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Argentinos de Fiesta

lunes, 31 de mayo de 2010

Por Jorge Lanata

“Hoy el noble y el villano,
el prohombre y el gusano
bailan y se dan la mano
sin importarles la facha.
(…) Y con la resaca a cuestas
vuelve el pobre a su pobreza,
vuelve el rico a su riqueza
y el señor cura a sus misas.”
Joan Manuel Serrat

Escribo estas líneas el viernes, mientras la 9 de Julio continúa taponada, el tránsito de la ciudad enloquecido y los interpretadores trabajando a jornada completa.

—Fue el estallido de la buena onda –dijo Néstor Kirchner en Tucumán, citando a Piero.
—Ciertos sectores de la prensa no dejaban ver lo que estaba sucediendo; ahora sabemos que nuestra realidad es muy distinta –dijo Hugo Moyano.
—Fue una paralización lúdica de carácter autorreflexivo –balbuceó Horacio González, en Boletín Oficial/12.
Clarín tuvo, por primera vez, miedo de sus propios lectores: ante la avalancha de público, equilibró su cobertura anti Gobierno y hasta se permitió el elogio.

El Bicentenario fue, también, la danza de los millones: seis millones, tres millones, diez millones, una especie de loteria humana que los medios se empeñaron en clasificar: “El acto más importante de la historia argentina”. “Superó la llegada del general Perón a Ezeiza.”

Calculadora y mapa en mano, me dediqué a hacer la cuenta: no cerraba. Tres millones sólo entran si están a cococho unos de otros. Esta vez, el cálculo policial de millón y medio parecía el más ajustado a lo real.
El entusiasmo de los números expresaba un deseo: se ve que andamos necesitando actos fundacionales.
—¿Te parece que los políticos van a escuchar el mensaje de la gente? –me preguntaron en una radio.
—Yo todavía espero que escuchen el de 2001.
¿Escucharán el mensaje?
¿Hubo alguno?

Quien convocó al acto fue la Argentina: ni el Estado nacional, ni el provincial, ni el municipal. Convocó la Nación: ¿cuáles son los intereses comunes entre los que asistieron al desfile militar, los que comieron chipá en el stand de Paraguay y los chicos que fueron a ver a Fito? ¿Y todos ellos con los que miraron con la boca abierta por el asombro a FuerzaBruta?

¿A quién votaron o votarán los que lloraron al paso de los ex combatientes de Malvinas?
¿Y los que saltaron hasta el desmayo con la Sole?
¿Quién los reunió?
¿Cómo llegaron hasta acá?
¿Qué quieren?

Eran argentinos festejando. Por una vez en la vida, los tristes, los melancos, los cínicos, los aburridos, los acomplejados argentinos estaban ahí festejando con la ambigüedad de los festejos, que nunca son sólo lo que enuncian.

Los que estaban encerrados salieron a la calle, tal vez fue esa la alegría, la de –por una noche, por un día– no mirar al costado esperando el arrebato o el revólver, la de volver a ganar la calle propia que se volvió ajena.

La palabra Argentina todavía logra ese milagro: se equivocan los miserables que buscan su porción en este viento. Es imposible tomarlo con la mano.

Nunca sabremos qué ofreció/entregó/cedió la Argentina a cambio para que Néstor Kirchner fuera elegido Secretario General del Unasur

martes, 11 de mayo de 2010

Por Claudio M. Chiaruttini

Después de meses de duras negociaciones diplomáticas, donde nunca sabremos qué ofreció/entregó/cedió la Argentina a cambio, Néstor Kirchner fue elegido Secretario General del Unasur, pese a que el Congreso nunca votó la aprobación del ingreso argentino al organismo regional.


Mostrando el más profundo desprecio por el formalismo, 24 horas más tarde, Néstor Kirchner se sentó en su banca de diputado nacional y votó la aprobación del matrimonio del mismo sexo porque sabe que necesitará los votos de la comunidad gay el año que viene, pese a que las normas del Unasur reclaman dedicación exclusiva de su Secretario General.

¿Cuál es la respuesta de Néstor Kirchner ante la críticas internas y externas? Anuncia que su primera tarea será relanzar el Banco del Sur, es decir, hacer lo mismo que hizo en Santa Cruz, cuando fue Presidente y ahora: repartir dinero entre amigos con el fin de tener poder.

Los diarios oficialistas –cada vez son más- hablan de “una nueva etapa para el Unasur”, cuando el organismo todavía no tiene un rol institucional internacional, ni un sentido operativo real. Si la Quinta de Olivos o el oficialismo cree que Néstor Kirchner Secretario General permitirá reposicionar a la Argentina en el escenario mundial es porque luego de 7 años en el Gobierno no lograron entender lo que son relaciones exteriores.

Sin embargo, Néstor Kirchner tendrá una gran oportunidad de demostrar sus dotes de diplomáticos: ¿qué hará el Unasur y su Secretario General ante el anuncio de que Gran Bretaña encontró petróleo de calidad y en cantidad abundante en las Islas Malvinas?

La Cancillería anunció que la Argentina protestará, pero ya lo hizo antes y los ingleses igual exploraron y encontraron lo que buscaban. Si antes de tener la seguridad de que existía petróleo Gran Bretaña defendió su control de las islas ¿qué hace pensar que Londres dejará el archipiélago ahora que tiene la confirmada la calidad del crudo austral?

Tal como se nota, el tema cae como anillo al dedo del nuevo Secretario General del Unasur. Será el parámetro para probar su efectividad como diplomático.

Una sociedad sana no debería acostumbrarse a estas cosas

lunes, 19 de abril de 2010

Por Osvaldo Pepe

Vivimos un tiempo político en el que todo parece reducirse a una lógica binaria entre leales, progresistas y militantes de un lado, y traidores, reaccionarios y golpistas del otro, sin espacio para una construcción política que le sirva al país y a los ciudadanos. Y donde el disenso no sea descalificado como vil herejía.

Sólo en el marco del hábito cotidiano de la violencia verbal, del escrache fascista anónimo y cobarde a periodistas y medios, de la difamación como método funcional a los intereses del Gobierno, puede explicarse que la dramática confesión de la senadora formoseña kirchnerista Adriana Bortolozzi haya pasado como un suspiro por los medios. "Tengo miedo", dijo por el simple hecho de haber facilitado el quórum que el oficialismo negaba. Fue título un día y al otro ya se discutía la pertinencia o no del voto opositor en el Senado por los cambios a la ley del cheque. Una sociedad sana no debería acostumbrarse a estas cosas.

¿Miedo a quién, a quiénes? Esa TV tan dispuesta a reciclar las frases de los periodistas que desagradan al Gobierno sólo para descalificarlos, debería mostrar esa imagen del senador Pichetto, jefe de la bancada oficialista, en un indecoroso apriete público en pleno recinto a su par Bortolozzi para que se levantara de su banca: lastimosa imagen institucional más acorde a un barrabrava que a un senador de la Nación, en línea con el virulento ataque de Hebe de Bonafini a la Corte y jueces para que fallen como el Gobierno quiere; y con los ya abusivos derrapes verbales de Aníbal Fernández, otra vez contra Cobos -tras las duras críticas de Cobos, el kirchnerismo redobló su embestida-.

Días atrás, el propio presidente del máximo tribunal recordó que hasta las tragedias más enormes y gravosas de la humanidad se incubaron en "pequeños actos de fanatismo". Como esos que el poder derrama a diario sobre una sociedad atónica.

Ya la Corte le había pedido mesura a la Presidenta, pero a ella le sonó a censura. Una pena.

Manipulación Obscena

sábado, 17 de abril de 2010

Por Alberto Medina Méndez


Una vez unos, otra vez otros. El quórum parece ser el modo mas eficiente que han encontrado algunos dirigentes contemporáneos, para mostrar el lado más oscuro de los valores morales de la casta que conduce los destinos de una sociedad.


No importa si se está de un lado, o del opuesto. No resulta significativo saber si fue para favorecer a los que gobiernan o para impedirles su gestión. Lo que impacta es el modo de decidir, que apela a la más retorcida interpretación de lo escrito para justificar lo injustificable, para que, de alguna manera, todo se termine ajustando a los circunstanciales deseos de un sector político.

La forma en la que deciden los miembros de un cuerpo colegiado cuando dan quórum o lo retacean, muestra la madera con la que están hechos. Hasta los más honestos terminan sometiéndose a este precepto cuando pretenden imponer sus intereses.

Bajar al recinto, o levantarse en plena sesión, parece haberse legitimado como dinámica del funcionamiento habitual de las instituciones parlamentarias. Olvidan estos políticos, el espíritu de este instituto. Se trata de la búsqueda del equilibrio del poder al que aspira un sistema republicano. El quórum, este requisito que resulta imprescindible para legitimar las decisiones de los miembros de un cuerpo, nació para contribuir al cumplimiento de las voluntades ciudadanas y no para manipularla discrecionalmente.

No pretendió convertirse en el ícono del engaño cívico. Pero se ha constituido, sin más, en el ardid preferido de los que desean aplicar sus pareceres a cualquier precio, socavando las bases de un sistema imperfecto, pero aún insuperable.

Aún asumiendo las aberraciones que pueden derivarse de decisiones desacertadas, los legisladores no están para trampear la esencia del sistema, sino para respetarlo. Los protagonistas de esta parodia parlamentaria se lo vienen tomando como un simple juego de cartas, en el que cabe especular con el próximo movimiento del adversario, para evaluar el siguiente paso propio.

Recurrir a tan bajo recurso, a tan inmoral mecanismo, para imponer su visión, habla bastante mal de ellos, de los que hacen de la democracia una mera enunciación descartable, para moldearla a sus caprichos coyunturales.

Ya no se trata de la ausencia justificada, de esa que se deriva de un problema de salud o de un viaje a latitudes lejanas que explique la omisión. Su utilización es el corolario de la más elaborada fórmula para evitar que se concreten resoluciones indeseadas. Ni evitar decisiones equivocadas, ni impedir saqueos o imposiciones ideológicas, aunque solo se trate de mayorías matemáticas circunstanciales, nada justifica recorrer tan deshonestos subterfugios para lograr los antojos propios.

Habrá que comprender que no se puede obtener ningún objetivo justo, con métodos aberrantes, sin quedar impregnado de la indecente práctica ejercida. El camino es tan o mas importante que la meta. Que determinada forma de hacer las cosas se encuentre enmarcada en “lo permitido” no valida éticamente, por si misma, ninguna conducta.

Sin embargo, la degradada versión actual de la política partidaria, ha conseguido instalar la idea de que aquello que está permitido, es lo más apropiado. Y es probable que solo estemos frente a un caso de aquellos en los que cumpliendo la norma estrictamente, se alcanza ese atajo, como una astuta forma de resolver problemas.

Habrá que seguir hurgando para encontrar mecanismos que desanimen las ausencias, y al mismo tiempo consigan contener a los más audaces, a esos que compulsivamente se aprovechan de los huecos que dejan ciertas reglas. Así y todo, aun sigue lejana la imprescindible sanción cívica para quienes desprecian el espíritu republicano.

Ello no ocurrirá mientras los ciudadanos sigamos creyendo que las decisiones legislativas son solo el equivalente al lúdico esquema que nos proponen los juegos de mesa o las competencias deportivas que nos apasionan a diario.

Gobernar no es un juego donde unos ganan y otros pierden. Se trata del medio que hemos elegido como sociedad, para asegurarnos el mejor estilo de vida posible.

Los dirigentes de hoy, los que ocupan una banca, los que vienen de la política y también los que emergieron desde otros sectores, enfrentan con bastante frecuencia esta macabra tentación de apelar a estos artilugios, aparentemente correctos, que se ocultan detrás de normas que lo posibilitan.

Muchos de ellos dudan, pero los más claudican, admitiendo la alternativa de sobrepasar ese umbral de inmoralidad que los iguala con los peores, con esos que recurren a los más sinuosos senderos de la democracia para imponer autoritariamente su parecer, abusando de los resquicios que deja un sistema vapuleado y siempre imperfecto.

Esta línea que se supera, es una mas de las que se traspasa inocentemente creyendo que no opacará la dignidad del dirigente. Constituye solo otro paso, de una larga serie, que naturaliza ciertas reglas para terminar desmoronando lo que queda de la reserva moral de los que pretenden cambiar la historia.

Seguimos viendo como se derrumban a diario muchos bienintencionados y honestos. Intentan encontrar justificación en los loables fines que persiguen y en los perversos enemigos que enfrentan. Pero parecen no darse cuenta que repiten los indecentes procedimientos que utilizan sus contrincantes. El escritor Jorge Luis Borges decía “ hay que tener cuidado al elegir a los enemigos, porque uno termina pareciéndose a ellos”.

El gran desafío es poder utilizar los apropiados medios que dignifican cualquier triunfo. Ya no se trata de acertar o equivocarse. Obtener una victoria utilizando las inmorales tácticas del adversario, es haber perdido la batalla, la mas importante de ellas. Esa aparente conquista es solo un ingrediente adicional de la progresiva destrucción moral de una dirigencia que pretendía cambiar la dinámica de su sociedad, repitiendo los históricos errores de la casta.

El quórum es una herramienta, pero su espíritu no es el que lo avasalla para interpretarlo. Habrá que aprender que nada bueno puede provenir de esta moderna forma de manipulación obscena.

Una historia de dos velocidades

domingo, 11 de abril de 2010

Por Enrique Szewach


Parafraseando a Dickens, el escritor dominante de mi niñez, estamos viviendo, en el mundo y aquí, una historia de dos velocidades.


Dos velocidades para la recuperación económica global, con los emergentes –China, India y Brasil– a la cabeza, creciendo rápido, y el mundo desarrollado, evolucionando lentamente. Y dentro de ese mundo desarrollado, Estados Unidos con mejor velocidad que Europa y Japón.

La economía argentina, por su parte, también evoluciona hoy en “dos velocidades”. En efecto, en la variación “verdadera” del Indice de Precios al Consumidor, se verifica la existencia de dos tasas de evolución de los precios. Una, correspondiente a los consumos de la canasta básica, fuertemente acelerada en el primer trimestre, bien por encima del treinta y pico anualizada. Y otra para el “resto del mundo”, cercana a los veinte.

El promedio entre las dos se ubica en algún número en torno al 25% anual, en donde, salvo algunos pocos precios, todos están subiendo a buen ritmo.

También hay dos velocidades en la expectativa de evolución de los ingresos personales. El sector sindicalizado aspira a “pelearle” mano a mano a la inflación; mientras, aquellos que pertenecen al sector informal, con una menor capacidad de negociación, al igual que jubilados y pensionados, saben que, claramente, pierden en la lucha por mantener sus ingresos en términos reales.

Hay dos velocidades, asimismo, en la recuperación de la economía después de la recesión del primer semestre de 2009. Una para el agro, la industria cercana a la demanda brasileña y, en general, a la demanda ligada al escenario internacional junto al muy buen desempeño de bienes durables, incentivados por inflación y crédito. Y otra para la demanda de bienes de consumo de no durables y ciertos servicios.

Finalmente, también hay dos velocidades para los problemas fiscales. Una para el sector público nacional, con recursos de “stock” y algo de endeudamiento y recaudando impuestos no coparticipables y el impuesto inflacionario. Y otra para las provincias, con presiones sobre el gasto (salarios) y necesitadas del financiamiento discrecional del Gobierno nacional y con poco margen para nuevo endeudamiento.

El futuro inmediato local, desde el punto de vista de la “estabilidad” de este escenario, depende de cómo se “conecten” estas dos velocidades internas con las externas.

En efecto, si los asalariados sindicalizados logran una baja modesta de su salario real, dada la actual política cambiaria, ello implica salarios industriales creciendo en dólares y presionando sobre la rentabilidad de las empresas y su competitividad. Si la velocidad emergente –en especial Brasil– sigue traccionando y el real mantiene su valor o se aprecia, los mayores costos unitarios internos los compensará el volumen externo, si no, las presiones se harán difíciles de manejar.

La caída del salario real de los no sindicalizados, si sigue tan fuerte como hasta ahora, empezará a golpear fuertemente a los sectores de consumo no durable y al “ala social” del gasto público, con los previsibles conflictos que ello implica.

¿Qué puede compensar este escenario? Precisamente, el “derrame” de los sectores ligados a la velocidad externa y la respuesta del gasto público. Pero el incremento de este gasto está hoy financiado, en gran parte, con el Banco Central, lo que le pone un límite a la velocidad de su efectividad si no se quiere entrar en un círculo vicioso de espiralización de la inflación.

Como puede apreciarse, entonces, en el corto plazo, la continuidad de esta recuperación económica en alta inflación depende de una serie de factores difícilmente controlables con la política económica actual.

A la larga, todos sabemos que este escenario es insostenible, pero esa no es la preocupación actual del oficialismo.

En el escenario político, para terminar, se observan, también, dos velocidades. Los “rápidos” del oficialismo, con chicanas baratas en el Congreso, extorsiones, influencia sobre el Poder Judicial y presión sobre los antiguos socios y aliados en los medios de comunicación y en el sector empresario. Y los “lentos” de la oposición, que caen en todas las trampas tácticas que les tienden.

Sin embargo, si la alternativa de la oposición es convertirse en tan rápida con el oficialismo, el cambio que la Argentina necesita, peligra. A mi modesto juicio, no es una mala imitación del kirchnerismo, nuestra solución.

El sistema político necesita un cambio ya impostergable

viernes, 9 de abril de 2010

Por Sergio Crivelli


El Congreso estará trabado hasta la próxima renovación, si oficialistas y opositores siguen enredados en un forcejeo inútil. La economía navega en piloto automático por falta de definiciones. Si no hay plan antiinflacionario con una inflación que apunta al 25% anual, la fuga de capitales continuará.


La actual sensación de laberinto sin salida no obedece, sin embargo, a las instituciones, a esta dirigencia o a la coyuntura económica, sino al sistema político, que necesita un cambio ya impostergable. Lo que fracasó no es el gobierno de los Kirchner -o no sólo el gobierno de los Kirchner- sino su proyecto de poder.

Intentaron fundar un régimen cesarista que funcionó algún tiempo, pero que ahora colapsa por falta de César. Prueba patética de esto fue la reunión de la presidenta Cristina Kirchner en Olivos con diputados y senadores todavía fieles, pero cada día menos fieles y menos numerosos.

Todos los peronistas -civiles o militares- han pretendido repetir la experiencia del fundador de su partido, que encabezó en los "40 una revolución conservadora, reemplazando a los conservadores civiles por conservadores militares. Convencido de que poseía un liderazgo único, Perón intentó colocarse por encima de las clases. Su ensayo bonapartista duró menos de dos períodos presidenciales. A partir de esa experiencia la mayoría de sus seguidores soñó con un poder similar, sin reparar en que el cesarismo muchas veces termina mal. Prefirieron recordar la plaza llena y olvidarse del 55.

Perón se mantuvo en el poder 9 años y su más exitoso sucesor, Carlos Menem, 10. Pero lo hizo con un estilo diferente. Toleró el disenso, respetó las libertades individuales y evitó que el Estado adquiriera una completa autonomía, ahogando a la sociedad. Ambas gestiones concluyeron, sin embargo, en fuertes crisis. El Estado hipertrofiado por Perón abortó el despegue del país en la posguerra y devastó a la economía durante décadas.

La convertibilidad menemista -un maquillaje para la inflación- terminó en la catástrofe económica más grave en muchas décadas.

Los Kirchner van por su séptimo año y se están quedando sin nafta. Las dificultades económicas de estos días no amenazan, de todas maneras, con derivar en otro desbarajuste descomunal (por lo menos no de modo obligatorio). Pero para evitar que las crisis se repitan no sólo deben ser reemplazados los Kirchner, sino también sus sucesores deben renunciar al absolutismo, porque ha sido esa la causa principal de los terremotos que acompañaron cada cambio de guardia en la Casa Rosada por más de medio siglo.

El bonapartismo pudo ser una herramienta política en la Francia del siglo XIX o en la Argentina de mediados del XX, pero hoy es una rémora. El liderazgo carismático es también otra pieza de museo como lo demostró Francisco De Narváez con un marketing bien diseñado hace menos de un año. No funciona ni en La Matanza.

Lo que hace falta es un liderazgo moderno y un cambio de cultura política acorde que empiece por la dirigencia y se extienda al resto de la sociedad. Y el primer paso hacia el cambio lo deben dar los dirigentes para que las crisis dejen de repetirse en forma crónica.

La política da estas extrañas vueltas en donde todo progreso es un regreso

sábado, 3 de abril de 2010

Por Tomas Abraham


Hay algo podrido en la Argentina, o algo perfumado, todo depende de la nariz con que se huela. El sentido del olfato está agudizado y parecemos sabuesos arrastrando el hocico desesperados por descubrir alguna pista. ¿Cuál es la presa?, o, mejor dicho, ¿quién es el candidato?

Casi de soslayo, como quien no quiere la cosa, la interpretación de lo ocurrido el 28 de junio del 2009, ha cambiado de signo. De positivo se ha convertido en neutro. El famoso no positivo es ahora un “ni fu ni fa”. Me explico.

En los sectores de la oposición hay un reconocimiento de la fuerza del kirchnerismo y de su protagonismo político a la vez que la confesión de sus propias contradicciones. Quiero decir que lejos ha quedado el triunfalismo del año pasado y el diagnóstico de victoria que festejaban los eventuales ganadores.

La realidad política se me presenta del modo siguiente. Las críticas al Gobierno se condensan en dos ejes principales: la inflación y el autoritarismo.

Respecto de éste último creo que la crítica no es del todo sincera. El deseo de jefatura es una manifestación libidinal de toda la clase política argentina – y no sólo política– casi sin excepciones. Cuando la hay, me refiero a la excepción, sólo es elogiada una vez que el personaje tolerante, plural, dialoguista, está muerto. Sirve para los homenajes. Pero en vida se lo quiere caudillo. No nos caracterizamos por la parsimonia uruguaya, la corrección chilena y la suavidad brasileña. Nuestro tono es el del mandón.

A pesar de los monumentos y de los días dedicados a la Memoria, hay muchos que olvidan o quieren olvidar la admiración que provocaba Menem aún en sus adversarios por el modo en que manejaba el poder. Ni siquiera le hacía falta gritar. Los diez años en que casi nunca dejó de ganar elecciones son una prueba al respecto.

La arbitrariedad, el autoritarismo y el llevarse a todo el mundo por delante, es un rasgo caracterial de todo argentino con un poco de poder, y una necesidad orgánica en un sistema de saboteo permanente de toda iniciativa que le reditúe ventajas a un adversario o enemigo. El poder debe ser y manifestarse como unipersonal.

Respecto de la inflación y del supuestamente desmesurado gasto público, el gobierno cree que lo puede controlar. Para eso cuenta con nuevas divisas de una exportación en aumento y especula con la posibilidad de lograr créditos blandos una vez insertados en el mundo financiero internacional. Cree así equilibrar al menos hasta las próximas elecciones el aumento del gasto que significa actualizar los subsidios al transporte, a la línea aérea nacional, al futbol y los montos que exigen los gastos sociales comprometidos como la asignación por hijo.

El Gobierno resistirá a los embates que quieren reducirle su manejo discrecional de la coparticipación, y tiene posibilidades de hacerlo ya que a peso de que le saquen del impuesto al cheque –si es que no lo suprime– es peso que se guardará y descontará de los préstamos que hace a las provincias para paliar su déficit.

Por supuesto que todo puede explotar e irse al mismísimo diablo. Siempre gana en la Argentina el pronosticador de desastres ajenos. Basta echar una mirada suscinta a nuestra historia reciente para distribuir con justicia los desastres en cualquiera de las perspectivas de política económica que se han adoptado a lo largo del último medio siglo.

La lucha entre desarrollistas y monetaristas, como antes entre liberales y nacionalistas, o entre peronistas y gorilas, siempre han terminado con una derrota para ambos. Claro que con algunos bolsillos llenos y muchos bolsillos rotos.

Decir que la inflación no es mala parece una broma en un país en el que hubo un desastre híperinflacionario en el ‘75, ‘80, el ‘89, el 2001, con un desbarajuste tal que empobreció a la mayoría del país, concentró en extremo la riqueza y nos regaló la dictadura del 76, las Malvinas del ‘82, la renuncia de Alfonsín bajo la sombra de Seineldín, y los cinco presidentes más el corralito de diciembre del 2001.

Pero aquellos que añoran los años de la estabilidad encuadrada por la moneda convertible, no deberían olvidar que de modo paralelo a los precios inamovibles de las mercaderías los créditos eran un formidable negocio para comercios y bancos ya que a inflación cero se cobraba un crédito en cuotas y un pasivo de tarjeta a una razón de 40% anual. La estabilidad se lograba sobre la base de una deuda desmesurada no sólo externa sino interna.

Una inflación que oscila entre el 20 y el 30% coloca al país al borde del abismo, pero el gobierno cree que con viento a favor puede aproximarla a algo menos del 20. Si lo logra, podrá solidificar sus bases de apoyo que no son pocas. Enumeremos: la CGT, sectores de la CTA, los gremios de la educación, la corporación cultural, las organizaciones de los derechos humanos, la Banca y el mundo de las finanzas, sectores de la UIA que agradecen el dólar alto, las organizaciones sociales, algunos gobernadores y no pocos intendentes.

La oposición sueña con el ballotage y ya acepta que puede perder en la primera vuelta. Pero especula con que el odio mayoritario al kirchnerismo será decisivo cuando se enfrenten el candidato oficial y el opositor seleccionado. De cumplirse este anhelo se podrá repetir algo parecido a las elecciones del 2003.

Si sucediera algo así, sería una confirmación de que la Argentina es redonda. Bastarían los anteojitos para apreciar su formato en 3D. Sólo en un país redondo la política da estas extrañas vueltas en donde todo progreso es un regreso.

Análisis a mano alzada

miércoles, 31 de marzo de 2010

El análisis político y económico de los doctores Vicente Massot y Agustín Monteverde


A veces conviene, para trazar un cuadro de situación, enumerar, siquiera sea a mano alzada, las certezas, distinguiéndolas, al propio tiempo, de las incertidumbres que presenta la política argentina. Claro que resultaría imposible, aun contando con más espacio que el habitual en este tipo de crónicas, hacer que la mencionada enumeración fuese exhaustiva a punto de detalle.


Pero ello nada quita a la posibilidad de pasar revistas a las principales constancias —a aquello que damos por sentado— y también a las incógnitas más significativas. Todo, por supuesto, con la mira puesta en el presente y en el 2011, a la vez.

Comencemos por lo que, a esta altura del partido, parece poco discutible, a saber:

1) el proyecto hegemónico kirchnerista hace rato que está muerto, y ello malgrado el derroche de optimismo y de propaganda con los cuales el gobierno pretende hacernos creer que, mas allá del próximo año, el santacruceño seguirá siendo un actor decisivo e inclusive que podría triunfar, sobre su eventual contendiente, en una segunda vuelta en las elecciones presidenciales.

Lo más parecido al plan kirchnerista actual es el menemista gestado a fines del año 1998. El resultado final, siendo el riojano infinitamente más popular que el patagónico, fue su deserción en el 2003 cuando tomó conciencia —la misma que, tarde o temprano, tomará Kirchner— que el 70 % de los argentinos con capacidad para votar lo recusaba.

2) El principal poder de los Kirchner radica en el manejo que tendrán asegurados del aparato estatal-gubernamental hasta la finalización del mandato. Su dominio no alcanza a compensar la quiebra definitiva de a hegemonía perdida entre mediados del 2008 y del 2009 —derrota de la 125 en el Senado y revés electoral en los comicios legislativos— pero les permite mantener la iniciativa y la caja.

3) El Congreso ya no es más la escribanía mayor de la Casa Rosada. El fenómeno de subordinación automática que caracterizó, sin excepción, al Parlamento respecto del presidente entre 2003 y mediados del 2008, es cosa del pasado.

4) Dicho lo cual es conveniente no caer en la tentación de creer que, desaparecida la mayoría oficialista, ahora ha sentado sus reales en el Legislativo una nueva mayoría opositora. No hay ni habrá tal relación de fuerzas, necesariamente adversa al oficialismo, mientras exista un arco opositor tan distinto en su composición y la caja —menguada y todo— siga en manos de Néstor Kirchner.

5) Por muchas que sean las verónicas que Boudou y sus mandantes ensayen respecto de la inflación, con negarla nada ganarán. Ha llegado para quedarse y si no se vertebra un plan serio de carácter antiinflacionario —algo, de momento, por completo ausente en la mentalidad gubernamental— la escalada de los precios puede convertirse en el principal factor de riesgo para la estabilidad de los Kirchner.

6) Nada indica que sea probable que, de aquí a las elecciones, aun si se substanciasen en octubre del 2011, como están programadas, la actual administración pueda mejorar en términos reales y no sólo nominales, un dato al que anteriormente hemos hecho referencia y habla por sí solo: el 70 % de los trabajadores en blanco de la Republica Argentina ganan menos de $ 2000.

7) Clarín no está muerto. Herido, sin duda; pero con un poder de fuego que el kirchnerismo no imaginó cuando celebró alborozado la votación de la ley de Medios. Esto significa que lo más seguro es que, antes de abandonar el poder, el matrimonio gobernante no pueda disfrutar de la ingeniería que inventó para reducir al citado matutino a su mínima expresión. Mientras tanto tiene más capacidad de daño Clarín que los Kirchner si los medimos en una contienda de uno contra el otro.

8) El Poder Judicial ha dejado de hacer las veces de un apéndice del Ejecutivo y si bien el gobierno todavía maneja a los jueces federales, no hay más que analizar los fallos que se han conocido en cuanto a la ley de medios, los DNU y el Banco Central para darse cuenta de que el frente de los jueces se agrieta a medida que pasan los días. La destitución de Faggionato Márquez es prueba suficiente de lo dicho.

9) El peronismo seguirá sin un jefe indiscutido y es probable que, aun si Carlos Reutemann se decidiese a competir por la presidencia, el escenario al que debe prestársele atención será similar al que se dio entre el 2001 y el 2003, sólo que esta vez no dirimirán supremacías Eduardo Duhalde y Carlos Menem, sino Néstor Kirchner, con el poder residual que le quede, contra un contendiente que todavía no es visible. En este orden, Carlos Reutemann y Francisco de Narváez emergen como los mejor posicionados.

10) En la puja, por momentos destemplada, que vienen manteniendo el kirchnerismo y eso que denominamos, por una razón de economía de términos, oposición —en realidad es un arco opositor, algo bien distinto, dicho sea de paso— el volumen que desplazan ambas fuerzas tiende a ser parejo. La consecuencia de ello es que no podrán sacarse ventajas significativas en su disputa.

Triunfos y derrotas tácticas habrá de uno y otro lado, pero ninguna tendrá carácter estratégico. Hasta aquí las certezas. En cuanto a las incertidumbres, parece que cuatro se destacan del resto sin que lo expresado suponga, ni mucho menos, agotar el repertorio.

1) Nadie sabe, ni siquiera de manera aproximada, qué decisión tomará finalmente el ex–gobernador de Santa Fe y ex–corredor de Fórmula I que resulta algo así como la esperanza blanca del peronismo disidente.

Así como Carlos Menem en sus tiempos de esplendor era un provocador, Elisa Carrió una Casandra criolla, Néstor Kirchner un belicista nato, así también cabría decir de Reutemann que es, después de Hipólito Yrigoyen, el único hombre publico críptico, por naturaleza, que ha dado la política argentina.

Siendo así, las definiciones que necesariamente habrán de producirse en el peronismo, se acompasarán con los tiempos del santafecino y condicionarán, en no poca medida, las estrategias no sólo de la Casa Rosada sino también del resto de los justicialistas con aspiraciones presidenciales.

2) Es una incógnita qué puede llegar a decidir y cuándo la Corte Suprema de Justicia de la Nación al momento de tener en sus manos el caso acerca de la constitucionalidad o no del planteo que, oportunamente, hará Francisco de Narváez. Su trascendencia radica, como no podría ser menos, en que hoy es el político mejor posicionado, fuera de Julio Cobos, si se mide su imagen e intención de voto. No hay otro, actualmente al menos, que en las encuestas figure a la par de Kirchner en la interna del PJ y segundo del radical mendocino en una hipotética segunda vuelta.

3) Es un misterio cuándo votaremos para elegir al sucesor de Cristina Fernández. Formalmente, claro, todo indica que la fecha será octubre del 2011, con internas partidarias abiertas y obligatorias dos meses antes. Sin embargo, cualquiera sabe que la válvula de escape, si se complicase de manera irreversible la situación del país, sería el adelantamiento de los comicios, tal como sucedió el pasado año.

4) Si misteriosa es la fecha de las elecciones, qué decir de la ley que las reglamenta. Representa, para los analistas, un verdadero acertijo, cuya importancia no cabe desestimar. La reforma que acaba de votarse, en caso de llevarse a la práctica, beneficiaría claramente a los principales partidos del país a expensas de las agrupaciones menores.

Además, las consecuencias que podrían tener las internas abiertas, son difíciles de establecer en la medida que tanto pueden resultar beneficiosas para el matrimonio gobernante como un salvavidas de plomo.

Precisamente en función de tamaña certezas y de las incertidumbres señaladas es que deben analizarse, entre otras cuestiones, el cruce de declaraciones respecto de la inflación entre Hugo Moyano y Amado Boudou; la reunión de la presidente en Olivos con los gobernadores afines; la predisposición de tres senadores kirchneristas a votar junto al arco opositor la coparticipación de la ley del Cheque; el plan B del santacruceño para los comicios presidenciales, consistente en nominar a Daniel Scioli como candidato del oficialismo; el nuevo cortocircuito que se anuncia con la Iglesia en razón de las leyes que planea votar el kirchnerismo sobre temas tan ríspidos como el aborto y el casamiento de homosexuales y la relación bilateral con el Uruguay cuando próximamente se conozca el fallo de la Corte de la Haya. Felices Pascuas.

Ejecutivos retirados en vez de dedicarse al golf, armaron un banco de talentos: Aportes

domingo, 21 de marzo de 2010

Por Silvia Naishtat


Acostumbrados durante décadas al auto con chofer, llegaron a la reunión unos en subte y otro caminando. David Stilerman (60) fue presidente de Accenture, Jorge Iglesias (63) se desempeñó en puestos gerenciales de Techint, Fredy Cameo (67) dirigió Siderar, Federico Elizalde (57) llevó las riendas en varias divisiones del Citibank, Miguel Kurlat (64) pasó por Acindar y Loma Negra y Jorge Mandelbaum es director de La Caja. ¿Qué tienen en común? Son ejecutivos que construyeron negocios exitosos y salvo Mandelbaum hoy están retirados.


Pero, en vez de dedicarse al golf, armaron un banco de talentos.

Lo bautizaron Aportes y pusieron su conocimiento de manejo de las corporaciones al servicio de las ONG y otras instituciones. No cobran un peso y bajo una asombrosa discreción ayudaron a superar dificultades a Caritas, la AMIA, Alpi, Fundación Huésped, Equidad, Defensores del Chaco y Manos Abiertas de San Miguel, que integran algunos de los 71 proyectos que pusieron en marcha.

"Esto es mucho más apasionante que el golf. Ilumina nuestras vidas", dice Cameo que asegura sentirse más que recompensado.

La idea nació en 2003 y hubo varios viajes para inspirarse en iniciativas similares de Inglaterra y EE.UU. En el camino, tuvieron su proceso de aprendizaje que pasó por implementar un lenguaje común con las ONG, donde sobra pasión y suele haber dispersión. "Nos dimos cuenta que podíamos agregar valor ayudando a resolver problemas a través de una manera de razonar", apuntó Stilerman. Elaboraron un método sobre la base de que ellos no sustituyen a nadie en la ONG y que los proyectos de cooperación sirven para sistematizar, impulsar la disciplina de trabajo, asignar roles, medir resultados. "Es una labor conjunta", añade Elizalde.

Se financian de su bolsillo, de los voluntarios y del giro de empresas amigas. A veces, su presencia en las ONG es motivo de controversias. Y encuentran resistencia.

Aunque coinciden, al fin, que gracias a Aportes pasaron de una vida profesional regida por relaciones jerárquicas, en las que se resolvía por autoridad; a dejar de mandar, a empezar a escuchar y a decidir por consenso.

Que el dolor no nos sea indiferente

lunes, 15 de marzo de 2010

Por Alfredo Leuco

Yo pisaré las calles nuevamente de lo que fue Santiago ensangrentada y en una hermosa plaza recuperada me pondré a llorar por los ausentes. Se puede parafrasear a Pablo Milanés para soñar con la reconstrucción de un Chile al que la naturaleza enloquecida le partió la columna vertebral. Podemos zambullirnos en ese océano de jóvenes argentinos solidarios que abrazaron a quienes sufrieron uno de los terremotos mas terribles de la historia. Y eso les pasó a nuestros vecinos, a nuestros hermanos.


León, Darín, los Calamaro, los Cadillac convocaron con sus voces y levantaron sus guitarras como banderas. Juan Carr fue la red solidaria que capturó la credibilidad. Habló de un país soñado donde los ciudadanos, los gobiernos y las empresas tiraron para el mismo lado. Y se juntaron toneladas de ayuda, millones de abrazos que prometen como dijo Darín que “no los vamos a abandonar”.

Eso pasó en Buenos Aires, en Figueroa Alcorta y Pampa. Pocos pueblos del mundo han pasado por semejante tragedia. La geografía humana estalló en mil pedazos. Hubo desgarros y alaridos. Pero en Villa Salvador Cruz Gana, en la comunidad de Ñuñoa pude ver a través de internet a los chilenos de pié.

Me emocionó una asamblea vecinal que con el aporte del estado se disponía a avanzar para dejar atrás el desastre del sismo. Cada uno hizo una propuesta. Hablaron de permitirse llorar y de no de insultar ni generar mas pánico sobre el horror. Había terapeutas, asistentes sociales, que sacaron como conclusión que tenían que dejar de lamentarse y ponerse manos a la obra. Volver a levantar cada casa, cada plaza, cada edificio público para que Chile nazca o renazca desde el pié.

Desde abajo para que los cimientos sean firmes y capaces de enfrentar cualquier tempestad. Se consolaron mutuamente, y de pronto propusieron cantar para darse ánimo, para curar las heridas. Hasta ahí ya era conmovedor ver la pelea del hombre por ayudar al hombre.

La lucha por dejar el individualismo egoísta de lado y ponerse al servicio del otro. De hacer el bien sin mirar a quien. Pero de pronto, la guitarra empezó su melodía conocida y el himno que cantaron fue “Soy pan, soy paz, soy más”, de nuestro amigo y oyente Piero. Fue tremendo. Ver a esas caritas todavía temerosas saltar por todas las diferencias desde el fondo de los mapuches y los huincas y cantar que hay que sacarlo todo afuera como la primavera. Para que adentro nazcan cosas nuevas. Para derrotar a la emergencia, para recuperar el equilibrio y para que los chicos puedan ir a la escuela, comer y dormir tranquilos.

Los pibes y los viejos plantaron un árbol como símbolo mientras los vecinos no aflojaban: “ Vamos, decime, contáme, todo lo que a vos te está pasando ahora./ Porque si no cuando está sola tu alma llora.”

No solo el trabajo dignifica al hombre. La música y la sensibilidad también. De la hecatombe de Chile surgieron los sueños compartidos. Piero en el corazón de los que cantaban que “nadie quiere que adentro algo se muera”.

Y de la marea de ilusión y energía de Buenos Aires voló un deseo gigante tripulado por León por arriba de la cordillera: Que el dolor no nos sea indiferente. Es lo único que le pidieron a Dios. Porque saben que es un monstruo grande que pisa fuerte.

La estrategia oficialista en el congreso saca una luz de ventaja

domingo, 14 de marzo de 2010

Por Hugo Grimaldi

Mientras la gente se mira el bolsillo, sufre por la inflación, teme por la inseguridad, pena por la falta de nafta y sigue fugando capitales, los políticos parece que sintonizan otra frecuencia. En la vidriera se muestran los dientes, pero en el fondo se mecen en un folclórico cachondeo digno de un Boca-River, donde buena parte de los protagonistas se comporta de acuerdo a cómo le haya ido en la feria.


Tal es el espíritu de riña deportiva que hoy impera alrededor de la actividad del Congreso que, cuando el oficialismo gana, inmediatamente se agranda en acciones y alocuciones, ya que reivindica el espíritu disciplinador que hace prevalecer siempre en la lucha del bien sobre el mal, pero cuando pierde, automáticamente sale a hacer pucheros con el remanido argumento de la desestabilización.

A la inversa, cuando se imponen los opositores, la que perdió es la soberbia kirchnerista, dicen, aunque cuando se mancan es porque los otros usaron la billetera. En realidad, no se conocen sociedades que logren salir indemnes de una lógica dirigencial tan enfermiza.

Salvo la fiereza de Elisa Carrió, la personalidad desbordante de Luis Juez o los discursos altisonantes de Néstor Kirchner, ¿dónde quedó aquella crispación que pretendieron apagar como bomberos Julio Cobos y José Pampuro, la semana pasada, para ayudar a acercar posiciones desde la racionalidad y el consenso?

En este aspecto, y pese a que ambos fueron soplados de la precaria mesa de negociaciones por el propio Gobierno, ya que a Pampuro se lo descalificó directamente, mientras que Cobos, al quedarse sin interlocutor, quedó anulado, para algo sirvió aquella experiencia de 48 horas. Ese atisbo de sentido común le ganó, al menos, a cierta anarquía de procedimientos y sirvió para enfriar las escaramuzas de la semana previa.

Sin embargo, los acercamientos que buscaban las dos máximas autoridades del Senado han encallado por estas horas y se han transformado en un toma y daca poco y nada conducente, ya que no se nota entre oficialistas y opositores ni un solo atisbo de acercamiento lúcido hacia acuerdos mínimos. Ahora, el péndulo parece haber virado hacia un juego de individualidades opositoras, con más espectadores que protagonistas, donde hay muchos que están esperando que los melones se acomoden al andar, mientras está claro que el kirchnerismo los ha primereado y rearmado la tropa con más coherencia y velocidad y que ya ha empezado a sumar aliados para engrosar sus números.

La situación favorece desde luego al oficialismo ya que ha mostrado, primero que nada y con toda crudeza, la atomización opositora y aunque las comisiones del Senado lograron conformarse con mayorías de este signo, la ventaja kirchnerista pasa porque muestra un discurso ultra-alineado, algo que contrasta notablemente, del otro lado, con la ausencia de una línea coherente de pensamiento y, mucho menos, de una voz común. La experiencia del senador de la UCR Gerardo Morales al frente visible de la tropa ha resultado muy desgastante para el polo opositor y aun para él mismo y su partido, tras las derrotas que sufrió la oposición en el Senado.

Ya había habido un primer triunfo kirchnerista hace tres semanas, cuando sus senadores se levantaron y dejaron sin sesión a la Cámara Alta, porque los opositores no pudieron reunir el número mágico de las 37 bancas necesarias para votar la conformación de las comisiones. La ausencia del riojano Carlos Menem le posibilitó siete días de respiro al oficialismo, que en la siguiente sesión perdió la votación.

En tanto, el primer triunfo de la ofensiva K de la semana pasada sucedió en Diputados cuando no se consiguió el quórum especial (dos tercios) que permitiera tratar directamente en el recinto, sin pasar por la Comisión respectiva, el DNU 298/10 que autoriza pasarle parte de las Reservas del Banco Central al Tesoro Nacional.

Con posterioridad, un proyecto de ley del senador pampeano Carlos Verna le dio al Ejecutivo la posibilidad de marcar, sin que se perciba su retroceso, ya que de inmediato la Presidenta lo aceptó y metió en un brete a los opositores sobre el contenido, ya que es un calco del DNU de la discordia.

Al mandoble de la Cámara Baja le siguió el jueves pasado la falta de número en Senadores, lo que impidió el tratamiento del pliego de Mercedes Marcó del Pont como presidenta del BCRA hasta setiembre, debido a la deserción de dos legisladoras que se contaban como opositoras, la santafesina Roxana Latorre y la rionegrina María José Bongiorno, a quienes se podría sumar, con su probable abstención, el senador Menem. Los números ahora están para ratificar a la funcionaria al frente de la autoridad monetaria.

En tanto, en la misma sesión, no pudo tratarse el proyecto de coparticipación del Impuesto al Cheque, una pieza de fuerza opositora para obligar al oficialismo a negociar, ya que hay 10 mil millones de pesos en juego en los que quedaría desfinanciada la Nación y nadie dice cómo se le van a reponer. Otro tanto sucede con la rediscusión del Presupuesto, algo que el ministro del Interior, Florencio Randazzo, ya ha descalificado porque significa “ajuste” y porque la política del Gobierno es jugar al límite con la expansión del gasto, aunque la mala praxis ideológica pueda llevarlo a situaciones indeseables en materia inflacionaria.

Bajo la lógica del conteo futbolero que prevalece hoy en el Congreso, la cosa está 3 a 1 a favor del Gobierno, con la probabilidad de un cuarto tanto esta semana por el caso Marcó del Pont y con un descuento para los opositores, si consiguen rechazar el DNU de las Reservas en Diputados, este miércoles. Los legisladores más experimentados señalan que los cambios en el marcador se van a dar sesión a sesión de aquí a 2011 y que, por lo tanto, el resultado final está abierto. Lo cierto es que con cada gol a favor o en contra, los discursos de ambos lados se llenaron de justificaciones o denuncias.

Este mismo principio que se usa para descalificar o alabar cada paso del Congreso ha sido el caballito de batalla que también ha usado el Gobierno a menudo cuando los jueces fallan para un lado o para el otro, con menciones peyorativas hacia la “familia judicial”, tal como hizo el diputado kirchnerista de Santa Fe Alejandro Rossi.

En un raid de caza de brujas que mereció calificativos extremos de la oposición, en relación a la lógica fascista de la idea, Rossi ha dicho, pedido disculpas y vuelto a reiterar en la semana que pasó que la evaluación de los futuros jueces debería contener una investigación exhaustiva sobre su vida privada, por las dudas si provinieran de familias del “sector más conservador”, en una lógica muy parecida a la que emplean las Fuerzas Armadas cuando aprueban o rechazan el pedigrí moral, ideológico o aun religioso de las futuras esposas de los oficiales.

La semana anterior, un par de días antes que Cristina Fernández se despachara contra la jueza Claudia Rodríguez Vidal y su “pareja”, tras un “me cuentan” más de peluquería que de Jefa del Estado, la misma Presidenta casi le había jurado al Congreso que, aunque no siempre le tocó ganar cuando fue legisladora, “nunca que perdí una votación fui a ver a un juez o a demandar a la Justicia, para que la Justicia me diera los votos que yo no pude conseguir en este recinto”.

Pues bien, como la necesidad parece que siempre tiene cara de hereje, el kirchnerismo del Senado acaba de recurrir precisamente a los jueces para buscar remedio a la integración, a su juicio desbalanceada, de la Comisión Bicameral que debe estudiar los DNU, ya que hoy es diferente a aquélla que se había pactado antes del 10 de diciembre.

Pero lo doblemente patético de la situación es que la causa recayó en el juez Ernesto Marinelli, el marido de la jueza Rodríguez Vidal, quien deberá expedirse pronto, ya que este lunes debería comenzar a estudiarse el mismo Decreto 298 que amparó su pareja, texto que hasta el viernes bien tarde aún no había entrado al Congreso, debido a que el Ejecutivo se tomó los 10 días de rigor para remitirlo.

Entre los Óscares de la semana, el femenino le ha correspondido, sin lugar a dudas a Marcó del Pont, quien además de haber casi superado la instancia de la aprobación de su pliego, se ha probado el traje de ministra de Economía. Sus declaraciones en el ministerio de Trabajo, el último viernes, han demostrado al menos una cierta idea de lo que es una política económica con objetivos, aun con el controvertido uso de las Reservas como bandera, algo que el ministro Amado Boudou deberá defender ante los diputados y los senadores el martes y miércoles.

El masculino lo ha merecido Néstor Kirchner, por su enjundia permanente que le permite reciclarse y soñar con una vuelta decorosa y por haberse hecho organizar un acto pejotista en Resistencia y otro de número, en Ferro, con militantes no sindicales, de organizaciones barriales, lo que en otros tiempos se hubiesen definido como de “la tendencia”. Convencer a los convencidos no es lo mismo que volver a enamorar a los defraudados y ésa es la materia que debería aprobar el ex presidente si aspira realmente a reciclarse.

Claro está que si Kirchner quiere llegar a repetir deberá atravesar primero la interna del PJ, con Eduardo Duhalde lanzado y probablemente Carlos Reutemann y Francisco de Narváez, también. El razonamiento de todos estos candidatos es que por más que el aparato lo maneje el ahora diputado, como las internas son abiertas el no kirchnerismo se volcará a votar en masa para dejarlo afuera de cualquier candidatura, mientras que los justicialistas lo dejarían afuera ya que, con su probable arrastre, no pasaría un ballotage, como le sucedió a Menem. De allí que Kirchner haya hablado ahora de “compañero o compañera” y no de “pingüino o pingüina”.

Además, la aparición tan temprana de estos peronistas y también de radicales como Julio Cobos, Ricardo Alfonsín y Ernesto Sánz en puestos expectantes del alineamiento interno ya como presidenciables, les hacen pensar a más de uno que las elecciones generales de 2011 podrían ser finalmente adelantadas.

Mientras tanto, la opinión pública ha comenzado a saturarse de todo este desgastante juego que ya lleva tres meses y cada día, inflación mediante, le presta más atención al bolsillo que a los chisporroteos entre oficialistas y opositores, lo que tampoco es bueno porque esa desatención lleva al desinterés, que luego se traduce en falta de control social.

No sea cosa que con los senadores buscando llenar la banca número 37, con los diputados más rosqueando que consensuando y con la Presidenta y su esposo atizando el fuego, la situación se desmadre y otra vez se escuche nuevamente el ominoso “que se vayan todos”, con el que la sociedad trata de esconder cada tanto su propia responsabilidad en la situación y a todos los políticos se les venga otra vez la noche. Sería más que interesante que, mientras tanto, tomen nota que, en el pano de la ruleta, el número 37 es el cero.

Si no se tienen en claro los valores tampoco se tendrán en claro las acciones

sábado, 13 de febrero de 2010

Por José Benegas *

Todo el episodio del Banco Central nos muestra el renacimiento incipiente de los controles republicanos en medio de la situación de mayor debilidad del kirchnerismo.


La Justicia avanzó al decir con toda claridad que sobre la voluntad política se encuentra la ley, algo que en medio de la gran confusión general es visto como un problema al que se le ha dado el nombre de judicialización de la política (liso y llano control constitucional).

El mayor problema de nuestro sistema político es que con un gobierno que avanza sobre la ley, quienes están llamados a controlarlo duden. Se preguntan mil veces si están haciendo lo correcto, en algunas oportunidades piden perdón y retroceden. Se dejan atrapar por planteos de valores falsos como el problema de la “gobernabilidad” o la “investidura presidencial”.

La mayor gobernabilidad se da en un sistema totalitario; la legalidad, por lo tanto, siempre es un problema para la gobernabilidad y es bueno que así sea. La investidura como concepto confunde, porque lleva a pensar que el poder es inherente a una persona investida y no a una institución.

El sistema republicano es un sistema de equilibrios. A una avanzada desequilibrante le debe responder una acción equilibrante. Si las formalidades no alcanzan, en tanto están pensadas para circunstancias legales y no ilegales, la acción debe pasar por encima de ellas, para restablecer la legalidad.

La república no es un sistema de suicidio en función del mantenimiento de un credo. El objetivo es acotar al poder. Nada hay por encima de esta cuestión porque es para eso que el poder es dividido. Las reglas deben cumplirlas todos, pero cuando alguien tira la pelota fuera de la cancha, hay que buscarla fuera de la cancha. Por eso es que frente a un gobierno inescrupuloso, priorizar el cumplimiento de tradiciones como fue el caso de las designaciones de autoridades de la Cámara de diputados o dudar sobre la posibilidad de la autoconvocatoria, son formas de contribuir al desequilibrio y poner en juego el sistema.

Si no se tienen en claro los valores tampoco se tendrán en claro las acciones. La república es un sistema de gente con sangre caliente defendiendo la libertad, no de patos pensando en su próximo cargo. Tampoco está en la cima de los problemas el propio financiamiento del Estado. Las excusas de gobernadores y legisladores que siguen instrucciones de ellos para acceder a cualquier artilugio para recibir fondos del Estado nacional son inaceptables, debieran ser tratadas como un delito de lesa república.

El valor para la república no es la voluntad del poder, sino la legalidad constitucional. Palos en la rueda es lo que necesita este país para liberarse de la irresponsabilidad de todo tipo de tiranos. Hay que afectar a la gobernabilidad de una buena vez y recuperar un sistema sin salvadores.

Más allá de cómo terminó el episodio Redrado en sí, inclusive de cuánto puedan tentar con un pedazo de la torta a gobernadores y opositores para avanzar sobre las reservas del Banco Central, hemos visto fluir a la república en tiempos de ingobernabilidad porque contrariamente al paradigma que venimos arrastrando históricamente, según el cual necesitamos un Poder Ejecutivo fuerte, nuestro mayor desafío es tener una Constitución invencible.

Eso requiere más acción que contemplación. Hemos probado mucho con gobiernos fuertes, civiles y militares, durante todo nuestro período de fracaso como país. Alguien pensará en el caso de Fernando de la Rúa como el ejemplo del gobierno débil, pero más que por la debilidad se caracterizó por la ineptitud y una ineptitud onmímoda es siempre peor que una ineptitud acotada.

Muchos se asustan cuando un presidente se encuentra con un obstáculo, porque sólo conocen, como en las cavernas, una versión de la seguridad que es la política. La que el país necesita es la seguridad jurídica que es la que está a disposición de cualquiera todos los días cuando rigen reglas y no voluntades.

El gobierno debe ser débil en comparación con la ley; si se quiere, con una debilidad a la altura de nuestros patos, dado que es todo lo que tenemos.

*Periodista, abogado, máster en Economía y Ciencias Políticas