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El grado de sectarismo puesto en evidencia por el matrimonio gobernante en el Bicentenario

miércoles, 26 de mayo de 2010

El análisis político y económico de los doctores Vicente Massot y Agustín Monteverde

Cualquiera mínimamente interesado en los avatares de la política criolla podía anticipar con certeza que los festejos del Bicentenario se llevarían a cabo siguiendo el compás de las riñas, al parecer interminables, del oficialismo y de la oposición. Pero difícilmente era de prever el grado de sectarismo puesto en evidencia por el matrimonio gobernante.

Es cierto que Mauricio Macri, con unas declaraciones del todo desafortunadas, le dio a la presidente la excusa que necesitaba para no hacerse presente el lunes 24 en la reinauguración del Teatro Colón. No lo es menos, sin embrago, que Cristina Fernández había faltado antes, sin aviso, al desfile conmemorativo de la Revolución de Mayo —algo inédito entre nosotros— y prefirió ir después a Luján antes que escuchar el sermón del cardenal Bergoglio en la Catedral de Buenos Aires.

Asimismo, no invitó a ninguno de sus predecesores a la comida del martes 25.

Si se analizan los pasos dados por la presidente entre su ausencia en el mencionado desfile y el cierre de los actos de homenaje en torno al Bicentenario, el pasado día martes, quedan al descubierto dos cosas: por un lado, a los topes que ha llegado la discordia entre el kirchnerismo y todo el espectro político que le es ajeno y que el gobierno reputa como enemigo.

Nada importó el protocolo ni el espíritu de conciliación que era de esperar en una conmemoración como esta. Tampoco pareció interesarles a Néstor Kirchner y a Cristina Fernández el efecto que su descomedimiento pudiera causar en la ciudadanía.

Por el otro, que los encontronazos no harán más que escalar en el tiempo. Si durante las fiestas del Bicentenario el oficialismo hizo gala de semejante soberbia y mal gusto, qué no podría hacer de aquí en adelante.

Nótese que, mas allá de quién tiró la primera piedra en cuanto hace al acto en el Teatro Colón, el Poder Ejecutivo ya había hecho saber que entre los 200 comensales del martes a la noche no figuraban Carlos Menem, Fernando de la Rúa ni Eduardo Duhalde. Que a Julio Cobos no pensaban invitarlo era un secreto a voces, pero qué podía costarle al kirchnerismo dar una muestra de amplitud el 25 de mayo e invitar a los ex–presidentes argentinos a una comida que no era partidaria, sino de todos.

Se podrá especular si hubo algún temor, de parte de Cristina Fernández, que en definitiva la convenció que resultaba mejor no ir al Colón el lunes por la noche. Haberle pedido a Macri algo más que seiscientas invitaciones hizo pensar a muchos que el kirchnerismo imaginó la posibilidad de una silbatina generalizada en contra de la presidente y por eso tomó la decisión de faltar.

Claro que aún si esto hubiera sido cierto y, además, se hubiese sentido ofendida la señora por las palabras de Mauricio Macri, nada justificaba el desplante que le hizo a miles de argentinos en el desfile y la grosería protocolar enderezada a expensas de sus predecesores.

Como quiera que sea, el Bicentenario —si se lo compara con los festejos de cien años atrás— pasó sin pena ni gloria y dejó en evidencia, por si faltasen pruebas, que mientras los Kirchner retengan el poder, los niveles de crispación a los que deberemos acostumbrarnos no están escritos en ningún lado.

Es que, en el fondo, al matrimonio gobernante, hacer tabla rasa con la concordia y borrar de un plumazo las más elementales reglas de la convivencia política les tiene sin cuidado. Así han gerenciado los asuntos públicos por espacio de siete años y tan mal no les ha ido. ¿Porqué cambiar a esta altura del partido?

Tanto el santacruceño como su mujer suponen —quizá con buenas razones— que al grueso de la población que a ellos les interesa electoralmente, los hechos que hemos mencionados antes no le quitan el sueño en lo más mínimo o, lisa y llanamente, no los conocen. Su apuesta está clara y radica en aprovechar el crecimiento de la economía y, a caballo del mismo, poner en practica, de ahora y hasta las elecciones de octubre, un gigantesco plan distribucionista. Esto de un lado.

Del otro, no es novedad que las chances de Néstor Kirchner —si es que las tiene— descansan en el PJ. Si pudiese alzarse con la candidatura del partido cuando se substancien las internas en agosto del 2011, habrá logrado vencer el primer obstáculo significativo en la carrera por la Presidencia.

El principal de los encuestadores de la Quinta de Olivos, Artemio López, le da aire, mientras tanto, al globo de ensayo echado a volar con tanto éxito hace algunas semanas respecto de las posibilidades que el santacruceño tiene de ganar en octubre del año próximo por más del 40 %, sin necesidad de una segunda vuelta para retornar triunfante a la Casa Rosada.

El sábado pasado escribió en Perfil uno de esos artículos de acción psicológica a los que nos tiene acostumbrados cuando se trata de posicionar a su jefe. Al leerlo uno no sale de su asombro. Resulta que, de acuerdo a las mediciones que maneja, a Kirchner en este momento sólo le hacen falta 4 puntos para salirse con la suya.

La mención de un sociólogo especializado en fraguar relevamientos ad usum delphini (para el uso del Delfín) viene a cuento por lo siguiente: es verdad que en las parrafadas de Artemio López y en los trascendidos del oficialismo sólo hay expresiones de deseo, pero también lo es que, a poco de haber puesto en la agenda política el tema del triunfo en primera vuelta, el éxito que ha conseguido el oficialismo es notable. Porque no hay comentarista, analista o político que no lo mencione y no reflexione sobre el particular preguntándose si es menester darle crédito.

En este orden de cosas, el kirchnerismo y Artemio López han hecho los deberes a conciencia y han cosechado rápidamente lo que pretendían: instalar en la sociedad, dieciocho meses antes de las elecciones presidenciales, una cuestión que no resiste el menor análisis.

Aunque no sea cierto lo que dicen, han conseguido que parezca verosímil y en esto ha consistido su logro. Si se les pidiese que mostrasen números ciertos y serios sobre la intención del voto a nivel nacional, no podrían hacerlo o presentarían planillas fraguadas. Pero eso no es lo importante porque nadie exige tal cosa.

Lo importante es que todo el mundo politizado hable acerca del eventual triunfo en primera vuelta del santacruceño. Por ahora con eso basta. Hasta la semana próxima.

Mientras para la gente común había una sola fiesta, para los K era necesario que hubiesen dos

Por Eduardo Amadeo

Había que recorrer la avenida 9 de Julio durante estos días, para percibir en toda su insensatez algunos de los desvaríos de la política.


Cientos de miles de personas contentas, sin diferenciarse en absolutamente nada (de hecho, casi no hubo carteles partidarios); festejando, cantando, emocionándose con una fiesta popular. Sin ni un solo incidente.Y mas allá del escenario central, fiestas populares en escuelas, iglesias, clubes, en las que se veía que este no era el acto habitual del 25 de Mayo, sino que padres, vecinos ,feligreses, habían puesto un empeño especial para que las cosas se viesen mejor que en la rutina de los festejos corrientes.

En un país castigado por el auto flagelo, la melancolía, la protesta y los sentimientos de frustración, ver esta idea de “argentinidad” expresada en todos los sectores sociales, es un acontecimiento que merece ser destacado y aprovechado como una lección acerca de las maneras como pueden generarse energías positivas.

Pero, obviamente, no todo podía ser perfecto. Porque en medio del festejo, asomaron los pensamientos pequeños, difíciles de comprender desde una lógica constructiva.

Mientras para la gente común, la de la calle, había una sola fiesta, para los K, era necesario que hubiesen dos.

Dos Tedeums; dos inauguraciones del Colón; dos Cenas de Gala; dos Desfiles Militares; dos inauguraciones del Correo; dos actos de cierre.

En el caso de los Tedeums y el Colón, es evidente el gesto de separación. En los demás eventos, la exclusión de los diferentes convirtió de hecho- en la cabeza de los K- a esos eventos en dos eventos. Uno el de los “otros”, donde estaban los diferentes; aquellos que deben ser derrotados y a los que no queremos siquiera ver cerca . El otro, el “nuestro”, en el que nos juntamos “nosotros” y nos quedamos con toda la fiesta, sin personas molestas (y, si no nos gusta, no vamos)

Los porqués, podrán discutirse en los bares, el Salón de Pasos Perdidos y alguna mesa sicoanalítica.

Ensayos de respuestas:1) Colon: a) para diferenciarnos de la derecha y lograr votos de izquierda; b) para demostrar que somos realmente progresistas y no vamos al lugar de la oligarquia (aunque vaya Mugica que parece cada vez menos progresista que nosotros) c) porque tenemos miedo al chiflido.

2) Desfile : a) Para que no nos reten Verbitsky y Bonafini; b) porque los militares no se lo merecen aún; c) porque necesitamos votos de izquierda d) para que no nos chiflen.

3) Tedeum a) porque lo decidió Verbitsky; b) para darle una lección a Bergoglio; c) porque podemos llevar mas gente a Luján; d) para que no nos chiflen.

4) Los demás actos : a) porque el Estado es nuestro, nosotros pagamos los gastos y por tanto hacemos lo que queremos: b) porque no nos pensamos sacar fotos con esa gente; c) porque no nos merecen; d) para que no nos chiflen.

Cada uno podrá tomar estas razones como quiera. Creo que detrás de todas ellas- bromas aparte- reside la consolidación del autoritarismo sin límites, que cree que puede manejar al Estado y aún a la Historia como un feudo personal .

Esta duplicación del país que van tratando de consolidar los K, demuestra que la Presidenta y su marido no se merecen a los cientos de miles de ciudadanos de a pié , simples y cotidianos que festejaron, se abrazaron con un vecino desconocido y agitaron simples banderitas.

La costumbre de los Kirchner de mirar la política y la historia sólo por el ojo de una cerradura

domingo, 23 de mayo de 2010

Por Eduardo van der Kooy

El Bicentenario de la Argentina sucede ahora, con Cristina y Néstor Kirchner en el Gobierno. El matrimonio se ha empeñado este tiempo en convertirse en propietario de un par de ideas: aquella que intentaría erigirlos en refundadores de una nación arruinada luego de la crisis del 2001; otra que apuntaría a demostrar que esa nación acaba de encontrar el camino, sin retorno, de un destino venturoso.


¿Es realmente así y una inmensa porción de los argentinos no se ha dado cuenta todavía? ¿O aquella prédica, pincelada con ideología, es sólo un instrumento discursivo de la política de los Kirchner? No existen evidencias de que la sociedad, en ese aspecto, haya extraviado tanto su norte. El paso de la Presidenta por Madrid la semana pasada acentuó, en cambio, la impresión del uso instrumental que suele hacer de aquellas ideas.

El Gobierno entró en fricción con medio mundo -literal- por trabas inorgánicas a las importaciones que dispuso Guillermo Moreno. Que dispusieron, en verdad, los Kirchner. Cristina negó tales restricciones cuando asomó solitaria en el escenario español rodeada por líderes de la Unión Europea, América latina y el Caribe. Simultáneamente ocurrieron varias cosas.

Por un pleito más viejo, China resolvió cortar las importaciones de aceite de soja que significan para la Argentina cerca de US$ 500 millones. Brasil ejerció una presión intensa que obligó al Gobierno a desbloquear muchos de sus productos.

José Mujica realizó en Uruguay dos reuniones de gabinete por el conflicto. El gobierno de Felipe Calderón envió una nota al embajador en Buenos Aires por la queja de los empresarios mexicanos. Muchos se preguntaron por qué, inopinadamente, Sebastián Piñera desarchivó en Madrid el único problema pendiente entre la Argentina y Chile en la cordillera: también el nuevo mandatario chileno se vio forzado a contener las quejas de empresarios de su país. ¿Moreno continúa impidiendo entrada de productos?

Sucede algo más dañino. Muchas empresas argentinas han decidido cancelar cualquier pedido de importación por temor a las maniobras clandestinas de Moreno. Cristina no mintió cuando aseguró en Madrid que no había vigente ninguna norma que restrinja importaciones. Simplemente abundó en hipocresía. Mujica escuchó estas palabras de su ministro de Industria: "Hace más de diez días que nadie pide nada desde la Argentina".

El manejo de los Kirchner explicaría por qué durante décadas -incluido el ciclo matrimonial- la Argentina hizo esfuerzos por sembrar la desconfianza en el mundo y ganarse el lugar que tiene ahora. Acumula recelos en la región. La Presidenta se encargó con vanidades académicas de distanciarse un poco más de España y de la Unión Europea.

Dio varias clases magistrales de heterodoxia económica y de disciplina política como si fuera mandataria de alguna nación nórdica o -mirando la revulsión mundial de ahora- de algún planeta extraterrestre. Lo hizo delante de José Luis Rodríguez Zapatero, el hombre que defendió a los Kirchner cuando empezaron a gatear las alfombras jabonosas de la política internacional.

El socialista acaba de hacer un durísimo ajuste ortodoxo que lo ha puesto en un tobogán de popularidad. Lo hizo por exigencias de la UE antes que por convicción. ¿Qué otra cosa podía hacer? ¿Desprender abruptamente a su país de la Eurozona, gracias a cuya pertenencia -en buena medida- España logró dar el salto que dio?

En esos momentos suele aflorar aquel espíritu fundacional que embriaga a los Kirchner. También sobresale la ausencia de lo que significan como concepto el Estado y los procesos históricos. Además, el oportunismo: el mensaje de Cristina enfiló, sin dudas, hacia su clientela política doméstica. No por capricho la Argentina ha ganado fama sobre todo, desde Bernardino Rivadavia hasta hoy, por su imprevisibilidad.

El Gobierno incurre en otras adulteraciones. Florencio Randazzo, como la Presidenta, negó el bloqueo a las importaciones, pero remarcó que siempre va a defenderse el "desarrollo de las empresas nacionales". Hay mucha bruma y labilidad alrededor de esa prédica oficial.

¿Se defenderá a todas las empresas o sólo a aquellas amigas del poder o que han brotado estos años? El interrogante tiene fundamento: los Kirchner evidenciaron una notable debilidad cuando Hugo Chávez en 2008 expropió una empresa de acería perteneciente a Techint. La semana pasada comunicó la expropiación de una siderúrgica del mismo grupo. El matrimonio se contentó con haber conseguido del venezolano una buena indemnización. Antes que el interés nacional parecieron privilegiar la relación con Caracas.

También Cristina, en su derrotero por España, machacó con las virtudes del modelo argentino. ¿Cuál sería ese modelo? En su apogeo tuvo cuatro ejes: la paridad cambiaria, la acumulación de reservas, los superávits fiscal y comercial y el consumo interno. Las reservas declinan porque el Gobierno las requiere para financiarse y abonar compromisos externos. Los superávits gemelos han dejado de serlo y el fiscal se acerca al déficit. El consumo sigue siendo incentivado con el peligro de atizar aún más la escalada inflacionaria.

Los Kirchner enredan el modelo con algunas de las herramientas necesarias para construirlo. Confunden los medios con el objetivo. Se trata de una distorsión que, en realidad, sufrieron otros: Carlos Menem creyó que la convertibilidad era la panacea definitiva para la Argentina y no apenas una efectiva receta para doblegar a la inflación; Fernando de la Rúa supuso lo mismo y se preocupó sólo por la conducta pública, en la que su Gobierno también flaqueó.

Siete años de kirchnerismo con crecimiento económico notable no han servido para producir cambios estructurales en la pirámide social. Aquellas bases del hipotético modelo tampoco alcanzaron para modificar el sistema productivo. La fortaleza argentina -como lo admitió tardíamente Cristina- sigue estando en el agro y dentro del agro en un monocultivo: la soja. Los Kirchner argumentaron, durante el conflicto con el campo, que uno de los propósitos de su política con el sector era lograr la desojización. En ese momento el área sembrada de soja representaba el 50% del total. A un año y medio del pleito aquel área alcanza al 75%.

Sin que puedan tomarse como ejemplo -no podrían serlo con sociedades de fractura- otros países de la región mostraron mayor tendencia al progreso. El poderío industrial le sirvió a Brasil para desarrollar el agro y los biocombustibles que le permiten transferir su tecnología ahora mismo en Africa. La modesta economía de Chile atenuó la tradicional dependencia del cobre estatal diversificando productos exportables.

Dentro del panegírico sobre el modelo argentino que desarrolló en España, Cristina hizo hincapié en el papel del Estado. Es difícil, más allá del dogmatismo liberal, no aceptar la importancia del Estado en la regulación de la economía, sobre todo en situaciones críticas como las actuales. Pero el Estado no es una abstracción. Como bien recordó el historiador Luis Alberto Romero, citando a Emile Durkheim, "el Estado es el lugar donde la sociedad piensa sobre sí misma".

Los Kirchner sólo rearmaron, en parte, el anómico Estado que había descuartizado Menem y lo colocaron al servicio del proyecto político. Un reflejo de esa situación -entre varios- sería el fracaso de las políticas ferroviarias y la forma de reestatización de Aerolíneas Argentinas. Dos referencias del anclaje estatal al proyecto político lo representarían la destrucción del INDEC y los abundantes fondos con los cuales se sustentan a las organizaciones sociales y piqueteras.

¿Ha logrado la política evitar las adulteraciones kirchneristas en otros campos? La decadencia de la política sigue tan vigente como aquellos días aciagos de la gran crisis. El despecho de Cristina por expresiones infortunadamente irónicas de Mauricio Macri y su decisión de no asistir a la gala del Colón tiene que ver con aquella decadencia. Aunque esas expresiones pueden haberse convertido también en un excusa perfecta de los Kirchner para zafar del compromiso.

¿Por que razón? La Casa Rosada había pedido mil entradas para la gala. La mitad de la capacidad del teatro. El Gobierno porteño le cedió 200. El matrimonio temió un clima hostil en un recinto que estará copado mayoritariamente por porteños. Los Kirchner soportan sólo halagos y aplausos.

La degradación no se circunscribe a la reyerta con Macri. Los ex presidentes -con excepción de Kirchner- fueron marginados de la gran cena en el Salón Blanco de la Rosada. Algo similar sucedió con Julio Cobos. El divorcio con el vicepresidente, mirado bajo el cristal del Bicentenario, trasunta una matriz imperfecta de la historia: la incapacidad para los acuerdos, la enorme capacidad para las antinomias, las dificultades para la gobernabilidad.

Los Kirchner han exacerbado esas antinomias. Tal vez, por su costumbre de mirar la política y la historia sólo por el ojo de una cerradura.

Telerman se reunió con Néstor Kirchner para construir un espacio flexible en la Ciudad

sábado, 22 de mayo de 2010

Por Ignacio Fidanza

El ex jefe de Gobierno se reunió con Néstor Kirchner y hablaron de la necesidad de construir un espacio flexible que evite la fragmentación del peronismo porteño. Telerman cuenta con el respaldo del Suterh de Víctor Santamaría y comenzará a recorrer la ciudad. Enfrente, Daniel Filmus concentra al kirchnerismo duro que recibió una sonora negativa de Mercedes Marcó del Pont. Que dice Kirchner en la intimidad.

“Daniel necesito 20 puntos en la Capital, tienen que conseguir los 8 puntos que perdieron en la última elección”, le dijo Néstor Kirchner a Daniel Filmus. El mensaje no fue casual. En las elecciones de junio del 2009, Filmus logró imponer el armado de su lista que llevó al ex comunista Carlos Heller como primer candidato a diputado nacional. Esto provocó en los hechos la fractura del PJ porteño que lidera Juan Manuel Olmos y se sintió en las urnas.

Hoy para que tenga algún viso de realidad su plan d ganar en primera vuelta con 40 puntos, Kirchner sabe que necesita un piso de 20 puntos en la Capital Federal. Para eso se ha dado la titánica tarea de conseguir algún grado de acuerdo entre las distintas tribus del PJ porteño y sus aliados del progresismo que incorporó el ciclo kirchnerista, en lugar de los aliados liberales de los noventa, hoy con Macri.

Por eso la reunión con Telerman, quien por ahora parece decidido a competir en las próximas elecciones de jefe de Gobierno, para las que ya cuenta con un guiño del poderoso gremio de porteros que lidera Víctor Santamaría y que tiene al frente del PJ porteño a su aliado, el ex legislador Juan Manuel Olmos.

En principio esas elecciones podrían concretarse el próximo 5 de junio, fecha fijada para las elecciones de comunas. Para unificarlas con las nacionales de octubre sería necesario una ley especial de la Legislatura porteña aprobada con un mínimo de 40 votos, lo que obligaría a un acuerdo de las distintas fuerzas (el macrismo sólo tiene 26 legisladores).

“La unificación o no de las elecciones dependen en gran medida de Pino Solanas, si se lanza a jefe de Gobierno, Macri va a tratar de unificarlas para no arriesgarse a una derrota de Gabriela Michetti antes de las presidenciales”,

Los "apóstoles" de Mauricio Macri

miércoles, 19 de mayo de 2010

Por Ignacio Fidanza

La cita tuvo asistencia perfecta y se concretó en las oficinas que el macrismo tiene en la avenida Rivadavia, frente al Congreso. El anfitrión fue el jefe de campaña Humberto Schiavoni, que empezó a imprimirle al PRO el ritmo vertiginoso de los peronistas a la hora de hacer política.


Macri comenzó la reunión explicando que el procesamiento en la causa de espionaje, hasta ahora, no estaba impactando en su proyección nacional. Se leyeron los últimos cortes de encuestas que revelan que una larga mayoría opina que Néstor Kirchner está detrás de la causa y desconfía profundamente del juez Oyarbide. Tendencia que según esos trabajos se profundiza en el interior del país.

“Al final esto de Oyarbide vino bien, porque lo posicionó a Macri en el centro de la escena y le dio esa cuota de sangre que el drama político necesita, hace rato que varios estábamos esperando que le pegue a Kirchner como hizo estos días”, se entusiasmó uno de los presentes.

En la larga mesa se acomodaron funcionarios del gabinete porteño como Horacio Rodríguez Larreta, Diego Santilli, Esteban Bullrich, Marcos Peña, Néstor Grindetti, diputados como Federico Pinedo, Christian Gribaudo, Laura Alonso, Gladis González, legisladores porteños y hasta el omnipresente “Tano” Angelici, líder del radicalismo macrista.

Pinedo tuvo a su cargo el “análisis político”. Didáctico afirmó que el escenario para el 2011 aventuraba una elección de tres tercios: el kirchnerista, el radical y la suma del PRO y el peronismo no kirchnerista. La lectura obvia fue que tanto para ellos como para el PJ opositor sería un suicidio ir separados, porque en ese caso, el ballotage se definiría entre el kirchnerismo –Kirchner o Scioli- y el candidato radical.

“El Lole seguramente no juegue, así que la discusión por la candidatura se limita a Duhalde y Macri; hoy Mauricio mide mucho mejor, pero se verá el año que viene quien es el candidato más competitivo”, razonó uno de los presentes, que trasmite la sensación que impera en el macrismo: confían que el final del camino los encontrará juntos al PJ no kirchnerista, incluido Francisco de Narváez. “Con Francisco mejoró un poco la relación, igual el acuerdo con él es una discusión del año que viene”, agregó la fuente consultada.

Pragmático, Schiavoni propuso avanzar sobre el trabajo territorial y se acordó dividir el país entre una lista de “parejas”(ver detalle más abajo) de legisladores que tendrán a su cargo armar las mesas Macri 2011. El lote de "apóstoles macristas", como era previsible, lo integra una abrumadora mayoría de porteños. Experimento político que habrá que ver si termina sumando para Macri o lo enreda en una serie de decisiones desafortunadas, como las que protagonizó su primo Jorge Macri en la fallida elección de concejales de Mendoza.

Como sea, luego del reparto de territorios, Macri pidió explícitamente que ninguno de sus ministros ni los líderes de la Legislatura (Oscar Moscariello y Cristian Ritondo) tuvieran responsabilidades intensas en el armado político “por lo menos por este año”, afirmó.

“No podemos descuidar la retaguardia, hay que mantener activo el gobierno de la Ciudad”, agregó.

El problema de la gobernabilidad

Por primera vez, en la historia del PRO se discutió abiertamente los desafíos que debería enfrentar un eventual gobierno macrista. Pinedo explicó que era muy importante seguir trabajando en el Congreso en los acuerdos con las otras fuerzas, sobre todo con el radicalismo. “Ellos y nosotros vamos a tener el mismo problema, gane quien gane, ninguno va a tener mayoría propia, así que hay que ir trabajando los consensos desde ahora”, apuntó. Los contactos más intensos son con el jefe de los diputados de la UCR, Oscar Aguad; y el senador Ernesto Sanz.

Filoso, uno de los presentes preguntó: “¿Y con Moyano y la CGT que vamos a hacer?”. Macri dejó que el suspenso creciera y reveló: “yo me junte con algunos de ellos, pero como los empresarios,por ahora no van a aparecer al lado nuestro para no tener conflictos con Kirchner”. Quedo claro que esas relaciones, el jefe de Gobierno se las guarda para sí.

Ese tramo de la charla también sirvió para integrar a Miguel “Mike” Braun, el ex Cippec que está a cargo de los equipos técnicos. Y también por primera vez en este tipo de reuniones circularon "papers" sobre distintos análisis por área de los principales desafíos que deberá enfrentar un eventual gobierno macrista. En línea con la moda actual se decidió que todas las propuestas estén teñidas de una “mirada federal”, lugar común de todos los candidatos, que suelen olvidar cuando llegan a la Casa Rosada.

Como sea, se acordó que se aprovechará el trabajo de Braun como insumo para armar seminarios y mesas en las provincias con temáticas locales como infraestructura, economías regionales, etc.

Luego de la charla, fieles al estilo "power point" que impera en el macrismo, todos los presentes recibieron sus carpetitas con el logo amarillo del PRO con un resumen de los programas analizados. Pero más allá de la inevitable estética corporativa, lo cierto es que varios de los presentes reconocieron que “por primera vez se empezó a hablar de política en serio”.

Sobre el final, luego de acordar la agenda de Macri para lo que resta del año, que prevé salidas al interior y la provincia todos los fines de semana (menos claro el próximo del Bicentenario), que se iniciará el 29 y 30 de este mes con una gira por Mar del Plata, Tandil y Balcarce.

La reunión concluyó con un repaso de la situación legal del partido. Se supo entonces que la semana que pasó la jueza Servini de Cubría realizó la última audiencia antes de definir la fusión de Recrear y Compromiso para el cambio en el flamante Pro, que podría materializarse en los próximos días.

Esa será la herramienta que Macri aspira a llenar de contenido territorial -o por lo menos intentarlo- de aquí al año que viene, para llegar al momento en el que imagina deberá sentarse en la mesa de los peronistas disidentes, con algún nivel de paridad.

Los "apóstoles" de Mauricio
 
Córdoba: el diputado nacional Christian Gribaudo (de regreso en el macrismo luego de un tiempo de coqueteo con De Narváez) y el legislador santillista Bruno Screnci.


Santa Fe: el diputado nacional Jorge Triaca y el “tano” Angelici.

Entre Ríos: los legisladores porteños Avelino Tamargo y Jorge Garayalde.

Buenos Aires: Jorge Macri (por ahora) y con resistencias.

Mendoza y Corrientes: la diputada nacional Paula Bertol.

Catamarca, Jujuy, Salta y Tucumán: el ex senador nacional Pablo Walter (socio de Esteban Bullrich en Recrear) y el ex ObSBA Carlos Regazzoni.

Neuquén: la legisladora porteña Karina Spalla, delegada de Néstor Grindetti, que al parecer tiene algunos vínculos con el Movimiento Popular Neuquino.

La Rioja y San Luis: la diputada nacional Silvina Majdalani.

Santa Cruz y Tierra del Fuego: el joven legislador porteño Fernando de Andreis.

Río Negro: la diputada nacional Gladis González.

Chaco y Formosa: otra vez Avelino Tamargo.

La Pampa: de nuevo Gribaudo, pero ahora asistido por la diputada del “tano” Angelici, la ex Poder Ciudadano Laura Alonso.

Cualquiera que compita con Kirchner tiene asegurada la Presidencia de la Nación

martes, 18 de mayo de 2010

Encuesta contratada por el oficialismo y confeccionada por la consultora Analogías -titulada “Clima Social y Político en la República Argentina”- sobre 1.200 muestras tomadas a mediados de abril a nivel nacional.


-Néstor Kirchner cada vez más complicado en las encuestas propias. Las encuestas que contrata el mismo oficialismo K revelan que Kirchner es el que mayor imagen negativa tiene (62,1%) lo escoltan Aníbal Fernández (59%), Jorge Capitanich (58,4%) y Cristina Kirchner con el 58% .

-Néstor Kirchner pierde con todos en el ballotage. Contra Cobos (58,9% a 29,9% del ex presidente), contra Macri (52,2% a el 32%); contra Carlos Reutemann (52,3% a 32,3%) e incluso quedaría rezagado frente a Ricardo Alfonsín (51,1% a 33,7% del santacruceño).

-El Peronismo Federal se organiza. Con este panorama, los dirigentes del peronismo no kirchnerista coordinan entre sí. Reutemann, Solá, De Narváez, Macri, Busti y Duhalde se reúnen con la responsabilidad de no competir entre ellos hasta asegurarse que le puedan ganar a Kirchner.

-La "deserción" de Carlos Reutemann. El "Lole" es un político que no busca el poder, sino que el poder lo busca a él. Hoy ha decidido trabajar con el Peronismo Federal que quiere suplantar al kirchnerismo, siempre y cuando -dice- no le marquen los tiempos ni lo subordinen a las apetencias personales, en especial a las de Duhalde.

-¿Por dentro o por fuera del PJ? En el seno del Peronismo Federal hay dos líneas claras: Ramón Puerta impulsa una confederación de partidos por fuera del PJ kirchnerista, que debería decidir una fórmula democráticamente. "Lole", en cambio, afirma que "hay que ganarle a Kirchner en el Justicialismo", aunque poniendo condiciones de transparencia en la lucha electoral.

-Eduardo Duhalde prepara su contienda con los K. El plan de Duhalde para vencer a Kirchner es dar pelea en las primarias si hay reglas claras y si se permite que cada candidato vaya con su alianza a la interna del PJ, sino irá por fuera. Está seguro que él será quien dispute la candidatura con "El pingüino". "Salvo que abandone cuando vea que no le da; y si pone a otro, pierde igual", dice. "Sabe que no puede superar el 25/27 por ciento de los votos. Su vínculo con la sociedad está roto", explica Duhalde.

-Néstor Kirchner jefe de la oposición. El ex presidente habría hecho sus números y llegado a la conclusión de que su máxima posibilidad es salir segundo y entrar así al ballotage, superando a la fórmula que presente el Peronismo Federal y compitiendo en segunda vuelta con la UCR. Con la segunda vuelta, no hay encuestador que discrepe: cualquiera que compita con Kirchner tiene asegurada la Presidencia de la Nación.
De la redacción de La Opinión Popular

La pulseada recién empieza

Por Alfredo Leuco


Argentina está firme en medio de la marejada. Este es el principal activo electoral del Gobierno que, a la vez, insiste en fabricar conflictos y enemigos que todo el tiempo ponen a prueba la solidez de la economía. La explosión del consumo, el crecimiento sostenido y la fuerte apuesta al mercado interno fueron méritos fundacionales de Eduardo Duhalde y Roberto Lavagna que Néstor Kirchner supo fortalecer en el tiempo.


Cristina Fernández está saliendo lentamente y con algunos tropezones del pozo de imagen negativa en el que estaba. Ya no es imposible (aunque sigue siendo muy difícil) que los K se acerquen en 2011 al número mágico del 40% que evitaría la segunda vuelta ante una probable fragmentación opositora en la que nadie superaría el 30% de los votos. La mesa de arena que funciona en Olivos dispara iniciativas todos los días a una velocidad infrecuente. Algunas van al arco. Otras, a la tribuna.

Para seguir creciendo en su intención de voto, Néstor Kirchner necesita que los jefes provinciales tengan los pies dentro del plato, que baje la bronca sobre todo en las clases medias rurales y que no adelanten las elecciones como amenazaron muchos y concretaron pocos.

La intolerancia que el matrimonio presidencial intenta pero no puede extirpar de sus discursos, la pretenden disfrazar de coraje, pero la prepotencia está en el ADN de su proyecto vitalicio de poder. Ya no hablamos de los ataques a la oposición y al periodismo. O a la intención de construir un monopolio mediático pingüino.

Esa agria medicina también la recibieron aliados estratégicos de la región como Brasil y Uruguay y los principales compradores de nuestros alimentos, como China y la Unión Europea. Y encima, todo al estilo Guillermo Moreno. Con el hecho consumado y sin papeles escritos que reglamenten nada.

Son crímenes de lesa vecindad que tienen a Moreno como autor material y a Néstor Kirchner como autor intelectual. Si los europeos tenían serios problemas para comprender la génesis del pensamiento de Juan Domingo Perón, ahora están ante un laberinto intelectual para interpretar al kirchnerismo que es la enfermedad infantil del peronismo, con perdón de Lenin.

La oposición no acierta a diagnosticar la etapa que estamos transitando y el tipo de liderazgo tóxico de los Kirchner. Se les hace muy cuesta arriba encontrar un proyecto estratégico superador que entusiasme a una amplia franja de la sociedad y que sea encarnado por alguien seductor, popular, respetado y representativo. Por ahora, el rompecabezas se va reacomodando en cómodas cuotas.

En el peronismo hay una mesa cada vez más concurrida en la que participan casi todos los que quieren evitar que los Kirchner se queden a vivir en el poder con el PJ como herramienta.

Los Duhalde tratan de quebrar el miedo que muchos intendentes y gobernadores le tienen a Néstor. Por eso recuerdan en las tribunas haberlo visto a Kirchner “orinarse en los pantalones”, mientras Chiche vaticina un futuro carcelario para los K que, asegura, pilotean “el gobierno más corrupto desde 1983”. Ponen como ejemplo las megacoimas travestidas de legales en la relación con Venezuela, supervisada por Julio De Vido y Claudio Uberti.

Autoexcluido Carlos Reutemann, imposibilitado legalmente Francisco De Narváez, sin despegar en las encuestas Felipe Solá y con mucho camino por recorrer de parte de Mario Das Neves y Alberto Rodríguez Saá, las chances de Duhalde crecen. Está organizando para fin de año la exhibición de lo que sería su futuro gabinete.

En Economía le sobran nombres: Javier González Fraga, Jorge Sarghini, Alberto Abad o Jorge Todesca. En Trabajo: Graciela Camaño. En Interior: Alberto Iribarne. En Cancillería: Rodolfo Gil, renunciante a la embajada argentina ante la OEA. La alta imagen positiva de Roberto Lavagna lo ha convertido en una suerte de comodín que vale tanto para la Jefatura de Gobierno porteña (él lo rechaza), la Jefatura de Gabinete o la vicepresidencia. Falta mucho. Ni siquiera se sabe si este dispositivo funcionará para la interna o para ir directamente por afuera del PJ.

Una de las encuestadoras de mayor prestigio guarda datos que vale la pena analizar. Néstor (57), Cristina (53) y Duhalde (40) siguen siendo los argentinos con mayor imagen negativa, pero en los tres casos vienen creciendo sin prisa pero sin pausa la valoración positiva y también los que ubican su opinión en la columna de “regular” con lo cual no cierran ninguna puerta.

Kirchnerismo, peronismo y oposición no peronista aparecen cada uno con un tercio probable en la intención de voto. La foto es coyuntural, pero que ayuda al análisis. Nadie por sí solo puede ganar en primera vuelta. Nadie hegemoniza el escenario. La pulseada recién empieza.

La apuesta del Gobierno parece ser que el consumo tapa la inflación

lunes, 17 de mayo de 2010

Por Manuel Mora y Araujo *

Esta es una descripción de lo que hoy registran las encuestas, pero no es un pronóstico. Lo que suceda dependerá de otros factores.

En primer lugar, la situación de la economía. La percepción generalizada en la población es que está mejorando y seguirá mejorando. Parece que también el Gobierno percibe eso. El kirchnerismo ya experimentó la agradable sensación del “viento a favor” años atrás y cree saber cómo manejar el timón para volver a aprovecharlo.

La inflación fue el principal factor que desencadenó la declinación de la popularidad de Kirchner a mediados de 2007, cuando aún el viento soplaba a favor. Tal vez el Gobierno tiene otra versión y atribuye su declive a la sucesión de distintos incidentes y procesos desafortunados que le tocó vivir, en gran parte provocados por propia decisión.

La apuesta del Gobierno parece ser que el consumo tapa la inflación; ahora, cuánto consumo y cuánta inflación son compatibles con ese equilibrio está todavía por verse. La apuesta es riesgosa.

Las oposiciones todavía no han inventado una estrategia para tomar la iniciativa. Hoy es el Gobierno el que marca la cancha. Para los ciudadanos, el discurso prevaleciente es una sucesión de más ruidos que señales claras; para peor, lo que se entiende –cuando algo se entiende– no es muy creíble.

Los dirigentes opositores transmiten a diario que todo está muy mal; la mayoría de la gente no cree que todo está tan mal. Hablan del aislamiento creciente de la Argentina en el mundo; la gente registra que los presidentes del continente unánimemente designaron a Néstor Kirchner al frente de la Unasur.

El problema de las oposiciones es que no se diferencian. Los medios –a los que muchos ciudadanos han pasado a ver como actores de la oposición, tal como lo instala el Gobierno– muestran todo lo que sucede de un color monótonamente sombrío; la mayoría de la gente ve más matices.

Eso explica que un gobierno que tiene a dos tercios de la población en contra, o indiferente a su suerte, todavía pueda aspirar a ganar una elección presidencial. Los votantes no terminan de vislumbrar qué destino podría estar ligado al triunfo de algún candidato opositor. Si la economía está dejando a los argentinos dormir tranquilos, no tiene mucho sentido procurar convencerlos cada día de que están peor de lo que quieren creer. Tendría más sentido transmitirles qué pueden esperar de mejor si eligen una opción política distinta.


El mensaje de que cualquier cosa que venga será mejor que este gobierno es precisamente el mensaje que fortalece al Gobierno, porque para una gran parte de esos dos tercios de votantes potencialmente hostiles al oficialismo es un mensaje no atractivo, insustancial; es un no-mensaje.
 
*Rector de la Universidad Torcuato Di Tella

La fuga de la centroizquierda, un doble desafío para Néstor Kirchner

domingo, 16 de mayo de 2010

Por Eduardo van der Kooy

Sólo una de tres novedades perturbó la semana política de Néstor Kirchner. El ex presidente se jactó con la primera novedad: siempre pensó que Carlos Reutemann nunca sería candidato. El senador, en efecto, no lo será. Al procesamiento de Mauricio Macri lo descontaba, como la mayoría de los ciudadanos con una pizca de información y perspicacia. En cambio corcoveó, aunque buscó disimularlo, cuando supo que Pino Solanas será candidato a presidente en el 2011 para intentar aglutinar el arco de centroizquierda.


Al cineasta y diputado lo habrían empujado a tomar aquella determinación tres básicas razones. Sus buenos índices de aceptación, en especial, en los centros urbanos. Una encuesta de la consultora Andrés Mautone, en Rosario, lo ubica segundo en intención de voto, sólo debajo de Hermes Binner. Aunque como todos, con porcentajes todavía muy módicos. Solanas cree, además, que la ausencia de una candidatura del sector viene favoreciendo desde hace años el proyecto de los Kirchner.

Por otra parte, cualquier posibilidad de convergencia con el oficialismo quedó dinamitada luego del escándalo del espía detenido en el Ministerio de Economía, que el Gobierno le endilgó al diputado Claudio Lozano y a él mismo.

La fuga de la centroizquierda -o de la mayor parte de esa franja- pondría a los Kirchner frente a un doble desafío. Una parte de ese sector ya tomó distancia en Diputados. A medida que pase el tiempo y se afirme la postulación de Solanas, aquel sector con seguridad crecerá. La Cámara será todavía más hostil de lo que es ahora para Cristina.

El otro inconveniente se vincula con la construcción política y electoral que imagina Kirchner para reflotar su candidatura. Cuenta con un núcleo duro kirchnerista, con el esqueleto tradicional del PJ, que en ciertas coyunturas vacila, y con las organizaciones sociales. Ese tramado podría arrimarlo al 30% de los votos. ¿De dónde sacaría el resto para escalar hasta el 40% y especular con la diferencia de 10 puntos sobre la oposición, que le permita evitar el balotage fatal?

Tampoco habría que quitarle la mirada al viejo peronismo, porque en esa geografía nunca se dice la última palabra. Un poderoso intendente del conurbano se confesó sin pudor delante de un peronista -que no es Eduardo Duhalde- tentado de presentarse en la interna partidaria: "Estoy dispuesto a apoyarte. Muchos compañeros pensamos así. Incluso lo hablamos con De Narváez (Francisco). Nosotros pondríamos gente en todas las listas. No vamos a hipotecarnos con Kirchner", relató.

Los Kirchner tienen la garantía de la caja para evitar que el conurbano se deshoje. Esa misma caja les sirve para mantener engrillados a los gobernadores. Pero hay maniobras con esa caja, forzadas por la oposición, a las cuales se les descubre un doble filo. ¿Cómo sería eso?

La Presidenta anunció un programa para aliviar las deudas de las provincias. Las liberó de pagos hasta el 2011. La medida, urdida de urgencia en cuatro días, obedeció al proyecto en ciernes en Diputados -que se iba a añadir a la Ley Verna del Senado para el uso de reservas- que exigiría al Gobierno el pago de deudas que tiene la Nación.

Los Kirchner se sintieron satisfechos por partida doble. Desarticularon, por ahora, una jugada que podía colocar a la Presidenta en los umbrales de su primer veto. Un veto enrevesado, porque podía tumbar a la vez la autorización por ley para el uso de los dineros del Banco Central. También creyeron, del mismo modo, asegurarse la fidelidad de los gobernadores para progresar con el regreso de Kirchner en el 2011.

Esa realidad podría observarse bajo otro cristal. ¿No habrán debilitado a futuro la dependencia de los mandatarios con el Gobierno? "Nos sacaron un peso de encima. Quedamos con las manos libres", dijo uno de ellos, con alivio evidente.

En el PJ disidente el apartamiento de Reutemann tampoco fue una novedad. Aunque se instaló la duda acerca del papel que desempeñará el senador. Ya había anticipado que en el 2011 tampoco bregará por un tercer turno en la gobernación de Santa Fe. La disidencia del PJ carece en ese distrito de un dirigente con el predicamento de Reutemann. Su supuesta prescindencia política podría convertirse en un trastorno.

En el espacio disidente está firme Duhalde. Ha comenzado a terciar también, al margen del Congreso, Felipe Solá. Alberto Rodríguez Saá tampoco arría sus banderas. Pero todos parecieran disputarse ahora la misma tajada. Veamos un ejemplo. El ex gobernador Jorge Busti andaba muy cerca de Solá a la espera de alguna seña de Reutemann. La seña llegó, aunque en una dirección distinta a la deseada, y Busti asomó acompañando a Duhalde en sus giras por el interior.

El PJ disidente aguarda las deserciones que puedan producirse en el kirchnerismo a medida que se avecine el tiempo electoral. Pero tampoco corren del foco, para dar la batalla final a los Kirchner, las figuras de Mauricio Macri y De Narváez. ¿Una fantasía? No tanto, si se mensura la inquietud que ese tándem suele provocar en el ex presidente. El empeño con que sigue la causa del espía que golpea al jefe porteño y que conduce el juez Norberto Oyarbide, así lo demuestra.

Ese empeño rinde frutos. Oyarbide procesó a Macri pero sobreseyó al ministro de Seguridad Guillermo Montenegro. ¿Una rareza? En efecto, el juez saltó de la indagatoria al sobreseimiento directo. El procesamiento de Montenegro le hubiera acarreado la pérdida del control de la causa. Oyarbide no quiere resignarla y Kirchner tampoco.

Macri enfrenta ahora una pelea en dos frentes: la política y la Justicia. Nunca un enredo con los jueces es beneficioso en medio de una carrera presidencial. Deberá esperar la apelación ante la Cámara Federal y, como instancia última, la Cámara de Casación. Nadie desconoce el desprejuicio de los Kirchner para presionar a la Justicia, incluso a la Corte Suprema.

El jefe porteño cometió un sinfín de errores e ingenuidades políticas que detonaron el caso. Entre ellas, defender a ultranza a un comisario, el Fino Palacios, a quien supuso llegado de un mundo de ángeles y no de un submundo policial. Pero no parece claro, salvo para Oyarbide, cuántos de aquellos errores son judiciables, al punto de conformar -según el juez- una asociación ilícita.

Dentro de las desgracias, Macri tiene alguna fortuna. Chocó con un juez rocambolesco como Oyarbide. Detrás de él está siempre la sombra de los Kirchner. El matrimonio produce verdaderos milagros: no se recuerda que Macri haya concitado alguna vez tantas solidaridades políticas. Desde una prudente de Elisa Carrió hasta el radicalismo, De Narváez y Solá.

Un problema del PJ disidente es similar al que padece el resto de la oposición: el calendario. La suerte de las presidenciales se jugará en apenas tres meses: las internas abiertas en agosto y las presidenciales en octubre. Hasta entonces, existe un camino largo y escarpado por transitar. Un lanzamiento rápido de candidatos podría conducirlos a un desgaste prematuro. Una demora excesiva dificultaría su instalación y le concedería a los Kirchner margen para hacer y deshacer. Después de algunos zarandeos en el Congreso, el Gobierno pareciera haberse recolocado en el centro de la escena.

Tal vez el radicalismo escape ahora a esa regla. Existen en el partido de Alem dos potenciales candidatos acomodados en la opinión pública, para quienes el tiempo significaría un dilema menor: Julio Cobos y Ricardo Alfonsín. El vicepresidente dijo incluso que no definiría su candidatura hasta mayo del año que viene. Pero los radicales tienen, demasiadas veces, una irrefrenable manía por dispararse a sus pies. Cobos y Alfonsín están tironeando, en bandos enfrentados, en una interna partidaria de Buenos Aires que deberá dirimirse por el voto el mes que viene. Será difícil que no haya vencedores y vencidos.

Elisa Carrió mira al radicalismo. No es lo mismo para ella la consolidación de Cobos que la de Alfonsín. El diputado la escucha y la comprende. Con el vicepresidente no existe relación. Los socialistas tienen un compromiso con Carrió pero también lo tienen con los radicales. Esa entente les resulta vital para conservar el dominio que ahora tienen en Santa Fe. Pero es también como vivir con un pie en cada orilla de un cauce torrentoso. ¿Podría ser Solanas un escape para el dilema socialista?

Hace menos de un año, cuando fueron las legislativas, Cristina y Kirchner se cansaron de ensalzar la excelente elección del diputado en Capital. Como no tuvieron correspondencia política, comenzaron una cruzada horadante contra él, al estilo de la que supieron ensayar antes con Reutemann, De Narváez y Macri.

La ingeniería electoral del kirchnerismo se torna, por lo visto, cada día más compleja e incierta. Pero no se trata sólo de la ingeniería: tampoco la política oficial ayuda. Guillermo Moreno maneja el vínculo comercial con los tres socios principales de la Argentina como si fuera patrón de estancia. Brasil, la Unión Europea y China se quejan.

Las huellas de corrupción se hacen firmes con Venezuela, con el ex secretario Ricardo Jaime y con la mafia de los remedios. El sindicalismo aliado porfía con los piqueteros por el control de la calle, haciendo de la ciudad un infierno. El espionaje está fuera de madre: la última semana un ministerio descubrió que sus mails eran hackeados desde otro ministerio.

Tal vez Kirchner no se haya percatado que la amenaza más grave para su retorno no sería la irrupción de Solanas. Sería el Gobierno que comanda con su esposa.

Un intento de reescribir la historia bastante berreta

jueves, 13 de mayo de 2010

Por Ernesto Tenembaum

La primera vez que el hecho me llamó la atención fue el Día del Periodista del año 2003. El presidente Néstor Kirchner, eufórico, con índices de aprobación estrambóticos, brindaba con un grupo de colegas en la Casa Rosada.

En esos días, acababa de impulsar el juicio político a los miembros más cuestionables de la Corte menemista. Algunas personas, no muchas, que se habían opuesto a Menem –y a su Corte– sostuvieron que no les parecía procedente el método que se utilizaba para despachar a los jueces cuestionados. Entre los disidentes figuraba Julio Strassera, el fiscal que conmovió al país con su alegato en el valiente juicio contra los jefes de la dictadura militar.


Un periodista se lo señaló a Kirchner.

–Fue funcionario de la dictadura –contestó el presidente, en referencia a Strassera.

Eran los tiempos en los que casi nadie se preguntaba nada. Kirchner era, casi, Gardel. ¿Para qué habría de buscar el pelo en la sopa? Pero en esa reacción estaba el germen de muchas otras cosas. Strassera podía estar equivocado, o no. Pero está claro que haber sido fiscal durante la dictadura no lo transformaba en cómplice de nada. Y que su actitud durante el juicio había sido un aporte admirable a la lucha contra la impunidad de los peores crímenes de la dictadura.

Por un momento fugaz, me pareció que los roles se invertían. De un lado, estaba un político que jamás había hecho un aporte a la lucha por los derechos humanos, que se había fotografiado con militares, que había apoyado la reelección del hombre que indultó a los asesinos. Del otro, el fiscal que logró la condena a ellos. Y el primero ¡acusaba al segundo de ser cómplice de la dictadura!

Fue, apenas, un momento fugaz que, visto desde hoy, es muy significativo. Desde entonces, desde lo más alto del poder político, hay una operación intelectual en marcha que es sumamente disparatada: merece destacarse eso porque, de tan insistente y repetitiva, por momentos se pierde noción del disparate que implica.

Hay distintos hitos en todo este proceso. Uno, que pasó bastante desapercibido, ocurrió en marzo del 2005, cuando la Sociedad Interamericana de Prensa presentó el primer informe crítico respecto de Néstor Kirchner, y este gritó que quería saber por qué la SIP había callado durante la dictadura. Fue Horacio Verbitsky quien se encargó de desempolvar todos los documentos de la SIP donde no sólo denunciaba lo que ocurría en la Argentina sino también a los dueños de los grandes medios –La Nación, Clarín, La Razón– que ocultaban los hechos.

Un momento más importante ocurrió el primero de abril del 2008. En plena crisis por la resolución 125, Cristina Fernández de Kirchner, frente a una Plaza de Mayo repleta, acusó al dibujante Hermenegildo Sábat, premiado internacionalmente por su defensa de los derechos humanos, de publicar una caricatura cuasimafiosa como parte de un plan para volver a implantar una dictadura en la Argentina.

Textualmente, dijo Cristina:

“En estos días de marzo, amigos y amigas, hermanos y hermanas, donde he visto nuevamente el rostro de un pasado, que pareciera querer volver. Tal vez, muchos de ustedes son muy jóvenes, por ahí lo veo a Juan Cabandié, hijo de la tragedia de los argentinos, tal vez muchos no lo recuerdan, pero un 24 de febrero de 1976 también hubo un lockout patronal, las mismas organizaciones que hoy se jactan de poder llevar adelante el desabastecimiento del pueblo llamaron también a un lockout patronal allá por febrero del ’76. Un mes después, el golpe más terrible, la tragedia más terrible que hemos tenido los argentinos. Esta vez no han venido acompañados de tanques, esta vez han sido acompañados por algunos ‘generales’ multimediáticos que además de apoyar el lockout al pueblo, han hecho lockout a la información, cambiando, tergiversando, mostrando una sola cara. Son los mismos que hoy pude ver en un diario donde colocan mi caricatura, que no me molesta, a mí me divierten mucho las caricaturas y las propias son las que más me divierten, pero era una caricatura donde tenía una venda cruzada en la boca, en un mensaje cuasimafioso. ¿Qué me quieren decir, qué es lo no puedo hablar, qué es lo que no puedo contarle al pueblo argentino?”.

En estos días, ese mismo mecanismo –ya utilizado contra Strassera, Sábat y la SIP– se ha disparado contra Magdalena Ruiz Guiñazú. El sector más oficialista de las Madres de Plaza de Mayo realizó un acto para declararla cómplice de la dictadura. La propaganda televisiva del oficialismo repitió hasta el cansancio esa miseria. Y Cristina se mostró con Hebe de Bonafini al día siguiente de ese acto.

No la conozco mucho a Ruiz Guiñazú. Apenas trabajé un año con ella, en el 2006. Cuando empezaba ese año, entré a un negocio de artículos de librería en mi barrio. “¿Vos trabajás con Magdalena? –me preguntó la mujer que atendía–. Yo no estoy de acuerdo con muchas de las cosas que dice. Pero nunca voy a dejarla de escuchar. Mi hermano está desaparecido. En 1978, mi mamá le envió una carta a la radio y ella la leyó, sin conocernos. Nunca me lo voy a olvidar.”

Ella ni conoce esta anécdota. Pero muchos militantes de derechos humanos de aquella época recuerdan perfectamente decenas de historias similares. La misma Hebe de Bonafini se lo mencionó al aire en marzo de 1984. Me la puedo imaginar a Ruiz Guiñazú con cinco hijos chiquitos diciendo esas cosas y la comparo con tanto colega que anda dando vuelta por ahí. En fin, algunas cosas que se dicen dan un poquito de vergüenza ajena.

En contra de Magdalena, apareció –notable aparición, vaya a saber cómo apareció– la grabación de una pregunta que le hizo a Videla.

Sólo eso.

Desde que volvió la democracia, fue integrante de la Conadep, cuestionó el punto final y la obediencia debida, pero también el indulto de Carlos Menem, con quien nunca –destaquémoslo– tuvo nada que ver.

Como los periodistas que, a mi entender –no quiero ofender a nadie– valen, criticó a cada uno de los gobiernos por aquello que, a su entender, era criticable. El día que se escriba su historia profesional sólo un canalla podrá decir de ella que se dedicó a hacer propaganda oficialista en algún momento. Los gobiernos son demasiado poderosos para defenderse solitos. Los periodistas tienen –o deberían tener– otro rol.

Pero las cosas son así. Como ahora critica al Gobierno, hay que descubrirle que fue cómplice de la dictadura. No es posible que los buenos de ahora no hayan sido los buenos de entonces.

La propaganda oficial incorpora en estos días una cancioncita donde acusa a múltiples personalidades de oponerse a los juicios contra los militares genocidas. Entre esas personas hay exiliados durante la dictadura, perseguidos de todas las épocas y luchadores inclaudicables.

Uno de ellos es Luis Zamora, quizás uno de los políticos más coherentes y respetables del país. Zamora fue uno de los abogados que firmaba hábeas corpus en el CELS durante la dictadura militar –firmó, entre otros, el de Carlos Kunkel–. Ahora se lo acusa de oponerse a los juicios contra los militares. Una y otra vez. Cada día. Es mentira. Pero en una guerra –¿estamos en una guerra?– la verdad no existe.

No deberían pasar estas cosas. Pasan. Pero no deberían pasar.

Todo es un disparate pequeño, menor, casi insignificante: un intento de reescribir la historia bastante berretón, que describe más a sus autores que a los agredidos. Salvo por el detalle de que se ensucia la memoria histórica para utilizarla como herramienta en pleitos menores.

Habría que cuidarla, ¿no?

Digo: a la memoria histórica, si es que a alguien aún le importa. No usarla, no tergiversarla, no transformarla en propaganda. Porque tarde o temprano, estas cosas se pagan muy caras.

Néstor Kirchner ataca todos los frentes

miércoles, 12 de mayo de 2010

Por Rosendo Fraga

La elección de Kirchner como secretario general de Unasur no modifica su prioridad por la política interna. El miércoles estará en Chacabuco, provincia de Buenos Aires, presidiendo un acto del peronismo local; el jueves hará otro tanto en la capital de Córdoba y el viernes en Santa Cruz, donde estará en el primer acto político público desde que en 2007 la capital provincial fuera escenario de fuertes protestas callejeras contra el oficialismo local y nacional.

Voceros del Gobierno, como el mismo ministro del Interior (Randazzo), han dicho que el ex presidente podría renunciar a su banca, dada la exigencia planteada por los presidentes sudamericanos de que su dedicación sea full time, algo que parece difícil que suceda.

Hasta la oposición -como la diputada Graciela Camaño del PJ disidente- dice que Kirchner presidirá Unasur, cuando en realidad sólo es su secretario general, dado que está presidida en forma rotativa cada seis meses por uno de los doce presidentes que la integran.

La primera función del flamante secretario general sería lograr que cinco países más ratifiquen el Tratado de creación, dado que se requiere la ratificación parlamentaria de nueve y solo lo han hecho cuatro. La paradoja es que la Argentina no lo ha ratificado todavía en Diputados y lograrlo en su propio país sería la primera misión de Kirchner.


El Congreso, y en especial la Cámara de Diputados, es un ámbito complejo para el Ejecutivo. Aun así, la semana pasada no ha sido tan mala para el oficialismo. En el Senado, por 41 a 29 votos, logró la aprobación de la llamada ley Verna, que autoriza el pago de deuda con reservas, registrándose la curiosa abstención de la senadora Hilda Duhalde, cuyo esposo al mismo tiempo dio una de las declaraciones más duras contra Kirchner de los últimos tiempos.

Pero en Diputados, por 144 votos se remitió a Comisión la reforma del impuesto al cheque, que anticipa su sanción definitiva en la Cámara Baja, lo que obligaría a vetar al Ejecutivo, algo que éste quiere evitar.

También rechazó -por 117 a 93 y 12 abstenciones- el Decreto 1953 para el pago de deuda con emisión de bonos. En cuanto a la media sanción del matrimonio gay, los bloques votaron divididos, aunque en el oficialismo hubo leve mayoría a favor y en la oposición sucedió lo contrario.

Kirchner concurrió a votar a favor, buscando así ratificar su alianza con sectores de izquierda. Este proyecto se demorará en el Senado y podría no ser tratado. En la semana que se inicia, la oposición tratará de lograr que se integren efectivamente las comisiones de control bicameral, lo que el oficialismo viene demorando.

Es en la Justicia donde el kirchnerismo está librando su batalla política principal. En mayo se intensifica la presión del oficialismo -tanto privadamente como en la calle- sobre la Suprema Corte, para lograr que ésta declare la vigencia de la ley de medios, suspendida por varios fallos de primera y segunda instancia.

La compra de Telecom y el futuro de Papel Prensa -otras dos cuestiones vitales para Kirchner en esta batalla- también tienen pendientes resoluciones judiciales importantes.

Lo mismo sucede con el ADN de los hijos de la dueña de Clarín, cuyo juez ha cambiado. Mientras tanto, el oficialismo avanza desde el Estado aumentando el monto de la publicidad oficial y dirigiéndola hacia los medios privados propios; desarrollando iniciativas gratuitas como la TV digital y el wifi para todos, que buscan limitar los negocios del sector privado, y financiando a los militantes kirchneristas en la web.

Al mismo tiempo, avanzan en la Justicia causas judiciales que afectan al oficialismo por corrupción. El pago de sobornos en los negocios bilaterales con Venezuela es la que, por ahora, puede tener mayor impacto político, al mismo tiempo que ex kirchneristas santacruceños (Acevedo y Arnold) acusan al ex Presidente y al ministro de Planeamiento e Infraestructura por diversas irregularidades.

Pero es en el empresariado donde el oficialismo ha recuperado más poder. La negativa de importantes entidades empresarias a debatir un documento sobre la pobreza, puso en evidencia, ya hace varias semanas, que el empresariado sigue respondiendo a las presiones del Gobierno.

La reunión de la cúpula de AEA -la entidad empresaria integrada por las 54 empresas mas importantes del país- con el Presidente de la Corte, llevó al oficialismo a lanzar una ofensiva sobre la entidad, por la cual ya han renunciado a ella cuatro empresas y en los próximos días lo harían varias más.

En el empresariado se cree que Kirchner puede ganar en 2011 y esta es la causa de esta actitud de alineamiento político, aunque paralelamente tiene un activo diálogo con Duhalde.

Mientras tanto la Iglesia mantiene una posición crítica, como lo mostró Monseñor Bergoglio al convocar a votar por candidatos que sean transparentes y honestos y el campo retoma las protestas, convocando a manifestaciones para el 25 de mayo en todos los puntos del país en los cuales hubo piquetes dos años atrás.

En lo político, la oposición sigue siendo predominante, aunque la división dentro de ella también lo es. En cuanto al PJ, la declaración del gobernador de Salta (Urtubey) -alineado con el oficialismo- de que puede haber candidatos mejores a los Kirchner, es una manifestación de la dualidad existente en esta fuerza política.

La refinanciación de la deuda de las provincias con el gobierno nacional, anunciada por la Presidente, apunta a mantener el alineamiento de los gobernadores con el gobierno nacional.