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Conferencia “La Argentina que viene: El post kirchnerismo” por el Dr. Vicente Massot

sábado, 22 de mayo de 2010

Conferencia
“La Argentina que viene: El post kirchnerismo”
por el Dr. Vicente Massot

Vicente Massot es Doctor en Ciencias Políticas, profesor titular del doctorado en esa especialidad en la Universidad Catolica Argentina y de la UCEDA, Director Ejecutivo del diario “La Nueva Provincia”.  Es un importante intelectual y escritor argentino. Ha publicado varios libros sobre filosofía, y la historia y realidad de la Argentina. Es un conocido defensor del estado de derecho y la democracia.

El Dr. Guillermo Lousteau y Helen Aguirre Ferré, presidente y directora, respectivamente del InterAmerican Institute for Democracy presentaron la conferencia "La Argentina que viene: El post kirchnerismo" del Dr. Vicente Massot.
El Dr. Massot comenzó su exposición asi:

Hay muchas formas de abordar el tema que nos ha convocado el curso de esta mañana, porque reseñar lo que significa el “post kirchnerismo”, de alguna manera supone dos cosas: por un lado explicar, aunque sea a vuelo de pájaro, cuál es la naturaleza del fenómeno kirchnerista y al mismo tiempo tratar de anticipar lo que puede llegar a suceder en mi país a partir del 2011.

Con una audiencia tan calificada como la presente, pero al mismo tiempo que no está en autos, al menos no toda, de los detalles de la política Argentina, he creído que la manera más pertinente de iniciar la charla es pasar revista brevemente a lo que yo llamaría la estructura de la Argentina Política, para de ahí, de lo general incursionar en lo particular. Hacer mención a qué significa el fenómeno kirchnerista y luego un breve pronóstico en punto al futuro.

Para mí hay cuatro elementos o cuatro características o si ustedes prefieren, cuatro fenómenos que esencializan a la Argentina desde hace muchos años, que no son, por supuesto, un invento del señor Néstor Kirchner, que se arrastran al menos desde hacen cinco o seis décadas y que condicionan la vida política Argentina.

Primero: la Argentina carece de instituciones, lo que tiene son “hombres providenciales” , déjenme que enumere estos cuatro factores y después hago una breve referencia a cada uno de ellos, porque este es el telón de fondo sobre el cual después hay que ver cómo se mueven los distintos personajes.

Esto que yo llamo “la estructura” ha sido común al gobierno militar, a los gobiernos peronistas, a los gobiernos radicales, vale para Menem, para Duhalde, para Kirchner, para el que sea. No tiene Instituciones, tiene hombres providenciales.

Segundo: Es una sociedad civil proverbialmente mansa, la mansedumbre, digo yo que es la primera ley sociológica de la República Argentina.

Tercero: Siendo así y como derivación natural de lo que acabo de decir, la Argentina tiene una democracia que es delegativa y carece de una república sólida.

Cuarto: Ninguna fuerza, movimiento o partido en la Argentina, está en condiciones de ganar una elección presidencial, pero lo mismo valdría para las legislativas solo que son menos importantes y en todo caso en el 2011 hay una elección presidencial, más allá de lo legislativo. Ninguna fuerza, decía, está en condiciones de ganar una elección sola, se necesitan formar o forjar coaliciones electorales que después se traduzcan en coaliciones gubernamentales.

Diría que hay un quinto elemento que también debe ser puesto sobre el tapete y que no es otro más que la incidencia que tiene el peronismo, al extremo que yo diría que, si uno tratase de historiar lo que sucedió en Argentina los últimos setenta años, podría prescindir, estoy haciendo reduccionismo por supuesto, estoy exagerando y poniéndole un énfasis al tema, que si uno lo toma estrictamente, es falso, pero que arrastra una buena parte de verdad.

Uno podría dejar de lado a cualquier otra fuerza política y seguiría entendiendo a la Argentina, en la medida en que hiciese entrar en ese análisis al peronismo. Quiere decir que el peronismo es casi excluyente desde este punto de vista. No se puede pensar, para bien o para mal, yo no vengo acá a hacer ideología ni a transmitir lo que yo pienso sino tratar de hacer un análisis lo más objetivo posible, pero no se puede gobernar la Argentina todavía sin el concurso del peronismo.

Hecha la enumeración déjenme decirles dos palabras de cada uno de estos fenómenos so pena de que el análisis esté falto de unas aclaraciones que me parecen que son imprescindibles.

¿Por qué digo que no tenemos Instituciones y tenemos hombres providenciales? La voz Instituciones en el mundo latino, pero se me ocurre que también en el mundo anglosajón, pero sobre todo en el nuestro, adolece de cierta equivocidad, significa más de una cosa y no está mal que sea así. Buena parte de los términos que uno usa en política y en general en las ciencias sociales son equívocos.

Nosotros solemos privilegiar en la voz Instituciones lo que yo llamaría el perfil de igualarlo a corporaciones, entonces las instituciones son: la Cooperativa Obrera, la Iglesia Católica, el Senado de la Nación, un club de fútbol, etc.

En el mundo anglosajón las instituciones tienen mucho más que ver con el “rule of law”, hecha esa aclaración lo que no tenemos en la Argentina es esta última clase de instituciones, porque las instituciones se declaman pero nadie cree demasiado en ellas. Hablo desde ponerse el cinturón de seguridad y obedecer al semáforo hasta tener una moneda sólida. De lo menos importante a lo más importante.

Cuando un país carece de instituciones sólidas, cuando las declama pero en realidad nadie cree demasiado en ellas, el vacío que eso genera tiene que ser cubierto por aquello que la naturaleza tiene horror al vacío, la naturaleza política tiene doblemente horror al vacío. Y en la Argentina en los últimos setenta años lo que ha cubierto ese vacío son hombres providenciales.

De la Argentina uno podría escribir una vez más su historia de los últimos setenta años con arreglo a cuatro o cinco grandes biografías porque son los hombres de los cuales nos hemos enamorado políticamente y después desenamorado políticamente, a los que les hemos dado un espaldarazo fáctico fenomenal y después los hemos dejado en la indigencia política, quizás porque se lo merecían, cuando yo hablo de hombres providenciales no digo que sean buenos, pero el hombre providencial en la Argentina decide cualquier cosa y lo primero que han decidido en los últimos cincuenta años esos hombres providenciales es cambiar la Corte Suprema de Justicia, vean la calidad institucional de mi país.

Dos: La mansedumbre de una sociedad, un solo ejemplo. En el 2001 la Argentina sufrió una conmoción fenomenal, en donde la genta a la que le habían dicho tres meses antes que eran intangibles los depósitos, el famoso “uno a uno”, convertibilidad de Menem y de Cavallo, los mismos que les dijeron que eran intangibles después obraron una serie de medidas que se la terminaron robando. No digo quien se lo robó pero la gente se quedó sin los ahorros de toda una vida.

¿Qué pasó en la Argentina con el corralito y el corralón? Así les decíamos a esas experiencias, uno no podía sacar plata, la plata de uno estaba vedada sacarla. Como decía un español: “Hombre, por eso hacemos una guerra civil en España”. En la Argentina le pegaron a cuatro o cinco políticos, rompieron cincuenta vidrieras, quemaron unas cuantas gomas en la calle, no pasó nada más. Es una sociedad muy mansa y como es muy mansa la democracia que tenemos es una democracia delegativa. Los ciudadanos entre comillas, vamos, ponemos el voto y nos desentendemos de lo que sucede y le dejamos al hombre providencial que decida los asuntos públicos por los próximos cuatro años.

Dicho esto, no creo que requieran demasiadas precisiones las últimas dos características, por las razones que fuesen sería largo de apuntar pero de todas maneras tómenlo como un dato. Ni el peronismo, ni el radicalismo, ni ninguna otra fuerza están en condiciones de ganar una elección, sola.

Menem ganó forjando una coalición social y política muy curiosa que contradecía toda la historia del peronismo. Kirchner, vamos a hablar ahora hizo otro tanto en una coalición, estrictamente quizás, para un politólogo como yo el término no sea coalición pero por una cuestión de economía de términos déjenme que utilice la palabra porque nos entendemos, es fácil calibrar qué es una coalición. Kirchner forma una coalición aún más novedosa que la de Menem y le dura seis años.

El último dato es el peronismo, setenta años de historia, lo que demuestran, una vez más, sería imposible reseñarlo acá, es que uno puede gobernar casi con cualquier fuerza, no puede tener un peronismo en la oposición dispuesto a quitarle su esfuerzo al gobierno de turno porque eso termina mal.

Historiador español destaca el libro "Revolución - Mayo 1810" del Dr. Vicente Massot

Por Jesús Hernández *

Hay sucesos históricos trascendentales que requieren estudio y análisis por ser precisamente peculiares. Como la Revolución de Mayo de 1810 en Buenos Aires. Tema alegórico que el doctor en Ciencia Política y director del diario argentino La Nueva Provincia, Vicente Gonzalo Massot, aborda en su publicación más reciente, titulada concretamente Revolución Mayo 1810, distribuida por editorial El Ateneo, que presentó en la librería Books & Books en Coral Gables del Gran Miami el pasado jueves 20 de mayo.


“El libro aborda el tema con análisis histórico”, comentaba el presidente del Centro Cultural Argentino Guillermo Lousteau Heguy, durante la presentación de la publicación. “Es la relación del pasado con el presente. Un complicado proceso de emancipación que muchos continúan cuestionando hoy”, agregaba.

De hecho, se conoce como Revolución de Mayo a los hechos que sucedieron en mayo de 1810 en la ciudad de Buenos Aires, por aquel entonces capital del Virreinato del Río de la Plata, una dependencia colonial de España. El virrey español fue depuesto y reemplazado por la Primera Junta de Gobierno.

Una primera administración criolla Argentina que no proclamó la independencia formal y gobernó nominalmente en nombre del rey de España Fernando VII, quien había sido depuesto por la invasión de Napoleón Bonaparte. Seis años más tarde la declaración formal de independencia era adoptada en la ciudad de San Miguel de Tucumán de las entonces Provincias Unidas en Sudamérica.

“La nación argentina no nace en 1810”, alegaba Vicente Massot, quien también es profesor titular de Ciencia Política en la Universidad Católica Argentina. “No sé si nace en 1816. Nadie podía esperar (entonces) que esas provincias unidas se liberaran (formalmente) sin aliados”, agregaba. Aliados que vinieran de afuera, como fue el caso de Estados Unidos de América en 1776. País que logró la alianza de algunos de los enemigos de la corona británica que lo gobernaba. Un ejemplo comparativo que el señor Massot aborda y analiza en su libro. Una de las publicaciones más vendidas en Argentina estos días por motivo de la fecha patria del Bicentenario.

“A doscientos años de aquella revolución”, lee un fragmento del libro. “La controversia sobre sus causas y alcances sigue abierta y es necesario encararla sin preconceptos. Bien está exponer las razones en virtud de las cuales hemos decidido conmemorar el Bicentenario, a condición de dar de lado con las nociones consagradas en cuanto a la inevitabilidad de la revolución, por ejemplo, o a su carácter fundador”.

Otro fragmento, “En 1810 se produjo en Buenos Aires una revolución. De ello no hay dudas que merezcan, a esta altura, tenerse en cuenta. Solo que la ruptura se dio primero respecto de un conjunto de instituciones y recién años después del monarca preso”.

“Pienso que la Revolución de Mayo fue un efecto colectivo que no sabía bien a dónde iba”, comentaba el señor Massot durante la presentación. “No creo que haya sido una revolución que pensara en independencia o democracia, pero lo que celebramos hoy está bien celebrado”, afirmaba.

* De España. Licenciado en Historia Contemporánea y en Ciencias de la Información de Barcelona.

En "Revolución" Vicente Massot repasa los hechos de 1810 y sus interrogantes

martes, 4 de mayo de 2010

En Revolución (Ateneo), Vicente Gonzalo Massot repasa los hechos de 1810 y los interrogantes que aún plantea un acontecimiento tan decisivo. Aquí un fragmento.


La Revolución de Mayo, tan revisitada a través de los años y, al mismo tiempo, tan escurridiza en sus numerosos pliegues y recovecos, nos sigue planteando, aun hoy, los mismos interrogantes con los cuales se toparon, en su oportunidad, Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López, pioneros en el arte de escribir la historia de los argentinos basados, según se tratase de uno u otro, en los documentos o en los testimonios orales de la época. Las preguntas, pues, que respecto de tan decisivo acontecimiento nos hacemos nada tienen de novedoso. En todo caso pueden ser distintas y hasta originales las respuestas.


Al cabo del tiempo transcurrido desde 1810 se han forjado, entre nosotros, memorias del ayer bien diferentes. Como consecuencia de que Mayo resulta semejante al alma de Hamlet, a la que todos parecen comprender de manera diversa, y en razón de que las conclusiones de la historia tienen el sello de lo provisorio, las lecturas de la revolución estallada en el Río de la Plata aquel año son infinitas.

Rompió el fuego Mitre con sus dos formidables biografías, la de Belgrano y la independencia argentina y la de San Martín y la emancipación nacional, y su visión vino a rematar en una suerte de teleologismo ético: la sociedad rioplatense debía desenvolverse en correspondencia con una serie de principios republicanos que explicarían el curso de la revolución, porque así debía ser. De ahí a sostener que entonces nació la democracia como ideología nacional había un paso. Puesta al amparo de toda crítica, esta narración canónica sobrevivió a sus impugnadores hasta principios del pasado siglo.

A partir de ese momento harían pie nuevas interpretaciones que, desertando de la matriz clásica, decidieron recorrer senderos no más seguros -porque no los hay- aunque sí más sugestivos. Al conmemorarse, en 1960, el Sesquicentenario, dos cosas estaban claras: que el pasado no era lo mismo que el relato elaborado por los historiadores y que en los estudios de Mayo la democracia, el pueblo y la libertad mentados por Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López no tenían, ni remotamente, el mismo significado que los sostenidos por la Nueva Escuela Histórica, la historiografía socialista y la revisionista en sus diversas vertientes.

Es más, el debate académico se tornaba difícil merced a una circunstancia ajena al tema tratado: la politización de la historia, o, si se prefiere, la reconstrucción del pasado como una forma de dominio intelectual encubierta. Sea de ello lo que fuere, no todas las disputas quedaron presas de posiciones enarboladas a tambor batiente y reacias a repasar los hechos sin ira et cum studio .



Causas y consecuencias

A doscientos años de aquella revolución la controversia sobre sus causas y alcances sigue abierta y es necesario encararla sin preconceptos. Bien está exponer las razones en virtud de las cuales hemos decidido conmemorar el Bicentenario, a condición de dar de lado con las nociones consagradas en cuanto a la inevitabilidad de la revolución, por ejemplo, o a su carácter fundador. Es que no fue inevitable como inesperada, y en sus motivos y reivindicaciones no hay rastros de la idea de la nacionalidad.

Moverles críticas a ciertos estudios de Mayo no supone reinventarlo a destajo. Importa, sí, fijar límites, poner reparos y establecer diferencias allí donde corresponda hacerlo. Los mitos pueden dar fundamento a los orígenes de un país y la historia escrita y socializada ser el vehículo de tal empresa, siempre y cuando no se confunda -como si fuesen sinónimos- mito e historia.

Si de lo que se trata en este Bicentenario es de exaltar nuestra menguada conciencia nacional, el Mayo creador de identidad con sus escarapelas celestes y blancas, los patrióticos discursos en el cabildo del 22 de mayo y el propósito de enfrentarnos a los fieros realistas adquiere importancia. En este orden, siempre resonarán las palabras del canciller alemán, Otto von Bismarck: "Un gobierno debe actuar también sobre la fantasía de la nación". Pero la historia y la fantasía se llevan mal.

La Revolución de Mayo no arrastró, en su trajinar, una lógica lineal, rigurosa, capaz de enhebrar los hechos que la jalonaron, otorgándoles sentido. El núcleo dirigente que, directa o indirectamente, asumió un papel de capitanía no fue homogéneo tanto como fluctuante y contradictorio.

Es conveniente, pues, poner atención y no sostener, a tontas y a locas, que como la revolución se produjo en un determinado momento y estuvo sometida a una circunstancia de la que no podía desentenderse, las consecuencias que tuvo estaban comprendidas en las causas que la produjeron. François Furet, en Pensar la Revolución Francesa , ha sido claro sobre el particular:

Admitamos por un instante que estas causas están mejor deducidas de lo que en realidad están o que en algún momento se pueda ofrecer de ellas un cuadro más operatorio; pero ocurre que el acontecimiento revolucionario, en el día en que estalla, transforma profundamente la situación anterior e instituye una nueva modalidad de la acción histórica que no está inscrita en el inventario de esta situación.

No hubo nada mecánico en el movimiento que depuso a Cisneros y, si hubiese que rastrear su motricidad, se encontraba menos en estas playas que del otro lado del Atlántico. Cuanto quedó en evidencia entre 1806 y 1810 fue que las principales amenazas a los dominios españoles en América no provinieron de un desafío enderezado en su contra por las grandes potencias europeas ni de banderías independentistas endógenas, carentes de arraigo en el mundo colonial, sino de una circunstancia fortuita e impensable: la vacatio regis .

Aun tras la conmoción producida por las invasiones inglesas, los cambios obrados por un virreinato que dejó de pagar sus impuestos, se armó en soledad para defenderse y se animó a destituir al virrey Sobremonte, poco o ningún vínculo tuvieron con la independencia de la corona de Castilla o la recusación de la figura del rey. Fue el vacío que produjo la forzada abdicación de los Borbones españoles en Bayona el disparador de una situación revolucionaria y no las ideas importadas de Norteamérica o Francia.

En esto Juan Jacobo Rousseau, Melchor Gaspar de Jovellanos y Francisco Suárez acreditaron menos importancia que Napoleón Bonaparte. Por eso los modelos ideológicos que entonces se hicieron presentes resultaron producto del pragmatismo a que obligaba la vacatio regis y fueron adaptados a la necesidad de pensar cómo se llenaba ese hueco.

En 1810 se produjo en Buenos Aires una revolución. De ello no hay dudas que merezcan, a esta altura, tenerse en cuenta. Solo que la ruptura se dio primero respecto de un conjunto de instituciones y recién años después del monarca preso.

Quién es Vicente Gonzalo Massot:


Abogado, Doctor en Ciencias Políticas (UCA-CEMA), Analista Político y actualmente profesor titular del doctorado de esa carrera en la Universidad Católica Argentina, Massot ocupó el cargo de secretario de Estado de Defensa entre abril y diciembre de 1993.

Es miembro consultor del CARI (Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales) y autor de diversos libros sobre temas de historia de las ideas e historia Argentina, entre otros, Un mundo en equilibrio: La Realpolitik en la Europa de Bismarck y Matar y morir; La violencia política en la Argentina (1806-1980).

Es, asimismo, director ejecutivo del diario La Nueva Provincia, de Bahía Blanca, que fundó su bisabuelo en 1898.