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El Análisis Político de la Encuesta sobre Intención de Voto de Aresco

viernes, 23 de abril de 2010

Por Julio Blanck

Apareció el número. El que mencionaban los análisis de la oposición y las informaciones que se filtraban desde el núcleo duro del kirchnerismo. El número confirma que hay una mejora relativa de Néstor Kirchner y de la imagen del Gobierno. Pero también que hay un techo por ahora impenetrable. El número apareció en la única encuesta nacional conocida sobre intención de voto, y coloca a Kirchner casi exactamente en el mismo lugar en el que quedó estampado Carlos Menem hace siete años, en abril de 2003.


El sondeo de la consultora Aresco, que dirige el experimentado sociólogo peronista Julio Aurelio, fue realizado entre el 12 y el 14 de abril y abarcó 3.108 casos. Cuando se preguntó por el candidato a presidente preferido para 2011, Kirchner trepó hasta el 23,9% en intención de voto. Más atrás vienen Julio Cobos con 16,9% y Mauricio Macri, con 14,9%.

¿Dónde está la similitud con Menem, más allá de las funcionalidades recientes del riojano para con los deseos kirchneristas en el Senado? En que Menem fue ganador de la primera vuelta presidencial del 28 de abril de 2003, con el 24,3% de los votos nacionales. Pero ese caudal inicial no encontró manera de incrementarse de cara a la votación decisiva, por la corriente abrumadora de rechazo a su figura, una de las pocas cuestiones verdaderamente transversales en la política de la última década. Ante la certeza de una paliza histórica Menem desertó de la segunda ronda y Kirchner fue proclamado presidente, después de lograr el 22,0% en la vuelta inicial.

Hoy, con todo el repunte a cuestas, Kirchner alcanza ese 23,9% de la encuesta. Y en todos los análisis aparece muy comprometida su posibilidad de sumar apoyos que le permitan traspasar la barrera del 40%, el porcentaje que la Constitución establece para conquistar la presidencia sin necesidad de una segunda vuelta, siempre que el ganador le saque más de 10 puntos de diferencia al segundo.

La hipótesis sobre la que trabaja el oficialismo es que Kirchner será el candidato. Así lo están trasmitiendo sus coroneles en todo el país a las tropas territoriales. Si terminará siendo o no el candidato se verá en su momento. Pero no hay modo de encarar la cuesta empinadísima del 40% si no es haciéndole saber a todos que se va por ese objetivo. Cualquier duda alejará voluntades hacia otros, liderazgos, que prometan más tracción electoral y cobertura política y social.

Si el dinero es cobarde, mucho más lo son los políticos que enfrentan la encrucijada de conservar el poder o practicar alguna forma de lealtad. Kirchner puede dar lecciones de eso después de haber triturado a Eduardo Duhalde, el hombre que lo llevó al poder.

Quizás en pocas semanas Kirchner pida licencia en la Cámara de Diputados para asumir la presidencia de la UNASUR. No es que lo seduzca el puesto diplomático, ha sido más bien renuente y extraño a todo lo que huela a relaciones internacionales. Pero así podrá tener las manos formalmente libres para construir su candidatura. De ese modo intentará retener todo el poder posible, todo el tiempo posible. De paso, conservará la protección que otorgan sus fueros como diputado, condición que se va a extender más allá del final del gobierno de su esposa. Nadie podrá decir que Kirchner es poco precavido.

Mientras Kirchner urde su trama con determinación y la oposición no peronista, sin proyecto en común, se desgrana en competencias personales, el peronismo disidente entró en una zona deliberativa. Allí se confunden posibles liderazgos y se demoran los armados políticos. Es el escenario soñado por Kirchner para su proyecto improbable.

Francisco De Narváez sospecha de Duhalde. Dice que la única manera de ganarle al kirchnerismo es unir a todo el peronismo opositor y que el ex presidente, al armar por su cuenta, termina siendo funcional a Kirchner.

Las encuestas muestran hoy que Duhalde no está aún en condición electoral competitiva. Pero es el único peronista opositor que trabaja abiertamente por su candidatura. Si hasta De Narváez bajó la intensidad de su instalación nacional, admitiendo incluso que podría terminar como candidato en la Provincia, una postulación para la que no tendría que gestionar ninguna enrevesada autorización de la Corte Suprema.

De Narváez metió el freno después de su reunión a solas con Carlos Reutemann: allí convinieron que no era momento para hablar de candidaturas. Lógica pura: con el kirchnerismo operando con ferocidad y los gobernadores e intendentes preocupados sobre todo por pagar sueldos, salir antes de tiempo era ofrecerse como blanco móvil, sin protección alguna.

Claro que siguiendo la lógica pura no se escribe la historia. Y esa prudencia, tan propia de Reutemann, termina debilitando el espacio de construcción alternativa. También eso es funcional a Kirchner.

Por ahora, De Narváez se concentra más en la Provincia. Llegó a una precaria recomposición con Felipe Solá y delegó en José Scioli la elaboración de una agenda provincial. Por el lado de Solá hará ese trabajo Martín Lousteau: el hermano del gobernador y el ex ministro de Economía empezaron a trabajar juntos esta semana.

En el ligero desconcierto que atraviesa al peronismo opositor, algunos empezaron a mirar con más interés los movimientos de Juan Manuel Urtubey, el gobernador de Salta, que va marcando una huella de diferenciación con el kirchnerismo.

Hay una conexión, por momentos titubeante, entre Urtubey, los gobernadores de Córdoba, Juan Schiaretti, de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, y de Chubut, Mario Das Neves. Eso se engarza con el peronismo de Reutemann en Santa Fe y de Jorge Busti en Entre Ríos.
Estos movimientos tienen altibajos. Urtubey, por ejemplo, firmó la solicitada junto con los gobernadores que visitaron a la Presidenta en Olivos. En ese texto aceptaron que no se les gire un peso más a sus provincias por el impuesto al cheque. Sólo dos peronistas que estuvieron aquel día en Olivos se abstuvieron de acompañar esa resignación del reclamo: el cordobés Schiaretti y el pampeano Oscar Jorge.

De esas idas y vueltas estará hecha la política peronista de los meses por venir. Los únicos que caminan en una sola dirección, sin respiro, son Kirchner y Duhalde. Es como si la historia se volviera a repetir. El súbito protagonismo de Menem, ayudando al oficialismo en el Senado, cierra la parábola de lo que ya fue.

El 76% de los argentinos afirma que nunca volvería a votar a Néstor Kirchner para presidente

domingo, 4 de abril de 2010

Por Eduardo van der Kooy


El 76% de los argentinos afirma que nunca volvería a votar a Néstor Kirchner para presidente. Ese resultado de una amplia encuesta nacional, elaborada para empresas privadas, empezó a circular la semana pasada en el peronismo con la fuerza de un remolino.


Aquel mismo trabajo, que marca una caída de popularidad del matrimonio luego del suave repunte del inicio de año, registra otra cifra lapidaria para cualquier horizonte optimista en el PJ. En la hipótesis de un balotage en el 2011, Kirchner podría alcanzar, en el escenario más propicio, de un 32% a un 35% de los votos.

Se repetiría con el ex presidente una situación electoral casi idéntica a la que sucedió con Carlos Menem en el 2003. Menem ganó en aquella ocasión la primera vuelta -sobre el propio Kirchner- pero prefirió evitar la humillación política a la cual lo iba a someter el balotage.

Tan parecidos resultarían los teatros, que esa encuesta ubica ahora a Kirchner con la intención de voto más alta de todos los dirigentes encuestados, peronistas y opositores. El ex presidente reúne un 18% consolidado, varios puntos por encima, entre otros, de Julio Cobos, Mauricio Macri y Carlos Reutemann.

Vale recordar: Menem le ganó en el 2003 de arranque a Kirchner y a Adolfo Rodríguez Saá, entre los postulantes peronistas. Pero también superó a Ricardo López Murphy que quedó tercero en el recuento general.

El trabajo debería servir para algo más que disparar las alarmas de la dirigencia peronista. Sería tiempo de que los principales dirigentes de la oposición se interrogaran también sobre el bajo interés popular que todavía despiertan sus candidatos, pese a que la mayoría de ellos resultaron encumbrados con la victoria en las legislativas del año pasado.

Los Kirchner, sobre todo, pero además sus adversarios, tendrían que reparar en otro reflejo de mayor gravedad. ¿Cómo explicar después de siete años de superada la gran crisis que el marco político e institucional vuelva a ser tan pobre y precario como entonces?

Puede haber responsabilidades compartidas pero la responsabilidad de los gobernantes es, siempre, mayor que la del resto. El matrimonio presidencial ha logrado durante su ciclo tres cosas: inducir la fragmentación de los partidos, que no subsanará el emparche sancionado para realizar internas abiertas; romper cualquier instancia de negociación política para establecer como norma la confrontación; polarizar el clima político, dividiéndolo sencillamente entre obedientes o enemigos.

Cuatro gobernadores peronistas -dos de ellos de provincias importantes- estuvieron desmenuzando, a la vera de un río, aquella realidad retratada por la encuesta. "Si esto es así el peronismo está en el horno", resumió uno de ellos. No hay dudas de que las cosas son como aparecen: esos cuatro mandatarios miden popularmente bien o muy bien en sus provincias. En esas mismas geografías los Kirchner son resistidos.

Ocurre en el peronismo un fenómeno extraño. O quizás no tanto, rastreando su larga y sinuosa historia. Todos los líderes son conscientes de que se avecina el final irremediable de los Kirchner. Pero no saben o no se animan a superar ese fatalismo. De nuevo la comparación con Menem. La incapacidad de un sector importante del PJ para trazarle límites al presidente riojano, fue uno de los motivos que empujaron a Eduardo Duhalde a la derrota ante Fernando de la Rúa.

Aquellos cuatro gobernadores se preguntaron si Kirchner, de verdad, como ha insinuado, piensa en algún heredero para el 2011. Daniel Scioli, Jorge Capitanich y José Luis Gioja -los más nombrados en ese rubro- juran que jamás el ex presidente les dijo algo o les envió algún correo. Los ultrakirchneristas desalientan la jugada y alimentan al ex presidente con encuestas diseñadas con la misma audacia que las cifras del INDEC.

A Kirchner no se le mueve un pelo. Mantiene la disciplina y el estado timorato en el PJ apelando a la receta básica. Tiene en sus bolsillos los recursos del Estado y los distribuye acorde a los grados de incondicionalidad. Mete presión y mete miedo donde descubre flaquezas.

Un delegado de la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, apareció por Merlo, en el oeste del cordón bonaerense. Irrumpió en el Club Atlético Defensores del Chaco. Así se llama pese a estar apenas del otro lado de la General Paz. Allí se desarrolla desde 1994 un plan de fútbol callejero. De fútbol como herramienta del desarrollo social. Participan tres mil chicos. Una cifra que se irradia y crece con sus padres y sus familias. Desde hace tiempo trabajan en la zona y en contacto con el club dirigentes ligados al peronismo disidente.

El delegado de Alicia Kirchner advirtió sobre la inconveniencia de esa relación política. Y ofreció planes sociales que serían implementados por el intendente del distrito, Raúl Othacehé. De hecho, muchos de esos planes entraron en vigencia aunque la realidad política no logró modificarse. Llovieron pintadas incómodas y mensajes mafiosos en automóviles de algunos dirigentes y en muros del barrio. Frente a la queja que recibió de un viejo peronista, Othacehé respondió: "¿Qué querés que haga? Son los Kirchner...".

Aquel intendente no es una excepción. Tampoco lo son los gobernadores que, clandestinos, cavilan cómo desembarazarse del ex presidente para recrear expectativas electorales en el 2011. Analizando la encuesta de opinión pública, aquel cuarteto de mandatarios sacó otra conclusión: ningún candidato peronista logrará levantar vuelo si cuenta, de modo explícito, con el apañamiento de los Kirchner.

El problema es el matrimonio, pero también lo es el Gobierno. Y en ese Gobierno la Presidenta parecería estar tallando, en ciertos temas, más de lo que se cree. ¿En cuáles?

La tenacidad para negar la inflación y proteger a Guillermo Moreno viene de las entrañas de Kirchner y de su encorsetada lógica económica, que Cristina sigue a ciegas. El ex presidente ordenó cruzar a Julio Cobos cuando el vice instaló de nuevo en público a la inflación como un incordio. En cambio, se cuidó con el gobernador peronista de Salta, Juan Manuel Urtubey, que dijo lo mismo.

El pensamiento de Urtubey y de Cobos es, además, el de la inmensa mayoría de los gobernadores peronistas. Sólo que esa mayoría prefiere el silencio.

La Presidenta ha tomado con mano propia la pelea cotidiana con los medios de comunicación, el uso de los derechos humanos como herramienta de extorsión y oportunismo político y la batalla contra el Poder Judicial.

Entre las fobias de su marido y de ella se generan desatinos. Por ejemplo: en los últimos días circuló en la Casa Rosada una instrucción administrativa que prohibió el consumo de carne -debido al forcejeo por los precios- para todos los que trabajan en esa dependencia. Hubo también una recomendación para el personal jerárquico: dejar de recibir en sus oficinas los diarios Clarín y La Nación.

Cristina prefirió no hablar sobre el "partido judicial" después de que las Salas I y IV del fuero Contencioso Administrativo habilitaron la semana pasada el DNU que permite al Gobierno apropiarse de reservas del Banco Central para abonar vencimientos externos.

Pero no es que haya cambiado su convicción. Sucedería que la Presidenta estaría inquieta y abstraída por el pronunciamiento que estaría preparando la Corte Suprema sobre la verdadera "necesidad y urgencia" de los decretos del Ejecutivo.

Los miembros de la Corte recibieron la opinión de los Kirchner acerca de que el Tribunal no tiene motivos para opinar sobre los DNU. Era previsible. Fue menos previsible otro mensaje que llegó a los siete jueces a través de un magistrado que tuvo una conversación con Cristina.

La Presidenta defendió en ese diálogo la tesis de que los DNU fueron incorporados en la reforma constitucional del 94 como un modo de permitirle gestionar a cualquier Gobierno que pierda mayorías en el Congreso. Según Cristina, el papel del Congreso sólo se entendería con la presencia de mayorías oficiales.

Cualquier parecido con la realidad de hoy no suena a casualidad. El Congreso no funciona porque el kirchnerismo no tiene voluntad. Pero también por un arco opositor que se deshoja como una arboleda en otoño.

Las diferencias entre el radicalismo, el peronismo federal y la tropa de Elisa Carrió ya no tienen que ver sólo con estrategias y miradas políticas. La semana pasada se cruzaron acusaciones cuando la UCR en el Senado, casi en soledad, enfrentó a Amado Boudou. La inminencia de las Pascuas produjo muchas deserciones.

Aquella soledad, tal vez, indujo algún error del radicalismo. Gerardo Morales, el jefe del bloque, llevó la discusión a un plano que le permitió al ministro disfrazarse de ultrakirchnerista. Terminó corriendo al senador con la historia del helicóptero en el cual partió De la Rúa. Morales pudo retrucarlo -no lo hizo- habiendo sólo recordado la formación económica ortodoxa de Boudou en el CEMA y su militancia juvenil en la UCeDé.

Boudou es, como definió hace días Beatriz Sarlo, uno de los "conversos recientes que abundan, devenidos custodios". Tanto, que estaría dispuesto a acompañar a los Kirchner hasta el cementerio, cuando llegue la hora del adiós político. E incluso, a diferencia de lo que harían gobernadores e intendentes del PJ, a atravesar su puerta.

Imagen de Dirigentes Políticos

martes, 9 de febrero de 2010

IMAGEN DE DIRIGENTES POLITICOS

Luis Pico Estrada sintetiza en Evidencias las últimas variaciones de la opinión pública.

La mayor parte de las encuestas son reservadas. Ocurre que los clientes -el propio Gobierno, Francisco de Narváez, Mauricio Macri, Eduardo Duhalde y otros- las emplean para sus propios cálculos políticos: aún así llegó una página de la prestigiosa Poliarquía, sobre el territorio argentino, en centros urbanos de más de 10.000 habitantes. Las cifras negativas son muy interesantes.


Fecha de trabajo de campo: del 1º al 10 de enero de 2010


En cuanto a Management & Fit, en su encuesta nacional marca algunos puntos significativos: el 38,7% señala que el vicepresidente Cobos definió su voto favorable al Gobierno obligado por la opción que le planteó la Presidenta. Como se puede advertir, el 55,4 % no está de acuerdo con el Vicepresidente:


Un último dato de Management & Fit: La mitad de los encuestados consideran que el Congreso no aprobará el Fondo del Bicentenario. La encuesta fue dirigida por la doctora Mariel Fornoni:


El informe Evidencias, de Luis Pico Estrada, sintetiza los últimos sondeos de opinión

jueves, 28 de enero de 2010

La lectura de las encuestas de Mora y Araujo, Management & Fit, Giacobbe & Asociados  y  Carlos Fara & Asociados  que circulan discretamente, hablan de números en caída respecto de los dirigentes políticos en general. No solo en el caso del oficialismo (aprox. un 80% de rechazo de la gestión) sino también de los frentes opositores.



El director de Ipsos Mora y Araujo, Santiago Rossi ha señalado que por primera vez no hay ningún dirigente cuya imagen positiva supere la negativa. Desde fin de año observa que a Eduardo Duhalde “le falta un reconocimiento porque pasó una de las transiciones más difíciles de los últimos tiempos…”

Carlos Fara señala un crecimiento interesante de Duhalde: 30% y el 33% que fue regular. Los equipos de Duhalde siguen trabajando a full.

Desde Management & Fit informan que la Presidenta ha bajado a 15.5 de reconocimiento desde octubre a enero (perdió 4.) La imagen negativa es de 57.5. Mariel Fornoni, su directora,  cree que “cualquier decisión oficial tiene entre un 70 u 80% sea cual fuere, porque tiene que ver con el estilo de confrontación gubernamental ha saturado.

“Cuando no hay confianza no se puede proponer nada que guste, se ha perdido la capacidad de imponer criterios” señala Jorge Giacobbe.

La falta de confianza en el Gobierno avanza sobre la gestión. Jorge Giacobbe, con su agudeza habitual pregunta qué nivel de confianza inspira Amado Boudou, “poca” es la respuesta de un 21% y “ninguna” del 53.9. Si se suma la denuncia sobre licitaciones en el Anses está claro que la suerte del elegido de la Presidenta y su legión juvenil están en problemas. El tema es delicado porque toca directamente al staff propio de la presidenta Cristina. Habrá mayores novedades al respecto.

Este fugaz paneo concluye con inteligentes reflexiones y datos Giacobbe & Asociados:

Respecto de la crisis desatada semanas atrás en torno al conflicto entre el poder ejecutivo y el presidente del BCRA, el universo descrito en ésta muestra considera en un 40,9% que es Martín Redrado, quien está defendiendo verdaderamente los intereses de la República Argentina. Es relevante señalar que poco más de un tercio de los consultados (34,5%) considera que ninguno de los dos está defendiendo el interés nacional.

En la misma dirección, el índice de confianza conformado por las opiniones recogidas acompaña positivamente a Martín Redrado en comparación con las figuras de la presidenta Cristina Kirchner y el ministro de economía, Amado Boudou. El titular del BCRA registra los índices más altos de confianza ABSOLUTA (4,8%), MUCHA (12,3%) y ALGUNA (34,7%), mientras que Cristina Kirchner y Amado Boudou registran los más altos en NINGUNA, con 56,7% y 53,9% respectivamente.

La cantidad de consultados que indica tener ALGUNA confianza sobre Martín Redrado (34,7%) es casi tres veces mayor que quienes indican tener ALGUNA confianza en Cristina Kirchner (11,9%) y en Amado Boudou (13,3%).

Antagónico es el resultado en la categoría NINGUNA confianza, donde tanto Cristina Kirchner (56,7%) como Amado Boudou (53,9%) redoblan el porcentaje del presidente del BCRA (24,4%).

Casi tres cuartos de la muestra (74,2%) se inclina a opinar contrariamente a los dichos de la presidenta Cristina Kirchner sobre la traición imputada al titular del BCRA.

Ocho de cada diez personas (82%) hubieran tomado la misma determinación que tomó Martín Redrado negándose a girar al poder ejecutivo los fondos pedidos sin aprobación legislativa.

Cristina Kirchner exhibe una imagen positiva del 23 %

martes, 1 de septiembre de 2009

El último sondeo de opinión pública de Poliarquía Consultores, correspondiente a agosto, efectuado entre 1000 ciudadanos encuestados telefónicamente en cuarenta ciudades de más de 10.000 habitantes de todo el país.

Cristina Kirchner exhibe una imagen positiva del 23 % y una imagen negativa del 50%. Su percepción favorable cayó tres puntos respecto de julio, en tanto que la desfavorable se incrementó en tres.

Un análisis de los registros de imagen de la presidenta desde que asumió el Poder Ejecutivo, en diciembre de 2007, hasta la actualidad, da cuenta de que nunca había tenido una imagen negativa tan elevada. En cuanto a su exigua imagen positiva, sólo fue más baja en junio del año pasado, en pleno conflicto con el campo, cuando apenas llegó a tener el 20 % de adhesiones.

Lejos de ser un consuelo para la Presidenta, hay un dato más llamativo de la encuesta mencionada. Es que la imagen de Néstor Kirchner sí está por el piso. De acuerdo con la citada consultora, la percepción positiva del ex jefe del Estado es la más baja de todo el período kirchnerista: 21 %. Su imagen negativa supera a la de su esposa y se ubica en el 55 %.

Un ejercicio comparativo da una idea más cabal de lo significativo de la caída de los Kirchner. Cuando asumió la Presidencia de la Nación, Cristina Kirchner tenía el 56 % de imagen positiva y apenas el 12 % de opiniones negativas. Hoy su percepción favorable ha descendido a menos de la mitad, en tanto que su valoración negativa se multiplicó por algo más de cuatro.

La caída de Néstor Kirchner desde que le cedió el bastón de mando a su mujer es más franca aún. Tenía en aquel entonces el 65 % de imagen positiva, el triple que en la actualidad, y sólo el 12 % de valoraciones negativas.

Agosto no sólo termina con una fuerte disminución en la imagen de los Kirchner. También muestra, según el relevamiento comentado, un aumento de la inseguridad como preocupación ciudadana, ya que de ser mencionada por el 17 % de la población en julio pasó a ser citada por el 27 % al mes siguiente.

Al mismo tiempo, el Indice de Confianza en el Gobierno (ICG), que mide la Universidad Torcuato Di Tella, cayó a su valor histórico más bajo, ubicándose en 1,11 puntos sobre un máximo de 5, lo cual representa una caída del 10 % en los últimos treinta días. Finalmente, el Indice de Confianza del Consumidor disminuyó en agosto el 3,9 % respecto de julio.

Pese a esta tendencia declinante en la opinión pública sobre quiénes nos gobiernan, el Poder Ejecutivo no se aparta de la lógica del enfrentamiento, ya que en agosto agudizó el prolongado conflicto con el campo, vetando el artículo de la ley de emergencia agropecuaria que disponía rebajas en las retenciones en aquellas zonas bonaerenses afectadas por la sequía, al tiempo que sumó más adversarios al tratar de imponer el tratamiento de la ley de radiodifusión antes de que se concrete la renovación legislativa del 10 de diciembre.

Fuente: La Nación

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Kirchner y De Narváez siguen empatados

domingo, 21 de junio de 2009

Según dos encuestas a las que tuvo acceso Perfil.com los candidatos del oficialismo y del peronismo disidente están enfrentando hasta ahora un empate técnico.
Hay una leve ventaja del binomio kirchnerista sobre la fórmula de Unión-PRO, pero la diferencia es tan pequeña que, según los especialistas, no se le puede otorgar la victoria a ninguno de los dos frentes.

Una tercera encuesta que recibió Unión-PRO al final de la semana le otorga una ventaja leve a ese espacio político de dos puntos, según le confió a Perfil uno de sus máximos referentes.

Pero con esa cifra el resultado también entraría dentro de la calificación de empate técnico. A cinco días del cierre de campaña, la respuesta está en los indecisos que oscilan aún entre un 10 y un 15 por ciento según cada encuesta.

Para la consultora Management & Fit (M&F), quien realiza encuestas en exclusiva para el diario Perfil, la dupla integrada por Néstor Kirchner y Daniel Scioli se impone con 30,2 puntos contra 29,5% que obtienen los opositores Francisco de Narváez y Felipe Solá.

En una tercera posición, pero bastante más lejos, aparece la lista del Acuerdo Cívico y Social (ACyS), que en la Provincia postula a Margarita Stolbizer en el primer lugar y a Ricardo Alfonsín. El AC araña los 15 puntos.

El sondeo realizado por Opinión Autenticada (OA), en tanto, otorga una diferencia de 1,8 punto entre los dos candidatos que polarizan el comicio. Kirchner aventaja a De Narváez con 31,2 por ciento, contra 29,4 por ciento de Unión-PRO.

Pero la diferencia está también dentro del margen de error de toda encuesta, por lo que tampoco se puede dar como ganador a ninguno de los dos binomios. OA da en un tercer puesto, con 19,1%, al Acuerdo Cívico. En la medición de M&F, el ex intendente de Morón Martín Sabbatella alcanza los 2,2 puntos, mientras que en la de OA el dirigente se lleva 4 puntos.

Fuente: Perfil.com

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