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Canje: Ganaron los que apostaron a la falta de palabra del gobierno K

martes, 4 de mayo de 2010

Por Agustín A. Monteverde


Luego de meses de anuncios, trascendidos, idas y vueltas se reabrió el canje. Una reapertura que —según se nos dijo en 2005— no sería ni necesaria ni conveniente pero que ahora aparece como indispensable. Para volver a endeudarnos, a lo que también habíamos jurado no volver.


Para endeudarse a una tasa en “el nivel que la Argentina merece”. Esto es, casi el doble de la que pagan nuestros vecinos y con un plazo menor, lo que nos hace dudar si esas condiciones integrarán lo que la presidente denomina como “real” o “virtual”.

El éxito del canje —o al menos lo que así llama el gobierno— está asegurado.. ¿Cómo no van a aplaudir y entrar de pies y manos quienes van a cobrar 50 por lo que pagaron 15? Lamentablemente, no es el caso de los compradores originarios, jubilados e individuos que realmente habían confiado en nuestra palabra.

La mayor parte de ellos ya se desprendieron de sus bonos y a valores irrisorios, espantados por un país que les ofreció devolverles apenas 1 de cada 4 dólares que le habían prestado. Los beneficiarios de este canje —y que aseguran un piso de 65 % de aceptación— son compradores secundarios absolutamente especulativos, que en lo único que creyeron es en la falta de palabra del gobierno argentino (eso de que “nunca más reabriremos el canje”).

Aquellos jubilados y ahorristas —entre ellos, muchos compatriotas, que fueron y siguen siendo odiosamente discriminados— ya han visto triturar su patrimonio. Ese fue el caso de los azorados bonistas japoneses, que malvendieron sus tenencias de papeles argentinos. Llevará mucho tiempo borrar el recuerdo amargo del default y del destrato y las ruinosas ofertas posteriores.

Nuestro país se ha convertido en un lugar peligroso por muchas más razones que la deuda en cesación. Los holdouts de ayer ya fueron diezmados a manos de especuladores amparados por nuestras hostiles ofertas de canje. Pero sigue más viva que nunca la falsificación estadística que permite trampear el rendimiento de los nuevos títulos que entregamos en 2005.

La corrupta cultura intervencionista, el desprecio por el derecho de propiedad, los sistemas de precios, y el manejo despótico de las reglas de juego no constituyen aspectos precisamente atractivos en esta Argentina K. Mientras estas sean las características estructurales de nuestra economía, sólo atraeremos pocos capitales, caros, cortos y especulativos.





El gobierno ha instalado esta suerte de silogismo: si afectamos las reservas para pagar los vencimientos de este año, hay canje; y si hay canje, no habrá nuevo default. Ergo, hacerse de las reservas es la condición sine qua non para efectuar el canje y no caer en nuevo default. Pero todo eso es falaz.

En primer lugar, a los fondos de inversión y bancos que ganarán una fortuna con el canje poco les importa si pagaremos los vencimientos de este año con reservas o con fondos de la Tesorería. Buena parte de ellos se desprenderán de los bonos y realizarán su ganancia apenas cerrado el canje.

Por otro lado, aún con un canje “exitoso” mantendremos porciones de nuestra deuda en estado irregular. Quedarán las que han optado por la vía judicial. Y las del Club de París, por la negativa a cumplir con lo que Cristina Kirchner firmó hace menos de un año en la reunión del G-20 en Pittsburgh, cuando le amplió de manera expresa los poderes de monitoreo al FMI. Y seguiremos defaulteando la deuda indexada a manos del falseamiento estadístico. No contamos aquí los reclamos multimillonarios ante el CIADI y la UNCITRAL.

Definitivamente, aún nos sobra barro para considerarnos limpios.

Para pagar los vencimientos de este año, el gobierno tampoco depende del modesto ingreso de fondos frescos que acompañará al canje. Puede prescindir de ellos por la sencilla razón de que sus necesidades de financiamiento podrán ser satisfechas con la distribución de utilidades y adelantos transitorios del BCRA y las reservas que éste le entregará para el pago de vencimientos, a lo que deben agregarse las variantes de impuesto inflacionario que percibirá por efecto de la enorme expansión monetaria en marcha.

En cuanto al impuesto inflacionario, corresponde computar la desvalorización que sufrirán nuestras tenencias de dinero al cabo de 2010. También los ingresos en más que el gobierno percibirá gracias a la injusta y distorsiva norma que impide ajustar los balances por inflación, obligando a pagar impuestos por “ganancias” que en realidad son pérdidas.

Tenemos así que el gobierno se ha asegurado financiamiento adicional que cubre ampliamente sus necesidades.

¿Por qué, entonces, tanta insistencia con el canje? —La respuesta está en las declaraciones de los miembros del gobierno. No porque nos digan la verdad —fue el mismísimo Néstor Kirchner quien nos advirtió que no debemos tomar en serio sus palabras— sino porque la esconden: “Contar con las reservas es vital; sin ellas sería imposible realizar el canje”.

La desesperación oficial no es por el canje, es por hacerse de las reservas y asegurarse así la caja hasta el 2011. La caja, o lo que es lo mismo, el poder K.

Fondos Buitres: Que se arreglen los que vengan

martes, 20 de abril de 2010

Por Alcadio Oña


En el Gobierno, la consigna es patear la pelota para adelante. Si Thomas Griesa, el juez de Nueva York, sigue trabando embargos sobre las reservas del Banco Central irán otra vez a la Cámara de Apelaciones de Estados Unidos y si allí el resultado es adverso, escalarán a la Corte.


Dirimir los casos con los fondos buitre o los bonistas que pleitean contra la Argentina llevará bastante tiempo. Y, así, la consigna K deriva en un "que se arreglen los que vengan".

Pero en el mientras tanto el riesgo es que pagos con las reservas del Central puedan quedar atrapados por los fallos de Griesa. Es una eventualidad que los funcionarios temen.

Desde el canje de 2005, los especialistas de las áreas financieras oficiales y los abogados de la Argentina se han entrenado en sortear obstáculos así, aun cuando no siempre la jugada les haya salido bien. Dicho de otra manera: eludirán Nueva York y usarán otros caminos para saldar las deudas.

Uno se empleó estos días: pagar aquí mismo. Pero cuando se trata de mucho dinero y de acreedores internacionales, una vía es liquidar las operaciones a través del Banco de Pagos de Basilea, adonde el Central tiene colocadas las reservas. O por Euroclear, un sistema seguro, a resguardo de trabas, que conecta con los grandes centros financieros de Europa.

De hecho, ya es magro el monto de los activos que se mantienen en la Reserva Federal de Nueva York. Solo hay lo necesario para movimientos diarios imprescindibles, y al final de la jornada la cuenta del BCRA queda casi en cero. Así de grande es el miedo a los embargos.

Algunas veces, el Central ha logrado articular acuerdos con Griesa para preservar estas operaciones. Y hasta con los propios fondos litigantes, que una vez bloqueada la plata de una demanda liberan el resto. Claro que ahora nada asegura que se vayan a mantener esas garantías.

Después del último embargo, sobre 105 millones de dólares, Mercedes Marcó del Pont reflotó la estrategia de comprar euros en el mercado cambiario. Es una forma de saltear transacciones en dólares y, consecuentemente, de no operar con la Fed de Nueva York.

Este método simple ya deja a la vista los trastornos que provocan las sentencias del juez norteamericano. Y la última fue particularmente dura.

Griesa dedicó mucho trabajo e inusuales 70 páginas a fundamentar su fallo. Escribió sobre los cambios sucesivos en las normas y las autoridades del Banco Central, los decretos de necesidad y urgencia, el uso de las reservas como una política deliberada, las maniobras "fraudulentas". Y todo para sostener la teoría del alter ego, o sea que el BCRA es un apéndice del Gobierno y decidir, en consecuencia, que las reservas son embargables.

Obviamente, la apuesta de los fondos buitre y de quienes no lo son es que la Cámara acepte alguno de esos argumentos y considere que se está vulnerando la Ley Federal, que le da un estatus jurídico especial a los activos de los bancos centrales. En el Gobierno siguen confiando en que esto sea, al fin, problema de los que vengan.

Salvo en Nueva York o Alemania, la mayoría de los analistas piensa que nada de todo eso pone en jaque al canje. Pero el apuro por lanzar la operación revela el temor a nuevos cimbronazos, aquí o en el exterior.

Y también la necesidad de salir al mercado de crédito lo más pronto posible. Antes de que cualquier contingencia pueda forzar al Gobierno a pagar tasas de interés mayores a las ya considerables que, en el mejor de los casos, igual deberá afrontar.

El viernes mismo hubo una explicación a la premura oficial. La SEC, el organismo regulador de EE.UU., acusó de fraude al banco Goldman Sachs y los bonos se vinieron abajo.

Existe otra. El Gobierno necesita tomar en el mercado 1.000 millones de dólares, para cubrir los 700 millones que este año le costará el canje. Y la orden de Néstor Kirchner es pagar menos del 10 %: posible, aunque casi duplique a las tasas que consiguen otros países de la región.

Parte de esto es el "volvimos al mundo" que pregonan desde la Casa Rosada.

Devenido en fervoroso militante K, Amado Boudou dice que con el canje "queremos terminar con la vergüenza del 2001". Si efectivamente aquello fue una vergüenza, está claro también que el Gobierno convivió siete años con esa vergüenza. Boudou no anda con vueltas: siempre va derechito hacia lo que le piden.

Arranca una semana decisiva para el canje de deuda

lunes, 12 de abril de 2010

Arranca una semana decisiva para el canje de deuda. El Ministerio de Economía espera que en las próximas horas llegue el visto bueno de los organismos regulatorios para dar a conocer la oferta, lo que sucedería este jueves. Si todo sale de acuerdo con lo planificado, la operación arrancaría a más tardar el próximo lunes.


La luz verde final aún debe provenir tanto de la SEC norteamericana (tras las últimas actualizaciones efectuadas por el Gobierno tras el embargo de reservas definido por el juez Thomas Griesa), pero también de la CONSOB italiana y de Luxemburgo, mientras que estaría definido ya el proceso para presentar la oferta en Japón.

Tanto el ministro Amado Boudou como el secretario de Finanzas, Hernán Lorenzino, avanzaron sobre el fin de semana en lo que será la propuesta final en Nueva York, donde volaron tras acompañar a la presidente Cristina de Kirchner en su gira por Washington. Hubo reuniones con ejecutivos de Barclays, el banco que lidera la transacción.

La propuesta será distinta para mayoristas y minoristas. Estos últimos tendrán un tope de unos u$s 60.000 para suscribir bonos a la PAR (sin quitas de capital) y también recibirán un bono más corto (tres años) por los intereses vencidos entre 2005 y 2009. Además, tendrán un mes para ingresar en la operación, a diferencia de los grandes inversores que sólo contarán con dos semanas. La intención es que todo quede totalmente definido en un mes, luego de estos cierres desdoblados de la propuesta.

En el Palacio de Hacienda festejaban, además, las noticias del salvataje definido ayer por la Unión Europea para Grecia por u$s 30.000 millones más otros u$s 10.000 millones que estaría dispuesto a habilitar el FMI. Un posible default de Grecia era lo que más preocupaba a Economía para lanzar la transacción, ya que hubiera significado un duro golpe para los bonos emergentes y, obviamente, para el riesgo-país de la Argentina.

Todavía restan definir algunos detalles de la operación, que son los que se encararán en estas próximas 72 horas. Pero la decisión no pasará por Boudou sino que será el propio Néstor Kirchner el que determinará cuál debe ser el valor final de la propuesta.

Algo que ya estaría definido es que no se pagarán los cupones PBI acumulados en los últimos tres años como figuraba en la propuesta original presentada por los bancos. Sí, en cambio, se entregarán estas unidades ligadas al Producto para los pagos que se realicen en el futuro (el próximo será en 2011).

Pero uno de los aspectos más delicados, y que le bajaría significativamente el precio a la oferta, es si se pagarán los intereses vencidos entre 2005 y 2009.

Aunque todo indica que se entregará un bono en compensación, se trata de una cuestión que no estaba totalmente cerrada. Si los bonos siguen subiendo en los próximos días, elevando así el valor de mercado de la propuesta, no se descarta que ese incentivo también desaparezca.

En cuanto a la emisión del Global 2017 para conseguir dinero en efectivo, el cupón de este nuevo título se fijaría en el 8,75% anual, tal como informó este diario la semana pasada.

La idea del Gobierno es conseguir u$s 1.000 millones frescos a una tasa de un dígito. Y no estaría tan lejos del objetivo si los mercados continúan con su sendero alcista, en especial tras el rescate griego.

Fuente: Ambito Financiero