Julio de Vido autorizaba cada cobro a las empresas

martes, 4 de mayo de 2010

Por Silvia Naishtat

El ministerio de Planificación autorizaba cada cobro a las empresas. Así, lo señalaron fuentes empresariales y diplomáticas. Para poder vender, las firmas ya habían tenido que contratar a una comercializadora que les cobraba 15%.


Como sucedía con el Muro de Berlín, Caracas está dividida hasta geográficamente entre los simpatizantes de Hugo Chávez y sus opositores. El ministro Julio de Vido lo sabe bien, ya que en sus múltiples viajes solo se alojó una vez en la residencia de la embajada argentina. Después, optó por el hotel Melliá ubicado en Sabana Grande, la zona oeste, más pobre, con fama de insegura y poblada por los defensores del gobierno. A De Vido lo acompañaban el ex titular de las Concesiones Viales, Claudio Uberti, su secretaria Victoria Bereziuk, el ex presidente del INTA, Carlos Cheppi, y José María Olazagasti, el Jefe de Ceremonial.

Un juez ahora investiga los 18 viajes de Uberti a Caracas. Y en el expediente que sigue el juez federal Julián Ercolini, hay otra revelación sobre la modalidad de los negocios con Venezuela. Así, según fuentes empresarias, judiciales y diplomáticas, el ministerio de Planificación era quien definía, imputaba o autorizaba los pagos por las exportaciones de empresas argentinas a Caracas.

Todo comenzó con la creación de un fondo fiduciario en 2004 y funcionaba con el dinero que se le pagaba a Venezuela por la compra de petróleo a PDVSA. En cada operación Cammesa (Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico) depositaba en la cuenta del Bandes venezolano en Nueva York. Con ese dinero, PDVSA adquiría productos a firmas argentinas. Para poder exportar esas compañías tenían que contratar a la trade Palmat que les cobraba un exagerado 15%, cuando lo habitual es 4%. Y para poder cobrar, dependían de la decisión del ministerio de Planificación.

El mecanismo era legal pero el ministro definía cuándo cobraba cada empresa y "eso permitía arbitrariedades", señaló un industrial. Por este sistema se vendieron desde ascensores a tractores.

El fideicomiso había nacido con las mejores intenciones, como una manera de recuperar el dinero que se pagaba por el gasoil. El padre de la idea fue Martín Redrado, por entonces vice canciller económico. Redrado se alejó del tema cuando fue designado presidente del Banco Central.

Cuando comenzó esta operatoria Eduardo Sadous era embajador en Caracas. Pero quien se encargaba de llevar la agenda de De Vido y seguir las relaciones comerciales era el número tres de la representación diplomática, el consejero comercial Alberto Alvarez Tufillo. Con el paso del tiempo, Alvarez Tufillo se convirtió en un eslabón clave que perduró durante la gestión de Nilda Garré, sucesora de Sadous. Y fue expulsado a Buenos Aires por la actual embajadora Alicia Castro.

Hay otras piezas que encajan en esa especial relación comercial: Roberto Wellisch, cara visible de Palmat, fuerte jugador en la compra-venta de aluminio y hombre de la cerealera Glencore, ligada al polémico Marc Rich, condenado por evasor e indultado por Bill Clinton en EE,UU. También, José Ernesto Rodríguez, de Madero trading, que participaba en las exportaciones y actuaba en nombre de empresas argentinas, entre ellas Impsa de Pecarmona.

En las declaraciones que llegaron a la justicia, consta que el empresario Eduardo Cavanagh fue el primero en tirar la piedra. Le comentó a Sadous que había quedado afuera de la exportación de 1.000 vaquillonas a Venezuela. Cavanagh habría dicho que el ex secretario de Agricultura, Javier de Urquiza, lo desplazó. Sadous le pidió un informe por escrito, pero Cavanagh se arrepintió.

En enero de 2005 un cable secreto enviado por Sadous con el título Grave situación, advierte que faltan US$ 90 millones del fideicomiso. Salieron de Nueva York volvieron a Venezuela, se vendieron en el mercado negro del dólar, se recompraron en el oficial y alguien se quedó con US$ 13 millones de diferencia, informó.

Tras el cable, Sadous se enteró de su despido por los diarios, lo mismo que su jefe, el entonces canciller Bielsa.

Es curioso. De Vido ha dicho que Sadous era anfitrión de golpistas en Venezuela. Pero su despedida estuvo repleta de reconocimiento por parte del gobierno de Chávez. Le otorgaron la orden Francisco de Miranda, que se entrega excepcionalmente y a embajadores con más de tres años en el cargo, un tiempo que Sadous no completó. Y al cóctel que le organizó el embajador de Marruecos asistió el entonces canciller Ali Rodríguez Araque, actual ministro de Finanzas.

0 comentarios: