Existe una inflación popular y una inflación premium

sábado, 13 de febrero de 2010

Por Maximiliano Montenegro

“Si vos comprás en Patio Bullrich, la inflación es del 20 o 30%. Si comés en Happening, la inflación es del 100% en el último año. Pero ése no es el consumo de la mayoría de los argentinos. No creemos que haya el proceso inflacionario que promueve Clarín, inflando las expectativas. Quieren instalar que la inflación está desbocada, pero no es así”.


El alto funcionario del Palacio de Hacienda prosigue con su diagnóstico: “El IPC (del INDEC) representa una canasta de consumo popular. Ahí es otro mundo, no se dan los aumentos que fogonean los diarios. Ustedes hablan de la inflación de una canasta premium, que no refleja el consumo de la mayoría de los argentinos”.
Siete meses atrás, cuando asumió, Amado Boudou encargó la revisión de las cifras del INDEC a un consejo de académicos con el objetivo de transparentar las estadísticas del organismo. Hoy, en cambio, los colaboradores más fieles del ministro defienden la tesis de Guillermo Moreno: la inflación es elevada para los segmentos medios altos y altos –que consumen la llamada “canasta premium”–, mientras que la medida por el INDEC es para los sectores medios bajos y bajos.

“El 2010 va ser un año espectacular”, insiste el funcionario de Economía. Las proyecciones que se barajan por estos días en el despacho de Boudou son las siguientes: crecimiento del PBI del 6%, con un IPC del 9%... y una “inflación premium” que superaría el 20 por ciento.

“En 2009, la inflación promedio fue 14%. Este año va ser 15%. No muy diferente”, explica el funcionario a este periodista, que toma nota entonces de que en el Gobierno miran tres índices distintos: el IPC del INDEC (algo así como la inflación popular o peronista); el índice premium (que reflejaría el “consumo de lujo”); y la “inflación promedio”.

–¿Cómo es posible que en 2010, con 6% de crecimiento, la “inflación promedio” sea similar a la de 2009, cuando la economía cayó entre 2 y 4 por ciento?

–La economía no cayó en 2009, como dicen los consultores privados, responde tajante el funcionario. (Según el INDEC, el PBI en 2009 creció 0,5 por ciento).

En cuanto a la carne, si bien se reconocen aumentos como consecuencia de problemas estructurales en el sector, en el equipo de Boudou también prima la teoría de que el tema está agrandado por los medios.

El ministro ordenó a sus colaboradores un seguimiento del precio de la carne en base a un índice casero: recopilar los avisos con ofertas de precios publicadas por los supermercados en el diario Clarín durante los últimos meses. Efectivamente, el relevamiento muestra que los principales hipermercados cumplieron con el acuerdo cerrado con Moreno de congelar el precio de una serie de cortes populares. Por ejemplo:

• El 21 de noviembre, Carrefour publicó la oferta de cuatro cortes populares (palomita, roast beef, paleta y tapa de asado) a $ 6,99 por kg; y la carnaza común a $ 5,99 por kg. Toda carne de novillito.

• El mismo aviso promocionó “Súper Vea” el 9 de enero; volvió a publicar Carrefour el 30 de enero. Y repitió el sábado último (6 de febrero) Walmart.

El seguimiento de precios se extiende a otros alimentos, y las ofertas, en algunos casos, perduran con los mismos precios desde agosto pasado. La carpetita con fotocopias color ya está sobre el escritorio presidencial. Para el ministro es la prueba de que los consumidores tienen opciones para eludir la suba de precios, y que la inflación real para los sectores de menores recursos no es la que difunden los diarios, en base a encuestas de consultoras privadas.

Sin embargo, esas “promo” de los súper están acotadas a un día del fin de semana, y en letra chiquita siempre aclaran que la empresa dispone de un stock limitado de carne a esos valores. Durante la semana, en cambio, liberan las góndolas. Según comprobó este diario, esos mismos cortes, en uno de los híper mencionados estaban el jueves último entre dos y cuatro veces más caros. Es probable que hoy o mañana, a pedido de Moreno, reaparezca la oferta en un súper líder de origen nacional.

Según el sitio Inflaciónverdadera.com, que releva online los precios diarios de una canasta básica de consumo en dos grandes cadenas comerciales, la inflación asciende –a los precios de ayer– al 22,1% anual.

Otro argumento que mencionan en el Palacio de Hacienda para relativizar el proceso inflacionario es la marcha del consumo. “Si la inflación fuera tan elevada como dicen no habría boom turístico. La recomposición del poder de compra salarial explica el boom turístico de este verano, porque en 2009 no aumentó el empleo”, sostienen.

Pero ese mismo argumento podría usarse al revés: si en 2009 la inflación fue de sólo 7% –como dice el INDEC– y los salarios, a su vez, aumentaron 17% en general (¡y los salarios en negro 21,5%!) ¿por qué no explotó el consumo el año pasado?

Canasta. El INDEC de Moreno difundió ayer que el IPC de enero fue de 1 por ciento, la mitad de lo estimado por algunas consultoras, incluso las más cercanas al Gobierno. Sin embargo, el organismo admitió que la canasta básica alimentaria (que mide la línea de indigencia) se encareció 2,15 por ciento. Y acumula en el trimestre noviembre- enero una suba del 6,1%.

Anualizada, implica una inflación de alimentos superior al 25%, en línea con los cálculos de encuestadores privados. Por sí solo el dato debería preocupar en Olivos. No por la difusión de la primera cifra que contradice la “inflación peronista”, sino por el impacto que una dinámica de precios semejante supone sobre los bolsillos de las familias más pobres del Gran Buenos Aires.

¿Hay plan? Como se dijo, Boudou relativiza la dimensión del fenómeno inflacionario. Sin embargo, el ministro prepara un plan para estimular la inversión, bajo el supuesto de que los aumentos de precios responden fundamentalmente a un problema de escasez de oferta sectorial para abastecer a una demanda pujante.

“La clave este año va a ser la inversión privada. Muy pocas empresas dominan la mayoría de los mercados. Con esas empresas hay que sentarse y negociar más inversiones, a cambio de incentivos crediticios y otras cuestiones. Que ajusten por cantidades y no por precios”, reflexiona ante sus allegados.

“Este año es una bisagra: o pasamos al frente o volvemos a las políticas de ajuste de siempre”, asegura. En el menú ministerial no se descarta reflotar el proyecto de un banco de desarrollo, al estilo del BNDES brasileño.

Pero se defenderá a rajatabla la política expansiva, fiscal y monetaria de los últimos tiempos. Incluso, Boudou rechaza la sospecha de que el Gobierno utilizará la política cambiaria como ancla nominal de los precios: sin saltos bruscos, el objetivo es preservar la competitividad frente al principal socio comercial. Si Brasil devaluara, el dólar se movería aquí también gradualmente hacia arriba.

Para el economista Nicolás Salvatore –quien junto a la ex directora del IPC/INDEC, Graciela Bevacqua, elabora un índice propio desde un centro académico de la UBA– “los aumentos de precios han dejado de ser un fenómeno discreto, explicado por excesos de demanda sectoriales o aumentos de costos”. “Cuando un proceso de aceleración inflacionaria traspasa cierto umbral, la inflación se vuelve persistente, y crece impulsada por su propia inercia, por las expectativas, en un marco de indexación generalizada de contratos”, explica.

El diagnóstico es compartido por gran parte de los economistas –heterodoxos, no destituyentes–. En especial después de lo que ocurrió el año pasado: pese a la profunda recesión, con exceso de capacidad ociosa en las fábricas, la inflación no bajó del 15 por ciento. Una prueba irrefutable de que el alza de precios tiene vida propia, independiente de sus causas originales (en 2007, el exceso de demanda en una economía que crecía a todo vapor con precios de las commodities en ascenso).

¿Cómo frenar la inercia inflacionaria sin un termómetro de precios confiable? ¿Cómo moderar expectativas sin un indicador de referencia aceptado por sindicatos, empresarios, académicos y buena parte de la dirigencia política? ¿Habrá un mecanismo de actualización de los planes sociales o se dejará que los licue la inflación?

¿En base a qué parámetro se ajustarán en el futuro los principales contratos de la economía? ¿Las tapas de Clarín, las encuestas de las consultoras privadas, el IPC de Moreno, las ofertas de los supermercados o el “índice changuito” que le acerca a Moyano su mujer?

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