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Los Kirchner ya no escriben de manera exclusiva los puntos de la agenda pública

lunes, 24 de mayo de 2010

Por Eduardo Aulicino


¿Qué tienen en común la refinanciación de deudas de las provincias y la resolución de la Corte Suprema que fijó límites a los Decretos de Necesidad y Urgencia? Nada en cuanto a sus efectos concretos, pero mucho en términos de lectura política: reflejan por distintos caminos que los Kirchner ya no escriben de manera exclusiva los puntos de la agenda pública.

Los DNU y el manejo de los fondos para las provincias no eran temas que el oficialismo quisiera tratar: pero allí están, como parte de un debate más amplio, no agotado y que supera los límites del Congreso, donde la oposición expresa sus limitaciones pero logra cada tanto alterar los planes de Olivos.

Esa realidad, negada en público, no pasa inadvertida en la intimidad del poder. Pero ganar la iniciativa, claro, no es sólo cuestión de hilvanar un discurso presidencial por jornada. En estos días, se admite en el círculo kirchnerista que un objetivo primordial es recuperar credibilidad, empezando por algunas franjas de la sociedad que habían apoyado de algún modo sus gestiones y luego se disgustaron. En esa línea, se anotan desde gestos tardíos y limitados hacia productores agropecuarios, hasta promesas repetidas de planes de viviendas.

Es curioso cómo funciona en algunos casos el kirchnerismo. El Bicentenario, aludido de manera reiterada por Cristina Fernández de Kirchner y por la publicidad oficial, parecía un buen elemento para mejorar climas y relaciones sociales. Pero el mensaje volvió a cerrase sobre sí mismo: se sumaron el cruce con Mauricio Macri por la gala del Colón y la decisión de no convocar para las celebraciones a ex presidentes democráticos, ni al vice. Los K conspiran contra los planes que según sus allegados serían prioridad en función de los cálculos para el 2011.

Ese mismo mecanismo -que inhabilita cualquier camino que contemple acuerdos con otras fuerzas- ha llevado al Gobierno a recrear como propios algunos proyectos o reclamos opositores. En Olivos, se privilegió la idea según la cual sólo se gana si el otro pierde o parece haber perdido. La política suele ser más que eso, pero los Kirchner jamás brindan a sus legisladores la posibilidad de un entendimiento con la oposición si eso además sugiere un éxito compartido.

El último capítulo lo escribieron sus idas y vueltas con las provincias. La oposición y el peronismo crítico avanzaron con una modificación del reparto del impuesto al cheque, que aún debe ser tratada en Diputados. La Presidenta y Néstor Kirchner metieron presión sobre los gobernadores, amenazaron con recortar otros fondos en caso de que la iniciativa prospere, y hablaron vagamente de rediscutir el sistema de coparticipación federal, tema eludido desde 1994.

Apareció luego un proyecto asociado al anterior: la distribución automática de los fondos conocidos como ATN. El texto apenas había dado un paso en el Senado, pero se perfilaba como de rápido trámite. El Gobierno decidió entonces refinanciar la deuda de las provincias, incorporando este punto, de manera parcial y distorsionada. Ahora espera que con tales medidas se marchiten las iniciativas opositoras en el Congreso. Cero consenso.

Para los K, de todos modos, los problemas no se agotan en el Congreso. Una reciente decisión de la Corte Suprema repuso el debate sobre otro tema de fondo: los alcances de los Decretos de Necesidad y Urgencia. El Tribunal fijó límites a los DNU y lo hizo con algunos señalamientos muy precisos: sostuvo que su uso debe ser excepcional, destacó el papel de la Justicia para pronunciarse sobre su validez y recordó que la reforma de la Constitución de 1994 buscó atenuar el sistema presidencialista.

Los famosos DNU tienen pendiente el tratamiento de un proyecto específico en el Senado. El oficialismo, por ahora, sólo atina a bloquearlo, pero no le alcanza para borrarlo de la agenda política.

El gusto de la oposición serviría, por ahora, para templar el ánimo político de cara a las batallas que vendrán

miércoles, 14 de abril de 2010

Por Eduardo van der Kooy

La oposición, después de una acumulación de frustraciones, pudo ayer sacarse el gusto en Diputados. Conformó el quórum indispensable (arrancó la sesión con 129 legisladores) y avanzó en la derogación del DNU de Cristina Fernández, con el cual había inaugurado en marzo el período de sesiones ordinarias. Esa herramienta le permitió apropiarse de reservas del Banco Central para abonar vencimientos externos.


El gusto de la oposición serviría, por ahora, para templar el ánimo político de cara a las batallas que vendrán, aunque al DNU derogado le quedaría todavía un largo camino por recorrer antes de que pueda ser considerado, de verdad, en estado de extinción.



El kirchnerismo, por lo pronto, dejó sentado que no convalidará la votación de ayer, que se perfilaba por mayoría simple y no con los dos tercios. El oficialismo no tendría razón con esa postura porque el tratamiento del DNU se hizo dentro de los plazos reglamentarios y no sobre tablas. Pero importa poco que no le asista aquella razón: en inferioridad, el kirchnerismo se ha mostrado astuto, hasta ahora, para enredar el funcionamiento del Congreso. Tanto en Diputados como en el Senado. Agustín Rossi, el jefe del bloque oficialista, ya anunció que apelarán la votación ante la Justicia.

Pero, al menos en la oposición, ciertas cosas descompuestas volvieron a recobrar alguna normalidad. No hubo inexplicables llegadas tarde, como la semana anterior, ni vacilaciones de un grupo de diputados que, entre la oposición y el oficialismo, se deslizan sobre una línea delgada.

Pino Solanas estuvo con los hombres de su arco político, excepto Martín Sabatella. El ex intendente de Morón funciona, cada vez más, en sintonía con el oficialismo. En cambio, Claudio Lozano, despachó un discurso virulento contra el kirchnerismo por la utilización de las reservas del Central para el pago de deudas externas. Tampoco la peronista disidente, Graciela Camaño, apareció sola. Juan José Alvarez, esta vez, decidió acompañarla.

El gesto opositor se produjo, además, en un tiempo que Cristina y Néstor Kirchner estaban dispuestos a aprovechar políticamente sin escollos. La Presidenta tuvo al final, anoche, algo más que las repetidas fotos con Barack Obama. Habló con él en una cita a solas que disfrutaron -en ocasiones anteriores- varios de los principales mandatarios de América latina.

En los próximos días, el Gobierno tiene ideado lanzar la oferta de su nuevo canje de la deuda, que viene provocando alboroto en los mercados internacionales. El mundo económico y financiero fue anoticiado por la oposición que la legalidad de una buena parte de ese dinero a ser utilizado, está siendo colocado en tela de juicio.

De ese viaje de Cristina a Estados Unidos, surgieron también nuevas evidencias de cómo el kirchnerismo manipula el funcionamiento del Congreso. O, mejor dicho, su no funcionamiento. ¿Cuáles fueron aquellas evidencias? La presencia en la delegación presidencial de la senadora por Santiago del Estero del FPV, Ana María Corradi. Esa mujer nunca se habría subido al avión si los Kirchner hubieran barruntado algún peligro para estos días en el Senado, donde la oposición también pretende descargar alguna artillería.

¿En qué consiste esa artillería? En la posibilidad de abordar, por ejemplo, el DNU como en Diputados. En la reforma al régimen de coparticipación de la ley del cheque, que cuenta incluso con la anuencia de por lo menos dos senadores kirchneristas.

Algunos legisladores de la oposición se entusiasmaron más de la cuenta cuando lo vieron circular ayer por el Senado, campante, a Carlos Menem. El ex presidente ha sido, hasta ahora, clave para evitarle los peores sobresaltos al kirchnerismo. Pero esa presencia pareció calculada. A cambio, se ausentó la rionegrina María José Bongiorno, cuya fidelidad con la oposición es débil y zigzagueante. En suma: ni hoy ni mañana podría haber sesión en el Senado sin una agenda de consenso. La oposición no estaba, de nuevo, en condiciones de imponer los 37 senadores para el quórum.

El consenso se buscó, por oficio de José Pampuro, reemplazante de Julio Cobos en el Senado, con una agenda pactada con la oposición que no incluya temas de conflicto y resulte más inofensiva que un vaso de agua mineral.

Las cuestiones ardientes serían pospuestas un par de semanas. Para entonces, el kirchnerismo espera tener madurados un par de proyectos que alcancen a esterilizar el golpe infligido por la oposición en Diputados con la derogación del controvertido DNU. Esos proyectos los encarnan el peronista pampeano Carlos Verna en el Senado y el centroizquierdista bonaerense Sabbatella en Diputados. Apuntan a reemplazar aquel decreto con una ley que convalide el uso de las reservas del Central.

Cristina y Kirchner, en ese sentido, prefieren prevenir. Conocen que en la Corte Suprema los siete jueces considerarían algún pronunciamiento sobre los decretos. Ese pronunciamiento no se producirá mientras esté abierta en el Congreso la posibilidad de la sanción de una ley que avale el uso de las reservas.

La determinación fue conversada en el encuentro rutinario de ayer de los jueces de la Corte. En realidad, tres de esos integrantes (Enrique Petracchi, Carlos Fayt y Juan Carlos Maqueda) ya se han pronunciado sobre los DNU en fallos que incumbieron a las épocas de Menem y Fernando de la Rúa. Resta conocer la postura de Ricardo Lorenzetti, el titular del cuerpo, Elena Highton, Raúl Zaffaroni y Carmen Argibay. Pero todos ellos coinciden, a diferencia de lo que sostienen Cristina y Kirchner, en las facultades que les competen para validar la "necesidad y urgencia" de esos decretos.

En aquel encuentro de los jueces no pasó de largo la renovada ofensiva kirchnerista contra el Poder Judicial. En especial, el énfasis que los diputados Carlos Kunkel y Alejandro Rossi pusieron para el retiro de Fayt. Este año, también por llegar al límite de la edad jubilatoria, debería ser el último de Petracchi.

Los siete jueces decidieron abroquelarse y, por ahora, no responder a los retos políticos. Pero también defender cualquier ataque al Poder Judicial. Fue la línea que impuso Lorenzetti y que, con extremo cuidado, exhibió al acudir a un acto en recordación del Holocausto.

Los Kirchner con demasiadas malas artes fueron vulnerando los límites que intentó trazarle el conglomerado opositor

miércoles, 31 de marzo de 2010

Por Eduardo van der Kooy

Néstor y Cristina Kirchner han ganado con los dos fallos de la Justicia conocidos ayer una batalla política que arrancó en diciembre del año pasado.

En ese derrotero de más de tres meses despidieron a Martín Redrado del Banco Central, alzaron en su reemplazo a Mercedes Marcó del Pont, cuyo pliego está aún pendiente de aprobación, resignaron el predominio en el Senado y despertaron, por sus presiones y palabras, resistencias impensadas en el Poder Judicial.


Tanta fricción continuó desgastando la imagen pública del matrimonio presidencial con la sociedad. Una encuesta conocida ayer en la geografía oficial indica que Cristina estaría en los niveles de popularidad más bajos desde que asumió en el 2007. Parecidos a los que cosechó durante el conflicto con el campo: sólo entre el 17% y el 18% de aceptación. Pero, tal vez, sea ese el contratiempo menos importante: los Kirchner parecen haber enterrado hace rato la posibilidad de recuperar fiabilidad. Se contentarían con gobernar para el núcleo duro de los incondicionales.

La batalla ganada no implicaría que el enfrentamiento global sobre determinadas facultades de poder de los Kirchner haya concluido. Sigue en manos del Congreso la chance de rechazar el DNU que habilitó el uso de las reservas para el pago de los vencimientos externos. También está bajo análisis de los integrantes de la Corte Suprema un pronunciamiento sobre las verdaderas necesidades y urgencias del Poder Ejecutivo para apelar, con tanta frecuencia, a los decretos.

En el caso del Congreso, aquel hipotético rechazo sería una especie de resarcimiento para una oposición que recurrió, en su momento a la Justicia, por la inoperancia política para enfrentar el reto de los Kirchner. Pero nada garantiza que los opositores vayan a tener ese consuelo: ayer mismo, durante la flojita exposición de Amado Boudou en el Senado, el kirchnerismo repitió con fuerza la idea de reflotar el proyecto del senador peronista Carlos Verna. Es decir, mutar el controvertido DNU en una ley. En ese aspecto, la polémica podría quedar saldada. Nadie sabe bien, en cambio, qué estarían tramando los integrantes de la Corte.

Lo cierto es que los Kirchner disponen desde ayer de los US$ 6.500 millones para pagar deuda externa. El ministro del Interior, Florencio Randazzo, anunció que la próxima semana ya serían utilizados US$ 200 millones. El grueso de los pagos habría que realizarlos recién en agosto.

Aunque, quizás, el nudo de la cuestión no pase únicamente por el dinero. Importaría tanto, o más, el significado político de lo sucedido en las últimas horas. Los Kirchner cambiaron, de hecho, la lógica de la relación entre el Poder Ejecutivo y el Banco Central. También con astucia política y demasiadas malas artes fueron vulnerando los límites que intentó trazarle el conglomerado opositor.

Nadie puede saber, a ciencia cierta, cuánto incidieron en este desenlace dos situaciones. La ofensiva del matrimonio contra la Justicia. La incapacidad de la oposición para encontrarle en el Congreso una solución política a la crisis que suscitó el uso de las reservas del Central.

El mundo de la Justicia suele latir acompasadamente al ritmo de las vivencias políticas. Y esas vivencias en la Argentina de esta hora van y vienen. Nadie imaginó en diciembre, cuando se apropió de la mayoría en Diputados, que la oposición crecería como creció hasta complicar al kirchnerismo en el Senado. Muchos supusieron, por error, en esa vereda, que el golpe de nocaut a los Kirchner había sido propinado. Cuando llegaron los enredos y los fracasos opositores en el Congreso cundió la desesperanza. Como si todo lo obtenido se hubiera derrumbado. Ni aquella euforia ni el presente pesimismo.

El primer reflejo del acomodamiento judicial fue aquel fallo del juez Enrique Lavié Pico que esterilizó las ambiciones de la oposición de declarar nulo en Diputados el DNU mediante el cual los Kirchner accedieron, finalmente, a las reservas del Central.

El fallo de ayer de la Sala IV en lo Contencioso Administrativo que volteó los recursos opositores estuvo en consonancia con otros anteriores de afinidad con posturas oficiales. Aunque, en esta ocasión, se apuntaló en un argumento difícil de refutar: recordó que la Corte Suprema había declarado abstracto un planteo del diputado del PRO, Federico Pinedo, contra el DNU del Fondo del Bicentenario porque ya había sido derogado por el Gobierno. Especialistas dijeron que los auspiciantes de la UCR debieron, en este caso, haber hecho una presentación aparte por el nuevo DNU de Cristina.

La mayor sustancia política quedó impresa en el fallo de la Sala I del mismo fuero federal. Dirigentes de la oposición admitían anoche que no había sospechas contra los doctores Néstor Buján, Pedro Coviello y Clara Do Pico, que desestimaron decisiones anteriores de Claudia Rodríguez Vidal. Esa jueza había atendido los reclamos de la oposición por el uso de las reservas del Central.

Pareció haber en el mensaje de los tres magistrados, aún con sus matices, una coincidencia: la oposición no supo encontrarle la vuelta política, pese al tiempo que dispuso, al problema planteado por los Kirchner. La Justicia no tendría por qué razón hacerse ahora cargo de una solución cuyas llaves poseería el Parlamento.

Buján y Coviello dejaron asentadas sus disidencias con los DNU de Cristina. Entre otros motivos, por haber asumido "indebidas funciones legislativas". Coviello, incluso, puso en duda la conveniencia del uso de las reservas. Pero convinieron, junto a Do Pico, que los recursos presentados por la oposición habían sido vaciados de sentido no bien se inició el período de sesiones ordinarias del Congreso. La falta de sesiones extraordinarias, ante una determinación tan importante, había justificado, al entender de los jueces, la demanda opositora.

Buján avanzó en consideraciones políticas, tal vez, con mayor audacia que sus colegas. Afirmó, por ejemplo, que el Congreso tenía las facultades para autoconvocarse. Y que si no lo hizo fue "por desidia" o por ausencia de voluntad. Junto con Do Pico sostuvo que hoy "no existe óbice alguno imputable al Poder Ejecutivo que les impida actuar en el ámbito de la Cámara que integran a los fines del tratamiento de los DNU". Este recurso había sido impulsado por los peronistas no kirchneristas Felipe Solá, Graciela Camaño y Alfredo Atanasof.

Los fallos de las dos Salas -pero en especial esta última- cayeron como granizo sobre la cabeza de los dirigentes opositores. Y desataron un debate sobre cómo continuar escribiendo esta difícil historia.

¿Sesionar el próximo miércoles para rechazar en Diputados el DNU? ¿Rechazarlo, simplemente, o declarar también su nulidad? ¿Incluir ahora ese rechazo en un solo proyecto que incluya, además, la reforma a la ley del cheque y los Adelantos del Tesoro Nacional (ATN)? ¿Retomar una ofensiva más amplia que tenga como cabecera la modificación del Consejo de la Magistratura?

Hasta anoche no había ninguna respuesta certera para ese puñado de interrogantes.

La oposición parece colocada otra vez de cara a un viejo y angustiante dilema: cómo enfrentar a los Kirchner, también en su época de declinación.

The game of chicken

domingo, 7 de marzo de 2010

Por Alberto Fernández

Así llaman los ingleses al juego del gallina. Se trata de una rara competencia en la que participan dos jugadores. Cada uno de ellos conduce un vehículo a toda velocidad en dirección hacia el contrario. El primero que se desvía, el que pega el volantazo para evitar el choque, pierde y es humillado por actuar como un cobarde. Ése será el gallina que da nombre a la disputa.


Este juego perverso, que se funda en la idea de generar tanta presión en los concursantes hasta que uno de ellos desiste, ha sido objeto de investigación en quienes se preocupan por el arte de negociar. Parten de la premisa de que la presión psicológica a la que se ven sometidas las partes puede llevar a uno de ellos a ceder para evitar un resultado no deseado.

Desde el sentido común, todo indicaría que nadie debería aceptar someterse a semejante contexto. Pero si finalmente la situación fuera creada, la estrategia más sensata pasaría por girar el volante antes de que el topetazo pueda producirse. Así, la “pérdida” que supone salir de la ruta que conduce al choque es ínfima en comparación con los efectos que deberían esperarse de la colisión.

Pero puede ocurrir también que ambos contendientes confíen en que el buen juicio del otro será la causa que evite el choque. En tal caso, todo puede volverse demencial, porque si esa especulación es errada y ninguno de ellos cede, el choque acabará terminando con los dos.

La Argentina parece ser el escenario elegido por el Gobierno y la oposición para desarrollar ese juego. A partir del conflicto desatado por el uso de las reservas del Banco Central, se ha sucedido una serie de decisiones y actitudes en ambos bandos que ninguno parece querer revisar. Si uno de ellos no cede, todo indica que la inminencia del choque es inevitable.

Es evidente que el Gobierno no asume la nueva realidad política que se vive. No entiende que en el Parlamento ha perdido las mayorías y que debe reconstruirlas negociando y no avasallando a los opositores. Tampoco admite que la Justicia le haya dicho en dos instancias judiciales y con la participación de más de media docena de jueces que no podrá disponer de las reservas del Banco Central hasta tanto el Congreso lo habilite, ya sea ratificando el decreto o dictando una ley en su reemplazo.

Haciendo caso omiso a todo ello, no ha tenido mejor idea que reemplazar el cuestionado decreto de necesidad y urgencia que instituyó el Fondo del Bicentenario por otro de igual naturaleza que crea el Fondo del Desendeudamiento. De ese modo, desoyó todos los fallos judiciales y anunció su decisión de no negociar nada en el congreso. Asumiendo el rol de víctima, creyó ver en ese estado de cosas una suerte de complot destituyente.

Cuando el Gobierno aceleró la marcha, la oposición también lo hizo. Entonces, después de hacerse de la mayoría en ambas cámaras, no sólo anunció que rechazaría el nuevo decreto de excepción sino que aprovechó la oportunidad para impugnar en la comisión de acuerdos del Senado la propuesta de que Mercedes Marcó del Pont presida el directorio del Banco Central.

Mientras todo esto ocurría, una jueza nacional impidió una vez más que el Gobierno pudiera utilizar los recursos del Banco Central para conformar ahora el Fondo del Desendeudamiento y pagar deudas.

En el escenario de la política Argentina, estamos viendo cómo dos sectores se conducen sin retorno hacia una colisión segura que fácilmente podría evitarse.

El Gobierno, más allá de los excesos observados en las imprecisas imputaciones lanzadas, ha reconocido por primera vez que de no pagar con reservas la deuda externa debería soportar un enorme bache en las cuentas públicas. Pocos han tenido presente ese dato. Lo cierto es que con eso se quiere decir que si sólo deben usarse recursos presupuestarios para hacer frente a esas obligaciones, el gasto y la inversión pública deberán ajustarse considerablemente en un momento en que la economía internacional está crujiendo.

Ante semejante cuadro fiscal, ¿por qué piensa el oficialismo que el Congreso no admitiría el uso de las recursos acopiados en el Banco Central? ¿Cuáles son las fuerzas políticas opositoras que prefieren un ajuste fiscal antes que disponer de reservas para pagar la deuda exigible? ¿Por qué pensar que en el Congreso no habrá consenso suficiente como para entender que no es razonable ajustar la economía en un momento tan crítico como el que vive el mundo entero?.

Si el Gobierno saliera de su obstinación, reparara en esos interrogantes y se animara a retomar la iniciativa política, podría darse cuenta de que muchos opositores no se prestarían a promover un “ajuste” de semejante magnitud. Como no lo hace, prefiere evitar el debate y seguir usando la prepotencia para imponer posiciones en un tiempo en el que no goza de la fortaleza política que alguna vez tuvo. Precisamente, es esa prepotencia, más propia del caprichoso que del que tiene poder, lo que termina irritando no sólo a los opositores sino también a sus seguidores y al resto del cuerpo social.

Esa prepotencia no sólo tiñe sus acciones sino que también afecta sus discursos. No existe ninguna razón que justifique descalificar a una jueza insinuando que ha fallado cumpliendo un deber conyugal. Más allá del mal trato que supone atribuir a una mujer la condición de “obediente” del marido, es indudable que la sentencia que ha dictado va en el mismo sentido que antes siguieron varios jueces en distintas instancias jurisdiccionales. En consecuencia, aunque sea verdad que existen jueces de dudosa moralidad –los menos–, es impensable que esa inconducta sea el fundamento del fallo cuestionado. Tan incomprensible como pensar que en los tribunales se gestan movimientos desestabilizadores del poder político.

Hablando de estos mismos temas y en esta misma página ya se dijo que era tiempo de “parar la pelota y levantar la cabeza”. Ésa debe seguir siendo la consigna, aunque ahora debería pensarse en levantar el pie del acelerador y comenzar a girar el volante para detener el auto en la banquina.

El Gobierno debe asumir su responsabilidad de administrar con un Parlamento en el que no cuenta con mayorías. Fue la ciudadanía la que así lo dispuso con su voto. Como no debe gobernar desoyendo fallos judiciales y desconociendo a diputados y senadores, es necesario que entienda que el camino que ha elegido para disponer de las reservas monetarias es particularmente peligroso por el nefasto antecedente que genera.

Por lo tanto, debe decidirse a negociar para que una ley lo autorice a hacerlo. Cuando lo haga, nadie verá en ello un gesto de debilidad. Por el contrario, sólo debería verse en ese proceder racionalidad política y respeto a las instituciones de la República.

No es bueno escuchar decir en la oposición que son “miedosos” los que propician acuerdos tratando de encontrar una salida que los aleje del choque. A esta altura de los acontecimientos, las fuerzas opositoras deberían extremar los esfuerzos buscando conciliar posiciones, tratando de dictar una ley que autorice al Poder Ejecutivo a pagar los compromisos externos con reservas monetarias.

Ante el juego del gallina, los testigos valoran más al que desiste que al que está decidido a inmolarse en el intento. Para quienes miran de afuera, quien conduce hacia un choque frontal simplemente se ha vuelto loco. Irónicamente, para ellos, el perdedor es el que más sensatez ha demostrado.

Por eso tiene razón Pampuro cuando recomienda darse cuenta de que en política ceder no es necesariamente perder. Con algo de suerte, tal vez alguien lo escuche y siga su consejo sin que por ello termine convertido en “gallina”.

El Gobierno pagó caro la jugada política del lunes

jueves, 4 de marzo de 2010

Por Gustavo Sylvestre

El Gobierno pagó caro la jugada política del lunes, cuando en un hecho sin precedentes en la historia legislativa reciente, la Presidenta de la Nación abrió las sesiones ordinarias del Congreso Nacional anunciando la emisión de un Decreto de Necesidad y Urgencia.


“Nos ha dicho en la cara que no va a tener en cuenta al Congreso, es demasiado lo que han hecho”, sintetizaba anoche la oposición.

La derrota política del oficialismo la sintió en la cara el Gobierno, que anoche no reaccionaba. No solamente frente a la integración de las comisiones, que al igual que en la Cámara de Diputados tendrán mayoría opositora, sino frente al tratamiento adelantado de temas vitales, a saber:

–La modificación en el reparto de lo recaudado por el impuesto al cheque, con beneficios a las provincias.

–El rechazo del pliego de Mercedes Marcó del Pont al frente del Banco Central.

–El tratamiento en el recinto del DNU sobre el uso de las reservas.

–La interpelación al Ministro de Economía, Amado Boudou.

“El cachetazo ha sido fuerte” resumía anoche un histórico operador del peronismo, que estaba tirando líneas para evitar la sesión especial de la Cámara de Diputados, que hoy podría rechazar el DNU sobre el uso de las reservas. “¿Qué les costaba anunciar la derogación del DNU 2010 y enviar un proyecto de ley para el uso de las reservas?. Hubieran tenido apoyo y quedaban bien en el inicio de las sesiones ordinarias del Congreso”, explicaba un oficialista resignado.

Pero está claro. La oposición está utilizando ahora la misma medicina que uso el kirchnerismo durante estos años: imponer las mayorías para tomar decisiones. La primera víctima sería Mercedes Marcó del Pont.

La oposición se encaminaba a rechazar su pliego, que si no es retirado antes por el gobierno, debería observar como cae por manos de la oposición. Pero el oficialismo abrió anoche una instancia de negociación política con algunos de los senadores justicialistas que forman parte del grupo de los 37.

La presidente tuvo en gesto político al recibir a Marco del Pont en La Rosada y desde el Gobierno marcaban “esperemos que tengan responsabilidad institucional para no voltear a un funcionario nombrado por la presidenta”.

Anoche, en el Gobierno dejaban trascender que la Presidenta había comenzado a analizar distintas alternativas jurídicas para sostener a Marcó del Pont en el puesto, y seguir desafiando a la oposición.

Marcó del Pont se comunicó telefónicamente con Adolfo Rodríguez Saá y le pidió un plazo de 24 horas para asistir a la Comisión del Senado. Se sorprendió ante la respuesta negativa del Senador. ¿‘No es que quieren que les explique porque tomé las medidas?, alcanzó a decirle la funcionaria cuestionada ante la negativa del puntano.

En el Banco Central se entusiasmaban con el halago público de Carlos Menem, y suponían que podía votar a favor de la ratificación en el puesto de Marcó del Pont. Todo, luego de que circularan varias versiones: Una fue el enroque entre Marcó del Pont y Boudou. Aunque, con razón, algunos indicaban, ¿por qué le van a dar a Boudou lo que le negarán a Marcó del Pont si piensa igual?

Otra versión indicaba, la más resignada, que si el pliego de Marcó del Pont es rechazado, será el turno de Miguel Pesce, que es Vicepresidente del Banco Central y comulga con el plan del Gobierno, para evitar mayor costo político a otro rechazo, para que quede al frente de la institución. Con cierta maldad, desde el Ministerio de Economía se preguntaban anoche, ¿hay voluntad política del Gobierno o para salvar a Marcó del Pont?

La oposición logró ayer doblegar políticamente al kirchnerismo en el Senado. Pero esto no significa que en ese sector todo sea un lecho de rosas. El ex Presidente Menem pidió integrar cuatro comisiones como vocal, y algunas otras cosas, como condición para acompañarlos en el recinto y la diputada Elisa Carrió tiene varias facturas para pasarles, sobre todo a sus socios políticos, por las criticas que recibió por su decisión de no asistir el lunes al inicio de las sesiones ordinarias.

Carrió los culpa de ingenuos y haber sido funcionales al kirchnerismo. Habrá que ver si los logros de ayer logran aplacar su bronca o en algún momento las volcará sobre la mesa de sus socios políticos.



Lo que dejó la visita de Hillary Clinton



El Gobierno se anotó un logro político con la visita de la Secretaria de Estado norteamericano Hillary Clinton. Gestión del Canciller Jorge Taiana, que tuvo que sortear algunas internas dentro del Gobierno. Es que el embajador en los Estados Unidos, Héctor Timerman venía trabajando el encuentro para lograrlo en el Uruguay, mientras que el Canciller movía los hilos con Arturo Valenzuela para que llegue a Buenos Aires. Desde el avión que la traía desde Estados Unidos, Valenzuela se comunicó el domingo por la noche con el canciller y le comunicó: “Canciller estamos en el avión, estoy junto a la secretaria Clinton y si a usted le parece el martes estaríamos visitando Buenos Aires”. La respuesta no se hizo esperar: “Los esperamos”. La visita y la reunión con la Presidenta fue muy cordial. Y dejó varias satisfacciones para el gobierno argentino.



Más allá del compromiso de Hillary Clinton de “acercar” posiciones con Gran Bretaña, la Secretaria de Estado dejó dos mensajes para el Gobierno: Adelantó que “seguramente” la SEC (comisión de valores de Nueva York) dará el visto bueno al canje de la deuda argentina. (En el Gobierno insisten que el canje sale, “porque le conviene a todos”). Y prometió que el departamento de Estado norteamericano abrirá todos los archivos secretos que posee la CIA sobre las relaciones entre el gobierno norteamericano y la pasada dictadura militar, incluida la guerra de Malvinas, que servirá para entender seguramente muchas de las cosas que pasaron en nuestro país, apañadas “desde el norte”.



“En estados Unidos no entienden porque la oposición rechaza el uso de reservas para pagar compromisos externos”, dejó picando el embajador argentino ante Estados Unidos, Héctor Timerman.

La Presidenta de la Nación tendió una trampa a los representantes que la escuchaban

Por Roberto Gargarella (*)

El discurso con el que la Presidenta abrió el año legislativo tiene derivaciones perjudiciales tanto en la gestión del Estado como en la calidad de la democracia que vivimos, sobre todo en lo que respecta a la imprescindible división de poderes.

Al inaugurar el período legislativo, la Presidenta de la Nación tendió una trampa a los representantes que la escuchaban: para evitar corridas anticipadas, dejó para el final su esquiva mención al nuevo DNU (un decreto que no se explica ni justifica cuando está reunido el Congreso), mientras ya había firmado una medida que, en su texto, anómalamente autoproclamaba su vigencia desde el momento de su dictado (de forma tal de no esperar a su publicación en el Boletín Oficial, como legalmente corresponde). Todo ello, mientras el Directorio del Banco Central se reunía de apuro, para completar la operatoria exigida y poner fin a la espeluznante comedia.


Vale la pena insistir sobre lo anterior: lo ocurrido significa que el Ejecutivo dispuso del uso de más de 4000 millones de dólares a través de una operación de la cual no pudimos siquiera enterarnos, porque la medida no se había publicado mientras ya se estaba ejecutando. Adviértase lo que significa, en términos de política democrática, el hecho de que se disponga de la fuerza o del dinero públicos a través de medidas de las que no se nos informa, y que se nos presentan luego, socarronamente, como hechos consumados.

En el interín -y ésta es parte necesaria de la historia expuesta- la Presidenta distraía a la oposición e impedía que frenase el uso de las reservas, a través de un largo discurso en el que aprovechaba para agredir a sus críticos, en lugar de solicitar humildemente su ayuda. El acto -el engaño- es tan grave que ameritaría el inicio de un juicio político: se trató de una actuación abusiva, políticamente torpe a más de equivocada, moralmente reprochable y constitucionalmente nula.

Y resulta triste, a la vez que frustrante, que dicho acto haya sido festejado por algunos como una nueva muestra de la "viveza" presidencial; o minimizado por otros, empeñados en seguir ocultando la información y la voz de crítica que todos necesitamos. Lo que parece importar, para quienes inmoralmente conciben a la política como una guerra, es aplastar y humillar al contrincante, sin darse cuenta del daño que infligen sobre sí mismos, y de ese modo a todos.

Lo que no advierten quienes erróneamente conciben a la política como una pelea entre sólo dos bandos es que los intereses y necesidades de los más desfavorecidos no son retomados por ninguno de esos dos supuestos bandos. Mientras las elites político-empresarias se enriquecen, al tiempo que riñen furiosas en nombre de la justicia social, pobres y desocupados crecen en número y se deslizan en el abismo de una mayor desigualdad.

En primer lugar, lo acontecido no debe tomarse como un hecho insólito, aislado, sino como expresión de una práctica que se establece desde hace un tiempo y que revela mucho más de lo que oculta: la vengativa disposición hacia el Congreso sugiere que seguirán más normas viciadas en su contenido democrático; la negativa a apelar francamente a la participación popular alerta sobre la agudización de la histórica desigualdad que estos años han consolidado; la sistemática disposición a decidir en exclusivo contacto con una porción de la elite empresaria predice la persistencia de una agenda políticamente conservadora; y la absoluta resistencia al diálogo -que lleva a identificar toda crítica como producto de una maquinaria conspirativa- preanuncia decisiones que ya ni podrán reconstruirse como movidas por la racionalidad del corto plazo, al ser pura expresión de irracionalidad.

En segundo lugar, frente al proceder del gobierno no hay peor respuesta que la que lo duplica, promoviendo el aislamiento, la ruptura y un pacto alternativo con elites diferentes. La respuesta que corresponde no es la de la réplica, sino la opuesta, es decir, la que frente al elitismo de cúpulas insiste en el diálogo democrático; la que contra el aislamiento exige audiencias con la ciudadanía; la que contra la prioridad de la riqueza toma como objetivo primero el de poner término, definitivamente, a la desigualdad que alimenta y hace inteligible todo este difícil proceso.

(*) PROFESOR DE DERECHO CONSTITUCIONAL (UBA, DI TELLA)

Si hay un pecado que no puede permitirse quien ejerce algún tipo de conducción política, es la distracción

martes, 2 de marzo de 2010

Por Ignacio Fidanza

Alguien está pensando en el Gobierno. Se podrá decir, con abundantes razones, que para hacer el mal, o como se argumenta por estos días, para deteriorar “las instituciones”. Pero ese Ejecutivo torpe que se enredó en una pelea gratuita con Martín Redrado, de la que salió tarde y mal, ayer mostró la chispa que faltó en la oposición.


Muy lejos de la prepotencia vacía de enviar patrulleros a los jueces o anunciar renuncias no producidas, ayer el Gobierno funcionó como un aceitado mecanismo de relojería. Mientras los legisladores intentaban procesar el discurso de la Presidenta, los fondos ya habían ingresado al Tesoro. Asunto terminado.

La historia reciente indica que ni Mandrake va a sacarle a Néstor Kirchner los 6.500 millones de dólares que se apropió ayer. Por supuesto que van a proliferar los amparos, las denuncias penales y las citaciones al Congreso. Pero la plata que se fue no vuelve. Pensar lo contrario es abonar esa ingenuidad tan funcional al Gobierno, que vanamente intentó denunciar –una vez más- Lilita Carrió.

Porque hay que concederle a la líder de la Coalición Cívica su ajustada composición del adversario que tiene enfrente. Si hay un pecado que no puede permitirse quien ejerce algún tipo de conducción política, es la distracción. Esa excusa no vale para quienes discuten el poder, porque lo que esta en juego es el futuro, el bienestar y los bienes de la gente. Nada menos.

Se podrá conceder que el packaging apocalíptico de Lilita no contribuye a la difusión de su mensaje, pero harían bien los opositores supuestamente “serios” en dejar de lado esas sutilezas estéticas y prestar más atención a sus advertencias. Acaso así, se hubieran ahorrado la humillación de ayer. El enorme gusto que se dieron los Kirchner ante una desconcertada asamblea legislativa.

No es poco lo que se ganó (y se perdió)

Es que la ingenuidad originaria de la oposición fue no ver en toda su profundidad lo que estaba en juego, y en consecuencia, la extensión de la batalla. Se trataba de una pelea que sencillamente Néstor Kirchner no podía perder. Una de esas en las que se va el alma de un gobierno.

Como se sabe, el sistema de conducción kirchnerista se sostiene –aún más en su decadencia- en el reparto de dinero. No hay otra cosa. Y sin plata, para los Kirchner, no hay política. La propia Presidenta lo dijo hoy: “para hacer cosas hace falta plata, si fuera por los discursos, con lo que me gusta hablar a mí ya tendríamos todos los problemas solucionados”.

Con estos 6.500 millones de dólares los Kirchner no solucionan todos sus problemas, pero vuelven a engrosar una billetera que venía menguada. Y en un país con provincias asfixiadas, municipios asediados y empresarios prebendarios, no es menor el margen de acción que acaban de sumar.

Por supuesto que frente a la “sociedad” su imagen cayó otro escalón. Pero esa lectura refleja a la perfección la manera de pensar de la oposición. Es decir, están mirando los medios, las encuestas y en el mejor de los casos, los votos del 2011. Y en el medio se olvidan de discutir el poder. Y si hay algo que la historia reciente de la Argentina dejó en claro, es que lo único que no puede perder un Gobierno, es el poder.

Esa es la gran diferencia entre Néstor Kirchner y Fernando de la Rúa, o si se quiere, entre un peronista y un radical. Ese instinto asesino para conservar el poder, cueste lo que cueste.

Se podría argumentar incluso que la diferencia entre Kirchner y el resto, es su voluntad de discutir jefaturas, más que candidaturas. Algo que se expresa de manera prístina en su encarnizada pelea con Héctor Magnetto. Está claro que en algún momento, Kirchner entendió que el CEO de Clarín le disputaba la conducción del país real, que acaso su poder era incluso mayor al suyo. Y sin pensarlo dos veces se zambulló en una pelea que le costó muchísimo, pero en la que no ceja. Y es esa garra la que le está faltando a gran parte de la oposición para terminar de acomodar a un político derrotado, como es el ex presidente.

No es en los tribunales ni en los estudios de televisión. Recordemos. Carlos Menem vio naufragar su re reelección cuando Eduardo Duhalde bloqueó en el Congreso toda posibilidad de avance. Y de nuevo en el 2003, cuando el bonaerense eludió la interna –que seguramente perdía- y logró imponer a Kirchner por afuera. No fueron las cotidianas denuncias del Frepaso en los tribunales, ni las eternas conferencias de prensa del Chacho Alvarez las que frenaron al riojano.

Es muy posible que los Kirchner ya no tengan margen para remontar la cuesta de la opinión pública, pero ayer recuperaron el sabor del triunfo que los venía esquivando. Y para coronar el martirio opositor, por la tarde Cristina se dio el gusto de fotografiarse con Hillary Clinton en la Casa Rosada, justo una semana después que maltratara públicamente a Obama.

Esta claro que el Gobierno sólo existe para la pelea chiquita, el día a día. Pero el tiempo pasa, la sociedad mira, y la oposición sigue sin encontrar la manera de ponerle un límite al matrimonio presidencial. Eso también es defraudar al votante. Nadie elige a un eterno coro de indignados, para conducir el país.

¿Cuál es la lógica de anular un DNU y habilitar otros dos?

Por Christian Sanz


De película. En el mismo momento en el que se jactaba de ser la Presidenta que dictó menos Decretos de Necesidad y Urgencia en la historia argentina, Cristina Kirchner ocultaba estratégicamente que había enviando dos nuevos DNU para pagar deuda utilizando las reservas del BCRA.


Casi al final de su discurso, dio una confusa explicación, inmediatamente después de asegurar que había derogado el primer polémico decreto. ¿Cuál es la lógica de anular un DNU y habilitar otros dos?, se preguntó más de un legislador. Nadie entendió aún qué pretendió hacer la Presidenta.

Lo cierto es que, con la jugada de las últimas horas, el kirchnerismo se ha garantizado una nueva cuota de descrédito. Más allá de la defensa que intenten en las próximas horas personajes de la talla de Aníbal Fernández, nadie podrá borrar la vergüenza de lo ocurrido apenas ayer.

Si la maniobra de Cristina no tenía nada reprochable, como aseguran algunos funcionarios oficialistas, ¿por qué se hizo todo bajo el más increíble misterio?

Cabe pensar que finalmente Elisa Carrió tenía razón al no presentarse a la Asamblea de Apertura Legislativa. “Era obvio que era una trampa (del Gobierno)”, aseguró la legisladora de Coalición Cívica. Felipe Sola admitió algo similar hace unas horas: “nos tendríamos que haber retirado del recinto”, dijo apenado.

Como sea, los coletazos de lo ocurrido, son más que predecibles: habrá diversas denuncias judiciales contra los DNU —ya hubo una presentación efectuada por Nito Artaza en la jornada de hoy— y el Congreso Nacional hará lo suyo para frenar los nuevos decretos.

En momentos en los que los jueces empiezan a mostrar creciente independencia y el Parlamento ostenta un oficialismo debilitado, no se esperan buenas noticias para el matrimonio Kirchner en el corto plazo.

Por lo pronto, este nuevo escándalo promete generar más polémica que el Redrado-Gate. Después de lo ocurrido ayer, ¿qué referente político que se precie de tal se animará a concurrir a un eventual llamado del Gobierno para dialogar?

En la actual coyuntura, pocas cosas necesita hoy el oficialismo más que diálogo, para poder sortear los embates de un año que se muestra complicado en todos los flancos, especialmente el político y el económico.

Siga como siga el tema, a esta altura sólo dos cosas son seguras: primero, que el DNU en el que se basaron los directores del Central para girar los fondos será duramente impugnado por la Justicia.

Segundo: la flamante titular del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, tendrá un largo recorrido por los tribunales cuando termine su mandato.

Para ser parte del país real, la disociación no deja de ser preocupante

Por Hugo E. Grimaldi


Tras 87 días de azaroso bamboleo con el Fondo del Bicentenario (FOBI), la presidenta de la Nación se ubicó en el centro de lo que llamó el “país real”, en contraposición al “país mediático y virtual donde suceden cosas horribles y todo está mal”, y navegó peligrosamente por las aguas de la dualidad y la picardía para estructurar su alocución ante la Asamblea Legislativa sobre el estado de la Nación.


Pero no sólo por los temas a los que casi no les prestó atención en el discurso (inflación, situación de las provincias, inseguridad) o por las estadísticas que, como se esperaba, digitó a su favor, sino porque el remedio que el Gobierno le ha encontrado al FOBI, para que no se note el sopapo que iba a recibir el oficialismo en las Cámaras con su rechazo y para quedarse con el dinero pese a todo, parece ser un modelo de paupérrima construcción virtual que, además, amenaza con mantener la cancha embarrada durante bastante tiempo todavía.

Y esto no se ha dado solamente porque Cristina Fernández volvió a apelar a la tradicional división entre réprobos y elegidos que el kirchnerismo suele hacer para separar siempre a “ellos” de “nosotros”, sino porque muchos legisladores de la oposición sintieron que con el camino elegido, la derogación del Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) 2010 del FOBI y la puesta en circulación simultánea de otros dos decretos por el mismo importe sumado, se les ha mojado la oreja una vez más.

“He adoptado, en el marco de las facultades que me competen, habida cuenta de que el Congreso también ha comenzado sus sesiones ordinarias, tres medidas”, anunció Cristina, la primera anulando el FOBI de la discordia por U$S 6.365 millones. Es decir, que como en estos momentos el Congreso funciona y el 14 de diciembre pasado no, ahora correspondería, en palabras de la Presidenta, darles participación a los legisladores, aunque sólo sea para notificarlos.

Luego, para abonar las deudas con los organismos internacionales, se apeló correctamente a un Decreto simple, ya que el mismo se fundamenta en la Ley que permite pagar con reservas a los organismos internacionales (U$S 2.178 millones) los vencimientos de este año.

Sin embargo, para crear el nuevo instrumento que permitirá pagar el resto de la deuda privada durante 2010 (U$S 4.187 millones), la Presidenta también optó por otro DNU, desconociendo olímpicamente el “habida cuenta” anterior. No se puede negar que para ser parte del país real, la disociación no deja de ser preocupante.

En paralelo, el dulce que se anunció para que el Congreso trague el nuevo decretazo es la constitución de una Comisión Bicameral que podrá “seguir, vigilar y controlar” el destino de los fondos, algo que no está en discusión, ya que prolijamente se ha prometido detallar uno por uno los vencimientos de los bonos en poder del sector privado.

¿Dónde está el punto que complica aún más la situación y que horroriza a la oposición? Que tal como ocurría con el FOBI original, esos fondos ya estaban dentro del Presupuesto 2010 y que ahora los pagos bajo esta modalidad los dejan a la deriva, en una suerte de duplicación perversa, ya que nadie ha dicho adónde irán finalmente a parar.

Lo que deja en claro la renovada insistencia presidencial por hacerse de las reservas es que sin este nuevo Fondo el bache fiscal no cierra y que, por eso, nadie desde el Gobierno propone reformular la Ley de administración de recursos, aunque los opositores se cansan de pedirlo.

Pero, además, hay otra arista que hay que ponderar, ya que la jugada de simultaneidad de decretos permite el uso inmediato de las reservas por parte del Fisco, ya que el DNU de la discordia ahora no existe más. Una vez removida la causa del amparo judicial y antes de que a alguien se le ocurra volver a pedir otro por la utilización de las mismas, bien podría el Banco Central instrumentar de apuro la transferencia de reservas al Tesoro.

Aunque, para que la situación no se empaste más todavía, habría que esperar que, al menos, en estos 87 días, a alguien en el Gobierno se le haya encendido la lamparita para prevenir los embargos que Martín Redrado no quiso convalidar.

Un asalto a la fe pública

Por Susana Viau

La Presidenta anunció en dos oportunidades que el discurso que estaba pronunciando ante la Asamblea Legislativa estaba a punto de concluir. Alguien daría la clave poco después: Cristina Fernández habría estirado su alocución porque aún no había recibido la señal que indicaba que la operación pergeñada entre el Poder Ejecutivo, Néstor Kirchner, el ministro Amado Boudou y la titular del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, estaba concluida.

En el recinto, diputados y senadores escuchaban las palabras de la jefa de Estado, mientras en otro lugar de la ciudad, muy cerca de allí, se creaban las cuentas para el traspaso de las reservas.  “Un asalto a la fe pública”. Así definió la sesión un experto en laberintos parlamentarios, que hasta ayer se sentía blindado contra casi todo.

Cuarenta y ocho horas antes, Miguel Angel Pichetto había contribuido a crear el clima para el engaño con una media verdad –el retiro del DNU 2010/09– y una mentira entera: la posibilidad de enviar una ley en su reemplazo. La habilidad de Pichetto para cumplir con esos mandados había quedado plasmada el miércoles pasado, cuando ordenó a su bancada dejar sin quórum la convocatoria del Senado.


Hay un tradicional juego callejero que consiste en esconder un objeto pequeño debajo de uno de tres cubiletes. El público se entusiasma con la idea de que puede vencer a la banca, adivinar debajo de cuál de ellos está escondida la bolilla y llevarse las apuestas. Los incautos siempre caen en la celada.

Para que la trampa sea posible, la banca cuenta con un cómplice, que mezclado entre los incautos empuja, habla, grita “ahí, ahí”. Pura distracción para mantener la ilusión de que la mano es más rápida que la vista.

En España, quienes practican esa estafa son los “trileros” y forman parte de la picaresca; aquí al juego lo llaman la mosqueta y acaba de incorporarse al patrimonio de la política. La única diferencia es que muy de tarde en tarde la policía cae y se lleva a los fulleros.

Es cierto que al final, como dijo ayer mismo la presidente, entran por una puerta y salen por la otra.

Fuente: Crítica de la Argentina

Cristina Kirchner consumó una de las defraudaciones políticas mas graves de su mandato

Por Eduardo van der Kooy


Cristina Fernández de Kirchner consumó ayer una de las defraudaciones políticas mas graves de su mandato. Esa defraudación tuvo, de base, cuatro planos.


Derogó el DNU del Fondo del Bicentenario y lo reemplazó por un decreto simple y otro DNU de similares características al que desató la crisis de diciembre.

Dispuso la transferencia de los U$S6.500 millones de las reservas del Banco Central mientras pronunciaba el mensaje de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso. La cronología indica que el proceso de remisión de los fondos al Estado se cumplió entre las 12 hs y las 15hs. La Presidenta, con premeditación, dejó el anuncio para el final de su discurso que expiró cerca de las 13 hs.

Cristina Kirchner hizo en su discurso algunas invocaciones al diálogo, a la unidad social en el año del Bicentenario. Esas buenas intenciones sólo servían de camuflaje para el operativo político que el matrimonio Kirchner ya había puesto en marcha. Aquellas invocaciones fueron hechas delante de un plenario del Congreso donde el kirchnerismo tiene minoría. La mayoría, desde diciembre del año pasado, objetó el mecanismo de los DNU pero objetó, además, la utilización de las reservas para hacer frente a compromisos externos.

La Presidenta no se privó de casi nada. Se jactó de haber sido la mandataria que menos DNU firmó desde que fueron incorporados en 1994 en la reforma constitucional. Omitió otra jactancia: no hay registro en la historia parlamentaria de algún presidente que haya inaugurado las sesiones ordinarias anunciando la firma de dos decretos. La negación misma de lo que significa el Congreso como institución de la democracia.

En algún punto, la defraudación de Cristina asoció a amigos y adversarios. Desde la semana pasada, en Diputados y el Senado, legisladores kirchneristas venían negociando con la oposición la conversión del DNU ayer derogado en un proyecto de ley. Agustín Rossi, Miguel Pichetto y Nicolás Fernández tuvieron la autorización de Cristina. Tal vez, se trató sólo de un telón que ayudó a esconder la trama que se cocinaba en Olivos.

Esa negociación podía tener otros beneficiarios. Los gobernadores estaban interesados en el proyecto, para que una parte de los fondos del Central resultaran coparticipados con las provincias. Esos gobernadores deberán seguir dependiendo de los envíos discrecionales del Gobierno. Al menos esa es otra las las inocultables intenciones de los Kirchner.

Nadie sabe si el matrimonio evaluó las consecuencias que podría tener esta jugada. "Ustedes están locos", le descerrajó la diputada Vilma Ibarra en un cruce circunstancial con Carlos Zanini. El Secretario Legal y Técnico respondió con una mueca efímera. La peronista Graciela Camaño intercaló opiniones airadas desde su banca en medio del discurso, pero Cristina las desoyó.

La oposición --sus jefes de bloque-- decidió que en la sesión del jueves en Diputados buscarán tumbar el nuevo DNU. "Es de nulidad absoluta e insanable", opina Elisa Carrió. La diputada de la Coalición y Felipe Solá convinieron que si el oficialismo no habilita el tratamiento del tema en la Bicameral, de todos modos harían una sesión especial en el recinto. "Basta de Justicia. Es hora de mover el parlamento. Ya no estamos en receso", arengó el diputado del PJ Federal.

La Justicia tendría motivos de sobra para movilizarse por sí misma. El DNU de los Kirchner colocaría en los umbrales de un conflicto a los poderes Ejecutivo y Judicial. Los fallos de la jueza María José Sarmiento y de la Cámara sobre el DNU del Bicentenario fueron precisos: para usar las reservas del Banco Central hace falta un proyecto de ley. Para convalidar un DNU haría falta una urgencia ahora inexistente. Cristina esbozó una justificación al aludir a las derivaciones de la enorme crisis económica que atraviesa Grecia.

La Justicia pondrá la mira, además, en el procedimiento que siguió ayer el Banco Central. Desde Mercedes Marcó del Pont, su titular, hasta el directorio. Todos los directores, con excepción de uno, convalidaron la transferencia millonaria con dos decretos que no tenían publicación oficial y que no respetaron ninguno de los pasos previos obligados. Ni siquiera el informe técnico.

Para entender cómo el apuro envolvió una cantidad de anomalías, alcanzaría con recordar el trámite que siguió la transferencia del 2004, cuando el gobierno de Kirchner utilizó reservas para cancelar la deuda con el FMI. Entre la publicación de aquel DNU --que tuvo el soporte de un proyecto de ley-- y el envió de fondos pasaron 21 días corridos.

Quizás Marcó del Pont haya cumplido ayer su primer y último acto administrativo. Quizás haya estado al tanto de toda la estrategia cuando decidió asumir en lugar de Martín Redrado. La confirmación de Marcó del Pont como titular del Central está sujeta a la aprobación del pliego por parte del Senado.

Si la distribución de comisiones se hace mañana tal cual estaba prevista la semana anterior, el oficialismo tendrá la presidencia pero estará en minoría en la Comisión de Acuerdos. Ese filtro debe atravesar Marcó del Pont y dificilmente pueda hacerlo después de su conducta y de la burla política que los Kirchner cometieron con la oposición.

Cristina Kirchner habló en el Congreso otra vez, como le sucedió días pasados con Barack Obama, como una comentarista antes que como una Presidenta. Hizo denuncias gravísimas sobre jueces y sobre la Justicia. Dijo, entre muchas cosas, que hay jueces que cobran para liberar delincuentes. No dijo qué hizo ni qué hará para evitarlo.

No dijo tampoco si esa denuncia forma parte del país real o del país virtual, el latiguillo preferido de su largo discurso. Un latiguillo que pretendió ser molde político y que fue, de verdad, una muestra de sorprendente de chatura intelectual.

El “Suplemento” del Boletín Oficial que habilitó al Gobierno a tomar las reservas hoy mismo

lunes, 1 de marzo de 2010

Como la oposición dijo que el Banco Central no puede girar las reservas hasta que mañana se publiquen en el Boletín Oficial los nuevos dos decretos de la Presidenta, el Gobierno sacó esta tarde un “Suplemento” que contiene esas normas. El texto completo de los decretos.

El “Suplemento” del Boletín Oficial publicado esta tarde en su versión digital, contiene en su inicio bajo el título “DEUDA PUBLICA” el Decreto 296/2010 que deroga el Decreto Nº 2010/09. Con fecha del 1 de marzo se recuerda que aquel malogrado DNU se firmó con “el objetivo de cancelar los servicios de la deuda con vencimiento en el año 2010, procurando así reducir el stock de deuda, mejorar el perfil de vencimientos y abaratar el costo financiero…para permitir un mayor y mejor acceso al financiamiento tanto para el sector público, como para el sector privado”.

Pero luego se reconoce que “diferentes actores de la política acudieron a la justicia para obstaculizar la efectivización de las medidas” y que “en diferentes actuaciones instadas por diversas minorías parlamentarias, el Poder Judicial ingresó en el tratamiento de cuestiones de carácter estrictamente político y de incumbencia exclusiva del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo, en un claro caso de judicialización de lo que por naturaleza pertenece al ámbito de acción política”.

Dejando trascender la Casa Rosada además su enojo con “magistrados de instancias inferiores” que otorgaron los amparos que trabaron la transferencia de reservas al tesoro. Señala el nuevo decreto que “esos magistrados han obviado pronunciamientos que exigen el máximo grado de prudencia para dictar cautelares que avanzan sobre funciones específicas del Poder Ejecutivo incurriendo en graves excesos jurisdiccionales en menoscabo de los poderes y funciones atribuidas a éste último”.

Pero lejos de quedarse con la derogación, el Gobierno agregó en el “Suplemento” del Boletín Oficial los nuevos decretos que vuelven a ordenar la transferencia de reservas y de los que se tomó el Banco Central para ejecutar hoy mismo esa operación.

Así se publica también bajo el título "Deuda Pública", el Decreto 297/2010 que dispone “la cancelación de la totalidad de los vencimientos de capital e intereses con organismos financieros internacionales correspondientes al presente ejercicio fiscal con reservas de libre disponibilidad”, citando como base el decreto de Néstor Kirchner que habilitó el pago de la totalidad de la deuda con el FMI con reservas “siempre que resulte de efecto monetario neutro”.

Señalando que “la balanza de pagos registra en la actualidad superávits comercial y de cuenta corriente que aseguran la generación de divisas y la sustentabilidad de las cuentas externas” de manera que “dentro de un régimen de cambio flotante, el nivel actual de reservas internacionales supera con amplitud los márgenes necesarios para mantener adecuadas políticas monetarias y cambiarias”.

Y dispone en concreto que el Banco Central transfiera al Tesoro reservas por 2.187 millones de dólares para este fin y como contraprestación, recibirá una letra con vencimiento en 10 años y amortización íntegra al vencimiento, que devengará una tasa de interés igual a la que devenguen las reservas internacionales para el mismo período y hasta un máximo de la tasa LIBOR anual menos un punto porcentual, cuyos intereses se cancelarán semestralmente.

El nuevo Fondo de Desendeudamiento

En este Suplemento también publicó el Gobierno un tercer decreto, el 298/2010 que crea el Fondo del Desendeudamiento Argentino, que en sus fundamentos recoge todos los argumentos del malogrado Fondo del Bicentenario y los reedita en esta nueva norma que propone “un uso más eficiente de las reservas del Banco Central de la República Argentina, buscando obtener de ellas no sólo el respaldo a la moneda, sino también la obtención de un mayor provecho para que coadyuven al mayor desarrollo económico interno”.

Y por lo tanto, sostiene el decreto, “el punto central es que una economía en desarrollo, como la República Argentina, estaría en parte sacrificando crecimiento al mantener esos activos en el exterior con mínimo rédito, sin aprovechamiento alguno en el ámbito interno” y por ello sufriendo una mala utilización de lo que denomina “costo por oportunidad” de uso de estos fondos.

De manera que resuelve la Presidenta crear este nuevo fondo, que según el decreto su objetivo “es llevar adelante los pagos de la deuda pública del Tesoro Nacional con vencimiento en el año 2010 con tenedores privados” por un total de 4.382 millones de dólares, que el Banco Central transferirá al Tesoro y recibirá en canje una letra de deuda.

Cita además el decreto de Cristina para apoyar su decisión la experiencia de “otros países con reservas internacionales que, a primera vista, parecen excesivas en relación con sus necesidades inmediatas, como es el caso de China, Rusia y Japón han comenzado a administrar buscando obtener de ellas mayor provecho, invirtiendo tanto en títulos públicos como en acciones de capital privado, a los fines no solamente de diversificar sus carteras, sino principalmente de coadyuvar al desarrollo económico interno”.

Lo mismo que recuerda el caso del Banco Central de Brasil que “decidió en marzo de 2009 prestar reservas internacionales vía subastas para ser utilizadas por las empresas brasileras”.

Prometiendo sobre el final que “en las condiciones actuales el uso acotado de reservas no tendrá mayor impacto sobre la política monetaria, ni es susceptible de lesionar el superávit cuasi fiscal”.

Se cubre además la Presidenta en esta nueva norma y ordena crear “la Comisión Bicameral Permanente de Seguimiento de los Pagos de la Deuda compuesta por OCHO (8) diputados y OCHO (8) senadores” para que controlen y fiscalicen el uso de estos fondos.

Finalmente también se publican en el Boletín Oficial resoluciones del Ministerio de Economía que abren en el Banco Central las cuentas necesarias para que se giren los fondos mencionados en los decretos.

Fuente: LPO

DNU: Dos preguntas más

viernes, 26 de febrero de 2010

Por Jorge Horacio Gentile (*)

Los decretos de necesidad y urgencia (DNU) Nº 2.010/2009, que destina reservas del Banco Central al Fondo del Bicentenario y, en consecuencia, libera recursos del presupuesto para cubrir gasto público, y el Nº 18/2010, que remueve al presidente de ese banco, Martín Pérez Redrado, dictados por el Poder Ejecutivo, además de no haber justificado ni la "necesidad" ni la "urgencia", que el decreto de remoción no contó con el consejo de la comisión del Congreso y que no se dio oportunidad de defensa a Redrado por el delito que se le atribuye, plantean dos interrogantes que merecen adecuadas respuestas: 1) ¿Puede el PE dictar leyes (DNU), cuando el Congreso está en receso? y 2) ¿Dónde, cuándo y quiénes asistieron al "acuerdo general de ministros" que los decidió?


1. El Congreso es quien sanciona leyes, pero, "cuando circunstancias excepcionales hicieran imposible seguir los trámites ordinarios previstos por esta Constitución para la sanción de las leyes" (art. 99, 3 CN), puede hacerlo el Poder Ejecutivo mediante DNU. Por lo tanto, si el Congreso está en receso, y, por ello, no puede dictar leyes, tampoco puede hacerlo el Poder Ejecutivo, quien puede hacer cesar el receso convocando a sesiones extraordinarias (art. 63 CN).

Negarse a hacerlo es también impedir que se cumpla aquella otra exigencia de la ley fundamental, después de dictado el DNU, de que, elevado al plenario del Congreso el dictamen de la comisión bicameral permanente (que controla la validez de los mismos), "de inmediato" deba ser considerado por "las Cámaras" (art. 99, 3 CN), luego de que el jefe de gabinete de ministros lo someta a dicha comisión dentro de los diez días, y esta lo despache en igual tiempo.

Este es el segundo año parlamentario en que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se niega a convocar a sesiones extraordinarias, lo que demuestra que no hay necesidad ni urgencia para dictar ley alguna. El reciente requerimiento del consejo de la comisión parlamentaria es un reconocimiento de la omisión incurrida en el decreto No. 18.

Conclusión: con el Congreso en receso, el Poder Ejecutivo no puede dictar DNU.

2. Los DNU "serán decididos (por el presidente de la Nación) en acuerdo general de ministros que deberán refrendarlos, conjuntamente con el jefe de gabinete" (art. 99, 3 y 100, 13 CN). Por lo que es indispensable el "acuerdo general de ministros", que se resuelve en una reunión de gabinete (la que debe "coordinar, preparar y convocar" el jefe de gabinete (art. 100, 5 CN), lo que hace mucho no tenemos noticias que ocurra.

Además, el DNU debe ser firmado por el presidente y por los ministros, pero ello no suple la necesaria reunión de gabinete para que estos discutan y lleguen a un "acuerdo" con el presidente, lo que reemplaza el debate en el Congreso que, por las razones de "urgencia", no pudo hacerse.

En estos dos casos, hubo refrendo, pero no tenemos información de que haya habido reunión de gabinete, y, por tanto, tampoco pudo haber "acuerdo general de ministros".

Pruebas al canto: en la página web del ministerio de Salud, se informó que el titular de la cartera, Juan Manzur, (quien firma el DNU que remueve a Redrado) estuvo en Misiones (Puerto Iguazú) y Chaco, entre el 6 y el 8 de enero, y el DNU que refrendó tiene fecha 7 de ese mes, día en que el ministro visitó el hospital "Dr. Enrique De Llamas", en Charata, junto con el gobernador del Chaco.

La prensa informó que el ministro del Interior, Florencio Randazzo, estaba en Valeria del Mar, mientras que los de Trabajo, Carlos Tomada, y de Defensa, Nilda Garré estaban en Pinamar. Los tres suscribieron, también, el DNU.

Si hubiera habido reunión de gabinete, ¿adónde fue? ¿En la Casa Rosada, en Olivos, en Charata, en Valeria del Mar o en Pinamar?, y otra duda: ¿Cuándo y adónde firmaron los ministros el DNU refrendando y legalizando la de la presidenta?

Conclusión: Pudo haber refrendo, pero se omitió el "acuerdo general de ministros".

Estos dos interrogantes ponen aun más en duda la plena vigencia del estado de derecho y dañan la siempre anhelada calidad institucional.


(*) Jorge Horacio Gentile es profesor de derecho constitucional de las universidades Nacional y Católica de Córdoba y fue diputado de la Nación.

Los caminos se van estrechando sin remedio para los Kirchner

domingo, 21 de febrero de 2010

Por Eduardo van der Kooy

El Congreso se torna cada día mas adverso para el kirchnerismo. La pérdida de poder en el Senado sorprende. La oposición mantiene cohesión, aunque no puede superar sus internas. El matrimonio pierde capacidad de protección y de presión. La Justicia busca reacomodarse.

Nadie entiende qué quiso hacer Cobos con su voto

miércoles, 17 de febrero de 2010

Por Guillermo Cherashny



El voto de Julio Cobos a favor de la remoción de Martín Redrado fue una contradicción en la conducta del Vicepresidente de la Nación desde su aparición pública en primer plano con la resolución 125.

Nadie entiende en la oposición ni los propios radicales qué quiso hacer con su voto, porque la Unión Cívica Radical le pidió que no opinara, ya que la remoción había devenido en abstracta por la renuncia de Redrado. Pero los cobistas contestaron que si no opinaba quedaba como De La Rúa.

Podía votar en contra, como Alfonso Prat Gay y seguir en la misma línea de oposición al kirchnerato.

Al votar a favor, quedó peor que un De La Rúa, más bien rememoró a Raúl Alfonsín después del "Felices Pascuas", y la mayoría de los medios y los principales editorialistas se lo hicieron saber.

Al contestar la senadora cobista Laura Montero que Prat Gay quería hacer lo mismo, pero que Carrió le ordenó que votara en contra, coincidió nada más y nada menos que con Aníbal Fernández. O sea que quedó dos veces pegado al kirchnerato.

El radicalismo, ofuscado y desorientado, no quiso agitar el tema para no liquidar al único candidato que hasta el martes lideraba las encuestas de popularidad, y no tiene otro candidato, salvo la auto-postulación de Ricardo Alfonsín, con muy buena imagen, pero que no les garantiza por ahora el triunfo como Cobos hasta hace unos días.

Cobos, rodeado por sus amigos mendocinos, los radicales y la Junta Coordinadora Nacional de Coti Nosiglia, Jesús Rodríguez, Leopoldo Moreau y Federico Storani, como dijimos hace una semana, estaban comiendo el asado antes de poner la carne en el asador. Ya se creían gobierno y, aplicando el teorema de Baglini de ser pragmáticos cuando se está cerca del poder, ahora se quedaron más lejos.

Carrió aprovechó la volada y le exigió a Cobos que convoque a la Comisión Bicameral que controla los DNU, para juzgar a todo el directorio del Central y de paso apurarlo a aquél nuevamente.

Enseguida se sumó el PRO, el otro partido que cuestionaba al mendocino, y también el Peronismo Federal de Felipe Solá, que ve apagarse la figura indiscutible del Vice Cobos y pasa a la ofensiva para apretar a aquél, a Kirchner y a la UCR, haciendo lo que en billar se llama palo, carambola y tronera.