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La apuesta del Gobierno parece ser que el consumo tapa la inflación

lunes, 17 de mayo de 2010

Por Manuel Mora y Araujo *

Esta es una descripción de lo que hoy registran las encuestas, pero no es un pronóstico. Lo que suceda dependerá de otros factores.

En primer lugar, la situación de la economía. La percepción generalizada en la población es que está mejorando y seguirá mejorando. Parece que también el Gobierno percibe eso. El kirchnerismo ya experimentó la agradable sensación del “viento a favor” años atrás y cree saber cómo manejar el timón para volver a aprovecharlo.

La inflación fue el principal factor que desencadenó la declinación de la popularidad de Kirchner a mediados de 2007, cuando aún el viento soplaba a favor. Tal vez el Gobierno tiene otra versión y atribuye su declive a la sucesión de distintos incidentes y procesos desafortunados que le tocó vivir, en gran parte provocados por propia decisión.

La apuesta del Gobierno parece ser que el consumo tapa la inflación; ahora, cuánto consumo y cuánta inflación son compatibles con ese equilibrio está todavía por verse. La apuesta es riesgosa.

Las oposiciones todavía no han inventado una estrategia para tomar la iniciativa. Hoy es el Gobierno el que marca la cancha. Para los ciudadanos, el discurso prevaleciente es una sucesión de más ruidos que señales claras; para peor, lo que se entiende –cuando algo se entiende– no es muy creíble.

Los dirigentes opositores transmiten a diario que todo está muy mal; la mayoría de la gente no cree que todo está tan mal. Hablan del aislamiento creciente de la Argentina en el mundo; la gente registra que los presidentes del continente unánimemente designaron a Néstor Kirchner al frente de la Unasur.

El problema de las oposiciones es que no se diferencian. Los medios –a los que muchos ciudadanos han pasado a ver como actores de la oposición, tal como lo instala el Gobierno– muestran todo lo que sucede de un color monótonamente sombrío; la mayoría de la gente ve más matices.

Eso explica que un gobierno que tiene a dos tercios de la población en contra, o indiferente a su suerte, todavía pueda aspirar a ganar una elección presidencial. Los votantes no terminan de vislumbrar qué destino podría estar ligado al triunfo de algún candidato opositor. Si la economía está dejando a los argentinos dormir tranquilos, no tiene mucho sentido procurar convencerlos cada día de que están peor de lo que quieren creer. Tendría más sentido transmitirles qué pueden esperar de mejor si eligen una opción política distinta.


El mensaje de que cualquier cosa que venga será mejor que este gobierno es precisamente el mensaje que fortalece al Gobierno, porque para una gran parte de esos dos tercios de votantes potencialmente hostiles al oficialismo es un mensaje no atractivo, insustancial; es un no-mensaje.
 
*Rector de la Universidad Torcuato Di Tella

Datos de la realidad que no contempla el laboratorio de Olivos

lunes, 19 de abril de 2010

Por Eduardo Aulicino


La ecuación K, en base a encuestas que son leídas parcialmente, es más o menos lineal: creen que la polarización en continuado y forzada desde Olivos les aseguraría una base sólida de respaldo electoral y generaría desgaste únicamente a los referentes de la oposición.

Falta todavía un año y medio para las elecciones, pero cada directiva de Néstor Kirchner y cada acto de la Presidenta aparecen orientados en esa perspectiva. No se repara en los costos sociales de esa práctica sostenida, ni en sus efectos políticos recientes, sobre todo en el Congreso. Allí, el oficialismo se exhibe sin margen para negociar acuerdos y, aún más llamativo, embloca al heterogéneo conglomerado opositor en lugar de trabajar sobre sus contradicciones, con resultados hasta ahora adversos en el recinto.

Más grave aún para el Gobierno es que la estrategia hace agua por partida doble. En Diputados, el kirchnerismo blindó posiciones pero no logra, o no busca, acuerdos con sectores que hasta Cristina Kirchner identificó como posibles aliados, al hacer un primer balance de la derrota electoral de junio y señalar caminos alternativos para no perder el control de esa cámara. En el Senado, se suma otro problema: el endurecimiento de posiciones no suma nada, pero, además, no evita las grietas en sus propias filas.

Kirchner, de todos modos, mantiene su convencimiento en el saldo a futuro de la extrema tensión política. Consumidor permanente de encuestas, cree que el oficialismo mantiene unida así a su tropa y que, como contrapartida, los dirigentes de la oposición se desgastan, a veces por errores propios y otras, por impotencia frente a la demanda de su propio electorado.

En rigor, el ex presidente parece privilegiar sólo datos parciales de un registro acotado en el tiempo y también en su dimensión. Existió cierto repunte de la imagen de Kirchner y de la Presidenta, pero la mayoría de las últimas encuestas señalan que esos números retrocedieron o se estancaron, frente a una muy alta y persistente valoración negativa. Al menos tres encuestadores registraron en sus recientes sondeos niveles de rechazo que superan largamente el 50 por ciento de las opiniones: en un trabajo roza el 60. Las consideraciones positivas oscilan por debajo de los 30 puntos.

La imagen de los principales referentes de la heterogénea oposición ha sufrido su propio descenso, desde Julio Cobos a Mauricio Macri, con excepción en alguna medida de Ricardo Alfonsín, anotado recientemente -aclaran- en esa categoría. ¿Los motivos? Son variados, pero el más notable es el reclamo de un accionar más firme y armónico en las estrategias para imponer límites a las prácticas del poder K.

Es llamativo que el kirchnerismo no intente explotar las contradicciones en la vereda opositora. Un ejemplo ya fatigante es la disputa por el uso de reservas del Banco Central para el pago de la deuda, que ya lleva más de cuatro meses.

La oposición aparece unificada en el rechazo al decreto presidencial que habilitó esa ventanilla, pero se advierten diferencias sobre el tema de fondo, es decir, el manejo de las reservas. Recién ahora, que el DNU fue invalidado en Diputados y promete un debate complicado en el Senado, el oficialismo amaga con tratar proyectos promovidos por críticos de sus propias filas o aliados, como la iniciativa de los diputados Martín Sabbatella, Carlos Heller y Vilma Ibarra, nacida hace más de un mes.

Los K no dan indicios de buscar acuerdos y trabajar sobre el frente opositor, con lo cual es difícil imaginar el destino de tales proyectos si el decreto se termina de caer en el Senado. Por el contrario, eligen hostigar a sectores como el que encabezan Pino Solanas y Claudio Lozano.

Kirchner no atiende esas señales. Tampoco registra otros indicadores de las sucesivas encuestas. ¿Cuáles? La inquietud creciente sobre la inflación, que ha pasado a ocupar un lugar destacado entre los problemas de la economía. Y el impacto de los casos de corrupción que se exponen en varios juzgados. Datos de la realidad que no contempla el laboratorio de Olivos.

El 76% de los argentinos afirma que nunca volvería a votar a Néstor Kirchner para presidente

domingo, 4 de abril de 2010

Por Eduardo van der Kooy


El 76% de los argentinos afirma que nunca volvería a votar a Néstor Kirchner para presidente. Ese resultado de una amplia encuesta nacional, elaborada para empresas privadas, empezó a circular la semana pasada en el peronismo con la fuerza de un remolino.


Aquel mismo trabajo, que marca una caída de popularidad del matrimonio luego del suave repunte del inicio de año, registra otra cifra lapidaria para cualquier horizonte optimista en el PJ. En la hipótesis de un balotage en el 2011, Kirchner podría alcanzar, en el escenario más propicio, de un 32% a un 35% de los votos.

Se repetiría con el ex presidente una situación electoral casi idéntica a la que sucedió con Carlos Menem en el 2003. Menem ganó en aquella ocasión la primera vuelta -sobre el propio Kirchner- pero prefirió evitar la humillación política a la cual lo iba a someter el balotage.

Tan parecidos resultarían los teatros, que esa encuesta ubica ahora a Kirchner con la intención de voto más alta de todos los dirigentes encuestados, peronistas y opositores. El ex presidente reúne un 18% consolidado, varios puntos por encima, entre otros, de Julio Cobos, Mauricio Macri y Carlos Reutemann.

Vale recordar: Menem le ganó en el 2003 de arranque a Kirchner y a Adolfo Rodríguez Saá, entre los postulantes peronistas. Pero también superó a Ricardo López Murphy que quedó tercero en el recuento general.

El trabajo debería servir para algo más que disparar las alarmas de la dirigencia peronista. Sería tiempo de que los principales dirigentes de la oposición se interrogaran también sobre el bajo interés popular que todavía despiertan sus candidatos, pese a que la mayoría de ellos resultaron encumbrados con la victoria en las legislativas del año pasado.

Los Kirchner, sobre todo, pero además sus adversarios, tendrían que reparar en otro reflejo de mayor gravedad. ¿Cómo explicar después de siete años de superada la gran crisis que el marco político e institucional vuelva a ser tan pobre y precario como entonces?

Puede haber responsabilidades compartidas pero la responsabilidad de los gobernantes es, siempre, mayor que la del resto. El matrimonio presidencial ha logrado durante su ciclo tres cosas: inducir la fragmentación de los partidos, que no subsanará el emparche sancionado para realizar internas abiertas; romper cualquier instancia de negociación política para establecer como norma la confrontación; polarizar el clima político, dividiéndolo sencillamente entre obedientes o enemigos.

Cuatro gobernadores peronistas -dos de ellos de provincias importantes- estuvieron desmenuzando, a la vera de un río, aquella realidad retratada por la encuesta. "Si esto es así el peronismo está en el horno", resumió uno de ellos. No hay dudas de que las cosas son como aparecen: esos cuatro mandatarios miden popularmente bien o muy bien en sus provincias. En esas mismas geografías los Kirchner son resistidos.

Ocurre en el peronismo un fenómeno extraño. O quizás no tanto, rastreando su larga y sinuosa historia. Todos los líderes son conscientes de que se avecina el final irremediable de los Kirchner. Pero no saben o no se animan a superar ese fatalismo. De nuevo la comparación con Menem. La incapacidad de un sector importante del PJ para trazarle límites al presidente riojano, fue uno de los motivos que empujaron a Eduardo Duhalde a la derrota ante Fernando de la Rúa.

Aquellos cuatro gobernadores se preguntaron si Kirchner, de verdad, como ha insinuado, piensa en algún heredero para el 2011. Daniel Scioli, Jorge Capitanich y José Luis Gioja -los más nombrados en ese rubro- juran que jamás el ex presidente les dijo algo o les envió algún correo. Los ultrakirchneristas desalientan la jugada y alimentan al ex presidente con encuestas diseñadas con la misma audacia que las cifras del INDEC.

A Kirchner no se le mueve un pelo. Mantiene la disciplina y el estado timorato en el PJ apelando a la receta básica. Tiene en sus bolsillos los recursos del Estado y los distribuye acorde a los grados de incondicionalidad. Mete presión y mete miedo donde descubre flaquezas.

Un delegado de la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, apareció por Merlo, en el oeste del cordón bonaerense. Irrumpió en el Club Atlético Defensores del Chaco. Así se llama pese a estar apenas del otro lado de la General Paz. Allí se desarrolla desde 1994 un plan de fútbol callejero. De fútbol como herramienta del desarrollo social. Participan tres mil chicos. Una cifra que se irradia y crece con sus padres y sus familias. Desde hace tiempo trabajan en la zona y en contacto con el club dirigentes ligados al peronismo disidente.

El delegado de Alicia Kirchner advirtió sobre la inconveniencia de esa relación política. Y ofreció planes sociales que serían implementados por el intendente del distrito, Raúl Othacehé. De hecho, muchos de esos planes entraron en vigencia aunque la realidad política no logró modificarse. Llovieron pintadas incómodas y mensajes mafiosos en automóviles de algunos dirigentes y en muros del barrio. Frente a la queja que recibió de un viejo peronista, Othacehé respondió: "¿Qué querés que haga? Son los Kirchner...".

Aquel intendente no es una excepción. Tampoco lo son los gobernadores que, clandestinos, cavilan cómo desembarazarse del ex presidente para recrear expectativas electorales en el 2011. Analizando la encuesta de opinión pública, aquel cuarteto de mandatarios sacó otra conclusión: ningún candidato peronista logrará levantar vuelo si cuenta, de modo explícito, con el apañamiento de los Kirchner.

El problema es el matrimonio, pero también lo es el Gobierno. Y en ese Gobierno la Presidenta parecería estar tallando, en ciertos temas, más de lo que se cree. ¿En cuáles?

La tenacidad para negar la inflación y proteger a Guillermo Moreno viene de las entrañas de Kirchner y de su encorsetada lógica económica, que Cristina sigue a ciegas. El ex presidente ordenó cruzar a Julio Cobos cuando el vice instaló de nuevo en público a la inflación como un incordio. En cambio, se cuidó con el gobernador peronista de Salta, Juan Manuel Urtubey, que dijo lo mismo.

El pensamiento de Urtubey y de Cobos es, además, el de la inmensa mayoría de los gobernadores peronistas. Sólo que esa mayoría prefiere el silencio.

La Presidenta ha tomado con mano propia la pelea cotidiana con los medios de comunicación, el uso de los derechos humanos como herramienta de extorsión y oportunismo político y la batalla contra el Poder Judicial.

Entre las fobias de su marido y de ella se generan desatinos. Por ejemplo: en los últimos días circuló en la Casa Rosada una instrucción administrativa que prohibió el consumo de carne -debido al forcejeo por los precios- para todos los que trabajan en esa dependencia. Hubo también una recomendación para el personal jerárquico: dejar de recibir en sus oficinas los diarios Clarín y La Nación.

Cristina prefirió no hablar sobre el "partido judicial" después de que las Salas I y IV del fuero Contencioso Administrativo habilitaron la semana pasada el DNU que permite al Gobierno apropiarse de reservas del Banco Central para abonar vencimientos externos.

Pero no es que haya cambiado su convicción. Sucedería que la Presidenta estaría inquieta y abstraída por el pronunciamiento que estaría preparando la Corte Suprema sobre la verdadera "necesidad y urgencia" de los decretos del Ejecutivo.

Los miembros de la Corte recibieron la opinión de los Kirchner acerca de que el Tribunal no tiene motivos para opinar sobre los DNU. Era previsible. Fue menos previsible otro mensaje que llegó a los siete jueces a través de un magistrado que tuvo una conversación con Cristina.

La Presidenta defendió en ese diálogo la tesis de que los DNU fueron incorporados en la reforma constitucional del 94 como un modo de permitirle gestionar a cualquier Gobierno que pierda mayorías en el Congreso. Según Cristina, el papel del Congreso sólo se entendería con la presencia de mayorías oficiales.

Cualquier parecido con la realidad de hoy no suena a casualidad. El Congreso no funciona porque el kirchnerismo no tiene voluntad. Pero también por un arco opositor que se deshoja como una arboleda en otoño.

Las diferencias entre el radicalismo, el peronismo federal y la tropa de Elisa Carrió ya no tienen que ver sólo con estrategias y miradas políticas. La semana pasada se cruzaron acusaciones cuando la UCR en el Senado, casi en soledad, enfrentó a Amado Boudou. La inminencia de las Pascuas produjo muchas deserciones.

Aquella soledad, tal vez, indujo algún error del radicalismo. Gerardo Morales, el jefe del bloque, llevó la discusión a un plano que le permitió al ministro disfrazarse de ultrakirchnerista. Terminó corriendo al senador con la historia del helicóptero en el cual partió De la Rúa. Morales pudo retrucarlo -no lo hizo- habiendo sólo recordado la formación económica ortodoxa de Boudou en el CEMA y su militancia juvenil en la UCeDé.

Boudou es, como definió hace días Beatriz Sarlo, uno de los "conversos recientes que abundan, devenidos custodios". Tanto, que estaría dispuesto a acompañar a los Kirchner hasta el cementerio, cuando llegue la hora del adiós político. E incluso, a diferencia de lo que harían gobernadores e intendentes del PJ, a atravesar su puerta.

Los radicales transformaron a Mercedes Marcó del Pont, en Juana de Arco, y antes de la Pascua resucitaron a Boudou

viernes, 2 de abril de 2010

Por Gustavo Sylvestre

"Nos pegaron otro golpazo". La reflexión salió de la boca de un importante diputado del Peronismo Federal, horas después del fallo de la Justicia que avaló al Gobierno para el uso de las reservas.

“Hay que barajar y dar de nuevo... La oposición tiene que replantearse nuevas estrategias, no podemos venir por la venganza, porque la gente nos está facturando también a nosotros.” El mismo diputado es crítico también del armado opositor en la Cámara de Senadores, y la estrategia que se hace allí, y dice, lapidario: “Los radicales transformaron a Mercedes Marcó del Pont, en Juana de Arco, y antes de la Pascua resucitaron a Boudou que estaba contra las cuerdas y le dieron oxigeno político”.

La reflexión del diputado de la oposición, en parte es cierta. En Olivos celebraron la participación del Ministro frente al radical Morales y esa perfomance le permitió recuperar protagonismo dentro del Gobierno.

Desde otro sector de la oposición Margarita Stolbizer también es lapidaria en su análisis: “Tenemos que hacer una autocrítica inmediata (por la oposición), no es posible que Carrió nos esté llevando de las narices a todos y nos haga equivocar”.

La líder del ARI, en el retiro político que tuvo en Mar del Plata, ha sido extremadamente sincera sobre como se siente respecto de los demás integrantes de la oposición y del oficialismo: “Estoy harta, que me peguen los de la oposición y los del Gobierno... soy la única que les estoy anticipando la trampa en las que nos metió el kirchnerismo, se los están llevando puestos a ellos (por la oposición) y salen a pegarme a mí... la verdad es que tengo que replantear que voy a hacer de aquí en más”.

Y si bien van a mantener, lo opositores, el armado político en la Cámara de Diputados y el Senado, cada uno comienza a mirar su propio juego político para el 2011.

Los radicales, o gran parte de ellos, buscan abroquelarse en torno a la figura de Julio Cobos, a quien quieren llevar a la Presidencia de la Nación. La semana pasada, en el encuentro que tuvieron con Cobos, entre otros históricos del radicalismo, Moreau, Jesús Rodríguez, Coti Nosiglia, Baglini y otros definieron que no saldrán a pedir más, ni la renuncia, ni la licencia del Vicepresidente y saldrán a explicar a la sociedad que esa circunstancia favorecería al kirchnerismo en el Senado porque le dejarían al Presidente Provisional del Senado, José Pampuro la posibilidad de un doble voto.


Aunque Cobos no las tiene todas a favor en la interna radical. Desde Mendoza, el reciente ganador de los comicios del domingo último en esa ciudad, el actual intendente Víctor Fayad, enfrentado históricamente a Cobos, tras el triunfo, le mandó un mensaje a Cobos y a otros radicales: “En Mendoza desde el 83 mantenemos en alto la Lista 3, nunca la entregamos ni la negamos, siempre fuimos con ella, aún en las peores circunstancias del partido, y eso lo tiene que tener presente Cobos”.

En el radicalismo crece la figura de Ricardo Alfonsín, el dirigente con la mejor imagen en la Provincia de Buenos Aires, y un alfonsinista de la primera hora se entusiasma y dispara: “Será nuestro candidato y el próximo Presidente de la República”.

Francisco de Narváez sigue recorriendo la interna peronista y va tejiendo, lentamente, acuerdos con distintos referentes del partido. “Vamos a dialogar con todos, incluso hasta con Alberto Fernández” dice un allegado al diputado nacional, que quiere ser el candidato del peronismo.

Su ex socio político, el actual diputado nacional Felipe Solá, está a punto de cerrar un acuerdo con el partido PAIS, cuyo creador fuera José Octavio Bordón. Las actuales autoridades partidarias le han ofrecido a Solá ser candidato presidencial por esa fuerza que tiene presencia en la provincia de Buenos Aires, Santa fe, Córdoba y Mendoza, y que le faltan aún algunas adhesiones para llegar al piso requerido por la nueva ley de Partidos Políticos.

Solá piensa en tenerlo como un “as en la manga” para el caso de que no se concreten las primarias que fija la nueva ley. Su deseo es construir su candidatura presidencial dentro del Peronismo Federal.

La reciente resolución de la Cámara Federal que respaldó la investigación judicial llevada adelante por el Juez Federal Norberto Oyarbide sobre los espías de la policía metropolitana, “el fino” Palacios y Ciro James pidiéndole, incluso, que amplíe las causas contra Palacios, deja mal parado al Jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri.

El juez comenzará a analizar la semana próxima la posibilidad cierta de citarlo a indagatoria. En realidad, Oyarbide, tiene que analizar la conducta de Guillermo Montenegro y del propio Macri, pero fuentes de la investigación aseguran que Macri deberá desfilar por Comodoro Py. “Eso hiere de muerte la candidatura de Mauricio”, sostiene unos de sus ex aliados políticos que hoy lucha por ganarse la candidatura presidencial del peronismo.

Los crujidos que se escuchan dentro del kirchnerismo

domingo, 28 de marzo de 2010

Por Nelson Castro


Estamos asistiendo al fracaso de la política. Ni el oficialismo ni la oposición se manejan de forma responsable. El estilo confrontativo del Gobierno lleva al fracaso de la política de acuerdos que, por otra parte, es la que se está dando en la mayoría de los países democráticos.

Sobrevuela la idea de que los conflictos políticos crecientes se van a dilucidar en la Corte. Este es un error, ya que, salvo situaciones excepcionales, la Corte no está para dirimir esas cuestiones.

En este contexto de enfrentamiento entre el Gobierno y la Justicia hay que recordar que los jueces están para impartir justicia.

La Corte se dispone a producir un fallo importante sobre el espinoso tema de los decretos de necesidad y urgencia. La idea sobre la que hay acuerdo entre los miembros del alto tribunal es la de producir un fallo que establezca una limitación al uso de esta herramienta legal.

El concepto sobre el que va a girar el veredicto habrá de establecer que para que un decreto de necesidad y urgencia sea válido deberá ser aprobado por las dos cámaras del Congreso a través de una ley. Una idea que se está debatiendo es la de decretar la caducidad de todos los decretos de necesidad urgencia dictados con anterioridad a la creación de la Comisión Bicameral de Seguimiento de los DNU.

Las disidencias giran esencialmente alrededor de una discusión sobre los criterios de cómo definir los términos “necesidad” y “urgencia”. Dentro de la Corte hay quienes opinan que esto lo debería fijar el Congreso, luego de una serie de acuerdos políticos que hoy brillan por su ausencia.

La resolución de la Corte referida a los DNU se encamina a enmendar uno de los grandes disparates jurídicos que se han generado en estos años por el que se ha establecido que es más simple aprobar un decreto de necesidad y urgencia que una ley.

El tema de los decretos de necesidad y urgencia es una de las tantas trapisondas con las que todos los gobiernos democráticos, desde el ’83 hasta aquí, han usado a destajo, haciendo así que la necesidad y la urgencia dejara de ser algo excepcional para transformarse en algo normal.

Es cierto que el gobierno que menos DNU emitió es el de Cristina Fernández de Kirchner. Lo cuestionable de su conducta es que, en el caso del uso de reservas del Banco Central para pagar deuda, no había ni necesidad ni urgencia, como bien lo señalaron varios de los fallos judiciales que le fueron adversos.

A este asunto del canje de deuda se le ha agregado otro que desvela al Gobierno: es la rebelión en ciernes que se ha generado dentro del mismo oficialismo con el tema de la modificación del impuesto al cheque.

La reunión del sábado pasado de la Presidenta con sus legisladores fue un alerta. La ausencia de diez de ellos operó como una muestra más de los crujidos que se escuchan dentro del kirchnerismo.

Son producto de la compleja realidad que se vive en muchas provincias y que en la Babel de Olivos se pretende desconocer. “El tema no es tanto el dinero que recibiríamos de esta nueva distribución de los ingresos que se recaudan por este impuesto, sino el de asegurar que, al hacerse por ley, esto se instrumente en forma automática y no quede librado a la discrecionalidad de este o de cualquier otro gobierno”, afirma un legislador oficialista que, más allá de las presiones que está sufriendo, piensa votar a favor de la modificación de la ley del cheque.

La situación fiscal de muchas provincias es muy complicada. Esto no es novedad. Es algo que viene de lejos y que debería dar pie a un cambio profundo de la Ley de Coparticipación Federal. Sólo así se podrá dar un paso adelante serio en pos de la construcción de un país verdaderamente federal.

En este presente, la complicación agregada es la inflación. Es cierto que no es una inflación desbordada. Pero también es cierto que castiga duramente el poder adquisitivo de los más pobres que, en la Argentina, siguen siendo legión.

Es increíble que el matrimonio presidencial exponga al ridículo al ministro de Economía, Amado Boudou, prohibiéndole mencionar la palabra inflación. Y si algo faltó para hacer más patética la ponencia de Boudou, fue el mandoble que le propinó Hugo Moyano con sus declaraciones del jueves pasado, cuando dijo que “la inflación es una realidad que la palpamos todos los días cuando vamos al supermercado”. Al expresar eso, el secretario general de la CGT demostró que, más allá de su apoyo al matrimonio presidencial, la inflación le genera una presión en el frente interno imposible de disimular.

Además, uno de los efectos colaterales de este aumento de precios es el daño que produce sobre los ingresos de los sectores favorecidos por el Plan de Asignación Universal por Hijo para Protección Social creado por el Gobierno en diciembre pasado. Esta es una realidad molesta para el matrimonio presidencial.

La semana tuvo un momento de alto voltaje político durante el acto del Día de la Memoria, en el que se recordó un nuevo aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, que dio paso a la nefasta y brutal dictadura que encabezó la junta militar integrada por Videla, Massera y Agosti.

Allí la Presidenta aprovechó para reflotar la idea de la confrontación, que es el sustento permanente tanto de su gestión como de la de su marido.

El Gobierno ha buscado apropiarse del tema de los derechos humanos y hay que reconocer que lo ha logrado en muchos sectores sociales que le son afines. La anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, y de los indultos, impulsada por el matrimonio presidencial, son logros innegables que merecen ser destacados.

Sin embargo, esto no da derecho a desconocer lo realizado durante el gobierno de Raúl Alfonsín con el histórico Juicio a las Juntas, cuando el poder militar todavía rugía en la Argentina. A ello le sobrevino la claudicación que significaron las leyes antes mencionadas, que consagraron la impunidad de muchos, hecho al cual mucho contribuyó el peronismo de aquel entonces, que se negó a integrar la Conadep y que reclamó al radicalismo terminar con los juicios. Esas son las cosas que el matrimonio presidencial nunca dice.

Mientras tanto las arenas de la política proselitista están muy movidas. En donde hay más actividad y temperatura es en las del justicialismo. No significa esto que no haya movimiento dentro del radicalismo, que es el otro partido que hoy palpita una interna caliente. Allí genera inquietud el futuro de Julio Cobos, quien, a pesar de seguir liderando casi todas las encuestas de imagen, presenta una caída apreciable.

En el peronismo, Eduardo Duhalde y Francisco de Narváez están a full. En el entorno de este último ha sorprendido la ruptura de Mauricio Macri. Los de Macri dicen exactamente lo mismo pero, obviamente, al revés. Quienes rodean a De Narváez aseguran que la idea de recorrer el país y reunirse con los referentes del PJ de cada una de las provincias le está dando buenos resultados. Lo de la candidatura presidencial vendrá después, comentan.

De los encuentros mantenidos el más resonante fue el que tuvo con Carlos Reutemann, quien, por estas horas, vive momentos de angustia motivados por las supuestas revelaciones que podría haber hecho su ex esposa, “Mimicha” Bobbio, en el libro de Gabriel Pandolfo Lole Position, de próxima publicación. La personalidad de Reutemann es un enigma hasta para sus partidarios más cercanos, a quienes les preocupa más eso que los movimientos de Agustín Rossi para disputarle la interna en la provincia de Santa Fe.

Así termina marzo. ¿Con qué conflicto vendrá abril?

La crisis entre poderes se acelera y los hechos adquieren la dinámica del vértigo

sábado, 13 de marzo de 2010

Por Susana Viau

La crisis entre poderes se acelera y los hechos adquieren la dinámica del vértigo. Hace una semana, el senador oficialista José Pampuro se consideraba virtualmente echado del paraíso y empujado a refugiarse en un bloque propio; poco después era readmitido en el olimpo de los Kirchner.

Un llamado del ministro de Interior, Florencio Randazzo, le había anunciado que por disposición de Néstor Kirchner quedaba relevado de las negociaciones con la oposición y en su reemplazo asumiría la tarea el jefe de la tropa K en el Senado, Miguel Pichetto.

El veto paraoficial se extendía al vicepresidente Julio Cobos, quien se limitó a esfumarse y aclarar que su rol había sido el de simple “posibilitador” de esos encuentros. Un telefonazo posterior de Aníbal Fernández suavizó el mensaje y le anunció al bonaerense que la Presidenta lo invitaba a comer, componedora y temerosa de que el enojo del médico generalista se transformara en un voto hostil a la Casa Rosada o en un movimiento migratorio que diezmara su espacio.

El presidente provisional agradeció, declinó el ofrecimiento y le hizo decir a Cristina Fernández que respecto de su pertenencia se quedara tranquila, por ahora. ¿Cuánto tiempo había mediado entre una y otra comunicación? Casi nada. Un suspiro. Apenas lo que duró la borrasca matrimonial entre la jefa de Estado y un Kirchner que pedía las cabezas del jefe de Gabinete y del ministro de Economía, Amado Boudou.

Tenía, incluso, los nombres de los sustitutos: Randazzo y la titular –en comisión– del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont. ¿Por qué había caído en desgracia el funcional Aníbal Fernández? ¿Cuál había sido el pecado que lo colocó en el índex del santacruceño? Ni más ni menos que poner a consideración de la Presidenta las órdenes que imparte su marido.


El manoseo abrió grietas en el bloque oficial. Puede que, gracias a eso, la relación entre Pampuro y Pichetto ya no vuelva a ser la misma. A Pampuro continúan sosteniéndolo como la soga al ahorcado.

En los pasillos, el senador sanjuanino César Gioja admitía el malestar del bloque y no descartaba que el político de Lanús, tarde o temprano, busque la autonomía y en esa empresa sea seguido por media docena de legisladores, asfixiados por la rienda corta a que los somete Kirchner.

Otros miembros del Frente Para la Victoria prefieren profetizar que Pampuro mantendrá “los piecitos en el plato” en el ámbito parlamentario (sobre todo luego de que Carlos Reutemann adelantara su desinterés por la competencia electoral de 2011) y empezará maniobras de despegue en su distrito, donde el intendente Darío Díaz Pérez (quizás alentado desde esferas más altas) se ha sublevado contra su influencia. Para recuperar peso territorial, el senador podría haber iniciado contactos con sus viejos camaradas del peronismo no kirchnerista.

Pichetto tampoco se engaña: paga al precio del desgaste su condición de líder de una bancada que ya no tiene seguridades. Su designación para las negociaciones fue formal, la de un mero vehículo de las directivas transmitidas por Randazzo, que regresó del ostracismo con el que expiaba la derrota del 28 de junio en el territorio que debía garantizar. Las desavenencias estallaron también en Olivos, en el domicilio conyugal donde, entre cada vez menos comensales, se cocina a diario el destino del país.

El radicalismo tampoco sale indemne de las oscilaciones parlamentarias. La pericia del flamante jefe del contingente ucerreísta de la Cámara alta, Gerardo Morales, se vio cuestionada dos veces en dos semanas consecutivas: la primera, al quedarse sin reflejos para romper la maniobra armada por Pichetto, quien dejó sin quórum al cuerpo; la segunda, cuando parte de la oposición rechazó su propuesta –consensuada con el FPV– de ofrecer tablas en la Bicameral de Seguimiento de los DNU, pero conservando la presidencia y su doble voto para la oposición.

Acostumbrados a lavar los trapos sucios en casa, los radicales cuestionan en voz baja la estrategia del jujeño. Sostienen que su pacto de solidaridad con el resto del arco opositor no les ha proporcionado más que reveses y dolores de cabeza. Del lado de sus socios anti-K la disconformidad apunta, por el contrario, al personalismo de los conductores radicales en las cámaras (Morales en el Senado y Oscar Aguad en Diputados) y a su tendencia a establecer canales bilaterales de diálogo que el kirchnerismo acepta con el único fin de ganar tiempo.

El presidente del partido, Ernesto Sanz, guarda silencio ante las críticas. De momento, su filosofía es dejar actuar a su vecino de banca, aunque no comparta los procedimientos y tenga claro que la sobreexposición de Morales lo perjudica. En la intimidad de las reuniones con distintos estamentos partidarios, Sanz ha comenzado a desmarcarse y tomar distancia de un accionar legislativo que, según sospecha, los encamina a una encrucijada.

Elisa Carrió aparece así como la única dirigente que no se ha equivocado acerca del riesgo de quedar atrapados en la telaraña gubernamental. Cierto es que para pronosticar con algo de certeza los pasos de los Kirchner basta con apostar al peor de los escenarios posibles.

Un importante cuadro del radicalismo duda de la eficacia de los métodos de Morales, pero defiende al senador: “Tiene coraje y es un hombre honrado”, afirma y agrega que “las deserciones vienen del peronismo y nos echan la culpa a nosotros”. Para el dirigente, el futuro estará hecho de situaciones sombrías. Por deducción y por información sostiene que el matrimonio presidencial acaricia la idea de responder a la pérdida de poder con el adelantamiento de las elecciones “para enero o marzo. Abril es la fecha más lejana”.

No es eso, sin embargo, lo que lo desvela: “Lo preocupante es que esta gente quiere dejar condiciones estructurales de debilidad para el que los suceda. Inflación, déficit, una maraña de subsidios. El que venga tendrá que desminar un terreno sembrado de explosivos. Quieren ser imprescindibles para el que se haga cargo en el futuro”.

El experimentado armador del alfonsinismo prevé que el próximo gobierno será de transición: “No se puede reformular en un día el modelo sindical ni desmontar la trama clientelar”, dice y agrega que el radicalismo deberá ser prudente en su proceso de reconstrucción y dar cuenta de una sociedad que “busca refugio en una contracultura del peronismo”.

Por lo pronto considera imprescindible sacar el foco del Parlamento, abocado a una espiral de disputas, varado en una tensión exasperante. “Nosotros somos un partido de poder, un partido de masas. Los argentinos tienen otras preocupaciones: la inflación, el trabajo, la salud. Es en ese polo que tenemos que trabajar”. Coincide en que se trata de una expresión de deseos puesto que para ello “debe amainar el conflicto de poderes”.

Es un horizonte lejano. Los senadores no han terminado de digerir las acusaciones de “golpistas” y “destituyentes” que Roxana Latorre lanzó a la oposición. “Es de una gravedad institucional mucho mayor que la de Antonio Cafiero en 2001, cuando comentó que había senadores que recibían prebendas”. Si la indignación se mantiene, puede que en la próxima sesión se pida como cuestión de privilegio que Latorre explique a quiénes se refirió con sus manifestaciones.

Claro, todo depende de que el Congreso, trabado por la paridad de fuerzas, no quede convertido en un espacio muerto. Tan desdeñado por el poder que, hasta ayer a última hora, cuando vencía el plazo legal para su envío al Parlamento, el Poder Ejecutivo no había hecho llegar a la Mesa de Entradas el DNU 298 que habilita el pago con reservas a los acreedores privados.

La importancia de elegir las batallas

viernes, 12 de marzo de 2010

Por Ignacio Fidanza

Los radicales viven un curioso síndrome. Están tan convencidos que el próximo turno de gobierno les tocará a ellos, que mirando el futuro están perdiendo el presente. El gobierno sin un gramo de ingenuidad agitó el fantasma de la entrega anticipada del poder y el radicalismo se zambulló en una negociación desesperada, como si fuera su gestión la que estaba en juego.


“Los radicales quieren que Kirchner haga el ajuste, que ordene la economía y por eso tiemblan ante la posibilidad de que les tire el gobierno por la cabeza antes de tiempo”, afirmó un destacado dirigente del centenario partido. La idea no deja de ser una ingenuidad mayúscula.

Si hay algo que seguro Kirchner no va a hacer, es el trabajo sucio, para dejarle un país prolijito a Julio Cobos. Porque la certeza del triunfo radical no es descabellada –por ahora-. En una reciente encuesta de Analía del Franco, que trabaja para el gobierno, Kirchner pierde en todos los escenarios de ballotage, siendo el resultado más cerrado con Carrió -39% a 38%- y el mas holgado con el vicepresidente, que se impondría al santacruceño por 53% contra 31%.

La pregunta que atenaza a la oposición es, cuanto tiempo más pueden seguir proyectando una imagen de alternativa de gobierno, si siguen exponiendo las profundas diferencias que los cruzan como lo hicieron en las últimas 48 horas. La imagen de Carrió denunciando al jefe de los diputados radicales Oscar Aguad de “cómplice” del gobierno no los ayuda.

“La gente no entiende de qué hablan cuando Felipe dice que a él no lo va a conducir Morales o cuando Lilita insulta a Aguad, lo único que perciben claro es que la oposición es una bolsa de gatos”, sintetizó un destacado diputado de la oposición.

“Hay una sensación de hartazgo y frustración muy grande”, agregó apesumbrado, aunque se cuidó de aclarar que “seguramente esto termine ordenándose, a nadie le gusta perder siempre”, concluyó.

Es que Kirchner logró algo muy importante al ubicar en el lote de los “dudosos” a las senadoras Roxana Latorre y María José Bongiorno. Ahora se sabe que el Gobierno también puede tener mayoría en el Senado, y sin el auxilio de Verna y su colega de La Pampa. O sea, está muy cerca de lograr el control de la cámara alta y con eso le puede poner una llave al Congreso. Es decir, si consolida esa superioridad, de aquí al 2011 no saldrá ninguna ley que incomode al Gobierno.

Pero acaso lo más realista sea pensar que Latorre y Bongiorno no han hecho otra cosa que sumarse al negocio del momento, esto es ubicarse en esa franja gris de “ni opositores ni oficialistas” y escuchar ofertas sesión por sesión.

Con una aclaración: el tiempo juega a favor y en contra de Kirchner. A favor porque le da espacio para jugar al tiro al blanco con los senadores e ir ensayando sucesivas cooptaciones. En contra porque el malestar social que está generando la inflación pega fuerte en la base electoral del peronismo y alimenta disidencias, en aquellos políticos que aún conservan la esperanza de un futuro político.

Apenas un ejemplo: hizo falta una nerviosa gestión de último momento para torcer la decisión de nueve gobernadores peronistas que se negaban a ir al Chaco al acto de asunción en el PJ del ex presidente. Esas cosas también están pasando en el poder.

La importancia de elegir las batallas

En este escenario de paridad, acaso la oposición más que contar una y otra vez votos que evidentemente no tiene asegurados, debería discutir mejor que peleas elige dar. Por ejemplo, si en la sesión de hoy hubiera olvidado su ánimo revanchista contra Marcó del Pont y hacía punta con la coparticipación del impuesto al cheque, tal vez hubiera puesto en figurillas al Gobierno y a las propias senadoras que lo terminaron acompañando.

Una cosa es no votar la destitución de una funcionaria técnica que a la mayoría de la gente ni le va ni le viene; y otra muy distinta negarse a que las asfixiadas arcas provinciales reciban más recursos. Tal vez si esa hubiera sido la discusión, esta noche la oposición hubiera visto vivificado su espíritu con una victoria, incluso con el acompañamiento de algunos senadores kirchneristas.

De manera que por más que el gobierno seguramente festeje el triunfo de hoy como si fuera la final del mundial de Sudáfrica, todo indica que la situación política continuará con su dinámica de alta volatilidad, repartiendo triunfos y derrotas con ritmo de vértigo.

En ese marco, cabe preguntarse si estos “éxitos” de Kirchner en la pelea cuerpo a cuerpo del poder, acortan en algo la brecha que lo separa de la sociedad. O dicho de otra manera, que grado de consistencia tiene su proyecto presidencial.

“La gente ya les picó el boleto a los Kirchner, frente a ese escenario y con los problemas que se les amontonan, lo más posible es que adelanten las elecciones para ganar y terminen perdiendo antes. O sea, que repitan lo del año pasado, que adelantaron para ganar y perdieron”, afirmó un banquero de muy buen diálogo con el gobierno, que mira con horror el postkirchnerismo.

Es que todas las opciones que surgen ofrecen graves fisuras a la hora de examinar su capacidad de garantizar gobernabilidad. Cobos, sometido a la despiadada interna radical que lo ve casi como un enemigo a vencer; con la descontada oposición de la CGT, un sector grueso de los piqueteros y gran parte del peronismo.

Macri, tal vez con mayores vínculos con sectores peronistas, pero sin una base política sólida, ni trayectorias que demuestren su capacidad de administrar el poder cuando llegan las peleas bravas. Y Reutemann, acaso el candidato con más capacidad de representar al peronismo, sigue dando señales que el 2011 tampoco será su turno.

Se conjuga así el drama de un líder implacable que exhibió sobradamente su capacidad de administrar el país, pero al mismo tiempo enfrenta el rechazo de una larga mayoría de la sociedad; con los retazos de una oposición fragmentada que hasta ahora está demostrando que hay demasiado barro en sus pies.

Pasos Perdidos con pase de facturas públicas y privadas

Por Alfredo Leuco

Hoy oposición suena a división. A inmadurez. A falta de capacidad para establecer un mecanismo democrático de funcionamiento que les permita actuar en forma conjunta a los jefes parlamentarios. Nadie pretende que ideologías, trayectorias, proyectos y vanidades tan distintas se conviertan de un día para el otro en un solo pensamiento y acción.


Nadie pretende eso y además no es el objetivo buscado. La coalición de Elisa Carrió, el radicalismo de Oscar Aguad, el peronismo federal de Felipe Solá, el macrismo de Federico Pinedo y hasta la izquierda no kirchnerista de Pino Solanas tienen mas diferencias que cosas en común. Y sobre eso tienen que trabajar. Potenciar y organizar lo compartido. Y dejar las disidencias para que cada uno consolide su identidad y su propio perfil partidario.

Es un gran desafío. Tienen que demostrar que no son un rejuntado al que solo los une el espanto hacia los Kirchner. Los chisporroteos de conventillo que mostraron ayer deterioran a todos. Fue en el salón de los Pasos Perdidos cuyo nombre actuó casi con una metáfora y conclusión al mismo tiempo. Pasos perdidos con pase de facturas públicas y privadas. Todos se acusan de ser funcionales al kirchnerismo.

La diputada Carrió en su enojo llegó a decir que algunos radicales cayeron 10 veces en la trampa de Néstor Kirchner y que eso no era ingenuidad, que era complicidad. El radical Aguad se defendió diciendo que el gobierno no los iba a dividir, que pensaban distinto pero que estaban juntos. Nadie quiso patear el tablero ni romper en forma definitiva. Pero hay dos temas para analizar. La convivencia de radicales y cívicos se va a hacer cada vez más difícil a medida que se acerquen las elecciones.

Unos llevan la bandera de Cobos y otros la de Carrió y ahí no hay arreglo posible. Solo falta saber cuando y como será la fractura. El otro tema es de debate político. Algunos dicen que no hay que negociar nada con el oficialismo. Que hay que acorralarlo porque lo único que le interesa es ganar tiempo para seguir dividiendo a la oposición. Que no hay que dejarlos respirar porque en la primera de cambio te engañan o te traicionan. Otros plantean que no se puede ir tan a fondo para no darle excusas a los Kirchner para que digan que la oposición es salvaje, que no deja gobernar y que tienen intenciones destituyentes.

Esa línea divisoria es muy subjetiva y se mueve frente a cada tema. Lo cierto es que se encendió una luz de alerta roja en el tablero opositor. Los ciudadanos los juzgarán entre otras cosas por la capacidad que demuestren de coordinar entre sí para ponerle límites a los atropellos del gobierno y también por la capacidad de construcción de consensos y propuestas superadoras.

No hace falta leer ninguna encuesta para darse cuenta que una gran parte de la sociedad está reclamando una oposición vigorosa, inteligente, honesta y republicana que no cometa los mismos errores que el gobierno. Hace falta una renovación de las formas y del fondo. De las maneras y de las propuestas.

Lo peor que le puede pasar a la oposición es que suene a división y crispación. Es como convertirse en más de lo mismo. Deben encontrar nuevos caminos para que sean menos los pasos perdidos.

The game of chicken

domingo, 7 de marzo de 2010

Por Alberto Fernández

Así llaman los ingleses al juego del gallina. Se trata de una rara competencia en la que participan dos jugadores. Cada uno de ellos conduce un vehículo a toda velocidad en dirección hacia el contrario. El primero que se desvía, el que pega el volantazo para evitar el choque, pierde y es humillado por actuar como un cobarde. Ése será el gallina que da nombre a la disputa.


Este juego perverso, que se funda en la idea de generar tanta presión en los concursantes hasta que uno de ellos desiste, ha sido objeto de investigación en quienes se preocupan por el arte de negociar. Parten de la premisa de que la presión psicológica a la que se ven sometidas las partes puede llevar a uno de ellos a ceder para evitar un resultado no deseado.

Desde el sentido común, todo indicaría que nadie debería aceptar someterse a semejante contexto. Pero si finalmente la situación fuera creada, la estrategia más sensata pasaría por girar el volante antes de que el topetazo pueda producirse. Así, la “pérdida” que supone salir de la ruta que conduce al choque es ínfima en comparación con los efectos que deberían esperarse de la colisión.

Pero puede ocurrir también que ambos contendientes confíen en que el buen juicio del otro será la causa que evite el choque. En tal caso, todo puede volverse demencial, porque si esa especulación es errada y ninguno de ellos cede, el choque acabará terminando con los dos.

La Argentina parece ser el escenario elegido por el Gobierno y la oposición para desarrollar ese juego. A partir del conflicto desatado por el uso de las reservas del Banco Central, se ha sucedido una serie de decisiones y actitudes en ambos bandos que ninguno parece querer revisar. Si uno de ellos no cede, todo indica que la inminencia del choque es inevitable.

Es evidente que el Gobierno no asume la nueva realidad política que se vive. No entiende que en el Parlamento ha perdido las mayorías y que debe reconstruirlas negociando y no avasallando a los opositores. Tampoco admite que la Justicia le haya dicho en dos instancias judiciales y con la participación de más de media docena de jueces que no podrá disponer de las reservas del Banco Central hasta tanto el Congreso lo habilite, ya sea ratificando el decreto o dictando una ley en su reemplazo.

Haciendo caso omiso a todo ello, no ha tenido mejor idea que reemplazar el cuestionado decreto de necesidad y urgencia que instituyó el Fondo del Bicentenario por otro de igual naturaleza que crea el Fondo del Desendeudamiento. De ese modo, desoyó todos los fallos judiciales y anunció su decisión de no negociar nada en el congreso. Asumiendo el rol de víctima, creyó ver en ese estado de cosas una suerte de complot destituyente.

Cuando el Gobierno aceleró la marcha, la oposición también lo hizo. Entonces, después de hacerse de la mayoría en ambas cámaras, no sólo anunció que rechazaría el nuevo decreto de excepción sino que aprovechó la oportunidad para impugnar en la comisión de acuerdos del Senado la propuesta de que Mercedes Marcó del Pont presida el directorio del Banco Central.

Mientras todo esto ocurría, una jueza nacional impidió una vez más que el Gobierno pudiera utilizar los recursos del Banco Central para conformar ahora el Fondo del Desendeudamiento y pagar deudas.

En el escenario de la política Argentina, estamos viendo cómo dos sectores se conducen sin retorno hacia una colisión segura que fácilmente podría evitarse.

El Gobierno, más allá de los excesos observados en las imprecisas imputaciones lanzadas, ha reconocido por primera vez que de no pagar con reservas la deuda externa debería soportar un enorme bache en las cuentas públicas. Pocos han tenido presente ese dato. Lo cierto es que con eso se quiere decir que si sólo deben usarse recursos presupuestarios para hacer frente a esas obligaciones, el gasto y la inversión pública deberán ajustarse considerablemente en un momento en que la economía internacional está crujiendo.

Ante semejante cuadro fiscal, ¿por qué piensa el oficialismo que el Congreso no admitiría el uso de las recursos acopiados en el Banco Central? ¿Cuáles son las fuerzas políticas opositoras que prefieren un ajuste fiscal antes que disponer de reservas para pagar la deuda exigible? ¿Por qué pensar que en el Congreso no habrá consenso suficiente como para entender que no es razonable ajustar la economía en un momento tan crítico como el que vive el mundo entero?.

Si el Gobierno saliera de su obstinación, reparara en esos interrogantes y se animara a retomar la iniciativa política, podría darse cuenta de que muchos opositores no se prestarían a promover un “ajuste” de semejante magnitud. Como no lo hace, prefiere evitar el debate y seguir usando la prepotencia para imponer posiciones en un tiempo en el que no goza de la fortaleza política que alguna vez tuvo. Precisamente, es esa prepotencia, más propia del caprichoso que del que tiene poder, lo que termina irritando no sólo a los opositores sino también a sus seguidores y al resto del cuerpo social.

Esa prepotencia no sólo tiñe sus acciones sino que también afecta sus discursos. No existe ninguna razón que justifique descalificar a una jueza insinuando que ha fallado cumpliendo un deber conyugal. Más allá del mal trato que supone atribuir a una mujer la condición de “obediente” del marido, es indudable que la sentencia que ha dictado va en el mismo sentido que antes siguieron varios jueces en distintas instancias jurisdiccionales. En consecuencia, aunque sea verdad que existen jueces de dudosa moralidad –los menos–, es impensable que esa inconducta sea el fundamento del fallo cuestionado. Tan incomprensible como pensar que en los tribunales se gestan movimientos desestabilizadores del poder político.

Hablando de estos mismos temas y en esta misma página ya se dijo que era tiempo de “parar la pelota y levantar la cabeza”. Ésa debe seguir siendo la consigna, aunque ahora debería pensarse en levantar el pie del acelerador y comenzar a girar el volante para detener el auto en la banquina.

El Gobierno debe asumir su responsabilidad de administrar con un Parlamento en el que no cuenta con mayorías. Fue la ciudadanía la que así lo dispuso con su voto. Como no debe gobernar desoyendo fallos judiciales y desconociendo a diputados y senadores, es necesario que entienda que el camino que ha elegido para disponer de las reservas monetarias es particularmente peligroso por el nefasto antecedente que genera.

Por lo tanto, debe decidirse a negociar para que una ley lo autorice a hacerlo. Cuando lo haga, nadie verá en ello un gesto de debilidad. Por el contrario, sólo debería verse en ese proceder racionalidad política y respeto a las instituciones de la República.

No es bueno escuchar decir en la oposición que son “miedosos” los que propician acuerdos tratando de encontrar una salida que los aleje del choque. A esta altura de los acontecimientos, las fuerzas opositoras deberían extremar los esfuerzos buscando conciliar posiciones, tratando de dictar una ley que autorice al Poder Ejecutivo a pagar los compromisos externos con reservas monetarias.

Ante el juego del gallina, los testigos valoran más al que desiste que al que está decidido a inmolarse en el intento. Para quienes miran de afuera, quien conduce hacia un choque frontal simplemente se ha vuelto loco. Irónicamente, para ellos, el perdedor es el que más sensatez ha demostrado.

Por eso tiene razón Pampuro cuando recomienda darse cuenta de que en política ceder no es necesariamente perder. Con algo de suerte, tal vez alguien lo escuche y siga su consejo sin que por ello termine convertido en “gallina”.

Si hay un pecado que no puede permitirse quien ejerce algún tipo de conducción política, es la distracción

martes, 2 de marzo de 2010

Por Ignacio Fidanza

Alguien está pensando en el Gobierno. Se podrá decir, con abundantes razones, que para hacer el mal, o como se argumenta por estos días, para deteriorar “las instituciones”. Pero ese Ejecutivo torpe que se enredó en una pelea gratuita con Martín Redrado, de la que salió tarde y mal, ayer mostró la chispa que faltó en la oposición.


Muy lejos de la prepotencia vacía de enviar patrulleros a los jueces o anunciar renuncias no producidas, ayer el Gobierno funcionó como un aceitado mecanismo de relojería. Mientras los legisladores intentaban procesar el discurso de la Presidenta, los fondos ya habían ingresado al Tesoro. Asunto terminado.

La historia reciente indica que ni Mandrake va a sacarle a Néstor Kirchner los 6.500 millones de dólares que se apropió ayer. Por supuesto que van a proliferar los amparos, las denuncias penales y las citaciones al Congreso. Pero la plata que se fue no vuelve. Pensar lo contrario es abonar esa ingenuidad tan funcional al Gobierno, que vanamente intentó denunciar –una vez más- Lilita Carrió.

Porque hay que concederle a la líder de la Coalición Cívica su ajustada composición del adversario que tiene enfrente. Si hay un pecado que no puede permitirse quien ejerce algún tipo de conducción política, es la distracción. Esa excusa no vale para quienes discuten el poder, porque lo que esta en juego es el futuro, el bienestar y los bienes de la gente. Nada menos.

Se podrá conceder que el packaging apocalíptico de Lilita no contribuye a la difusión de su mensaje, pero harían bien los opositores supuestamente “serios” en dejar de lado esas sutilezas estéticas y prestar más atención a sus advertencias. Acaso así, se hubieran ahorrado la humillación de ayer. El enorme gusto que se dieron los Kirchner ante una desconcertada asamblea legislativa.

No es poco lo que se ganó (y se perdió)

Es que la ingenuidad originaria de la oposición fue no ver en toda su profundidad lo que estaba en juego, y en consecuencia, la extensión de la batalla. Se trataba de una pelea que sencillamente Néstor Kirchner no podía perder. Una de esas en las que se va el alma de un gobierno.

Como se sabe, el sistema de conducción kirchnerista se sostiene –aún más en su decadencia- en el reparto de dinero. No hay otra cosa. Y sin plata, para los Kirchner, no hay política. La propia Presidenta lo dijo hoy: “para hacer cosas hace falta plata, si fuera por los discursos, con lo que me gusta hablar a mí ya tendríamos todos los problemas solucionados”.

Con estos 6.500 millones de dólares los Kirchner no solucionan todos sus problemas, pero vuelven a engrosar una billetera que venía menguada. Y en un país con provincias asfixiadas, municipios asediados y empresarios prebendarios, no es menor el margen de acción que acaban de sumar.

Por supuesto que frente a la “sociedad” su imagen cayó otro escalón. Pero esa lectura refleja a la perfección la manera de pensar de la oposición. Es decir, están mirando los medios, las encuestas y en el mejor de los casos, los votos del 2011. Y en el medio se olvidan de discutir el poder. Y si hay algo que la historia reciente de la Argentina dejó en claro, es que lo único que no puede perder un Gobierno, es el poder.

Esa es la gran diferencia entre Néstor Kirchner y Fernando de la Rúa, o si se quiere, entre un peronista y un radical. Ese instinto asesino para conservar el poder, cueste lo que cueste.

Se podría argumentar incluso que la diferencia entre Kirchner y el resto, es su voluntad de discutir jefaturas, más que candidaturas. Algo que se expresa de manera prístina en su encarnizada pelea con Héctor Magnetto. Está claro que en algún momento, Kirchner entendió que el CEO de Clarín le disputaba la conducción del país real, que acaso su poder era incluso mayor al suyo. Y sin pensarlo dos veces se zambulló en una pelea que le costó muchísimo, pero en la que no ceja. Y es esa garra la que le está faltando a gran parte de la oposición para terminar de acomodar a un político derrotado, como es el ex presidente.

No es en los tribunales ni en los estudios de televisión. Recordemos. Carlos Menem vio naufragar su re reelección cuando Eduardo Duhalde bloqueó en el Congreso toda posibilidad de avance. Y de nuevo en el 2003, cuando el bonaerense eludió la interna –que seguramente perdía- y logró imponer a Kirchner por afuera. No fueron las cotidianas denuncias del Frepaso en los tribunales, ni las eternas conferencias de prensa del Chacho Alvarez las que frenaron al riojano.

Es muy posible que los Kirchner ya no tengan margen para remontar la cuesta de la opinión pública, pero ayer recuperaron el sabor del triunfo que los venía esquivando. Y para coronar el martirio opositor, por la tarde Cristina se dio el gusto de fotografiarse con Hillary Clinton en la Casa Rosada, justo una semana después que maltratara públicamente a Obama.

Esta claro que el Gobierno sólo existe para la pelea chiquita, el día a día. Pero el tiempo pasa, la sociedad mira, y la oposición sigue sin encontrar la manera de ponerle un límite al matrimonio presidencial. Eso también es defraudar al votante. Nadie elige a un eterno coro de indignados, para conducir el país.

La cara de la Mezquindad

domingo, 28 de febrero de 2010

Por Alberto Fernández

Carlos Menem ha ocupado esta semana un lugar central en las primeras planas de los diarios del país. Siendo que cuenta con una imagen negativa cercana al 80 por ciento, es indudable que la atención que el periodismo le ha prestado no ha tenido en cuenta su popularidad.


En realidad, el ex presidente se ha vuelto noticia pues les ha recordado a todos los que lo maltratan o cuanto menos lo ignoran que con su ausencia tiene el poder de paralizar el funcionamiento del Senado, frustrar las esperanzas opositoras y hasta obstruir así la acción del Gobierno.

Su banca vacía el miércoles desató infinitas conjeturas. Algunas de ellas inducían a creer que su deserción era parte de un acuerdo que le permitiría al Gobierno impedir que la oposición lo prive del control de la mayor parte de las comisiones. En esa confabulación, el Gobierno le garantizaría impunidad en las múltiples causas judiciales que lo tienen imputado.

Otras versiones decían que esa ausencia operaba como una advertencia a la oposición. Sólo pretendía que los opositores le otorguen a Menem un lugar de privilegio que hasta aquí le han negado. Justo es decir que la oposición y sus compañeros del Peronismo Federal lo contaban como propio a la hora de los votos, pero lo marginaban de modo vergonzante a la hora de las conferencias de prensa y de las fotografías.

Lo cierto es que Menem, el político más cuestionado por el Gobierno y la oposición, el que exhibe el mayor rechazo social, se ha convertido casi irónicamente en la llave maestra capaz de abrir las puertas por las que deben pasar las expectativas políticas de ambos sectores para materializarse y convertirse en realidad. Si el próximo miércoles se sienta en su banca, la oposición logrará asestarle un nuevo golpe a un gobierno ya bastante lastimado. Pero si no lo hace, el Gobierno recuperará aire y pondrá en tela de juicio la estrategia opositora.

Así funciona nuestra endeble institucionalidad política.

Decir que la Argentina enfrenta allí una crítica situación es, a esta altura de los acontecimientos, casi una obviedad. Para saberlo no hacía falta que Menem nos demostrara que aún puede hacer más daño. Son muy evidentes tanto la ausencia de liderazgos claros como la atomización del cuerpo político; causas centrales del deterioro del que se habla. Semejante cuadro genera dificultades no sólo para conformar mayorías parlamentarias sino también para favorecer una mejor gobernabilidad.

En los distintos parlamentos del mundo, cuando sólo existen minorías, las mayorías se constituyen con acuerdos políticos que suponen, además de una distribución adecuada del poder entre los suscriptores de esos convenios, un consenso claro sobre los planes de acción a seguir.

En la Argentina, nada de eso sucede. Tras el resultado electoral de junio último, el Gobierno vio mermar su influjo en ambas cámaras legislativas. Así, perdió primero la mayoría entre los diputados y poco tiempo después padeció lo mismo entre los senadores.

¿A favor de quiénes el oficialismo cedió el control de ambas cámaras? Precisamente, a manos de una nueva mayoría, resultante de la unión de todos los opositores. No hubo una mayoría de reemplazo consolidada electoralmente. Hubo, en cambio, una serie de acuerdos entre fuerzas políticas minoritarias y muy disímiles entre sí, para restarle al Gobierno el control legislativo y para impulsar cuestiones muy precisas, como el rechazo al decreto que pretendió instituir el Fondo del Bicentenario o la tan mentada reforma del Consejo de la Magistratura.

Como se trata de mayorías atadas con hilos muy delgados, el riesgo de deserción es muy alto. En un escenario signado mayormente por el interés particular de los legisladores que por el interés común que vincula a los miembros de una misma fuerza política, ese riesgo se potencia peligrosamente.

En el Gobierno pasa otro tanto. Casi negando la nueva realidad política que lo ha privado de las mayorías parlamentarias de las que gozaba, pretende seguir imponiendo sus pareceres con una actitud que denota una prepotencia que no es aconsejable para quien se ha debilitado en la batalla. Parece haber olvidado un regla general que enseña que el arte de la política pasa por persuadir y lograr, finalmente, el concurso de voluntades.

Ya han advertido que sus proyectos deberán enfrentar cierta resistencia opositora. Pero en vez de buscar consensos que les permitan alcanzar sus objetivos, algunos de sus voceros han preferido blandir como una suerte de “amenaza persuasiva” la decisión de ejercer tantas veces como sea necesario el derecho presidencial del veto.

Por encima de esa actuada prepotencia, también saben quienes gobiernan de la debilidad que padecen. Sólo así se explica el trato deferencial que en estos días ha merecido Carlos Menem. Seguramente, quienes ahora lo exaltan esperan que el “enojo” del senador riojano sea funcional a sus propósitos.

Sin la tirria de otros tiempos, parecen olvidar que tales elogios se vierten sobre el mismo hombre que hasta no hace mucho era acusado ejecutar una política que deparó a la Argentina primero la recesión y después el colapso financiero del año 2001. En muchos despachos oficiales, parece ser que ya no se toca madera cuando se pronuncia su nombre.

Cuando el miércoles próximo se reúna el Senado, seguramente, tantas dudas quedarán disipadas. Tal vez, el oficialismo tome nota de que enfrenta un contexto político definitivamente adverso cuando cuente el número de comisiones que seguirá controlando en la Cámara alta. Tal vez, la oposición advierta que, en este tiempo que nos toca vivir, es necesario articular una política que exhiba algo más que enarbolar la regla que dice que “lo importante no es ganar sino hacerlo perder al otro”.

Pero no quedan dudas tras los hechos ocurridos esta semana que nuestro sistema político ha dejado en evidencia otra de las caras de su enorme debilidad. Es precisamente la cara de la mezquindad que autoriza a utilizar cualquier método si es que con ello se pueden lograr los objetivos propuestos.

En la política en general, y en los parlamentos en particular, es cierto que, indefectiblemente, en algún momento los votos cuentan. Pero es cierto, también, que el modo como esos votos son obtenidos indica la fortaleza ética de la política que se esgrime.

Después de todo lo que nos ha tocado vivir a los argentinos, que Carlos Menem se dé el lujo de obstaculizar el funcionamiento del Senado debería agraviarnos. Que en las postrimerías de su vida política Carlos Menem adquiera semejante protagonismo debería hacernos reflexionar sobre cómo es posible que nuestro sistema político facilite semejante estado de cosas. Pero que oficialismo y oposición se disputen su apoyo sólo demuestra la triste vigencia de esa misma decadencia de la que millones de argentinos intentan escapar.

Un gobierno enceguecido que carece de política

domingo, 21 de febrero de 2010

Por Alberto Fernández

Hay quien dice en el Gobierno que la oposición es golpista. Ha dado así otra vuelta a aquella tuerca que comenzó a girar el día en el que alguien advirtió que en Argentina existían “conductas destituyentes” en obvia alusión a quienes insultaban y maltrataban la investidura presidencial durante la crisis del campo.


Fue una cena compartida entre el vicepresidente Cobos y la cúpula del radicalismo la causa eficiente que motorizó aquella acusación de “golpistas”. Tal vez en la cabeza de alguien anide la equivocada idea de que ahora los golpes se preparan en comidas públicas en las que pululan decenas de periodistas y fotógrafos y en las que se formulan declaraciones que sólo critican la gestión gubernamental. Quien dice semejantes cosas debería ser más severo con los verdaderos “golpistas” y no asimilarlos a un grupo de dirigentes democráticos y opositores.

En el Gobierno, también hay otros que piensan en la existencia de múltiples complots que buscan perjudicarlo. Sindican a los medios de comunicación en general y a algún grupo mediático en particular, como la usina de la que emanan las opiniones más ácidas. Seguramente, quien eso afirma ha reparado en los títulos y textos que a menudo se publican. Sin embargo, no puede soslayarse que las “malas noticias” no se concentran en un solo diario sino que aparecen replicadas en todos los periódicos de Argentina. Eso vuelve poco creíble la idea del complot mediático.

Quienes administran el país ven con mucho optimismo el tiempo que viene. Eso no está mal, aún cuando ante muchos el futuro se presenta como bastante incierto. En tal caso lo único reprobable al oficialismo es la descalificación que formulan sobro todo aquel que tiene del presente una visión algo más crítica.

Es verdad que la oposición no ayuda. Atomizada, suele aportar muy poco a favor del desarrollo económico, social y político. Detrás de planteos que pintan un país en condiciones apocalípticas, ha demostrado capacidad de unirse sólo para oponerse al Gobierno. Después, únicamente expresa dispersión y contradicciones.

Julio Cobos, vicepresidente de la Nación y miembro del Poder Ejecutivo Nacional, intenta cruzar el Jordán que lo devuelva a la orilla en la que acampan los radicales opositores. Mientras se exhibe junto a sus correligionarios, su “socia” política ha vociferado por todos los medios de comunicación que si los radicales lo llegaran a elevar a la categoría de candidato presidencial ella romperá la alianza que los vincula y que bastante raída se muestra ya.

En el mundo opositor, hay también una derecha bastante confundida en la que conviven neoliberales y peronistas conservadores. Macri, tras los desbandes que consumó con las designaciones de Jorge “Fino” Palacios y Abel Posse, ahora intenta sacar el agua que acumula la ciudad cada vez que llueve.
Macri tiene un socio que aunque en junio ganó las elecciones diciendo que tenía un plan para resolver el problema de la inseguridad, hasta el día de hoy (ocho meses después) no ha ofrecido la más mínima solución a tan enorme conflicto. Francisco de Narváez, un hombre nacido en Colombia que increíblemente pretende presidir el destino de los argentinos, sólo asoma de tanto en tanto por las pantallas televisivas sin aportar tan siquiera alguna idea original que sirva para la reflexión ciudadana.

En la Argentina de hoy éste es el escenario político que nos toca en suerte. Un gobierno enceguecido que carece de política y ataca a todo aquel que critica o tan sólo expresa una versión diferente de la realidad. Y una oposición que carece de la fuerza política necesaria como para poner en el ánimo de los argentinos alguna sensación tranquilizadora.

Así, la política se ausenta y parece quedar limitada a discursos que se contraponen. Todo se convierte en un sinfín de argumentaciones contradichas sin que nadie se detenga a observar las causas y ofrecer las salidas correctas para escapar a la crisis.

En medio de tanta insuficiencia, la economía intenta despabilarse. Es cierto que, como dice el Gobierno, a fin de año habremos crecido tanto como aquello que caímos durante el año anterior. Como alguna vez se ha dicho en estas mismas líneas, con mucha suerte al iniciarse el 2011 estaremos igual que al concluir el 2008. Pero las reservas caen, el déficit fiscal aumenta y los precios se mueven peligrosamente mientras un coro de explicadores nos invade diciéndonos que nada de eso ocurre.

El mundo, por su parte, no da señales tranquilizadoras.

Barack Obama anuncia que la crisis de la economía americana no ha concluido. Advierte que aún cuando el gobierno ha destinado cerca de cuatrocientos mil millones de dólares para salvar su sistema financiero, todavía no se observa una clara recomposición de la economía. La prueba de ello se expresa en un enorme déficit fiscal y en una crisis social que hace que uno de cada diez americanos no encuentre trabajo.

Europa no está mejor. La crisis desatada en Grecia ha quitado el sueño a las potencias europeas. Con una cuantiosa deuda externa en riesgo de default por el déficit fiscal que arrastra, Grecia está poniendo en jaque a una Unión Europea cuya economía todavía no registra signos de vitalidad suficiente. Para peor España, la niña mimada del Viejo Continente, no deja de presentar datos intranquilizadores que han empezado a deteriorar la solidez del gobierno socialista.

La crisis internacional no ha desaparecido todavía. Todo parece haberse recompuesto con tanta precariedad, que permanentemente asoman nuevas amenazas que nos hacen sentir el riesgo de caer en un nuevo infierno.

Ante semejante cuadro, es imperioso salir de la lógica impuesta. Al Gobierno le cabe la responsabilidad de comprender adecuadamente cuál es la realidad que nos circunda y dejar de buscar las causas de los problemas en las críticas que se lanzan en su contra. Debería recordar que las críticas nacen después de los problemas y por lo tanto no los crean.

Fuera de ello, es difícil de entender por qué se siguen minimizando las dificultades fiscales, siendo que ya en el primer mes del año se observa un claro aumento del déficit en las cuentas públicas. Tan incomprensible como no atender el modo en que los precios han comenzado a moverse después de meses en que la economía se había retraído y había contenido las expectativas inflacionarias.

Después de casi tres décadas ininterrumpidas de democracia, Argentina debe demostrar que ha aprendido las lecciones que ha vivido. Hemos conocido ya las consecuencias de no prever los efectos que derivan del funcionamiento global de la economía. Ahora, cuando Europa cruje y nadie tiene en claro las implicancias que del crack griego pueden derivarse, parece querer repetirse la misma lógica que imperó cuando se pensó que el “efecto tequila” sólo afectaba a los mexicanos y cuando se creyó que el “efecto jazz” sólo debía preocupar a George Bush.

En el resultado electoral de junio, hubo una implícita censura a la gestión gubernamental. Por eso, quienes son parte del Gobierno deberían recordar que fueron ciudadanos los que ese día emitieron tal veredicto. Si lo hicieran, entenderían mejor cuál es el clima social y cuáles son las expectativas de la gente.

La oposición también debería recordar aquel resultado sabiendo que con él se emitió cierto mandato de control que no implicaba obstaculizar o limitar el accionar del Gobierno. Si eso tampoco se advierte y los opositores siguen trabajando para que el Gobierno no alcance ninguno de los objetivos que busca, el país terminará atrapado en un remolino que nos relegará otra vez al comienzo de las cosas.

Irónicamente es ése, precisamente, el lugar al que nadie quiere volver.

La enfermedad de Néstor Kirchner puso a las claras quién ostenta el poder actualmente

jueves, 11 de febrero de 2010

Por Walter Schmidt


E n 1978 los franceses Pierre Accoce y Pierre Rentchnick publicaban un libro en el que revelaban los historiales clínicos de hombres que gobernaron en distintos países -Kennedy, Stalin, Roosvelt- y cuyas decisiones, por su importancia, influyeron en el curso de la humanidad.


“El poder, los hombres y sus enfermedades”, refleja la conexión entre complejas decisiones políticas y las afecciones que en esos momentos padecían quienes las tomaban.

La obstrucción de la arteria carótida derecha de Néstor Kirchner, si bien tuvo antecedentes inmediatos en sus antecesores Carlos Menem y Fernando de la Rúa, puso a las claras, mas allá de la enfermedad, quién ostenta el poder actualmente aunque se trate de un ex mandatario.

Pero esa percepción es alimentada, además, por los inconvenientes que encuentra la oposición -algo recurrente- en establecer consensos y alternativas. Cobos, Carrió, Macri, De Narváez, Binner, Duhalde, difícilmente puedan compartir una mesa de diálogo y, con sus cruces, terminan siendo funcionales al oficialismo.

Julio Cobos, quien hasta hace poco navegaba por aguas tranquilas, debió timonear una tormenta que inevitablemente dejó secuelas. Cerca del vicepresidente no encuentran explicación a la posición del radicalismo, que contribuyó a horadar la figura del mendocino.

“Si siguen con estas internas, tratando de promover otros candidatos, pero sin buscar posiciones comunes, consensos, las cosas van a ir mal”, deslizó un cobista incondicional. El mensaje, está claro, fue para dirigentes como Gerardo Morales, que ven a la UCR junto a la Coalición Cívica de Elisa Carrió en el 2011. Sin embargo, Cobos apunta, más que a Carrió, a una alianza con sectores socialistas desde el arranque, y con peronistas en una segunda etapa.

Tras la muerte del ex presidente Raúl Alfonsín, es evidente que el radicalismo se sumergió en un pantano del que, sin liderazgos, se le hace difícil emerger. Cobistas y críticos del vicepresidente admiten ese estado, pero no admiten que sólo un acuerdo que defina referentes y lineamientos políticos puede solucionar ese estado de orfandad.

Mientras Carlos Reutemann dejó atrás el silencio para criticar con dureza al matrimonio Kirchner y vincularlo como nunca a un estado de corrupciónn otros dirigentes parecen recuperar sus ambiciones presidenciales.

En el escritorio del despacho de Mauricio Macri descansan una serie de encuestas que reflejan una recuperación de su imagen positiva así como de la visión sobre su gestión. Esas muestras, que generan cierta satisfacción en el macrismo, muestran a “Pino” Solanas, Mauricio Macri y Gabriela Michetti, en ese orden, como los mejores posicionados en la Capital Federal. Algo impensado en plena turbulencia por los casos de Ciro James, primero, y la renuncia de Abel Posse, después.

Pero la encuesta que mas entusiasma al Jefe de gobierno porteño es la que lo ubica -siempre en la ciudad- primero en intención de voto para presidente, seguido de “Pino” Solanas y con Cobos en tercer lugar.

“Mauricio quiere ser candidato a presidente sí o sí”, susurra un funcionario porteño. Ese comentario se haría una realidad insoslayable, dicen, si Reutemann decide no ser candidato presidencial.

En ese esquema, los macristas tienen fundadas expectativas en una alianza con el peronismo, porque descreen que Duhalde “se juegue solo” y que los justicialistas se resignen a condicionar su suerte a la del matrimonio presidencial.