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Cuando a nosotros nos va mal, al Gobierno le va bien

miércoles, 24 de febrero de 2010

Por Agustín A. Monteverde

El título puede sugerir que nos ocuparemos aquí de una serie de particularidades especialmente dañinas del modelo económico K, como su necesidad siempre creciente de gasto o el hecho de que cada punto de inflación que se esconde se refleja en una sobreestimación de la actividad. O que, al subestimar la inflación, defaulteamos de hecho a los tenedores de deuda nominada en pesos mientras pagamos de más por los cupones ajustables en base a un PBI inflado; o que el congelamiento de precios ahuyenta inversiones y desalienta la oferta de energía mientras la demanda crece sin pausa, agravando la situación de escasez.


Sin embargo, aquí quiero llamar la atención sobre ciertas cuestiones algo sutiles, en las que no han reparado hasta hoy los análisis. Apunto a llamar la atención sobre algunos ingeniosos dispositivos introducidos recientemente en la estrategia de financiamiento del kirchnerismo. Dispositivos que -por su misma arquitectura o diseño- permiten que, cuando a nosotros nos va mal, al Gobierno le vaya bien. O, con más precisión, que éste pueda en alguna medida beneficiarse de un deterioro de la condición de vida de los habitantes.

Todos sabemos -es un dato- que las reservas monetarias, las ganancias del Banco Central y el Fondo de Sustentabilidad de la ANSES se han convertido en tres fuentes de recursos clave para un Gobierno que ha hecho del gasto clientelar el eje de su poder. Pero hasta el momento nada se ha dicho de las trampas y paradojas que les son inherentes. Veamos.

Para apropiarse de las reservas internacionales, el Gobierno recurre al artilugio de inventar el falaz concepto de reservas «de libre disponibilidad» o «excedentes», aceptable exclusivamente en un régimen de convertibilidad. De esta forma, se convierten en recursos apropiables libremente por el Tesoro aquellas reservas que excedan a la base monetaria, valuada al tipo de cambio vigente.

Más allá de que, en un sistema de flotación, todas las reservas deben respaldar al circulante, esta innovación acarrea una paradoja perversa: cuanto más se devalúe nuestra moneda, de más divisas dispondrá el Gobierno sobre las cuales echar mano. Una devaluación del 30% liberaría unos u$s 24.000 millones de las reservas, más que suficientes para asegurarle a Kirchner el acompañamiento de gobernadores, intendentes, sindicatos, ONG y empresarios socios hasta 2011.

Ardid ingenioso

Las supuestas ganancias del Banco Central constituyen otro ingenioso ardid para tomar fondos de la entidad encubiertos como dividendos, por encima de los expresos límites a los adelantos transitorios que fija su ley orgánica. Se trata de ganancias exclusivamente contables, no realizadas, que provienen de la diferencia de valuación de los activos del BCRA -reservas monetarias y bonos- y que sólo serían realizables si se liquidasen todos esos activos. Y remarco: deberían venderse en su totalidad, y no una parte, para percibir o realizar esa utilidad.

Cuanto mayor la devaluación que sufra el peso, mayor será pues la ganancia por revaluación del oro y las divisas que componen las reservas monetarias.

Se trata, en definitiva, de ganancias de capital. A ningún jefe de familia se le ocurriría «distribuir» entre sus hijos la «ganancia» por una revaluación del departamento en que viven. Básicamente, porque no tendría líquida esa suma para entregarles. Para eso habría que vender primero el departamento y descapitalizarse, teniendo luego que vivir en uno más chico. Ésa es la clase de «ganancia» que les gira el Banco Central a las sedientas arcas oficiales.

Claro que en su caso si no dispone de liquidez la puede «crear», emitiendo los medios de pago a tal fin. Es obvio que no es riqueza lo que se genera de esta forma; tan sólo se está fabricando inflación. Lo alarmante es que el giro de dividendos podría significar este año una exorbitante emisión, superior a la cuarta parte del dinero que hoy circula.

Tenemos por último la apropiación de supuestas utilidades -nuevamente ganancias de capital- que genera el Fondo de Garantía y Sustentabilidad de la ANSES. Más allá de lo impropio de considerar a ese fondo como si fuera una sociedad comercial en la que el Gobierno es accionista, esta práctica implica una descapitalización de la caja que deberá sostener a los futuros jubilados.

Y, nuevamente, lo más grave es que las ganancias contables del FGS se acrecientan cuando el peso se devalúa -por los bonos en dólares que tiene en cartera- y cuando la inflación trepa, al incrementarse el ajuste de los bonos en pesos indexados por el CER (y que algún día deberá paga otro Gobierno).

Tenemos pues que la desvalorización de la moneda nacional favorece al Gobierno al permitirle echar mano de más recursos, sea ampliando la porción de reservas supuestamente excedentes en condiciones de transferir al Tesoro, sea incrementando las ganancias por apreciación de las reservas de oro y divisas del BCRA o fuere aumentando el valor de la cartera administrada por la ANSES.

La suba del tipo de cambio, además de colaborar con el marketing productivista, le allega a la Casa Rosada los recursos tan ansiados para mantener el festival de gasto.

Esa inflación en alza que tanto nos preocupa puede no ser tan mala noticia para el Gobierno: no solamente le permitirá licuar el gasto salarial y previsional, también lo proveerá de mayores «ganancias» a extraer del fondo para los jubilados. El Tesoro será el receptor por excelencia de los fondos emitidos.

Una sensación amarga nos invade. Las mismas pesadillas que quitan el sueño a los ciudadanos comunes podrían constituir «soluciones» para quienes nos gobiernan.

Kirchner muestra que está dispuesto a llevar a fondo los conflictos que mantiene con el campo, la industria, los medios y la Iglesia

martes, 10 de noviembre de 2009

Por Rosendo Fraga


La estrategia de Kirchner para el control de la calle confirma que su modelo político se acerca más al de Chávez que al de Lula.


El ex presidente es consciente de que en las cuatro oportunidades en las cuales un Presidente no terminó en fecha su período en la Argentina (Alfonsín, De la Rúa, Rodríguez Saa y Duhalde), siempre el gatillo o desencadenante fue la pérdida del control de la calle y la irrupción de la violencia con muertos.

Por esta razón, se están volcando grandes recursos a través del Plan de Empleo y la Asignación Universal por Hijo para consolidar una base de poder en torno a los piqueteros oficialistas (D'Elía, Pérsico, etc.) y las organizaciones de Derechos Humanos (Bonafini).

Pero esta estrategia enfrenta tres problemas:

El primero es que los piqueteros opositores (maoístas, trotskistas y guevaristas) han salido a protestar para obtener parte de los recursos que se están distribuyendo.

El segundo, que el conflicto sindical también ha ganado la calle, enfrentándose las conducciones sindicales peronistas (Moyano y sus aliados) con las comisiones de base (Kraft, subtes y otros), controladas por las mismas corrientes ideológicas que los piqueteros opositores.

La tercera es que, a diferencia de lo que sucede en Venezuela, el gobierno de Cristina Kirchner no controla ni puede utilizar las Fuerzas Armadas, de seguridad y policiales en una situación límite, como sí lo puede hacer el Presidente venezolano.

El bloqueo a la distribución de los diarios y revistas realizado por el gremio de camioneros muestra que la administración Kirchner está dispuesta a no reparar en costos en su conflicto con los medios. Que este hecho haya tenido lugar al mismo tiempo que sesiona en Buenos Aires la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que lógicamente repudió el hecho, confirma que el kirchnerismo no repara en los costos de imagen, ni está midiendo sus actos en función de una estrategia electoral.

Esta organización sostuvo que Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Argentina son los países del continente en los cuales se ve amenazada la libertad de prensa.

Además, el kirchnerismo muestra que está dispuesto a llevar a fondo los conflictos que mantiene con el campo, la industria y la Iglesia.

Kirchner llama a su ofensiva contra el Grupo Clarín la madre de todas las batallas, porque supone que ganándola, los demás sectores tendrán que someterse.

Aplicar cuanto antes la ley de medios, limitar mediante una ley la posibilidad de que éstos presenten acciones de amparo, impedir la fusión de los cables del Grupo Clarín, lograr el control de Telecom argentina, avanzar con la ley que hace obligatorio el ADN para complicar la situación de la familia Noble que controla dicho grupo y estatizar la empresa Papel Prensa, son algunas de las acciones que el kirchnerismo está emprendiendo para ganar esta batalla.

Pero en lo económico el modelo de los Kirchner se parece más al capitalismo de amigos de Putin, que al socialismo del siglo XXI de Chávez.

La forma como se encara la batalla de los medios combina ambas estrategias. El sitio de los diarios por parte de Moyano es una típica actitud del modelo chavista. Pero la presencia de dos personas vinculadas al secretario de Comercio (Moreno) en el Directorio de Papel Prensa, los esfuerzos por tomar el control de Telecom Argentina con un grupo afín al oficialismo y las presiones de diverso tipo que desde el Estado se realizan sobre los medios privados, se parecen más a la metodología utilizada por Putin en Rusia.

Conciente de ello, la entidad empresaria más importante, la Asociación de Empresarios Argentinos (AEA), ha señalado públicamente que se ha llegado a una situación límite con el asedio a los diarios, que el Gobierno no ha repudiado y se ha limitado a plantearlo sólo como un conflicto laboral.

Mientras tanto continúa aumentando el gasto público, se incrementa el endeudamiento del estado nacional y las provincias y Kirchner impone al ministro de Economía (Boudou) la estrategia de no negociar con el FMI.

Pero el matrimonio Kirchner tiene una gran diferencia con el modelo de Putin. Este gana categóricamente las elecciones -como sucedió el mes pasado-, ya que en comicios locales su partido se impuso en la casi totalidad del país, obteniendo más de dos tercios de los votos, mientra que Cristina Kirchner es la Presidente de América Latina con menor aprobación (23%) y cuatro de cada cinco desaprueba las acciones de su esposo.

Quizás por esta razón, en la reforma política se ha incluido un artículo que impide la publicación de encuestas desde varias semanas antes de las elecciones.

El retorno de Kirchner a la Presidencia del PJ es un objetivo político inmediato. El gobernador de Chubut (Das Neves) ha sido el primero en cuestionar esta posibilidad que, lanzada por Scioli y apoyada hasta ahora sólo por doce intendentes sobre más de mil en todo el país, parece coordinarse con la intención de la reforma política de hacer viable que el ex Presidente pueda ganar una interna del PJ.

Lo probable es que el Consejo del PJ rechace la renuncia del ex Presidente, quien así reasume la Presidencia del partido. Pero el futuro de esta reforma es incierto.

El 18 de noviembre se trataría en la Cámara de Diputados y, de aprobarse ese día, en dos semanas tendría que ser aprobada por Senadores. Los sectores de izquierda y centro-izquierda que apoyaron la ley de medios (Binner, Solanas, Sabatella) rechazan este proyecto.

Mientras tanto se consolida el bloque del peronismo disidente coordinado por Felipe Solá, en la Cámara Baja con cerca de 40 diputados -Narváez incluido entre ellos- y se constituye también en Senadores.

En cuanto al Congreso que asume el 10 de diciembre, sólo si finalmente se gesta un acuerdo entre este bloque, el del Acuerdo Cívico y Social, el Pro y algunos partidos provinciales, la oposición puede desplazar al oficialismo del control de comisiones claves en Diputados como las de Presupuesto y Hacienda y Asuntos Constitucionales.

El reclamo del Vicepresidente Cobos de que los fondos para obras públicas dejen de ser distribuidos por el gobierno nacional y sean manejados directamente por las provincias, lo reinstala nuevamente como eje de la oposición, al igual que su visita a la asamblea de la SIP.

Fuente: Nueva Mayoría

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