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Néstor Kirchner ataca todos los frentes

miércoles, 12 de mayo de 2010

Por Rosendo Fraga

La elección de Kirchner como secretario general de Unasur no modifica su prioridad por la política interna. El miércoles estará en Chacabuco, provincia de Buenos Aires, presidiendo un acto del peronismo local; el jueves hará otro tanto en la capital de Córdoba y el viernes en Santa Cruz, donde estará en el primer acto político público desde que en 2007 la capital provincial fuera escenario de fuertes protestas callejeras contra el oficialismo local y nacional.

Voceros del Gobierno, como el mismo ministro del Interior (Randazzo), han dicho que el ex presidente podría renunciar a su banca, dada la exigencia planteada por los presidentes sudamericanos de que su dedicación sea full time, algo que parece difícil que suceda.

Hasta la oposición -como la diputada Graciela Camaño del PJ disidente- dice que Kirchner presidirá Unasur, cuando en realidad sólo es su secretario general, dado que está presidida en forma rotativa cada seis meses por uno de los doce presidentes que la integran.

La primera función del flamante secretario general sería lograr que cinco países más ratifiquen el Tratado de creación, dado que se requiere la ratificación parlamentaria de nueve y solo lo han hecho cuatro. La paradoja es que la Argentina no lo ha ratificado todavía en Diputados y lograrlo en su propio país sería la primera misión de Kirchner.


El Congreso, y en especial la Cámara de Diputados, es un ámbito complejo para el Ejecutivo. Aun así, la semana pasada no ha sido tan mala para el oficialismo. En el Senado, por 41 a 29 votos, logró la aprobación de la llamada ley Verna, que autoriza el pago de deuda con reservas, registrándose la curiosa abstención de la senadora Hilda Duhalde, cuyo esposo al mismo tiempo dio una de las declaraciones más duras contra Kirchner de los últimos tiempos.

Pero en Diputados, por 144 votos se remitió a Comisión la reforma del impuesto al cheque, que anticipa su sanción definitiva en la Cámara Baja, lo que obligaría a vetar al Ejecutivo, algo que éste quiere evitar.

También rechazó -por 117 a 93 y 12 abstenciones- el Decreto 1953 para el pago de deuda con emisión de bonos. En cuanto a la media sanción del matrimonio gay, los bloques votaron divididos, aunque en el oficialismo hubo leve mayoría a favor y en la oposición sucedió lo contrario.

Kirchner concurrió a votar a favor, buscando así ratificar su alianza con sectores de izquierda. Este proyecto se demorará en el Senado y podría no ser tratado. En la semana que se inicia, la oposición tratará de lograr que se integren efectivamente las comisiones de control bicameral, lo que el oficialismo viene demorando.

Es en la Justicia donde el kirchnerismo está librando su batalla política principal. En mayo se intensifica la presión del oficialismo -tanto privadamente como en la calle- sobre la Suprema Corte, para lograr que ésta declare la vigencia de la ley de medios, suspendida por varios fallos de primera y segunda instancia.

La compra de Telecom y el futuro de Papel Prensa -otras dos cuestiones vitales para Kirchner en esta batalla- también tienen pendientes resoluciones judiciales importantes.

Lo mismo sucede con el ADN de los hijos de la dueña de Clarín, cuyo juez ha cambiado. Mientras tanto, el oficialismo avanza desde el Estado aumentando el monto de la publicidad oficial y dirigiéndola hacia los medios privados propios; desarrollando iniciativas gratuitas como la TV digital y el wifi para todos, que buscan limitar los negocios del sector privado, y financiando a los militantes kirchneristas en la web.

Al mismo tiempo, avanzan en la Justicia causas judiciales que afectan al oficialismo por corrupción. El pago de sobornos en los negocios bilaterales con Venezuela es la que, por ahora, puede tener mayor impacto político, al mismo tiempo que ex kirchneristas santacruceños (Acevedo y Arnold) acusan al ex Presidente y al ministro de Planeamiento e Infraestructura por diversas irregularidades.

Pero es en el empresariado donde el oficialismo ha recuperado más poder. La negativa de importantes entidades empresarias a debatir un documento sobre la pobreza, puso en evidencia, ya hace varias semanas, que el empresariado sigue respondiendo a las presiones del Gobierno.

La reunión de la cúpula de AEA -la entidad empresaria integrada por las 54 empresas mas importantes del país- con el Presidente de la Corte, llevó al oficialismo a lanzar una ofensiva sobre la entidad, por la cual ya han renunciado a ella cuatro empresas y en los próximos días lo harían varias más.

En el empresariado se cree que Kirchner puede ganar en 2011 y esta es la causa de esta actitud de alineamiento político, aunque paralelamente tiene un activo diálogo con Duhalde.

Mientras tanto la Iglesia mantiene una posición crítica, como lo mostró Monseñor Bergoglio al convocar a votar por candidatos que sean transparentes y honestos y el campo retoma las protestas, convocando a manifestaciones para el 25 de mayo en todos los puntos del país en los cuales hubo piquetes dos años atrás.

En lo político, la oposición sigue siendo predominante, aunque la división dentro de ella también lo es. En cuanto al PJ, la declaración del gobernador de Salta (Urtubey) -alineado con el oficialismo- de que puede haber candidatos mejores a los Kirchner, es una manifestación de la dualidad existente en esta fuerza política.

La refinanciación de la deuda de las provincias con el gobierno nacional, anunciada por la Presidente, apunta a mantener el alineamiento de los gobernadores con el gobierno nacional.

El periodismo parece más una herramienta de castigo que un camino honesto hacia la verdad

martes, 20 de abril de 2010


Ya se sabe: el periodismo no es una ciencia exacta que suma dos datos, tres testimonios y una foto, y da como resultado la verdad. Por eso, el buen periodista no es aquel que cuenta “la” verdad, sino aquel que con honestidad intelectual intenta las aproximaciones necesarias para alcanzarla. Eso lo diferencia del mal periodista, aquel que no le importa la verdad ni los caminos que puedan conducir a ella.


En un país que mira absorto la batalla entre el Gobierno y un grupo de medios encabezado por Clarín, el periodismo a veces parece más una herramienta de castigo que un camino honesto hacia la verdad.

Esta semana, la Argentina participó de la cumbre mundial sobre seguridad nuclear. Después de días en que la mayoría de los medios informó, con grado de certeza, que el mandatario norteamericano no recibiría a Cristina Fernández, el encuentro finalmente se produjo.

La misma anticipación fallida había ocurrido semanas atrás cuando se anunciaba que Hillary Clinton no iba a visitar la Argentina; o el año anterior cuando se afirmaba que la Presidenta no iba a poder ver a Fidel Castro en Cuba. La realidad demostró que los titulares quizás reflejaban más un deseo que una información confirmada.

Desde el Gobierno se responde con la misma parcialidad. Con el agravante que eso significa: la utilización del aparato económico y comunicacional de un Estado que es solventado con fondos públicos.
 
Durante todos los partidos de fútbol del pasado fin de semana, se gastaron $ 204.000 en publicidad para convocar a una marcha oficialista a favor de la Ley de Medios. Además, los programas y los medios oficialistas no dudan en lanzar acusaciones absurdas (como llamar golpista a cualquiera que piense distinto) contra periodistas con nombres propios.
 
La televisión del pasado martes fue una muestra caricaturesca de esa guerra: mientras Canal 7 ninguneó durante todo el día el debate con mayoría opositora que finalmente derogó el DNU que permitía usar las reservas del Banco Central; el canal de cable TN, del grupo Clarín, ignoró por completo la conferencia de prensa de la Presidenta tras su encuentro con Barack Obama.


El Gobierno ya tiene poco para perder en esta lucha. La credibilidad del periodismo, en cambio, puede perder demasiado.

Fuente: Revista Noticias

Una sociedad sana no debería acostumbrarse a estas cosas

lunes, 19 de abril de 2010

Por Osvaldo Pepe

Vivimos un tiempo político en el que todo parece reducirse a una lógica binaria entre leales, progresistas y militantes de un lado, y traidores, reaccionarios y golpistas del otro, sin espacio para una construcción política que le sirva al país y a los ciudadanos. Y donde el disenso no sea descalificado como vil herejía.

Sólo en el marco del hábito cotidiano de la violencia verbal, del escrache fascista anónimo y cobarde a periodistas y medios, de la difamación como método funcional a los intereses del Gobierno, puede explicarse que la dramática confesión de la senadora formoseña kirchnerista Adriana Bortolozzi haya pasado como un suspiro por los medios. "Tengo miedo", dijo por el simple hecho de haber facilitado el quórum que el oficialismo negaba. Fue título un día y al otro ya se discutía la pertinencia o no del voto opositor en el Senado por los cambios a la ley del cheque. Una sociedad sana no debería acostumbrarse a estas cosas.

¿Miedo a quién, a quiénes? Esa TV tan dispuesta a reciclar las frases de los periodistas que desagradan al Gobierno sólo para descalificarlos, debería mostrar esa imagen del senador Pichetto, jefe de la bancada oficialista, en un indecoroso apriete público en pleno recinto a su par Bortolozzi para que se levantara de su banca: lastimosa imagen institucional más acorde a un barrabrava que a un senador de la Nación, en línea con el virulento ataque de Hebe de Bonafini a la Corte y jueces para que fallen como el Gobierno quiere; y con los ya abusivos derrapes verbales de Aníbal Fernández, otra vez contra Cobos -tras las duras críticas de Cobos, el kirchnerismo redobló su embestida-.

Días atrás, el propio presidente del máximo tribunal recordó que hasta las tragedias más enormes y gravosas de la humanidad se incubaron en "pequeños actos de fanatismo". Como esos que el poder derrama a diario sobre una sociedad atónica.

Ya la Corte le había pedido mesura a la Presidenta, pero a ella le sonó a censura. Una pena.

La intransigencia de los Kirchner y su pavorosa ausencia de escrúpulos para actuar

domingo, 18 de abril de 2010

Por Eduardo van der Kooy

Después de los traspiés en Diputados y el Senado, los Kirchner desataron nuevas presiones. Julio Cobos, varios medios de comunicación y la Justicia fueron los blancos. El pacto con Menem se diluyó por las deserciones en el bloque oficial. La oposición, algo reconfortada.

Para Cristina Fernández, Julio Cobos es a cargo del Senado un simple croupier. Para Néstor Kirchner, en cambio, Eduardo Fellner, el titular de Diputados, sería un inútil. El matrimonio presidencial tiene una enorme facilidad para caer en la descalificación y la amenaza, para navegar sobre el voluntarismo o minimizar la realidad cuando esa realidad empieza a convertirse en una trama inconveniente para ellos.

Cobos convalidó la votación por mayoría simple que modificó en el Senado el régimen de coparticipación del impuesto al cheque. A juicio de los Kirchner debió haber sido aprobada, por tratarse de un tributo, con mayoría especial. Muy discutible.

Fellner bendijo también por mayoría simple la derogación del controvertido DNU que le permitió a la Presidenta hacer uso de las reservas del Banco Central. La medida fue empujada por el arco opositor. El kirchnerismo reclamó, en vano, que se hiciera prevalecer la proporción de dos tercios.

El vicepresidente viene siendo hostigado por el Gobierno desde que laudó en favor del campo, al tumbar en el Senado la resolución sobre las retenciones. El fastidio con Fellner resulta novedoso: un par de diputados ultrakirchneristas estaban analizando en las últimas horas cómo recortarle la injerencia en la secretaría parlamentaria que quedó intacta cuando, con la anuencia opositora, resultó reelecto en el cargo.


Ni la hipotética responsabilidad que los Kirchner achacaron a Cobos y a Fellner alcanzaron a ocultar el verdadero trasfondo político de la última semana.

Por primera vez desde marzo el Congreso funcionó. Se quebró una parálisis que, a todas luces, resultaba funcional a los intereses del matrimonio. La oposición ha logrado también trazar ciertos límites, todavía lábiles, al desenvolvimiento habitualmente avasallante del Gobierno.La nueva pintura no significa, para nada, el prólogo de una escena política distinta.

No lo permitiría ni la insanable heterogeneidad opositora ni la falta de consolidación de sus líderes principales. También el Gobierno se deshoja y pierde solidaridades: pero posee los resortes del poder del Estado y posee la caja. Posee además una pavorosa ausencia de escrúpulos para actuar.

Entre las desventuras de un bando y del otro, la Argentina se asoma a un tiempo político donde todas las victorias y todas las derrotas serán, casi siempre, parciales y momentáneas. El kirchnerismo y la oposición deberán acostumbrarse a las incomodidades de un sube y baja.

La oposición descubrió rápido su precariedad cuando luego de conquistar la mayoría en Diputados y, en apariencia, en el Senado, no logró hacer funcionar el Congreso. El kirchnerismo recién pareció tomar conciencia la semana pasada de que sus fuerzas son inferiores a las que indicarían el número de diputados y senadores de que dispone ahora.

Sus voces más sonoras, las de Agustín Rossi y Miguel Angel Pichetto, los jefes de los bloques oficialistas, tampoco tienen el efecto que tenían. Rossi instó varias veces a Fellner para que aceptara la votación del DNU sólo con los dos tercios. Pero naufragó ante la persistencia opositora, sobre todo de Felipe Solá, Elisa Carrió y Oscar Aguad.

Otro reflejo del viraje de una época quedó sellado en la votación. El kirchnerismo perdió en Diputados por una diferencia de 47 votos, un guarismo desconocido desde el 2003. Esa diferencia, por algunos matices, resultó incluso todavía mayor: de las 6 abstenciones, la mitad perteneció a hombres del PJ o de aliados.

En el Senado, el kirchnerismo no se asoma a un panorama más esperanzador. El pacto con Carlos Menem –difícil ya de rebatir– para privar del quórum a la oposición no fue burlado por el ex presidente ni dinamitado por los opositores. Una kirchnerista sin careta, la senadora formoseña, Adriana Bortolozzi, derrumbó en un instante con su presencia en el recinto la esforzada estrategia oficial.

¿Cómo pudo suceder? Hace rato que en el bloque oficialista se viene incubando malestar a raíz de la intransigencia de los Kirchner. El matrimonio le había ordenado a Pichetto el miércoles que tampoco diera quórum. Pero la sorpresa se coló por el lado menos pensado. Esta vez la siesta la durmió el oficialismo, como le había ocurrido a la oposición con el brinco de Menem.

El caso de Bortolozzi no es un caso aislado. Provocó más impacto, quizá, porque se trata de una legisladora de perfil llano, alejada siempre de las polémicas políticas. Pero el jujeño Guillermo Jefenes, cuando vuelva del exterior, dejará de pertenecer al bloque oficialista. El misionero Luis Viana ya no está y, probablemente, el neuquino Horacio Lores empiece también a acomodarse entre el kirchnerismo y la oposición, como lo hacen la santafecina Roxana Latorre o el pampeano Carlos Verna. "Tenemos que pensar que nuestro número estable en el Senado será 33", admitió un viejo peronista.

Tal vez, desmenuzando la votación del miércoles, ese hombre tenga razón. El kirchnerismo logró la aprobación del pliego de Marcedes Marcó del Pont para el Banco Central por 35 votos a 34. Aunque en la reforma a la ley del cheque perdió 35 a 33. Es decir, resignó dos votos entre una y otra prueba.

Marcó del Pont zafó del compromiso sólo gracias a la abstención de Menem.El Senado también podría volverse inasible para los Kirchner. El bloque oficialista se desgrana. Parece haber perdido además la capacidad de manipular el quórum. Tienen a Cobos como árbitro de la Cámara. Pasaron sólo un puñado de horas antes de que el kirchnerismo redoblara la embestida contra el vicepresidente.

Cristina, Rossi, Aníbal Fernández y Hugo Moyano recurrieron al argumento de la supuesta traición. Pero también se escandalizaron por la permeabilidad de Cobos para cumplir con la Constitución. Suena a broma la preocupación de aquella primera plana kirchnerista –incluída la Presidenta– por el respeto constitucional. Pero en el mísero teatro de la política argentina cabe todo. También la hipocresía.

Cobos no pareció tener ahora la misma conducta que evidenció durante los últimos aprietes kirchneristas. Defendió la votación de la reforma a la ley del cheque. Sus vacilaciones en el pleito por las reservas del Banco Central pudieron servirle de escarmiento. Desde ese momento, la discusión sobre su candidatura presidencial creció en el radicalismo. También su imagen pública se empezó a erosionar. Irrumpió además Ricardo Alfonsín, moviéndose a la par del vice con ínfulas de candidato. Esa pretensión del hijo del ex presidente radical se mantiene intacta.

Cobos estaría dispuesto a repetir la receta que más éxito le dio. Cada pelea con los Kirchner podría volver a fortalecerlo. Pero hay que tener buenas espaldas para soportarlas. La pelea es una esencia insustituible de la política del matrimonio. La Argentina podría estar así encaminándose hacia un nuevo y enorme conflicto institucional.

Al matrimonio Kirchner no le preocupan demasiado esos conflictos. Le preocupa que la economía no se frene y le preocupa, sobre todo, el dinero. Como ese dinero empezaba a escasear sucedieron dos cosas: el uso de las reservas del Central y el lanzamiento del canje de la deuda, que le permitiría al Gobierno capturar alguna tajada de la liquidez que anda por el mundo.

De esa manera piensan mantener amansado al peronismo. Apuestan además a que la fragmentación opositora no concluya nunca. Bajo esas condiciones, Kirchner ensayaría un regreso en el 2011.

La enunciación parece sencilla. El camino a recorrer es escarpado e ingrato. La impopularidad de los Kirchner resulta grande –según la unanimidad de las encuestas– y no hay señales que presagien una reversión. Mucho menos cuando ellos y sus hombres hacen lo que hacen. El discurso del poder está orientado siempre hacia la división y la refriega. Está orientado a reproducir tiempos idos, de extrema polarización, que nunca concluyeron bien y provocaron en la historia una recurrente y nociva vuelta de campana.

La Justicia está siendo cercada. Cristina habló de "riesgo institucional" porque la Corte Suprema no se expide sobre una medida cautelar que mantiene suspendida la vigencia de la ley de medios. Hebe de Bonafini, en un acto oficial, calificó de "decrépito" al Tribunal, tal vez porque uno de sus miembros, Carlos Fayt, tiene 92 años. ¿Habría que arrojarlo, por eso, por una ventana?. Los diputados kirchneristas Alejandro Rossi y Carlos Kunkel mienten –y lo saben– cuando aseguran que la presencia de Fayt en la Corte es inconstitucional.

Varios medios de comunicación y periodistas sufren espionaje e intimidaciones. La mayoría de ellas anónimas. Otras no. Aníbal Fernández se pavoneó en público luciendo una remera con el logotipo adulterado de este diario: el clarinete no salía de la boca sino del trasero. El jefe de Gabinete tiene una vulgaridad proverbial. Cuando habla y gesticula. Sería lo de menos: alarma la banalidad y desaprensión con que desempeña el cargo más importante de la estructura ministerial.

Aníbal Fernández siempre es hombre dispuesto cuando los Kirchner necesitan provocar temor y acobardamiento. Ese vaho sobrevuela ahora con peligrosa intensidad la Argentina. ¿Cómo se explicaría, si no, el miedo confesado por Bortolozzi cuando simplemente resolvió cumplir su papel de senadora en el Congreso?

Manipulación Obscena

sábado, 17 de abril de 2010

Por Alberto Medina Méndez


Una vez unos, otra vez otros. El quórum parece ser el modo mas eficiente que han encontrado algunos dirigentes contemporáneos, para mostrar el lado más oscuro de los valores morales de la casta que conduce los destinos de una sociedad.


No importa si se está de un lado, o del opuesto. No resulta significativo saber si fue para favorecer a los que gobiernan o para impedirles su gestión. Lo que impacta es el modo de decidir, que apela a la más retorcida interpretación de lo escrito para justificar lo injustificable, para que, de alguna manera, todo se termine ajustando a los circunstanciales deseos de un sector político.

La forma en la que deciden los miembros de un cuerpo colegiado cuando dan quórum o lo retacean, muestra la madera con la que están hechos. Hasta los más honestos terminan sometiéndose a este precepto cuando pretenden imponer sus intereses.

Bajar al recinto, o levantarse en plena sesión, parece haberse legitimado como dinámica del funcionamiento habitual de las instituciones parlamentarias. Olvidan estos políticos, el espíritu de este instituto. Se trata de la búsqueda del equilibrio del poder al que aspira un sistema republicano. El quórum, este requisito que resulta imprescindible para legitimar las decisiones de los miembros de un cuerpo, nació para contribuir al cumplimiento de las voluntades ciudadanas y no para manipularla discrecionalmente.

No pretendió convertirse en el ícono del engaño cívico. Pero se ha constituido, sin más, en el ardid preferido de los que desean aplicar sus pareceres a cualquier precio, socavando las bases de un sistema imperfecto, pero aún insuperable.

Aún asumiendo las aberraciones que pueden derivarse de decisiones desacertadas, los legisladores no están para trampear la esencia del sistema, sino para respetarlo. Los protagonistas de esta parodia parlamentaria se lo vienen tomando como un simple juego de cartas, en el que cabe especular con el próximo movimiento del adversario, para evaluar el siguiente paso propio.

Recurrir a tan bajo recurso, a tan inmoral mecanismo, para imponer su visión, habla bastante mal de ellos, de los que hacen de la democracia una mera enunciación descartable, para moldearla a sus caprichos coyunturales.

Ya no se trata de la ausencia justificada, de esa que se deriva de un problema de salud o de un viaje a latitudes lejanas que explique la omisión. Su utilización es el corolario de la más elaborada fórmula para evitar que se concreten resoluciones indeseadas. Ni evitar decisiones equivocadas, ni impedir saqueos o imposiciones ideológicas, aunque solo se trate de mayorías matemáticas circunstanciales, nada justifica recorrer tan deshonestos subterfugios para lograr los antojos propios.

Habrá que comprender que no se puede obtener ningún objetivo justo, con métodos aberrantes, sin quedar impregnado de la indecente práctica ejercida. El camino es tan o mas importante que la meta. Que determinada forma de hacer las cosas se encuentre enmarcada en “lo permitido” no valida éticamente, por si misma, ninguna conducta.

Sin embargo, la degradada versión actual de la política partidaria, ha conseguido instalar la idea de que aquello que está permitido, es lo más apropiado. Y es probable que solo estemos frente a un caso de aquellos en los que cumpliendo la norma estrictamente, se alcanza ese atajo, como una astuta forma de resolver problemas.

Habrá que seguir hurgando para encontrar mecanismos que desanimen las ausencias, y al mismo tiempo consigan contener a los más audaces, a esos que compulsivamente se aprovechan de los huecos que dejan ciertas reglas. Así y todo, aun sigue lejana la imprescindible sanción cívica para quienes desprecian el espíritu republicano.

Ello no ocurrirá mientras los ciudadanos sigamos creyendo que las decisiones legislativas son solo el equivalente al lúdico esquema que nos proponen los juegos de mesa o las competencias deportivas que nos apasionan a diario.

Gobernar no es un juego donde unos ganan y otros pierden. Se trata del medio que hemos elegido como sociedad, para asegurarnos el mejor estilo de vida posible.

Los dirigentes de hoy, los que ocupan una banca, los que vienen de la política y también los que emergieron desde otros sectores, enfrentan con bastante frecuencia esta macabra tentación de apelar a estos artilugios, aparentemente correctos, que se ocultan detrás de normas que lo posibilitan.

Muchos de ellos dudan, pero los más claudican, admitiendo la alternativa de sobrepasar ese umbral de inmoralidad que los iguala con los peores, con esos que recurren a los más sinuosos senderos de la democracia para imponer autoritariamente su parecer, abusando de los resquicios que deja un sistema vapuleado y siempre imperfecto.

Esta línea que se supera, es una mas de las que se traspasa inocentemente creyendo que no opacará la dignidad del dirigente. Constituye solo otro paso, de una larga serie, que naturaliza ciertas reglas para terminar desmoronando lo que queda de la reserva moral de los que pretenden cambiar la historia.

Seguimos viendo como se derrumban a diario muchos bienintencionados y honestos. Intentan encontrar justificación en los loables fines que persiguen y en los perversos enemigos que enfrentan. Pero parecen no darse cuenta que repiten los indecentes procedimientos que utilizan sus contrincantes. El escritor Jorge Luis Borges decía “ hay que tener cuidado al elegir a los enemigos, porque uno termina pareciéndose a ellos”.

El gran desafío es poder utilizar los apropiados medios que dignifican cualquier triunfo. Ya no se trata de acertar o equivocarse. Obtener una victoria utilizando las inmorales tácticas del adversario, es haber perdido la batalla, la mas importante de ellas. Esa aparente conquista es solo un ingrediente adicional de la progresiva destrucción moral de una dirigencia que pretendía cambiar la dinámica de su sociedad, repitiendo los históricos errores de la casta.

El quórum es una herramienta, pero su espíritu no es el que lo avasalla para interpretarlo. Habrá que aprender que nada bueno puede provenir de esta moderna forma de manipulación obscena.

Una historia de dos velocidades

domingo, 11 de abril de 2010

Por Enrique Szewach


Parafraseando a Dickens, el escritor dominante de mi niñez, estamos viviendo, en el mundo y aquí, una historia de dos velocidades.


Dos velocidades para la recuperación económica global, con los emergentes –China, India y Brasil– a la cabeza, creciendo rápido, y el mundo desarrollado, evolucionando lentamente. Y dentro de ese mundo desarrollado, Estados Unidos con mejor velocidad que Europa y Japón.

La economía argentina, por su parte, también evoluciona hoy en “dos velocidades”. En efecto, en la variación “verdadera” del Indice de Precios al Consumidor, se verifica la existencia de dos tasas de evolución de los precios. Una, correspondiente a los consumos de la canasta básica, fuertemente acelerada en el primer trimestre, bien por encima del treinta y pico anualizada. Y otra para el “resto del mundo”, cercana a los veinte.

El promedio entre las dos se ubica en algún número en torno al 25% anual, en donde, salvo algunos pocos precios, todos están subiendo a buen ritmo.

También hay dos velocidades en la expectativa de evolución de los ingresos personales. El sector sindicalizado aspira a “pelearle” mano a mano a la inflación; mientras, aquellos que pertenecen al sector informal, con una menor capacidad de negociación, al igual que jubilados y pensionados, saben que, claramente, pierden en la lucha por mantener sus ingresos en términos reales.

Hay dos velocidades, asimismo, en la recuperación de la economía después de la recesión del primer semestre de 2009. Una para el agro, la industria cercana a la demanda brasileña y, en general, a la demanda ligada al escenario internacional junto al muy buen desempeño de bienes durables, incentivados por inflación y crédito. Y otra para la demanda de bienes de consumo de no durables y ciertos servicios.

Finalmente, también hay dos velocidades para los problemas fiscales. Una para el sector público nacional, con recursos de “stock” y algo de endeudamiento y recaudando impuestos no coparticipables y el impuesto inflacionario. Y otra para las provincias, con presiones sobre el gasto (salarios) y necesitadas del financiamiento discrecional del Gobierno nacional y con poco margen para nuevo endeudamiento.

El futuro inmediato local, desde el punto de vista de la “estabilidad” de este escenario, depende de cómo se “conecten” estas dos velocidades internas con las externas.

En efecto, si los asalariados sindicalizados logran una baja modesta de su salario real, dada la actual política cambiaria, ello implica salarios industriales creciendo en dólares y presionando sobre la rentabilidad de las empresas y su competitividad. Si la velocidad emergente –en especial Brasil– sigue traccionando y el real mantiene su valor o se aprecia, los mayores costos unitarios internos los compensará el volumen externo, si no, las presiones se harán difíciles de manejar.

La caída del salario real de los no sindicalizados, si sigue tan fuerte como hasta ahora, empezará a golpear fuertemente a los sectores de consumo no durable y al “ala social” del gasto público, con los previsibles conflictos que ello implica.

¿Qué puede compensar este escenario? Precisamente, el “derrame” de los sectores ligados a la velocidad externa y la respuesta del gasto público. Pero el incremento de este gasto está hoy financiado, en gran parte, con el Banco Central, lo que le pone un límite a la velocidad de su efectividad si no se quiere entrar en un círculo vicioso de espiralización de la inflación.

Como puede apreciarse, entonces, en el corto plazo, la continuidad de esta recuperación económica en alta inflación depende de una serie de factores difícilmente controlables con la política económica actual.

A la larga, todos sabemos que este escenario es insostenible, pero esa no es la preocupación actual del oficialismo.

En el escenario político, para terminar, se observan, también, dos velocidades. Los “rápidos” del oficialismo, con chicanas baratas en el Congreso, extorsiones, influencia sobre el Poder Judicial y presión sobre los antiguos socios y aliados en los medios de comunicación y en el sector empresario. Y los “lentos” de la oposición, que caen en todas las trampas tácticas que les tienden.

Sin embargo, si la alternativa de la oposición es convertirse en tan rápida con el oficialismo, el cambio que la Argentina necesita, peligra. A mi modesto juicio, no es una mala imitación del kirchnerismo, nuestra solución.

El sistema político necesita un cambio ya impostergable

viernes, 9 de abril de 2010

Por Sergio Crivelli


El Congreso estará trabado hasta la próxima renovación, si oficialistas y opositores siguen enredados en un forcejeo inútil. La economía navega en piloto automático por falta de definiciones. Si no hay plan antiinflacionario con una inflación que apunta al 25% anual, la fuga de capitales continuará.


La actual sensación de laberinto sin salida no obedece, sin embargo, a las instituciones, a esta dirigencia o a la coyuntura económica, sino al sistema político, que necesita un cambio ya impostergable. Lo que fracasó no es el gobierno de los Kirchner -o no sólo el gobierno de los Kirchner- sino su proyecto de poder.

Intentaron fundar un régimen cesarista que funcionó algún tiempo, pero que ahora colapsa por falta de César. Prueba patética de esto fue la reunión de la presidenta Cristina Kirchner en Olivos con diputados y senadores todavía fieles, pero cada día menos fieles y menos numerosos.

Todos los peronistas -civiles o militares- han pretendido repetir la experiencia del fundador de su partido, que encabezó en los "40 una revolución conservadora, reemplazando a los conservadores civiles por conservadores militares. Convencido de que poseía un liderazgo único, Perón intentó colocarse por encima de las clases. Su ensayo bonapartista duró menos de dos períodos presidenciales. A partir de esa experiencia la mayoría de sus seguidores soñó con un poder similar, sin reparar en que el cesarismo muchas veces termina mal. Prefirieron recordar la plaza llena y olvidarse del 55.

Perón se mantuvo en el poder 9 años y su más exitoso sucesor, Carlos Menem, 10. Pero lo hizo con un estilo diferente. Toleró el disenso, respetó las libertades individuales y evitó que el Estado adquiriera una completa autonomía, ahogando a la sociedad. Ambas gestiones concluyeron, sin embargo, en fuertes crisis. El Estado hipertrofiado por Perón abortó el despegue del país en la posguerra y devastó a la economía durante décadas.

La convertibilidad menemista -un maquillaje para la inflación- terminó en la catástrofe económica más grave en muchas décadas.

Los Kirchner van por su séptimo año y se están quedando sin nafta. Las dificultades económicas de estos días no amenazan, de todas maneras, con derivar en otro desbarajuste descomunal (por lo menos no de modo obligatorio). Pero para evitar que las crisis se repitan no sólo deben ser reemplazados los Kirchner, sino también sus sucesores deben renunciar al absolutismo, porque ha sido esa la causa principal de los terremotos que acompañaron cada cambio de guardia en la Casa Rosada por más de medio siglo.

El bonapartismo pudo ser una herramienta política en la Francia del siglo XIX o en la Argentina de mediados del XX, pero hoy es una rémora. El liderazgo carismático es también otra pieza de museo como lo demostró Francisco De Narváez con un marketing bien diseñado hace menos de un año. No funciona ni en La Matanza.

Lo que hace falta es un liderazgo moderno y un cambio de cultura política acorde que empiece por la dirigencia y se extienda al resto de la sociedad. Y el primer paso hacia el cambio lo deben dar los dirigentes para que las crisis dejen de repetirse en forma crónica.

La política da estas extrañas vueltas en donde todo progreso es un regreso

sábado, 3 de abril de 2010

Por Tomas Abraham


Hay algo podrido en la Argentina, o algo perfumado, todo depende de la nariz con que se huela. El sentido del olfato está agudizado y parecemos sabuesos arrastrando el hocico desesperados por descubrir alguna pista. ¿Cuál es la presa?, o, mejor dicho, ¿quién es el candidato?

Casi de soslayo, como quien no quiere la cosa, la interpretación de lo ocurrido el 28 de junio del 2009, ha cambiado de signo. De positivo se ha convertido en neutro. El famoso no positivo es ahora un “ni fu ni fa”. Me explico.

En los sectores de la oposición hay un reconocimiento de la fuerza del kirchnerismo y de su protagonismo político a la vez que la confesión de sus propias contradicciones. Quiero decir que lejos ha quedado el triunfalismo del año pasado y el diagnóstico de victoria que festejaban los eventuales ganadores.

La realidad política se me presenta del modo siguiente. Las críticas al Gobierno se condensan en dos ejes principales: la inflación y el autoritarismo.

Respecto de éste último creo que la crítica no es del todo sincera. El deseo de jefatura es una manifestación libidinal de toda la clase política argentina – y no sólo política– casi sin excepciones. Cuando la hay, me refiero a la excepción, sólo es elogiada una vez que el personaje tolerante, plural, dialoguista, está muerto. Sirve para los homenajes. Pero en vida se lo quiere caudillo. No nos caracterizamos por la parsimonia uruguaya, la corrección chilena y la suavidad brasileña. Nuestro tono es el del mandón.

A pesar de los monumentos y de los días dedicados a la Memoria, hay muchos que olvidan o quieren olvidar la admiración que provocaba Menem aún en sus adversarios por el modo en que manejaba el poder. Ni siquiera le hacía falta gritar. Los diez años en que casi nunca dejó de ganar elecciones son una prueba al respecto.

La arbitrariedad, el autoritarismo y el llevarse a todo el mundo por delante, es un rasgo caracterial de todo argentino con un poco de poder, y una necesidad orgánica en un sistema de saboteo permanente de toda iniciativa que le reditúe ventajas a un adversario o enemigo. El poder debe ser y manifestarse como unipersonal.

Respecto de la inflación y del supuestamente desmesurado gasto público, el gobierno cree que lo puede controlar. Para eso cuenta con nuevas divisas de una exportación en aumento y especula con la posibilidad de lograr créditos blandos una vez insertados en el mundo financiero internacional. Cree así equilibrar al menos hasta las próximas elecciones el aumento del gasto que significa actualizar los subsidios al transporte, a la línea aérea nacional, al futbol y los montos que exigen los gastos sociales comprometidos como la asignación por hijo.

El Gobierno resistirá a los embates que quieren reducirle su manejo discrecional de la coparticipación, y tiene posibilidades de hacerlo ya que a peso de que le saquen del impuesto al cheque –si es que no lo suprime– es peso que se guardará y descontará de los préstamos que hace a las provincias para paliar su déficit.

Por supuesto que todo puede explotar e irse al mismísimo diablo. Siempre gana en la Argentina el pronosticador de desastres ajenos. Basta echar una mirada suscinta a nuestra historia reciente para distribuir con justicia los desastres en cualquiera de las perspectivas de política económica que se han adoptado a lo largo del último medio siglo.

La lucha entre desarrollistas y monetaristas, como antes entre liberales y nacionalistas, o entre peronistas y gorilas, siempre han terminado con una derrota para ambos. Claro que con algunos bolsillos llenos y muchos bolsillos rotos.

Decir que la inflación no es mala parece una broma en un país en el que hubo un desastre híperinflacionario en el ‘75, ‘80, el ‘89, el 2001, con un desbarajuste tal que empobreció a la mayoría del país, concentró en extremo la riqueza y nos regaló la dictadura del 76, las Malvinas del ‘82, la renuncia de Alfonsín bajo la sombra de Seineldín, y los cinco presidentes más el corralito de diciembre del 2001.

Pero aquellos que añoran los años de la estabilidad encuadrada por la moneda convertible, no deberían olvidar que de modo paralelo a los precios inamovibles de las mercaderías los créditos eran un formidable negocio para comercios y bancos ya que a inflación cero se cobraba un crédito en cuotas y un pasivo de tarjeta a una razón de 40% anual. La estabilidad se lograba sobre la base de una deuda desmesurada no sólo externa sino interna.

Una inflación que oscila entre el 20 y el 30% coloca al país al borde del abismo, pero el gobierno cree que con viento a favor puede aproximarla a algo menos del 20. Si lo logra, podrá solidificar sus bases de apoyo que no son pocas. Enumeremos: la CGT, sectores de la CTA, los gremios de la educación, la corporación cultural, las organizaciones de los derechos humanos, la Banca y el mundo de las finanzas, sectores de la UIA que agradecen el dólar alto, las organizaciones sociales, algunos gobernadores y no pocos intendentes.

La oposición sueña con el ballotage y ya acepta que puede perder en la primera vuelta. Pero especula con que el odio mayoritario al kirchnerismo será decisivo cuando se enfrenten el candidato oficial y el opositor seleccionado. De cumplirse este anhelo se podrá repetir algo parecido a las elecciones del 2003.

Si sucediera algo así, sería una confirmación de que la Argentina es redonda. Bastarían los anteojitos para apreciar su formato en 3D. Sólo en un país redondo la política da estas extrañas vueltas en donde todo progreso es un regreso.

Cuando las sociedades pacíficas entran en erupción es señal de que algo muy profundo está pasando

lunes, 22 de marzo de 2010

Por Alfredo Leuco

Y un día estalló Baradero. Ardió Baradero, tituló Página 12. Ambito Financiero habló de “Día de furia y descontrol”. La Nación y Crítica coincidieron en utilizar la palabra “Pueblada” en sus portadas. Clarín definió lo ocurrido como “Rebelión Popular”. Siempre es conmovedor, inquietante, peligroso y misterioso el motivo o los motivos por los que un sector de una sociedad decide en un minuto transformarse en un huracán vandálico que incendia y rompe todo a su paso.


¿Qué lógicas se mezclan en ese momento? ¿Es solo la indignación porque murieron atropellados dos pibes de 16 años? ¿Fue una respuesta al incomprensible autoritarismo del jefe de los inspectores que ordenaba perseguir con las camionetas municipales a los chicos sin casco para asustarlos, sancionarlos y hasta lastimarlos?

¿Quien dio esa orden brutal tan parecida a ese concepto nefasto de que la letra con sangre entra? ¿Hubo un grupito de 30 jóvenes que prendieron la mecha y aprovecharon para robar motos y computadoras? ¿Había pibes chorros mezclados en el medio? ¿La política tuvo algo que ver? ¿Hubo una acumulación de motivos que un día explotan por un hecho que los detona?

El intendente de Baradero, Aldo Carossi fue vencido en la última elección. Salió tercero. Fue candidato testimonial siguiendo la orden de Néstor Kirchner y como consecuencia de esa derrota perdió el control del Consejo Deliberante.

Ya había pagado un alto costo político por respaldar al gobierno frente a la lucha contra el campo en la 125. Pero algunos dicen que el rechazo en las urnas fue por todo esto pero también por la mano dura que utilizó para afrontar estos complejos fenómenos culturales de pueblo. Me refiero a la locura que tienen los chicos por las motos y a la actitud casi suicida de no querer respetar las normas como las de usar casco.

Sin dudas la conducción política debe arbitrar todos los medios para educar a su población en valores que los protejan de tanta muerte joven y en accidentes. Pero los cambios sociales deben hacerse escuchando los reclamos y no imponiendo desde arriba.

El apellido Carossi es sinónimo de peronismo en Baradero. El padre del actual intendente también ocupó ese cargo durante el menemismo. Este desastre no natural fue producido por el hombre. Destruyó gran parte del patrimonio edilicio, histórico, cultural y hasta la memoria de Baradero.

¿Participaron pocos y miraron muchos? Los que miraron tampoco hicieron nada para frenar esas actitudes irracionales. ¿El que calla otorga o no intervinieron por miedo? ¿Tiene algo que ver en todo esto el nivel de crispación e intolerancia que se viene inoculando en toda la sociedad y por cualquier motivo?

No es tiempo de sacar conclusiones apresuradas. Es tiempo de preguntas y de investigaciones. La fogata en el valle no estaba de solo esta dice la canción. Por más grande que sea la chispa no enciende si no hay nafta.

Ojo con ignorar lo que pasó en Baradero y creer que se trata de solo de una trágica anécdota. Cuando las sociedades pacíficas entran en erupción es señal de que algo muy profundo está pasando. Que nadie mire para otro lado.

Los Taxistas son potentes transmisores de opiniones

domingo, 21 de marzo de 2010

Por Manuel Mora y Araujo

Si hay un segmento social con opiniones políticas sustancialmente homogéneas, son los choferes de taxis.

Son típicamente argentinos: parlanchines, joviales pero a veces malhumorados, nada resentidos pero muy criticones, tan pronto generosos –por ejemplo, dan una moneda a un chico que hace piruetas en una esquina, cosas inimaginables en otros lugares del mundo– como aprovechadores, mantienen una mentalidad de cuentapropistas –aunque puedan no serlo– que los lleva a detestar a los sindicatos y a los villeros, a no ser envidiosos con quienes tienen plata –que constituyen, desde luego, su mercado–, para los estándares de la psicología social califican como personas “autoritarias” –pasarían topadoras por las villas y dejarían morir por inanición a quienes no tienen ni para comprarse comida–.


Los tacheros no constituyen una muestra representativa de la población. Sólo son un grupo social con atributos específicos. Constituyen el estrato inferior de la clase media acomodada. Están lejos de pertenecer a ella, pero su trabajo los lleva a hablar con personas de esa clase todos los días del año.

Están en una posición social que los convierte en potentes transmisores de opiniones. En el taxi, cuando no habla el chofer habla la radio prendida, cumpliendo la misma función: los mismos mensajes emitidos reiteradamente por voceros que dicen más o menos lo mismo a personas que piensan más o menos lo mismo. Los tacheros están en una posición relevante en la construcción cotidiana de la opinión pública.

Hace cincuenta años C. Wright Mills hablaba en La elite del poder de “un personal transeúnte que lleva las opiniones de uno a otro círculo” y decía que eso constituía “una fase importante en el acto total mediante el cual se gobiernan los asuntos públicos”. Y concluía: “El público, concebido de esa manera, constituye el telar de la democracia clásica desde el siglo XVIII”. Ese es un rol de los taxistas. Son parte del telar de la democracia.

Nadie podría anticipar el resultado de una elección escuchando a los taxistas; son más conservadores que la media, a menudo votan a perdedores (y no les importa, no necesitan votar al ganador) y su registro de las tendencias políticas es tan parcial y sesgado como el de cualquier otro ciudadano.

Siendo escuchas intensivos de las radios, saben mucho de encuestas y de encuestadores, analizan y desmenuzan los números, y cuando un candidato no les gusta por demasiado populista tienden a atribuirlo a “la ignorancia de las masas”. Sin embargo, registrar lo que dicen los taxistas cuando hablan de política es tan útil como analizar las cosas que se dicen en los focus groups, algo que los analistas de opinión y de mercado hacen continuamente.

Lo que está en el habla de los choferes de taxis está en circulación en el espacio público donde todos nos movemos; no hay análisis posible de la opinión pública que no empiece por el registro de lo que se dice y se percibe, antes de llegar a la cuantificación de esos contenidos.

¿Qué dicen hoy los taxistas de Buenos Aires? Este es mi propio registro: poca gente, como ellos, define a la política como parte del espectáculo cotidiano de la vida y a la vez como algo absolutamente ajeno a la suerte de cada uno, algo tan entretenido y a la vez tan irrelevante como la mejor película de Hollywood que uno puede sintonizar a la noche en su televisor.

Hablan y prestan atención a los políticos porque los escuchan en la radio y a veces los llevan en su taxi, oyen hablar de ellos a los comentaristas radiofónicos, todos sus pasajeros tienen alguna imagen de los dirigentes políticos y eso da un tema de conversación que puede compartirse, y a la vez no creen en ninguno de ellos.

Encuentro que hoy los taxistas están fastidiados con la manía de los dirigentes de la política de proclamarse candidatos a presidente. Toman más en serio la supuesta pelea de Riquelme con Palermo, el supuesto conflicto entre Bianchi y los técnicos de Boca, los enojos de los técnicos con los dirigentes de sus clubes, que la competencia –que encuentran trivial y caprichosa– entre autoproclamados candidatos a presidente de la Argentina.

Querrían escuchar de los políticos ideas fuerza para sacar al país adelante; querrían que apareciera en la escena un candidato capaz de despertar entusiasmo e instalar ilusiones; esperan de la política –más allá del entretenimiento que les proporciona– señales más sustantivas.

Valoran los resultados manifiestos y tangibles de las gestiones de gobierno, juzgan a las cosas por sus lados manifiestamente visibles, descreen de las palabras vacuas. Esperan una oferta atractiva pero encuentran una anodina que no satisface sus necesidades como consumidores de bienes públicos.

Esas son las imágenes que los taxistas recogen y transmiten. No llegan a quienes están muy abajo en la estructura social ni a los empleados con nivel de clase media y pocos pesos en el bolsillo; pero se propagan a través de los poros de la sociedad y contribuyen a afianzar imágenes y expectativas.

Pienso que conviene escuchar a los taxistas. Sobre todo, les convendría escucharlos a aquellos dirigentes que recibieron el voto de ese grupo social que hoy se siente defraudado por ellos. No son una muestra representativa, pero son un botón de muestra.

Se corre el peor riesgo: que el parlamento quede paralizado por esta guerra judicial

viernes, 19 de marzo de 2010

Por Gustavo Sylvestre

La dirigencia política argentina esta empantanada y ha ingresado en un terreno peligroso, del cual no sabe como salir debido a la judicialización de la política.


Lo que antes era moneda corriente entre los dirigentes, el dialogo, la búsqueda de una negociación política, se ha perdido; y se ha suplantado por recurrir a la justicia ante la menor medida que no le gusta al oficialismo o a la oposición, y la “sed de venganza”, pareciera regir en algunos estamentos de la oposición.

En un aspecto, los dirigentes se parecen a la guerra de vedettes, o de las estrellas del mundo del espectáculo, que han instaurado en los últimos tiempos resolver todo en la justicia. Lo único que les falta a los políticos ahora es reclamar, como lo hacen las vedettes, el “bozal” jurídico, es decir “que no me nombren”.

Muchos legisladores de la oposición están actuando con sed de venganza, y están copiando los mismos métodos que durante años le han criticado al kirchnerismo: la falta de diálogo, la imposición, el “lo hago porque tengo el número”.

El kirchnerismo rompió desde hace años la lógica de la negociación política. Se basó en la imposición y detestó la palabra diálogo o negociación. Pero la oposición, que busca ser alternativa de poder, está actuando de la misma manera.

Raúl Alfonsín, un negociador nato, se fue de este mundo amargado con lo que le tocaba vivir en sus últimos años de vida: la ausencia de diálogo entre los dirigentes políticos y de negociación. Muy lejos quedaron aquellos memorables cruces entre Jaroslavsky y Manzano, la muñeca política de Juan Carlos Pugliese; las negociaciones de Eduardo Bauzá; el radical Rafael Pascual. Todos tenían sus convicciones y las peleas eran fuertes, pero la sangre nunca llegaba al río. Ninguno de ellos recurrió a la vía judicial para dirimir diferencias políticas.

Los políticos de la actualidad están “empantanados” y la gente los castiga por igual. Las últimas encuestas reflejan el impacto negativo de esta pelea constante: la mayoría de los dirigentes de la oposición que han estado jugando fuerte en el parlamento, cayeron en la consideración pública. Y se corre el peor riesgo: que el parlamento quede paralizado por esta guerra judicial.

Paralelamente, y llamativamente, no está en la agenda ni de opositores ni de oficialistas, los temas de la gente: no hay proyectos para tratar la inseguridad; la suba de precios o sobre cómo generamos más empleo.

La oposición le ha cuestionado, y con cierta razón, al kirchnerismo por haber actuado estos años obviándolos. El oficialismo “añora” ahora al “negociador” Ernesto Sanz en el Senado, que fue reemplazado por Gerardo Morales, y carga sobre los senadores Adolfo Rodríguez Saá y Juan Carlos Romero, quienes llevan adelante la estrategia de la oposición, de no respetar las proporcionalidades en las Comisiones del Senado, o de no imitar el acuerdo político que se dio en la Cámara de Senadores. “Sólo quieren hacer daño” dice un oficialista, que busca por estas horas destrabar conflictos.

El Gobierno, mientras tanto, gana tiempo. El martes a la noche, en forma reservada, la Presidenta recibió en la Rosada a los Senadores Pichetto y Nicolás Fernández. Con ellos evaluó alternativas al famoso DNU sobre el uso de las reservas. Se analiza la posibilidad que un mismo proyecto contemple el pago de los vencimientos de la deuda con reservas, y al mismo tiempo que se atienda las necesidades financieras de las provincias.

En este aspecto, hay dos ideas: una propone condonar el 50% de las deudas provinciales, otra es la de destinar u$s 2.000 millones de las reservas para atender las necesidades fiscales de las Provincias.

Estas ideas serían superadoras al proyecto Verna, y saldrían al cruce del proyecto de la oposición de coparticipar el impuesto al cheque.

Sería una buena medida del Gobierno olvidar los DNU, que intentaron pasar por arriba el debate parlamentario, el envío urgente del proyecto de ley y que se de un debate adulto sobre el tema de fondo que paraliza desde enero la política argentina: el uso de reservas, para que si, para que no.

Los legisladores del oficialismo se sorprendieron el martes último: la Presidenta, en un gesto poco habitual, los invitó el próximo sábado a almorzar en Olivos. Se entiende que les “va a bajar línea” sobre lo que se viene, no solamente en materia parlamentarias, sino en los próximos pasos del Gobierno Nacional. A todo esto la política con “mayúsculas”, espera ansiosa que vuelva a ser recuperada en el debate parlamentario.

Reutemann dará la pelea "cuando sea el momento oportuno"

Por Julio Blanck

Los que compraron en paquete cerrado, con moño y todo, la idea de que el "desentusiasmo" expresado hace una semana por Carlos Reutemann enterraba definitivamente su meneada posible candidatura presidencial, corren el riesgo de llevarse un chasco importante.


A su modo, tantas veces confuso y equívoco, Reutemann se había referido con esa palabra -que no existe en el diccionario- a sus legendarias dudas acerca de lanzarse o no a pelear por el premio mayor de la política. Su dilación en definirse desespera a oficialistas y opositores. Unos y otros perciben que una definición de Reutemann, por sí o por no, es la pieza que falta para diseñar el rompecabezas político y electoral que se avecina.

Es casi un valor aceptado en ambas orillas que Reutemann, por ese inexplicable influjo que ejerce a pesar de su minimalismo político, es la figura que podría encolumnar a los fragmentos en los que está dividido hoy el peronismo no kirchnerista. Y también a buena parte del peronismo que se mantiene dentro del oficialismo, más por conveniencia que por convicción, y que espera la ocasión para dar el salto.

Los que más sufren por el manejo exasperante de los tiempos que hace Reutemann son los que le ponen fichas al santafesino, los que juran que al final será candidato y escuchan de su boca, en charlas reservadísimas, su convicción de que dará esa pelea "cuando sea el momento oportuno". Pero ese momento no llega y la gente se inquieta y piensa, por si acaso, en cómo proteger su capital político si esa empresa se funde antes de empezar.

Lo cierto es que, en contradicción con sus palabras y su aparente desapego por el compromiso, los movimientos de Reutemann no parecen ser los de alguien que esté pensando en irse a su casa cuando llamen a los aspirantes presidenciales a formar fila. Con discreción extrema mantiene reuniones que se parecen mucho más al esbozo de un armado político que a simples tertulias sociales.

Con Francisco De Narváez ya rompieron el hielo en la relación. El vencedor de Néstor Kirchner en junio, que ayer hizo pública al fin su aspiración presidencial, buscó con intensidad el primer contacto con el santafesino. Ya hubo un par de conversaciones, con más de conocimiento personal que de planes concretos sobre la mesa, y quedaron en volver a encontrarse pronto. Aunque De Narváez tiene una excelente opinión de sí mismo -como casi todos los políticos- aceptaría acompañar a Reutemann en una fórmula para 2011. Claro que mientras tanto trabaja a tiempo completo para posicionarse como candidato mayor si otras variantes, empezando por el propio Reutemann, se quedan por el camino.

Esta semana De Narváez pasó por Entre Ríos y se reunió con Jorge Busti, fuerte referente peronista y una de las patas del eje Santa Fe-Córdoba-Entre Ríos sobre el que se apoya Reutemann. Esa foto le sirve a De Narváez para mostrarle al peronismo que él camina el país construyendo su candidatura. Días atrás había pasado por Santiago del Estero y la foto fue con Gerardo Zamora, el gobernador radical que sigue fiel a su alianza con Kirchner. Pero el encuentro con Busti también lo muestra a De Narváez cercano al trípode de apoyo de Reutemann. Por eso, esa foto vale el doble.

Reutemann también habló de planes futuros con Sergio Massa, intendente de Tigre y ex jefe de Gabinete de Cristina, que juega abiertamente a ser gobernador de Buenos Aires. Massa, figura en ascenso y de buen desempeño en las encuestas de imagen, es visto como pieza bonaerense de un armado nacional por más de un presidenciable. Sin ir más lejos, conversa más o menos seguido con emisarios de Mauricio Macri que trajinan la Provincia. También tiene líneas tiradas con Eduardo Duhalde, que fue quien lo subió al juego grande de la política cuando lo puso al frente de la ANSeS a principios de siglo. Como todo peronista que pretenda tener vida después de Kirchner, Massa preferiría subirse al tren de Reutemann. Pero si el santafesino no arranca, no se va a quedar a la intemperie.

Otro que peregrinó discretamente a Santa Fe fue el carismático recaudador Santiago Montoya. Lo habían fletado del gobierno de Daniel Scioli cuando rechazó las candidaturas testimoniales que inventó Kirchner como salvavidas inútil, cuando vio venir la derrota electoral del año pasado. Montoya tiene ambición política y quiere jugar su carta en la provincia de Buenos Aires. Salió encantado de la charla con Reutemann.

Entre tanta reunión secreta, el gesto más fuerte y reciente de Reutemann fue público: estuvo en la Corte Suprema acompañando al gobernador Hermes Binner en su reclamo por más fondos para Santa Fe.

El mandatario socialista es su archienemigo local. Pero el gesto de Reutemann no apuntó sólo a escenificar, de cara a los santafesinos, que el interés provincial está por encima de enemistades políticas. El mensaje fue para todos los gobernadores peronistas.

Muchos de ellos vienen penando parejito por la manera en que Kirchner les estrangula el flujo de fondos para mantenerlos sometidos políticamente. Y también esos gobernadores, como tantos intendentes, pretenden un futuro feliz después del kirchnerismo.

Pero está muy claro que si Reutemann se decide a jugar, no va a jugar solo. Nadie le regala nada a nadie. No hay liderazgos, y mucho menos liderazgos indiscutidos.

Ahí está Duhalde construyendo con paciencia su venganza contra Kirchner. Varió su discurso y ya no habla de la virtual inevitabilidad y hasta conveniencia del triunfo de Julio Cobos en 2011: nadie que anuncie derrotas, por más dignas que sean, es bienvenido en el peronismo.

Duhalde puede tener poco favor en las encuestas y esa cuesta es difícil de remontar. Pero todos lo quieren de su lado, armando política de poder.

Los guiños de acercamiento que le dedica Mauricio Macri no son casuales. Sin una tajada peronista importante, el jefe porteño sabe que no puede empezar a soñarse un futuro. Que Gabriela Michetti, la otra figura de fuerte inserción pública que tiene el macrismo, con todos los reparos de quien prefiere ver al peronismo bien lejos, haya mencionado ayer a Duhalde como un "piloto de tormentas", habla de una estrategia definida y puesta a funcionar.

Y todo esto, claro, sin contar lo que pueda hacer Kirchner, que no es poco. Librando batallas defensivas, más de una vez de forma exitosa, esboza posibles sucesores (ya se habló de Scioli, Capitanich y Gioja) y lucha con determinación y fiereza para retener de cualquier forma el poder que se le va escurriendo.

Kirchner tiene una ventaja que no es menor: los que están enfrente se deshilachan fácil. El rechazo social al kirchnerismo sigue sólido y profundo. Pero la decepción con los opositores se va extendiendo como una mancha.

Los radicales y Cobos pagan más costo que el resto, pero nadie se la lleva gratis. La política se iguala hacia abajo, ante el renovado fastidio social que ya detectan todas las encuestas.

Kirchner realizó un encuentro de evaluación política en Olivos

miércoles, 17 de marzo de 2010

Por Eduardo van der Kooy

Néstor Kirchner nunca se termina de convencer. Aun cuando conoce la existencia de una brecha profunda, casi imposible de estrechar con la sociedad, necesita de las corroboraciones. Pareció tenerla en una encuesta que, en forma personal, encargó a la consultora Equis.

GUILLERMO MORENO, SECRETARIO DE COMERCIO Y FRANZ KAFKA

La medición realizada en el área de Capital y Gran Buenos Aires lo ubicaría con la mejor intención de voto, oscilante en el 22%. Los otros ocho candidatos medidos (Mauricio Macri, Eduardo Duhalde, Julio Cobos, Francisdo De Narváez, entre otros) estarían por debajo de aquel guarismo debido a la dispersión que exhibe la escena opositora. Pero la suma simple de dos o tres de cualquiera de ellos, superaría el 22% del ex presidente. Otros consultores opinan que, en la actualidad, Kirchner no pasaría el 17% de los votos en el área metropolitana.

La discusión no radicaría en esas cifras. El problema insoluble para Kirchner, pensando en un hipotético futuro proyecto político, es la elevada imagen negativa que conserva. Estaría en el orden del 60%. Se trataría de un escollo insalvable si se presentara el albur de una segunda vuelta.

La fragmentación opositora sería, en ese sentido, un aspecto de valor relativo. Lo fue también en el 2003 cuando Kirchner se coronó presidente con el 22% de los votos después de haber perdido frente a Carlos Menem en la primera ronda. La oposición al caudillo riojano estaba también, en esa ocasión, dispersa. Pero en el balotage se hubiera abroquelado en un frente antimenemista. Por esa razón Menem renunció a continuar la pelea. Un fenómeno similar podría sucederle en el 2011 a Kirchner si, al final, lograra convertirse en postulante del PJ.

Con ese panorama en sus bolsillos, que mantuvo en secreto, Kirchner realizó días atrás en Olivos un encuentro de evaluación política al que asistieron tres intendentes del conurbano de primera línea, dos hombres de su confianza que no están en el gabinete de Cristina Fernández y un ex gobernador peronista.

¿El tema? Cómo reanimar a un partido que está paralizado. Cómo enviar señales para que la oposición empiece a pensar en otros contendores que no sean, con exclusividad, los Kirchner. El matrimonio amalgama a la oposición y no hay ningún peronista del arco K con expectativas de futuro que pueda desafiarla.

Las expectativas las cercena el protagonismo del propio ex presidente. Fue una de las insinuaciones que hizo uno de los intendentes que concurrió a aquella reunión. Kirchner lo interrumpió: "Yo dije que vamos a estar hasta el 2015 y hasta el 2020. Pero no me referí ni a Cristina ni a mí. Me referí al peronismo", explicó.

Kirchner dijo lo que varios gobernadores querrían escuchar de modo explícito, pero no escuchan. También es cierto que, dadas las circunstancias de fragilidad política, los Kirchner no están en condiciones de desplegar el abanico futuro. Pero hay hombres del PJ que empiezan a acomodarse.

Daniel Scioli está convencido que todos los caminos conducen a convertirlo en heredero de la dinastía de los Kirchner. Eso explica la obediencia del gobernador de Buenos Aires con el Gobierno nacional. Aunque en esa buena conducta se agazaparía la trampa: Scioli necesitará de independencia de los Kirchner para intentar afianzar una candidatura en el PJ. La sumisión actual podría terminar de hundirlo.

Los asesores del gobernador confían que un emisario del ex presidente le habría acercado la idea de una futura fórmula presidencial junto a José Luis Gioja. El gobernador de San Juan no sabe nada. Ni quiere saberlo. Conjetura que la sociedad reclamaría en el 2011 alguna cara nueva en el PJ.

Scioli viene en los primeros planos desde los tiempos de Menem. Habría otra diferencia a favor del mandatario de Cuyo: San Juan suele exhibir una realidad ordenada, a diferencia del pandemonio político y social que acostumbra a caracterizar a Buenos Aires.

Kirchner elogió varias veces, en aquella reunión discreta, a Jorge Capitanich. El gobernador de Chaco se convirtió en defensor a ultranza del matrimonio. Aunque su fanatismo decrece cuando gana en intimidad o cuando se olvida de los aportes de fondos que requiere del Gobierno para darle alguna estabilidad a su administración.

El ex presidente prometió desandar de a poco el camino que terminó por dejarlo encerrado en una porción del PJ. Claro que la fórmula que esbozó, por repetida, difícilmente tenga éxito. Desempolvó la frustrada experiencia de la concertación: por ese motivo se volverá a mostrar hoy, en un acto político en Necochea, con el mandatario radical de Santiago del Estero, Gerardo Zamora.

Los peronistas, en general, descreen de esa reedición política. Suponen más útil que el Gobierno de Cristina ordene cuestiones de su gestión para permitirle a los peronistas que se sienten en carrera (Scioli, Gioja Capitanich) asomar sus cabezas. Pero aquel orden, por ahora, no aparece en el horizonte.

Los Kirchner están inquietos por la evolución en el Congreso de una nueva ley del cheque que sería como un manotazo a la gran caja que manejan. La mayoría de los gobernadores peronistas están interesados en esa ley, porque representaría ingresos para arcas escuálidas. Sólo a Scioli la coparticipación del 100% del impuesto al cheque le significaría $ 1.800 millones al año.

Si esa ley progresara en el Senado y Diputados, los Kirchner se verían frente a dos disyuntivas: ejecer el derecho de veto pero, a la vez, resentir la relación política muchos de los gobernadores peronistas. Incluso los hipotéticos delfines.

Otra demanda de esos dirigentes apunta a la inflación. El alza de los precios se siente también -y mucho- en el interior. Aquí también convergerían dos problemas. Uno económico y otro político. La ausencia de una política de inversiones en sectores productivos clave sería la económica. La permanencia de Guillermo Moreno en el cargo y sus desmanejos es el político.

Los gobernadores no guardan muchas esperanzas sobre la solución de ese dilema. Quizá porque los propios Kirchner coinciden en un punto: el secretario de Comercio se ha convertido en un hombre virtualmente irremplazable. No por su imaginación ni tampoco por las salidas repetidas que ofrece. Sucede que los Kirchner carecen de un modo y un reemplazo distinto.

Moreno siempre contó con el aval de Kirchner y, en poco tiempo, ganó la incondicionalidad de Cristina. Su tenacidad expulsó a varios importantes funcionarios. El próximo sería Amado Boudou.

Cristina Kirchner: Una monarca sin reino

lunes, 15 de marzo de 2010

Por Susana Sechi

Y así pasan los días, las semanas, los meses y los años, mientras la Argentina se encuentra dibujada en el catalogo barato, un modelito que los Kirchner supieron conseguir. Ese que las vidrieras del mundo se negaron a comprar, por más que la Señora lo presentara como el hit de una maravillosa gestión, los inversores huyeron despavoridos ante tan idílico verso.

Cansada de interpretar la burda comedia una y mil veces ante auditorios que no podían creer los disparates recitados por la Presidente, la Argentina quedo sumergida en el mundo irreal de una monarca sin reino, digamos un país de fantasía que quedo concentrado en la Casa Rosada y en la Quinta de Olivos, y algunos fines de semana en el bunker de El Calafate, lo demás no existe.


El país Federal sólo se representa en los distintos escenarios acondicionados para que la Presidente interprete sus repetidos e insoportables monólogos estudiados de memoria, generalmente con el mismo contenido, la auto-alabanza, el egocentrismo y esa profusión de veneraciones dirigidas al que le toco por marido y por supuesto los capítulos agregados para prodigar insultos, amenazas y endilgar culpas al enemigo ó a los enemigos del momento, no importando a que rama del quehacer nacional pertenezcan y por que no las sufridas victimizaciones que ya han pasado a ser un clásico del sus armadas presentaciones.

Sin embargo la unitaria Presidente engolosinada con su mandato, cada vez va tomando más atribuciones, amparada en esa cantinela de a mi me votaron y a Néstor también, aunque un poco menos, la hace sentir, con legalidad de disponer todo a su gusto, por supuesto con la exclusiva venia de quien desde un riconcito de Olivos dirige la batuta.

De tropezón en tropezón el régimen presidencialista que tanto destaca doña Cristina, se esta yendo a pique y de no ser por las trampas perversas del juego del poder que dirigido el personaje satánico con quien comparte domicilio no se animaría a avanzar por los caminos sinuosos rodeados de precipicios que transita permanentemente, al parecer por la loca aventura de demostrar algo que no es no es capaz y ni virtuosa, para ocupar el cargo que detenta.

Quizás compenetrada en la actuación y orgullosa como si hubiera recibido un Oscar a la mejor actriz, lejos está de comprender la gravedad de sus acciones. Pero parece feliz mintiendo y engañando a los gobernados, o burlándose de esa producción de pobres que supo conseguir.

Hemos hecho y vamos a hacer es algo remanido en su chachara de barricada, todo lo hicimos nosotros, antes nadie había hecho nada, se repite hasta el cansancio como si cuando tomaron como negocio la política el territorio nacional hubiera sido un inmenso baldío, poblado de salvajes que tuvieron la suerte de contar con esta pareja de hacedores de riqueza para algunos y de miseria para muchos.

En estos descontrolados días, con la hilacha de arrabal a flor de piel la mandataria y su consorte sarcástico, empecinados en hacer su voluntad destituyeron el poder judicial y el legislativo o lo que quedaba de este último después que durante seis años y medio el Congreso había sido una simple delegación del Ejecutivo, donde los tratamiento de leyes decretos y otras yerbas eran aprobadas por levantamanos aquejados por profundas crisis de inmoralidad, sin importarles un bledo la traición a los votantes que dijeron representar bajo juramento.

Esos mismos votantes que eligieron nuevos representantes el 28 de junio del año pasado, representantes que fueron cuidadosamente seleccionados por el electorado como opositores del totalitario régimen Kirchnerista, para que cumpliesen con el deber de legislar en nombre del pueblo y las provincias, sin embargo esto no ocurrió.

En la sesión del jueves 11 se debía votar por la negativa o aceptación del pliego correspondiente la designación de Mercedes Marcó del Pont en carácter de Presidente del BCRA y con el antecedente que 37 senadores de la oposición habían llegado a el acuerdo de rechazar dicha promoción para el cargo, las senadoras Roxana Latorre por la prov. de Santa Fe y María José Borgiorno por la prov de Río Negro, después de tratativas con el oficialismo disidieron cambiar el voto a favor de Marcó del Pont, lo que provocó que los miembros de la oposición no bajaran al Recinto debiéndose levantar la sesión por falta de quórum hasta el próximo miércoles

La actitud de las Senadoras produjo un profundo malestar entre los sufragantes que pensaron habían elegido como representantes de sus provincias a alguna de estas dos mujeres con la convicción de que no se alinearían con el oficialismo.

Pero como el diablo pierde el pelo, pero no las mañas Kirchner seguirá generando ofertas y siempre habrá del otro lado alguien permeable para aceptarlas.

La amplia difusión en los medios con que se premió a Marco del Pont después del atraco perpetrado de las reservas, hacia prever una jugada kirchnerista para imponer a Mercedes en el lugar indicado.

La Peregrinación de la licenciada, así como los tristísimos argumentos con que encaró su defensa en cuanto espacio se abrió, mostraron la endeble seguridad del resguardo de las reservas que en sus manos representan una especial tentación en bandeja de plata para el matrimonio Kirchner bajo la discrecionalidad de quien al parecer será confirmada en el cargo bacante.

La inestabilidad, el desabastecimiento y la inflación galopante no parecen buen presagio para el destino de este país que se encuentra librado a los humores de un presidente de facto que a pesar de no contar con un fuerte apoyo popular sigue jugando al gato y al ratón con una oposición timorata y desestructurada.

La estrategia oficialista en el congreso saca una luz de ventaja

domingo, 14 de marzo de 2010

Por Hugo Grimaldi

Mientras la gente se mira el bolsillo, sufre por la inflación, teme por la inseguridad, pena por la falta de nafta y sigue fugando capitales, los políticos parece que sintonizan otra frecuencia. En la vidriera se muestran los dientes, pero en el fondo se mecen en un folclórico cachondeo digno de un Boca-River, donde buena parte de los protagonistas se comporta de acuerdo a cómo le haya ido en la feria.


Tal es el espíritu de riña deportiva que hoy impera alrededor de la actividad del Congreso que, cuando el oficialismo gana, inmediatamente se agranda en acciones y alocuciones, ya que reivindica el espíritu disciplinador que hace prevalecer siempre en la lucha del bien sobre el mal, pero cuando pierde, automáticamente sale a hacer pucheros con el remanido argumento de la desestabilización.

A la inversa, cuando se imponen los opositores, la que perdió es la soberbia kirchnerista, dicen, aunque cuando se mancan es porque los otros usaron la billetera. En realidad, no se conocen sociedades que logren salir indemnes de una lógica dirigencial tan enfermiza.

Salvo la fiereza de Elisa Carrió, la personalidad desbordante de Luis Juez o los discursos altisonantes de Néstor Kirchner, ¿dónde quedó aquella crispación que pretendieron apagar como bomberos Julio Cobos y José Pampuro, la semana pasada, para ayudar a acercar posiciones desde la racionalidad y el consenso?

En este aspecto, y pese a que ambos fueron soplados de la precaria mesa de negociaciones por el propio Gobierno, ya que a Pampuro se lo descalificó directamente, mientras que Cobos, al quedarse sin interlocutor, quedó anulado, para algo sirvió aquella experiencia de 48 horas. Ese atisbo de sentido común le ganó, al menos, a cierta anarquía de procedimientos y sirvió para enfriar las escaramuzas de la semana previa.

Sin embargo, los acercamientos que buscaban las dos máximas autoridades del Senado han encallado por estas horas y se han transformado en un toma y daca poco y nada conducente, ya que no se nota entre oficialistas y opositores ni un solo atisbo de acercamiento lúcido hacia acuerdos mínimos. Ahora, el péndulo parece haber virado hacia un juego de individualidades opositoras, con más espectadores que protagonistas, donde hay muchos que están esperando que los melones se acomoden al andar, mientras está claro que el kirchnerismo los ha primereado y rearmado la tropa con más coherencia y velocidad y que ya ha empezado a sumar aliados para engrosar sus números.

La situación favorece desde luego al oficialismo ya que ha mostrado, primero que nada y con toda crudeza, la atomización opositora y aunque las comisiones del Senado lograron conformarse con mayorías de este signo, la ventaja kirchnerista pasa porque muestra un discurso ultra-alineado, algo que contrasta notablemente, del otro lado, con la ausencia de una línea coherente de pensamiento y, mucho menos, de una voz común. La experiencia del senador de la UCR Gerardo Morales al frente visible de la tropa ha resultado muy desgastante para el polo opositor y aun para él mismo y su partido, tras las derrotas que sufrió la oposición en el Senado.

Ya había habido un primer triunfo kirchnerista hace tres semanas, cuando sus senadores se levantaron y dejaron sin sesión a la Cámara Alta, porque los opositores no pudieron reunir el número mágico de las 37 bancas necesarias para votar la conformación de las comisiones. La ausencia del riojano Carlos Menem le posibilitó siete días de respiro al oficialismo, que en la siguiente sesión perdió la votación.

En tanto, el primer triunfo de la ofensiva K de la semana pasada sucedió en Diputados cuando no se consiguió el quórum especial (dos tercios) que permitiera tratar directamente en el recinto, sin pasar por la Comisión respectiva, el DNU 298/10 que autoriza pasarle parte de las Reservas del Banco Central al Tesoro Nacional.

Con posterioridad, un proyecto de ley del senador pampeano Carlos Verna le dio al Ejecutivo la posibilidad de marcar, sin que se perciba su retroceso, ya que de inmediato la Presidenta lo aceptó y metió en un brete a los opositores sobre el contenido, ya que es un calco del DNU de la discordia.

Al mandoble de la Cámara Baja le siguió el jueves pasado la falta de número en Senadores, lo que impidió el tratamiento del pliego de Mercedes Marcó del Pont como presidenta del BCRA hasta setiembre, debido a la deserción de dos legisladoras que se contaban como opositoras, la santafesina Roxana Latorre y la rionegrina María José Bongiorno, a quienes se podría sumar, con su probable abstención, el senador Menem. Los números ahora están para ratificar a la funcionaria al frente de la autoridad monetaria.

En tanto, en la misma sesión, no pudo tratarse el proyecto de coparticipación del Impuesto al Cheque, una pieza de fuerza opositora para obligar al oficialismo a negociar, ya que hay 10 mil millones de pesos en juego en los que quedaría desfinanciada la Nación y nadie dice cómo se le van a reponer. Otro tanto sucede con la rediscusión del Presupuesto, algo que el ministro del Interior, Florencio Randazzo, ya ha descalificado porque significa “ajuste” y porque la política del Gobierno es jugar al límite con la expansión del gasto, aunque la mala praxis ideológica pueda llevarlo a situaciones indeseables en materia inflacionaria.

Bajo la lógica del conteo futbolero que prevalece hoy en el Congreso, la cosa está 3 a 1 a favor del Gobierno, con la probabilidad de un cuarto tanto esta semana por el caso Marcó del Pont y con un descuento para los opositores, si consiguen rechazar el DNU de las Reservas en Diputados, este miércoles. Los legisladores más experimentados señalan que los cambios en el marcador se van a dar sesión a sesión de aquí a 2011 y que, por lo tanto, el resultado final está abierto. Lo cierto es que con cada gol a favor o en contra, los discursos de ambos lados se llenaron de justificaciones o denuncias.

Este mismo principio que se usa para descalificar o alabar cada paso del Congreso ha sido el caballito de batalla que también ha usado el Gobierno a menudo cuando los jueces fallan para un lado o para el otro, con menciones peyorativas hacia la “familia judicial”, tal como hizo el diputado kirchnerista de Santa Fe Alejandro Rossi.

En un raid de caza de brujas que mereció calificativos extremos de la oposición, en relación a la lógica fascista de la idea, Rossi ha dicho, pedido disculpas y vuelto a reiterar en la semana que pasó que la evaluación de los futuros jueces debería contener una investigación exhaustiva sobre su vida privada, por las dudas si provinieran de familias del “sector más conservador”, en una lógica muy parecida a la que emplean las Fuerzas Armadas cuando aprueban o rechazan el pedigrí moral, ideológico o aun religioso de las futuras esposas de los oficiales.

La semana anterior, un par de días antes que Cristina Fernández se despachara contra la jueza Claudia Rodríguez Vidal y su “pareja”, tras un “me cuentan” más de peluquería que de Jefa del Estado, la misma Presidenta casi le había jurado al Congreso que, aunque no siempre le tocó ganar cuando fue legisladora, “nunca que perdí una votación fui a ver a un juez o a demandar a la Justicia, para que la Justicia me diera los votos que yo no pude conseguir en este recinto”.

Pues bien, como la necesidad parece que siempre tiene cara de hereje, el kirchnerismo del Senado acaba de recurrir precisamente a los jueces para buscar remedio a la integración, a su juicio desbalanceada, de la Comisión Bicameral que debe estudiar los DNU, ya que hoy es diferente a aquélla que se había pactado antes del 10 de diciembre.

Pero lo doblemente patético de la situación es que la causa recayó en el juez Ernesto Marinelli, el marido de la jueza Rodríguez Vidal, quien deberá expedirse pronto, ya que este lunes debería comenzar a estudiarse el mismo Decreto 298 que amparó su pareja, texto que hasta el viernes bien tarde aún no había entrado al Congreso, debido a que el Ejecutivo se tomó los 10 días de rigor para remitirlo.

Entre los Óscares de la semana, el femenino le ha correspondido, sin lugar a dudas a Marcó del Pont, quien además de haber casi superado la instancia de la aprobación de su pliego, se ha probado el traje de ministra de Economía. Sus declaraciones en el ministerio de Trabajo, el último viernes, han demostrado al menos una cierta idea de lo que es una política económica con objetivos, aun con el controvertido uso de las Reservas como bandera, algo que el ministro Amado Boudou deberá defender ante los diputados y los senadores el martes y miércoles.

El masculino lo ha merecido Néstor Kirchner, por su enjundia permanente que le permite reciclarse y soñar con una vuelta decorosa y por haberse hecho organizar un acto pejotista en Resistencia y otro de número, en Ferro, con militantes no sindicales, de organizaciones barriales, lo que en otros tiempos se hubiesen definido como de “la tendencia”. Convencer a los convencidos no es lo mismo que volver a enamorar a los defraudados y ésa es la materia que debería aprobar el ex presidente si aspira realmente a reciclarse.

Claro está que si Kirchner quiere llegar a repetir deberá atravesar primero la interna del PJ, con Eduardo Duhalde lanzado y probablemente Carlos Reutemann y Francisco de Narváez, también. El razonamiento de todos estos candidatos es que por más que el aparato lo maneje el ahora diputado, como las internas son abiertas el no kirchnerismo se volcará a votar en masa para dejarlo afuera de cualquier candidatura, mientras que los justicialistas lo dejarían afuera ya que, con su probable arrastre, no pasaría un ballotage, como le sucedió a Menem. De allí que Kirchner haya hablado ahora de “compañero o compañera” y no de “pingüino o pingüina”.

Además, la aparición tan temprana de estos peronistas y también de radicales como Julio Cobos, Ricardo Alfonsín y Ernesto Sánz en puestos expectantes del alineamiento interno ya como presidenciables, les hacen pensar a más de uno que las elecciones generales de 2011 podrían ser finalmente adelantadas.

Mientras tanto, la opinión pública ha comenzado a saturarse de todo este desgastante juego que ya lleva tres meses y cada día, inflación mediante, le presta más atención al bolsillo que a los chisporroteos entre oficialistas y opositores, lo que tampoco es bueno porque esa desatención lleva al desinterés, que luego se traduce en falta de control social.

No sea cosa que con los senadores buscando llenar la banca número 37, con los diputados más rosqueando que consensuando y con la Presidenta y su esposo atizando el fuego, la situación se desmadre y otra vez se escuche nuevamente el ominoso “que se vayan todos”, con el que la sociedad trata de esconder cada tanto su propia responsabilidad en la situación y a todos los políticos se les venga otra vez la noche. Sería más que interesante que, mientras tanto, tomen nota que, en el pano de la ruleta, el número 37 es el cero.