La crisis entre poderes se acelera y los hechos adquieren la dinámica del vértigo

sábado, 13 de marzo de 2010

Por Susana Viau

La crisis entre poderes se acelera y los hechos adquieren la dinámica del vértigo. Hace una semana, el senador oficialista José Pampuro se consideraba virtualmente echado del paraíso y empujado a refugiarse en un bloque propio; poco después era readmitido en el olimpo de los Kirchner.

Un llamado del ministro de Interior, Florencio Randazzo, le había anunciado que por disposición de Néstor Kirchner quedaba relevado de las negociaciones con la oposición y en su reemplazo asumiría la tarea el jefe de la tropa K en el Senado, Miguel Pichetto.

El veto paraoficial se extendía al vicepresidente Julio Cobos, quien se limitó a esfumarse y aclarar que su rol había sido el de simple “posibilitador” de esos encuentros. Un telefonazo posterior de Aníbal Fernández suavizó el mensaje y le anunció al bonaerense que la Presidenta lo invitaba a comer, componedora y temerosa de que el enojo del médico generalista se transformara en un voto hostil a la Casa Rosada o en un movimiento migratorio que diezmara su espacio.

El presidente provisional agradeció, declinó el ofrecimiento y le hizo decir a Cristina Fernández que respecto de su pertenencia se quedara tranquila, por ahora. ¿Cuánto tiempo había mediado entre una y otra comunicación? Casi nada. Un suspiro. Apenas lo que duró la borrasca matrimonial entre la jefa de Estado y un Kirchner que pedía las cabezas del jefe de Gabinete y del ministro de Economía, Amado Boudou.

Tenía, incluso, los nombres de los sustitutos: Randazzo y la titular –en comisión– del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont. ¿Por qué había caído en desgracia el funcional Aníbal Fernández? ¿Cuál había sido el pecado que lo colocó en el índex del santacruceño? Ni más ni menos que poner a consideración de la Presidenta las órdenes que imparte su marido.


El manoseo abrió grietas en el bloque oficial. Puede que, gracias a eso, la relación entre Pampuro y Pichetto ya no vuelva a ser la misma. A Pampuro continúan sosteniéndolo como la soga al ahorcado.

En los pasillos, el senador sanjuanino César Gioja admitía el malestar del bloque y no descartaba que el político de Lanús, tarde o temprano, busque la autonomía y en esa empresa sea seguido por media docena de legisladores, asfixiados por la rienda corta a que los somete Kirchner.

Otros miembros del Frente Para la Victoria prefieren profetizar que Pampuro mantendrá “los piecitos en el plato” en el ámbito parlamentario (sobre todo luego de que Carlos Reutemann adelantara su desinterés por la competencia electoral de 2011) y empezará maniobras de despegue en su distrito, donde el intendente Darío Díaz Pérez (quizás alentado desde esferas más altas) se ha sublevado contra su influencia. Para recuperar peso territorial, el senador podría haber iniciado contactos con sus viejos camaradas del peronismo no kirchnerista.

Pichetto tampoco se engaña: paga al precio del desgaste su condición de líder de una bancada que ya no tiene seguridades. Su designación para las negociaciones fue formal, la de un mero vehículo de las directivas transmitidas por Randazzo, que regresó del ostracismo con el que expiaba la derrota del 28 de junio en el territorio que debía garantizar. Las desavenencias estallaron también en Olivos, en el domicilio conyugal donde, entre cada vez menos comensales, se cocina a diario el destino del país.

El radicalismo tampoco sale indemne de las oscilaciones parlamentarias. La pericia del flamante jefe del contingente ucerreísta de la Cámara alta, Gerardo Morales, se vio cuestionada dos veces en dos semanas consecutivas: la primera, al quedarse sin reflejos para romper la maniobra armada por Pichetto, quien dejó sin quórum al cuerpo; la segunda, cuando parte de la oposición rechazó su propuesta –consensuada con el FPV– de ofrecer tablas en la Bicameral de Seguimiento de los DNU, pero conservando la presidencia y su doble voto para la oposición.

Acostumbrados a lavar los trapos sucios en casa, los radicales cuestionan en voz baja la estrategia del jujeño. Sostienen que su pacto de solidaridad con el resto del arco opositor no les ha proporcionado más que reveses y dolores de cabeza. Del lado de sus socios anti-K la disconformidad apunta, por el contrario, al personalismo de los conductores radicales en las cámaras (Morales en el Senado y Oscar Aguad en Diputados) y a su tendencia a establecer canales bilaterales de diálogo que el kirchnerismo acepta con el único fin de ganar tiempo.

El presidente del partido, Ernesto Sanz, guarda silencio ante las críticas. De momento, su filosofía es dejar actuar a su vecino de banca, aunque no comparta los procedimientos y tenga claro que la sobreexposición de Morales lo perjudica. En la intimidad de las reuniones con distintos estamentos partidarios, Sanz ha comenzado a desmarcarse y tomar distancia de un accionar legislativo que, según sospecha, los encamina a una encrucijada.

Elisa Carrió aparece así como la única dirigente que no se ha equivocado acerca del riesgo de quedar atrapados en la telaraña gubernamental. Cierto es que para pronosticar con algo de certeza los pasos de los Kirchner basta con apostar al peor de los escenarios posibles.

Un importante cuadro del radicalismo duda de la eficacia de los métodos de Morales, pero defiende al senador: “Tiene coraje y es un hombre honrado”, afirma y agrega que “las deserciones vienen del peronismo y nos echan la culpa a nosotros”. Para el dirigente, el futuro estará hecho de situaciones sombrías. Por deducción y por información sostiene que el matrimonio presidencial acaricia la idea de responder a la pérdida de poder con el adelantamiento de las elecciones “para enero o marzo. Abril es la fecha más lejana”.

No es eso, sin embargo, lo que lo desvela: “Lo preocupante es que esta gente quiere dejar condiciones estructurales de debilidad para el que los suceda. Inflación, déficit, una maraña de subsidios. El que venga tendrá que desminar un terreno sembrado de explosivos. Quieren ser imprescindibles para el que se haga cargo en el futuro”.

El experimentado armador del alfonsinismo prevé que el próximo gobierno será de transición: “No se puede reformular en un día el modelo sindical ni desmontar la trama clientelar”, dice y agrega que el radicalismo deberá ser prudente en su proceso de reconstrucción y dar cuenta de una sociedad que “busca refugio en una contracultura del peronismo”.

Por lo pronto considera imprescindible sacar el foco del Parlamento, abocado a una espiral de disputas, varado en una tensión exasperante. “Nosotros somos un partido de poder, un partido de masas. Los argentinos tienen otras preocupaciones: la inflación, el trabajo, la salud. Es en ese polo que tenemos que trabajar”. Coincide en que se trata de una expresión de deseos puesto que para ello “debe amainar el conflicto de poderes”.

Es un horizonte lejano. Los senadores no han terminado de digerir las acusaciones de “golpistas” y “destituyentes” que Roxana Latorre lanzó a la oposición. “Es de una gravedad institucional mucho mayor que la de Antonio Cafiero en 2001, cuando comentó que había senadores que recibían prebendas”. Si la indignación se mantiene, puede que en la próxima sesión se pida como cuestión de privilegio que Latorre explique a quiénes se refirió con sus manifestaciones.

Claro, todo depende de que el Congreso, trabado por la paridad de fuerzas, no quede convertido en un espacio muerto. Tan desdeñado por el poder que, hasta ayer a última hora, cuando vencía el plazo legal para su envío al Parlamento, el Poder Ejecutivo no había hecho llegar a la Mesa de Entradas el DNU 298 que habilita el pago con reservas a los acreedores privados.

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