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En el Peronismo se viene rumiando un sordo fastidio como el de una olla a presión

lunes, 15 de marzo de 2010

Por Osvaldo Pepe


Acaso con más fruición que las otras fuerzas políticas, el kirchnerismo ha devaluado el sentido de las palabras: las adultera, o las carga de un contenido épico que no tienen. Escribe una historia que no es la que transcurre y ni siquiera se detiene en reparos éticos.


Su máximo jefe político, Néstor Kirchner, acaba de reasumir la conducción del Partido Justicialista a menos de nueve meses de haber presentado su renuncia, corrido por la derrota electoral de junio. Fingió irse al día siguiente, con una parodia mediática que puso en escena a través del aparato de comunicación estatal a su servicio. Delegó el poder en Scioli: se fue sin haberse ido.

Hace 4 meses, diseñó el "operativo retorno" con un remedo institucional partidario mediante el cual se rechazó su dimisión entre gallos y medianoche. Y el miércoles último, en Chaco, retomó el mando en un acto con estudiada liturgia y estética justicialista, que al llegar el poder despreciaba: "Es pejotismo puro", decía. En tanto, en el peronismo se viene rumiando un sordo fastidio como el de una olla a presión en cuenta regresiva.

Como Menem en su tiempo, Kirchner nunca dejó de ser "el Jefe". La forma de ejercer y sentir el poder los iguala, aunque ahora Kirchner aluda al ciclo menemista como "la noche neoliberal": una noche que lo cobijó como uno de los principales fogoneros de la privatización de YPF, que le significó a Santa Cruz regalías por más de US$ 500 millones, cuyo destino aún permanece incierto.

Kirchner y la Presidenta construyen su propia mitología: gobiernan, dicen, para los menos pudientes, como manda el ideario peronista. Pero en febrero la canasta básica tuvo la mayor suba en 8 años: ya sale casi el doble del sueldo promedio de $ 2.000 que cobra 70% de los asalariados.

De eso, claro, los Kirchner no dicen ni una palabra.

El matrimonio ya no podrá revertir su imagen negativa para los próximos comicios

sábado, 13 de marzo de 2010

Por Roberto García

Atrevida y pretenciosa advertencia: seremos gobierno hasta 2020, pasando por los hitos electorales de 20ll y de 20l5. Aclaraciones aparte, es lo que dijo hace 48 horas Néstor Kirchner sobre sí mismo y su esposa.

Es, claro, lo que desea, junto al PJ oficial y otras adyacencias partidarias o corporativas (Pérsico, Moyano, etc.) que lo alientan desde el palco.

Fantasioso, el ex mandatario rechaza vaticinios técnicos que repiten lo siguiente hasta el aburrimiento: el matrimonio ya no podrá revertir su imagen negativa para los próximos comicios, jamás –en el caso de que la alcanzara– estaría en condiciones de superar la doble vuelta. Por lo tanto, ni él, ni ella, ni quienes ellos designen –si la pareja debe abandonar el cartel francés– podrá alcanzar la Presidencia: están todos empetrolados por la misma mancha.


Lo curioso, tal vez lo perverso, es que ningun otro candidato justicialista podría acceder a la Presidencia en 20ll. Ni siquiera quienes lo odian. Al menos, si se mantiene la actual reforma política y los aspirantes –léase, por ejemplo, Eduardo Duhalde, Carlos Reutemann– deciden postularse con el escudo, la marcha y el nombre. Para tener posibilidades, deberían ir por otra agrupación, de ahí que no casualmente Felipe Solá y Juan Carlos Romero ya renunciaron al PJ, desertaron bajo la invocación de no compartir bandera, silla o sociedad con Néstor Kirchner.

Raro: quienes se acostumbraron a “tragarse sapos” como describía benevolemente el general –a quien ahora Néstor acude en cada discurso por estricto interés personal, luego de haberlo ignorado por años como si fuera un innombrable– que digirieron resacas estructurales, dinosaurios malolientes y vómitos espectrales, ahora buscan otro restaurante donde merendar.

Los K, junto al radicalismo, ya fraguaron una reforma política que beneficia en exclusividad a la hegemónica burocracia de los dos partidos, una operación mezquina que se le atribuye a la perfidia política de un todoterreno como Juan Carlos Mazzón, hoy al servicio matrimonial como antes sirvió a otros gobernantes justicialistas y que dice inspirarse en el progreso democrático, en la necesidad del bipartidismo, con internas obligatorias y simultáneas. Esa norma, en el PJ –como puente al poder– sólo satisface la voluntad de los Kirchner; y, si a ellos no les alcanza para ganar –harto probable–, su mecánica impedirá que les sirva a otros, más allá de que puedan ganar las internas. Es para observar esta aviesa conclusión.

Habrá de ser arduo para los postulantes peronistas competir en la interna con los Kirchner: de movida, para un piso mínimo, el oficialismo ya dispone del respaldo –obligado o no por la caja– de los intendentes bonaerenses, mucho más prestigiados (no menos de 50% de aprobación en sus distritos) que el propio matrimonio. Es un caudal difícil de neutralizar y, como existen requisitos, los intendentes no pueden abandonar el cerco un mes antes de los comicios internos.

Con este cuadro en contra, si Duhalde o Reutemann pudieran salvar esta etapa de confrontación interior, deberán asumir como propio un equipaje no declarado: en el PJ impera el ejercicio de mayorías y minorías; quien logre derrotar a la pareja oficial tendrá que cargar en sus listas a elementos kirchneristas, tipo Carlos Kunkel.

Y, además, como antes de la interna, de acuerdo con la nueva ley, Kirchner hará alianzas con fuerzas ajenas al partido (tipo Luis D’Elía), si en el PJ vencieran Duhalde o Reutemann, tambien deberán incluir entre sus candidatos no sólo a Kunkel, tambien a D’Elía, por citar a algunos emblemáticos. Y esta realidad consumada supone una pregunta obvia: si hay voto mayoritario contra los Kirchner en la interna, luego –en la general– ¿quién votará a un candidato que en su mochila exhibe figuras representativas y obedientes del dúo presidencial?

Ante ese dilema, podría iniciarse una diáspora en el peronismo (ya encabezada por Romero y Solá) y, por supuesto, la constitución de otras alternativas con nombres diferentes al PJ. Pero, ¿en qué agrupación nueva se habrán de depositar esas expectativas si, por los condicionamientos de la nueva ley, sólo cinco partidos con rango territorial –confesión ya manifestada por la jueza María Servini de Cubría a diversos apoderados– podrán participar en los comicios nacionales de 20ll? Entre los ya seguros (UCR, Coalición, Pro, etc.), ¿puede acaso incluirse un sector disidente del peronismo? Parece díficil, tanto como crear un núcleo nuevo en todas las provincias del país.

En apariencia, jaque mate para cualquier intento renovador (aunque Duhalde y De Narváez, por cada lado, trabajan en otras construcciones) desde el día en que el proyecto Kirchner –con el asentimiento radical– forzaran a que, como las vacas en un matadero, el libre albedrío ciudadano y las aspiraciones de todas las minorías –políticas, religiosas, de raza, pueblos originarios, gays, ambientalistas, etc.–, sólo puedan desfilar y votar a través de un quinteto de agrupaciones inscriptas.

Un control monopólico de dudosa inquietud democrática que consagra la anquilosada aristocracia de unos pocos partidos, uno de los cuales –el que gana casi siempre–, a su vez, diseñó un cuadrado de hierro regido por el recién reasumido Kirchner como titular del PJ.

Mientras, se asistirá al espectáculo no deseado al cual se obliga a pagar entrada (los impuestos) de un Gobierno que se resiste a la Justicia y de ésta que empieza a objetar –cuando guardó silencio y se prescindió durante cinco años–; de la Presidenta reclamando propuestas cuando estaban en su despacho desde hacía l5 días; del oficialismo elogiando a quien alguna vez pretendió enviar a la parrilla (al senador Carlos Verna) y, luego, por razones de intereses, lo preservó en la misma causa como a otro gobernador y a un reciente embajador; de los opositores pretendiendo castigar a una funcionaria (Mercedes Marcó del Pont) por un acto que otro había ordenado y al cual empleados subalternos se niegan a cumplir, sin averiguar siquiera si cumplió atinadamente sus funciones en el anterior cargo (Banco Nación).

Patético país en el que algunas damas, tres legisladoras (Latorre, Bongiorno y Meabe) tuercen su voto y se visten de Borocotós femeninas más por sus declaraciones (“yo no vendí mi voto”, mi cuerpo; o, los senadores varones fueron desconsiderados con el género) que por sus actitudes, mientras la confirmada Marcó del Pont mudó su forma de ser: cuando parecía resignada a sucumbir, se arrojaba de un piso noveno por un micrófono. Ahora, ya confirmada, pide que el periodismo la deje trabajar. Singular destino el de esta mujer que, nutrida y formada como un chicken baby de la escuela barrial del desarrollismo, del Grupo Clarín, hoy es la principal defendida del matrimonio gobernante que, a su vez, despotrica contra la influencia monopólica de Clarín.

Hay que restablecer la confianza en la democracia representativa

domingo, 21 de febrero de 2010

Por Manuel Mora y Araujo *

En 2003 culminó un proceso que venía desarrollándose desde tiempo atrás y el sistema de partidos políticos argentino colapsó. Los máximos dirigentes de la UCR y del PJ llevaron a sus dos partidos a la virtual extinción.


Ya antes, el radicalismo había sufrido la pérdida de Elisa Carrió y Ricardo López Murphy, dos dirigentes que aunque expresaban ideas distintas gozaban ambos de crédito en la población; el partido los había dejado partir, indiferente.

La consecuencia fue que en la elección presidencial de 2003 ambos cosecharon en conjunto, desde afuera, más del 30 por ciento de los votos, mientras el candidato oficial del partido –surgido de una interna poco transparente y fuertemente cuestionada, en desmedro de Rodolfo Terragno– llegó al increíble umbral del 2 por ciento.

Con todo, algo se había salvado del naufragio: el caudal electoral de gobernadores e intendentes que pudieron sostener exitosamente en las urnas sus propias gestiones locales. Poco tardaron éstos también en alejarse del partido, que ponía en riesgo su capital político, y así conformaron la corriente de “radicales K”, que terminó aliada del kirchnerismo.

Parecía que el certificado de defunción de la UCR ya había sido emitido en 2003, pero si algo le faltaba era la migración de los “K”; ya no quedaba nada, excepto la sombra deambulante de Raúl Alfonsín y sus mariscales de la derrota.

En cuanto al justicialismo, en 2003 terminó de dilapidar sus credenciales democráticas bien ganadas desde 1983. A los afiliados les fue negada la interna y el sello peronista concurrió a las urnas con tres listas independientes. Desde entonces, no hubo más vida partidaria; prevaleció en el peronismo su componente genético federalista y el instinto de acompañar sin chistar a quien detenta el poder, mientras los que no acompañan quedan afuera.

La política sin partidos exacerbó la propensión natural de la sociedad argentina a dejarse orientar por los personalismos. Dirigentes sin organización deben extremar sus capacidades mediáticas y poner en valor sus personalidades individuales.

Desprestigiados los partidos, desvalorizada la vida interna controlada por dirigentes que no respetan las reglas, la ciudadanía se alejó de la política representativa. Desde 2003 la Argentina carece de vida política orgánica y la ciudadanía milita a través de la protesta o de sus identificaciones simbólicas con dirigentes televisivos.

Hasta que ahora, finalmente, la Unión Cívica Radical comienza a reconstituirse y a recuperar la organización partidaria. Los “K” iniciaron el regreso a casa y tal vez eso ocurra después con Carrió y López Murphy; sería bueno que sucediera, le daría un impulso importante a la representación orgánica de las demandas ciudadanas, mostrando que vida partidaria no es sinónimo de obsecuencia hacia un líder ni unanimidad en todo.

El radicalismo está demostrando que no estaba disuelto ni enterrado, sino que convalecía de una enfermedad curable. La cura consiste en restaurar una casa cuya estructura estaba intacta, aunque necesita carpintería nueva, mucha pintura y una administración renovada. La reconstitución acabará siendo vigorosa si el partido se da reglas claras, sus dirigentes las cumplen, la ciudadanía les cree y se recupera el nutriente fundamental de un partido político, que son los afiliados. Todo eso puede pasar. Con un agregado interesante: la actual dirigencia radical es menos personalista que cualquiera de las que orientaron al partido desde hace décadas; es orgánica e institucional.

En ese aspecto, la UCR es única en la Argentina de hoy, pero bien podría ocurrir que otros sigan el mismo camino. Ahí hay un riesgo: si eso no ocurre, es posible que en 2011 el proceso electoral muestre enfrentados de un lado a un partido organizado y sin personalismos descollantes y del otro a una miríada de dirigentes personalistas sin partido.

Podría llegar a haber dos estilos de hacer política: el orgánico y el personalista, el de la representación y el del mesianismo. Parte de la ciudadanía podrá seguir sintiéndose desconcertada, especialmente si además –como es probable– la elección se plantea en términos del “antipersonalismo K”: no como una opción entre propuestas de políticas de gobierno sino en términos de “derrotar como sea al malo de la película”, que es por definición un personalista exacerbado.

Al tomar la delantera en el camino de la reorganización de los partidos, la UCR y el PJ están ante un desafío mayúsculo: liderar también la reconstitución de la confianza de la ciudadanía en los partidos políticos. Eso es, ni más ni menos, restablecer la confianza en la democracia representativa.

*Rector de la Universidad Torcuato Di Tella

El mapa político de los próximos tiempos

lunes, 28 de septiembre de 2009


Se vienen días agitados en el PJ. Nada que modifique sustancialmente la realidad de los argentinos en lo inmediato aunque sí pueda cambiar el mapa político de los próximos tiempos con vistas a la pelea electoral de 2011.

Néstor Kirchner saldrá nuevamente al ruedo del conurbano con el apoyo de sus intendentes aliados.


Carlos Reutemman sufrió anoche una paliza electoral en Santa Fe y debe reacomodar sus fichas en el peronismo santafecino.


El salteño Juan Manuel Urtubey afianzó su poder en los comicios de legisladores provinciales y empieza a soñar con la alfombra roja a Buenos Aires.


Felipe Solá saldrá de gira por el interior del país para potenciar su imagen de candidato visible. Y Eduardo Duhalde maneja desde Madrid el rearmado de una confederación de partidos del PJ.


Todos los peronistas con diferentes colores y visión de país se disponen a encarar un mismo objetivo inmediato: mostrarse fortalecidos para los festejos del 17 de octubre, día de la Lealtad.

No habrá un festejo sino varios. Porque el PJ hoy está fragmentado y no logra unificarse siquiera para un acto partidario.

Kirchner estará mañana en Lanús. No es casual la elección del lugar. Se trata del pago que conduce el intendente Darío Díaz Pérez, un referente claro del presidente provisional del Senado, José Pampuro. Este es el hombre que deberá conducir la sesión clave por la ley de medios en la Cámara alta y ordenar la tropa kirchnerista para que no haya sorpresas de último momento. El ex presidente se dispone a relanzar sus salidas por el conurbano para testear el ambiente.

Solá quiere reforzar su figura de peronista disidente y para ello recorrerá Tucumán, Córdoba y Mendoza. Se trata de visitas cortas con referentes antikirchneristas que le aseguren un buen rédito político. Lo mismo hizo con Reutemann hace unas semanas. Sólo que hoy no le vendría nada bien un encuentro con el ex corredor de Fórmula Uno. Es que anoche "el Lole" perdió en los comicios de concejales de todo Santa Fe y generó un clima de fuerte debate interno en el PJ local. Es una discusión que se mantenía bajo la alfombra y que se había evitado el 28 de junio cuando el peronismo le ganó al socialismo en los comicios de legisladores nacionales. ¿Podrá Reutemann mantener cohesionado el PJ santafecino que hoy es su mayor carta para posicionarse en la pelea de 2011?

Urtubey se entusiasmó anoche con los resultados electorales y con el espaldarazo que le dio Duhalde en los últimos meses. Se cree con ganas de dar una batalla mayor aunque no lo diga públicamente. Duhalde volverá esta semana de Madrid y se dispone a dar caminatas por el conurbano también para sumar voluntades en su proyecto de confederación del PJ. Se trata de una apuesta mayor donde confluyan todos los frentes y peronismos ortodoxos posibles del país.

Como se ve, el PJ vive su gran momento de primavera. Todos los dirigentes peronistas hablan de proyectos para 2011 y de una redefinición partidaria. Todos creen que llegó la hora de prepararse para dar la pelea en las urnas con tiempo. Se habla de internas abiertas y de eventuales congresos partidarios.

Fuente: La Nacion

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Movimientos de los distintos bloques del Senado bonaerense

lunes, 3 de agosto de 2009


Con los números a la vista, el oficialista FpV/PJ alcanza la cifra pura de 18 senadores en un cuerpo de 46. Voceros de la bancada aseguran que el senador electo por la lista del FpV -en 2007- hoy vinculado al ConFe, Carlos Ferreyra, seguirá en el bloque, pero sólo ellos creen esta afirmación, aunque parece estar a gusto con el juego y demora definiciones.


También el bloque del Gobierno considera hoy como una aliada incondicional a Viviana Arcidiácono, la senadora de la tercera que aportó la lista de Unión PRO en las legislativas de 2007 y que luego mutó su posición tras la intervención partidaria en la provincia. Esta legisladora se ha mostrado muy cercana al bloque que conduce Osvaldo Goicoechea en este último tiempo.


Tampoco se descarta, en el oficialismo, la posibilidad que se logre algún grado de entendimiento con el denarvaísta independiente José Nieto, hoy titular del monobloque de UCyB.


Los representantes del ACyS, en sus cuatro patas -a saber GEN, UCR, ARI y ConFe-, no parecen estar dispuestos a mostrarse como los poderosos de este ámbito. La responsabilidad parece haberles llegado demasiado pronto e inesperadamente. El número puro de esta expresión electoral es también 18.


El esbozo de una “negociación total” donde aristas fundadores y radicales de vieja data, rebeldes y circunstanciales aliados del oficialismo debían definir un frente de negociación único hizo estallar el precario equilibrio electoral.


Más allá de las expresiones públicas de buscar la posibilidad de conformar un bloque único, la realidad política parece indicar que eso costará más de lo pensado para Unión PRO, con sus tres referencias políticas.


Los seguidores del Ing. Mauricio Macri, Francisco De Narváez y del Ing. Felipe Solá también dejaron atrás la etapa electoral e ingresaron rápidamente a la política, donde las cargas parecen invertirse.


Mientras Macri y De Narváez ajustaron al ex gobernador Felipe Solá en los tiempos de campaña, éste empieza a cobrarse algunas cuentas políticas. En la Cámara alta provincial Solá puede encontrar a ex integrantes de su gabinete que pueden sumarse a su tropa, como es el caso de Ricardo Bozzani, hasta hoy integrante de la bancada del FpV/PJ.


Ciertas definiciones que circulan por los pasillos legislativos, tales como que De Narváez “cobrará” en Senado y Macri en Diputados, es decir que hombres de su espacio ocuparían los principales cargos, no hace más que ensanchar la figura de “interlocutor indispensable”, para el oficialismo, de Felipe Solá.


Ante este panorama el oficialismo perece decidido a ir en búsqueda del necesario equilibrio evitando los extremos de los grandes espacios políticos electorales con identidad propia más allá del sello electoral último.


Por un lado, extiende su mano a los felipistas vía Julio Salemme, electo en las pasadas elecciones como senador de Unión Pro y actual integrante de la bancada del FpV/PJ, y llega hasta tantear la independencia de algunos denarvaístas y macristas.


Por el otro, privilegia el diálogo con la UCR en pos de la “gobernabilidad” y mete presión en el precario acuerdo opositor. En definitiva, el número que se busca es 24, el del quórum, y una vía para los dos tercios llegado el momento. En principio, estamos hablando de unos seis senadores.


Actualmente dos de las tres vicepresidencias son ocupadas por oficialistas y la restante por la CC; las dos secretarías y sus prosecreatrías son también hombres del oficialismo.


Los opositores no pelearán por la presidencia, pero sí está en juego la Vicepresidencia I, II y III junto a las dos prosecretarias ya que se descuenta que las secretarías quedaran para el presidente del Cuerpo.



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El Ing. Mauricio Macri construye su proyecto presidencial

lunes, 20 de julio de 2009

En 2002 Mauricio Macri recibió un consejo de Eduardo Duhalde que aún recuerda demasiado.

Estaba en plenos preparativos para su candidatura a jefe de gobierno porteño. Duhalde, que entonces era presidente, lo llamó y le sugirió: "Mauricio, si no arreglás con el peronismo, se te pasa la oportunidad de ganar". El entonces presidente de Boca no le hizo caso y terminó perdiendo la segunda vuelta contra Aníbal Ibarra.

Pasaron cinco años hasta que Macri logró llegar al poder.El jefe de gobierno porteño no suele lamentarse por cosas del pasado. Pero en privado admite que aquella vez se equivocó por no acordar con el sindicalista Víctor Santa María. La experiencia, sin embargo, le vuelve a la cabeza en estos tiempos: prepara en reserva pero con dedicación su proyecto político para 2011.

Macri tuvo contactos con dirigentes del PJ, muchos de ellos gobernadores. Está convencido de que para llegar al 2011 el PRO deberá sumar parte del peronismo, además del sector del PJ disidente que lidera Francisco de Narváez.

Macri siempre estuvo en el imaginario peronista como un posible candidato presidencial. Lo sabe. Le consta. El primero que empezó a hablar del empresario fue Carlos Menem, después Duhalde y ahora algunos hombres del PJ en reuniones reservadas. Con el triunfo sobre Néstor Kirchner en la provincia de Buenos Aires, ya decidió jugar en 2011. Pero necesita ampliar su base de poder político.

Días después del triunfo del domingo 28 de junio empezó a definir los equipos que trabajarán con él y sus hombres de confianza, en los planes de gobierno. El economista Carlos Melconián podría ser el jefe de esos equipos. Hubo algunas reuniones informales con técnicos y también se acordó con De Narváez trabajar en conjunto.

De Narváez tiene ya armados sus equipos para su próximo plan: ser candidato a gobernador de Buenos Aires.

Macri sabe además que para seducir al PJ tiene que vencer el encanto que produce en el peronismo la posible candidatura de Carlos Reutemann. Pero Reutemann no quiere que le hablen de candidaturas. Después de su triunfo se encerró en su campo de Santa Fe. Sólo esta semana hizo su reaparición pública en la reunión con las entidades agropecuarias. No dijo mucho y no habla de 2011. Por eso, algunas fuentes de primer nivel del PJ vuelven a dudar sobre la convicción real del ex piloto de competir esta vez. Esperan alguna señal.

La misma noche del 28 fueron varios los gobernadores que hablaron con Macri: Mario das Neves (Chubut), Jorge Capitanich (Chaco), Juan Manuel Urtubey (Salta), y José Luis Gioja (San Juan) entre otros. Si bien fueron charlas informales y telefónicas, lo cierto es que el jefe de gobierno porteño cultiva hace más de un año la relación con varios hombres del peronismo.

Con Das Neves es con quien más relación tiene, pero el gobernador de Chubut ya se lanzó a la carrera presidencial. Por fuera del PJ oficial Macri tiene a su amigo misionero Ramón Puerta y el ex gobernador salteño, Juan Carlos Romero. Con el gobernador de Córdoba, Juan Carlos Schiaretti, también mantuvo una conversación telefónica.

Hace tres años, Macri visitó la provincia de San Juan. El gobernador Gioja lo invitó a cenar a su residencia. Compartieron una comida sin compromiso político alguno. Pero al otro día, Néstor Kirchner, que en ese momento era presidente, llamó a Gioja. "La plata del plan de viviendas que me pediste, ahora andá a pedírsela a tu amigo Macri", le habría dicho, medio en broma medio en serio. Por esa razón, Macri y sus operadores no revelan los contactos que mantienen con dirigentes del PJ y que, se reactivaron después del triunfo electoral. No quieren complicar la gestión de los gobernadores y además las conversaciones recién empiezan.

A Macri no le gusta hablar de su carrera presidencial en público. Lo da como un hecho y una consecuencia de su carrera política. Ni siquiera en privado piensa en una reelección en la Ciudad. Sólo el círculo íntimo habló en forma informal sobre que Gabriela Michetti podría ser su sucesora. La diputada electa no habla del tema y Macri en privado dice: "Ahora Gaby va tener un arduo trabajo en Diputados. No hablamos de otra cosa que no sea eso".

El acuerdo más concreto que Macri tiene por ahora es con De Narváez. Son amigos hace años pero además aliados políticos. Después de los festejos del 28 de junio volvieron a hablar de los proyectos futuros. Macri no hace caso a los rumores sobre la hipótesis de que De Narváez podría buscar ser candidato presidencial, pese a que se lo impide la Constitución. "A ese círculo rojo en el que giran los típicos rumores políticos no les doy bola. Sé lo que hablamos entre nosotros. Sánchez, no te enganches", suele decir Macri en privado.

Lo sorprendió el discurso que dio De Narváez la noche del 28 de junio, en el que "El Colorado" lo destacó y le reconoció un lugar importante. Para el jefe de gobierno porteño esa noche quedó sellada esa alianza. De Narváez dice que si bien su prioridad es apoyar a Macri para 2011, el candidato debería resultar de una interna.

Con Felipe Solá la situación es distinta. Macri lo valora en público pero en sus oficinas porteñas ante uno de sus funcionarios de confianza dijo en los últimos días: "Felipe mismo reconoce en público, lo dice él no yo: él está en el segundo pelotón". Macri ni se imagina ir a una elección interna con Solá, más bien cree que con su experiencia de ex gobernador bonaerense puede llegar a un eventual gabinete.

Pero Macri detesta la futurología política. Por su formación de ingeniero y empresario, con sólo nueve años en política, no construye en términos tradicionales. Su obsesión ahora es la gestión. Dice que dedica sólo el 10 por ciento de su tiempo a la construcción para 2011.

En 2002 Macri había tenido la posibilidad de ser candidato a presidente con el apoyo del PJ. Eduardo Duhalde, que ya había fracasado en su intento por convencer a Reutemann, lo invitó a cenar en la residencia de Olivos. En esa comida le propuso ser candidato. Macri cuenta la anécdota en privado. "No Eduardo. Te agradezco", le contestó. Macri recién empezaba a pensar en política, quería primero ser jefe de gobierno porteño y tenía que convencer a su familia, sobre todo a sus tres hijos.

Hace más de dos años que Macri no se ve con Duhalde para hablar de política. La última foto pública se la sacaron durante un partido Boca-Banfield en 2004. Se volvieron a ver pero sin testigos. Macri cree que Duhalde puede ayudar y aportar. Lo elogia en público y en privado. Los allegados a Duhalde dicen que aún no definió a quien apostará para 2011: Reutemann o Macri.

El jefe de gobierno porteño igual avanza en la construcción personal. "Si esto no cambia, nos estrellamos", dijo en las ultimas horas, hablando del rumbo del Gobierno. En las próximas horas se verá cara a cara con la Presidenta.

Fuente: Clarín.com
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