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El Gobierno exprime las reservas y ahora pone la mira en otras cajas

martes, 11 de mayo de 2010

Por Alcadio Oña


Parece evidente, ya, que el plan del Gobierno es tirar con el DNU de las reservas por lo menos hasta agosto. Y exprimirlo a full, liberado de las trabas que había impuesto la Justicia.


En Diputados, la oposición logró tumbar el decreto. Y en el Senado, el oficialismo impuso una ley que es un calco del DNU. Está claro que el Senado no convalidará el rechazo de Diputados, tanto como que esta Cámara tampoco aprobará la ley de la otra. Es un empate que, en el mientras tanto, mantiene abierto el uso de las reservas del Banco Central.

Agosto no es un plazo casual, en la estrategia del Gobierno. Ese mes vencen 2.744 millones de dólares con acreedores privados. Con eso, más lo que pagaría hasta entonces, la consultora ACM calcula que hacia el tercer trimestre se habrán gastado reservas por US$ 3.592 millones. Todavía quedan casi 1.000 millones del DNU, y la ventaja de que las obligaciones aflojan fuerte durante el resto del año.

En los planes de Amado Boudou figuraba, además, la posibilidad de reprogramar al menos parte de los US$ 2.744 millones, a través de un bono a más largo plazo. Significaba mayor holgura para las cuentas fiscales y el gasto público, pero el tembladeral internacional, o la volatilidad del mercado, pueden voltear ésa y otras intenciones del Gobierno.

Puesto de otra manera: el riesgo es que la Argentina deba afrontar tasas de interés considerables, si sale a buscar plata en las actuales circunstancias.

En el mismo escenario entran los US$ 1.000 millones que se pensaban colocar apenas después del canje de la deuda. Está a la vista que si esa operación se hiciese hoy, la tasa resultaría bastante mayor al 9,5 % que tolera Néstor Kirchner. Incluso, algunos bancos que iban a entrar habrían decidido borrarse.

Es altamente probable que el Gobierno desista finalmente de salir al mercado, con un costo que anda por el 14 %. Así, se caería uno de los argumentos oficiales que apuntalaban la movida del canje: que serviría para que la Argentina "vuelva al mundo" y el sector privado logre tasas de interés razonables para proyectos de inversión.

En verdad, todo lo que había detrás era financiamiento para el Estado Nacional y los planes del kirchnerismo.

También entran en zona de riesgo los fondos que varias provincias planean buscar en el exterior. Prueba de las urgencias fiscales del interior, hay unos US$ 2.000 millones en juego. Sin duda, una ayuda es la refinanciación de las deudas con la Nación anunciada ayer: también representa menos recursos para el Gobierno.

El canje sigue siendo atractivo para los bancos y fondos de inversión que, con buena información, se habían adelantado a comprar bonos en default a precios de remate y ahora harán diferencias considerables. Pero quedó en evidencia que la demora en organizar el programa completo jugó en contra del Gobierno.

Todo el mundo sabía que cuánto más pronto se hiciera, menores serían los riesgos. Y eso acaba de corroborarse con la crisis de Grecia y sus coletazos.

Pocas semanas atrás, aquí se daba por descontado que el canje de la deuda iba a arrojar una adhesión de por lo menos el 75 %, aunque, para cubrirse o resaltar el "éxito", Boudou hablaba de un 60 %. Probablemente, el resultado final no se aleje del 75 %, aunque el tembladeral internacional es un factor que mete cierta tensión.

Previsor para algunas cosas, ahora se prueba útil la decisión de Kirchner de echar mano a las reservas del Banco Central para pagar la deuda. Claro que la jugada sólo cuenta durante este año, a menos que intente una igual en 2011 o vaya por otras cajas.

Aun cuando es de magnitud relativamente menor, hay una que aparece en el proyecto de reforma financiera presentado por Carlos Heller, un diputado K que preside el banco Credicoop: es el Fondo de Garantía de los Depósitos. Según esa iniciativa, serán transferidos al Estado Nacional "los dineros y activos que integran" esa caja. Y se faculta al Banco Central a "administrar y disponer de dichos dineros y activos".

Allí habría unos 1.100 millones de dólares, que con topes garantizan los plazos fijos de las personas. Es inevitable trazar paralelos entre esta alternativa y cualquiera de las que ya se aplicaron.

En 2011 no habría DNU de las reservas para los acreedores privados. Ni el Central tendrá disponibles, como este año, utilidades por $ 23.500 millones. Quedarán la ANSeS, el Banco Nación, el PAMI y otras cajas que se exprimen a todo trance. Y también vencimientos de la deuda por alrededor de 15.000 millones de dólares.

Y si el crédito externo continúa caro e inaccesible, todo será, al fin, bastante más apretado. Se entiende, más apretado para las aspiraciones del kirchnerismo.

El oportunismo, la capacidad de anticipación, son virtudes apreciadas en cualquier financista. Por defecto propio o ajeno, el ministro de Economía no puede acreditarlas a su cuenta.

Entre otras cosas que lo han dejado mal parado, una fue el haberse jactado por la baja del riesgo país argentino. Mala palabra hasta hace poco, era la bandera que Boudou levantaba cuando se lanzó el canje. Durante la semana pasada, con la crisis europea a pleno, esa medida del costo del dinero aumentó un 18 %. Puede retroceder, pero ya no sirve como para andar pavoneándose demasiado.

Cuando se resolvió mal, se pagó con el más inequitativo de los ajustes: la inflación

jueves, 18 de marzo de 2010

Por Jorge Sarghini

Hay que resolver bien la relación entre las instituciones responsables del gasto público y las de emisión monetaria. Cuando se resolvió mal, se pagó con la injusta inflación.


Desde hace tres meses, oficialismo y oposición disputan en la encerrona que los colocó el debate sobre el uso de las reservas para el pago de los servicios de la deuda.

Poco o nada aportará ahora abundar sobre las críticas que recibió el Gobierno por su impericia técnica y desapego a las instituciones, ni tampoco detenernos en analizar el comportamiento -cuanto menos- errático de la mayor parte del arco opositor.

Considero que, a esta altura de los acontecimientos, sí vale la pena hacer el intento de aportar al debate algunos aspectos, a mi entender relevantes, que no hayan sido tratados y que podrían ayudar a la búsqueda de un posible camino de salida.

El Gobierno acude a las reservas porque entiende que la recaudación esperada, más todos los instrumentos de financiamiento -genuinos o no- que hoy tiene a su alcance, no son suficientes para sostener el nivel de gastos deseado (independientemente del monto autorizado por el Congreso) y a la vez cumplir con los compromisos de la deuda.

En primer lugar, el Poder Ejecutivo debería haber enviado al Congreso un proyecto modificatorio al Presupuesto vigente, y en ese ámbito ser tratado. Resulta evidente que no está en los planes oficiales rediscutir el Presupuesto y no es esa una tarea que deba asumir de manera unilateral la oposición, por lo que sólo le queda a esta última la ineludible responsabilidad de rechazar el decreto que crea el llamado Fondo de Desendeudamiento Argentino.

Tampoco basta con que el Congreso Nacional resuelva exclusivamente el dilema que plantea el uso o no de las reservas. Es claro que remediar por ley lo que el Gobierno pretendió por decreto sería un avance institucional importante y despejaría las incógnitas que el propio oficialismo instaló respecto de las posibilidades de default. Está muy claro que, caso contrario, si el uso de reservas no fuese aprobado por ley estaríamos ante un escenario imprevisible.

Entonces, ¿qué hacer para salir de esta encerrona? Como hipótesis de mínima, es necesario regular con criterio de eficiencia económica el uso simultáneo de los distintos instrumentos de financiamiento del BCRA al Tesoro Nacional. Esto no significaría, a mi criterio, negar la habilitación excepcional al uso de reservas para pagar los servicios de la deuda, ni tampoco modificar la normativa que regula los adelantos transitorios del Banco al Tesoro. En cambio, exigirá modificar por ley, el concepto vigente de reservas de "libre disponibilidad" y también establecer, por la misma vía, un criterio más restrictivo para la determinación de las utilidades que el Banco Central puede transferir al Tesoro.

A partir de la ley que autorizó el pago al Fondo Monetario Internacional se consideran reservas de "libre disponibilidad" a todas aquellas que superan el nivel en dólares de la Base Monetaria, y desde 2008, modificando interpretaciones históricas, el BCRA considera ganancias transferibles al Tesoro a aquellas que son meramente contables.

Bajo ningún concepto deberían ser tratadas de "libre disponibilidad" las reservas que constituyen contrapartida de pasivos en divisas del Banco, y nunca deberían considerarse ingresos del Tesoro aquellas utilidades que no se hayan realizado.

Nuestra experiencia histórica es motivo más que suficiente para que, de manera ineludible, resolvamos apropiadamente la relación entre las instituciones responsables del gasto público y las de la emisión monetaria.

Cuando se resolvió mal, se pagó con el más inequitativo de los ajustes: la inflación.

Sus consecuencias negativas sobre el ritmo de inversión, el poder de compra del salario, las jubilaciones y sobre el tipo de cambio real y en consecuencia, sobre la creación de empleo, del desarrollo del mercado interno y del comercio exterior, son innegables. El freno al crecimiento lo paga la sociedad en su conjunto y el deterioro del poder de compra de los ingresos fijos resulta un castigo particular para los que menos tienen.

La inflación no es sólo un fenómeno de origen monetario; reapareció entre nosotros en 2007 cuando se agotó el proceso de crecimiento con capacidad ociosa, y el desajuste entre el ritmo de evolución de la oferta y la demanda agregadas fue la causa principal. Su consolidación y sus preocupantes signos de aceleración actual obedecen a la falta de idoneidad en su tratamiento.

No obstante, desconectar dicho proceso de la evolución de los grandes agregados monetarios sería tan torpe como desvincular el comportamiento de esa variable con las necesidades del Tesoro en tiempos de debilidad fiscal y sin regulaciones adecuadas.

El conflicto está planteado y las condiciones políticas actuales no dejan lugar para las soluciones óptimas. Sin embargo, es posible encontrar un espacio para generar propuestas que permitan un camino de salida y, aprendiendo de la historia, minimicen los costos sobre el conjunto de la sociedad y en particular, sobre aquellos que menos tienen.

Un Banco Central esclavo de las necesidades fiscales del ejecutivo

martes, 9 de febrero de 2010

Por Agustín Monteverde

El banquete está servido. El león se ha hecho de la presa y los chacales lo festejan, soñando ya con su parte, los restos de la comilona. En esta jungla nativa, los bolsillos de la gente común, sus patrimonios, son el centro del festín. Nuestros faunos —gobernantes y gobernadores, oficialistas y opositores de distintas procedencias— ya saborean las mieles de nuestros dinerillos.


El BCRA, custodio del respaldo de esos pagarés llamados billetes que llevamos en nuestros bolsillos, ha sido tomado al abordaje con la aquiescencia de parte del arco opositor. Buena parte del radicalismo con el inefable Moreau a la cabeza, distintas vertientes socialistas, y varios gobernadores acompañan la idea oficial: las reservas no deben servir exclusivamente de respaldo de la moneda de los argentinos sino que responderán de aquí en más a otro fin, el de seguir solventando festivales de gasto clientelar.

El león —salvo algún nuevo percance judicial— podrá salirse con la suya; pero la comida amenaza ser indigesta. El afán depredatorio apura el propio final.

Los Kirchner tendrán esa plata que les faltaba para seguir comprando voluntades y doblegando oponentes de cartulina. Los caudillos provinciales salvarán sus deficientes administraciones. Pero esta vez el salvavidas será de plomo.

Examinemos el panorama. A una credibilidad hecha añicos, a un sistema de reglas de juego perverso cuya única norma inmutable es “el gobierno siempre tiene la razón”, se le agrega ahora la nefasta realidad de un Banco Central —y consiguientemente, un sistema financiero— esclavo de las necesidades fiscales del ejecutivo.

Esto ya pasó: ¿acaso en los tiempos de Alfonsín no se había nacionalizado de hecho el íntegro sistema bancario, haciendo que los ahorristas —por supuesto, sin que ellos lo autorizaran ni tan siquiera conocieran— solventaran con sus depósitos el gasto y los sueldos estatales? Pero también sabemos cómo terminó. Con un sistema quebrado y un inevitable plan Bonex que blanqueó la realidad de bancos vaciados en favor del Tesoro estatal.


Veamos las principales opciones con que cuentan los Kirchner en su angurria por más caja.

Si logran hacerse de las reservas, su pretensión es por más de U$ 16000 MM. Así lo dice expresamente el decreto 2010 en su primer artículo. El Fondo del Bicentenario es tan solo uno de los destinos que han elucubrado para el falaz artilugio de las reservas “de libre disponibilidad”, un concepto aceptable exclusivamente en un régimen de convertibilidad (y cuya ley ahora han reciclado).

Pero ocurre, como me he cansado de repetir en los dos últimos años, que parte sustantiva de las reservas brutas están afectadas en forma directa por una serie de pasivos (encajes de depósitos en dólares, LEBAC, pases, Basilea, ventas a futuro). Una vez que descontamos esos pasivos, nos encontramos que las reservas efectivas netas para respaldar nuestra moneda se reducen a menos de la mitad que las brutas, no más de U$S 23.000 MM.

Si los Kirchner quieren gastarse —bajo la excusa de pagar deudas— unos U$S 16000 MM, esas reservas efectivas quedarían reducidas a U$S 7000 MM. No necesitamos explicar que significación tiene esto respecto del tipo de cambio de equilibrio ex–post. La capacidad del BCRA de apaciguar una corrida sería mínima.

Aún cuando el Ejecutivo usase esas reservas para pagar deuda, quedarían liberadas las partidas previstas en el Presupuesto a ese fin. Tal expansión significaría por si sola inflación; y mucha (téngase en cuenta que representa algo más de la mitad de la base monetaria).

Con la nueva e impensable conducción del Central, al gobierno aún le quedarían en la manga toda una batería de medidas “reactivantes” o encaminadas a allegarle recursos so pretexto del “gasto social” y la “obra pública”, todas ellas inflacionarias. En estas circunstancias, la posición de los bancos, y en particular de los banqueros, no es de envidiar.

Si un raro arrebato de pudor pusiera límites poco prácticos a la arremetida emisionista o si la apropiación de las reservas continuara trastabillando por obra de una justicia que se atreve —al menos a través de un puñado de jueces— a mostrarse independiente, la última caja con liquidez sobre la cual echar mano serán los bancos.

No hay duda. Nuevamente la moneda y los ahorros de los argentinos serán la presa. Pero esta vez, ninguno de los convidados al banquete —ni el león ni los carroñeros— debieran alegrarse.

El año pasado se transfirieron al Tesoro Nacional 123 % más que en 2008

martes, 26 de enero de 2010

Por Alcadio Oña

En el Presupuesto de 2009, la cuenta Formulación y Ejecución de Políticas de Transporte Aerocomercial tenía asignados 923 millones de pesos. Al 20 de diciembre, había comprometidos 2.371 millones, casi tres veces más que el monto original.


Para mayor precisión, de esa partida sale la plata que el Estado pone para sostener a Aerolíneas Argentinas. Tal cual se ve, una decisión política cuanto menos costosa.

Formulación y Ejecución de Políticas de Transporte Automotor es la que contiene los subsidios a los colectivos. Allí se gastaron $ 4.044 millones. En otra, que banca los subsidios al ferrocarril y el subte, se consumieron $ 3.356 millones.


Escondida en las cuentas fiscales, hay una más para el transporte: absorbió $ 1.130 millones.Tanto número sin duda abruma. Pero sobre todo, abruma la suma total: 2.227 millones de dólares, sin computar a Aerolíneas Argentinas.

Según las propias planillas oficiales, el grueso largo de esa millonada fue para la Capital Federal y el Conurbano. Un buen motivo para que en las provincias se quejen de que ellos pagan mucho más caro el transporte que porteños y bonaerenses.

Con un poquito más de tolerancia por las cifras, se llega al costo que significó, el año pasado, sostener la estructura energética y los subsidios al gas y la electricidad. Esta vez, un sólo número que reúne un par de partidas presupuestarias: 3.463 millones de dólares.

Nuevamente, pasto para las protestas provinciales. Allí este servicio cuesta mucho más que en la Capital y el GBA y, encima, dos por tres deben enfrentar cortes de luz. Tal cual pasa ahora mismo en varios lugares del interior.

Así, entre Aerolíneas, transporte y energía sólo el año pasado se fueron 6.309 millones de dólares. Todo distribuido desde el ministerio controlado por Julio De Vido. No es pura coincidencia, además, que represente casi lo mismo que el Gobierno apostó a sacar de las reservas del Banco Central.

Si se agregan otros conceptos similares, la factura completa escala a US$ 7.800 millones.Semejante revoleo de fondos públicos es hijo de las políticas kirchneristas, del modo como los manejan y de sus considerables déficits de gestión.

Pero esta misma maraña de subsidios cruzados y de recursos que van de un lado al otro alimenta las sospechas de corrupción. Apuntadas, inevitablemente, sobre los funcionarios K.

Aun con todo lo que se gasta, los colectivos funcionan como se sabe. Y los trenes, también.

Hace tiempo que en los manuales de economía los subsidios dejaron de ser mala palabra, incluso en los ortodoxos. Con algunas condiciones básicas: que beneficien rigurosamente a quienes los necesitan, no sean indiscriminados ni favorezcan, como sucede aquí, a las clases pudientes más que a nadie. También es esencial que todo se note en la calidad de los servicios y sea administrado con transparencia.

No existe parecido posible con lo que pasa en la Argentina, por más empeño que se ponga en buscarlo. Hay, eso sí, un sistema que llevará tiempo limpiar.

Entre 2007 y 2009, se gastaron 6.451 millones de pesos, en subsidiar algunos consumos alimenticios básicos. La ONCCA, el organismo que los distribuye entre empresas agroalimentarias y productores, está denunciada por corrupción. Y eso explica que en los últimos meses haya aflojado con el chorro.Aquí, nuevamente, los subsidios son indiscriminados. Alcanzan, de hecho, tanto a los sectores de mayores recursos como a quienes menos tienen.Y en vez apelar a políticas más elaboradas, todos estos años el kirchnerismo ha levantado escalón tras escalón. Y la construcción ya luce monumental.

Una de las contrapartidas fue la necesidad de exprimir a fondo los recursos del Banco Central. Según datos del BCRA, el año pasado se transfirieron unos $ 30.000 millones al Tesoro Nacional: 123 % más que en 2008.

La mitad de esa plata fueron adelantos transitorios, reintegrables, acrecentados por una reforma a la Carta Orgánica de la entidad que se votó con el Presupuesto Nacional.

La otra, utilidades: las ganancias que el Central obtuvo gracias a la devaluación del peso y a la revalorización de los títulos públicos que tiene en su cartera.

Hubo 2.500 millones de dólares adicionales, que el BCRA había recibido por la parte que le tocó a la Argentina de la capitalización del Fondo Monetario.

Todos los caminos conducen, finalmente, al uso de las reservas para pagar deuda externa. Porque los adelantos transitorios y las utilidades quedarían libres para sostener otros gastos. Igual que los recursos de la ANSeS, los del PAMI, el Banco Nación y cualquier otro a tiro. Así de grande es el agujero fiscal.

BusinessWeek: Reasons to Cry For Argentina

viernes, 22 de enero de 2010

Para BusinessWeek, el Gobierno sumió a la Argentina en una “crisis constitucional”.

Lo asegura por el conflicto que se desató tras el intento de usar reservas del Banco Central para el pago de deuda pública. El semanario editado por Bloomberg dice que el país “ha sido vista como un paria” la última década.



Con el sugerente título de “Razones para llorar por Argentina”, el semanario especializado en economía y negocios Bloomberg BusinessWeek dedicó en su última edición un artículo especial para analizar la crisis que enfrenta el Gobierno con la conducción del Banco Central por el uso de reservas para el pago de deuda pública.


Su autora, la periodista estadounidense Geri Smith, dice que en la última década “los inversionistas han visto a la Argentina como a un paria” que suspendió los pagos de su deuda y cayó en “el default soberano más grande de la historia”. Luego de describir el primer proceso de canje de deuda realizado en 2005, señala que actualmente “la presidenta Cristina Fernández de Kirchner trata de volver a ser bien considerada por la comunidad global de inversiones”.

Tras reseñar la fallida puesta en marcha del Fondo del Bicentenario, el artículo afirma que “en su intento de calmar a los inversionistas, la presidenta afronta críticas locales y del exterior”, ya que “el movimiento de Kirchner ha provocado una crisis constitucional” con Martín Redrado, el presidente del Banco Central, y con el Congreso nacional, que “considera realizar una sesión de emergencia para resolver la discusión”.

El artículo señala al crecimiento del gasto como una de las principales causas de los males del Gobierno: “Kirchner ha destinado miles de millones de dólares en subsidios para el alimento, el combustible y la electricidad, haciendo subir 30% los gastos estatales cada año de su gestión. El problema es que los ingresos fiscales sólo crecieron 12%” en ese período".

Luego de explicar cómo el gobierno de Cristina Kircher intentó “elevar bruscamente los impuestos a la soja y otros granos en 2008” y cómo “nacionalizó U$S 30.000 millones de los fondos de jubilación”, el artículo afirma que esta problemática contribuyó “a la derrota del partido peronista de Kirchner en las elecciones del año pasado” y que, de cara a 2011, “Cristina Kirchner está impaciente por apuntalar el apoyo” a su gestión.

Fuente: Fortuna
 
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Cristina Kirchner anunció medidas para el trigo y apuntó contra "el abuelito" de Pinedo

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miércoles, 13 de enero de 2010

La presidenta Cristina Fernández centralizó esta tarde sus críticas en algunos legisladores de la oposición que hablaron en la Comisión Bicameral que trató la remoción de Martín Redrado del Banco Central y en el diputado del macrista Federico Pinedo.



La Presidenta, en respuesta a las voces que reclaman que el gobierno cambie de política, ratificó que seguirá "con este modelo y garantizando responsabilidad y seriedad". "Este gobierno da garantías definitivas que entramos en un período de madurez y no va a caer en ningún infantilismo", advirtió.

Fernández habló de esta manera durante un discurso en la Casa de Gobierno, donde anunció la firma de un convenio con industriales molineros.

Según el acuerdo, se otorgaran créditos por un millón de toneladas para comparar el trigo a los productores a precio plano. En el mismo acto, adelantó que hay un remanente de 1,8 toneladas de trigo para la exportación en el Puerto de Quequén.

Tal como lo ha venido haciendo en sus apariciones públicas, la Presidenta dedicó la mayor parte de su mensaje a embestir contra los representantes de la oposición en la Bicameral que - mientras se desarrollaba el acto- sesionaba en el Congreso.
La primer mandataria, que confesó estaba siguiendo ese debate por la televisión, cuestionó severamente a algunos que en esa sesión "decían que en 2001 no hubo un default, sino una cesación unilateral de pagos".

"Si eso no es un default, entonces estaríamos pagando cosas que no corresponden. Dicen muchos disparates", cuestionó y explicó que con "actitudes como esa la Argentina se torna muy inentendible para los de afuera y muy perjudicial para los empresarios".

En el plano de cuestionar la acción opositora en la controversia por el Banco Central, apuntó con más fuerza contra el diputado macrista Federico Pinedo de quien dijo que ahora "recusó a los jueces para que no resuelvan las mismas acciones que él había interpuesto".

Recordó que "el abuelito de este legislador, allá por 1936, fue el autor de la ley del Banco Central y en aquel momento, en la famosa Década Infame, había puesto entre las cláusulas una por la cual no se podía cambiar la Carta Orgánica sin la autorización de los accionistas privados. Y estos eran los bancos ingleses".

"Cambia el perro, pero el collar sigue siendo el mismo", señaló en forma irónica, aunque por los nervios confundió el refrán popular que dice que "es el mismo perro con distinto collar".

Pinedo dijo: "no voy a contestar los dichos de la presidenta porque mi deber es trabajar con el Congreso y el Poder Ejecutivo para resguardar los intereses nacionales con motivo del embargo del juez Griesa y los fondos buitres. No podemos dejar que las diferencias personales nos impidan cumplir el mandato patriótico que el pueblo puso en nuestras manos", dijo.

Volviendo a Cristina, luego de estas afirmaciones, y de reiterar conceptos que había pronunciado en otro acto por la mañana contra los "fondos buitres de adentro y de afuera", la presidenta reclamó "coherencia" a la oposición.

"A los que defaultearon, a los que tenían un abuelo nos dejó una carta que después tuvo que cambiar (Juan Domingo) Perón, a los que nos dejaron el Banco Central con pocos fondos, por favor pongan un poco de esfuerzo, no para el gobierno, sino para los argentinos", enfatizó.

Fuente: Perfil

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Cristina Kirchner le pidió la renuncia a Martín Redrado pero éste permanecerá en el cargo

miércoles, 6 de enero de 2010

Fuentes del BCRA dijeron  que el titular de la entidad considera que no incumplió ninguno de sus deberes de funcionario y que no va a renunciar, tal como le pidió la presidenta Cristina Kirchner. Insisten en que es el Congreso quien debe removerlo. Este mediodía recibirá, tal como tenía previsto, a los senadores opositores Sanz y Morales.  


El kirchnerismo busca terminar con la suerte de rebelión de Hernán Martín Pérez Redrado en el Banco Central, generada por la intención oficial de usar reservas para el pago de la deuda. La presidenta Cristina Kirchner le pidió hoy la renuncia y ya propuso a Mario Blejer para el cargo. Sin embargo, Redrado resiste.


La dimisión le fue pedida al titular del Central por el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, según informaron fuentes oficiales. Ayer ya había dado una señal en ese sentido el comunicado del viceministro de Economía, Roberto Feletti, en el que acusaba a la "derecha" de obstaculizar la operación por la que el Central debe desprenderse de 6.569 millones de dólares de reservas para que la gestión de Cristina Kirchner pague deuda.

A pesar de que el pedido al Central se había realizado el 22 de diciembre, Redrado se mantenía renuente a convalidar la operación. Nunca abrió la cuenta especial a nombre del Tesoro que sería el primer paso para concretar la iniciativa.

La paciencia del kirchnerismo, acuciado por los cuestionamientos, no le dio margen para ninguna demora más. El comunicado de ayer de Feletti tuvo autoría intelectual en la residencia presidencial de Olivos.

En ese texto, el viceministro salió a repudiar "la embestida de la oposición de derecha en contra del uso de las reservas internacionales del BCRA para afrontar los compromisos externos".

Lo que Feletti defendió es la creación del Fondo del Bicentenario que, vía un decreto de necesidad y urgencia (DNU) le ordenó al BCRA que le entregue al Gobierno parte de las reservas monetarias para pagar compromisos externos. Ahora ese DNU deberá ser ratificado o no por el Congreso, que retomará esa discusión en marzo y la oposición ya anticipó que está en contra de que se toquen las reservas para ese destino. El mismo pensamiento parecía tener Redrado.

La principal pregunta ahora es si el titular del Central resistirá en su cargo . Pocos minutos después de que se conociera el pedido de renuncia, salió a advertir por canales informales que permanecerá en el cargo hasta que se lo remueva por los mecanismos que marca la Carta Orgánica de la entidad monetaria . Esto es, a través del Congreso.

Fuentes del BCRA dijeron que el titular de la entidad considera que no incumplió ninguno de sus deberes de funcionario. Y que mantiene la agenda prevista, aunque sea un puñal para el kirchenrismo: este mediodía recibirá al titular de la UCR, Ernesto Sanz, y al jefe del bloque en el Senado, Gerardo Morales.

Fuente: Clarin

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