Mostrando entradas con la etiqueta Gobernadores. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gobernadores. Mostrar todas las entradas

Citas sin resultados con gobernantes y presión sostenida en el Congreso

lunes, 12 de abril de 2010

Por Eduardo Aulicino


Cristina Fernández de Kirchner recibirá esta semana a la tercera y última tanda de mandatarios locales. Y Néstor Kirchner monitoreará a los gobernadores peronistas, que dentro de quince días se reunirán con el vago propósito de charlar sobre una reforma al sistema de coparticipación federal.

Mientras tanto, el oficialismo buscará mantener bloqueado el proyecto opositor para mejorar el reparto del impuesto al cheque. Y nada indica que se vaya a hablar de temas sensibles como los ATN y, menos aún, de las deudas de la provincias con la Nación. La señal política es clara: todo debe seguir como estaba.

En ese sistema que mantiene a los gobernadores atados a la negociación casi permanente con el poder central, dos rubros se destacan entre muchos otros: los aportes que dependen exclusivamente de la voluntad de Olivos, directos o indirectos (fondos para educación y salud, planes sociales, obras públicas), y la enorme deuda de las provincias con la Nación, que en conjunto roza los 90.000 millones de pesos y que demanda asistencia año a año.

La cuestión de la deuda de las provincias sobrevoló apenas el primer encuentro de la Presidenta con los diecisiete mandatarios más cercanos al Gobierno. Y tomó forma más concreta en la segunda cita, cuando Cristina Kirchner se reunió con Hermes Binner, Ricardo Colombi, Eduardo Brizuela del Moral y Fabiana Ríos. Los tres primeros, de manera explícita o indirecta, aludieron al tema. No hubo respuesta. Ninguna expectativa queda entonces para la reunión que viene, con Mauricio Macri, Mario das Neves y Alberto Rodríguez Saá.

Parece un círculo vicioso. El año pasado, cuando se discutió la refinanciación de las deudas provinciales, algunos gobernadores fracasaron en los intentos, tibios, de aprovechar para discutir de paso la distribución del impuesto al cheque. Y ahora que ese punto fue agregado en la agenda legislativa por la oposición, desde Olivos se opera para bloquear la iniciativa y no se da señal alguna de aceptar una discusión en serio sobre la relación financiera de los distritos y el Gobierno.

El problema tiene su historia. En la salida de la enorme crisis de 2001, el Estado nacional se hizo cargo de las deudas de las provincias, que año a año deben ir saldando esa cuenta. Eso está escrito y se cumple puntualmente, con descuentos automáticos sobre la coparticipación que corresponde a cada distrito.

Pero los gobiernos provinciales, con cajas complicadas y en algunos casos muy comprometidas, deben negociar con el Gobierno, de manera inmediata en cada período, flujos de asistencia efectiva por medio del Programa de Asistencia Financiera (PAF), para afrontar así los compromisos. En algunos casos, se ven obligados además a tomar nueva deuda.

"Si cada año hay que discutir los PAF, pero nunca se discute el problema de fondo, que es un sistema más equilibrado de coparticipación federal, las provincias quedan atadas a una dependencia creciente de la caja nacional", resume un experimentado legislador opositor

El señalamiento no es inocente en términos políticos. Apunta al corazón del mecanismo ahondado por las gestiones kirchneristas para mantener disciplinados a los gobernadores. Y eso explica la reacción de Olivos frente al proyecto opositor que replantea la coparticipación del impuesto al cheque. La iniciativa es tomada por el kirchnerismo como un desafío directo a su poder.

Es por eso que el oficialismo fue hilvanando una movida que incluyó a los gobernadores y apunta centralmente al Congreso. La intención es bloquear mientras sea posible el tratamiento del proyecto sobre el cheque: esta decisión mantiene paralizado al Senado.

El conglomerado opositor intentará superar esta semana esa prueba, y luego tendría que empujar el proyecto en Diputados. El mensaje K ha sido claro: recurrirá al veto presidencial para cerrar esta historia, porque sólo un milagro de consenso o un terremoto general en las filas K podría permitir que el Congreso insista con dos tercios de sus votos.

La Presidenta llegó a insinuar en su primera cita con gobernadores que en 2011 podría ser eliminado el impuesto al cheque: intentó mostrar hasta dónde es capaz de llegar para frenar la ofensiva opositora, aunque nadie cree que esté dispuesta a perder un instrumento que puede recaudar unos 24.000 millones de pesos al año sin contar con una alternativa.

Más concretos, operadores del oficialismo se encargaron de reiterar que las provincias podrían perder más de lo que ganen con aquella iniciativa. La caja nacional permite manejos a voluntad del poder central.

Kirchner, entre tanto, apeló a una vieja receta: creó en el PJ una comisión que analizará el sistema de coparticipación federal. Una manera de dilatar el tema, o apenas un entretenimiento.

El diálogo de la Presidenta sirve para aumentar dudas y fricciones

miércoles, 7 de abril de 2010

Por Eduardo van der Kooy

Quizás pueda atribuirse a la falta de costumbre. O a una costumbre que abandonó cuando cambió el Congreso por el Poder Ejecutivo, para servirle de posta a Néstor Kirchner. Lo cierto es que en la ronda de diálogo con los gobernadores, que arrancó la semana pasada y continuó ayer, Cristina Fernández pareciera haber sembrado más dudas y fricciones que afiatado la posibilidad de algún acuerdo nuevo.


Le sucedió incluso con los mandatarios provinciales propios. La mayoría de los peronistas exaltó el encuentro del lunes de la semana anterior en Olivos. Pero ese encuentro tuvo los mismos defectos de otros que encabezó la Presidenta. Mucho monólogo, casi nada de diálogo y la imposición de nuevas exigencias que muchos gobernadores no están en condiciones de cumplir. En este caso, la famosa reforma a la ley del impuesto al cheque, que podría considerar hoy el Senado, y la difusa promesa de derogarla cuando entre septiembre y octubre el Congreso deba abordar el Presupuesto para el 2011.

Para octubre falta mucho. Y para pensar con seriedad que el Gobierno esté dispuesto a resignar los ingresos por ese tributo, mucho más aún. Sobre todo si se calcula que representa ingresos por encima de los $ 21 mil millones, casi tanto o más que lo que representa el DNU al que echó mano para tomar reservas del Banco Central y financiar lo que resta del año.

Cristina tampoco fue cordial con los peronistas. Un importante gobernador le propuso publicar una declaración de apoyo a las iniciativas de ella: "No necesito el aval de nadie. Tengo el aval de los votos para gobernar", replicó.

Aquel encuentro de la Presidenta con los mandatarios de su partido no pareció tener reflejo en el Congreso. La última reunión de la Comisión de Labor Parlamentaria concluyó en un desbande entre los kirchneristas, algunos de sus aliados y la oposición. ¿Qué ocurrió? Que los dos senadores de Tierra del Fuego, que responden a la gobernadora Fabiana Ríos, y Horacio Lores, del MPN de Neuquén, quedaron marginados del reparto de las comisiones.

La oposición sostiene que el kirchnerismo debe cederles lugares por ser sus aliados. Ningún kirchnerista quiere dar el brazo a torcer, por dos razones: la unidad del propio bloque oficial pende de un hilo; la confianza hacia los aliados cada día es menor.

Habrá que observar si la oposición consigue hoy, finalmente, quórum para imponer la media sanción a la ley del cheque. Carlos Menem, una pieza clave en esa estrategia, se paseó ayer rozagante por el Senado. Pero a los opositores, demasiadas veces, se les suelta alguna liebre. Los kirchneristas Luis Alberto Viana (Misiones) y Guillermo Jenefes (Jujuy) no ayudarán a la oposición. Pero si esa oposición consigue quórum, es posible que aparezcan votando a favor de la reforma a la distribución de aquel impuesto.

Si con los peronistas había existido jaleo, nada hacía prever una cita tranquila de Cristina con gobernadores aliados o aliados críticos. Cierta destemplanza atravesó la reunión con Hermes Binner (Santa Fe), Ricardo Colombi (Corrientes), Brizuela del Moral (Catamarca) y Ríos (Tierra del Fuego).

Los roces, esta vez, sucedieron con el gobernador socialista. Binner llegó con la sangre en el ojo por múltiples motivos. El primero: el Gobierno se desinteresó de la audiencia de Santa Fe con la Corte Suprema por la coparticipación que tuvo dos notas llamativas: la presencia de Carlos Reutemann, codo a codo con su peor adversario, y la ausencia de Amado Boudou, el ministro de Economía

El resto de los enojos del socialismo tiene relación con la política en Santa Fe, donde una objetiva combinación del reutemismo con las fuerzas de Agustín Rossi -jefe del bloque de diputados kirchneristas- le impidieron al gobierno provincial la sanción de una reforma impositiva, necesaria para achicar el déficit provincial.

¿Cómo sería aquella combinación entre dos rivales, como son Reutemann y Rossi? El socialismo logró aprobar la reforma en Diputados que el Senado, con la influencia del ex gobernador y senador, modificó. El socialismo requería de los dos tercios para ratificarla en Diputados: pero no alcanzó esa proporción por los legisladores que le retaceó Rossi. El diputado le exigía al socialismo la aplicación de un nuevo impuesto al campo. Binner, con este presente, no puede echarse al campo encima.

Epílogo: las Cámaras parlamentarias le aprobaron al gobierno socialista una moratoria que Binner preferiría no aplicar porque, a juicio suyo, no resolvería los problemas financieros de la provincia.

El gobernador de Santa Fe le recordó a Cristina esa ausencia de solidaridad política kirchnerista. La Presidenta le enrostró la participación del socialismo en todas las estrategias con la oposición, a nivel nacional, que le hicieron perder la mayoría del poder en Diputados y le ha complicado de modo ostensible el Senado.

Nada hace prever, con estos antecedentes, que las futuras reuniones sean mejores. Por el contrario. En el horizonte figuran Mauricio Macri, Alberto Rodríguez Saá (San Luis) y Mario Das Neves (Chubut). Das Neves viene de reunirse con Francisco de Narváez, en uno de los tantos intentos por participar de una alternativa en contra de los Kirchner para el 2011. Rodríguez Saá está en un largo conflicto con el gremio docente que impide el comienzo de las clases en su provincia. Un conflicto donde cree descubrir la injerencia kirchnerista. Macri acaba de ser citado por el juez Norberto Oyarbide por la investigación sobre las escuchas ilegales y el espía Ciro James, ex empleado de su gobierno.

Oyarbide está habituado a los equilibrios delicados: progresa sobre la denuncias de corrupción sobre Ricardo Jaime, el ex secretario de Transporte al cual los Kirchner soltaron la mano, y encierra cada vez más a Macri con una historia que el ingeniero tampoco explica satisfactoriamente.

Otro prólogo que no sólo hace difícil presagiar entendimientos de Cristina con los gobernadores. Además, induce a preguntar cuánto hay de convicción en este diálogo y cuánto de simple pasatiempo.

Más asperezas que las conocidas entre Cristina Kirchner y los gobernadores

viernes, 2 de abril de 2010

Por Julio Blanck


Cristina Kirchner cortó, áspera, la profusa serie de zalamerías que derramaban sobre ella varios gobernadores, encabezados por el entusiasta elogiador tucumano José Alperovich. El sanjuanino José Luis Gioja le había preguntado: "¿Qué quiere que hagamos, Presidenta?". Ella dijo, palabras más o menos: "Ustedes elogien menos aquí adentro y defiendan el modelo allá afuera, cuando salgan". Cuando alguien mencionó la posibilidad de firmar una solicitada en apoyo al Gobierno, Cristina descerrajó: "Para gobernar me basto sola".


Esto es parte de una minuta, menos amable de lo que los protagonistas se empeñaron en difundir ese día, de la reunión del lunes entre la Presidenta y 17 gobernadores propios o aliados, que a esta altura viene a ser más o menos lo mismo. Los que la cuentan son tres fuentes: dos son muy allegadas a mandatarios provinciales presentes y la tercera es un funcionario del Gobierno que estuvo ese día en la quinta de Olivos.

Quizás a la Presidenta la habían predispuesto mal las noticias en los días previos al encuentro, que consignaban la aparente decisión de los gobernadores de plantar en su mesa de anfitriona el eterno reclamo por la distorsionada distribución de fondos entre la Nación y las provincias. A ese clima previo se agregaba la constancia de que varios senadores del oficialismo estaban dispuestos a votar junto con la oposición para hacer totalmente coparticipable la cuantiosa recaudación del impuesto al cheque.

Pero allá adentro, en Olivos, casi todas las osadías previas se transmutaron en irreparable timidez. A los protagonistas de este fenómeno tan repetido en los años kirchneristas, que pueden ser gobernadores, intendentes o legisladores, el bonaerense Daniel Scioli suele llamarlos "los guapos del off the record".

El lunes, en Olivos, el aire estuvo espeso de entrada. Los 40 minutos iniciales que se tomó Cristina para abrir el encuentro fueron palo y palo. Como bien se informó oportunamente, la Presidenta empezó atacando el flanco político que aparecía debilitado: le bajó el precio al impuesto al cheque, hasta el punto de prometer un difuso análisis de su posible eliminación a futuro.

Después les recordó a los gobernadores, cuántas obras pueden mostrar en sus provincias gracias al aporte de dinero nacional. Y no se privó de refregarles la idea que sin demasiada sutileza ya había planteado el ministro Florencio Randazzo: si al Gobierno le quitan 10.000 millones de pesos del impuesto al cheque, el Gobierno va a meter mano en las cajas que maneja de modo discrecional y le hará un recorte similar a las provincias.

Después de la filípica presidencial se abrió la lista de oradores. Alguien escuchó al santacruceño Daniel Peralta decirle al que tenía sentado a su lado: "Yo ni loco abro la boca, acá te matan". Fue uno de los cuatro que permaneció mudo.

Al final se animó el riojano Beder Herrera. Trató de distender y le preguntó a la Presidenta si los ministros también iban a decir lo suyo. "Los ministros no están aquí para hablar", respondió Cristina sin aflojar el torniquete.

Como ya se contó, Beder Herrera preguntó si lo mismo corría para los diputados, señalando a Néstor Kirchner sentado aparte dentro del salón. "El está como presidente del PJ", replicó la Presidenta. Hubo algunas risas nerviosas. El riojano dijo algunas palabras más, habló de las necesidades de las provincias, pero también se explayó en reconocimientos al Gobierno nacional.

El cordobés Juan Schiaretti, con prudencia, tiró la idea de crear un fondo para los conurbanos de Buenos Aires, Rosario y Córdoba, y de otro fondo para las regiones de pobreza extrema. También habló de refinanciar la deuda de las provincias.

Ahí algunos soltaron un poco más la lengua, aunque sin sacar los pies del plato.

El chaqueño Jorge Capitanich, gran defensor de los Kirchner, reclamó más ayuda política para pelear la situación en su territorio. Y le propuso al pampeano Oscar Jorge armar un trabajo conjunto sobre financiación de las provincias.

El salteño Juan Manuel Urtubey, que viene insinuando un progresivo desmarque del círculo cerrado kirchnerista, advirtió que no controla a los legisladores a propósito de la ley del impuesto al cheque. De hecho, los dos senadores peronistas por Salta, Juan Carlos Romero y Sonia Escudero, están en la oposición.

Después vino la catarata de elogios y la Presidenta recomendando que esos apoyos se hiciesen públicos con más énfasis. Pero los gobernadores, diplomados en la sobrevivencia política, son gente que sabe decir lo que cada una de sus audiencias quiere escuchar. Sus expresiones posteriores de respaldo al Gobierno jamás salieron de lo estrictamente formal.

El último que habló fue Scioli, con su conocido ejercicio de equilibrio: pretende construir algo de autonomía sin dejar de ser monolíticamente kirchnerista. Por ahora no le sale bien.

Néstor Kirchner se había ido hacía rato, promediando la reunión, sin ocultar su fastidio. "Estos están todos locos", se le escuchó decir, mientras trataba de restablecer una comunicación con Hugo Moyano, en el celular que le había alcanzado uno de sus secretarios. Esa llamada, recibida fuera del salón de reuniones, se interrumpió cuando el patrón del PJ hablaba con el jefe de la CGT.

Kirchner parece haber sido víctima de un dispositivo adquirido hace poco tiempo por la Presidencia en Estados Unidos, que permite bloquear toda comunicación telefónica en un pequeño radio determinado. La fuente del Gobierno consultada asegura que se usó por tercera vez, en el almuerzo con los gobernadores. Las dos anteriores habían sido reuniones de Cristina con empresarios y con los bloques de senadores y diputados oficialistas.

La idea, además de resguardar la privacidad de esos encuentros de posibles pero no probables espionajes, es que nada interrumpa la reunión ni distraiga a los concurrentes, al menos mientras dura el discurso de la Presidenta.