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Una derrota del Gobierno que, sin embargo, abre otra oportunidad

jueves, 22 de abril de 2010

Por Eduardo van der Kooy


El Gobierno de Cristina y Néstor Kirchner ha sumado un problema donde ya existía otro. Esa suma no fue, por cierto, voluntaria sino consecuencia de una política errática y muchas veces incomprensible en la relación con Uruguay y el conflicto por la pastera Botnia, emplazada en Fray Bentos.


Sucedió ayer que el fallo de la Corte Internacional de La Haya avaló la continuidad de Botnia, al asegurar que la Argentina no pudo nunca -hasta ahora- probar la contaminación de las aguas del Río Uruguay, que impulsó su denuncia y su concurrencia al Tribunal. La instalación de Botnia -y de la española ENCE, que luego desistió del proyecto- constituyeron el origen del pleito.

El recurso de los Kirchner a la Corte de La Haya reconoció otro motor. La tenaz protesta de los asambleístas de Gualeguaychú que el Gobierno no sólo no se preocupó por aplacar. La acicateó también por razones de política doméstica, en momentos en que el ex presidente Kirchner estaba familiarizado con la popularidad.

Kirchner buscó el atajo de la Corte de La Haya para no arriesgar su tiempo de gracia política y rastrear, en ese largo interregno, alguna solución con los asambleístas que bloquearon el paso fronterizo hacia Uruguay. Todas las negociaciones, en ese sentido, fracasaron.

Lo cierto es que, desde ayer, Cristina deberá aceptar a Botnia no sólo como un hecho consumado -con algunas malas artes- por Uruguay. Deberá cargar sobre sus espaldas también aquel bloqueo fronterizo, cuya finalización los uruguayos colocan como una prioridad para empezar a normalizar el vínculo bilateral. Así lo expresó el canciller, Luis Almagro.

El horizonte no asoma para nada despejado. Los asambleístas, que pidieron la intervención de la Corte de La Haya, se sintieron decepcionados con el fallo. Esa decepción los alentó a radicalizar su protesta, cuya primera expresión sería una marcha sobre el puente internacional, el domingo venidero. Pareciera haber, con evidencia, una enorme labilidad de esos ciudadanos respecto del derecho y de los veredictos. Se acatan sólo si resultan favorables.

El Gobierno de los Kirchner no ha sido tampoco, en ese aspecto, un buen ejemplo. Plantearon con razón -que la Corte ratificó en su fallo- la violación de Uruguay (los ex mandatarios Jorge Batlle y Tabaré Vázquez) del principio de la información y consulta previa del Estatuto del Río Uruguay, que ambas naciones firmaron en 1975. Y machacaron, también, con motivo, sobre la necesidad del respeto a las normas que deben regir la relación bilateral. Sin embargo, esa preocupación por las normas y el derecho internacional no tuvo correlato cuando toleraron los piquetes que impiden todavía y desde el 2006 la libre circulación en la frontera.

El reconocimiento de la Corte a aquella demanda no representa un gesto menor. Apunta al futuro porque el pasado tiene sentencia. Uruguay lleva adelante hace más de 25 años un plan de forestación que enfila a la instalación de nuevas pasteras. Lo dijo el flamante presidente, José Mujica, antes y después de asumir.

Quizás la presencia de Mujica en el Palacio Libertad, constituya el elemento novedoso y promisorio en la escena del conflicto bilateral que tiene consolidados -tras el fallo de la Corte- a Botnia y a los asambleístas. Mujica es la antítesis de Tabaré: franco, sencillo, abierto, sin el complejo político que arrastró el ex presidente frentista de haber sido el primero en la historia uruguaya en quebrar un sistema partidario dominado sólo por los Colorados y los Blancos.

De hecho, Mujica prestó atención preferencial a la Argentina y a Cristina. Se entrevistó con ella dos veces y está en gestión otra cumbre para analizar los pasos a seguir luego del fallo. Tampoco el mandatario uruguayo generó expectativas falsas, como sí lo hizo en su momento Tabaré: nunca cuestionó el valor que la industria de las pasteras tiene para la pequeña economía de Uruguay. Tabaré hizo su voltereta: estuvo en contra mientras fue el líder de la oposición y a favor desde el instante en que los votos lo convirtieron en presidente.

La primera reacción después del fallo de la Corte de La Haya, al menos de los Gobiernos, indicaría que se estaría abriendo una nueva oportunidad para buscarle una salida al pleito. En Uruguay hubo admisión generalizada de que algo no se hizo bien. Cristina, como es su hábito, prefirió referirse sólo a la mitad llena del vaso: habló de la condena de la Corte a la violación del Estatuto del Río Uruguay. Prefirió omitir la convalidación de Botnia y a los asambleístas. La omisión obra, muchas veces, como señal de cautela.

La liberación del paso fronterizo es la llave que, más temprano o más tarde, habría que girar para destrabar el conflicto. Le toca a la Presidenta enmendar un grueso error de su marido en una época política poco propicia.

Hay duras confrontaciones internas en la Argentina, su popularidad es bajísima y se avecina un año electoral. Pero no tendría otro remedio, si es que no desea seguir hipotecando la relación con el vecino.

Las diferencias abismales que hay entre Pepe Mujica y Néstor Kirchner

jueves, 11 de febrero de 2010

Por Alfredo Leuco

Ya hice una columna muy polémica y descarnada sobre las diferencias abismales de todo tipo que hay entre Pepe Mujica y Néstor Kirchner. Son casi las dos caras de la moneda de la política.



Sería como lavarse las manos y mirar para otro lado. Nosotros los ciudadanos somos buenos y los políticos son malos. No creo en eso. No conozco sociedades angelicales que produzcan presidentes diabólicos. Y esto va mucho más allá de la ideología. Tiene que ver con el tipo de cultura que se privilegia. Con la presencia o ausencia de valores solidarios y la clase de convivencia que ejercemos entre nosotros.


¿Es una casualidad que los policias chilenos no pidan ni acepten coimas? ¿Es un milagro que los sindicalistas uruguayos no sean millonarios? ¿Qué nos pasa a los argentinos con el cumplimiento de las normas y con el respeto a la ley?

Hablo de los delitos mayores como evadir impuestos hasta las violaciones de las reglas que permiten vivir civilizadamente en comunidad. Hablo de la caca del perro en la vereda, de la basura sacada a cualquier hora, de la lata de gaseosa que se tira por la ventana, del tapar la patente del auto con un trapo, de meterse por la banquina y levantar una polvareda infernal, en fin, de la trampa como si fuera una picardía o una piolada.

Eso es vivir siempre buscando atajos. Estafas de la vida cotidiana. Eso nos hace muy mal como argentinos y eso se refleja en muchas actitudes incomprensibles y se encarna en el comportamiento hipócrita, de doble discurso de muchos líderes políticos y empresarios.


Le doy el caso más terrible del que creo que no se habló lo suficiente. El último informe del Centro de Experimentación y Seguridad Vial (CESVI) que agrupa al 70% de las aseguradoras del país fue titulado por el lado de que en un año subió un 22% el robo de autos en todo el país. Pero yo creo que en ese trabajo había otro título terrible. Me da vergüenza decirlo. Pero nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.


El año pasado bajó la cantidad de robos de autos a mano armada y crecieron los hurtos. ¿Y sabe porque razón? Le pido que escuche bien por favor. El principal motivo fue el auto robo. ¿Escuchó bien? El principal motivo es porque hay argentinos vivísimos, ídolos seguramente entre sus amigos, que se roban a si mismos el auto o se lo hacen robar para cobrar el seguro.

¿Usted se imagina al Pepe Mujica haciendo eso? Creo que no tiene ni auto, anda en una motito. ¿Usted se imagina a Néstor Kirchner o a otros ex presidentes que tuvimos haciendo eso? Hummmm. No me conteste. Ya se que no todos nuestros ex presidentes lo harían. Pero con todo el dolor del alma creo que ese porcentaje es muy superior al de uruguay. Por eso ellos tienen mas posibilidades de tener como presidente a alguien como Mujica y nosotros como Menem o Kirchner.


No hay casualidades. Una vez puede ser un accidente de la historia. Pero no nacen de un repollo. Nosotros somos responsables de lo que generamos. De lo bueno y lo malo. Nuestros políticos se nos parecen en nuestras miserias y nuestras grandezas.

Hay que mejorar, condenar socialmente a los pícaros, a los egoístas, a los ladrones y los vagos y premiar a los inteligentes, a los generosos, a los honestos y a los que apuestas a la cultura del esfuerzo.

Nada nos asegura tener mejores presidentes. Pero ceo que el día que los argentinos seamos mejores ciudadanos, tendremos mejores presidentes.


Creo, porque esto es muy subjetivo, que Mujica se parece a los uruguayos y Kirchner se parece a los argentinos. Decirlo es doloroso pero necesario. Sería mas fácil ejercer la demagogia fácil y decir que somos un pueblo maravilloso pero tenemos “la mala suerte” de elegir presidentes nefastos.