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Mientras para la gente común había una sola fiesta, para los K era necesario que hubiesen dos

miércoles, 26 de mayo de 2010

Por Eduardo Amadeo

Había que recorrer la avenida 9 de Julio durante estos días, para percibir en toda su insensatez algunos de los desvaríos de la política.


Cientos de miles de personas contentas, sin diferenciarse en absolutamente nada (de hecho, casi no hubo carteles partidarios); festejando, cantando, emocionándose con una fiesta popular. Sin ni un solo incidente.Y mas allá del escenario central, fiestas populares en escuelas, iglesias, clubes, en las que se veía que este no era el acto habitual del 25 de Mayo, sino que padres, vecinos ,feligreses, habían puesto un empeño especial para que las cosas se viesen mejor que en la rutina de los festejos corrientes.

En un país castigado por el auto flagelo, la melancolía, la protesta y los sentimientos de frustración, ver esta idea de “argentinidad” expresada en todos los sectores sociales, es un acontecimiento que merece ser destacado y aprovechado como una lección acerca de las maneras como pueden generarse energías positivas.

Pero, obviamente, no todo podía ser perfecto. Porque en medio del festejo, asomaron los pensamientos pequeños, difíciles de comprender desde una lógica constructiva.

Mientras para la gente común, la de la calle, había una sola fiesta, para los K, era necesario que hubiesen dos.

Dos Tedeums; dos inauguraciones del Colón; dos Cenas de Gala; dos Desfiles Militares; dos inauguraciones del Correo; dos actos de cierre.

En el caso de los Tedeums y el Colón, es evidente el gesto de separación. En los demás eventos, la exclusión de los diferentes convirtió de hecho- en la cabeza de los K- a esos eventos en dos eventos. Uno el de los “otros”, donde estaban los diferentes; aquellos que deben ser derrotados y a los que no queremos siquiera ver cerca . El otro, el “nuestro”, en el que nos juntamos “nosotros” y nos quedamos con toda la fiesta, sin personas molestas (y, si no nos gusta, no vamos)

Los porqués, podrán discutirse en los bares, el Salón de Pasos Perdidos y alguna mesa sicoanalítica.

Ensayos de respuestas:1) Colon: a) para diferenciarnos de la derecha y lograr votos de izquierda; b) para demostrar que somos realmente progresistas y no vamos al lugar de la oligarquia (aunque vaya Mugica que parece cada vez menos progresista que nosotros) c) porque tenemos miedo al chiflido.

2) Desfile : a) Para que no nos reten Verbitsky y Bonafini; b) porque los militares no se lo merecen aún; c) porque necesitamos votos de izquierda d) para que no nos chiflen.

3) Tedeum a) porque lo decidió Verbitsky; b) para darle una lección a Bergoglio; c) porque podemos llevar mas gente a Luján; d) para que no nos chiflen.

4) Los demás actos : a) porque el Estado es nuestro, nosotros pagamos los gastos y por tanto hacemos lo que queremos: b) porque no nos pensamos sacar fotos con esa gente; c) porque no nos merecen; d) para que no nos chiflen.

Cada uno podrá tomar estas razones como quiera. Creo que detrás de todas ellas- bromas aparte- reside la consolidación del autoritarismo sin límites, que cree que puede manejar al Estado y aún a la Historia como un feudo personal .

Esta duplicación del país que van tratando de consolidar los K, demuestra que la Presidenta y su marido no se merecen a los cientos de miles de ciudadanos de a pié , simples y cotidianos que festejaron, se abrazaron con un vecino desconocido y agitaron simples banderitas.

La ausencia de la presidente puso al desnudo en qué condiciones de discordia nacional se llega a este festejo

domingo, 23 de mayo de 2010

Por Jorge Héctor Santos

El desfile militar alegórico al Bicentenario de la patria, para quienes gozan de memoria, ha sido el desfile más taciturno, oprobioso y desolador del que se tenga recuerdo y mostró la decadencia Argentina.

El marco que familias enteras con sus pequeños hijos le pusieron a lo largo de varias cuadras de la avenida 9 de Julio se vio opacado por la irrespetuosa forma que tienen los Kirchner de trato con hechos trascendentales de la patria donde, al menos, la presidente Cristina Fernández de Kirchner no podía haber estado ausente por su doble carácter de presidente de la Nación y de Comandante en jefe de las 3 armas.




No hay explicación alguna para justificar su ausencia, ni siquiera la mentira más inverosímil con las que este gobierno tiene acostumbrado al pueblo. La ausencia de la presidente significó un nuevo agravio a las fuerzas armadas del pueblo argentino, que masivamente fue a aplaudirlas y a vivirlas.

Asimismo, la falta de presencia de la presidente puso al desnudo en qué condiciones de discordia nacional se llega a este festejo.

El palco oficial mostró el grado de ausencia en la convivencia democrática que tienen los Kirchner con todas fuerzas políticas que no son serviles a ellos. El vicepresidente de la nación, Julio Cobos, le guste o no a la extraña pareja presidencial debió haber presidido el acto. El jefe de gobierno de la Ciudad de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, donde se desarrolló la ceremonia debió haber estado invitado. La lista de presencias elementales excluidas es más extensa de lo que el recuento permite.

El jefe de Gabinete de Ministros, que nunca se reúnen, Aníbal Fernández presidiendo un acto tan solemne habla a las claras de la ruindad con que se encaró el mismo.

La demostración de aniquilamiento que los habitantes de Olivos han hecho del poderío bélico de las fuerzas producto del revanchismo que los moviliza quedó demostrado por la pobreza expuesta. Una exhibición desdeñosa a la dignidad de la argentinidad.

La transmisión de la TVK estuvo acorde con el acto. Una locutora carente de expresividad, solemnidad y sentimiento trató de describir con sus palabras la historia acotada de los regimientos o batallones participantes.

El mal tiempo, fue una buena excusa, para que los únicos 20 aviones que en un esfuerzo descomunal el gobierno alistó para que estuviesen operativos y pudieran cursar el cielo de la patria, no lo hicieran.

La destrucción de la Argentina saltó a la vista de todos, una vez más.

¿Quién se beneficia y quién se perjudica con esta disputa, Macri o Kirchner?

viernes, 21 de mayo de 2010

La carta de la presidenta Cristina Fernández de Kichner, en la que anunció al jefe de gobierno porteño Mauricio Macri que no asistiría a la reinauguración del Teatro Colón el próximo lunes 24 de mayo por "la increíble catarata de agravios recibidos", parecía un capítulo más entre el gobierno nacional y el de la ciudad.


Pero ¿qué efectos políticos tiene esta "escalada de crispación"? ¿Cómo afecta al gobierno nacional en su imagen tradicionalmente asociada a la confrontación, y al PRO en su discurso supuestamente más conciliador? ¿Quién se beneficia y quién se perjudica con esta disputa?

"Pienso que gana más Macri que Cristina", respondió Rosendo Fraga, Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría. Y argumentó que la Presidenta "tiene imagen negativa para la mayoría de la sociedad" y que el anti kirchnerismo suma más que lo que resta, por lo cual "le da a Macri estatura de alternativa nacional".

"Es claro que el 'estilo K' es la causa del conflicto", opinó Fraga, ya que "es Cristina la que decide no ir cuando, en general, la gente no está de acuerdo con que el Bicentenario se utilice para dividir o como conflicto político, al mismo tiempo que no va al Tedeum en la Catedral por las diferencias con Bergoglio, y decide no invitar al Vicepresidente Cobos y a los ex presidentes Menem, De la Rua y Duhalde a la comida que se realiza con motivo del Bicentenario".

Artemio López, uno de los encuestadores favoritos de la Casa Rosada, opina distinto: el público, según su visión, toma este conflicto "como una especie de divertimento". "Son discusiones de alta peluquería", sostuvo -parafraseando al jefe de gabinete Aníbal Fernández- el titular de la Consultora Equis, en diálogo telefónico con Perfil.

Según López, la disputa sólo refuerza las identidades políticas existentes: "Los que están de acuerdo con Macri, coinciden con Macri; los que apoyan al gobierno, coinciden con Cristina; y los que no tienen opinión, siguen sin tenerla, miran esto como un espectaculo", dijo. El escándalo " no construye lealtades nuevas, no me imagino a nadie tomando posición a favor de alguno a raíz de esto", concluyó el encuestador.

Con él coincidió Graciela Römer, quien afirmó que la disputa entre Macri y Cristina "perjudica y beneficia mutuamente a ambos". Según ella, "a los simpatizantes de Macri les refuerza la simpatia hacia él y la animadversión por el gobierno nacional, y con los simpatizantes de Cristina ocurre lo mismo, pero al revés".

Pero la consultora de Graciela Römmer y Asociados hizo una distinción: el conflicto "perjudica al conjunto de la gente y la dirigencia", por mostrar un enfrentamiento innecesario en lugar de un trabajo conjunto.

Citas sin resultados con gobernantes y presión sostenida en el Congreso

lunes, 12 de abril de 2010

Por Eduardo Aulicino


Cristina Fernández de Kirchner recibirá esta semana a la tercera y última tanda de mandatarios locales. Y Néstor Kirchner monitoreará a los gobernadores peronistas, que dentro de quince días se reunirán con el vago propósito de charlar sobre una reforma al sistema de coparticipación federal.

Mientras tanto, el oficialismo buscará mantener bloqueado el proyecto opositor para mejorar el reparto del impuesto al cheque. Y nada indica que se vaya a hablar de temas sensibles como los ATN y, menos aún, de las deudas de la provincias con la Nación. La señal política es clara: todo debe seguir como estaba.

En ese sistema que mantiene a los gobernadores atados a la negociación casi permanente con el poder central, dos rubros se destacan entre muchos otros: los aportes que dependen exclusivamente de la voluntad de Olivos, directos o indirectos (fondos para educación y salud, planes sociales, obras públicas), y la enorme deuda de las provincias con la Nación, que en conjunto roza los 90.000 millones de pesos y que demanda asistencia año a año.

La cuestión de la deuda de las provincias sobrevoló apenas el primer encuentro de la Presidenta con los diecisiete mandatarios más cercanos al Gobierno. Y tomó forma más concreta en la segunda cita, cuando Cristina Kirchner se reunió con Hermes Binner, Ricardo Colombi, Eduardo Brizuela del Moral y Fabiana Ríos. Los tres primeros, de manera explícita o indirecta, aludieron al tema. No hubo respuesta. Ninguna expectativa queda entonces para la reunión que viene, con Mauricio Macri, Mario das Neves y Alberto Rodríguez Saá.

Parece un círculo vicioso. El año pasado, cuando se discutió la refinanciación de las deudas provinciales, algunos gobernadores fracasaron en los intentos, tibios, de aprovechar para discutir de paso la distribución del impuesto al cheque. Y ahora que ese punto fue agregado en la agenda legislativa por la oposición, desde Olivos se opera para bloquear la iniciativa y no se da señal alguna de aceptar una discusión en serio sobre la relación financiera de los distritos y el Gobierno.

El problema tiene su historia. En la salida de la enorme crisis de 2001, el Estado nacional se hizo cargo de las deudas de las provincias, que año a año deben ir saldando esa cuenta. Eso está escrito y se cumple puntualmente, con descuentos automáticos sobre la coparticipación que corresponde a cada distrito.

Pero los gobiernos provinciales, con cajas complicadas y en algunos casos muy comprometidas, deben negociar con el Gobierno, de manera inmediata en cada período, flujos de asistencia efectiva por medio del Programa de Asistencia Financiera (PAF), para afrontar así los compromisos. En algunos casos, se ven obligados además a tomar nueva deuda.

"Si cada año hay que discutir los PAF, pero nunca se discute el problema de fondo, que es un sistema más equilibrado de coparticipación federal, las provincias quedan atadas a una dependencia creciente de la caja nacional", resume un experimentado legislador opositor

El señalamiento no es inocente en términos políticos. Apunta al corazón del mecanismo ahondado por las gestiones kirchneristas para mantener disciplinados a los gobernadores. Y eso explica la reacción de Olivos frente al proyecto opositor que replantea la coparticipación del impuesto al cheque. La iniciativa es tomada por el kirchnerismo como un desafío directo a su poder.

Es por eso que el oficialismo fue hilvanando una movida que incluyó a los gobernadores y apunta centralmente al Congreso. La intención es bloquear mientras sea posible el tratamiento del proyecto sobre el cheque: esta decisión mantiene paralizado al Senado.

El conglomerado opositor intentará superar esta semana esa prueba, y luego tendría que empujar el proyecto en Diputados. El mensaje K ha sido claro: recurrirá al veto presidencial para cerrar esta historia, porque sólo un milagro de consenso o un terremoto general en las filas K podría permitir que el Congreso insista con dos tercios de sus votos.

La Presidenta llegó a insinuar en su primera cita con gobernadores que en 2011 podría ser eliminado el impuesto al cheque: intentó mostrar hasta dónde es capaz de llegar para frenar la ofensiva opositora, aunque nadie cree que esté dispuesta a perder un instrumento que puede recaudar unos 24.000 millones de pesos al año sin contar con una alternativa.

Más concretos, operadores del oficialismo se encargaron de reiterar que las provincias podrían perder más de lo que ganen con aquella iniciativa. La caja nacional permite manejos a voluntad del poder central.

Kirchner, entre tanto, apeló a una vieja receta: creó en el PJ una comisión que analizará el sistema de coparticipación federal. Una manera de dilatar el tema, o apenas un entretenimiento.

Esa Señora que se autoproclama prócer de la democracia

sábado, 10 de abril de 2010

Por Susana Sechi

El régimen exacerbado y canallesco dueño de una predica exasperante ha decidido envenenar diariamente a ese conjunto de ciudadanos acosados por el modelo nefasto impuesto desde el 2003 a la fecha. Actualmente la encargada de repartir el pan envenenado resulta ser esa Señora que se autoproclama prócer de la democracia.


Esa Señora que dice sentirse feliz con lo que llama un proyecto nacional y popular, mientras el pueblo es cada día más pobre, ella, su marido y el séquito obsecuente acumulan riquezas indecentemente, al tiempo que resume su calamitosa gestión como la mas exitosa en los 200 años de historia argentina y promete celebrar junto con en bicentenario los logros obtenidos.

Seguramente el festejo intimo de la pareja contará con esos participes necesarios corruptos, e inmorales laderos cercados por la justicia que demuestran aun más los manejos del matrimonio cuya impunidad es preservada por la complicidad de una parte de la justicia que hace caso omiso a los delitos cometidos que involucran los intereses de los argentinos.

Sin embargo desde la precariedad del intelecto y sin el menor atisbo de responsabilidad, la Presidente, realiza sus conjuros invadiendo los derechos irrenunciables del soberano. Abuso, intolerancia y autoritarismo complementan los discursos insanos cargados de violenta agresión que forman parte de la vida cotidiana de los argentinos.

En estos días la férrea e inamovible decisión destructiva del régimen inoperante, se ha propuesto desperdigar su veneno alevosamente para aniquilar la calidad de vida de los ciudadanos.

La inflación como un estigma perturba indolentemente el futuro de los ciudadanos que menos tienen arrastrándolos a traspasar la línea de pobreza, mientras la vapuleada clase media invadida por el espanto consume la mayor parte de su salario en provisiones de comestibles, para mantener el valor del dinero, antes eran dolares, ahora las reservas abarcan todo lo que se pueda comer y preferiblemente las compras se dirigen a las oferta los de los supermercados como para paliar los aumentos de precios que con desenfreno crecen invariablemente, desmadrando todo presupuesto, en tanto los jubilados estafados y saquedos cobran haberes devaluados y miserables que no alcanzan para cubrir las necesidades primarias.

Todo esto avalado por la irresponsabilidad de un gobierno que niega los índices inflacionarios tapándolos con las fraudulentas mediciones del INDEC y con un nuevo termino "tensión" adoptado por un ministro de economía de adorno que no hace honor a su nombre "Amado".

En medio de la desestabilizada situación creada por el matrimonio presidencial, la burla parece ser el condimento esencial para mofarse de los ciudadanos. Un desfile de morbosos funcionarios son los que se pasean por programas de variette defendiendo a sus amos e insultado a la ciudadanía con sucias mentiras programadas a favor de un saqueo institucionalizado deleznable y mafioso.

Al tiempo que quien se proclama dueña de un Estado fallido apela a la victimización para envenenar un territorio devastado por un modelo virulento, codicioso y perverso que apuesta a disolver el cuerpo social, sin embargo tras estas implacables recetas propuestas por una Presidente se esconden más delirios enfermizos que son el odio, la venganza y el resentimiento.

Ante tan inconcebible proceder la Mandataria no sólo, no se hace cargo de sus culpabilidades, sino que ufanamente se muestra sorprendida de expresiones negativas dirigidas a su persona, cayendo luego en ese insalvable problema de género que tanto la preocupa, el que según propios comentarios resulta un escollo para gobernar a pesar de instalarlo en sus arengas encendidas, simplemente para victimizar su derrapada gestión.

Mientras sigue repartiendo panes envenenados. la presidente Kirchner ungida en el merito comprado de una administración corrupta, dilapida los dineros de los argentinos para salvar un reinado que se le cae a pedazos, especulando con la necesidad reparte dádivas a granel echando mano a todas las cajas y tesoros que encuentra a su paso.

Patrañas y más patrañas, se esconden tras los muros de la Quinta de Olivos, donde nuevamente el juego de las visitas a cobrado su auge y el todo vale se mezcla con la extorsión. Si esas paredes hablaran, seguramente repetirían cifras, amenazas y gritos del compañero de toda la vida de la Presidente ese diputado virtual que actúa como verdugo de una República en extinción, ese que desde un sillón se ocupa de disolver el parlamento mientras deja en offside a la oposición, jugando a las escondidas con los legisladores que le pertenecen.

El hartazgo de la sociedad se puede adivinar en sus rostros y el pan envenenado parece alentar la crispación, pero todavía aquel que tire la piedra no apareció.

Presión del G-20: Argentina no puede participar de ese foro internacional si no acepta una auditoría de sus cuentas por parte del FMI

viernes, 9 de abril de 2010

Por Marcelo Bonelli

Amado Boudou hará un sondeo para intentar avanzar en un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Ya tuvo contactos con emisarios de Dominique Strauss-Kahn, el economista francés titular de ese organismo financiero internacional, y ahora el ministro intentará volver hablar del tema durante la misión que comenzó ayer en los Estados Unidos para acompañar a Cristina Fernández de Kirchner.


Boudou ya estuvo unas horas en Washington el 24 de marzo para sondear el tema con el titular del FMI y ahora proyecta volver a reunirse en unos diez días, durante la Asamblea de primavera del FMI.

Los bancos asesores del canje de bonos de la deuda externa en default, encabezados por el Barclays, le aconsejaron al titular de Hacienda buscar un acuerdo. Pero todo se hace bajo el recelo de Néstor Kirchner.

El cambio de actitud está vinculado a un ultimátum que recibió el Palacio de Hacienda: hay varios miembros del Grupo de los 20 que insisten que Argentina no puede participar de ese foro internacional si no acepta una auditoría de sus cuentas por parte del Fondo. La nueva presión la ejercen Alemania, Japón y también el Tesoro de los Estados Unidos.

Volvieron sobre el tema después de que fracasó la propuesta de Amado Boudou de suplantar el habitual examen del Artículo IV del FMI, por una presentación de datos estadísticos -sin ningún control de calidad- al seno del Grupo de los 20.

El ministro Boudou elucubró esa estrategia en enero para burlar la auditoría del FMI. Y convenció de que podría tener éxito a la propia Presidenta. Pero la idea está fracasando. Así reflejó -otra vez- la impericia y el desconocimiento que tiene el equipo económico sobre las reglas de juego que manejan las finanzas internacionales.

Aquella había sido una salida a la desautorización política interna que tuvo su deseo inicial de negociar directamente con el FMI. En Turquía -en la última Asamblea del Fondo- Boudou se reunió con Strauss-Kahn y anunciaron un acuerdo para permitir el envío de una misión a la Argentina. Pero un día después se tuvo que desdecir por presión de Néstor Kirchner, en desacuerdo con ese compromiso de Boudou. Ahora los tiempos apremian después de los sucesivos pasos en falso.

El 21 de abril comienza una reunión de ministros del G-20 y existe temor de que haya serios cuestionamientos de varios países a la actitud de Argentina. El grupo que encabezan Alemania y Estados Unidos pretende dos cuestiones básicas:

*Que Argentina deje de ser la única economía del G-20 que no tiene una auditoría anual del Fondo Monetario. En otras palabras, que acepte la revisión postergada desde 2006 del FMI por el llamado Artículo IV.

*Que Argentina sincere su sistema estadístico, porque en el G-20 se tiene la convicción de que a través del INDEC se ocultan complicaciones económicas al no generar datos confiables. Temen otro caso Grecia.

La actitud díscola de la Argentina en el G-20 se refleja en la frialdad de las relaciones de la Casa Blanca con la Presidenta. Hasta ahora siempre se postergó la entrevista que el embajador Héctor Timerman prometió hace 15 meses entre Cristina Kirchner y Barack Obama. Colombia -por presión de Washington- hasta hora es el único país que no bendijo la presencia de Néstor Kirchner en el Unasur. Por eso el tema preocupa en la Casa Rosada.

La participación argentina en el G-20 -que data de 1999- es la única acción diplomática de relieve en la cual participa activamente Cristina Kirchner. Brasil ratificó que va a respaldar a la Argentina, frente a los embates de las naciones industrializadas. Pero Lula hace un doble juego, para obtener rédito propio y ser el interlocutor de América latina con Estados Unidos. Los informes de inteligencia que se reciben en la Quinta de Olivos hace tiempo que dicen que el presidente del Brasil fue una de las personas que enquistó a Barack Obama contra la Casa Rosada. Lula -en sus primeras reuniones con Obama- hizo una descarnada crítica sobre la forma de gobernar de los Kirchner.

Los tres bancos asesores del canje le recomendaron a Boudou reiniciar la negociación con el FMI. Banqueros como Jorge Brito y Eduardo Elsztain -de diálogo fluido con el ministro- le marcaron igual camino.

Por otra parte, hubo un encuentro fabril fatal para el documento "La Pobreza, un problema de todos". Los cuerpos de la Unión Industrial volvieron a desautorizar un compromiso que había asumido Héctor Méndez.

Hubo tres críticas al texto y un cuestionamiento político: en la UIA no quieren ir detrás de iniciativas de figuras de la Sociedad Rural. Pablo Challú -de excelentes vínculos con la Iglesia- dijo que el "paper" no era propiciado por la Iglesia y que era una iniciativa de un grupo de laicos del Foro de Habitantes a Ciudadanos.

Cristiano Rattazzi criticó el texto por contradictorio y dijo que es imposible que se propicie bajar la inflación sin un mínimo ajuste. Así, la central fabril vetó el texto y eso generó alivio en la Casa Rosada.

Julio De Vido también influyó para que ADEBA le baje el pulgar. La cuestión no aplacó el temor de los industriales. Todos en la intimidad hablaron de preocupación por tres cosas: las expectativas inflacionarias, los fuertes reclamos salariales y el retraso del tipo de cambio.

Ignacio de Mendiguren habló del tema en privado con Hugo Moyano. Ambos acordaron una acción conjunta: la semana próxima la CGT y la UIA tendrán reuniones conjuntas para evaluar acciones contra el proceso inflacionario.

Más asperezas que las conocidas entre Cristina Kirchner y los gobernadores

viernes, 2 de abril de 2010

Por Julio Blanck


Cristina Kirchner cortó, áspera, la profusa serie de zalamerías que derramaban sobre ella varios gobernadores, encabezados por el entusiasta elogiador tucumano José Alperovich. El sanjuanino José Luis Gioja le había preguntado: "¿Qué quiere que hagamos, Presidenta?". Ella dijo, palabras más o menos: "Ustedes elogien menos aquí adentro y defiendan el modelo allá afuera, cuando salgan". Cuando alguien mencionó la posibilidad de firmar una solicitada en apoyo al Gobierno, Cristina descerrajó: "Para gobernar me basto sola".


Esto es parte de una minuta, menos amable de lo que los protagonistas se empeñaron en difundir ese día, de la reunión del lunes entre la Presidenta y 17 gobernadores propios o aliados, que a esta altura viene a ser más o menos lo mismo. Los que la cuentan son tres fuentes: dos son muy allegadas a mandatarios provinciales presentes y la tercera es un funcionario del Gobierno que estuvo ese día en la quinta de Olivos.

Quizás a la Presidenta la habían predispuesto mal las noticias en los días previos al encuentro, que consignaban la aparente decisión de los gobernadores de plantar en su mesa de anfitriona el eterno reclamo por la distorsionada distribución de fondos entre la Nación y las provincias. A ese clima previo se agregaba la constancia de que varios senadores del oficialismo estaban dispuestos a votar junto con la oposición para hacer totalmente coparticipable la cuantiosa recaudación del impuesto al cheque.

Pero allá adentro, en Olivos, casi todas las osadías previas se transmutaron en irreparable timidez. A los protagonistas de este fenómeno tan repetido en los años kirchneristas, que pueden ser gobernadores, intendentes o legisladores, el bonaerense Daniel Scioli suele llamarlos "los guapos del off the record".

El lunes, en Olivos, el aire estuvo espeso de entrada. Los 40 minutos iniciales que se tomó Cristina para abrir el encuentro fueron palo y palo. Como bien se informó oportunamente, la Presidenta empezó atacando el flanco político que aparecía debilitado: le bajó el precio al impuesto al cheque, hasta el punto de prometer un difuso análisis de su posible eliminación a futuro.

Después les recordó a los gobernadores, cuántas obras pueden mostrar en sus provincias gracias al aporte de dinero nacional. Y no se privó de refregarles la idea que sin demasiada sutileza ya había planteado el ministro Florencio Randazzo: si al Gobierno le quitan 10.000 millones de pesos del impuesto al cheque, el Gobierno va a meter mano en las cajas que maneja de modo discrecional y le hará un recorte similar a las provincias.

Después de la filípica presidencial se abrió la lista de oradores. Alguien escuchó al santacruceño Daniel Peralta decirle al que tenía sentado a su lado: "Yo ni loco abro la boca, acá te matan". Fue uno de los cuatro que permaneció mudo.

Al final se animó el riojano Beder Herrera. Trató de distender y le preguntó a la Presidenta si los ministros también iban a decir lo suyo. "Los ministros no están aquí para hablar", respondió Cristina sin aflojar el torniquete.

Como ya se contó, Beder Herrera preguntó si lo mismo corría para los diputados, señalando a Néstor Kirchner sentado aparte dentro del salón. "El está como presidente del PJ", replicó la Presidenta. Hubo algunas risas nerviosas. El riojano dijo algunas palabras más, habló de las necesidades de las provincias, pero también se explayó en reconocimientos al Gobierno nacional.

El cordobés Juan Schiaretti, con prudencia, tiró la idea de crear un fondo para los conurbanos de Buenos Aires, Rosario y Córdoba, y de otro fondo para las regiones de pobreza extrema. También habló de refinanciar la deuda de las provincias.

Ahí algunos soltaron un poco más la lengua, aunque sin sacar los pies del plato.

El chaqueño Jorge Capitanich, gran defensor de los Kirchner, reclamó más ayuda política para pelear la situación en su territorio. Y le propuso al pampeano Oscar Jorge armar un trabajo conjunto sobre financiación de las provincias.

El salteño Juan Manuel Urtubey, que viene insinuando un progresivo desmarque del círculo cerrado kirchnerista, advirtió que no controla a los legisladores a propósito de la ley del impuesto al cheque. De hecho, los dos senadores peronistas por Salta, Juan Carlos Romero y Sonia Escudero, están en la oposición.

Después vino la catarata de elogios y la Presidenta recomendando que esos apoyos se hiciesen públicos con más énfasis. Pero los gobernadores, diplomados en la sobrevivencia política, son gente que sabe decir lo que cada una de sus audiencias quiere escuchar. Sus expresiones posteriores de respaldo al Gobierno jamás salieron de lo estrictamente formal.

El último que habló fue Scioli, con su conocido ejercicio de equilibrio: pretende construir algo de autonomía sin dejar de ser monolíticamente kirchnerista. Por ahora no le sale bien.

Néstor Kirchner se había ido hacía rato, promediando la reunión, sin ocultar su fastidio. "Estos están todos locos", se le escuchó decir, mientras trataba de restablecer una comunicación con Hugo Moyano, en el celular que le había alcanzado uno de sus secretarios. Esa llamada, recibida fuera del salón de reuniones, se interrumpió cuando el patrón del PJ hablaba con el jefe de la CGT.

Kirchner parece haber sido víctima de un dispositivo adquirido hace poco tiempo por la Presidencia en Estados Unidos, que permite bloquear toda comunicación telefónica en un pequeño radio determinado. La fuente del Gobierno consultada asegura que se usó por tercera vez, en el almuerzo con los gobernadores. Las dos anteriores habían sido reuniones de Cristina con empresarios y con los bloques de senadores y diputados oficialistas.

La idea, además de resguardar la privacidad de esos encuentros de posibles pero no probables espionajes, es que nada interrumpa la reunión ni distraiga a los concurrentes, al menos mientras dura el discurso de la Presidenta.

La Marca Genética del Oficialismo

lunes, 15 de marzo de 2010

Por Pepe Eliaschev

Al margen de los ruidos, ¿dónde está la esencia? ¿Cuál es el carozo de esta situación? ¿De qué hablamos cuando hablamos como hablamos y de lo que hablamos?


Si uno considera de manera serena -y lo más desprovista posible de preconceptos- el talante del debate argentino, se enfrenta con una sucesión de episodios en donde aparecen, como en una planilla de doble entrada, la esencia y la apariencia, el núcleo y lo aleatorio, lo central y lo secundario.

En marzo de 2008 el gobierno de la presidente Cristina Fernández de Kirchner emitió una norma de carácter no legislativo –vale decir, desde el Poder Ejecutivo- para incrementar de manera colosal los gravámenes a la producción agropecuaria. En aquel momento se inició una furibunda crisis nacional que habría de terminar, meses más tarde, con la derrota en el Senado de un proyecto de ley al que no había querido recurrir, en primera instancia, el Poder Ejecutivo. Como recordamos, se trataba entonces de la famosa resolución Nº 125.

¿Qué decía el Gobierno en sus inicios? Que se trataba de asegurar el pan en “la mesa de los argentinos”. ¿Qué terminó diciendo? Que había en ciernes un golpe de Estado, y el por entonces ya ex presidente Néstor Kirchner, en un recordado acto en la Plaza del Congreso, habló de “fuerzas de tareas”, evocó el golpe de 1976 y denunció una “conspiración oligárquica”. Se trataba, sencillamente, de una norma para incrementar la recaudación fiscal del Estado.

Algo muy similar ha pasado con el Fondo del Bicentenario. Emitido como Decreto de Necesidad y Urgencia tras la clausura del período regular de sesiones del Congreso, el 10 de diciembre del año pasado, se proponía generar recursos para pagar deuda externa. Han terminado diciendo que quienes se ocupan de cuestionar ese decreto –y los que le siguieron- están interesados en la destitución de las autoridades.

Es una suerte de marca genética del oficialismo: el Gobierno denuncia de una manera abrumadoramente superlativa todo lo que aparece como conflictivo, interpretando de una manera aviesa lo que es polémico.

Cuando fue detenido en el aeroparque, por breves horas, el valijero venezolano Alejandro Antonini Wilson, que llegaba a la Argentina a bordo de un avión oficial -en cuyo interior venían de Caracas importantísimos funcionarios del Gobierno argentino-, y se descubrieron dentro de su valija 800.000 dólares, Cristina Kirchner terminó diciendo que se trataba de una conspiración montada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), y por sectores norteamericanos.

Cuando el mundo entero comenzó a padecer la crisis financiera internacional, que se hizo visible ya en la segunda mitad de 2008, Cristina Kirchner viajó a las Naciones Unidas y habló de un “efecto jazz”, que solamente afectaba a las naciones capitalistas centrales, sosteniendo que la Argentina –a diferencia de los Estados Unidos- sí había tenido un Plan B para confrontar la crisis. Lo cierto es que luego terminó adelantando las elecciones porque, justificó, “el mundo se caía a pedazos”. Fue un adelanto electoral que no hicieron ni Evo Morales en Bolivia, ni Tabaré Vázquez en Uruguay, ni Michelle Bachelet en Chile.

Cuando finalmente asumió el nuevo Congreso, el 10 de diciembre, tras un zafarrancho impensable para evitar que las nuevas autoridades de la Cámara expresaran lo que había indicado el resultado de junio de 2009, terminaron perdiendo la mayoría en Diputados y acusando a los ganadores que estaban poniendo en peligro a la gobernabilidad.

Algo parecido pasó con el Fondo del Bicentenario. Ese hecho terminó con la salida de Martín Redrado del Banco Central, episodio durante el cual la Presidenta de la Nación Argentina canceló un viaje de estado a la República Popular China -una de las dos grandes potencias mundiales-, sosteniendo que delicadas razones de política argentina determinaban su impedimento para viajar, porque el kirchnerismo temía que hubiese en la Argentina un golpe de Estado capitaneado por el vicepresidente Julio Cobos.

Cuando el hombre de Barack Obama para América Latina -Arturo Valenzuela- vino a la Argentina hace no muchas semanas, y cumplió con una protocolar ronda de contactos con diferentes sectores, declaró en una conferencia de prensa que había escuchado de dirigentes empresarios quejas o dudas sobre la seguridad jurídica en el país. Valenzuela se enfrentó entonces con una furibunda desmentida oficial, Néstor Kirchner lo acuso de imperialista y, consecuentemente la Presidenta canceló recibirlo, aunque se trataba del diplomático de mayor rango para América Latina en el gobierno de los Estados Unidos.

¿Cuál es mi corolario para esta serie de hechos, que son, además, una síntesis apretada de lo que ha venido sucediendo? En el Gobierno prevalecen varios elementos que, todos unidos, son explosivamente negativos y tóxicos.

A mi juicio, hay incompetencia administrativa. El Fondo del Bicentenario podría haber sido aprobado regularmente por las autoridades del Banco Central, durante el verano, sin intervención del Congreso, si se hubieran manejado con un poco menos de torpeza y de prepotencia. Hay, en ese sentido, una tendencia a la brutalidad administrativa, a la intemperancia gratuita, algo que es incontenible en el kirchnerismo.

Además, hay que decir que hay un amateurismo preocupante en materia de gestión. En muchos casos se cometen errores de gestión que son literalmente inimaginables desde el punto de vista de gestión de los asuntos públicos.

Hay mucha ignorancia de cómo funciona una república y de cómo funciona el mundo. Pues si el Gobierno alegó que el caso de Antonini Wilson era una maniobra de la Agencia Central de Inteligencia, ya podemos imaginar cómo y con que criterios piensa el kirchnerismo sobre todo lo que acontece en el país y en el mundo.

Como si todo esto fuera poco, este caldo aparece sazonado por ese elemento particularmente venenoso que es el zafarrancho ideológico de izquierda. Así es que -como muy bien dice esta mañana mi colega Alfredo Leuco en el diario Perfil-, la gloriosa JP de la década del ’70 termina equiparada con el J. P. Morgan, la banca neoyorquina que supo ser quintaesencia paradigmática del neoliberalismo del Consenso de Washington y que esta semana salió a aplaudir al Gobierno por su intención de pagar la deuda externa de cualquier manera.

Acá tenemos, en ese sentido, acertadamente resumida, la ecuación particularmente diabólica de la Argentina: Hebe de Bonafini aplaudió desde la Plaza de Mayo el pago de la deuda externa en el Congreso, sosteniendo que ésta es la mejor manera de luchar contra la oligarquía.

Ojalá que el invierno nos encuentre abrigados.

Un Gobierno con cero escrúpulos

domingo, 14 de marzo de 2010

Por Nelson Castro

Cada sesión será como la final de un campeonato.” Así resumía un legislador del oficialismo el ambiente que habrá de dominar el Congreso este año y el que viene.

En la semana que pasó, el motivo de la disputa fue el procedimiento de designación de la licenciada Mercedes Marcó del Pont como presidenta del Banco Central. Esta vez la que salió perdidosa fue la oposición, cuyo desempeño dejó al descubierto un cúmulo de errores que, además, evidenciaron gruesas falencias de conducción y de información.

Las culpas más pesadas recayeron sobre la UCR y su jefe de bloque, Gerardo Morales. Desde el lunes el Gobierno ya sabía que tendría los votos necesarios para obtener la aprobación del pliego de Marcó del Pont. “Estos muchachos del radicalismo son muy amateurs” era el comentario que hacían algunos habitantes de los pasillos de la Casa Rosada en la mañana del jueves último.

Un conocedor a fondo de la vida diaria del Senado describe con detalles lo que allí se vive: “En el oficialismo, el jefe del bloque, Miguel Angel Pichetto, ejerce un control férreo de su tropa. A sus senadores les está encima todo el tiempo y les hace marca personal. En cambio a Gerardo Morales, titular del bloque de la UCR, le falta millaje para ser jefe. El radicalismo extraña la conducción de Ernesto Sanz, quien hacía un trabajo exactamente igual al de Pichetto. Morales cree que con acordar con Adolfo Rodríguez Saa basta para que con el peronismo federal esté todo arreglado. La realidad ya le demostró en dos ocasiones que está equivocado. Ahí cada uno juega su partido, y después de la ‘gran Menem’, son varios los que se han entusiasmado con emularlo en busca de un perfil de alto protagonismo”.


Junto con esa falta de conducción, lo que en este caso se vio en la oposición fue una estrategia total y absolutamente equivocada. La decisión adoptada de no hacer preguntas durante la audiencia en la que se escuchó a la que será presidenta del Banco Central fue una muestra de una actitud despreciativa muy propia, por otra parte, del kirchnerismo; ello significó, además, la pérdida de una oportunidad para dejar al descubierto la controvertida conducta de Marcó del Pont, una economista muy respetada, de obedecer el nuevo decreto de necesidad y urgencia disponiendo la transferencia de las reservas del Banco Central al Tesoro Nacional que la Presidenta anunció a espaldas de todos, en su pésimo discurso de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso. Tanto fue así que cuando el senador por Córdoba, Luis Juez, quiso hacer preguntas, fue conminado al silencio por parte de los legisladores radicales.

Hay, además, otro problema que dificulta cualquier intento de negociación entre oficialismo y oposición: el matrimonio presidencial. “Acá se arregla algo pero después llaman Néstor o Cristina ordenando dar marcha atrás” explicaba una voz del kirchnerismo. Uno de los que sufrió en carne propia esto fue el senador José Pampuro, para quien la semana que pasó fue particularmente amarga. Alguien que conoce su pensamiento lo resumía así: “Lo maltrataron y lo dejaron afuera de cualquier negociación por el sólo hecho de decir que el Gobierno tenía que dialogar y por hablar con Julio Cobos”.

Todo esto es causa de ira dentro de las mismas filas del oficialismo.

Algo de ello se vivió el lunes 1° de marzo durante la mencionada ceremonia de apertura del período legislativo, cuando el senador Pichetto fue invadido por el enfado al enterarse recién ahí de la nueva embestida presidencial para usar reservas del Banco Central a través de un decreto de necesidad y urgencia, tirando así a la basura una ardua negociación que había tenido con Gerardo Morales para buscar acuerdos concernientes al reparto de comisiones.

Lo cierto es que lo que se vivió el jueves en el Senado refleja un estado de situación complejo sobre el que actúa un Gobierno con cero escrúpulos. Allí estuvieron, pues, los llamados del ministro de Economía, Amado Boudou, ávido de reconquistar posiciones en una interna en la que viene maltrecho a causa de todos los errores que cometió con el Fondo del Bicentenario y que Néstor Kirchner le imputa directamente.

Boudou intentó comunicarse con el senador Nito Artaza a fin de recordarle cuán dependiente está su provincia, Corrientes, de los favores del gobierno central. No tuvo suerte pero ello no significa que no lo vuelva a intentar. El matrimonio presidencial ha hecho del gobernador correntino, Ricardo Colombi, un hombre mendicante y sujeto de humillación.

La decisión de la senadora Roxanna Latorre de sostener a Marcó del Pont afectó profundamente a Carlos Reutemann. “Latorre es un puñal que va a llevar clavado por largo tiempo” confiesa un legislador muy allegado al ex piloto de Fórmula 1 quien, luego de un largo silencio, habló no sólo con un medio santafesino para expresar su molestia con la decisión de su ex aliada, sino también con sus allegados para decirles que, a pesar de todo, su proyecto presidencial sigue aún en pie.

En esa conversación con sus aliados, Reutemann reconoció lo desafortunado de sus manifestaciones públicas –estoy “desentusiasmado” dijo– e insistió en que su pensamiento está puesto en redoblar esfuerzos para neutralizar a los díscolos.

No es la primera vez que le sucede algo así, por lo que es evidente que deberá tener más cuidado con sus declaraciones ya que sus aclaraciones oscurecen. Lo que más le preocupa a Reutemann –y que puede ser decisivo para su determinación final referente a su candidatura– es qué país le dejarán los Kirchner.

Su convicción es que a la finalización de su mandato, lo que quedará en las arcas del Tesoro serán deudas que condicionarán severamente a la gestión que les sobrevenga. Mientras tanto, varios jefes comunales de la provincia de Santa Fe ya le han hecho saber al ex piloto que han recibido llamadas desde la Rosada prometiéndoles plata a cambio de reunirse con el diputado Agustín Rossi. Los que rechazaron la “invitación” se quedaron sin nada.

La batalla por la caja habrá de ser muy intensa. La modificación de las alícuotas de distribución a las provincias del Impuesto al Cheque altera los nervios –de por sí habitualmente alterados– del matrimonio presidencial. Si ese proyecto fuera aprobado por el Congreso, la Dra. Fernández de Kirchner lo vetaría de inmediato. De hacerlo así, el costo político habrá de ser alto.

En prevención de esto es que Néstor Kirchner está pergeñando la creación de una comisión integrada por gobernadores y legisladores para buscar una nueva ley de coparticipación federal. La idea, en realidad, no es la de otorgar más fondos a las provincias sino la de generar un debate largo que se diluya en el tiempo y que, en su devenir, deje intacto el Impuesto al Cheque, ya que su redistribución afectaría no sólo las arcas de La Nación sino también el plan político del matrimonio presidencial cuya metodología está basada en la cooptación de voluntades a través del manejo de la caja.

De eso se habló en las reuniones informales que tuvieron la mayoría de los dirigentes del justicialismo, que con bastante desgano acompañaron al ex presidente en funciones en el acto de reasunción de la jefatura del partido en Resistencia, el miércoles pasado. Allí, por otra parte, no hubo necesidad de hacer mucho esfuerzo para enterarse del “desamor” que genera Néstor Kirchner.

La otra obsesión del presente del matrimonio presidencial es la Justicia. El fallo de la Dra. Claudia Rodríguez Vidal, que la Presidenta amenazó con desobedecer, le está produciendo un verdadero dolor de cabeza a varios funcionarios del Ministerio de Economía que son quienes, en definitiva, deben autorizar con sus firmas los pagos de deuda privada con los fondos del Banco Central.

Uno de los que se encuentra ante esa disyuntiva es el secretario de Hacienda, Juan Carlos Pezoa, al que ya le han hecho saber las consecuencias judiciales adversas en la que se encontrará si es que avala tales pagos en abierta desobediencia a lo dispuesto por la Justicia. Es, en definitiva, algo muy similar a la circunstancia que se le planteó a Martín Redrado.

Es curioso que el mismo Gobierno que tiene el mérito de haber conformado una Corte Suprema independiente y prestigiosa exhiba tamaño nivel de intolerancia hacia los fallos que le son adversos. Esta es una contradicción más de los Kirchner. Alguien que los conoce bien suele decir: “no se equivoquen. Néstor Kirchner nombró a esta Corte porque en el fondo creía que, a manera de gratitud, sus integrantes le serían dóciles”. Evidentemente, la jugada le salió mal.

Mientras tanto, la inflación perfora el bolsillo de los que menos tienen. En la Babel de Olivos de eso no se habla

CFK nos ha metido en un camino institucional de incierta salida

viernes, 5 de marzo de 2010

Por Eduardo Amadeo (*)


El 1º de Marzo, básicamente la Presidenta perdió una magnífica oportunidad de sentar las bases de un final exitoso para su período de Gobierno. Si en lugar de haber insistido en su visión maniquea de la vida, hubiese ofrecido la posibilidad de un diálogo para construir la agenda hasta el 2011, hoy tendría no menos de 10 puntos más de popularidad.

Pero el mal ya está hecho, y su error nos ha metido en un camino institucional de incierta salida. Un error mayor de CFK en materia económica y política, fue no darse cuenta que en lugar de tomar las críticas como agresiones, podría haber usado las fortalezas de la economía como base para resolver las debilidades, y -en base al diálogo- agregarle la certidumbre que necesita para salir del encerrón financiero en que se encuentra.

La Argentina de 2010 no es, ni de lejos, la del 2001; ha vuelto a crecer, está poco endeudada, tiene un ciclo positivo de comercio exterior, y sólo necesita construir un puente de confianza hacia el 2011. El problema central es que la combinación de gasto imparable, agotamiento de fuentes financieras, inflación y agresión política, están escalando las expectativas negativas, con su conocido correlato de fuga de capitales, cierre de financiamiento y conflictos sociales.

Si el Gobierno reconociese esta ecuación y, en lugar de la negación patológica intentase desarmar expectativas negativas con propuestas racionales, no sólo lograría apoyo político, sino que el costo de la transición sería mucho menor para él.

No hay maneras mágicas y neutrales para reducir las expectativas, lograr financiamiento y bajar la inflación. En este punto, hay que intentar un proceso de reversión paulatina de las expectativas y desarmado de los conflictos. Pero es posible.

Entre algunas de las ideas, debería el Gobierno traer al Congreso una propuesta de presupuesto que fuese financiable, compartiendo lo que falta financiar y cuales son las ideas reales al respecto; explicitar sus expectativas fiscales y monetarias a dos años, y sobre esa base proponer un programa de metas de inflación; revisar los subsidios en función de su nivel de equidad; proponer un programa paulatino -pero inamovible-de regularización de la situación fiscal de las provincias; recortar(como gesto importante) todos los gastos superfluos; entrar en la discusión parlamentaria del Indec; aceptar la discusión sobre el uso de las reservas.

Si , como parte del paquete, la Presidenta cambiase su discurso, y pusiese el largo plazo como una propuesta hacia la ciudadanía, aceptando errores y abriendo el diálogo, el impacto de todo el paquete sobre los mercados, sería tan fuerte, que aliviaría la carga financiera que hoy tiene.

(*) Eduardo Amadeo Diputado Nacional, Peronismo Federal

Ego hay uno sólo, motivaciones, muchas

lunes, 1 de marzo de 2010

Por Claudio M. Chiaruttini

Enero y febrero fueron adelantos tibios de cómo será el año político: un gobierno presionado por las necesidades que no dudará usar cualquier mecanismo con tal de hacerse de dinero, una oposición que tratará de frenar los abusos de poder del oficialismo marcándole los tiempos y una Justicia que actuará como balanza entre dos bandos que no saben negociar.


Hasta ahora, el Gobierno pudo aprovecharse de la falta del funcionamiento del Congreso, pero ahora, el matrimonio Kirchner deberá resolver si negociará, cuanto cederá, con quiénes negociará, qué aliados encontrará y deberá medir el impacto que tendrá en la opinión pública cada intento de pasar por arriba del Parlamento.

A decir verdad, la debilidad parlamentaria le suma al Gobierno un costo político mayor ante cada decisión inconsulta, como se demostró con el intento de crear el Fondo del Bicentenario y la impotencia que exhibió la Casa Rosada para deshacerse de Martín Redrado.

El escenario para el matrimonio Kirchner se complica porque en más de 20 años de vida política, pocas veces lo hicieron desde una posición de debilidad, por lo que carecen de la capacidad y las herramientas para negociar, salvo el poder de caja que tiene todo gobierno, lo que no es poco entre políticos acostumbrados a saltos y piruetas de un bando a otro.

El regreso de Néstor Kirchner luego del accidente cerebro vascular confirmó que el santacruceño mantiene los mismos enemigos (los medios, la oposición, todos los críticos) y que no teme agitar la bandera destituyente contra su esposa, debilitándola en cada oportunidad que asegura que no la dejan gobernar, dejando al descubierto su falta de capacidad para controlar el escenario político y confirmando que no tiene poder propio.

Pero la férrea actitud de Néstor Kirchner no evita que las traiciones en el oficialismo crezcan. Puede ser el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey; el intendente de La Plata, Pablo Bruera; el ex Jefe de Gabinete, Alberto Fernández; el hermano de Daniel Scioli, José Scioli, o algunos grupos piqueteros, todos los que comieron de la mano del santacruceño y que no serían nada en la política sin el lugar y poder que les dio en el pasado el matrimonio Kirchner, ahora se llaman fundadores del postkirchnerismo.

Aquí nace un nuevo enigma para el simple votante: si nunca se pudo definir qué es el kirchnerismo,

> ¿quién es capaz de definir qué es el postkirchnerismo?

> ¿Una “etapa superadora del peronismo”, como definieron al kirchnerismo en 2004 los mismos que hoy traicionan a Néstor Kirchner?

> ¿Es kirchnerismo sin los Kirchner, es decir, el “peronismo sin Perón” del Siglo XXI?

> ¿Es kirchnerismo con todas sus malas costumbres, pero menos imagen negativa en la opinión pública?

> ¿Es falso progresismo disfrazado de peronismo?

> ¿Es corrupción kirchnerista con protagonistas más jóvenes?

En su decadencia, sobrevivieron alfonsinistas, pero murió el alfonsinismo; sobrevivieron menemistas, pero murió el menemismo; sobrevivieron delarruístas, pero murió el delarruísmo; sobrevivieron duhaldistas, pero murió el duhaldismo. ¿Crear el postkirchnerismo será la forma que los kirchneristas buscan para sobrevivir al matrimonio Kirchner?

Poco importa si Néstor Kirchner cree que gobernará hasta el 2015 o si el postkirchnerismo intenta nacer a espaldas del Gobierno, ambos deberán hacer frente a problemas crecientes, en especial, desde que la Justicia cerró el camino para crear el Fondo del Bicentenario cómo quiso la Casa Rosada y el despido de Martín Redrado frenó el canje de deuda.

Mientras el Banco Central adelantó al Tesoro la primera remesa de utilidades no realizadas (como se nota, Mercedes Marcó del Pont es rápida cuando recibe una orden de la Casa Rosada), hoy la Quinta de Olivos busca nuevas cajas para saquear.

Por un lado, intentará crear el Fondo del Bicentenario por ley, si el camino del Decreto de Necesidad y Urgencia es frenado en el Congreso, y se reflotó el canje de deuda (tarea en manos de Amado Boudou, su última oportunidad para permanecer en su cargo).

Sin embargo, una idea muy original surgió de empresarios que se dicen kirchneristas pero no soportan tener en sus directorios representantes del ANSeS vigilando todos sus movimientos: transferir las participaciones accionarias que tomó el Gobierno de las AFJP.

La propuesta nació luego del almuerzo que tuvieron algunos de esos empresarios con Cristina Fernández de Kirchner en la Quinta de Olivos y fue presentado al ministro de Economía, Amado Boudou, como un intento de evitar que el dinero privado fugue a través de la compra de dólares.

Es interesante, pero mientras Cristina Fernández de Kirchner evitaba hablar de la inflación y prometía apoyo a las inversiones, los empresarios buscaban la forma de alejarse del Gobierno y de no tener que concurrir a los encuentros que promete cada tres meses la Casa Rosada.

Otro dato curioso del almuerzo con empresarios oficialistas fue que Cristina de Kirchner reclamó a los bancos crédito barato -igual que Carlos Saúl Menem en los '90, Fernando De la Rúa cuando volvió la recesión y Eduardo Duhalde en plena recesión-. Pero esos gobiernos, con sus medidas, hacían subir las tasas, tal como ocurre hoy.

El Gobierno sabe que con alta inflación no podrá frenar los subsidios como promete y que las demandas de dinero de las provincias y municipios crecen. En este marco, la debilidad política del matrimonio Kirchner, obliga a seguir buscando dinero, por eso, los empresarios aprovechan para ofrecer lo que será un divorcio negociado de la Quinta de Olivos.

Por el lado de la oposición, enero y febrero también fueron una muestra de lo que vivirá el resto del año: ridículo vedetismo de algunos candidatos, intentos frustrados de bloquear al oficialismo, bloques que se arman y se desarman en pocas horas, voluntarismo extremo, sospechosas acciones y reacciones de ciertos personajes mediáticos, temor creciente a traiciones y la sombra siempre presente de la corrupción como motor de las actitudes y decisiones que tomaron y tomarán algunos supuestos opositores.

Gestos como el de Carlos Saúl Menem pueden ser usuales, ya sea por deseos de volver a ser tapa de los diarios, para imponer condiciones a sus supuestos aliados, para acceder a algún espacio de poder, para ser llamados a la mesa de decisiones o para aumentar su cotización a la hora de ser tentados por el oficialismo. Ego hay uno sólo, motivaciones, muchas.

Puede que el matrimonio Kirchner agradezca cada bocanada de aire que reciba de gestos como el realizado por Carlos Saúl Menem o por las movidas inconsultas de Elisa Carrió, pero un proyecto político de las dimensiones del kirchnerismo sólo gana tiempo y frena un poco, sólo un poco, el ritmo del desgaste que tienen ante la opinión pública, pero nada más.

Las opociones que forman la oposición son un colectivo que tiende a crecer. No pierde votos, los gana al ritmo de desgaste del oficialismo. Cada error del matrimonio Kirchner fortalece el número de miembros que tiene la oposición, pero aún, no crear una opción de gobierno frente al matrimonio Kirchner. Esa será la gran tarea de este año.

El campo tiene un rol clave en la construcción de la oposición. Por primera vez en muchos años, representantes del sector están a cargo de las comisiones de Agricultura y Ganadería de las cámaras de Diputados y Senadores. En menos de dos meses, se cumple el segundo año del comienzo de la lucha contra la Resolución 125 y en las rutas ya hay clima de protesta.

El aporte más importante que debe hacer la Mesa de Enlace a favor de la construcción de una alternativa política al matrimonio Kirchner es no dividirse, en especial, con un Gobierno que duda entre solucionar los problemas causados e incrementar los frentes de lucha.

Hoy, el arma más usada por el matrimonio Kirchner contra la Mesa de Enlace, contra la oposición y contra los potenciales traidores dentro del peronismo es la misma: la discrecionalidad. Sin embargo, la discrecionalidad no crea adhesiones sino rehenes y, los que no son elegidos, suman argumentos contra el oficialismo.

Por eso, por más que la Casa Rosada nos intente distraer levantándole temperatura al conflicto con Gran Bretaña o armando un enfrentamiento con los USA para conseguir una foto con Hillary Clinton, el futuro del kirchnerismo se juega cuando Cristina Fernández de Kirchner muestre si volcará toda su soberbia sobre la oposición o si está dispuesta a negociar para poder hacer más lenta la decadencia de su gobierno, es decir, será la propia Presidente de la Nación la que determinará el ritmo de decadencia de su gobierno.

DNU: Dos preguntas más

viernes, 26 de febrero de 2010

Por Jorge Horacio Gentile (*)

Los decretos de necesidad y urgencia (DNU) Nº 2.010/2009, que destina reservas del Banco Central al Fondo del Bicentenario y, en consecuencia, libera recursos del presupuesto para cubrir gasto público, y el Nº 18/2010, que remueve al presidente de ese banco, Martín Pérez Redrado, dictados por el Poder Ejecutivo, además de no haber justificado ni la "necesidad" ni la "urgencia", que el decreto de remoción no contó con el consejo de la comisión del Congreso y que no se dio oportunidad de defensa a Redrado por el delito que se le atribuye, plantean dos interrogantes que merecen adecuadas respuestas: 1) ¿Puede el PE dictar leyes (DNU), cuando el Congreso está en receso? y 2) ¿Dónde, cuándo y quiénes asistieron al "acuerdo general de ministros" que los decidió?


1. El Congreso es quien sanciona leyes, pero, "cuando circunstancias excepcionales hicieran imposible seguir los trámites ordinarios previstos por esta Constitución para la sanción de las leyes" (art. 99, 3 CN), puede hacerlo el Poder Ejecutivo mediante DNU. Por lo tanto, si el Congreso está en receso, y, por ello, no puede dictar leyes, tampoco puede hacerlo el Poder Ejecutivo, quien puede hacer cesar el receso convocando a sesiones extraordinarias (art. 63 CN).

Negarse a hacerlo es también impedir que se cumpla aquella otra exigencia de la ley fundamental, después de dictado el DNU, de que, elevado al plenario del Congreso el dictamen de la comisión bicameral permanente (que controla la validez de los mismos), "de inmediato" deba ser considerado por "las Cámaras" (art. 99, 3 CN), luego de que el jefe de gabinete de ministros lo someta a dicha comisión dentro de los diez días, y esta lo despache en igual tiempo.

Este es el segundo año parlamentario en que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se niega a convocar a sesiones extraordinarias, lo que demuestra que no hay necesidad ni urgencia para dictar ley alguna. El reciente requerimiento del consejo de la comisión parlamentaria es un reconocimiento de la omisión incurrida en el decreto No. 18.

Conclusión: con el Congreso en receso, el Poder Ejecutivo no puede dictar DNU.

2. Los DNU "serán decididos (por el presidente de la Nación) en acuerdo general de ministros que deberán refrendarlos, conjuntamente con el jefe de gabinete" (art. 99, 3 y 100, 13 CN). Por lo que es indispensable el "acuerdo general de ministros", que se resuelve en una reunión de gabinete (la que debe "coordinar, preparar y convocar" el jefe de gabinete (art. 100, 5 CN), lo que hace mucho no tenemos noticias que ocurra.

Además, el DNU debe ser firmado por el presidente y por los ministros, pero ello no suple la necesaria reunión de gabinete para que estos discutan y lleguen a un "acuerdo" con el presidente, lo que reemplaza el debate en el Congreso que, por las razones de "urgencia", no pudo hacerse.

En estos dos casos, hubo refrendo, pero no tenemos información de que haya habido reunión de gabinete, y, por tanto, tampoco pudo haber "acuerdo general de ministros".

Pruebas al canto: en la página web del ministerio de Salud, se informó que el titular de la cartera, Juan Manzur, (quien firma el DNU que remueve a Redrado) estuvo en Misiones (Puerto Iguazú) y Chaco, entre el 6 y el 8 de enero, y el DNU que refrendó tiene fecha 7 de ese mes, día en que el ministro visitó el hospital "Dr. Enrique De Llamas", en Charata, junto con el gobernador del Chaco.

La prensa informó que el ministro del Interior, Florencio Randazzo, estaba en Valeria del Mar, mientras que los de Trabajo, Carlos Tomada, y de Defensa, Nilda Garré estaban en Pinamar. Los tres suscribieron, también, el DNU.

Si hubiera habido reunión de gabinete, ¿adónde fue? ¿En la Casa Rosada, en Olivos, en Charata, en Valeria del Mar o en Pinamar?, y otra duda: ¿Cuándo y adónde firmaron los ministros el DNU refrendando y legalizando la de la presidenta?

Conclusión: Pudo haber refrendo, pero se omitió el "acuerdo general de ministros".

Estos dos interrogantes ponen aun más en duda la plena vigencia del estado de derecho y dañan la siempre anhelada calidad institucional.


(*) Jorge Horacio Gentile es profesor de derecho constitucional de las universidades Nacional y Católica de Córdoba y fue diputado de la Nación.

Según Cristina Kirchner sobra demanda y hay que estimular la oferta

martes, 23 de febrero de 2010

Por Roberto Cachanosky

Un año atrás, el diagnóstico económico era el de falta de demanda y en consecuencia se buscaba incentivarla con planes de compra subsidiados. Hoy, el análisis es el inverso: sobra demanda y hay que estimular la oferta.


Apenas un año atrás, Cristina Fernández de Kirchner anunciaba planes para la compra de autos, canje de calefones, heladeras, lavarropas, bicicletas y no recuerdo cuántas cosas más. Apenas un año atrás, el diagnóstico económico del Gobierno era que la demanda resultaba insuficiente para mover la economía.

Un razonamiento muy particular porque pretendía rebatir la ley de Say, que dice que la oferta crea su propia demanda. Primero tengo que producir algo y que alguien me lo compre para luego poder demandar. No puede haber demanda si previamente no hay oferta. De manera que el problema no era que había oferta pero no demanda, sino que no había suficiente oferta para generar más demanda.


Lo cierto que es, como decía antes, apenas un año atrás, el diagnóstico económico de Cristina Fernández era el de falta de demanda.

Ante la espiral inflacionaria que estamos viviendo, en el que particularmente el problema de los alimentos tiene muy preocupado al gobierno, ahora Cristina Fernández (¿o será Néstor que le escribe el libreto?) sostiene que tenemos un problema de oferta. Cristina Fernández, Boudou y Marcó del Pont dicen que no hay inflación, que lo que tenemos es un problema de tensión de precios porque hay más demanda y se necesitan más inversiones para ampliar la oferta.

La nueva presidenta del Banco Central está buscando la manera de estimular el crédito (en rigor quiere inventarlo imprimiendo billetes) para la inversión y así incrementar la oferta de bienes y servicios, mientras Cristina Fernández de Kirchner va a hacer otra reunión con empresarios para pedirles que inviertan. Con más inversión se produce más, aumenta la oferta y disminuyen los precios. Este sería el razonamiento de los funcionarios del gobierno y del gran Néstor que todos los días descubre una nueva teoría económica.

Dejemos de lado la afirmación de Aníbal Fernández que sostuvo que la inflación se produce porque la gente tiene mayor capacidad de demanda, porque el argumento da más para el estudio de la psiquiatría que de la economía, dado que es muy difícil abordar semejante afirmación desde la economía cuando estamos frente a una aceleración de la inflación y el Jefe de Gabinete dice que la gente, con inflación y el salario derritiéndose, aumenta su capacidad de demanda.

Lo concreto es que, según el Gobierno, la fenomenal expansión monetaria no tiene nada que ver con la inflación y el problema, a menos de un año de, según ellos un problema de demanda, ha pasado, mágicamente, a ser un problema de oferta.

Ahora bien, si como dicen ellos, con más inversiones se soluciona el problema de la inflación, quiere decir que, inevitablemente hacen falta más inversiones porque la capacidad de producción está al máximo. Las empresas no pueden producir más porque están al tope de su capacidad de producción. Por eso, por un lado, vuelve Moreno con sus fracasados controles de precios y consabidos aprietes y, al mismo tiempo, Cristina Fernández, Marcó del Pont y Boudou utilizan todos sus conocimientos “científicos” de economía para afirmar que tenemos un problema de oferta.

¿Cuál es el sector que más complica a la gente en este momento en materia de inflación? Indudablemente los alimentos. De acuerdo al IPC del INDEC, en enero los precios que más subieron respecto a diciembre fueron, primero esparcimiento, con un 2,3% y luego alimentos y bebidas con una suba del 1,6%. Es decir, pareciera ser que para ellos hay un cuello de botella en la producción de alimentos.

Recurramos nuevamente al INDEC y veamos la utilización de la capacidad instalada del sector alimentos y bebidas. El gráfico muestra que en diciembre de este año (último dato disponible del INDEC), cuando ya la inflación se estaba acelerando, la utilización de la capacidad instalada del sector alimentos y bebidas estaba en el 78,2%.

Este dato se contrapone contra, por ejemplo, el 80,9% de noviembre del 2007 cuando, para el INDEC, la inflación no existía y los alimentos y bebidas crecían solo el 0,07%. O contra el 87,4% de uso de la capacidad instalada de diciembre del 2008 cuando tampoco había inflación y los alimentos subían el 0,33%.

Tampoco había un problema de oferta en la economía en agosto, septiembre y octubre del año pasado cuando la utilización de la capacidad instalada del sector alimentos y bebidas estaba entre el 81 y 82 por ciento, bien por encima del 78,2% de diciembre pasado y los alimentos subían entre el 0,9 y el 1,2%.
(Clickear en la imagen para agrandar el gráfico)

En otras palabras, el argumento de Cristina Fernández de Kirchner tiene un problema de consistencia con los datos del INDEC que ella misma defiende y maneja su incondicional Moreno. Porque el INDEC de Moreno dice que el sector alimentos y bebidas no está trabajando al tope de su capacidad de producción y que hubo momentos no muy lejanos en los que utilizó un mayor porcentaje de la capacidad instalada que en diciembre 2009 y, sin embargo, sostenían que no había inflación. De todo esto se deduce que, según los datos del INDEC, todavía hay capacidad de producción en el sector alimentos que permitiría aumentar la oferta sin necesidad de inversiones.

Insisto, mientras Cristina Fernández de Kirchner sostiene que el problema de los precios es que hay que hacer más inversiones para aumentar la oferta, el INDEC de Moreno dice que el sector alimenticio todavía tiene capacidad para aumentar la oferta sin hacer inversiones. Al mismo tiempo, Moreno convoca a los productores de alimentos para que no suban los precios. ¿Quién los entiende?

De más está decir que si el problema fuera una cuestión de falta de inversiones, Cristina Fernández debería formularse la siguiente pregunta: ¿por qué si la demanda crece las empresas no aprovechan el negocio y hacen más inversiones? La respuesta sería más que obvia. Porque como no somos creíbles como gobierno, nadie quiere poner un peso en Argentina. Mientras tanto, Marcó del Pont pretende inventar el crédito mediante el simple trámite de imprimir billetes para que haya inversiones, las cuales, según el INDEC no son necesarias.

Para aquellos que se marearon con los datos anteriores, transcribo el informe del INDEC de diciembre pasado sobre la utilización de la capacidad instalada. Dice el informe de Moreno: “Con relación a la utilización de la capacidad instalada para el trimestre en curso (enero-marzo), respecto al trimestre anterior, el 74,2% de las firmas la considera adecuada, el 21,5% opina que es excesiva y para el 4,3% es insuficiente”. Palabra del INDEC de Moreno.

Es decir que, de acuerdo al relevamiento del INDEC, para el 95,7% de todo el sector industrial, en el trimestre en curso la capacidad instalada están entre bien y excesiva. Sólo el 4,3% la considera insuficiente.

En definitiva, la conclusión es más que obvia. O Cristina Fernández de Kirchner cambia su argumentación para no seguir haciendo papelones o que lo llame a Moreno y le diga que no la haga hacer más el ridículo porque está dibujando mal los números del INDEC en el rubro utilización de la capacidad instalada.

Cristina Fernández, su dificultad con el reconocimiento y la formulación de la verdad

domingo, 21 de febrero de 2010

Por Marcelo A. Moreno

La Presidenta de la Nación muestra preocupantes síntomas de tener dificultades con el reconocimiento y la formulación de la verdad. Su relación con esa materia tan sutil y tan concreta a la vez parece pendular entre el conflicto, lo inestable y lo improbable.

Este desdichado problema no constituye, claro, un tema menor. El filósofo Ralph Waldo Emerson escribió la certeza de que "toda violación de la verdad no es solamente una especie de suicidio del embustero, sino una puñalada en la salud de la sociedad."


El viernes 5 de febrero la doctora Cristina Fernández de Kirchner denunció públicamente en una de sus tantísimas intervenciones públicas -esta vez, durante una visita a las tan importantes obras de remodelación del puente Nicolás Avellaneda- que el canal de noticias TN había censurado sus dilatadas expresiones del miércoles 3.

La Presidenta no dijo la verdad. Al día siguiente, tanto TN como la mayor parte de los medios de comunicación independientes, dio cuenta que quien, en realidad, había suprimido parte de sus extensos dichos había sido el canal oficial 7, el que interrumpió esa transmisión para poner al aire el partido entre Gimnasia y Estudiantes de la Plata.

Desde luego, podía tratarse de un error -un error nada insustancial, por cierto, ya que contenía una gravísima acusación contra un medio que no tiene obligación de transmitir los discursos ni de ella ni de nadie-, pero error al fin.

Sin embargo, pasados ya demasiados días sin rectificación, se tiene derecho a sospechar que no se trata de ninguna equivocación. Porque al no producirse siquiera una aclaración o una simple disculpa, la fabulación subsiste: por omisión, la Presidenta sigue manteniendo que TN la censuró cuando no fue así.

En 1936, en Alemania, manifestar en público que los judíos no dominaban el mundo -y por eso había que eliminarlos- equivalía a agraviar las doctrinas que el doctor Goebbels y sus cómplices imponían a fuerza de espanto y otorgaba, seguramente, un pasaporte a la muerte súbita por causas no naturales o al campo de concentración.

En el 2010, en la Argentina, informar, como lo hace día a día la prensa no domesticada por el Gobierno, sobre la política consuetudinaria de avasallamiento de los otros poderes y órganos de control del Estado por parte del Ejecutivo, equivale a "inventar, difamar o agraviar", según los reiteradísimos dichos de la máxima autoridad del Estado en relación a la prensa independiente.

Por eso, insisto, defender a esa prensa no domesticada en la Argentina melancólica de nuestros días significa simplemente defender la democracia.

Las lágrimas que asolaron el rostro de Graciela Bevacqua, ex directora de Precios de Consumo, cuando relató hace unos días en el Senado los aprietes y persecuciones que sufrió de parte de un matón kirchnerista con carnet de Secretario de Estado por no aceptar falsificar los números del INDEC resultaron tan sinceras como elocuentes.

Sucede que nuestra sociedad padece un Gobierno que hace lo que el ex fiscal de Investigaciones Administrativas, Manuel Garrido denominó como "burda adulteración de cifras" de los índices del costo de la vida.

Es decir, una mentira sistemática y permanente, que agrede a la sociedad en su conjunto -hasta su aliado Moyano la cuestiona- y que, por su duración, no supone un error sino que configura una verdadera política de Estado. Así, da la impresión que el vértice del Poder Ejecutivo sigue el precepto de Mark Twain, según el cual "si la verdad es nuestro bien más preciado, haremos bien en economizarla".