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El kirchnerismo podrá demostrar en el Senado si es un buen perdedor

lunes, 15 de marzo de 2010

Por Eduardo Tagliaferro

El miércoles, el kirchnerismo podrá demostrar en el Senado si es un buen perdedor. ¿Podrá ir contra su esencia? Ese día, el cuerpo podría rechazar el decreto presidencial que creó el Fondo de Desendeudamiento y darle media sanción a la coparticipación de la totalidad de lo recaudado por el impuesto al cheque.

El oficialismo no se iría con las manos vacías ya que podría computar a su favor la aceptación del pliego de Mercedes Marcó del Pont como presidenta del BCRA. Algo que la semana pasada se le frustró porque la santafesina Roxana Latorre no bajó al recinto. Sorprendido en medio de los festejos después de sumar el voto de la ex mano derecha de Carlos Reutemann y de la rionegrina María José Bongiorno, un reconocido oficialista dijo a este diario: “No sé por qué Latorre no bajó. Prolongó la agonía y su desgaste”.


Al margen de lo que haga la senadora por Santa Fe, el oficialismo tendría asegurado el quórum para sesionar ya que el cordobés Luis Juez, otro miembro de la oposición, adelantó que se sentará en su banca porque “en la vida es mejor perder que andar huyendo”. Antes de esta definición, la Justicia había dejado trascender que investigaba la supuesta existencia de tres cuentas bancarias depositadas en paraísos fiscales a nombre del cordobés. La acusación, que se difundió con celeridad entre los medios afines al Gobierno, se produjo el mismo día que la oposición perdió los votos de Latorre y de Bongiorno; y dos días después de que el kirchnerista Alejandro Rossi confirmara que pretendía ponerle la lupa a la vida privada de los jueces.

Demasiadas coincidencias para suponer que el kirchnerismo aceptará pacíficamente perder cerca de 10 mil millones de pesos. Desde la bancada oficialista no dudan en repetir que lejos de contribuir a la economía de las provincias, la propuesta busca desfinanciar al Gobierno. “Intentan desestabilizar al gobierno nacional”, dice Pichetto al hablar de este proyecto. La pérdida de estos fondos sería un golpe difícil de asimilar para un proyecto político que hace de la centralización de la recaudación su principal virtud. Más allá de que Cristina Fernández se reserva el arma del veto, el debate parlamentario dejará heridas entre los suyos.

El miércoles pasado, en medio de la confusión opositora, el neuquino Horacio Lores les adelantó a sus pares de la oposición que estaba de acuerdo en “coparticipar” la totalidad del impuesto al cheque y que podría votar con ellos. El senador del Movimiento Popular Neuquino tiene un pequeño margen de independencia que difícilmente puedan exhibir quienes forman parte de la bancada del Frente para la Victoria.

Aun así, varios de ellos se mostraron complacientes con el dictamen opositor. Entre ellos: el jujeño Guillermo Jenefes, que pretende ser el próximo gobernador peronista de Jujuy, y el sanjuanino César Gioja, quien también intentaría ser candidato a gobernador para reemplazar a su hermano José Luis, imposibilitado de la reelección. En los pasillos de la Cámara alta también se especula que el misionero Luis Viana podría estar de acuerdo con la medida.

Demasiadas voces críticas para un bloque que hace equilibrios sobre el Titanic. Estos díscolos podrían optar por retirarse del recinto. Algo que si bien le resta votos al oficialismo no es lo mismo que votar junto a los opositores.

Néstor Kirchner sabe de estas rebeldías. Por ello, la semana pasada, desde Chaco invitó a crear una comisión para discutir una nueva coparticipación. Crear una comisión era la solución que Juan Domingo Perón recomendaba tomar para no hacer nada.

La novela política sin fin que sumió a los tres poderes del Estado en una crisis que cada día cuesta más comprender

viernes, 12 de marzo de 2010

Por Rubén Rabanal

El Congreso se dispone a debatir el lunes en la Bicameral de los DNU el último decreto de necesidad y urgencia que firmó Cristina de Kirchner. Lo hará ese día en la comisión, y el miércoles, diputados y senadores lo intentarán en los recintos.

Al mismo tiempo ya ingresó en las comisiones de Presupuesto y Hacienda y Economía el proyecto de ley del pampeano Carlos Verna para disponer el pago de deuda con reservas que la presidenta abrazó con euforia, en medio de la crisis que le mantiene bloqueado el uso de los fondos. Ese proyecto, además, es copia fiel del DNU de la discordia.

La oposición, que lo cuenta a Verna entre los suyos, no apoya esa iniciativa y ya aparecieron múltiples alternativas tanto en Diputados como en Senadores. El lunes vence el plazo para que se expida la Cámara en lo Contencioso Administrativo sobre la apelación que presentó el gobierno al fallo de la jueza Claudia Rodríguez Vidal, quien dispuso la medida cautelar que mantiene congelado el decreto.


Ésas son las líneas centrales del argumento de esta novela política sin fin que sumió a los tres poderes del Estado en una crisis que cada día cuesta más comprender. Pero resulta interesante repasarlas en conjunto para entender que las apariencias, en estos días, pueden engañar más que nunca.

El anuncio de Cristina de Kirchner el martes, casi a la pasada, de la decisión del gobierno de impulsar el debate del proyecto Verna supuso en el inicio un triunfo para la oposición. La presidenta, claramente, debió retroceder una vez más ante lo inevitable de un Congreso que ya le mide cada una de sus decisiones. Pero, ¿seguirá siendo así en los próximos días?

Se repite: la presidenta abrió el debate. Pero al día siguiente (anteayer) Aníbal Fernández informó que el DNU del Fondo de Desendeudamiento no se derogará hasta que no exista una ley que lo reemplace. En ese marco, al Congreso sólo le queda derogar ese decreto, lo que aún no está garantizado.

La acción regresa, entonces, al Congreso y a la Justicia. Para frenar el decreto, la oposición tiene que reunir la semana próxima 37 votos en el Senado. En Diputados ese problema no existe ya que el número, por ahora, sobra en la oposición.

Entre esos 37 senadores está Carlos Verna, muy predispuesto a rechazar el acuerdo de Mercedes Marcó del Pont, pero no tanto a derogar un DNU, menos cuando su proyecto similar ya está en tratamiento en comisiones. Sin ese voto, será imposible lograr la anulación del decreto.

La Justicia hablará el lunes. La Cámara que debe expedirse está demasiado presionada por fallos anteriores que bloquearon los dos DNU como para salirse de ese camino, más cuando los argumentos son los mismos. Salvo uno: el Congreso está debatiendo el tema, Verna aportó el proyecto salvador para el gobierno y el resto de la oposición avanza en presentar otros. Nada indica que pueda haber un fallo a favor del gobierno, pero los intentos ya se están haciendo.

Verna cosechó más enemigos que nunca en el Congreso. Felipe Solá le rechazó su proyecto. Elisa Carrió lo sentenció: “El senador Verna está a punto de pasar al oficialismo en una nueva trampa”. El radical Gerardo Morales le salió al cruce: “No estamos de acuerdo con el proyecto de Verna porque es copia fiel del DNU”. No parece que la oposición se esmere demasiado en seducir a Verna para retenerlo de su lado como voto clave. O, por el contrario, no se esfuerzan porque lo dan por perdido en esta batalla.

En medio de todas esas argumentaciones hay un escenario de espanto para el radicalismo y el peronismo federal: el debate de todos esos proyectos en el Congreso puede durar unos dos meses y, si ahora la Justicia llega a levantar la medida cautelar sobre el DNU, el gobierno quedaría con las manos libres para utilizar las reservas por un tiempo, si el Congreso no consigue derogar ese decreto.

Son tres variables que, de reunirse, formarían una tormenta perfecta que sin duda estuvo en la mente de Cristina y Néstor Kirchner cuando decidieron anunciar el apoyo a una iniciativa similar al decreto del Fondo de Desendeudamiento, que más que una ley podría darles todo el tiempo del mundo para activar esas dos famosas cuentas del Tesoro ya nutridas con los 6.569 millones de dólares de las reservas.