de la era K, "un insolente"

sábado, 27 de marzo de 2010

Por Alfredo Leuco


Ernesto Sabato tiene 99 años y no quiere que su cadáver sea utilizado políticamente. Su voluntad es que su velatorio se realice en el club de sus amores de su Santos Lugares. Ultimo deseo: despedirse de este mundo rodeado por la humildad de una barriada obrera. Este testimonio inédito es parte del conmovedor retrato fílmico escrito, dirigido y coproducido por su hijo, Mario Sabato.

Los desaparecidos de la memoria pública; las víctimas asesinadas por el terrorismo guerrillero. En la gráfica: Algunos miembros del ERP, como Eduardo Luis Duhalde (alias Damián), no solo permanecieron impunes, sino que hoy en día ocupan altos cargos gubernamentales. En este caso, “Damián” el terrorista es hoy Secretario de Derechos Humanos del gobierno de Kirchner

Sabato morirá sin saber que “un insolente”, como dijo Julio Strassera, hace cuatro años cambió el prólogo del Nunca Más, esas dos palabras que recorrieron el mundo cargando de orgullo a los argentinos y que quedaron instaladas eternamente en la memoria colectiva.

Mario Sabato confesó que no quisieron amargarle la vida y por eso nunca le dijeron que Eduardo Luis Duhalde, como responsable de los derechos humanos en la era K, “corrigió” un hecho histórico con un nuevo prólogo porque consideraba que el redactado por Sabato abonaba la teoría de los dos demonios.

Mario Sabato fue testigo de cómo su padre Ernesto “se desmoronaba de angustia” cada noche, cuando volvía a su casa tras escuchar y procesar los testimonios del horror genocida. “En esa época no era tan fácil como ahora. El infierno estaba allí, en nuestras narices. Ni Menéndez ni Bussi usaban pañales para gerontes”, tiró Mario por elevación a las actuales autoridades.

Los oportunistas que sobreactúan lo que no hicieron en su momento, los que hacen alardes de coraje por cazar dinosaurios en el zoológico y los que trafican con los días más sangrientos de los argentinos siguen envenenando el debate público maduro que este país necesita y merece.

Magdalena Ruiz Guiñazú, la periodista más creíble de la Argentina que integró la Conadep, confirmó que le iniciará una querella a Hebe de Bonafini porque la acusó de ser “vocera de Martínez de Hoz”. Fue su manera de bendecir las delaciones televisivas infames realizadas desde el canal K que se emiten por pantallas oficiales y paraoficiales financiadas con dineros públicos. Los autores materiales de los ataques mediáticos brillan por su ignorancia y el autor material, el que da la orden de apretar el gatillo, es Néstor Kirchner.

En aquel momento, Bonafini dijo: “El texto de Sabato es una mierda. Nuestros hijos no eran demonios, eran revolucionarios, guerrilleros maravillosos y los únicos que defendieron la patria. Entiendo que algunos de la derecha estén muy ofendidos y los progres también”.

El jueves, otra vez con el aparato de movilización y difusión oficial detrás, Hebe volvió a expresar su balance sobre lo que pasó y pasa en la Argentina. Con el puño en alto y el poncho rojo dijo estar dispuesta a dar la vida por el proyecto de Néstor y Cristina.

También rescató como “lo mejor que nos pasó” la masacre de Trelew, en 1972, cuando fueron fusilados 16 presos de organizaciones foquistas tanto de origen marxista como peronista “como una muestra de unidad revolucionaria”. Finalmente, convocó a mirar “sólo Canal 7 y escuchar Radio Nacional o la Radio de las Madres y alguna otra”.

El sectarismo furioso y blindado muchas veces, como las patrullas perdidas de la insurrección armada de los 70, conduce al aislamiento del ciudadano común y a vivir en un micromundo que certifica y nunca cuestiona esa creencia de que se está hablando en nombre del pueblo en general y de los trabajadores en particular. Esa presunta vanguardia no hace otra cosa que incrementar el desinterés y el rechazo de las grandes mayorías despolitizadas en un tema fundante como es la defensa de los derechos humanos y fragmenta hasta el infinito a las entidades que hace años vienen luchando por ese digno objetivo.

Los que resisten a todo tipo de autoritarismo y levantan las banderas democráticas deberían proponerse aumentar y masificar el interés y la conciencia sobre estos valores entre los ciudadanos de a pie y no achicar sus perspectivas dejando el tema en manos de unos pocos miles de lúcidos y esclarecidos.

En el mismo sentido, el secretario Eduardo Luis Duhalde chicaneó a la jueza María José Sarmiento. Su frase no tuvo demasiada repercusión. Pero en conferencia de prensa le dijo que “si tiene miedo, debe ir al psicólogo”. Es alarmante que alguien que ha sufrido en carne propia la persecución y el exilio y que como funcionario tiene la misión de extirpar los temores en la Argentina haya tenido esa reacción burlona.

Norma Morandini también fue exiliada y víctima de la dictadura, como Duhalde. Tiene dos hermanos desaparecidos, militaban en la Jotapé y se llamaban, increíblemente, Néstor y Cristina. Además, su madre lideró en Córdoba la lucha por la verdad, memoria y justicia y la acompañó con su pañuelo blanco en la cabeza en el momento en que Morandini juró como senadora.

Ella suele plantear un tema provocativo y de gran profundidad humana. Dice que los argentinos ya probamos que supimos y pudimos defender los derechos humanos de las víctimas del terrorismo de Estado. Y agrega que ahora es tiempo de demostrar que también somos capaces de defender los derechos humanos de los victimarios. De aplicar los castigos y las condenas necesarios, pero de evitar cualquier tipo de actitud revanchista.

La jueza Sarmiento expresó sus temores y esa demanda no debió ser descalificada. No hay peor materia prima que el miedo para construir una sociedad más justa y democrática. El “mago de la picana”, como se bautizó al coronel Luis Sarmiento (padre de la jueza), debe ser enjuiciado dentro de la ley que los genocidas les negaron a quienes asesinaron salvajemente con la maquinaria estatal. Pero no se puede castigar a la hija por el delito de portación de padre. Y no debe ser motivo de una respuesta socarrona y sobradora porque exprese sus temores.

El periodista Luis Majul contó con lujo de detalles todas las precauciones que tuvo que tomar cuando escribió el libro que sintetiza las sospechas de corrupción del gobierno de los Kirchner.

Otro periodista, uno de los más respetados, fue escrachado violentamente y amenazado en un lugar público y me confesó lo que su madre le dijo una noche entre lágrimas: “Tengo miedo de que te maten”. Ni hablar de las escuchas ilegales, la ciberpatota K, los insultos desde el poder y la militancia y las persecuciones impositivas.

Aparecen sensaciones de alerta frente a un peligro. Así se define el miedo. Es una asignatura pendiente y una factura que este gobierno deberá pagar ante la historia. No es motivo de burla. Y mucho menos de psicoanalista.

El centenario Sabato nos enseñó que este país esta construido sobre héroes y tumbas.