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Sociedad Civil y Clase Política actúan de manera disociada

miércoles, 2 de junio de 2010

El análisis político y económico de los doctores Vicente Massot y Agustín Monteverde


Entre el 22 y el 25 de mayo unas multitudes refractarias a cualquier tópico ideológico se congregaron, de manera espontánea, para conmemorar el Bicentenario de la Revolución de Mayo y, de paso, aprovecharon la ocasión para entretener sus ocios.

Nadie medianamente equilibrado se animaría a atribuirle a esa inmensa marea humana, que libremente se desparramó por la ciudad de Buenos Aires, una intención o una coloratura políticas. Fue, tomando prestada la frase que se popularizó durante el campeonato mundial de fútbol de 1978, “una fiesta de todos”.

El análisis, pues, que de semejante fenómeno se puede hacer es de naturaleza sociológica. La sociología y no la ideología puede explicarnos por qué de pronto y rebalsando cuanto cálculo se había hecho con anterioridad a esos días, apareció la gente por millones y se adueño de las avenidas preparadas para ver pasar a las tropas, carrozas, trapecistas y artistas de distinto tipo.

También esa ciencia social podrá dar cuenta de un hecho que, hasta el momento, no ha merecido una interpretación acorde con su importancia, a saber: que la muchedumbre fue siempre una espectadora del espectáculo que se había montado para divertirla.

Inmediatamente después de haber concluido los actos, el gobierno fue el primero en querer adueñarse del sentido que, según sus principales representantes, habría tenido tamaña presencia humana. El kirchnerismo no ha sido tan burdo como para considerar que la población salió a las calles a los efectos de poner de manifiesto sus simpatías políticas. Menos aun ha considerado que la mayoría de esas personas respondían a su credo partidario. Pero sí ha creído y cree firmemente que el estallido popular que se vivió en la Capital Federal en el curso de esas 96 horas, poco más o menos, puede aprovecharse en beneficio de la candidatura presidencial de Néstor Kirchner.

No sostienen en la Casa Rosada y en la Quinta de Olivos que el espacio publico fue de ellos, porque a tanto no llega su visión unilateral de cuanto esta sucediendo en el país. Sí dicen, en cambio, que la algarabía de la población demuestra un estado de ánimo colectivo amigable hacia el gobierno. El hecho de que tantos hayan festejados en paz estos 200 años de historia común, los mueve a pensar que hay un terreno fértil para avanzar con las políticas públicas puestas en práctica por la actual administración.

El razonamiento es algo forzado pero, al mismo tiempo, es cierto que si la situación general de la gente hubiera sido mala, difícilmente habría salido a festejar como lo hizo. De esto último se agarra la propaganda oficial, sin ponderar en su justa medida que la alegría colectiva de los argentinos no tuvo nada que ver con lo que hiciera o dejara de hacer la clase política. Cabría decir que una y otra, sociedad civil y clase política, actuaron de manera disociada, como si fueran compartimentos estancos.

Dicho de manera diferente: el gobierno militar no fue en agosto de 1978 más popular porque el seleccionado de Cesar Luis Menotti venciera en el final de la Copa al combinado de Holanda; la administración presidida por Raúl Alfonsín no se impuso en las cruciales elecciones de 1987 a pesar de que, apenas un año antes, el equipo que respondía a Carlos Salvador Bilardo y tenía como ídolo indiscutible a un Maradona en su plenitud, había ganado su segunda copa mundial en Méjico.

Suponer, entonces, que alguien podría adueñarse de “la fiesta de todos”, sería no entender la índole del fenómeno. Aunque quisiera, el gobierno —este o cualquier otro en su misma situación— no podría tomar lo que es, de suyo, inasible. Vale, lo dicho antes, para todos aquellos que se han lanzado a conjeturar acerca de los efectos beneficiosos o deletéreos que tendría para el oficialismo que los once dirigidos por Maradona saliesen campeones o se quedasen sin nada.

Quizá si las elecciones presidenciales se substanciaran en octubre de este año, cuando todavía se escuchasen los ecos del mundial de Sudáfrica, cabría pensar de que el fútbol pudiese tener influencias sobre el humor de los argentinos a la hora de votar. Pero, siendo que esos comicios recién se llevaran a cabo quince meses después de finalizado el torneo al que vivimos haciendo referencia, carecería de sentido imaginar que su resultado condicionase a los argentinos en el cuarto oscuro.

Precisamente a ese cuarto son cada vez más los políticos que lo tienen presente. La semana pasada hubo, al respecto, declaraciones para todos los gustos, cuyo común denominador no fue otro que la carrera presidencial, ya iniciada, de cara al año próximo.

Rompió el fuego el santafesino Hermes Binner que, por vez primera, insinuó la posibilidad de ser parte de una fórmula con Ricardo Alfonsín. Le siguió, poco después, Elisa Carrió, apuntando algo parecido, aunque con la intención, en su caso, de poner distancias de Julio Cobos. Por su parte, también dijeron lo suyo quienes, seguramente, dirimirán supremacías para encabezar la fórmula presidencial del panradicalismo: Cobos y Alfonsín.

Uno y otro, entreviendo que el clima dentro de su partido se ha enrarecido en consonancia con los comicios internos de la provincia de Buenos Aires —que se harán efectivos el domingo venidero— afirmaron cosas diferentes con el propósito de no escalar sus disidencias. El vicepresidente repitió eso de que todavía no se siente candidato.

Por su lado, Alfonsín intentó quitarle dramatismo a la disputa en el principal distrito electoral del país diciendo que, cualquiera fuera el resultado, no tenía nada que ver con las candidaturas del 2011.

El panradicalismo sabe que le lleva al peronismo ventaja en dos aspectos: 1) no es gobierno y por lo tanto no sufre el desgaste que aqueja al kirchnerismo (peronista) y 2) no tiene por delante una batalla a vida o muerte como la que ya divide al justicialismo.

Entre Cobos y Alfonsín no existen los odios que separan, por ejemplo, a Kirchner de Duhalde. Pero, además, son conscientes sus jefes —con la excepción de Elisa Carrió— de que no pueden darse el lujo de la división. Juntos tienen prácticamente asegurado un lugar en la segunda vuelta electoral. Separados perderían la posibilidad de volver a dirigir los destinos del país.

Con todo, algo parece haber cambiado en el curso de los últimos seis meses entre los correligionarios del viejo partido de Alem e Yrigoyen. Medio año atrás Julio Cobos no tenía competidores de fuste enfrente suyo. Hoy la figura de Ricardo Alfonsín ha crecido tanto que difícilmente pueda alguien pensar que vaya a abstenerse de darle batalla al mendocino. Es más, hay quienes suponen que si las elecciones fuesen mañana, en una interna en la cual la mayoría resultase radical, Alfonsín llevaría las de ganar. Como quiera que sea, Alfonsín genera hoy en el espacio panradical mayor cantidad de adhesiones de parte de las estructuras políticas que Cobos.

Al revés, éste le gana a aquél, de momento, en punto al respaldo de la gente que no pertenece a un partido o que, siendo radical, no es militante.

Para no ser menos, también los peronistas se hicieron escuchar. Dos que tienen pocos votos pero mucha presencia y seguridad en sí mismos —Felipe Solá y Mario Das Neves— se lanzaron al ruedo con la conocida diferencia del primero de los nombrados, respecto del segundo y de los demás que se postulan para el año que viene —empezando por Eduardo Duhalde— de que él en ningún caso está dispuesto a aceptar las reglas de juego de la interna que ha propuesto el kirchnerismo.

Solá es el único que ha dicho, en más de una ocasión, que sería una tontería —equivalente al suicidio— confrontar con el santacruceño hacia adentro de una estructura que maneja a su antojo. Los otros —llámense Das Neves, Duhalde o De Narváez— en público sostienen todavía una posición que, si el oficialismo no estuviese dispuesto a reformular las condiciones vigentes para substanciar una elección interna en el PJ, tarde o temprano recusarán al igual que Solá.

El ultimo en hacerse escuchar fue Francisco De Narváez, el cual, tras cruzar acusaciones con Mauricio Macri, le dejó abiertas las puertas, de par en par, a Carlos Reutemann para que oportunamente —¿principios del 2011?— se decidiera a ser parte de la carrera presidencial.

Claro que, al propio tiempo, puso en claro que recurrirá a la justicia con el propósito de saber si puede o no ser candidato. El dilema que arrastra De Narváez es el siguiente: si la Corte le dijera que no puede ser presidente y Reutemann decidiese no ser finalmente de la partida, como aspirante a gobernador de la provincia de Buenos Aires no podría presentar una boleta sin candidato a presidente. En tal caso, de los que están anotados, debería inclinarse por Duhalde o Macri, con quienes hoy, al menos, está peleado.

Pasado el jolgorio todo vuelve a la normalidad: las prepagas trasladarán la suba salarial a las cuotas a partir de agosto; los asambleístas de Gualeguaychú cortaron la ruta 14 dos días antes de la Cumbre entre Cristina Fernández y José Mújica; distintos gremios, encabezados por el de Luz y Fuerza, piden reabrir paritarias y obtener mayores aumentos aduciendo que el 35 % de incremento obtenido por los trabajadores de la alimentación los deja desairados; los famosos fondos de Santa Cruz han vuelto a ser noticia y todo el arco opositor calificó de vejatorio el procedimiento judicial que sufrieron los hermanos Marcela y Felipe Noble Herrera, hijos adoptivos de la directora de Clarín.

Nada cambio, todo sigue igual. Si alguien pensó que el espíritu del Bicentenario era una suerte de bisagra en la historia argentina, pecó de ingenuo. Hasta la próxima semana.

Inmediatamente después del efecto Bicentenario, Kirchner redobla la apuesta, profundizando los conflictos

Por Rosendo Fraga

Tras los festejos del Bicentenario, Kirchner dice a sus militantes que el oficialismo ha quedado a 4 puntos de ganar en la primera vuelta. El razonamiento parte de los datos proporcionados por los sondeos contratados por el oficialismo, de acuerdo a los cuales, si hoy se votara, el ex presidente obtendría 36% de los votos.


Con 40%, de acuerdo a la Constitución argentina, se gana en primera vuelta, siempre que el segundo no haya llegado al 30%. En los mismos sondeos, ningún candidato opositor de la media docena que están instalados, llega a dicho porcentaje.

Si bien falta casi un año y medio para las elecciones, y en consecuencia todo puede ser posible en política, cabe destacar que los mismos sondeos que hoy le adjudican 36% a Kirchner, un año atrás lo daban ganando por 6 puntos en la provincia de Buenos Aires, donde finalmente perdió por 2.

Además, que hoy el voto opositor esté muy dividido no quiere decir que no se polarice acercándose la elección, como sucedió en 2009 en la provincia de Buenos Aires a favor de Francisco de Narváez, dado que una parte relevante del electorado suele optar por quien ve con mayor posibilidad de impedir que gane quien no quiere que gane. Pero el llamado efecto bicentenario ha llevado a los voceros del oficialismo a insistir cada vez más con la candidatura del ex Presidente para 2011.

Mientras tanto, la oposición no logra articularse y difícilmente lo haga antes que se definan las candidaturas. En el peronismo disidente, Francisco de Narváez elogia a Reutemann, manifiesta que se presentará a la Justicia para reclamar contra la disposición constitucional que le impide ser candidato por haber nacido en Colombia y recorre el país; Eduardo Duhalde se reúne con la Comisión de Enlace, ante la cual ratifica su intención de ser candidato, y Felipe Solá no niega la intención de serlo, incluso por fuera del PJ.

En el radicalismo, las diferencias entre quienes apoyan a Julio Cobos y quienes ven a Ricardo Alfonsín como una alternativa, se profundizan al acercarse la interna de la UCR bonaerense del próximo 6 de junio. Desde el radicalismo se mantienen conversaciones tanto con el Partido Socialista como con la Coalición Cívica, para constituir un frente electoral y se aspira a que Binner o Carrió acepten una candidatura a Vicepresidente. A su vez Macri sigue insistiendo con su candidatura presidencial y, pese a las diferencias, hoy aspiraría a reeditar la alianza con Narváez y Solá gestada para la elección del 2009.

La recuperación del oficialismo en el Senado y la división de la oposición en Diputados han paralizado al Congreso. Al controlar hoy el Gobierno la Cámara Alta -aunque con alianzas precarias- y tener la oposición mayoría en la Baja, el Congreso queda neutralizado.

La oposición a su vez muestra un núcleo central con alto grado de coincidencia, integrado por la UCR, la Coalición Cívica, el PJ Federal o Disidente y el PRO. De acuerdo a las circunstancias y proyectos, logran ampliarse al Socialismo, el GEN de Margarita Stolbizer y el Proyecto Sur de Pino Solanas.

En Diputados, la oposición se concentra esta semana en lograr dictámenes de comisión para varios proyectos. Entre ellos, el que propone devolver a las provincias el 15% de los fondos del ANSES. Pero una vez obtenidos los dictámenes, debe lograr el quórum de mayoría simple para tratarlos y para ello debe acordar con alguno de los tres sectores de centro-izquierda mencionados.

En el Senado esta semana da su informe -que debería ser mensual para cada Cámara- el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, oportunidad en la cual la oposición tratará de reclamar respuestas sobre diversas denuncias de corrupción. Entre los proyectos a tratar, recién adquiere significación el del matrimonio gay, que está previsto para el 14 de junio.

Inmediatamente después del efecto Bicentenario, Kirchner redobla como siempre la apuesta, profundizando los conflictos. Los medios de comunicación son su frente más importante y en él, el ADN compulsivo impuesto por la nueva jueza que lleva el caso de los hijos adoptivos de la dueña del grupo Clarín, implica escalar el conflicto del oficialismo con el principal grupo de medios del país. Asimismo, las iniciativas del secretario de Comercio para cuestionar la propiedad de los diarios Clarín y La Nación de la empresa Papel Prensa, van en la misma dirección.

Pero al mismo tiempo, siguen avanzando las denuncias de corrupción contra la administración Kirchner. Las contradictorias manifestaciones del ministro de Economía de Santa Cruz, diciendo primero que se han gastado la totalidad de los 579 millones de dólares que la provincia tenía en el exterior en gastos corrientes, para al día siguiente corregirse diciendo que todavía restan 179, pusieron en evidencia una vez más que se trata un tema en el cual el oficialismo nacional y provincial no tiene explicación convincente.

A ello se agregaron las declaraciones de un ex vicegobernador justicialista de la provincia (Arnold), quien abiertamente acusó a los Kirchner de haberse robado esos fondos. En la política exterior, mientras Cristina tiene esta semana una reunión con su colega uruguayo en un marco de mayores tensiones por el conflicto de Botnia, su marido decide suspender su participación como secretario general de UNASUR en la Cumbre que se realiza en Santo Domingo para coordinar la ayuda a Haití, porque a ella asiste el Presidente de Honduras (Lobo).

Cualquiera que compita con Kirchner tiene asegurada la Presidencia de la Nación

martes, 18 de mayo de 2010

Encuesta contratada por el oficialismo y confeccionada por la consultora Analogías -titulada “Clima Social y Político en la República Argentina”- sobre 1.200 muestras tomadas a mediados de abril a nivel nacional.


-Néstor Kirchner cada vez más complicado en las encuestas propias. Las encuestas que contrata el mismo oficialismo K revelan que Kirchner es el que mayor imagen negativa tiene (62,1%) lo escoltan Aníbal Fernández (59%), Jorge Capitanich (58,4%) y Cristina Kirchner con el 58% .

-Néstor Kirchner pierde con todos en el ballotage. Contra Cobos (58,9% a 29,9% del ex presidente), contra Macri (52,2% a el 32%); contra Carlos Reutemann (52,3% a 32,3%) e incluso quedaría rezagado frente a Ricardo Alfonsín (51,1% a 33,7% del santacruceño).

-El Peronismo Federal se organiza. Con este panorama, los dirigentes del peronismo no kirchnerista coordinan entre sí. Reutemann, Solá, De Narváez, Macri, Busti y Duhalde se reúnen con la responsabilidad de no competir entre ellos hasta asegurarse que le puedan ganar a Kirchner.

-La "deserción" de Carlos Reutemann. El "Lole" es un político que no busca el poder, sino que el poder lo busca a él. Hoy ha decidido trabajar con el Peronismo Federal que quiere suplantar al kirchnerismo, siempre y cuando -dice- no le marquen los tiempos ni lo subordinen a las apetencias personales, en especial a las de Duhalde.

-¿Por dentro o por fuera del PJ? En el seno del Peronismo Federal hay dos líneas claras: Ramón Puerta impulsa una confederación de partidos por fuera del PJ kirchnerista, que debería decidir una fórmula democráticamente. "Lole", en cambio, afirma que "hay que ganarle a Kirchner en el Justicialismo", aunque poniendo condiciones de transparencia en la lucha electoral.

-Eduardo Duhalde prepara su contienda con los K. El plan de Duhalde para vencer a Kirchner es dar pelea en las primarias si hay reglas claras y si se permite que cada candidato vaya con su alianza a la interna del PJ, sino irá por fuera. Está seguro que él será quien dispute la candidatura con "El pingüino". "Salvo que abandone cuando vea que no le da; y si pone a otro, pierde igual", dice. "Sabe que no puede superar el 25/27 por ciento de los votos. Su vínculo con la sociedad está roto", explica Duhalde.

-Néstor Kirchner jefe de la oposición. El ex presidente habría hecho sus números y llegado a la conclusión de que su máxima posibilidad es salir segundo y entrar así al ballotage, superando a la fórmula que presente el Peronismo Federal y compitiendo en segunda vuelta con la UCR. Con la segunda vuelta, no hay encuestador que discrepe: cualquiera que compita con Kirchner tiene asegurada la Presidencia de la Nación.
De la redacción de La Opinión Popular

La pulseada recién empieza

Por Alfredo Leuco


Argentina está firme en medio de la marejada. Este es el principal activo electoral del Gobierno que, a la vez, insiste en fabricar conflictos y enemigos que todo el tiempo ponen a prueba la solidez de la economía. La explosión del consumo, el crecimiento sostenido y la fuerte apuesta al mercado interno fueron méritos fundacionales de Eduardo Duhalde y Roberto Lavagna que Néstor Kirchner supo fortalecer en el tiempo.


Cristina Fernández está saliendo lentamente y con algunos tropezones del pozo de imagen negativa en el que estaba. Ya no es imposible (aunque sigue siendo muy difícil) que los K se acerquen en 2011 al número mágico del 40% que evitaría la segunda vuelta ante una probable fragmentación opositora en la que nadie superaría el 30% de los votos. La mesa de arena que funciona en Olivos dispara iniciativas todos los días a una velocidad infrecuente. Algunas van al arco. Otras, a la tribuna.

Para seguir creciendo en su intención de voto, Néstor Kirchner necesita que los jefes provinciales tengan los pies dentro del plato, que baje la bronca sobre todo en las clases medias rurales y que no adelanten las elecciones como amenazaron muchos y concretaron pocos.

La intolerancia que el matrimonio presidencial intenta pero no puede extirpar de sus discursos, la pretenden disfrazar de coraje, pero la prepotencia está en el ADN de su proyecto vitalicio de poder. Ya no hablamos de los ataques a la oposición y al periodismo. O a la intención de construir un monopolio mediático pingüino.

Esa agria medicina también la recibieron aliados estratégicos de la región como Brasil y Uruguay y los principales compradores de nuestros alimentos, como China y la Unión Europea. Y encima, todo al estilo Guillermo Moreno. Con el hecho consumado y sin papeles escritos que reglamenten nada.

Son crímenes de lesa vecindad que tienen a Moreno como autor material y a Néstor Kirchner como autor intelectual. Si los europeos tenían serios problemas para comprender la génesis del pensamiento de Juan Domingo Perón, ahora están ante un laberinto intelectual para interpretar al kirchnerismo que es la enfermedad infantil del peronismo, con perdón de Lenin.

La oposición no acierta a diagnosticar la etapa que estamos transitando y el tipo de liderazgo tóxico de los Kirchner. Se les hace muy cuesta arriba encontrar un proyecto estratégico superador que entusiasme a una amplia franja de la sociedad y que sea encarnado por alguien seductor, popular, respetado y representativo. Por ahora, el rompecabezas se va reacomodando en cómodas cuotas.

En el peronismo hay una mesa cada vez más concurrida en la que participan casi todos los que quieren evitar que los Kirchner se queden a vivir en el poder con el PJ como herramienta.

Los Duhalde tratan de quebrar el miedo que muchos intendentes y gobernadores le tienen a Néstor. Por eso recuerdan en las tribunas haberlo visto a Kirchner “orinarse en los pantalones”, mientras Chiche vaticina un futuro carcelario para los K que, asegura, pilotean “el gobierno más corrupto desde 1983”. Ponen como ejemplo las megacoimas travestidas de legales en la relación con Venezuela, supervisada por Julio De Vido y Claudio Uberti.

Autoexcluido Carlos Reutemann, imposibilitado legalmente Francisco De Narváez, sin despegar en las encuestas Felipe Solá y con mucho camino por recorrer de parte de Mario Das Neves y Alberto Rodríguez Saá, las chances de Duhalde crecen. Está organizando para fin de año la exhibición de lo que sería su futuro gabinete.

En Economía le sobran nombres: Javier González Fraga, Jorge Sarghini, Alberto Abad o Jorge Todesca. En Trabajo: Graciela Camaño. En Interior: Alberto Iribarne. En Cancillería: Rodolfo Gil, renunciante a la embajada argentina ante la OEA. La alta imagen positiva de Roberto Lavagna lo ha convertido en una suerte de comodín que vale tanto para la Jefatura de Gobierno porteña (él lo rechaza), la Jefatura de Gabinete o la vicepresidencia. Falta mucho. Ni siquiera se sabe si este dispositivo funcionará para la interna o para ir directamente por afuera del PJ.

Una de las encuestadoras de mayor prestigio guarda datos que vale la pena analizar. Néstor (57), Cristina (53) y Duhalde (40) siguen siendo los argentinos con mayor imagen negativa, pero en los tres casos vienen creciendo sin prisa pero sin pausa la valoración positiva y también los que ubican su opinión en la columna de “regular” con lo cual no cierran ninguna puerta.

Kirchnerismo, peronismo y oposición no peronista aparecen cada uno con un tercio probable en la intención de voto. La foto es coyuntural, pero que ayuda al análisis. Nadie por sí solo puede ganar en primera vuelta. Nadie hegemoniza el escenario. La pulseada recién empieza.

La fuga de la centroizquierda, un doble desafío para Néstor Kirchner

domingo, 16 de mayo de 2010

Por Eduardo van der Kooy

Sólo una de tres novedades perturbó la semana política de Néstor Kirchner. El ex presidente se jactó con la primera novedad: siempre pensó que Carlos Reutemann nunca sería candidato. El senador, en efecto, no lo será. Al procesamiento de Mauricio Macri lo descontaba, como la mayoría de los ciudadanos con una pizca de información y perspicacia. En cambio corcoveó, aunque buscó disimularlo, cuando supo que Pino Solanas será candidato a presidente en el 2011 para intentar aglutinar el arco de centroizquierda.


Al cineasta y diputado lo habrían empujado a tomar aquella determinación tres básicas razones. Sus buenos índices de aceptación, en especial, en los centros urbanos. Una encuesta de la consultora Andrés Mautone, en Rosario, lo ubica segundo en intención de voto, sólo debajo de Hermes Binner. Aunque como todos, con porcentajes todavía muy módicos. Solanas cree, además, que la ausencia de una candidatura del sector viene favoreciendo desde hace años el proyecto de los Kirchner.

Por otra parte, cualquier posibilidad de convergencia con el oficialismo quedó dinamitada luego del escándalo del espía detenido en el Ministerio de Economía, que el Gobierno le endilgó al diputado Claudio Lozano y a él mismo.

La fuga de la centroizquierda -o de la mayor parte de esa franja- pondría a los Kirchner frente a un doble desafío. Una parte de ese sector ya tomó distancia en Diputados. A medida que pase el tiempo y se afirme la postulación de Solanas, aquel sector con seguridad crecerá. La Cámara será todavía más hostil de lo que es ahora para Cristina.

El otro inconveniente se vincula con la construcción política y electoral que imagina Kirchner para reflotar su candidatura. Cuenta con un núcleo duro kirchnerista, con el esqueleto tradicional del PJ, que en ciertas coyunturas vacila, y con las organizaciones sociales. Ese tramado podría arrimarlo al 30% de los votos. ¿De dónde sacaría el resto para escalar hasta el 40% y especular con la diferencia de 10 puntos sobre la oposición, que le permita evitar el balotage fatal?

Tampoco habría que quitarle la mirada al viejo peronismo, porque en esa geografía nunca se dice la última palabra. Un poderoso intendente del conurbano se confesó sin pudor delante de un peronista -que no es Eduardo Duhalde- tentado de presentarse en la interna partidaria: "Estoy dispuesto a apoyarte. Muchos compañeros pensamos así. Incluso lo hablamos con De Narváez (Francisco). Nosotros pondríamos gente en todas las listas. No vamos a hipotecarnos con Kirchner", relató.

Los Kirchner tienen la garantía de la caja para evitar que el conurbano se deshoje. Esa misma caja les sirve para mantener engrillados a los gobernadores. Pero hay maniobras con esa caja, forzadas por la oposición, a las cuales se les descubre un doble filo. ¿Cómo sería eso?

La Presidenta anunció un programa para aliviar las deudas de las provincias. Las liberó de pagos hasta el 2011. La medida, urdida de urgencia en cuatro días, obedeció al proyecto en ciernes en Diputados -que se iba a añadir a la Ley Verna del Senado para el uso de reservas- que exigiría al Gobierno el pago de deudas que tiene la Nación.

Los Kirchner se sintieron satisfechos por partida doble. Desarticularon, por ahora, una jugada que podía colocar a la Presidenta en los umbrales de su primer veto. Un veto enrevesado, porque podía tumbar a la vez la autorización por ley para el uso de los dineros del Banco Central. También creyeron, del mismo modo, asegurarse la fidelidad de los gobernadores para progresar con el regreso de Kirchner en el 2011.

Esa realidad podría observarse bajo otro cristal. ¿No habrán debilitado a futuro la dependencia de los mandatarios con el Gobierno? "Nos sacaron un peso de encima. Quedamos con las manos libres", dijo uno de ellos, con alivio evidente.

En el PJ disidente el apartamiento de Reutemann tampoco fue una novedad. Aunque se instaló la duda acerca del papel que desempeñará el senador. Ya había anticipado que en el 2011 tampoco bregará por un tercer turno en la gobernación de Santa Fe. La disidencia del PJ carece en ese distrito de un dirigente con el predicamento de Reutemann. Su supuesta prescindencia política podría convertirse en un trastorno.

En el espacio disidente está firme Duhalde. Ha comenzado a terciar también, al margen del Congreso, Felipe Solá. Alberto Rodríguez Saá tampoco arría sus banderas. Pero todos parecieran disputarse ahora la misma tajada. Veamos un ejemplo. El ex gobernador Jorge Busti andaba muy cerca de Solá a la espera de alguna seña de Reutemann. La seña llegó, aunque en una dirección distinta a la deseada, y Busti asomó acompañando a Duhalde en sus giras por el interior.

El PJ disidente aguarda las deserciones que puedan producirse en el kirchnerismo a medida que se avecine el tiempo electoral. Pero tampoco corren del foco, para dar la batalla final a los Kirchner, las figuras de Mauricio Macri y De Narváez. ¿Una fantasía? No tanto, si se mensura la inquietud que ese tándem suele provocar en el ex presidente. El empeño con que sigue la causa del espía que golpea al jefe porteño y que conduce el juez Norberto Oyarbide, así lo demuestra.

Ese empeño rinde frutos. Oyarbide procesó a Macri pero sobreseyó al ministro de Seguridad Guillermo Montenegro. ¿Una rareza? En efecto, el juez saltó de la indagatoria al sobreseimiento directo. El procesamiento de Montenegro le hubiera acarreado la pérdida del control de la causa. Oyarbide no quiere resignarla y Kirchner tampoco.

Macri enfrenta ahora una pelea en dos frentes: la política y la Justicia. Nunca un enredo con los jueces es beneficioso en medio de una carrera presidencial. Deberá esperar la apelación ante la Cámara Federal y, como instancia última, la Cámara de Casación. Nadie desconoce el desprejuicio de los Kirchner para presionar a la Justicia, incluso a la Corte Suprema.

El jefe porteño cometió un sinfín de errores e ingenuidades políticas que detonaron el caso. Entre ellas, defender a ultranza a un comisario, el Fino Palacios, a quien supuso llegado de un mundo de ángeles y no de un submundo policial. Pero no parece claro, salvo para Oyarbide, cuántos de aquellos errores son judiciables, al punto de conformar -según el juez- una asociación ilícita.

Dentro de las desgracias, Macri tiene alguna fortuna. Chocó con un juez rocambolesco como Oyarbide. Detrás de él está siempre la sombra de los Kirchner. El matrimonio produce verdaderos milagros: no se recuerda que Macri haya concitado alguna vez tantas solidaridades políticas. Desde una prudente de Elisa Carrió hasta el radicalismo, De Narváez y Solá.

Un problema del PJ disidente es similar al que padece el resto de la oposición: el calendario. La suerte de las presidenciales se jugará en apenas tres meses: las internas abiertas en agosto y las presidenciales en octubre. Hasta entonces, existe un camino largo y escarpado por transitar. Un lanzamiento rápido de candidatos podría conducirlos a un desgaste prematuro. Una demora excesiva dificultaría su instalación y le concedería a los Kirchner margen para hacer y deshacer. Después de algunos zarandeos en el Congreso, el Gobierno pareciera haberse recolocado en el centro de la escena.

Tal vez el radicalismo escape ahora a esa regla. Existen en el partido de Alem dos potenciales candidatos acomodados en la opinión pública, para quienes el tiempo significaría un dilema menor: Julio Cobos y Ricardo Alfonsín. El vicepresidente dijo incluso que no definiría su candidatura hasta mayo del año que viene. Pero los radicales tienen, demasiadas veces, una irrefrenable manía por dispararse a sus pies. Cobos y Alfonsín están tironeando, en bandos enfrentados, en una interna partidaria de Buenos Aires que deberá dirimirse por el voto el mes que viene. Será difícil que no haya vencedores y vencidos.

Elisa Carrió mira al radicalismo. No es lo mismo para ella la consolidación de Cobos que la de Alfonsín. El diputado la escucha y la comprende. Con el vicepresidente no existe relación. Los socialistas tienen un compromiso con Carrió pero también lo tienen con los radicales. Esa entente les resulta vital para conservar el dominio que ahora tienen en Santa Fe. Pero es también como vivir con un pie en cada orilla de un cauce torrentoso. ¿Podría ser Solanas un escape para el dilema socialista?

Hace menos de un año, cuando fueron las legislativas, Cristina y Kirchner se cansaron de ensalzar la excelente elección del diputado en Capital. Como no tuvieron correspondencia política, comenzaron una cruzada horadante contra él, al estilo de la que supieron ensayar antes con Reutemann, De Narváez y Macri.

La ingeniería electoral del kirchnerismo se torna, por lo visto, cada día más compleja e incierta. Pero no se trata sólo de la ingeniería: tampoco la política oficial ayuda. Guillermo Moreno maneja el vínculo comercial con los tres socios principales de la Argentina como si fuera patrón de estancia. Brasil, la Unión Europea y China se quejan.

Las huellas de corrupción se hacen firmes con Venezuela, con el ex secretario Ricardo Jaime y con la mafia de los remedios. El sindicalismo aliado porfía con los piqueteros por el control de la calle, haciendo de la ciudad un infierno. El espionaje está fuera de madre: la última semana un ministerio descubrió que sus mails eran hackeados desde otro ministerio.

Tal vez Kirchner no se haya percatado que la amenaza más grave para su retorno no sería la irrupción de Solanas. Sería el Gobierno que comanda con su esposa.

Néstor Kirchner ataca todos los frentes

miércoles, 12 de mayo de 2010

Por Rosendo Fraga

La elección de Kirchner como secretario general de Unasur no modifica su prioridad por la política interna. El miércoles estará en Chacabuco, provincia de Buenos Aires, presidiendo un acto del peronismo local; el jueves hará otro tanto en la capital de Córdoba y el viernes en Santa Cruz, donde estará en el primer acto político público desde que en 2007 la capital provincial fuera escenario de fuertes protestas callejeras contra el oficialismo local y nacional.

Voceros del Gobierno, como el mismo ministro del Interior (Randazzo), han dicho que el ex presidente podría renunciar a su banca, dada la exigencia planteada por los presidentes sudamericanos de que su dedicación sea full time, algo que parece difícil que suceda.

Hasta la oposición -como la diputada Graciela Camaño del PJ disidente- dice que Kirchner presidirá Unasur, cuando en realidad sólo es su secretario general, dado que está presidida en forma rotativa cada seis meses por uno de los doce presidentes que la integran.

La primera función del flamante secretario general sería lograr que cinco países más ratifiquen el Tratado de creación, dado que se requiere la ratificación parlamentaria de nueve y solo lo han hecho cuatro. La paradoja es que la Argentina no lo ha ratificado todavía en Diputados y lograrlo en su propio país sería la primera misión de Kirchner.


El Congreso, y en especial la Cámara de Diputados, es un ámbito complejo para el Ejecutivo. Aun así, la semana pasada no ha sido tan mala para el oficialismo. En el Senado, por 41 a 29 votos, logró la aprobación de la llamada ley Verna, que autoriza el pago de deuda con reservas, registrándose la curiosa abstención de la senadora Hilda Duhalde, cuyo esposo al mismo tiempo dio una de las declaraciones más duras contra Kirchner de los últimos tiempos.

Pero en Diputados, por 144 votos se remitió a Comisión la reforma del impuesto al cheque, que anticipa su sanción definitiva en la Cámara Baja, lo que obligaría a vetar al Ejecutivo, algo que éste quiere evitar.

También rechazó -por 117 a 93 y 12 abstenciones- el Decreto 1953 para el pago de deuda con emisión de bonos. En cuanto a la media sanción del matrimonio gay, los bloques votaron divididos, aunque en el oficialismo hubo leve mayoría a favor y en la oposición sucedió lo contrario.

Kirchner concurrió a votar a favor, buscando así ratificar su alianza con sectores de izquierda. Este proyecto se demorará en el Senado y podría no ser tratado. En la semana que se inicia, la oposición tratará de lograr que se integren efectivamente las comisiones de control bicameral, lo que el oficialismo viene demorando.

Es en la Justicia donde el kirchnerismo está librando su batalla política principal. En mayo se intensifica la presión del oficialismo -tanto privadamente como en la calle- sobre la Suprema Corte, para lograr que ésta declare la vigencia de la ley de medios, suspendida por varios fallos de primera y segunda instancia.

La compra de Telecom y el futuro de Papel Prensa -otras dos cuestiones vitales para Kirchner en esta batalla- también tienen pendientes resoluciones judiciales importantes.

Lo mismo sucede con el ADN de los hijos de la dueña de Clarín, cuyo juez ha cambiado. Mientras tanto, el oficialismo avanza desde el Estado aumentando el monto de la publicidad oficial y dirigiéndola hacia los medios privados propios; desarrollando iniciativas gratuitas como la TV digital y el wifi para todos, que buscan limitar los negocios del sector privado, y financiando a los militantes kirchneristas en la web.

Al mismo tiempo, avanzan en la Justicia causas judiciales que afectan al oficialismo por corrupción. El pago de sobornos en los negocios bilaterales con Venezuela es la que, por ahora, puede tener mayor impacto político, al mismo tiempo que ex kirchneristas santacruceños (Acevedo y Arnold) acusan al ex Presidente y al ministro de Planeamiento e Infraestructura por diversas irregularidades.

Pero es en el empresariado donde el oficialismo ha recuperado más poder. La negativa de importantes entidades empresarias a debatir un documento sobre la pobreza, puso en evidencia, ya hace varias semanas, que el empresariado sigue respondiendo a las presiones del Gobierno.

La reunión de la cúpula de AEA -la entidad empresaria integrada por las 54 empresas mas importantes del país- con el Presidente de la Corte, llevó al oficialismo a lanzar una ofensiva sobre la entidad, por la cual ya han renunciado a ella cuatro empresas y en los próximos días lo harían varias más.

En el empresariado se cree que Kirchner puede ganar en 2011 y esta es la causa de esta actitud de alineamiento político, aunque paralelamente tiene un activo diálogo con Duhalde.

Mientras tanto la Iglesia mantiene una posición crítica, como lo mostró Monseñor Bergoglio al convocar a votar por candidatos que sean transparentes y honestos y el campo retoma las protestas, convocando a manifestaciones para el 25 de mayo en todos los puntos del país en los cuales hubo piquetes dos años atrás.

En lo político, la oposición sigue siendo predominante, aunque la división dentro de ella también lo es. En cuanto al PJ, la declaración del gobernador de Salta (Urtubey) -alineado con el oficialismo- de que puede haber candidatos mejores a los Kirchner, es una manifestación de la dualidad existente en esta fuerza política.

La refinanciación de la deuda de las provincias con el gobierno nacional, anunciada por la Presidente, apunta a mantener el alineamiento de los gobernadores con el gobierno nacional.

La desigualdad es el mayor monstruo por enfrentar

martes, 23 de marzo de 2010

Por Santiago Montoya



Como país estamos fracasando, admitámoslo. En 200 años desde la Revolución de Mayo, se extendió la desigualdad social. Da mucha bronca, es muy injusto, millones la pasan mal. Y nos amenaza un futuro peor, ya que se habla de ella, pero "progresistas" no han terminado de concretar su discurso sensible y "conservadores" sólo sueñan inversiones y desempeño económico estelar, no los desvela la desigualdad.


La dirigencia territorial despliega contención. Pero para 2011 debemos concretar la transformación social de Yrigoyen y Perón, pensarnos a futuro, a 15 o 20 años. De forma efectiva, con compromiso total, ataquemos la desigualdad en su foco, donde muestra las facetas más dolorosas.

O sea, en ese enorme pedazo de la Argentina que es la provincia de Buenos Aires. Hay que desplegar en la Provincia potentes políticas de Estado sobre problemas clave que se influyen entre sí: inseguridad, pobre calidad educativa y mala infraestructura sanitaria.

La inseguridad perjudica a todos. Algunos vecinos de la Provincia pagan de más en un barrio cerrado para que los asalten menos; los demás, sin distinción de clase social, se exponen las 24 horas a todos los riesgos. No hablo de gestionar bien el status quo, sino de enfoques integrales, estructurales.

Otra clave es la educación. Millones de jóvenes se preparan mal y empiezan a quedar excluidos. Reciben una educación pública que fue orgullo, pero ahora mide los peores niveles de calidad del país (que también empeoró). Reforzar sistemas sociales débiles es tentador, pero la educación es estratégica. Así, ensancha la brecha social respecto de otros jóvenes cuyos padres pueden pagar educación "vip", y se malogran talentos jóvenes sólo por su condición social.

Finalmente, la falta de agua potable y condiciones sanitarias. Promedia 60% la población sin cloacas, pero en algunos municipios llega a un 90%. Y todo se agrava alrededor de la cloaca a cielo abierto que es el Riachuelo. Se hicieron cosas, pero el flagelo ambiental atormenta hoy a 4 millones de vecinos.

Basta. Cambiemos. En la Provincia, el país encontrará la llave del problema.

Pienso que antes de las elecciones de 2011 deben discutirse y comprometerse las medidas de los primeros cien días del nuevo gobierno contra la desigualdad, efectivas, con avances pautados en las tres áreas y bien comunicados para riguroso control social.

No sirve postularse para gobernar la Provincia de Buenos Aires porque "da mucho poder" o "hay que sumar votos para que se vaya o se quede K". Suma conciliar lo político y lo técnico, para ser efectivos.

Este ambiente de desigualdad y exclusión social es como un monstruo al acecho. Lo vimos en diciembre de 2001: la Provincia se hizo salvajemente ingobernable, arrasando instituciones y planes nacionales. Otras veces, la contención alcanza, pero el monstruo sigue ahí, condicionando todo.

Lograr oportunidades de vida digna para todos aseguraría la gobernabilidad, sin necesidad de tanta triquiñuela ni acumulación de caja.