El Matrimonio Kirchner

jueves, 17 de septiembre de 2009


BUENOS AIRES. (Reuters)- De espaldas a un reciente traspié electoral y al ínfimo respaldo popular que le adjudican los sondeos, el matrimonio Kirchner lanzó una fuerte ofensiva política en Argentina, iniciando la última mitad de su mandato con una radicalización de su Gobierno.
La presidenta Cristina Fernández y su esposo, Néstor Kirchner, a quien sucedió, aprovecharon el dominio que aún tienen del Congreso para aprobar la extensión de una norma que delega atribuciones legislativas en el Poder Ejecutivo, estatizar las transmisiones de fútbol y vetar beneficios al agro.
Pero la nueva “madre de todas las batallas” es un proyecto de ley para regular a los medios, que debilitará a los grandes grupos del sector y que el miércoles recibió media sanción en la Cámara baja en medio de un trámite legislativo plagado de irregularidades, según denunció la oposición.
La iniciativa movilizó al Gobierno en pleno, en una cruzada que sus críticos relacionan con las prácticas socialistas del presidente venezolano, Hugo Chávez.
Y mientras más exigen las fuerzas antagónicas y los empresarios que el oficialismo no vote de apuro leyes estructurales antes de perder el control de las cámaras en diciembre, que consideran un atropello, más se empeña el llamado kirchnerismo en avanzar con sus proyectos.
“No perdimos el mandato en las elecciones de junio. El Gobierno tomó nota de que perdimos por no profundizar la distribución del ingreso y la democracia”, resumió el diputado oficialista Edgardo Depetri, una de las espadas más combativas del Gobierno, cuyo mandato expira en diciembre del 2011.
“El proyecto (de los Kirchner) está firme y también está en disputa, y no sólo en Argentina, pasa en todos los países de América Latina donde hay gobiernos nacionales y populares. En todo caso, el kirchnerismo va a disputar su continuidad y el mejor camino es gobernar y tomar decisiones”, añadió.
Pese a la derrota legislativa de junio el oficialismo continuará siendo la primera minoría en el Congreso, y mantendrá la fuerza que le da administrar cuantiosos recursos en un país en el que débiles provincias dependen mucho de la ayuda financiera del Gobierno central.
KIRCHNER
La radicalización de la Casa Rosada devolvió al primer plano al ahora diputado electo Kirchner, el gran derrotado de los últimos comicios al perder en la provincia de Buenos Aires, un bastión oficialista poblado de grandes bolsones de pobreza.
El ex presidente es señalado por políticos, analistas y gente de a pie como el poder real en Argentina, algo que ha llevado a Fernández a defender su independencia en público.
La renovada ofensiva oficial representa un riesgo para las aspiraciones del gobernante peronismo de conservar el poder en las próximas presidenciales, dicen dirigentes de ese partido.
“Kirchner promueve todos los días una nueva provocación porque sabe que perdió el futuro y entonces va a violentar el presente”, dijo el diputado peronista y ex gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá, convertido en opositor hace pocos meses.
El peronismo en el Gobierno está dividido y el resto de las fuerzas políticas se han despedazado tras la feroz crisis del país que tuvo su apogeo en el 2001 y 2002, lo que hace que el estilo agresivo de los Kirchner encuentre en los hechos una débil resistencia.
Marcos Novaro, sociólogo e investigador de la Universidad de Buenos Aires, dijo que “lo esperable es que el Ejecutivo apriete aún más la canilla de recursos hacia las provincias rebeldes, insista con decretazos y vetos, en suma, escale todos los conflictos”.
Según el experto, “eso les puede bastar para retrasar lo más posible el momento inevitable en que surja un candidato firme a reemplazarlos, y reducir de paso sus chances de conseguirlo”.

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