El desparpajo con que Ernesto Sanz inventa a Julio César Cleto Cobos

sábado, 20 de febrero de 2010

Por Tomas Abraham

 En declaraciones a la radio la semana pasada, el presidente de la UCR, Ernesto Sanz, le decía al periodista Paulino Rodríguez por radio Continental que Julio César Cleto Cobos ya no era el vicepresidente de la Nación. Esta declaración la hacía el día 11 a la noche desde el cónclave radical en la ciudad de San Nicolás.


El periodista, algo sorprendido, le pedía algunas aclaraciones ya que una afirmación expresada de este modo era incomprensible al no existir renuncia alguna. El senador dijo entonces –lo repitió con argumentos más difusos en el reportaje de Perfil el domingo pasado– que desde julio de 2008, y a raíz de la 125, Cobos dejó de ser vicepresidente para desempeñar desde ese momento la función de presidente del Senado. Consideraba que esta función era importante para la estabilidad institucional del país, y ante ciertas dudas del periodista sobre la conveniencia y la posibilidad de un rol tan singular, Sanz dijo que creía que era un verdadero desafío para la ciudadanía tomar conciencia de este nuevo proceso institucional. Agregaba que el mismo constituía un dilema interesante con el que había que lidiar para comprenderlo en toda su dimensión.


Por mi parte, pensé que sin duda era interesante, pero por razones diferentes. Me permitió imaginar que si los radicales llegan al poder en 2011 van a ser y hacer más o menos lo mismo que los kirchneristas. Harán todas las picardías posibles para concentrar poder a la manera de este gobierno. No soltarán la caja, seguirán con los subsidios y el gasto fiscal clientelista, apretarán donde puedan, pactarán con los mismos representantes corporativos que dominan la escena hoy en día y se mimetizarán con los procedimientos tan bien aceitados por Néstor Kirchner.

El desparpajo con que Sanz inventa a Cobos y le da un lugar en el panteón de las autoridades nacionales, haciendo de él una figura de majestad legislativa, es la antesala de la viveza criolla con boina blanca.

El radical-kirchnerismo no es lo mismo que el radicalismo K, una escisión del partido radical que tomó debida cuenta de que no era más que un puñado de cenizas y que en última instancia el gobierno de Néstor Kirchner cumplía con el programa económico social del partido radical, con el dólar alto, el estímulo al mercado interno y la crítica al neoliberalismo.

Cuando vieron venir la transversal sacaron número y entraron por la tangente. Pero esta nueva faceta política que se inaugura es algo nuevo y no prosigue el ingreso del radicalismo mendocino al gobierno pingüino. Esta vez es otra etapa del proceso iniciado en 2001 que produjo una crisis crónica en el camino republicano iniciado el año 1984, después del fin de la dictadura militar.

El radicalismo que quiere llegar al poder en las próximas elecciones pretenderá haber aprendido las lecciones de sus anteriores correligionarios y disipar los temores de que son incapaces de gobernar. La experiencia de Alfonsín en el período ’84-’89, y en especial la de la Alianza, debe haberlos aleccionado sobre la mentada ausencia de vocación de poder que aparentemente los define.

Por la conducta de Cobos y la justificación retórica que le ofrece Sanz, parece que algo están aprendiendo. Aseguran de este modo la vigencia de lo que tanto envidiamos en nuestros vecinos, lo que se llama “continuidad” y “política de Estado”, es decir seguir de acuerdo a un estilo que nos es propio con lo mismo de siempre a pesar de los cambios de caras.

A los radicales les gusta definirse como keynesianos en lo económico y liberales en la política. Cuando así lo expresan, se sienten muy estimados en los agasajos de las embajadas, sólo que el halago no dura más que el ágape. Este tipo de identidad, que en realidad es la esencia de la socialdemocracia, ha tenido algunos tropiezos en nuestra última etapa republicana.

Recordemos la historia de aquello que se llamó “renovación peronista”, que quería inocular republicanismo y progresismo tradicional para espantar el estigma autoritario del peronismo tradicional. Sus líderes más nombrados fueron José Luis Manzano y Carlos Grosso. Es posible que el radicalismo intente un camino inverso. Mantener “pour la gallérie” la presentación socialdemócrata e intentar incorporar en los hechos su pasado caudillesco. Yrigoyenismo, que le dicen.

Por supuesto que para esto necesitará apoyos, D’Elías radicales, Moyanos radical-kirchneristas, aliados en la mesa de enlace aun con retenciones pero con soja hasta en las banquinas, federaciones que conserven una política universitaria con su ingreso irrestricto sin graduados a la vista, gremios con prebendas custodiadas, el apoyo de la UIA con la misma dirigencia que pide proteger su poca productividad con un peso pobre, un sistema de inseguridad intocable y otro educativo con muy buenas intenciones y realización cero, más una prensa adicta los primeros dos años hasta ser convertida en enemiga poco tiempo después.

Desde 1984 se pateó el tablero institucional dos veces. Un puntapié se dio en el ’89 y otro en el año 2001. Muchos auguran que está por ser pateado por tercera vez. Nos lo pronostican los que braman ante el peligro “destituyente” de los radicales y de Cobos, amedrentando así a constitucionalistas con el prestigio de Aníbal Fernández y Carlos Kunkel.

Refuerzan este temor quienes, desde el máximo poder, amenazan con irse antes de tiempo si las cosas siguen con esta desobediencia indebida y los que desde la oposición quieren denunciarlos por cada centavo que tienen o los más imaginativos, que se convierten como vemos ahora en Aladinos institucionales.

Si como dice el director de la Biblioteca Nacional, en una nota escrita en sánscrito criollo para Página/12, existe una conspiración inconsciente de pseudo republicanos que no entienden que atacar a la presidencia es hacerle el juego al verdadero Poder Ejecutivo posmoderno que son la Mesa de Enlace y Clarín admito que he simplificado quizás en exceso la habilidad ventrílocua del estimado colega–, vivimos tiempos agitados.

Desde mi punto de vista, no son tanto el señor Magneto como el señor Biolcati, con la ayuda de la doctora Carrió, los instigadores del futuro desbarajuste sino este radical-kirchnestorismo que, en realidad, ya nos gobierna.

Por eso, una tercera pateadura en el tablero republicano se la deberemos a los esfuerzos de un gobierno que grita y decreta cada vez que no puede reinar como quiere y de una oposición que inventa a un vicepresidente que no es aunque lo parezca o que es y no lo parece.

Entre los dos, impulsados por las irritadas amonestaciones de la Presidenta y los no positivos de Cobos, nos regalarán en 2011 una nueva figura semejante a aquella investidura medieval analizada por el estudioso Ernst Kantorowicz que hablaba de los dos cuerpos del rey de la doctrina Cristocéntrica: la teoría del cuerpo mixto o “geminada”. Cuerpo de Cleto, alma de Néstor.

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