El salto de calidad que se debe la política

sábado, 27 de febrero de 2010

Por Hugo E. Grimaldi


El devenir histórico le ha dado a la oposición legislativa la chance de convertirse en unos días más en el tutor necesario que sustente el desgaste del kirchnerismo, en lo que le queda de mandato a Cristina Fernández.


Habrá que ver, como primer desafío, si los opositores son capaces de canalizar hacia un objetivo común de ideas-fuerza o de políticas de consenso que pueda convertir lo que el senador Luis Juez definió como una Unión Transitoria de Empresas (UTE) armada para asfixiar al kirchnerismo legislativo, en una fuerza coherente y propositiva.

Para lograrlo, y más allá de la sorpresa que le propinó el oficialismo al dejar sin quórum al Senado para evitar entregar la mayoría en todas las comisiones, algo que se reencauzará total o parcialmente la semana próxima con el senador Carlos Menem o sin él, la oposición en su conjunto deberá elegir entre dos caminos casi únicos, lo que condicionará en más o en menos el salto de calidad que se debe la política.

Los opositores deberán decidir si aplastan al oficialismo para no dejarlo levantar nunca jamás o si institucionalmente le ponen la otra mejilla y olvidan todas las trapisondas, incluida esta última en el Senado, que, amparadas en el número legislativo y en la bonanza económica, usó el oficialismo durante los años de la mayoría automática.

En términos políticos, lo que ha ocurrido en el Congreso a partir del pronunciamiento de la ciudadanía, el 28 de junio pasado, es que el que perdió, perdió, pero el que ganó es el que se queda ahora con toda la responsabilidad. Como gran responsable de lo que vendrá, la oposición tendrá a partir de este año la oportunidad de proponer y de llevar adelante una relación de madurez con el Ejecutivo.

En Diputados habrá desde el próximo lunes algo más de holgura, pese al coqueteo a dos puntas que hará el bloque de la centro-izquierda, y en el Senado, aún con 36 presencias, la coalición opositora igual será mayoría, ya que el voto de desempate estará en manos de Julio Cobos.

Justo es decir que, en estos momentos, a los opositores los une una sola postura: la tirria que les causa todo lo que huela a kirchnerismo. A muchos, inclusive, los sustenta el afán de venganza que su proceder de años de llevarse todo por delante les provocó. “Acción y reacción”, definió un connotado senador oficialista para explicar el porqué de ese avance arrollador de la oposición.

Sin embargo, más allá de la natural y lógica lucha por los espacios, hay fundamentos institucionales que deberían seguirse a pie juntillas para evitar caer desde el otro lado en los mismos excesos a los que apeló el kirchnerismo.

Y esto va más allá de las opiniones de cada bloque del Congreso y aún de las personales de diputados y senadores, posturas que seguramente irán variando entre sí, sobre todo a medida que se acerque la compulsa electoral de 2011.

Lo ideal sería que la mayoría opositora de hoy trate de parecerse lo menos posible a la mayoría oficialista de ayer, para buscar así el modo de recrear el diálogo y los consensos, vocablos que el kirchnerismo duro no conoce, pero a los que no se debería renunciar como concepto de madurez política.

Como gran responsable de lo que vendrá, la oposición tendrá a partir de este año la oportunidad de proponer y de llevar adelante una relación de madurez con el Ejecutivo.

Ante el convite a bailar este nuevo tango, la gran enemiga a vencer será la naturaleza omnímoda de los Kirchner, nada propensa a aceptar las nuevas reglas sin chicanas, ni vetos, ni DNU, sobre todo si el matrimonio interpreta que se trata de una rendición.

En ese aspecto, bien vale tomar nota el ánimo belicoso contra los opositores, la prensa y “el partido judicial”, con el que el ex presidente hizo su discurso del miércoles en La Plata, marcando con sus “ellos” y “nosotros” una frontera difícil de perforar, aún para aquéllos que deseen ayudar, más allá de los alineamientos en temas clave, como el Fondo del Bicentenario, que tuvo con la alocución de su esposa ante los empresarios.

Hoy, el oficialismo no quiere que se note, pero objetivamente está más débil. Ya no tiene tanta caja ni el Congreso a favor y sólo resta que algunos archiven también un poco la soberbia.

0 comentarios: