Mostrando entradas con la etiqueta Botnia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Botnia. Mostrar todas las entradas

Los Kirchner exigieron que Mujica cumpla con el pedido público de perdón

miércoles, 28 de abril de 2010

Por Eduardo van der Kooy

La proclama de la multitudinaria marcha de protesta en Gualeguaychú, el domingo pasado, fue tajante. José Mujica, el presidente de Uruguay, debe hacerse cargo de la presencia de la pastera Botnia en Fray Bentos, bendecida por el fallo de la Corte Internacional de La Haya. Además, el veterano dirigente, debería hacer un pedido público de perdón.


La estrategia de la política exterior del Gobierno de Cristina Fernández, frente a la nueva etapa del conflicto, pareció amoldarse a aquel mandamiento. La Cancillería hizo trascender, con insistencia, la necesidad política de los Kirchner de que Mujica cumpla con aquel cometido.

No pareció ése, de parte del Gobierno, el gesto más adecuado en las vísperas de la primera cumbre entre Cristina y Mujica, que se realizará hoy aquí, luego del fallo de La Haya. Fue inocultable el malestar uruguayo frente a esa imposición, aunque el veterano presidente haya evitado ayer, con prudencia, pronunciarse sobre el tema.

El fallo de la Corte de La Haya significó un resarcimiento político para la Argentina. Una suerte de "satisfacción moral" al Estado, como lo definió el embajador Julio Barboza, que asesoró a la comisión de especialistas de nuestro país. Aquel resarcimiento quedó reflejado en la claridad con que el Tribunal señaló la violación de Uruguay del Estatuto del Río Uruguay, acerca del obligado mecanismo de información y consulta previa.

Uruguay siempre supo de tal violación, que se originó durante la presidencia de Jorge Batlle, mientras la Argentina estaba sumida todavía en las consencuencias de la gran crisis del 2001. El error de Tabaré Vázquez, su sucesor, fue haber manejado mal aquella herencia política que derivó en un enfrentamiento casi personal con Néstor Kirchner. Tabaré permitió la ejecución del proyecto y la puesta en marcha final de Botnia.

¿Qué estaría empujando ahora a los Kirchner a demandarle nuevos gestos a Mujica? Razones de política doméstica, por encima de las razones de la relación bilateral. El presidente de Uruguay, desde que asumió, colocó al conflicto por Botnia entre las prioridades a resolver. No hizo ningún pedido a los Kirchner y sólo apuntó un par de cosas: que "habrá mucho que hablar" luego del fallo; que no diría nada hasta escuchar, en la cita de hoy, a Cristina.

Mujica tiene también su frente interno. Pero su poder es flamante y su vínculo con la opinión pública , que lo alzó hasta el poder, permanece intacto. El sistema político uruguayo, además, no mostró fisuras importantes durante el desarrollo del pleito.

La contracara de esa realidad es la Argentina. Kirchner prefirió no profundizar la búsqueda de una posible solución en el momento de mayor fortaleza de su ciclo. Cristina no tiene ahora, ni por asomo, el consenso que por entonces tenía su marido. Después de la derrota en las elecciones del 28 de junio pasado su poder empezó a ser comprometido por la oposición.

No hay concordancia sobre Botnia entre oficialismo y oposición, sencillamente porque cuando estalló el conflicto los Kirchner prefirieron manejarlo como un asunto político de Gobierno y no de Estado. Quedaron atrapados por la intransigencia que, de a poco, impusieron los asambleístas de Gualeguaychú. Cuatro años después continúan en esa encerrona.
La proclama de los asambleístas del domingo pasado también golpeó fuerte a los Kirchner. No sólo porque desconoció el fallo de La Haya. Cristina cobró, quizás, tanto o más que Mujica. Le reclamaron que defienda la soberanía con "acciones concretas" y que "no sea servil" a los intereses de Botnia. Frases fuertes y demasiado hirientes para el orgullo tradicional de la Presidenta.

¿Cuáles podrían ser las acciones para defender la soberanía? El Gobierno no las tiene y no podría instrumentarlas sin un acuerdo previo con Mujica. No se trata del único vacío kirchnerista: tampoco hay idea sobre cómo desatar el gigantesco nudo atado todo este tiempo por los asambleístas de Gualeguaychú, que constituye el principal escollo para intentar comenzar a saldar las diferencias de fondo. El canciller de Uruguay, Luis Almagro, dijo que el fin del bloqueo fronterizo debe ser llave de una solución .

Entre la política de hechos consumados de Uruguay y la impotencia de la Argentina sigue sobresaliendo -como siempre- la ausencia de Botnia, indiferente al problema que aqueja a los vecinos.

Los Kirchner no pueden afrontar el diferendo prescindiendo de la política local. Están los piquetes. Pero está, además, en juego un proyecto político de continuidad en el 2011 que encuentra a Guayleguaychú y a toda Entre Ríos como un foco perturbador. Esa provincia concentró también la mayor resistencia durante el conflicto con el campo.

La cumbre de Cristina y Mujica de hoy servirá de antesala a una jugada de Kirchner, en su afán por volver. El sábado el ex presidente desembarcará en Paraná con gobernadores del PJ y con Hugo Moyano, para conmemorar el 1° de Mayo. Hay vuelos previstos y más de un centenar de ómnibus contratados para llevar gente.

Así se comprendería mejor, también, bajo el entender de los Kirchner, la exigencia del perdón que se le pide a Mujica ahora.

Una derrota del Gobierno que, sin embargo, abre otra oportunidad

jueves, 22 de abril de 2010

Por Eduardo van der Kooy


El Gobierno de Cristina y Néstor Kirchner ha sumado un problema donde ya existía otro. Esa suma no fue, por cierto, voluntaria sino consecuencia de una política errática y muchas veces incomprensible en la relación con Uruguay y el conflicto por la pastera Botnia, emplazada en Fray Bentos.


Sucedió ayer que el fallo de la Corte Internacional de La Haya avaló la continuidad de Botnia, al asegurar que la Argentina no pudo nunca -hasta ahora- probar la contaminación de las aguas del Río Uruguay, que impulsó su denuncia y su concurrencia al Tribunal. La instalación de Botnia -y de la española ENCE, que luego desistió del proyecto- constituyeron el origen del pleito.

El recurso de los Kirchner a la Corte de La Haya reconoció otro motor. La tenaz protesta de los asambleístas de Gualeguaychú que el Gobierno no sólo no se preocupó por aplacar. La acicateó también por razones de política doméstica, en momentos en que el ex presidente Kirchner estaba familiarizado con la popularidad.

Kirchner buscó el atajo de la Corte de La Haya para no arriesgar su tiempo de gracia política y rastrear, en ese largo interregno, alguna solución con los asambleístas que bloquearon el paso fronterizo hacia Uruguay. Todas las negociaciones, en ese sentido, fracasaron.

Lo cierto es que, desde ayer, Cristina deberá aceptar a Botnia no sólo como un hecho consumado -con algunas malas artes- por Uruguay. Deberá cargar sobre sus espaldas también aquel bloqueo fronterizo, cuya finalización los uruguayos colocan como una prioridad para empezar a normalizar el vínculo bilateral. Así lo expresó el canciller, Luis Almagro.

El horizonte no asoma para nada despejado. Los asambleístas, que pidieron la intervención de la Corte de La Haya, se sintieron decepcionados con el fallo. Esa decepción los alentó a radicalizar su protesta, cuya primera expresión sería una marcha sobre el puente internacional, el domingo venidero. Pareciera haber, con evidencia, una enorme labilidad de esos ciudadanos respecto del derecho y de los veredictos. Se acatan sólo si resultan favorables.

El Gobierno de los Kirchner no ha sido tampoco, en ese aspecto, un buen ejemplo. Plantearon con razón -que la Corte ratificó en su fallo- la violación de Uruguay (los ex mandatarios Jorge Batlle y Tabaré Vázquez) del principio de la información y consulta previa del Estatuto del Río Uruguay, que ambas naciones firmaron en 1975. Y machacaron, también, con motivo, sobre la necesidad del respeto a las normas que deben regir la relación bilateral. Sin embargo, esa preocupación por las normas y el derecho internacional no tuvo correlato cuando toleraron los piquetes que impiden todavía y desde el 2006 la libre circulación en la frontera.

El reconocimiento de la Corte a aquella demanda no representa un gesto menor. Apunta al futuro porque el pasado tiene sentencia. Uruguay lleva adelante hace más de 25 años un plan de forestación que enfila a la instalación de nuevas pasteras. Lo dijo el flamante presidente, José Mujica, antes y después de asumir.

Quizás la presencia de Mujica en el Palacio Libertad, constituya el elemento novedoso y promisorio en la escena del conflicto bilateral que tiene consolidados -tras el fallo de la Corte- a Botnia y a los asambleístas. Mujica es la antítesis de Tabaré: franco, sencillo, abierto, sin el complejo político que arrastró el ex presidente frentista de haber sido el primero en la historia uruguaya en quebrar un sistema partidario dominado sólo por los Colorados y los Blancos.

De hecho, Mujica prestó atención preferencial a la Argentina y a Cristina. Se entrevistó con ella dos veces y está en gestión otra cumbre para analizar los pasos a seguir luego del fallo. Tampoco el mandatario uruguayo generó expectativas falsas, como sí lo hizo en su momento Tabaré: nunca cuestionó el valor que la industria de las pasteras tiene para la pequeña economía de Uruguay. Tabaré hizo su voltereta: estuvo en contra mientras fue el líder de la oposición y a favor desde el instante en que los votos lo convirtieron en presidente.

La primera reacción después del fallo de la Corte de La Haya, al menos de los Gobiernos, indicaría que se estaría abriendo una nueva oportunidad para buscarle una salida al pleito. En Uruguay hubo admisión generalizada de que algo no se hizo bien. Cristina, como es su hábito, prefirió referirse sólo a la mitad llena del vaso: habló de la condena de la Corte a la violación del Estatuto del Río Uruguay. Prefirió omitir la convalidación de Botnia y a los asambleístas. La omisión obra, muchas veces, como señal de cautela.

La liberación del paso fronterizo es la llave que, más temprano o más tarde, habría que girar para destrabar el conflicto. Le toca a la Presidenta enmendar un grueso error de su marido en una época política poco propicia.

Hay duras confrontaciones internas en la Argentina, su popularidad es bajísima y se avecina un año electoral. Pero no tendría otro remedio, si es que no desea seguir hipotecando la relación con el vecino.

Los Kirchner, Botnia, la Justicia y el Congreso

domingo, 21 de marzo de 2010

Por Eduardo van der Kooy

La impotencia política y la decrepitud institucional parecieran cubrir a la Argentina como un tapiz gigantesco. Ese tapiz, sin embargo, no alcanza a ocultarlo todo. Sobre la crisis que se han esmerado en incubar Néstor y Cristina Kirchner, en especial, y también la oposición iría asomando otra vieja crisis irresuelta condenada por tiempo al olvido: el conflicto por la pastera de Botnia en Fray Bentos y la relación con Uruguay.


Sucede que después de Semana Santa, días más o días menos, la Corte Internacional de La Haya anunciará el fallo sobre aquel litigio que ni la política ni la diplomacia de las dos orillas lograron resolver. La Argentina y Uruguay, entonces, dejaron en el 2006 el arbitraje en manos de los 15 jueces de aquel Tribunal.

La Cancillería argentina guarda silencio sobre el contenido del fallo -cuyo corazón dice desconocer- aunque acepta su inminencia. Fuentes diplomáticas extranjeras de primer nivel apuntan que, luego de las denuncias y los descargos de los Gobiernos de ambos países, la Corte tendría esbozada la dirección de la sentencia.

El fallo de la Corte Internacional haría hincapié en tres aspectos medulares. Reconocería el reclamo de la Argentina acerca de que Uruguay violó el mecanismo de información y consulta previa que establece el Tratado del Río Uruguay. Haría una recomendación especial al gobierno uruguayo para que, en el futuro, respete las normas vigentes.

Con la presentación de una decena de informes técnicos, el mismo fallo demostraría la inexistencia de mayores factores de contaminación de las aguas del río Uruguay desde que Botnia empezó a funcionar. Uno de los más meneados argumentos argentinos podría, de ese modo, derrumbarse.

La presencia de la pastera frente al principal balneario de Gualeguaychú desató legítimos disgustos pero azuzó también, a veces, fantasmas que no son. Durante el verano se difundió una dermatitis en un centenar de personas que asistieron un fin de semana a esas playas del río Uruguay. Las sospechas apuntaron de inmediato sobre Botnia. Los estudios posteriores demostraron que la irritación en la piel fue causada por partículas de excrementos humanos que circulaban en el agua.

El último aspecto sustancial del fallo de la Corte de La Haya sería una propuesta a la Argentina y Uruguay para un monitoreo constante -con fiscalización internacional- de la calidad de las aguas del río Uruguay.

Podrán estar faltando, con certeza, otros aspectos del fallo. Pero aún así podría anticiparse una conclusión: no habría objeción legal ni técnica a la permenencia de Botnia en Fray Bentos. La violación uruguaya del Tratado bilateral podría subsanarse con algún resarcimiento económico o, tal vez, un acuerdo político. El núcleo del problema volvería a ser aquel que prologó la decisión de los dos países de acudir a La Haya: ¿cómo normalizar la relación bilateral?, ¿cómo liberar un paso fronterizo bloqueado por asambleístas de Gualeguaychú desde el 2006?, ¿cómo aceptar que en el futuro de la Argentina y Uruguay, guste o no, estará la empresa finlandesa?

Con aquel fallo en ciernes, la Corte de La Haya habrá cumplido su papel. La búsqueda a la salida definitiva del conflicto quedaría circunscripta en ambos países al campo de la política. Ni la Argentina ni Uruguay están ahora como estaban cuando estalló el pleito.

Los Kirchner transitan su ocaso político, lejos de la popularidad que, en algún momento, también los indujo a manipular hacia adentro el conflicto. En Uruguay acaba de empezar a gobernar José Mujica. Un veterano ex guerrillero y político que se ocupó pronto de intentar recrear las expectativas en el vínculo con la Argentina. Partió Tabaré Vázquez rodeado de simpatía social, aunque habiendo dejado pendiente el problema con Botnia que tampoco supo manejar con pericia.

El mayor escollo para la solución al pleito radica en Gualeguaychú. El bloqueo sigue siendo observado como una provocación por los uruguayos. Mujica no podrá obviar, sin pagar costos, ese estado de ánimo existente. Quizás por esa razón y la cercanía del fallo de La Haya prefirió posponer un nuevo encuentro con los asambleístas. En la primera reunión había escuchado una sugerencia de ellos: la chance de que Botnia desdoble su planta y que la producción de la pasta de celulosa pueda realizarse aguas abajo de Fray Bentos.

Un enigma consiste en saber cuánto los Kirchner querrán y podrán hacer para darle respuesta satisfactoria al mandatario uruguayo que se han cansado de halagar.

Gualeguaychú fue complaciente cuando los Kirchner plantaron la bandera de la intransigencia en el conflicto. Pero desde aquel tiempo hasta hoy ocurrieron muchas cosas. Esa ciudad se convirtió en foco en Entre Ríos de la protesta del campo. Fue la época del auge de Alfredo De Angeli. El dirigente había estado también con los asambleístas. La estrella de De Angeli está sin brillo, al punto de haber roto el lazo comercial con su hermano mellizo. El asambleísmo quedó limitado a grupos pequeños pero ultras.

Gualeguaychú también mutó. La pastera es un incordio para su población. El bloqueo del puente internacional no le iría ahora en zaga. La gran mutación colectiva tendría signo político: Gualeguaychú es de todas las ciudades grandes entrerrianas, quizá, donde los Kirchner cosechan mayor nivel de impopularidad.

La impopularidad no suele ser un freno para el matrimonio. Está a la vista cómo actuaron después de la derrota electoral del 2009. Pero no se trataría, en este caso, de maltratar a la oposición política o de presionar a la Justicia para sacar algún rédito político. Doblegar la resistencia de un grupo de Gualeguaychú, poseído por una lucha de supuesta vida o muerte, podría tener consecuencias traumáticas. Está también la necesidad de un arreglo con Uruguay, difícil de esquivar una vez que alumbre el fallo de La Haya.

Cristina asumió con la promesa de reinsertar al país en el mundo. Ese mundo se ha alejado. Tal vez, la solución con Uruguay podría resarcirla en algo.

Nadie sabe si los Kirchner tienen siquiera un minuto de cada día para prestarle atención al problema. Los absorbe la pelea con la oposición. Su desvelo para que esa oposición no pueda desempeñarse en un territorio que, numéricamente, parece fértil: el Congreso.

Ese Congreso ha quedado paralizado por un sinfín de mañas políticas y judiciales. Desde que comenzaron las sesiones ordinarias Diputados pudo sesionar sólo una vez. Al Senado le sucedió lo mismo. El retaceo del quórum es una herramienta a la que apelan el kirchnerismo y la oposición.

Esa oposición, a medida que actúa en el Congreso, se transforma en un tinglado indescifrable. La convivencia de Elisa Carrió con los radicales -excepto con Gerardo Morales- es casi imposible.

La unidad de acción del peronismo federal también, más allá de los malabares de Felipe Solá. El diputado bonaerense acepta que algunas decisiones surgieron del arrebato. ¿Cuáles? Haber impuesto una distribución de poder en el Senado al mismo tiempo que se quiso tumbar a Mercedes Marcó del Pont del Banco Central. La economista, antes o después, será ratificada en su cargo. La oposición tiene en el Senado una mayoría que muchas veces es virtual y no le garantiza aquel poder que obtuvo.

Los Kirchner poseen además incalculables recursos para desguasar, de a piezas, al conglomerado opositor. Es todavía difícil saber qué sucedió la semana pasada en Diputados cuando, en plena madrugada, algunos legisladores desaparecieron. Tampoco terminan de explicarse las ausencias de Carlos Menem en el Senado, que neutralizan la supremacía de la oposición en instancias clave. El miércoles se disponían a darle sanción -incluso con apoyo de cuatro kirchneristas- a la ley del cheque, que privaría al Gobierno de $ 8 mil millones de su caja.

En cambio, otros saltos de vereda empezarían a entenderse. Desde que rompió con Carlos Reutemann, la senadora Roxana Latorre ha dialogado con los Kirchner. Latorre es una enamorada de su ciudad natal, Rosario, pero desde aquel episodio con el ex gobernador decidió mudarse. La afectó el escrache que delante de su departamento hizo el piquetero Raúl Castells. La mujer estaría ahora radicada en Buenos Aires, en una propiedad que habría comprado con la ayuda de un empresario cerealero y un crédito obtenido en un banco estatal.

El kirchnerismo es menos sofisticado cuando invade la Justicia. El juez Enrique Lavié Pico fue amenazado con un juicio político si no impedía que la oposición derogara el DNU de las reservas. Lo hizo. La jueza María José Sarmiento está siendo hostigada desde que se pronunció en contra del uso de los fondos del Central. El viernes ordenaron detener a su padre, ex militar, en una megacausa por violación a los derechos humanos en Misiones.

Habría que separar la paja del trigo. Nadie puede objetar la investigación por aquellos supuestos delitos. Pero el modo de proceder judicial resultó impropio y sospechoso. ¿Quizás un mensaje de advertencia para los jueces a los cuales el matrimonio no logra sujetar? ¿O sólo una casualidad?


No suele haber casualidades cuando a los Kirchner los corre la adversidad y la desesperación.