Los considerandos de Cobos

lunes, 8 de febrero de 2010

Por Nelson Castro

La opinión del la Comisión Bicameral –unicameral– que se expidió sobre la conducta del ex presidente del Banco Central, Martín Redrado, produjo un vendaval político de fuerte repercusión dentro de la oposición y, particularmente, en la UCR.

Visto desde ese ángulo, el matrimonio presidencial debe haberse alegrado ante lo que tal vez haya considerado como una revancha de la, para ellos, aciaga madrugada del 17 de julio de 2007, la del voto “no positivo” de Julio Cobos. Ese vendaval que atravesó tanto a la UCR como al Acuerdo Cívico y Social, pinta la situación que se vive en vastos sectores de la oposición, en los que siguen predominando los personalismos por sobre proyectos comunes. Es algo de lo que los Kirchner se han venido aprovechando.


El eje de la discordia ha pasado por el consejo del vicepresidente referido a la remoción de Redrado. El dictamen, por sus características de secreto, afectó no sólo la relación de Cobos con sus correligionarios, sino también su imagen. La encuesta de Management & Fit, es una demostración.

Antes de ir a las conclusiones y algunos de los puntos que expresa el dictamen de Cobos, es importante señalar que hubo un error metodológico que consintieron todos los integrantes de la comisión: la aceptación a debatir la continuidad o no de Redrado al frente del Central estando vigente el DNU 18/2010 que ordenaba su remoción.

Para algunos, esto era sólo una cuestión de formas. Muchas veces las cuestiones de formas hacen indisolublemente a la vigencia del orden legal. Y aquí el eje de la disputa tuvo que ver precisamente no con el destino de Redrado, que se sabía era el adiós, sino con la falta de observancia de los mecanismos ordenados por la ley.

Discutir su remoción en simultáneo con la existencia de un DNU que lo había echado es propio del absurdo, que en la Argentina abunda. El “consejo” de Cobos se expresó en un documento de 27 páginas. Antes de llegar a sus conclusiones expone algunos puntos que vale la pena conocer:

“No existen constancias que permitan concluir que el Lic. Pérez Redrado haya manifestado que no cumpliría con el Decreto N° 2010/09. En efecto, cuando fueron consultados los funcionarios del Banco Central ninguno afirmó escuchar al Lic. Pérez Redrado decir que no cumpliría con el DNU.

“Aún cuando públicamente, el Lic. Pérez Redrado ha asumido el papel de “guardián de las reservas”, ante esta Comisión ha expuesto sobre la agilidad y claridad del trámite, el que según él hubiera estado concluido en una semana más, indicando que sólo había tomado recaudos para preservar sus responsabilidades ante las advertencias legales que se le habían formulado.

“A los efectos de hacer un análisis comparativo, se consultó a los funcionarios del Banco Central sobre lo que había ocurrido con el DNU 1472/08, y aun cuando todos acordaron que se encontraba vigente, (ya que incluso fue aprobado por una de las Cámaras del Congreso, siguiendo el trámite de la Ley N° 26.122), ninguno de ellos supo responder con exactitud por qué nadie lo había cumplido a pesar de estar vigente hace más de un año”.

Este dato resulta realmente curioso, ya que el citado DNU, en su artículo 16, establece la utilización de reservas del BCRA para cancelar deuda con el Club de París. Ante tamaña mora en el cumplimiento de ese DNU, ¿por qué tanto apuro en la concreción del que crea el Fondo del Bicentenario?

Dos puntos más sobre los considerandos de Cobos:

“Ningún elemento permite concluir que el Directorio intimó o requirió formalmente una convocatoria por incumplimiento al Sr. Pérez Redrado, a la cual éste se encontrara legalmente obligado en los exiguos tiempos que se han señalado. Por el contrario, no se han aportado elementos que permitan inferir que algún miembro del Directorio requiriera dar tratamiento urgente a la cuestión del DNU 2010/09.

“El Presidente del Banco Central debió separar su defensa de la entidad que representaba, para que ésta sufriera la menor exposición y desgaste. En este sentido, si siguió públicamente esta línea, parece contradictorio y perjudicial para el Banco Central que luego de toda la exposición pública que el tema tuvo, abandonara las instancias promovidas con una renuncia tardía a su cargo y el desistimiento también tardío de las medidas precautorias judiciales respecto de su remoción por él iniciadas. De haber presentado su renuncia ante la conformación de la Comisión, todas estas vicisitudes podrían haber sido evitadas.”

Expuestos estos considerandos, el vicepresidente expidió su recomendación:

1- En cuanto a las causales expuestas en los fundamentos del DNU 18/2010 (por el que se lo echaba a Redrado) no encuentro, a partir de la información recabada por esta Comisión, razón válida para la remoción (de Redrado).

2- Emergen de la investigación autónoma de esta Comisión, llevada a cabo de común acuerdo por los tres integrantes, causales distintas y no invocadas por el DNU 18/10 que justificarían su remoción de acuerdo con lo expuesto en el cuerpo de este informe y con lo emanado del Art. 3° de la Carta Orgánica del BCRA, e incluso podrían servir para esclarecer las eventuales responsabilidades de todo el Directorio del BCRA.

3- Sin perjuicio de ello, mi anhelo de contribución plena en lo institucional y debido a lo complejo e inusual de los procesos derivados del dictado del DNU 18/10, me permite señalar que la solución política y jurídica más rápida, integral, de menor posibilidad de controversia y aumento de judicialización, es la aceptación de la renuncia del Lic. Hernán Martín Pérez Redrado. Esto posibilita normalizar el funcionamiento del BCRA y dar un claro y rápido mensaje a la economía.

Todo ello, sin perjuicio de que tanto el Poder Ejecutivo como los demás poderes de la Constitución en resguardo del interés general y la responsabilidad funcional de todos los involucrados, mantengan abiertas sin reservas, las vías disponibles a su alcance para ejercer el análisis, juicio crítico y de responsabilidad funcional y personal en los órdenes político, administrativo, penal y los demás que correspondieren tanto respecto del Sr. Hernán Martín Pérez Redrado como del resto del Directorio del BCRA.


Del análisis de todo este documento surge que Cobos terminó sosteniendo una posición similar a la expuesta por la UCR y la CC. ¿Cómo explicar, entonces, el nivel de las diatribas que tanto uno como otro partido arrojaron sobre el vice? Respuesta: es la combinación de la falta de comunicación, de la desconfianza y de los personalismos. Y eso abarca a Cobos, a Elisa Carrió, a Gerardo Morales y a muchos. Tal vez allí el más componedor es el titular de la UCR, el senador Ernesto Sanz. Habrá que ver si con su voluntad alcanza para amalgamar voluntades. Por ahora, lo que la oposición irradia es un aura de rejunte fenomenal.

Viene ahora el debate crucial: la creación del Fondo del Bicentenario. Kirchner ya abrió la chequera para someter voluntades. Cualquier parecido con la extorsión no es casualidad.

La nueva presidenta del Central, Mercedes Marcó del Pont, es una economista de sólida formación con un posgrado en Yale. Es sobrina de Rogelio Frigerio y una firme defensora de las ideas del desarrollismo.

En 2007, siendo diputada, supo presentar un proyecto de reforma de la carta orgánica del BCRA que fue rechazado, en el que proponía una limitación de la autonomía de la entidad y la posibilidad de utilizar reservas como instrumento de estímulo a la producción. El debate sobre este delicado asunto es válido y vigente. Pero ese no es el problema alrededor del Fondo del Bicentenario.

El problema es Kirchner y su proyecto reelectoral de 2011, el que, sin la plata de ese Fondo, tiene destino de naufragio.

Cristina Kirchner vetará una eventual ley «alternativa» al Fondo del Bicentenario

Por Carlos Burgueño

Cristina de Kirchner vetará una eventual ley «alternativa» al Fondo del Bicentenario, basado en una apertura de la coparticipación del impuesto al cheque. La eventual decisión fue comunicada el viernes desde Olivos a técnicos del Ministerio de Economía, luego de una llamada de Néstor Kirchner al secretario de Hacienda, Juan Carlos Pezoa, donde se habló sobre la situación general de ese tributo.

El proyecto había sido propuesto la semana pasada por algunos partidos de la oposición, como estrategia para que los senadores y gobernadores se mantengan firmes en su rechazo al uso de reservas para el pago deudas regionales, y se basaba en aumentar al 50 por ciento la distribución del impuesto al cheque con las provincias.

Kirchner le adelantó al funcionario que si una ley de este tipo fuera aprobada, automáticamente sería vetada por la Presidente por motivos fiscales y políticos.


Según aclaró Kirchner el viernes ante algunos colaboradores cercanos, la estrategia oficial frente a este avance opositor tiene una primera etapa negociadora dentro del Senado para frenar el intento y hacer realidad el Fondo del Bicentenario en la primera semana de marzo. Dentro de esta estrategia, Kirchner había decidido que el Gobierno les debe enviar mensajes a los gobernadores e informarles que una propuesta alternativa de llegada de fondos a las provincias sería frenada automáticamente por el Ejecutivo, asumiendo incluso todas las críticas que eventualmente se le hagan.

Objetivo

La intención es que los gobernadores sepan de antemano que la propuesta opositora nunca será avalada por el Ejecutivo, aunque traiga consecuencias negativas en la ya complicada imagen de Olivos.

Los motivos del rechazo tienen dos campos: fiscalmente, para el Gobierno sería imposible pensar en perder ingresos por aproximadamente $ 800 millones mensuales ($ 9.600 anuales). Esto derivaría de la aprobación del proyecto que impulsa el Peronismo Federal, la Coalición Cívica y el PRO, que proponen que el 50 por ciento de los ingresos de esta vía (unos $ 2.000 millones mensuales) sea redistribuido entre las gobernaciones, según un coeficiente que beneficie antes a las regiones más pobres y postergadas.

Para el Gobierno de los Kirchner, pensar en perder ese dinero de ingresos, además de resignarse a no contar con los 6.500 millones de dólares del Fondo del Bicentenario, resulta fiscalmente utópico.

Motivación política

La segunda motivación es política. En Olivos se considera que avalar cualquier proyecto económico que surja de la oposición legislativa (cualquiera sea el partido o tendencia de origen) sería minar la autoridad presidencial.

Dicho más directamente, el último escenario que quieren avalar los Kirchner es uno donde las decisiones gubernamentales se compartan con la oposición con representación en el Congreso. En un análisis más específico, desde Olivos se considera que el económico y el fiscal serían los últimos de los sectores donde los partidos opositores podrían llegar a hacerse fuertes.

«Si se avala un cambio de esta naturaleza, lo que viene después es un acuerdo para bajar las retenciones o modificar el Presupuesto», reflexionaba un ministro del kirchnerismo este fin de semana.

La intención de modificar el impuesto al cheque había sido blanqueada la semana pasada por la líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, y por el jefe del Peronismo Federal, Felipe Solá. «Estamos trabajando con otras fuerzas de la oposición sobre la coparticipación del impuesto al cheque para darles una alternativa a los gobernadores», había dicho la dirigente opositora en diálogo con la prensa, luego de una conferencia en la que presentó una denuncia contra los directivos del Banco Central junto al PRO y el Peronismo Federal.

Sobre el proyecto estarían trabajando, entre otros, los diputados de la CC Alfonso Prat Gay y del Peronismo Federal Walter Agosto, quienes ya pusieron manos a la obra en la confección de un proyecto de ley que plantea coparticipar el Impuesto a los Débitos y Créditos y los Aportes del Tesoro Nacional (ATN).

Propósito

El objetivo es que los gobernadores no se sientan obligados a respaldar el Fondo del Bicentenario que impulsa la gestión kirchnerista para obtener recursos, había dicho Solá. Por el momento, de la iniciativa sólo participaban la CC y el Peronismo Federal, aunque los diputados coincidieron en que seguramente otras fuerzas se sumarán a la medida.

Las noticias del poder resultaron tardías y confusas, dando lugar a rumores y conjeturas

Por Eduardo van der Kooy


Al menos hasta anoche, la información oficial sobre la salud del ex presidente Néstor Kirchner circuló de manera razonable, en tiempo y contenido. Siempre la información periodística es mas veloz y vivaz, pero no siempre, en esos casos, más precisa.

Aquella valoración tiene una razón de ser: en episodios anteriores (la hemorragia digestiva del propio Kirchner en 2004 o la descompesanción de Cristina el año pasado) las noticias del poder resultaron tardías y confusas, dando lugar a rumores y conjeturas. Y enrarecieron, inevitablemente, la realidad política e institucional.

Quizás haya servido de ejemplo el modo cómo el gobierno brasileño manejó la información sobre la hipertensión que sufrió Lula Da Silva, días pasados, cuando viajaba en avión hacia la cumbre en Davos. La noticias del Planalto fueron rápidas y tajantes. A las 24 horas incluyeron una foto del mandatario con un grupo de enfermeras que lo había atendido.

Es casi una obviedad señalar que las enfermedades de los presidentes son asuntos de Estado. Kirchner no es presidente. Pero es un ex mandatario dentro de un peculiar sistema de poder. Tal vez, sólo posible en la Argentina.

Es el hombre fuerte que, aún en tiempo de declinación política, sostiene al gobierno de Cristina. Asumió en diciembre como diputado y aspira en marzo a retomar la conducción del Partido Justicialista.

Lo hará, además, en un momento donde el peronismo no ha podido generar otros liderazgos que desafíen al de Kirchner. El mismo ex presidente tramó alianzas directas con sectores de ese partido, con algunos gobernadores y un núcleo sindical poderoso.

Se comprende, entonces, la inquietud que generó su sorpresiva operación y el valor de una información ajustada.

Para explicar lo inexplicable Luis D Elía y Diana Conti

domingo, 7 de febrero de 2010

Por Ricardo Roa



Si el Gobierno hubiese aprobado una reforma a la ley propuesta por la Oficina Anticorrupción, Kirchner no podría haber comprado los US$ 2 millones en 2008, justo cuando temblaban los mercados y el dólar iba hacia arriba.

Que el esposo de la Presidenta y ex presidente especule en medio de una crisis es lo menos parecido a una actitud ética. La oposición quiere saber si se benefició con información privilegiada. Y de dónde sacó el dinero y cómo lo usó. Acostumbrados a explicar lo inexplicable, salieron a respaldarlo Luis D Elía y la diputada Diana Conti.

D Elía dijo que la plata de Kirchner fue heredada de un "abuelo usurero". Si quiso defenderlo, debió haber buscado un argumento mejor. Y no por lo del abuelo sino por lo de usurero. Kirchner sostiene en sus declaraciones juradas que multiplicó siete veces su fortuna entre 2003 y 2009.

En cambio, para Conti la militancia debe ser lucrativa. Está bien que se haga plata, porque así los hijos y nietos no van a reprocharle haber perdido el tiempo en la política. No vale la pena agregar nada. Es lo peor que un político puede decir de la política. Kirchner cuida y acrecienta su patrimonio como un capitalista eficaz.

Y abastece de fondos a Santa Cruz, como un buen pingüino. Con una diferencia de peso: en un caso es plata propia y, en el otro, plata del Estado. Entre 2007 y 2009, la provincia recibió $2.165 millones sólo de Vialidad Nacional. En proporción a sus pobladores, ninguna otra recibió tanto dinero en estos años, aunque todas necesiten también rutas y caminos.

Unicamente el año pasado, Santa Cruz se alzó casi con tanto dinero como Córdoba y Santa Fe juntas. No haría falta una ley para que quienes están en la función pública se consagren a ella. En la Argentina de hoy, esa ley es imprescindible.

Los Kirchner intentan reclutar a su tropa fatigada para encarar una nueva batalla

Por Eduardo van der Kooy

Presión a los gobernadores y estrategia para lograr la ratificación del DNU en el Senado para usar las reservas. Esos son las nuevas metas de los Kirchner. Jugadas discretas para cooptar senadores opositores. La compra de dólares que hizo el ex presidente es un lastre político.


Tres gobernadores peronistas debieron suspender sus vacaciones --dos de ellos en el exterior-- por el hostigamiento telefónico de Néstor Kirchner. Al jefe del bloque oficial de Diputados, Agustín Rossi, le ha quedado el consuelo de pasar algún fin de semana largo en su plácido refugio de Rosario.

Miguel Angel Pichetto, el jefe de los senadores kirchneristas, maldice el momento en que, concluídas las sesiones ordinarias, se ilusionó con una tregua hasta marzo y un descanso en las playas de San Antonio Oeste.

Los Kirchner intentan reclutar a su tropa fatigada para encarar una nueva batalla: conseguir la aprobación del DNU que firmó Cristina para acceder a la primera remesa (u$s 6500 millones) de las reservas del Banco Central.


El matrimonio pretende despabilar a las dos cámaras del Congreso pero se confomoraría con un resultado módico. Que aquel controvertido DNU sea ratificado sólo por una de ellas. No tendría de esa manera fuerza de ley pero tampoco podría ser rechazado. Un decreto mantiene vigencia con la convalidación de una sóla cámara; para considerarse rechazado requiere de la negativa de las dos. Así lo establece la norma que reglamenta los DNU.

Las mayores baterías políticas están depositadas por el kirchnerismo en el Senado. Diputados se ha convertido en tierra árida e inhóspita para el oficialismo. Rossi no ceja con la posibilidad de alguna hechicería, aunque alguno de sus primeros malabares no dieron los frutos esperados. Los ocho diputados socialistas resolvieron que van a rechazar el Fondo del Bicentenario. Es la misma posición que tendrá en el Senado Rubén Giustiniani.

El socialismo unió filas después de un debate que incluyó al propio Hermes Binner. El gobernador de Santa Fe había asomado ambiguo al opinar sobre el Fondo del Bicentenario. Eso le valió un cadenazo de Elisa Carrió.

Aquella ambivalencia, tal vez, tenga que ver con los rigores de la gestión: la administración santafesina, como la mayoría de las provincias, posee graves problemas financieros. Binner ha pedido auxilio a la Nación para que las clases puedan empezar en marzo. Los gremios docentes amenazan con una huelga.

La plata no terminaría de explicarlo todo. Los socialistas y el radicalismo vienen conversando, con dificultades, para intentar compartir un mismo espacio político en el 2011. Será imposible si algunos intendentes de la UCR del interior de Santa Fe insisten con algo: llevar en el próximo turno a gobernador un candidato propio, sin tramas con el PS.

Rossi sigue conversando en Diputados con los sectores de la izquierda. Pero esos sectores --Pino Solanas, Claudio Lozano, Martín Sabatella-- navegan un dilema: aceptar alguna propuesta afin a sus pensamientos o evitar pagar el precio público, pensando en el 2011, de un pacto con un Gobierno que no frena su descrédito frente a la sociedad.

¿Cuáles podrían ser aquellas propuestas? La reforma financiera que, antes o después, los Kirchner están dispuestos a lanzar. La modificación de la Carta Orgánica del Banco Central por la que viene bregando hace tiempo su flamente titular, Mercedes Marcó del Pont, y que ahora comparte el matrimonio.

Marcó del Pont continúa creyendo en la viabilidad de ese proyecto y señala que, de ninguna manera, atentaría contra la autonomía del Central. También expresa su extrañeza por las incertidumbres que dispararon su designación. Quizás la funcionaria no haya terminado de interpretar de modo cabal este presente: no puede haber objeciones contra ella, ni personales ni profesionales, pero no hay tampoco decisión que tomen los Kirchner que no quede impregnada por sospechas.

Marcó del Pont debería trazar, de arranque, límites políticos nítidos para que aquel clima lograra menguar. Mas con el precedente que vivió: los Kirchner no vacilaron en desencadenar una crisis político-institucional cuando Martín Redrado se opuso al uso de las reservas. La nueva titular del Central, además, mostró enseguida sus barajas: dijo que está en la línea del matrimonio.

Cualquier modificación a la Carta Orgánica deberá pasar el filtro del Congreso. Esa es una pelea futura. Primero está el DNU del Fondo del Bicentenario.

Kirchner ha convencido ya, al menos, a seis gobernadores peronistas y a tres que están colgados de sus faldas (Fabiana Ríos, Tierra del Fuego, Gerardo Zamora, Santiago del Estero y Ricardo Colombi, Corrientes) para que urjan a sus senadores a votar a favor de aquel DNU. Como sucedió con las retenciones a la soja, promete una nueva coparticipación con una tajada de las reservas. La distribución de la recaudación sojera se cumple con morosidad.

Hay otro núcleo de gobernadores peronistas que no eludirían la propuesta de los Kirchner, aunque bajo otras condiciones. Primero: reformular el DNU de marras para que se haga explícita la repartija a las provincias. Segundo: realizar una discusión integral sobre los fondos coparticipables en ámbitos ajenos al Congreso. ¿Cuáles?. Reflotar, tal vez, el CFI (Consejo Federal de Inversiones) que Kirchner ayudó a lapidar cuando llegó a la presidencia.

Se trata de una utopía: el ex presidente sabe que esa organización condicionó --cuando existió- a varios mandatarios, entre ellos Eduardo Duhalde. Sería regalarles una herramienta que se le podría volver en contra al matrimonio.

Kirchner le encargó a Colombi capturar la voluntad de Nito Artaza. El senador es de la UCR pero alcanzó su banca auspiciado por el gobernador. Dicen que el actor no parece dispuesto a transigir. También el ex presidente está a la caza de los votos del par de senadores del Frente Cívico y Social de Catamarca. Las penurias las soporta el gobernador: hace cinco meses que Brizuela del Moral recibe migajas de la coparticipación y debe hacer frente al pago de salarios estatales recurriendo a fondos de una empresa minera provincial.

Otro par de presas que persigue andan por La Pampa. Carlos Verna y María Higonet se acercaron a la oposición cuando estalló el conflicto por el Central y las reservas. Kirchner lo envió a Pichetto a negociar, pero el jefe de los senadores, hasta ahora, fracasó. Hubo también una mediación del ex senador y titular del PJ pampeano, Rubén Marín. Verna y Marín se desconfían, a veces con despecho, como aquellos novios que han sabido de alguna infedilidad.

Esos votos de los senadores de La Pampa serían clave para que el kirchnerismo pudiera torcer la balanza y convalidar el DNU del Bicentenario. Esa situación de apremio lo impulsó a Kirchner a tragarse algún sapo: bramó en Olivos cuando el senador José Pampuro defendió al Poder Judicial y desairó su hipótesis conspirativa. Pero el veterano médico peronista no podrá dejar de ser el segundo de Julio Cobos en el Senado, como propusieron algunos exaltados kirchneristas. El voto de Pampuro, ahora mismo, vale como el oro.

Esa delicada ingeniería le permitiría a los Kirchner evitar el albur de un posible desempate de Cobos. Aunque el vicepresidente, después de su consejo en la Bicameral a favor de la remoción de Redrado, ya no pareciera ser el que fue. Le estaría pesando el embate de los Kirchner y, sobre todo, el temor a que su figura se instale en el imaginario colectivo como un estorbo institucional.

Cobos había cuestionado el DNU contra Redrado y también el Fondo del Bicentenario. ¿Como entender su conducta? Estuvo la sombra del matrimonio pero también el debate que afloró en el radicalismo. Cobos retrocedió unos pasos en el acercamiento que había iniciado para convertirse en el candidato presidencial indiscutido del 2011.

Tampoco la discusión en la Coalición Cívica sonó como un coro de ángeles. Alfonso Prat Gay debió pelear para imponer el criterio de revisar toda la gestión de Redrado aunque avalar su resistencia a ceder las reservas. Tuvo siempre en sus espaldas la mano de Carrió. Se habría quedado con una espina: no haber solicitado la separación de Miguel Pesce, que cubrió el interinato hasta el arribo de Marcó del Pont.

La oposición, salvo la UCR, ha pedido a la Justicia que investigue la gestión de los directores del Central. Maneja una cifra: durante el 2009 el Banco le habría girado al Gobierno un monto equivalente al Fondo del Bicentenario. Es decir u$s 6500 millones sin necesidad de un DNU. La oposición, incluyendo a la UCR pero con la ausencia del PRO, también recurrió a la Justicia por otra razón: que indague la compra millonaria de dólares que hizo Kirchner en el 2008 destinados a una operación inmobiliaria.

Ese destape incomodó como pocas veces al Gobierno. El Gobierno se refugió para explicarlo en una legalidad que, tal vez, exista. El problema no sería sólo la legalidad: también la compostura y el sentido común. El diputado y banquero Carlos Heller, mas vecino al kirchnerismo que a la oposición, lo dijo con claridad: "No deben hacerse negocios privados desde el poder.", apuntó.

Una encuesta de un diario del interior (La Capital, de Rosario) reflejó el equívoco del matrimonio. Para el 86% de los que opinaron los argumentos oficiales no resultan convincentes. Habría incluso por detrás un conflicto mas profundo. Cualquier palabra de los Kirchner parece, desde hace mucho tiempo, irreconciliable con la fiabilidad.

Líderes que no advirtieran que el ocaso de su tiempo los acecha

Por Alberto Fernández

En la Navidad de 1989, el diario El País, de Madrid, publicó un artículo titulado “Los héroes de la retirada”. Su autor, Hans Magnus Enzensberger, sostenía que aunque en la modernidad la heroicidad se alcanzaba por las victorias y los éxitos, asomaban hacia el fin del siglo XX otro tipo de héroes que obtenían ese reconocimiento social por haber sido capaces de desmontar estructuras perimidas perdiendo en semejante labor sus propias fuerzas y hasta sus liderazgos.


En la Argentina de esta fresca democracia, hubo muchos a los que se les reconoce el esfuerzo de haber desmontado sistemas perimidos pero que no fueron capaces de construir las nuevas estructuras que lleven al país a la modernidad.

Carlos Menem encontró con el Plan de Convertibilidad un instrumento para poner fin a la “Argentina inflacionaria” pero, enamorado de su producto, no fue capaz de instalar una economía competitiva en un mundo globalizado.

Eduardo Duhalde no sólo pudo preservar la institucionalidad en una enorme crisis sino que además desmontó todo lo nocivo que fue para nuestra economía aquella convertibilidad. Aún así, no supo constituirse en la alternativa constructora de la renovación democrática.

Néstor Kirchner, finalmente, ha sido un revulsivo del pasado en muchas cosas. Puso fin a la impunidad de los genocidas, consolidó una Corte Suprema independiente y hasta impulsó un modelo económico singular para el país que supo bajar el endeudamiento, acumular reservas, controlar el gasto e impulsar el desarrollo industrial. Con todo ello, en su rol de líder político no ha logrado asumir una realidad crítica perdiendo así gran parte de su base de sustentación social. Ha contradicho en acciones muchos de sus discursos iniciales y ha terminado de ese modo refugiado en las mismas estructuras políticas que decía querer combatir y cuya renovación pretendía.

Todos ellos pudieron ser “héroes en la retirada” pero eligieron imponer sus liderazgos pagando con ello el precio del descreimiento social.

Irremediablemente, tarde o temprano, todo liderazgo fenece. Algunas veces es el mismo poder el que golpea y desgasta a los líderes. En otras ocasiones es la condición humana, tan débil ante la omnipotencia, la que los arrastra a una indebida persistencia que sólo conduce al mismo lugar en el que anida el olvido ciudadano.

Es porque se sabe de la finitud de los liderazgos que todo sistema democrático prevé límites temporales a la acción de gobierno y acota el mismo ejercicio del poder. Así se explica que en la historia hayan sido muy pocos los que culminaron sus vidas ejerciendo el poder e invocando la posición de líderes. Los que lo consiguieron siempre han debido abandonar en el camino su condición democrática.

Persistir. Ésa es la consigna de muchos de los que fueron líderes en la Argentina. No comprenden hoy que su misión ha sido cumplida y que son otros los que deben montar las bases que conduzca a la Argentina hacia la modernidad. Es esa persistencia la que no les permite ver la realidad y la que los lleva a la terquedad, causa del error de muchas de sus decisiones.

En algunos casos, en ese contexto valoran a los “justificadores de lo inexplicable” y desprecian a los que llaman la atención sobre los problemas que existen. Como los jacobinos, acaban disparando contra sus propios compañeros de ruta, que advierten lo que sucede. Demacrados en su liderazgo se muestran incapaces de asumir sus equivocaciones y, cuando malas consecuencias devienen de sus deslices, cargan toda la responsabilidad en siniestras confabulaciones urdidas por quienes no comparten sus pareceres.

La repetición de ese estado de cosas va lastimando los liderazgos hasta matarlos. Es común que ese desgaste no sea advertido por quienes fueron líderes porque ante el poder siempre hay alguien complaciente que construye y transmite una realidad diferente. No observan ni siquiera que los mismos que llenan sus oídos con las “frases adecuadas” hablan en privado de su declive o de su locura en un intento por tomar distancia de los mismos errores que en público minimizan.

Cuando se advierten débiles, ya no pretenden convencer con conducta y con prédica a sus seguidores. Sólo buscan domesticarlos a sus lógicas. Algunas veces para lograrlo imponen un rigor que angustia a los agitadores del orden que buscan imponer. En otras ocasiones, suelen mandar a sus amansados voceros a castigar en público a los que se rebelan a la domesticación.

Que todo esto suceda es esencialmente malo. Es malo para los que fueron líderes porque semejantes cosas les hace perder el respeto y el reconocimiento que merecerían por lo que alguna vez fueron capaces de hacer. Y es malo también para el sistema institucional, no sólo porque en el poder terminan anidando algunos personajes a los que sólo se los reconoce por la “valentía” de ser bravucones, sino porque de ese modo se deteriora la calidad misma de la función pública.

Si los que alguna vez fueron líderes entendieran que su labor se ha cumplido, no sólo facilitarían un mejor desarrollo de la calidad democrática sino que también podrían lograr llegar al reconocimiento social que merecen aquellos que alguna vez supieron servir como tales.

En la vida cotidiana, son muchas las veces que uno logra un reconocimiento mayor cumpliendo con su labor y retirándose después. Imaginemos que nuestra casa se incendia y que un bombero viene en nuestro socorro. En el tiempo que necesita para dominar el fuego, es quien lidera en la escena. Él ordena y nosotros obedecemos. Nos protege de las llamas, nos dice cómo poner a resguardo a nuestros hijos y hast a nos conduce a la salida.

Ahora pensemos que, una vez dominado el incendio, el bombero se queda para diagramar los arreglos de la casa y dispone cómo nos distribuiremos en ella en lo sucesivo. No conforme con ello, supongamos que el bombero rechaza la opinión de los arquitectos y que nos amenaza diciendo que si no sigue él liderando la situación, nuestra casa corre peligro de volver a incendiarse.

Si el bombero se retira de la casa al cumplir su tarea de haber dominado el fuego, nos quedaría para con él una enorme deuda de gratitud. Pero si insiste en permanecer en nuestro hogar ordenando nuestras vidas, se nos volverá insoportable.

Lo mismo ocurre en la política. Es imperioso conocer que el poder no es propio sino que es dado por la gente; que todo liderazgo inexorablemente culmina y que se puede ser muy apto para desarmar el pasado y no serlo tanto para construir el futuro.

Cuánto más serviría a nuestra sociedad que nuestros líderes advirtieran que su misión se ha cumplido y que el ocaso de su tiempo los acecha. Si lo hicieran, no deberían pagar los costos de devaluarse ante una opinión pública que lejos de los pedestales los ve flanqueados por oportunistas o domesticados que sólo buscan un mejor amparo.

Todas cosas obvias, pero que deben ser repetidas en un país en el que los “héroes de la retirada” se niegan a existir.

Aníbal Domingo Fernández El Cuarto Hombre

Por Fernando Gonzalez

El día en que asumió como jefe de gabinete, dijimos que Aníbal Domingo Fernández llegaba a ese despacho estratégico del Gobierno para convertirse en una suerte de Carlos Corach del kirchnerismo.


Aníbal no recibe a los periodistas en su casa, pero se sumerge en la batalla informativa todos los días. Públicamente por los noticieros de TV, por los de radio y, más privadamente, con los periodistas de los diarios, se dedica con obstinación y habilidad discursiva a defender tanto las iniciativas políticas de los Kirchner como sus agujeros negros.

Esa capacidad para hacer suyos en la discusión algunos casos indefendibles -el mejor ejemplo es el blanqueo acelerado y desprolijo de la fortuna de los Kirchner- lo han catapultado a ocupar el lugar del ‘cuarto hombre‘ de la intimidad presidencial. Esa que, además de Cristina y Néstor, integran en la Casa Rosada y en la Quinta de Olivos el secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini, y ahora, además, Aníbal.

El ‘cuarto hombre‘ durante los primeros cinco años del kirchnerismo había sido Alberto Fernández. Aníbal heredó ese despacho apetecido cuya oficina principal tiene una puerta de comunicación con la Presidencia.

Alberto había consolidado su poder satelital a los Kirchner explotando como nadie esa puertita por la que solía aparecer Néstor cuando un asunto sensible de economía, judicial o de prensa exigía la presencia del entonces presidente. Pero el conflicto agropecuario terminó distanciando a Alberto de la intimidad de Kirchner, de la de Cristina y también de la de todo el universo kirchnerista, hasta convertirlo en un crítico sorprendente que comete el pecado de hacer públicas sus diferencias con sus antiguos jefes en una columna semanal del diario Crítica.

Ya se sabe que los Kirchner detestan al periodismo y, mucho más, al periodismo ejercido por kirchneristas descarriados. Allí debe buscarse el origen del golpe que Aníbal le acaba de asestar a Alberto, al involucrarlo en la compra de terrenos baratos en El Calafate -uno de los deportes recientes y preferidos por el kirchnerismo- como ejercicio de defensa para la adquisición de dos millones de dólares en 2008 que Kirchner debió admitir en estos días, tal vez el costo más impactante del desplazamiento de Martín Redrado del Banco Central para lograr apoderarse de las reservas monetarias de la Argentina.

Aníbal mostró con el ataque a Alberto que no se detiene ante nada. Perplejo y sorprendido por la andanada mientras daba charlas en Nueva York, el otro Fernández sólo atinó a restarle importancia al caso y a recordarle a quien lo había llamado ‘amigo‘ cuando asumió que ya se encontrarían ambos en el llano para aclarar el asunto.

El planeta K asiste azorado a esta pelea interna a la que consideran mucho más grave que las habituales metáforas que Aníbal utiliza para mofarse de sus adversarios. Basta recordar un par de sus opus como que Elisa Carrio ‘no tiene todos los patitos en fila‘ y que Mauricio Macri ‘es un vago al que no le gusta trabajar‘.

El belicismo mediático de Aníbal Fernánez, en estos tiempos de rechazo social, es uno de los servicios que los Kirchner le agradecen más al jefe de gabinete, pero no es el único. También le reconocen cierta ejecutividad para resolver una buena cantidad de asuntos menores que suelen convertirse luego en problemas para la Presidenta.

Cristina recibía diariamente un extenso informe con los datos económicos del día, que Aníbal ha cambiado por un oportuno resumen que ella utiliza para sus exposiciones públicas. Y hasta hay en la Casa Rosada quienes aseguran que sus chistes ayudan a descomprimir los numerosos momentos de tensión que se viven en esos despachos por estos días. “Aníbal tiene sentido del humor y muchas veces logra que todos nos relajemos”, concede un kirchnerista que lo recela.

Uno de los cambios recientes en el Gobierno que mostró la creciente influencia de Aníbal Fernández fue el reemplazo de Osvaldo Guglielmino por el abogado bonaerense Joaquín Da Rocha en la Procuración del Tesoro, un cargo que cobró relevancia cuando se activaron los juicios de los bonistas en default contra la Argentina luego de conocerse el proyecto kirchnerista que preveía trasladar al Tesoro los 6.500 millones de dólares de reservas como parte del promocionado Fondo del Bicentenario.

Guglielmino era un hombre cercano a Zannini (la persona en la que los Kirchner confían toda su arquitectura jurídica), pero a la hora de elegir a un reemplazante Aníbal se adelantó a todos proponiendo el nombre del “Chango” Da Rocha, un operador judicial del peronismo bonaerense que se formó en los equipos de Antonio Cafiero; colaboró con Eduardo Duhalde y ahora ajusta su sintonía política con el jefe de gabinete. El dato erizó a varios de los kirchneristas históricos, esos que siempre buscan marcar diferencias de orígen al autodefinirse como pingüinos.

Claro que la exposición permanente de Aníbal Fernández no sólo le trae alegrías. Allí está Elisa Carrió, tal vez buscando vengarse de tanta chanza que le dedica el jefe de gabinete, pugnando para iniciarle juicio político a raíz de las supuestas vinculaciones entre integrantes del peronismo de Quilmes cercanos a Fernández y uno de los acusados por el triple crimen de General Rodríguez. Ayer, justamente, el fiscal de la causa, dijo desconocer esas relaciones peligrosas.

Hace tiempo que Aníbal Fernández no habla de aspiraciones políticas futuras. Quiso ser candidato a gobernador hasta que los Kirchner eligieron a Daniel Scioli y la derrota kirchnerista de junio del año pasado ha enfriado las expectativas electorales de varios de sus integrantes.

Todavía disfruta cuando comparan sus habilidades de polemista con las de Corach, pero debería recordar Aníbal que la estrella de Corach se apagó con el menemismo para terminar recluído en los claustros universitarios de Oxford. Un destino mucho menos excitante que el de las crueles batallas argentinas por el poder.

Néstor Shylock Kirchner famoso por su avaricia y afán de lucro desmedido

sábado, 6 de febrero de 2010

Néstor Kirchner aún se ofende cuando le recuerdan la historia.

Ocurrió allá por 1982, en su Río Gallegos natal, y fue la primera vez en que alguien lo llamó Shylock, el nombre que Skakespeare le puso a su mercader de Venecia, famoso por su avaricia y afán de lucro desmedido. En la obra de Shakespeare se retrataba a un codicioso prestamista judío –el cruel estereotipo antisemita de la época– que le exigía una libra de carne de su propio cuerpo al deudor que no podía devolverle a tiempo el dinero.

En la vida real, quien castigó con semejante comparación a Kirchner fue su archirrival del pago chico y ex compañero de estudios, Rafael Flores, por entonces también abogado. El hombre defendía a una mujer cuya casa estaba por rematarle el joven Néstor, que trabajaba para la financiera Finsud y se especializaba en ese tipo de operaciones reñidas con el modelo “productivista” que hoy pregona en los discursos. Ante el juez, su rival Flores lo llamó Shylock e incluso dejó asentado el mote en un escrito. Ganó el juicio, pero el juez lo reprendió por la cita shakespereana e hizo borrar ese nombre del documento. Kirchner se enteró igual, y desde entonces lo odia minuciosamente.


“Fue la única vez que agravié así a alguien y luego le pedí disculpas”, recuerda Flores, que días después del incidente se cruzó con Cristina Fernández por la calle. “Sé que estuve mal. ¿Pero para qué se dedican a esto ustedes?”, se abrió ante ella. La joven esposa del abogado Kirchner, que lo secundaba en su estudio jurídico, respondió sin rodeos: “Queremos hacer política. Y para eso se necesita plata”.

La anécdota tiene 28 años, pero explica la pulsión económica que el matrimonio demostró a lo largo de toda su carrera, y que por estos días derivó en un nuevo escándalo relacionado a su fortuna, el último de una serie interminable.

Cuando trascendió que Kirchner había comprado 2 millones de dólares en octubre del 2008, en el mismo momento en que la crisis financiera hacía temblar los mercados mundiales y el Gobierno empujaba al Banco Central a alterar el tipo de cambio para devaluar el peso, las explicaciones del oficialismo sonaron insuficientes: el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, dijo que no se trató de un delito, y el propio Kirchner aclaró en un correo electrónico que no había intentado especular con el valor del dólar para enriquecerse, sino que esa suma de billetes verdes “sólo” estaba destinada a adquirir un hotel de lujo en El Calafate, que hasta entonces figuraba a nombre de una sobrina treintañera que no tenía cómo justificar esa inversión, y de otros propietarios también cercanos al poder, pero sin tanta capacidad económica.

El caso es que ninguna de las distintas hipótesis deja bien parado a Kirchner. ¿ Qué hay detrás de su obsesión por el dinero y por qué la caja parece importarle más que el poder mismo?

La mejor forma de despedirse del poder

Por Damián Nabot

Con el estrépito de una borrasca de verano, la discusión se apoderó del kirchnerismo. Sus protagonistas se debaten sobre la mejor forma de despedirse del poder en los dos años que quedan de gobierno.

Sus expectativas reales, más allá de las exageraciones públicas, son preservar un núcleo que les permita incidir más allá de 2011, una isla que los refugie y que evite la evaporación. Temen los golpes de guadaña que prometen sus peores adversarios tras años de acumular bilis y rencor.


Pero el debate que los agita en el presente gira en torno a la impronta que debe marcar su despedida.

La designación en el Banco Central de Mercedes Marcó del Pont, una economista que reconocen como propia y con la cual muchos oficialistas compartieron bancada en la Cámara de Diputados, envalentonó a quienes claman por echar toda la carne al asador y tirar por la ventana a quienes juzgan ajenos.

Cuando la presidenta, Cristina Fernández, develó el misterio de Marcó del Pont, los kirchneristas reunidos en el Salón Sur celebraron con un murmullo de aprobación. Gracias a sus torpezas jurídicas, enero había sido digerido por el oficialismo como un plato de sardinas en el desierto. Y la perspectiva de reunir fuerzas para defender a Mario Blejer sólo sumaba desánimo. Presentían que terminaría enfrentado con el Gobierno en peores términos que Martín Redrado.

Para marcar contrastes entre la elegida y Blejer, en el Congreso recordaron el discurso de Marcó del Pont en el debate por la cancelación de la deuda con el FMI, especialmente una frase en la que denostaba a los economistas ortodoxos que exigen paridad entre base monetaria y cantidad de reservas como antídoto financiero para la economía.

El nuevo himno kirchnerista tiene como estribillo “profundizar el modelo”. Y aseguran que Marcó del Pont es una señal en ese sentido. Aunque nadie logra explicar a ciencia cierta el significado del eslogan.

Por ahora, sólo aparece como un breve respiro que devolvió a la Casa Rosada la iniciativa después de un mes contra las cuerdas.

Opositores de centroizquierda también presentarán una denuncia penal contra Redrado y los directores oficialistas

Por Alejandro Bercovich

Hasta el Día de Reyes, cuando estalló el escándalo del Banco Central, el entonces presidente Martín Redrado y los directores K que terminaron por desplazarlo mantenían una relación cordial y casi sin cortocircuitos. El directorio le había delegado a Redrado facultades para intervenir en todos los mercados, incluso el de bonos de la deuda pública. Por eso, pasado mañana, once diputados opositores de centroizquierda presentarán una denuncia penal contra el economista y los directores oficialistas. Es por presuntas maniobras ilícitas en operaciones con títulos de la deuda durante 2008, que habrían favorecido a los acreedores y generado pérdidas al Central por la friolera de 5.127 millones de pesos.


La denuncia, detalla que la autoridad monetaria adquirió bonos por $ 11.262 millones a lo largo del año de la crisis mundial. Y que, lejos de haberlo hecho para aliviar los vencimientos más inmediatos a cargo del Tesoro, compró papeles de largo plazo que terminaron por reforzar la sensación de que el Gobierno caería en una nueva cesación de pagos, al mostrar como “devaluados” a los de vencimiento más próximo.

Según admitieron fuentes oficiales, la Secretaría de Finanzas protestó en aquel momento por esa decisión, aunque el Gobierno prefirió no hacer pública la disputa con el ex golden boy.

El pedido de investigación penal será presentado por Claudio Lozano, economista de la CTA y aliado de Pino Solanas. Lo acompañarán los legisladores de Proyecto Sur, Solidaridad e Igualdad (SI), Libres del Sur y Diálogo por Buenos Aires. A diferencia del planteo que realizaron anteayer el Peronismo Federal, el PRO y la Coalición Cívica, la denuncia no cuestiona una posición general de Redrado y el directorio –como su supuesta “aceptación” de las cifras del INDEC– sino una serie de operaciones puntuales, que la Justicia podría comprobar si obtiene sus registros históricos.

Para los legisladores, Redrado incumplió con los deberes como funcionario público al no haber protegido las reservas del Central. Le achacan haber comprado los títulos “a precios más altos que los correspondientes a bonos equivalentes”, supuestamente para favorecer a los bancos vendedores y también a operadores “que hicieron buenas diferencias comprando en el mercado y vendiendo luego al BCRA”, según el escrito preliminar.

La pérdida de $ 5.127 millones por esas operaciones consta en el Balance 2008 de la entidad que ahora preside Mercedes Marcó del Pont. Las transacciones solía ordenarlas personalmente Redrado desde la mesa de dinero de Reconquista 266, que coordinaba entonces y sigue gestionando hoy el subgerente de Operaciones, Juan Basco.

Según los diputados, si se hubieran comprado bonos de corto plazo, el Tesoro se habría ahorrado entre 3 mil y 5 mil millones de pesos más. “Y de haberse aplicado en aquel momento la misma cifra de reservas que hoy se pretende incluir en el Fondo del Bicentenario, ello habría posibilitado un ahorro fiscal cercano a los $ 14.000 millones”, agrega el texto.

El secretario de Finanzas, Hernán Lorenzino, fue uno de los funcionarios K que más cuestionó las compras que ordenaba Redrado. Amado Boudou aún no piloteaba el Palacio de Hacienda, pero el joven economista ya comandaba esa área bajo la órbita de Carlos Fernández.

Las fuentes consultadas revelaron que, ante las críticas internas, Redrado se escudaba en la independencia del Central, en el supuesto afán de hacer bajar el riesgo país y las tasas de interés, y en la venia que le había dado el directorio para operar a su gusto en el mercado de bonos. El visto bueno no lo habían dado sólo sus directores afines, como Carlos Pérez, sino también quienes no le respondían, como el vicepresidente Miguel Pesce o el ultrapingüino Waldo Farías, ex ministro de Kirchner en Santa Cruz.

Casi la mitad de las compras se hizo a dos bancos. La sospecha de los legisladores es que tanto ellos como algunos de los demás vendedores habrían actuado en connivencia con Redrado. Encima el Central inhabilitó esas operaciones para las AFJP, que intentaron aprovecharlas.

Lo más difícil de comprobar es que las ventas se hayan pactado sistemáticamente a precios superiores a los del mercado. Para eso harían falta las grabaciones en tiempo real de cada orden impartida desde la Mesa del Central. Pero esos registros, a diferencia de lo que ocurre en la mayoría de los países, no son obligatorios.

La República es sustancial y no formal

Por Fernando Iglesias

En el debate sobre el Fondo del Bicentenario y la remoción del presidente del Banco Central, una de las objeciones del oficialismo ha sido la de que las cuestiones planteadas por la oposición eran "formales".

Resulta llamativo que un gobierno presidido por una abogada con años de trabajo legislativo considere que las leyes de la República son "formales". Y es evidente que esta política basada en la abolición de las instituciones promueve la hegemonía de los caprichos presidenciales y habilita los dictados del único poder que los políticos autoritarios consideran sustancial: el Ejecutivo.


Pero la responsabilidad sobre estos hechos excede al Gobierno y abarca a una sociedad convencida que lo que cuenta son los resultados y no los procesos por los que se llega a ellos.

Los argentinos actuamos como si los procedimientos por los que se toma una decisión fueran irrelevantes "con tal de que se tome una buena decisión", cuando la simple lógica sugiere que una decisión correcta es fruto de un correcto procedimiento de elaboración, lo que en política incluye su deliberación pública, la participación de ciudadanos y expertos en su formulación y el respeto de las reglas y la división de poderes. Nada de esto parece importarle al gran resultadismo nacional.

A él adscriben quienes creen que lo importante es que las decisiones de un gobierno sean correctas con independencia del método con que se las toma, ignorando que los procedimientos republicanos son una condensación histórica de la larga experiencia de la humanidad y que su validez se basa en que aseguran errores menos graves que las decisiones arbitrarias del despotismo personalista, como la situación argentina no cesa de mostrar.

Pertenezco a una generación que creyó que la democracia era "formal". Tuvimos que pasar por muchos sufrimientos para descubrir que no lo era. Felizmente, hemos superado aquella etapa. Hoy, las insuficiencias de nuestra democracia no se derivan de su carácter pretendidamente formal sino que nos falta aún comprender que también la República es sustancial, y no formal.

Los Argumentos de Julio César Cleto Cobos

viernes, 5 de febrero de 2010

Por Mario Fiore

"Si tuviera que actuar por mi conveniencia política, no estaría sentado ni un minuto más en esa mesa", dicen que les confesó a sus íntimos el vicepresidente Julio Cobos el fin de semana pasado, cuando se dispuso a confeccionar los argumentos que dio a la Bicameral que trató la salida de Martín Redrado del Banco Central. Está claro, Cobos y los suyos siempre fueron conscientes de que políticamente iba a ser cuestionado, cualquiera fuera su voto. "Por eso decidió actuar institucionalmente y no políticamente", lo defiende su ex vicegobernador Juan Carlos Jaliff.

Hoy Cobos está padeciendo su doble rol de Vicepresidente de un gobierno y líder de la oposición. En la balacera cotidiana en la que se ha transformado la política argentina, quedó en el medio de un fuego cruzado. Imposible zafar, como lo hizo en algunas ocasiones.

Por estas horas, el mendocino sabe que si quiere ser candidato a presidente será más que nunca a pesar del Gobierno nacional -que no ha desactivado el operativo en su contra ni piensa hacerlo- y también a pesar de la oposición, de la que el kirchnerismo y algunos sectores lo ven como su principal referente.

Pero el momento es más angustiante porque la opinión pública empieza a no entender el aprieto en el que se ha metido el mendocino y le dio la espalda por votar en contra de Redrado, quien había emergido como el último rebelde del kirchnerismo. Sin el apoyo de la ciudadanía, como tuvo en los últimos 18 meses desde que volteó las retenciones móviles a la soja, Cobos está entonces en un yermo.

Los argumentos que dio el Vicepresidente en la Bicameral que aconsejó finalmente la remoción de Redrado -con su voto y el del diputado oficialista Gustavo Marconato- son tres.

El primero es que no había motivos para desplazar a Redrado del Central por incumplimiento de los deberes de funcionario público debido a su oposición a liberar las reservas para pagar los vencimientos de la deuda (tal como lo estipuló el decreto 2.010/09 que creó el Fondo del Bicentenario).

Cobos argumentó que tal renuencia de Redrado no está probada ya que el economista, en su testimonio ante el Parlamento, dijo que el trámite de transferencia de fondos siguió su curso normal en el Central y sus objeciones fueron sólo verbales ante el Gobierno. Además, en caso de que se hubiera opuesto realmente, el Ejecutivo nacional necesitaba la autorización del Congreso, algo que aún hoy no tiene.

En cambio, Cobos desarrolló en otro pasaje de su dictamen, los motivos por los que sí Redrado era pasible de ser removido. Para ello se extendió a los cinco años y cuatro meses que el "Golden Boy" comandó el Central.

Dicen las fuentes cobistas que la posibilidad de ampliar la investigación a toda la gestión de Redrado fue peticionada por el diputado opositor Alfonso Prat Gay (Coalición Cívica), quien como anterior jefe del BCRA tenía muchas objeciones a la labor de Redrado.

Ante esto, Cobos cuestionó que Redrado no cuidó el valor de la moneda porque en ningún momento objetó los índices de inflación del Indec, claramente ficticios.

Por otro lado, le achacó a Redrado una "dudosa" contabilización de los activos del BCRA. Y pidió que se investigue a todo el directorio que acompañó al economista durante su gestión por los mismos "pecados".

El tercer argumento que escribió Cobos fue el más político: le aconsejó a la presidente Cristina Fernández que acepte la renuncia que Redrado presentó el viernes pasado a fin de evitar más problemas institucionales al país y tranquilizar la economía.

"Cobos hizo el voto que quería hacer Prat Gay pero que éste no hizo porque no lo dejó Lilita Carrió", se animó a explicar Jaliff. Se sabe: Prat Gay se limitó a rechazar la remoción de Redrado dado que éste se opuso a la formación del Fondo del Bicentenario con parte de las reservas del Central y no pudo explayarse sobre la gestión de su sucesor porque la líder de su partido evitó por todos los medios quedar pegada al Gobierno nacional.

Ceñirse al segundo DNU de Cristina Fernández, el que firmó junto a todo el gabinete nacional para remover a Redrado por oponerse al Fondo del Bicentenario, fue la salida que encontró Prat Gay para poder votar a favor del cuestionado sucesor y satisfacer los pedidos de Carrió.

Para muchos, el voto de Cobos, sin embargo, debió ser idéntico al de Prat Gay. Se lo hicieron saber sus correligionarios más encumbrados, que debía ponerse en la vereda de enfrente del "atropello institucional" de los Kirchner. Se lo hicieron saber incluso sus más amigos que no tienen nada que ver con la política.

Pero Cobos no los oyó. "Eligió ser Vicepresidente, cumplir su rol institucional, y no sacar rédito de esto", explicó otro cobista que acompañó al ex gobernador en estos últimos días.

Difícil es medir ahora para Cobos el alcance de su decisión. Se arriesgó a quedar pegado al Gobierno, desconcertó a buena parte de la gente, y desde su partido volvieron a desconfiarle por no atender sus recomendaciones.

También hay interpretaciones más transgresoras, menos lineales. Curiosamente, las aportan los kirchneristas, quienes siguen desconfiando del Vicepresidente aun cuando esta vez votó a favor del Gobierno. Estas voces creen que Cobos sólo buscó sentar precedente ya que se prepara para gobernar el país en 2011.

"Por eso consideró que la jefa del Estado tiene derecho a pedir la remoción del titular del Central si éste no comparte con el Ejecutivo la política a seguir y porque además sabe que deberá apelar a las reservas si las vacas vuelven a ser flacas", explicó un legislador K.

"No lo hablamos nunca, pero es una lectura lógica", admite un radical que tiene trato frecuente con Cobos y que acompaña su candidatura. En esta visión de los hechos, el mendocino ya no habría actuado sólo como Vicepresidente, como pregonan los cobistas. Tampoco habría hecho el juego de instalarse como un claro opositor, como lo hizo Carrió al inducir el voto de Prat Gay. Habría dado un mensaje más fuerte al seno del Gobierno: que está dispuesto a negociar las reglas de juego de una Argentina en la que los Kirchner ya no sean los únicos que mandan.

Marcó del Pont no aparece con capacidad de poner algún freno a la voracidad monetaria del matrimonio

jueves, 4 de febrero de 2010

Por Alfredo Leuco

La sorpresiva designación de Mercedes Marcó del Pont tiene sus luces y sus sombras.

Por un lado la cara positiva es que se trata de alguien que siempre defendió el modelo productivo y se opuso a las políticas neoliberales de la época de Menem que tanto daño hicieron al trabajo nacional.


Su pensamiento desarrollista e industrialista le permitió ser la jefa de asesores de José Ignacio de Mendiguren mientras fue ministro de la Producción del presidente Duhalde. No hay una sola sospecha de corrupción que ensucie su trayectoria y todos elogian su capacidad intelectual y la firmeza de sus convicciones. Esta mitad del vaso llena nos podría llevar a decir que se trata de una decisión muy buena de Cristina Fernández de Kirchner.

El tema es que las cosas no son tan simples. Está la otra cara, la negativa, la que arroja sombras y que también hay que plantear con todas las letras. El primer problema son los Kirchner. Esta visto que no tienen límites y que están dispuestos a avanzar sobre todas las cajas que encuentren para sostener su proyecto de poder basado en los premios y castigos en efectivo.

Y Mercedes no supo, no quiso o no pudo ponerles límites. En el Banco Nación aceptó castigar a periodistas críticos del gobierno. No se negó a esa acción punitiva. Tuvo obediencia debida. Tampoco se recuerda ni siquiera una suave crítica hacia los manejos patoteros y la malversación de datos de Guillermo Moreno en el INDEC.

Mientras fue diputada, tuvo el verticalismo necesario para votar todos y cada uno de los proyectos que los Kirchner enviaron al Congreso. Este es el principal peligro.

Mercedes Marcó del Pont no aparece con capacidad de poner algún freno a la voracidad monetaria del matrimonio ni al desprecio que tienen por las normas y las formas. Eso es grave en cualquier lugar y mucho más en el Banco Central. Una cosa es darle un perfil más político y popular al banco algo que no esta mal y otra es permitir que se convierta en una nueva chequera sin fondos ni controles de los Kirchner.

Otra sombra es la improvisación de su designación que demuestra el desconcierto del gobierno. Hace 25 días apenas, el ministro de economía Amado Boudou anunció que Mario Blejer iba a asumir como nuevo presidente del Central. En tan poco tiempo los Kirchner pasaron de una punta a la otra y en una actitud espasmódica designaron a Marcó del Pont.

Esas son las dos caras de la moneda. Esa es la gran incógnita que hay que despejar. ¿El Banco Central se convertirá en una gran ayuda crediticia para las pequeñas empresas como sueña Marcó del Pont o en un barril sin fondo para que meta la mano Néstor Kirchner? ¿Convicciones u obsecuencia?

Veremos. Mas temprano que tarde el pueblo sabrá de que se trata.

Las instituciones hacen las veces de floreros vacíos cuya utilidad es pura y exclusivamente decorativa

El análisis político y económico de los doctores Vicente Massot y Agustín Monteverde

Las instituciones entre nosotros hacen las veces de floreros vacíos cuya utilidad es, en el mejor de los casos, pura y exclusivamente decorativa. Veamos si no.

La presidente, cuando todavía creyó que era posible hacerlo, intentó sacarlo a Martín Redrado a fuerza de puro decreto. Luego debió aceptar que el Congreso podía más que ella. De su lado, el titular o ex–titular o lo que actualmente fuese del Banco Central, dijo que sólo estaría dispuesto a prestar declaración si antes se derogaba el DNU del Ejecutivo. La derogación brilló por su ausencia y, sin embargo, el llamado Golden Boy aceptó declarar pero, antes de que la comisión presidida por Cobos se expidiese, se fue dando un portazo.

Por fin, el kirchnerismo, que lo consideraba a Redrado fuera de su cargo —porque lo había echado— y no le permitió la entrada a su despacho, haciendo uso y abuso de la policía, no le acepta ahora la renuncia porque, en el fondo, se quiere dar un gusto de chico malcriado. Como muestra de mamarracho institucional, basta y sobra.


Lo importante no han sido ni serán las 10 causas penales pendientes de resolución en la presente comedia de enredos, sino la pérdida de poder del gobierno.

Si se piensa que cincuenta días atrás Cristina creyó posible entrar a saco en las reservas del Banco Central con un DNU que todavía está en el limbo, y que hace 25 días, poco más o menos, apeló nuevamente a otro decreto de necesidad y urgencia para deshacerse de Redrado sin lograrlo, fácilmente se caerá en la cuenta de quién gano y quién perdió.

El kirchnerismo no es que haya extraviado la brújula y se encuentre al garete, librado a la buena de Dios. No llegó todavía a esa instancia. Lo que sucede es que sus reflejos ya no son los mismos y, además, toca timbres y los ordenanzas piensan dos veces antes de atenderlo. Da órdenes que se las lleva el viento y, no conforme con ello, parece no darse por enterado de que su poder no es ni la sombra del de antaño.

Mientras Daniel Scioli junto a Karina Rabolini aprovechaban la nieve en Saint Moritz sin temor a que en el kirchnerismo alguien les reprochase, con tono agrio, su ningún apego a los destinos turísticos de cabotaje, en Pinamar emergía la punta de un iceberg disidente dentro del Partido Justicialista que al santacruceño, para variar, lo sacó de quicio.

El lunes 25 de enero un grupo mayoritario de los 37 diputados bonaerenses del PJ —22 en total— decidieron reunirse en esa localidad balnearia a los efectos de intercambiar ideas y reflexionar en voz alta sobre el panorama que se avecina para ellos.

Por supuesto, hacia afuera, las declaraciones de quienes allí estuvieron presentes resultaron vaguedades por todos conocidas: “—Fue una reunión de camaradería donde se habló con ciertas libertades pero no se trató de una operación política contra el gobierno” —dijo, cuando el escándalo ya había estallado, el jefe del bloque K en la legislatura, Raúl Pérez.

Es que, con su cabeza puesta a precio por Néstor Kirchner, si decía la verdad, a partir de ese momento su carrera política no valdría un peso. Por lo tanto creyó que lo mejor era tratar de salir del atolladero con unas declaraciones incoloras, inodoras e insípidas.

No obstante lo cual, en la casa del anfitrión, el presidente de la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires, Horacio González, al político patagónico, menos lindo, le dijeron de todo. Algo que el pasado jueves Hugo Moyano —que no tiene por qué rendirle pleitesía al matrimonio gobernante y puede decir la verdad, guste o no guste en las más altas esferas del gobierno— confirmó sin demasiadas vueltas.

Hubiera sido difícil, por no decir imposible, que el conclave de los diputados díscolos no trascendiese a la prensa. En la Argentina no hay secretos de Estado. Pero hay razones que, en este caso, hacen pensar seriamente en una filtración gestada a propósito, para que se enterara todo el mundillo político y alguien más. Como quiera que haya sido, lo cierto es que en Pinamar quedó transparentado cuanto se viene insinuando en el justicialismo desde la derrota sufrida por el Frente para la Victoria el 28 de junio del 2009: nadie o, si se prefiere, sólo unos pocos quieren amarrase al barco semihundido, en términos de chances electorales, del kirchnerismo.

Las críticas al estilo despótico del santacruceño estuvieron a la orden del día, aunque no es cuestión de engañarse sobre el particular: al peronismo los malos modales de un conductor con pujos de matón lo tienen sin cuidado en tanto y en cuanto sepa llevarlo a la victoria. El problema aparece cuando sobran los malos tratos, las medidas inconsultas y las órdenes suicidas y las elecciones se pierden.

Hace un mes atrás Kirchner tuvo que poner todos sus títulos de autoridad sobre la mesa y pegar más gritos que los acostumbrados para sofocar una rebeldía en el congreso peronista bonaerense. Un sector de los intendentes que teóricamente comulgan con su posición y reconocen su liderazgo quisieron imponer entonces, contra la voluntad del patagónico, a Horacio González como presidente de ese órgano. En esa ocasión el conato pudo ser controlado. Ahora las disidencias han marchados por otros carriles y cuando Kirchner se enteró ya era tarde.

Sucede que en octubre del 2011 no se elegirán, como el año pasado, sólo ediles sino que estarán en juego las intendencias. El riesgo de perder no sólo la mayoría en los consejos deliberantes sino el poder ejecutivo en buena parte de la provincia, e inclusive en el Gran Buenos Aires, a nadie le hace gracia.

Kirchner no tiene otra salida que huir hacia adelante y tratar por las buenas —a través del envío de fondos— o por las malas —a través de la amenaza de suspender esos mismos fondos— de retener los apoyos que todavía reivindica con éxito en el principal distrito electoral del país. En cambio, los diputados e intendentes que hasta aquí le fueron fieles y se prestaron a seguir a pie juntillas la malograda estrategia de las candidaturas testimoniales, no están dispuestos a perder su capital político por amor a Kirchner. Más allá de si lo quieren mucho, poco o nada, están convencidos, como el resto del peronismo, que el santacruceño inevitablemente los conduce a una estrepitosa derrota electoral de la cual ellos, siempre atentos a la caja y al poder, no quieren ser parte.

Lo que pusieron de manifiesto los kirchneristas bonaerenses es que “el rey está desnudo” y ellos no desean desnudarse. Sencillamente porque tienen otras opciones que, de momento, no son del caso ventilar. No porque resulten secretas sino porque elementales razones de timing político aconsejan no hacer públicas las alianzas que están en boca del país y cuyo destinatario es Francisco de Narváez.

A lo largo y a lo ancho de la geografía justicialista todos esperan que Carlos Reutemann se decida, de una vez, a tomar el toro por las astas y a anunciar su candidatura presidencial. Nadie sabe, a ciencia cierta, si adoptará esa decisión antes o después del campeonato mundial de fútbol o, siquiera, si la tomará este año o el próximo, pero lo que sí es cierto es que, si finalmente diese ese paso, la estampida que se produciría en las filas del oficialismo sería de película.

Claro que cuanto podría denominarse, tomando prestado el titulo famoso de George Orwell, Rebelión en la granja, no se agota en el justicialismo ni mucho menos.

Hoy alcanza también a la justicia, que en el curso del último mes ha parado en seco cuatro proyectos fundamentales del gobierno: la ley de medios; la venta de Telecom por parte de los italianos; el Fondo del Bicentenario para utilizar las reservas y la ofensiva contra Papel Prensa.

Si el oficialismo, ante el asombro de buena parte de la oposición y de la ciudadanía, se las había ingeniado, inmediatamente después de su traspié electoral, para aprovecharse de las mayorías que todavía tenía en las cámaras y hacer votar una serie de leyes estratégicas, esas victorias obtenidas en el Congreso ahora han quedado en veremos, relativizadas.

Los triunfos obtenidos en el Parlamento se han transformado en sendas derrotas que, de momento, no se sabe si serán transitorias o definitivas. En distintos estrados judiciales al kirchnerismo le ha salido el tiro por la culata y cuanto el santacruceño y su mujer habían saboreado a fin de año como si fuese un manjar de los dioses, hoy tiene un gusto amargo.

Hay, cuando menos, cuatro medidas cautelares que le han devuelto la sonrisa al grupo Clarín. Los accionistas italianos de Telecom se han sentado a la retranca, avalados por una Cámara y han hecho entrar en la disputa a la Unión Europea. En cuanto a los precios que el inefable secretario de Comercio Interior le había obligado a fijar a Papel Prensa, han quedado momentáneamente sin efecto; y en lo que respecta al DNU del Fondo del Bicentenario, o el gobierno convoca a extraordinarias o todo pasa para marzo.

En medio de semejante panorama, que Néstor Kirchner, en plena crisis financiera internacional, haya comprado U$ 2 MM, avala las sospechas de una legión de argentinos que lo consideran un corrupto serial.

Hace falta decir que en ese mismo mes de octubre del 2008, cuando realizó la transacción el santacruceño, Redrado acaba de decir que tuvo fuertes presiones a favor de una devaluación.

¿Casualidad? Hasta la próxima semana.

Néstor Kirchner eligió al konductor Víctor Hugo Morales para promocionar su mail explicando el destino de los dólares

martes, 2 de febrero de 2010

El ahora devenido en periodista Kirchnerista, Víctor Hugo Morales, en su programa de radio por Continental comentó que había hablado telefónicamente con Néstor Kirchner, como si fuera habitual para él conversar con el ex presidente,  para decir obsecuentemente que no necesitaba más que la palabra de Néstor Kirchner para creerle el destino que tuvieron los 2 millones de dólares adquiridos en plena crisis internacional, pero que lo demostraría vía mail al Konductor de la radio.

Todos los halagos de Viktor Hugo Morales hacia el ex presidente los podés oir aquí mismo porque temo no ser lo suficientemente objetiva para comentar la inexplicable metamorfosis del periodista, jamás me gustaron los chupa medias. Mas abajo, el texto completo del susodicho mail.


El Texto del mail que Néstor Kirchner eligió enviarle a Víctor Hugo Morales:

"Ante versiones periodísticas malintencionadas que han tomado trascendencia pública en las últimas horas, que afectan mi honorabilidad, vengo a informar a la comunidad y desmentir formalmente los citados comentarios.

"Tal como consta en las declaraciones juradas presentadas ante los organismos de contralor con fecha 6 de noviembre de 2008 he adquirido el paquete accionario de HOTESUR S.A., firma propietaria del inmueble hotelero denominado HOTEL ALTO CALAFATE.

Para formalizar el pago de dicha adquisición cuyo pago se realizo en dólares estadounidenses efectué durante el mes de octubre compras de dichas divisas con fechas 9, 15 y 23 de octubre hasta completar un total de 1.999.999,80 dólares, dentro del tope permitido para personas físicas en forma mensual.

- Que este monto de dólares adquiridos junto a otros montos provenientes de mis inversiones en dicha moneda permitieron cumplimentar el pago indicado.

-Que no existió obviamente posibilidad de beneficio cambiario toda vez que el pago realizado fue en la misma moneda por la cual se efectuaron dichas adquisiciones de divisas.

- Que en virtud de la magnitud de la operación formalizada el día 6 de noviembre de 2008 se requirió de efectuar varias operaciones y que se puede apreciar todas fueron efectuadas dentro de los 30 días anteriores al pago de la operación de compra del paquete accionario de HOTESUR S.A.

"También quiero reflejar que todas las adquisiciones de moneda extranjera fueron efectuadas dentro del sistema reglado por el Banco Central de la Republica Argentina y se depositaron en caja de ahorros en dólares de mi titularidad en entidad bancaria hasta la fecha en que se formalizo el pago de la compra de HOTESUR S.A".