Las exhaustas arcas fiscales

jueves, 11 de febrero de 2010


El análisis político y económico de los doctores Vicente Massot y Agustín Monteverde


Quién da más…


En términos políticos el principal problema que arrastra el gobierno es el desencantamiento de la sociedad con el matrimonio gobernante. Si aún teniendo que sobrellevar las dificultades de todos conocidas la gente continuase identificándose con el santacruceño y su mujer, la suerte del 2011 no estaría echada para ellos.


Pero sucede que desde la crisis del campo a la fecha todo lo que ha hecho el kirchnerismo pareciera enderezado a malquistarse con el ciudadano común y corriente que, hasta octubre del 2007, lo había votado sin pensarlo dos veces.

Ha sido tal la protervia gubernamental, de tal magnitud su empeño en llevarse el mundo por delante, tan desconsiderados sus planteos, tan provocativas sus decisiones y tan corruptos sus principales referentes, que el prestigio ganado entre mayo del 2003 y finales del 2007 se hizo añicos.

En resumidas cuentas, cuanto proviene hoy de los Kirchner suscita el rechazo del 70 % de la población, poco más o menos. Esto último no lo entendió Julio Cobos al votar por la destitución de Martín Redrado, alineándose con el Poder Ejecutivo.

Las encuestas ponen en evidencia que, por primera vez desde que expresó su voto no positivo, que lo catapultó a la fama, la ciudadanía está en desacuerdo con la decisión tomada por el vicepresidente de la República.

Curiosa actitud la de Cobos que hasta aquí había desenvuelto su estrategia con arreglo a un planteo tan simple como eficaz: hacer lo contrario de los Kirchner.


Por otro lado, en términos económicos, el principal quebradero de cabeza que tiene por delante esta administración es de carácter fiscal y por eso, en la desesperación de no hallar fuentes de financiamiento alternativas, Kirchner consideró pertinente avanzar, a pecho descubierto, sobre el Banco Central.

Si el gasto público continúa creciendo frente a ingresos que no alcanzan a seguirle el ritmo, es lógico que sea menester apropiarse de una nueva caja —otra más— para dotar de recursos a las exhaustas arcas fiscales.


El nombramiento de Marcó del Pont es, pues, la puerta de entrada a los U$ 17000 MM que necesita el gobierno a los efectos de no colapsar. Nada hay de exagerado en este juicio. Sin las llamadas “reservas excedentes”, los requerimientos de financiación del año en curso no podrían cubrirse. Por lo tanto, tres cosas resultan ciertas:

1) se reformará, cuanto antes, la Carta Orgánica del Banco Central, 2) cualquier atisbo de autonomía de la principal institución financiera del país es, a esta altura, cosa del pasado, y 3) el uso de las reservas carecerá de límites.


El gobierno tiene por delante la misión de conseguir en alguna de las dos cámaras del Congreso un número suficiente de votos para aprobar el polémico DNU que dio origen al Fondo del Bicentenario. Está claro que, por el lado de la justicia, las estrategias planteadas por Cristina Fernández y sus asesores no tuvieron buen final.

Es más, en el frente al que venimos haciendo referencia el gobierno se halla sometido a un fuego cruzado que no cesa, al extremo de cosechar fallos adversos en casi todos los estrados judiciales del país en las cuestiones —ley de medios, Telecom, etc.— que le preocupan.


Razón de más para tratar, ahora obligados por la justicia, de dar la batalla en el Parlamento.


Nadie puede asegurar hoy cómo se alinearán los senadores en punto a la utilización de las reservas. Mientras los gobernadores de Tucumán y Chaco, José Alperovich y Jorge Capitanich, así como Daniel Scioli, Fabiana Ríos y José Luis Gioja, entre otros, defendieron la decisión gubernamental en la materia, algo de lo que no hay por qué sorprenderse en atención a sus observancias ideológicas, también lo hizo un opositor acérrimo a la pareja presidencial, Juan Schiaretti, ahogado por las estrecheces financieras que aquejan a Córdoba.


En este orden de cosas no es de extrañar que resulte clave la postura que, al respecto, adopte el pampeano Carlos Verna quien viene manteniendo diversos contactos con algunas de las principales figuras del oficialismo —dentro y fuera de la cámara— interesadas, como no podría ser de otra manera, en convencer a los dos representantes de La Pampa, como a los fueguinos y correntinos, y sumar sus votos a los de la bancada del Frente para la Victoria.

De esa manera podrían obtener los 36 necesarios a los fines de aprobar el DNU de la discordia y entonces poder disponer libremente de las reservas del Banco Central.


El escenario que ahora parece abrirse es múltiple. La Casa Rosada ha querido dar intervención a la Corte Suprema en el tema del DNU ya famoso, aunque ese camino difícilmente conduzca a buen puerto. Es que el máximo tribunal de justicia de la Nación ya ha manifestado que la materia es competencia del Congreso. Inclusive, si asumiese el caso, habría pocas probabilidades, si acaso alguna, de que su pronunciamiento fuese antes de marzo cuando se abra el periodo de sesiones ordinarias en el Parlamento.

Como fue dicho antes es en este último ámbito donde se dirimirá la próxima batalla de importancia entre el oficialismo y el arco opositor.


El arsenal con que cuenta el gobierno reside en el manejo discrecional de la caja por parte del Poder Ejecutivo vis a vis las apremiantes necesidades de las provincias en términos financieros. El rojo fiscal es común a la totalidad de éstas y por ende la especulación del kirchnerismo respecto de cambiar plata fresca del Fondo del Bicentenario (léase reservas del Banco Central) por los votos de los diputados y senadores, es realista.


El santacruceño sospecha, con buenas razones, que no habrá en la puja que se anuncia para marzo una confrontación de carácter ideológico sino un tira y afloje por recursos que todos anhelan y que darían cualquier cosa por conseguir. De su lado los principales referentes del arco opositor al gobierno, previendo esta realidad, han imaginado una jugada tan osada como ingeniosa.

Sabedores de que en estas circunstancias no bastarán los argumentos institucionales para convencer a los representantes que le son afines de las dos cámaras para que no se pasen de bando y terminen secundando la estrategia kirchnerista, han lanzado al tapete la idea de coparticipar el impuesto al cheque a las provincias.

Piensan que sólo una medida de esta naturaleza podría compensar los aportes que las provincias no recibirían en el supuesto de que no hubiese Fondo del Bicentenario.


En una palabra, asistimos a una ronda de promesas y de ofertas cruzadas que tienen como punto de referencia, tanto en el plan del oficialismo como en el de sus contrincantes, a los dineros públicos.

Desde la Quinta de Olivos la orden es comprar voluntades a cambio del compromiso de sufragar un incremento del gasto vía el manejo de las reservas. Voten el DNU —vienen a decir Pichetto y Rossi a los senadores y diputados, respectivamente— y no tendrán de qué preocuparse.

De lo contrario, sus provincias deberán enfrentar problemas insolubles. De su lado, el antikirchnerismo enarbola una táctica menos extorsiva: coparticipemos el impuesto a los débitos y créditos bancarios, afirman, y no habrá necesidad de convalidar la extorsión kirchnerista.


Claro que la presidencia se reserva una carta ganadora para el caso de que el arco opositor consiguiera salirse con la suya y lograse aprobar la coparticipación del mencionado impuesto: el veto.

Hasta la semana próxima.

Kirchner no es un moderado

Por Beatriz Sarlo

Hay quienes creen que, con perspectiva histórica, la compra de los dos millones de dólares que hizo el ex presidente Kirchner será un dato menor para juzgar toda esta etapa. Pero sería una renuncia moral y política quitarle el peso que tiene en la densa trama del presente.



"Todo esto me pasa por estar en blanco", dice Víctor Hugo Morales que le dijo Kirchner por teléfono (línea privada). No hay motivos para desconfiar del periodista elegido por Kirchner como emisario para difundir explicaciones sobre su última operación inmobiliaria, que el diario gratuito El Argentino califica, con toda razón, de "productivas" (el adjetivo gratuito lleva a preguntarse con qué fondos se financia esa gratuidad, que los lectores seguramente agradecen, como agradecen los reaparecidos goles de Canal 7, que tampoco son gratis).

Sorprende un poco, sin embargo, que el político más importante de la Argentina elija un solo programa para aclarar su situación. ¿Está dando una primicia o eligiendo a un profesional ubicado sobre toda suspicacia, hoy enfrentado con la bestia negra de los odios periodísticos que profesa Kirchner?

Como sea, Kirchner "está en blanco" pese a que Redrado, en un gesto vengativo, habló más de lo que en su momento suponían quienes lo pusieron en el Banco Central y lo mantuvieron calladito durante años.

Por eso se quebraron las lealtades inconfesables que ahora se llaman "códigos", y el ex presidente se vio sometido a la humillación de explicar los motivos que lo llevaron a adquirir dos millones de dólares en octubre de 2008. Esos motivos suenan perfectamente correctos, ya que fueron derechito a una inversión productiva en el sector turístico, rama de los servicios en los que los Kirchner se han especializado.

O sea que nos enteramos de nuevo, porque la Presidenta lo dice cada vez que se menciona su enriquecimiento, que Kirchner "está en blanco" y que, a veces, cuando lo molestan el periodismo o alguno de sus ex funcionarios, lo lamenta, como si dijera: "Todo esto me pasa por ser un ciudadano honesto", frase que resulta invariablemente sospechosa, pero no vamos a destejer lo que no se dice cuando se dice algo.

Si un tipo cualquiera se queja de ser un ciudadano honesto, vaya y pase, la gente habla sin pensar; pero la frase no la puede pronunciar un ex presidente de la república que sabe que no tiene otro camino, salvo que crea que su poder podrá impedir una visita a Comodoro Py.

Lo sorprendente del mensaje que Kirchner le envió a Víctor Hugo Morales es que tenga tiempo para estar en tantas cosas. Ejerce una influencia constante sobre las decisiones del Ejecutivo; forma parte de un triunvirato de gobierno que pocas veces se extiende más allá de sus infatigables peones; recorre el país con motricidad nerviosa, especialmente el Gran Buenos Aires, esa zona que es su "vientre blando" por donde puede entrar la puñalada.

Sin embargo, agrega a esa montaña de trabajo cotidiano las inversiones inmobiliarias, dando prueba de una capacidad de gestión pública y privada excepcional. Cualquier mortal del común sabe que, si está con una sola tarea difícil entre manos y lo llaman porque debe cubrir un cheque o actualizar su declaración de impuestos, el mundo se le viene abajo: "Decíme, ¿no lo podemos dejar para después?"

Pero Kirchner no es un mortal común. Es gerente del gobierno nacional y también sigue ocupando la gerencia de sus asuntos privados. La escena previa a la compra de las divisas es difícil de imaginar. Incluso para gente tan rica como Kirchner y su esposa, dos millones de dólares son plata.

Muchos como yo quizá todavía estén pensando qué le dijo a Kirchner su asesor inmobiliario-turístico: que tenían tantos días para decidirse y de dónde podía sacar los pesos para adquirir los dólares necesarios en la operación que iba a ampliar su ya admirable imperio calafateño. Después de todo es "el lugar en el mundo" de Cristina Fernández y, frente a esa conmovedora inclinación sentimental de una esposa a la que todo le cuesta más porque es mujer, no es cuestión de andar con mezquindades.

Kirchner tiene derecho a mantener conversaciones tan interesantes como ésta, y no existe una ley que le impida hacer buenos negocios a los maridos de las presidentas. Por supuesto, existen principios no escritos de moderación y prudencia que aconsejan a los políticos no enriquecerse demasiado mientras sus cónyuges ocupen los puestos más elevados del Ejecutivo y los funcionarios pasen parte del día defendiendo sus declaraciones de impuestos o sus adquisiciones de bienes como si ese fuera el trabajo normal de los ministros.

Pero Kirchner no es un moderado; puede ser un burgués sin principios o un dirigente típicamente peronista (lo cual no es un insulto sino una cultura política nacional), pero moderado, jamás. Todos sabemos que los Kirchner, como antes Menem a su manera, son transgresores de la timidez moral propia de la pequeña burguesía, que tiene reparos ante la extensión absoluta del poder; este recelo no sería compartido por los sectores menos favorecidos (o, por lo menos, así reza la leyenda política peronista y, a veces, las encuestas).

Frente a los timoratos, son audaces. En sí misma, la audacia no es positiva ni negativa: es un rasgo de temperamento que hay que juzgar no por sus desplantes sino por sus resultados. Es posible que la suerte acompañe a los audaces; pero también es posible que, envalentonados por esa amistad con la fortuna, enceguezcan. No está escrito en ninguna parte que la audacia que funcionó una temporada no sea vista como terquedad en la siguiente. Le pasó a Menem.

Los Kirchner son políticos que esperan con confianza optimista el juicio de la historia, sobre cuya positividad no les cabe duda. Incluso algunos historiadores locuaces y un poco precipitados han dicho que, vistos en perspectiva, los años Kirchner parecerán buenos. Esa afirmación, aunque llegara a probarse, pasa por alto un argumento esencial que me gustaría exponer brevemente.

La historia enseña que algunas configuraciones políticas del pasado pueden deslizarse, con cambios, hacia el presente; enseña que no todo presente es un momento excepcional, sino que responde a formaciones de mediana o larga duración que vuelven más comprensibles acontecimientos a primera vista completamente originales; muestra que algunas figuras de la ideología pueden retornar, aunque nunca retornen del mismo modo. En síntesis, la historia permite pensar de manera relativa el presente, captando su originalidad pero también sus intermitencias y repeticiones.

La historia se vuelve conservadora cuando sólo descubre en el presente las ominosas repeticiones del pasado o la desaparición irreversible de unos años dorados. Entre presente y pasado la historia tiene que ser original para descubrir lo nuevo, pero también proponer buenas versiones de lo sucedido para establecer comparaciones y paralelos.

Sobre la base de que quizás el gobierno de los Kirchner obtenga un juicio más benévolo o merezca directamente ser colocado "entre los mejores", como fantasean los más optimistas, no es posible sino esperar la validación de tal hipótesis que los historiadores futuros, dentro de diez o veinte años, podrán corroborar o demoler. Pero no somos historiadores de nuestro presente. Porque es imposible serlo y porque, además, no es bueno como ejercicio de ciudadanía.

La única forma de intervenir en el presente es dándole un espesor que la historia, inevitablemente, relativiza. El presente se vive con pasiones políticas y tomas de posición ideológicas que el historiador no acepta sin que medien filtros teóricos y de método. El presente necesita de la indignación tanto como de la mesura porque lo que está sucediendo no es un objeto de análisis sino una experiencia.

Ignoro hoy cuál será el balance de los Kirchner; probablemente los dos millones de dólares serán allí un dato menor. Pero sería una renuncia moral y política quitarles el peso que tienen en la densa trama del presente.

Luis D'Elía, A Dios rogando y con el mazo dando

miércoles, 10 de febrero de 2010

Por Mónica Gutiérrez

En vísperas de San Valentín, el inefable líder del FTV deshoja la margarita. "Te quiero mucho, poquito y nada", es la letanía que lo lleva y los trae por medios, Mientras sobrelleva una suerte de tempestad de emociones confusas.

La pasada semana, sin que nadie le preguntara nada, le dio por recordar los ancestros presidenciales, exhumando la figura del “abuelito usurero” de Néstor Kirchner. No pareció un lapsus inocente tan demoledora defensa de la honestidad “pinguina”. Traer a la vida pública a alguien que todos suponemos ya descansa en santa paz, no parece ser una delicadeza digna de agradecimiento alguno.


Tal vez mortificado por la culpa, fue el mismísimo Luis D´Elía, uno de los primeros en llegar a las veredas sanatoriales para sumar su fervor y oraciones por la pronta recuperación del nieto vapuleado.


Poco duró la piedad. Apenas despuntó la semana, y con Néstor todavía recibiendo cuidados intensivos, arremetió sin piedad alguna con una de esas advertencias que le pegan feo a K.


Según D´Elía la distribución del Plan “Argentina Trabaja” no para de acumular broncas y tensiones en las organizaciones sociales y aseguró que, si para marzo no cambian la manera en que se distribuyen los planes las organizaciones sociales “estarán unidas y en la calle”.


“No me escuchan y me mienten” dijo Luis, luego de definir como un “acto de salvajismo político” el modo en que se asignan los puestos de trabajo que con bombos y platillos anunció Cristina unos pocos meses atrás.


El esquema de distribución “está aplicado a sostener la red de punteros que además, como ya lo hicieron el 28 de junio, van a traicionar a NK”, agregó por si no queda claro el, de a ratos, hiperoficialista líder piquetero.


Del Sanatorio de Los Arcos a Radio 10 sin escalas. “A Dios rogando y con el mazo dando”.

Luis D’Elía: "Kirchner es un maltratador que se relaciona por medio del servilismo"

Por Alfredo Leuco

¿Qué pensará el ex presidente Néstor Kirchner de las duras críticas que le propinó el piquetero Luis D’Elía? Estamos hablando de uno de los máximos defensores callejeros del matrimonio Kirchner.

Sin embargo, irritado porque Néstor hace un año que no le dirige la palabra, hizo acusaciones que en boca de cualquier opositor hubieran sido calificadas inmediatamente de destituyentes. D’Elía en un santiamén dijo que Kirchner es un maltratador que se relaciona por medio del servilismo, que no lo escucha y que le miente y que alimenta intendentes del conurbano que lo van a traicionar. ¿Le parece poco?


Son acusaciones muy graves para contra su jefe político pero son características de Néstor Kirchner que muchos opositores y periodistas independientes vienen marcando desde hace tiempo.

¿Se imaginan el revuelo que se hubiera armado si Duhalde, Cobos, o Reutemann hubiesen pronunciado esas palabras? Hubieran sido puestos rápidamente en la parrilla kirchnerista acusados de conspiradores y socios del monopolio Clarín.

Pero fue Luis D'Elía el que descubrió que si “Kirchner sigue por este camino se va a equivocar”. El mismo fue el que por radio (AUDIO al final de la nota)  habló de que “no es posible que la forma de vinculación sea el servilismo” y que “está consternado por un maltrato ostensible”.

El tema es que los movimientos sociales no kirchneristas como la Corriente Clasista y Combativa o el MTD, los ex kirchneristas como Barrios de Pié o los todavía kirchneristas como la central de piqueteros que conduce D'Elía no están recibiendo casi ninguna participación en el programa cooperativo llamado “Argentina trabaja”. Eso lo distribuyen los intendentes del conurbano y su metodología no es la misma de la de los piqueteros que, en muchos casos, están quedando afuera.

D’Elía lo dijo con todas las letras. “Estamos asfixiados, desbordados por nuestras bases porque se han caído 456 mil programas de empleo comunitario y en el gobierno no nos escuchan y nos mienten”.

La semana pasada D’Elía quiso defender la fortuna que convierte a los Kirchner en los presidentes mas ricos de la historia argentina y la embarró mas hablando del abuelo usurero de Néstor según la información que le había dado el historiador Osvaldo Bayer que además agregó que el abuelo Kirchner tenía un prostíbulo allá en Río Gallegos.

El día que internaron a Néstor por el problema de su carótida, D’Elía fue a visitarlo al sanatorio pero no pasó del primer piso. Ahora dice que el que avisa no traiciona, que no es una amenaza pero que quiere prender una luz de alerta porque en marzo, todos los movimientos sociales unificados podrían poner en la calle mas de 70 mil personas para protestar contra la insensibilidad y la injusticia del gobierno.

Hoy D’Elía parece estar recibiendo su propia medicina del kirchnerismo. Hoy D’Elía parece amenazar con pasarse a las filas de los adversarios. Dijo de Néstor Kichner lo que muchos han dicho mucho antes. ¿Qué corresponde decir ahora? ¿Mas vale tarde que nunca o a confesión de partes relevo de pruebas?


El castigo a Reutemann está ligado con la jerarquía de los protagonistas

Por Eduardo van der Kooy

Hace mucho tiempo que un dirigente peronista no es cruzado a mansalva por el kirchnerismo, como sucedió ayer con Carlos Reutemann. Ni Eduardo Duhalde, que ya confesó su deseo de destronar a Néstor Kirchner del PJ para competir en el 2011, recibió un castigo político semejante.

El castigo no está ligado sólo con las palabras --ninguna de ellas halagadora-- sino también con la jerarquía de los protagonistas. Pasar lista resulta imprescindible: Hugo Moyano, Agustín Rossi, el jefe de los diputados oficiales, Miguel Pichetto, el jefe de los senadores, Alberto Balestrini, vicegobernador de Buenos Aires, José Luis Gioja, gobernador de San Juan, Carlos Kunkel, una dilecta mascota kirchnerista y --al menos hasta anoche-- también el senador Jorge Landau.



¿Irritaron tanto las palabras del senador santafecino como para desatar semejante vendaval del kirchnerismo? Por supuesto que generaron malestar. Reutemann golpeó con un lenguaje y un estilo que resintió un costado ahora también vulnerable del kirchnerismo: dijo, en la relación al Gobierno que "vamos a estar contentos en 2011" si no se han "afanado la Casa Rosada y la Plaza de Mayo". En el imaginario colectivo mas amplio y sencillo eso se traduce, sin dudas, como la corrupción del poder.

La corrupción ha empezado a acompañar del brazo, desde hace tiempo, a la inflación en el ciclo kirchnerista. Ayer mismo fueron citados a declarar el ex secretario de Transporte, Ricardo Jaime y su reemplazante actual, Juan Pablo Schiavi. Ayer mismo la cuestión de la inflación estuvo en boca de muchos. Moyano, el jefe de la CGT, refutó a Amado Boudou y le dijo que la inflación no se puede negar. El ministro de Economía había afirmado que no se puede hablar de inflación sino de reacomodamiento de precios. Una metáfora pobre e inservible.

Cristina Fernández, en una de sus dos apariciones del día, por una vez no se la tomó con los medios de comunicación que hablaron de la inflación y que señalaron, sobre todo, la estampida en los precios de la carne. Culpó a la abundante lluvia de los últimos meses y a la especulación de los ganaderos.

Inflación y corrupción podrían constituir una combinación política letal para el kirchnerismo, al cual le quedan dos años de Gobierno. Y le queda un año para intentar alguna recomposición o alguna hechicería frente al horizonte del 2011.

Otro dato también ha quedado boyando en la memoria popular: la compra de dos millones de dólares de Kirchner en el 2008, en medio de la crisis económica internacional, para una inversión inmobiliaria no podría catalogarse como una maniobra ilegal, por lo menos hasta que la Justicia determine lo contrario. Pero es difícil, pese a eso, que no sea recibido como un vaho nauseabundo por la sociedad.

En ese contexto irrumpió Reutemann. Un contexto sensibilizado además, en términos políticos, por el percance de salud que sufrió el domingo Kirchner , del cual --por fortuna-- se repone. Un quiebre en la salud de un hombre del poder es siempre --aunque la aseveración resulte perversa y caprichosa-- una potencial señal de debilidad. No fue una casualidad que Cristina haya alardeado ayer que "hay Kirchner para rato".

Dificílmente Reutemann haya especulado con esa realidad. Hasta podrían sembrarse dudas si el tono y las palabras que utilizó fueron premeditadas. El senador no suele ser un mosquetero del lenguaje. Y actúa muchas veces empujado por el fastidio. Quedó claro, con sus declaraciones de ayer sobre la situación de la ganadería, que le afloró de nuevo el malestar por la realidad del campo, como sucedió durante los peores momentos del conflicto. Fue durante una reunión con dirigentes agrarios que lanzó aquel mandoble al kirchnerismo.

El kirchnerismo reaccionó por eso, aunque también por otra cosa. El posible regreso de Reutemann a pelea electoral sería uno de los pocas guías capaces de alinear a un partido disgregado y somnoliento.

Cuando al senador lo apuraron con su candidatura se volvió a enredar como le acostumbra a suceder cuando debe improvisar. Alcanzó a dejar en claro que no se considera candidato. Todavía.

Alrededor de él se desarrolla un trabajo político que contempla la posibilidad de su postulación. Las bases están, en especial, en Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos. Pero hay otras líneas tendidas. Mario Da Neves, el gobernador de Chubut, visitaría esta semana a Jorge Busti, un motor reutemista. Se planea para días cercanos un encuentro de Reutemann con Felipe Solá.

Los Kirchner tienen un sentido de la lealtad que se parece mucho a la paranoia

martes, 9 de febrero de 2010

Por Marcos Novaro

“Es un problema vivir en blanco en la Argentina”. Increíble. Insólito. Pero no inesperado: desde hace tiempo que la presidente padece una desatada locuacidad, caza al vuelo frases poco felices ya dichas por alguno de sus colaboradores (en este caso, su marido: “esto me pasa por estar en blanco” le habría dicho Néstor a Víctor Hugo mientras lo invitaba a oficiar de correveidile), y la empeora.


Y no es la primera vez que un funcionario o gobernante argentino en problemas se quita momentáneamente de encima el peso de sus investiduras y habla como un “argentino común”, indignado por los disgustos que le trae haber nacido justo aquí.


Como sea, Cristina y Néstor parecen no poder salir de Guatemala sin caer en Guatepeor. Sólo han atinado a dar vuelta la página del culebrón del Central para abrir uno nuevo, o mejor dicho, reabrir uno ya antiguo, el de su prosperidad familiar.

En su pelea con Redrado dejaron a la luz su torpeza en el uso de los recursos de que aún disponen (por ejemplo, su amplia mayoría en el directorio del Central), la brutalidad de sus métodos (la policía acordonando la entrada del BC quedará grabada como otro ignominioso leit motiv de estos años) y la confusión programática que afecta sus iniciativas (si con el Fondo del Bicentenario querían crear certidumbre en los bonistas, cuantos más recursos deberán invertir ahora para lograrlo).

Lo sorprendente es que, hasta aquí, el matrimonio presidencial había venido dedicando mucho más cuidado al manejo de su fortuna personal, y cabe decir que se venía comportando con toda lógica y consistencia, sin improvisaciones: a través de la confesión y el blanqueo de una porción considerable pero seguramente minoritaria del problema, y de dejar que el debate del asunto se consuma y los medios se cansen, apuntó a crear condiciones favorables para dar continuidad al estilo “todo cash” y proveerse de seguridades legales a futuro.

Sucede tal vez que, aunque la estrategia no carece de mérito, desde hace tiempo que se viene complicando por la pretensión de instrumentarla al mismo tiempo que se da continuidad a un proyecto político centralizado, confrontativo, con recursos decrecientes, y en condiciones cada vez más desfavorables.

Corrupciones ha habido de muchos tipos en Argentina. Menem, por ejemplo, tenía la costumbre de ser muy generoso con sus colaboradores, de allí que coexistieran bajo su égida muchas “ventanillas” y variantes de negocios. Y estallaran frecuentes escándalos, porque el esquema favorecía la incertidumbre en los funcionarios, la idea de que “hoy estamos, mañana no sabemos”, y por tanto la desprolijidad, el apresuramiento, y las denuncias cruzadas entre facciones en pugna. Todo ello llevaba a que Menem debiera desprenderse frecuentemente de sus colaboradores, pero le aseguraba que rara vez los escándalos lo tocaran directamente.

Los Kirchner son de una escuela completamente diferente: nadie diría de ellos que son generosos, recelan de cualquier poder autónomo que crezca cerca suyo, y odian desprenderse de su gente, por un sentido de la lealtad que se parece mucho a la paranoia.

Ello les proporciona ventajas frente al “modelo de los noventa”: entre otras, la muy notable ausencia de facciones internas, de las consecuentes rencillas, y por tanto también de denuncias cruzadas. De allí que los pocos escándalos que ha habido, carecieran casi totalmente de 'inside information'. Pero el modelo K supone también desventajas: la más notable, que la centralización transfiere rápida y espontáneamente las responsabilidades hacia el vértice.

Si hay un solo “dueño”, entonces todos los subalternos podrán eventualmente decir que obedecieron órdenes, cuando necesiten ser perdonados por sus enemigos. No otra cosa es lo que ha sucedido con Redrado. Para peor, los testaferros necesitarán que el vértice cargue con las culpas, y en lo posible desaparezca de escena, si desean a su vez convertirse en dueños.

¿Realmente los Kirchner creen que sus millones alcanzarán para comprar todas las lealtades necesarias para evitar el aislamiento y la condena? ¿O que siquiera tendrán la oportunidad de retirarse y aislarse en El Calafate a disfrutar de la vista que ofrecen sus hoteles? Tal vez lo que padecen es otro problema frecuente de los gobernantes argentinos: la dificultad para, llegada su hora más difícil, actuar imaginando un futuro mínimamente factible.

Un Banco Central esclavo de las necesidades fiscales del ejecutivo

Por Agustín Monteverde

El banquete está servido. El león se ha hecho de la presa y los chacales lo festejan, soñando ya con su parte, los restos de la comilona. En esta jungla nativa, los bolsillos de la gente común, sus patrimonios, son el centro del festín. Nuestros faunos —gobernantes y gobernadores, oficialistas y opositores de distintas procedencias— ya saborean las mieles de nuestros dinerillos.


El BCRA, custodio del respaldo de esos pagarés llamados billetes que llevamos en nuestros bolsillos, ha sido tomado al abordaje con la aquiescencia de parte del arco opositor. Buena parte del radicalismo con el inefable Moreau a la cabeza, distintas vertientes socialistas, y varios gobernadores acompañan la idea oficial: las reservas no deben servir exclusivamente de respaldo de la moneda de los argentinos sino que responderán de aquí en más a otro fin, el de seguir solventando festivales de gasto clientelar.

El león —salvo algún nuevo percance judicial— podrá salirse con la suya; pero la comida amenaza ser indigesta. El afán depredatorio apura el propio final.

Los Kirchner tendrán esa plata que les faltaba para seguir comprando voluntades y doblegando oponentes de cartulina. Los caudillos provinciales salvarán sus deficientes administraciones. Pero esta vez el salvavidas será de plomo.

Examinemos el panorama. A una credibilidad hecha añicos, a un sistema de reglas de juego perverso cuya única norma inmutable es “el gobierno siempre tiene la razón”, se le agrega ahora la nefasta realidad de un Banco Central —y consiguientemente, un sistema financiero— esclavo de las necesidades fiscales del ejecutivo.

Esto ya pasó: ¿acaso en los tiempos de Alfonsín no se había nacionalizado de hecho el íntegro sistema bancario, haciendo que los ahorristas —por supuesto, sin que ellos lo autorizaran ni tan siquiera conocieran— solventaran con sus depósitos el gasto y los sueldos estatales? Pero también sabemos cómo terminó. Con un sistema quebrado y un inevitable plan Bonex que blanqueó la realidad de bancos vaciados en favor del Tesoro estatal.


Veamos las principales opciones con que cuentan los Kirchner en su angurria por más caja.

Si logran hacerse de las reservas, su pretensión es por más de U$ 16000 MM. Así lo dice expresamente el decreto 2010 en su primer artículo. El Fondo del Bicentenario es tan solo uno de los destinos que han elucubrado para el falaz artilugio de las reservas “de libre disponibilidad”, un concepto aceptable exclusivamente en un régimen de convertibilidad (y cuya ley ahora han reciclado).

Pero ocurre, como me he cansado de repetir en los dos últimos años, que parte sustantiva de las reservas brutas están afectadas en forma directa por una serie de pasivos (encajes de depósitos en dólares, LEBAC, pases, Basilea, ventas a futuro). Una vez que descontamos esos pasivos, nos encontramos que las reservas efectivas netas para respaldar nuestra moneda se reducen a menos de la mitad que las brutas, no más de U$S 23.000 MM.

Si los Kirchner quieren gastarse —bajo la excusa de pagar deudas— unos U$S 16000 MM, esas reservas efectivas quedarían reducidas a U$S 7000 MM. No necesitamos explicar que significación tiene esto respecto del tipo de cambio de equilibrio ex–post. La capacidad del BCRA de apaciguar una corrida sería mínima.

Aún cuando el Ejecutivo usase esas reservas para pagar deuda, quedarían liberadas las partidas previstas en el Presupuesto a ese fin. Tal expansión significaría por si sola inflación; y mucha (téngase en cuenta que representa algo más de la mitad de la base monetaria).

Con la nueva e impensable conducción del Central, al gobierno aún le quedarían en la manga toda una batería de medidas “reactivantes” o encaminadas a allegarle recursos so pretexto del “gasto social” y la “obra pública”, todas ellas inflacionarias. En estas circunstancias, la posición de los bancos, y en particular de los banqueros, no es de envidiar.

Si un raro arrebato de pudor pusiera límites poco prácticos a la arremetida emisionista o si la apropiación de las reservas continuara trastabillando por obra de una justicia que se atreve —al menos a través de un puñado de jueces— a mostrarse independiente, la última caja con liquidez sobre la cual echar mano serán los bancos.

No hay duda. Nuevamente la moneda y los ahorros de los argentinos serán la presa. Pero esta vez, ninguno de los convidados al banquete —ni el león ni los carroñeros— debieran alegrarse.

Muchos peronistas piensan igual que Reutemann pero no se animan a decirlo

Por Alfredo Leuco

Pocas veces un dirigente peronista fue tan duro para castigar a los Kirchner y a su principal socio, Hugo Moyano. Carlos Alberto Reutemann es un hombre paciente y moderado que explota cada tanto, cuando siente que lo humillan y le tocan el traste.

La semana pasada, el líder de los camioneros y la CGT provocó al Lole porque se metió incluso con su condición de corredor de Fórmula Uno. Dijo que Reutemann ya había abandonado la carrera presidencial tal como nos tenía acostumbrados a abandonar en su etapa de deportista. Ese mismo día Moyano, también por orden de Kirchner le tiró misiles con sus palabras a Francisco De Narváez. Y aquí se puede encontrar la explicación de toda esta batalla.

Reutemann, De Narváez y algunos dicen que Sergio Massa, están intentando armar algún espacio en común que intentará suceder al kirchnerismo primero en el peronismo y después en la conducción del estado nacional. No hay nada demasiado estructurado todavía. Pero Néstor Kirchner fue informado de que algo se estaba gestando y como dicen en broma en el peronismo ordenó destruir la maquinita que vende maní antes de que se convierta en locomotora.

Hay pocas cosas a las que Néstor Kirchner le tiene miedo. Una de ellas es Carlos Reutemann. Por eso es muy difícil encontrar declaraciones agraviantes o críticas muy duras de Kirchner contra el Lole. Por eso lo mandó a Moyano. No quiso poner la cara porque le tiene miedo como tiene miedo a una corrida bancaria o a una concentración masiva con cacerolazo en protesta por la inseguridad.

¿En donde radica el temor de Kirchner? ¿Qué tiene Reutemann? Primero una imagen positiva altísima que se mantiene a lo largo de los años. Cuesta encontrar una encuesta de los últimos tiempos en donde Lole no aparezca entre los 5 políticos argentinos mas respetados por la gente. Fue gobernador dos veces de una gran provincia como Santa Fe y pese a que se le pueden criticar muchas cosas, todavía es junto con Hermes Binner uno de los políticos más populares de su distrito y también en todo el país. Tiene fama de honesto, de buen administrador, de pocas palabras y apostar al diálogo y no a la confrontación. Eso es la contracara de lo que representa Kirchner.

No digo que Reutemann sea perfecto. Hay muchas cosas que criticarle. El drama de las inundaciones, su adhesión al menemismo, la desconfianza que lo obliga a gobernar con poca gente, su negativa a construir estructuras partidarias.

Pero está claro que en un gran sector de la población despierta esperanzas. Ayer fue brutal. Describió descarnadamente el estilo de conducción de Kirchner y dijo que obliga a arrodillarse y mendigar a intendentes y gobernadores a cambio de dinero y manifestó su esperanza de que no se roben la Casa Rosada y la Plaza de Mayo.

Muchos peronistas piensan igual que Reutemann pero no se animan a decirlo. Muchos ciudadanos piensan igual que Reutemann pero no tienen voz. Esta vez el Lole puso primera y aceleró a fondo. Esta vez el Lole no abandonó.

Imagen de Dirigentes Políticos

IMAGEN DE DIRIGENTES POLITICOS

Luis Pico Estrada sintetiza en Evidencias las últimas variaciones de la opinión pública.

La mayor parte de las encuestas son reservadas. Ocurre que los clientes -el propio Gobierno, Francisco de Narváez, Mauricio Macri, Eduardo Duhalde y otros- las emplean para sus propios cálculos políticos: aún así llegó una página de la prestigiosa Poliarquía, sobre el territorio argentino, en centros urbanos de más de 10.000 habitantes. Las cifras negativas son muy interesantes.


Fecha de trabajo de campo: del 1º al 10 de enero de 2010


En cuanto a Management & Fit, en su encuesta nacional marca algunos puntos significativos: el 38,7% señala que el vicepresidente Cobos definió su voto favorable al Gobierno obligado por la opción que le planteó la Presidenta. Como se puede advertir, el 55,4 % no está de acuerdo con el Vicepresidente:


Un último dato de Management & Fit: La mitad de los encuestados consideran que el Congreso no aprobará el Fondo del Bicentenario. La encuesta fue dirigida por la doctora Mariel Fornoni:


Fuerte latigazo de Reutemann a los Kirchner

Por Salvador Sales


"Con tal de que, cuando se vayan en 2011, no se hayan afanado la Casa Rosada y la Plaza de Mayo, vamos a estar contentos los argentinos".

Fue la frase que eligió Carlos Reutemann para lanzar un exocet a la línea de flotación del matrimonio Kirchner. Aunque quiso corregirse, poco después, aclarando que el destinatario principal era el jefe de la CGT, Hugo Moyano.

La frase fue, en rigor, la respuesta a una pregunta sobre el camionero, pero terminó apuntando directamente a los Kirchner. Desde el círculo íntimo de Lole, dijeron que éste "se adelantó a una posible operación del kirchnerismo en su contra".

Fue nuevo latigazo de Reutemann, quien permanecía en silencio aunque en los últimos tiempos sacó a relucir su faceta más contestataria.

El senador nacional por Santa Fe criticó el tipo de liderazgo que ejerce el kirchnerismo y la relación que el gobierno nacional mantiene con las provincias: "Es un sistema que ya lo conocemos todos. La billetera y la caja tienen a todo el mundo bajo sumisión", dijo.

El Lole afirmó que "todos los gobernadores, intendentes de las provincias argentinas están todos los días mendigando". Y sentenció: "Hay que tener cuidado con la caja, por la plata baila el mono".

Por si quedaran dudas acerca de a quiénes considera sus verdaderos adversarios en política.No es la primera vez que Reutemann sale con los tapones de punta contra el estilo de liderazgo del matrimonio presidencial. Desde que dijo el último día del año 2008 que "esta vez sí pensaría" en ser candidato a Presidente, tanto desde el oficialismo como de otros sectores políticos buscaron sacarlo de pista.

El año pasado el Lole le mandó a decir a los Kirchner que "la candidatura se la podían meter en el centro del c...". Lo mismo le sucedió a Eduardo Duhalde cuando quiso marcarle los tiempos para que se lance u oficialice su candidatura por el peronismo disidente. Esa vez Lole dijo que "Duhalde es el mejor candidato", pasándole la pelota a campo del bonaerense.

La semana pasada se completó la arremetida cuando el dirigente camionero Hugo Moyano se preguntó irónicamente si "Reutemann ya abandonó o no abandonó". Además apuntó que si se postula sería "el candidato de la Sociedad Rural".

A esa arremetida de Moyano contestó Reutemann, con una frase directa hacia el matrimonio Kirchner: dijo "cuando se vayan en 2011". No es el sindicalista el que termina su mandato ese año.

El ex piloto de la Fórmula 1 aclaró que no cambió nada lo que está dispuesto a decir sobre su posible postulación presidencial: "todavía falta mucho tiempo, no voy a hablar por ahora de mi candidatura". Busca mantener la incógnita sobre el tema.

Destacó, también, que no va a apoyar la creación del Fondo del Bicentenario y que al gobierno nacional lo único que le interesa es recaudar el 35% de las retenciones a la soja. "Todavía tienen una caja muy abultada", señaló Lole.

Ayer, en Reconquista, Reutemann asistió a una reunión convocada por los productores autoconvocados del norte santafesino, donde escuchó, junto al diputado nacional Jorge Obeid, al senador socialista Rubén Giustiniani y otros legisladores provinciales, los reclamos de unos 150 chacareros, su realidad y los problemas de endeudamiento con el Banco Nación, que rondan los 450 millones de pesos.

Los productores agropecuarios les solicitaron ayuda para lograr una mejor financiación. Sin embargo ninguno de los legisladores contestó a dichos reclamos lo que provocó malestar entre los más díscolos productores de la zona. Con esa deuda, dijeron los ruralistas, "necesitamos diez años para devolver los créditos".

Reutemann rompió el silencio ante la provocación de Hugo Moyano

El senador nacional Carlos Reutemann suele caracterizarse por el silencio o bien por los gestos estudiados y medidos. Eso sí, cuando lo provocan, suele devolver munición gruesa.

Al responder a los dardos envenenados que le había lanzado el camionero Hugo Moyano, el Lole le apuntó al kirchnerismo y dijo que “con tal de que, cuando se vayan en 2011, no se hayan afanado la Casa Rosada y la Plaza de Mayo, vamos a estar contentos los argentinos”.

La frase del senador se produjo después de que el titular de la CGT, al hablar de la posible candidatura presidencial del santafesino, lo chicaneara públicamente diciendo de él: “¿Ya abandonó o no abandonó?”. Moyano también aseguró que en caso de que Reutemann se presentara a esas elecciones “sería el candidato de la Sociedad Rural”.


Fue precisamente en medio de una reunión con productores agropecuarios donde el Lole devolvió el guante que le había lanzado el oficialismo.

En ese encuentro criticó al matrimonio Kirchner por la manera en la que manejan los recursos públicos. “Es un sistema que ya lo conocemos todos, la billetera y la caja tienen a todo el mundo bajo sumisión”, aseguró.

Momentos antes, en un acto que se realizó en la Sociedad Sirio-Libanesa de Reconquista, había afirmado que “todos los gobernadores, intendentes y todas las provincias están mendigando”. Sin hablar del Fondo del Bicentenario, el santafesino cuestionó la presión que el gobierno nacional viene ejerciendo sobre los mandatarios provinciales para que éstos autoricen al Gobierno a usar las reservas depositadas en el Banco Central. “Por la plata baila el mono y la mayoría de los gobernadores no se planta ante el gobierno central”, subrayó.

Aunque Reutemann no confirmó ni desechó su posible candidatura presidencial para 2011, en el peronismo se espera que en marzo, o a más tardar en abril, el Lole podría entregar algún gesto que aliente las esperanzas de los que no se encolumnan con el kirchnerismo.

Eso explica que fueran dos incondicionales K quienes salieron a responderle. Uno de ellos fue su rival interno, Agustín Rossi. El jefe de la bancada oficialista en Diputados calificó de “desafortunadas” las declaraciones del senador y destacó que “no tiene autoridad política” para hacer ese comentario.

Aunque no dijo cómo se obtiene esa autoridad y quién es el encargado de juzgarla o darle puntaje para poder intervenir en la discusión política, a Rossi le alcanzó recordar el pasado de Reutemann para desacreditarlo.

Lo tildó de “genuflexo” por su desempeño como gobernador en tiempos de Carlos Menem. Lo hizo sin recordar que Néstor Kirchner también fue gobernador en esos años y tuvo conceptos desmesuradamente elogiosos sobre Menem. Pendiente de la pelea santafesina, Rossi chicaneó al senador por “los esfuerzos que hacía –años atrás– para sacarse una foto con Néstor Kirchner o con la presidenta Cristina Fernández”.

El otro infaltable en la defensa del kirchnerismo que salió a responderle a Reutemann fue el piquetero Luis D’Elía. Le recomendó al senador fijarse “si él o alguna empresa de él no figura entre los compradores de dólares” que sacaron el dinero fuera del país. D’Elía olvidó que quien sí figura entre los compradores de dólares en plena crisis financiera internacional fue precisamente Néstor Kirchner.

Fuente: Crítica

La estabilidad es la obligación patriótica de la oposición

Por Eduardo Amadeo

Hace un par de semanas escribí en estas mismas columnas un artículo que se llamó algo así como ‘Hambre para mañana’. Decía allí: “Todas las agresiones institucionales perpetradas durante el receso del Congreso, son pan para hoy. Pero sin duda serán hambre para el mañana de los K, en la medida en que abren serias grietas en el canje; han unificado a la oposición; reducen su misérrima imagen positiva y aceleran un conflicto de poderes de incierta salida”.

Vista la evolución del conflicto, pero sobre todo analizando con más detalle los números de la economía, y las nuevas iniciativas creativas del matrimonio gobernante, creo que debo cambiar una frase: ya no importa que sea un “hambre para mañana” para los K, sino que lo sea –otra vez mas– para los argentinos, y en especial para los mas pobres.

El episodio Redrado ya terminó, y ahora vendrá la lucha por las reservas, que muestra que el Gobierno no está dispuestos a retroceder un metro en su modelo de economía; que no aceptará ningún ajuste presupuestario (y en todo caso intentará que, si se produce, el costo lo pague la oposición); que seguirá negando la inflación y tratará de correr al futuro los conflictos sociales y los problemas de precios relativos; y que intentará comprar voluntades con mas caja.

O sea, se vuelve a plantear el conflicto perverso entre el corto y el largo plazo, que ha sido uno de los karmas de la historia argentina. Conflicto cuya primera expresión será el nivel de inflación, sobre el cual nuestra historia mucho nos debería haber enseñado: con esta política fiscal; con este discurso que agrega incertidumbre y con un Banco Central mas débil, el salto del 20% al 30% –o mas– se da demasiado rápido.


Otra cuestión no menor es el rumor acerca de la transformación del BCRA en un banco de fomento, cuestión que muestra como se maneja la relación entre presente y futuro en el Gobierno. La fantasía acerca de las ‘reservas excedentes’ mostrará su inconsistencia apenas los mercados avizoren cuál es el destino que les espera , en manos de las necesidades políticas de los K, agregando fragilidad al largo plazo.

Semejante nivel de inflación, además del aumento de la pobreza y de los conflictos sociales consecuentes; y un Banco Central mas débil y desacreditado limitarán seriamente la capacidad de maniobra del nuevo Gobierno para poder ordenar el desorden de precios relativos que ha de heredar y anticipa por tanto un inicio del próximo Presidente como los que tuvieron los de los últimos 30 años: con la segura posibilidad de licuar su capital político en un ajuste inicial traumático y de incierto resultado.

Es una situación preocupante, pero si yo fuese Néstor Kirchner, estaría relamiéndome ante la posibilidad de mantener un mínimo poder político –y mucho dinero– para intentar volver ante el seguro fracaso de su sucesor. Por ello juega a su largo plazo, maximizando los conflictos en nuestro corto plazo.

La salida de este laberinto no es fácil, como no lo es nunca en política la disyuntiva entre ser responsables y perder elecciones. Antonio Cafiero supo el costo de estas decisiones cuando gano la elección de 1987, debió ayudar a Raúl AlfonsÍn para que la crisis no se precipitase enseguida y pago caro su patriotismo.

Dado que la decisión de los K parece tomada, somos nosotros –la oposición– quienes debemos hacer el máximo esfuerzo político e intelectual para preservar la estabilidad del futuro. Para ello, un primer y muy importante objetivo debería ser frenar el uso irresponsable de reservas que no sobran y –como bien sugiere Rogelio Frigerio– aprobar un Presupuesto que controle el déficit, sea financiable y sobre todo genere expectativas positivas. Y discutir ya y a fondo los acuerdos estratégicos que vuelvan a poner el largo plazo en la escena, antes que sea demasiado tarde.

Podemos decirlo sin tapujos: la inestabilidad es el ‘negocio’ de los K. La estabilidad, la obligación patriótica de la oposición.

El Fondo del Bicentenario son nada más que el quesito y el salamín que quiere comerse el matrimonio

Por Roberto Cachanosky

Lo que está buscando el kirchnerismo es volver a las políticas monetarias sin límites de expansión monetaria para financiar el gasto.


De la mano del Fondo del Bicentenario se ha colado, y no por casualidad, otro debate que tiene que ver con la independencia del Banco Central de la República Argentina (BCRA). Sólo por haber sido establecida en la demonizada década de los 90, resulta que ahora la autarquía del BCRA resulta excesiva, y la “nueva” corriente de pensamiento propone que el Central siga siendo independiente pero que no se limite a preservar el valor de la moneda, sino que, además, contribuya a generar crédito, empleo y no sé cuantas cosas más.

En rigor, de nueva, esta corriente de pensamiento no tiene nada, dado que es tan vieja como las políticas keynesianas y en nuestro país esa supuesta coordinación del BCRA con el Ministerio de Economía se llevó puesta cuatro signos monetarios con alta inflación, mega inflación e hiperinflación.


Lo que está buscando el kirchnerismo es volver a las políticas monetarias sin límites de expansión monetaria para financiar el gasto. Ni más ni menos que eso. Y para “vender” la idea, el argumento es que las actuales restricciones que tiene la Carta Orgánica del BCRA son un pecado mortal por el simple hecho de haber sido aprobada en la década del ‘90.

¿Por qué se estableció la convertibilidad en 1991 y se sancionó una nueva Carta Orgánica para el BCRA limitándolo a preservar el valor de la moneda? Mi visión es que fue más por necesidad que por convicción.

En efecto, el país venía de décadas de alta inflación e hiperinflación. La gente estaba fuertemente dolarizada y descreía del austral (la moneda de ese momento), de manera que tuvieron que recurrir a una medida muy potente para convencer a la gente que el BCRA iba a dejar de emitir para financiar al tesoro. Esa medida fue la ley de Convertibilidad. ¿Qué buscó la convertibilidad? Decirle a la gente: mire, los pesos que usted tiene en el bolsillo son simples recibos de la moneda que usted realmente considera como tal, es decir, el dólar, de manera que cuando quiera pase por el BCRA que si no quiere esos pesos le damos los dólares correspondientes.

La ley de convertibilidad no fue otra cosa que un reconocimiento implícito que el austral y luego el peso no era moneda para la gente. La moneda era el dólar.

Ahora bien, ¿ha cambiado el pensamiento monetario de la gente entre 1991 y la actualidad? No. La gente sigue mentalmente dolarizada y solamente usa los pesos para las transacciones diarias, pero lejos está de ahorrar en pesos porque sabe que su poder de compra se derrite a diario porque la inflación resucitó y cada día tiene más vigor de la mano de los Kirchner, quienes nos prometen darnos más dosis de la droga inflacionaria en nombre del crecimiento y del crédito.

La ley de Gresham (lleva el nombre de su inventor Thomas Gresham) dice que cuando una unidad monetaria depreciada está en circulación simultáneamente con otras monedas cuyo valor no se ha depreciado, las monedas depreciadas y por tanto menos valiosas, serán las que circulen, la "buena" se ahorra y a largo plazo, desaparece de las transacciones.

Con esto, Gresham nos esta diciendo que si el peso está depreciado, la gente querrá sacarse de encima los pesos y guardarse los dólares que son los que conservan el valor. Algo que en los hechos ha ocurrido. Por ejemplo, entre 2007 y 2009 se fugaron algo más de U$S 45.000 millones. ¿Qué hizo la gente? Se sacó de encima los pesos, compró dólares y los quitó de circulación (los metió en la caja de seguridad, abajo del colchón o en un banco en Uruguay o EE.UU.). Es la mala moneda (el peso) la que se usa para las transacciones diarias y la buena moneda se la guarda para preservar el ahorro.

Bien, supongamos que los Kirchner consiguen modificar la Carta Orgánica del BCRA para ampliar la capacidad de financiamiento al tesoro. ¿Qué ocurrirá? El Central emitirá pesos, esos pesos, por la ley de Gresham, la gente se los quitará rápidamente de encima y preservará sus ahorros en monedas fuertes.

Puesto de otra manera, por más quieran, los Kirchner no conseguirán derogar la ley de Gresham, por lo tanto, cada peso que emitan para financiar un nivel de gasto público disparatado como el que generaron, se irá a precios y al dólar. Por supuesto que el impacto pleno del mayor impuesto inflacionario, como es inevitable, lo pagarán los sectores de ingresos fijos, con lo cual argumentarán que lo hacen para beneficiar a los pobres pero, en rigor, le estarán aplicando el mayor peso del financiamiento del gasto a los más pobres al derretirles, como se lo vienen derritiendo, el salario real.

El otro punto que también sacan a relucir es que el Banco Central tiene que tener más flexibilidad para estimular el crédito. Si un alumno me formulara esta afirmación en un examen, lo bocho de por vida. La razón es muy evidente.

El crédito es hijo del ahorro y el ahorro es parte del ingreso no consumido. Ahora bien, como por la ley de Gresham la gente se quita de encima la mala moneda y guarda la buena, la pregunta es: ¿quién en su sano juicio va a volcar su ingreso no consumido = ahorro para financiar el consumo o la inversión? Es más, ¿quién va a prestar dólares ahorrados en una Argentina que no respeta los contratos ni los derechos de propiedad? La respuesta es nadie.

Y como la respuesta es nadie, aquí viene el disparate del segundo argumento para reformar la carta orgánica del BCRA. Pretenden inventar el ahorro = ingreso no consumido, emitiendo moneda o volcando al mercado la moneda ya emitida que está en los bancos bajo la forma de Lebacs, Nobacs y pases pasivos.

Con el simple trámite de no renovar a medida que vaya venciendo los stocks de esa deuda que el Central tiene con los bancos, volcarán al mercado parte de la fenomenal emisión monetaria que hizo Redrado y que quitó parcialmente con colocando esa deuda.

Al momento de redactar esta nota hay un stock de aproximadamente unos $ 56.000 millones. Volcar al mercado ese dinero implicaría expandir el circulante en un 57%, el cual montado sobre una inflación ya existente del 20%, nos presenta un panorama al más puro estilo de los 80.

¿Va a ocurrir todo esto? Obviamente no tengo la bola de cristal, pero todo parece indicar que es altamente probable que encaremos por ese camino.

¿Por qué? Porque los U$S 6.500 millones del Fondo del Bicentenario es apenas un aperitivo de lo que quiere comerse el kirchnerismo. No sólo necesitan ese dinero para afrontar vencimientos de deuda, sino que, además, el déficit fiscal proyectado para este año enfila hacia los U$S 10.000 millones y a esto hay que agregarle toda la deuda flotante que sólo Dios sabe a que cifra sideral debe estar llegando.

Cuando hablo de deuda flotante me refiero a la que tiene el Estado con contratistas del Estado, proveedores, demoras en los reintegros y devoluciones de IVA, entre otras.

Los U$S 6.500 millones del Fondo del Bicentenario son nada más que el quesito y el salamín que quiere comerse el matrimonio. El plato principal lo tienen en el déficit fiscal de la nación y las provincias. Y ese plato es en pesos. Así que la emisión o la confiscación de depósitos parecen casi inexorables si no bajan el ritmo de gasto público, algo que luce muy poco probable en la cabeza del matrimonio.

En síntesis, a esta altura del partido uno sabe si el Fondo del Bicentenario era realmente una necesidad para arreglar la deuda o sólo una excusa para abrir el debate de la reforma del Carta Orgánica del BCRA, para poder volver a los 80 en materia de financiamiento del gasto público.

Lo que sí sabemos es que los Kirchner tienen un hambre fenomenal de dinero y cuando están hambrientos de plata, son capaces de hacer cualquier destrozo con tal de comer.

La distancia que Pampuro toma del Gobierno ya no es tan sutil

lunes, 8 de febrero de 2010

Por Mauricio Cantando

Si bien el presidente provisional del Senado se viene diferenciando del Gobierno, Kirchner se resignaría a que continúe en ese cargo, porque es quien contiene a un puñado de senadores propensos a alejarse de la bancada. La sombra de Eduardo Duhalde detrás de uno de los dirigentes más influyentes de la Cámara alta.

José Pampuro, de espaldas, habla con Miguel Pichetto

Pese a que se animó a calificar a Julio Cobos como presidenciable, y a diferencia de la mayoría de los legisladores oficialistas no temió en rechazar las reacciones del Gobierno que no compartía, el senador José Pampuro sería reelegido como presidente provisional del Senado, y por pedido del propio bloque kirchnerista.


Y eso ocurriría por una razón utilitaria: desde ese lugar, Pampuro mantiene en el bloque a un puñado de senadores hastiados del kirchnerismo que aún no han encontrado un refugio en otro bando. La fuga de cualquiera de ellos sería criminal para el Gobierno, ya que lo alejaría aún más de la posibilidad de alcanzar la mayoría de los votos del recinto.

Hoy el kirchnerismo tiene 32 votos propios, y cuenta con tres aliados de fierro: los dos fueguinos ligados a la gobernadora Fabiana Ríos y Horacio Lores, del gobernante Movimiento Popular Neuquino.

Le restan dos socios para llegar a la mayoría y tener poder de decisión para definir las autoridades del cuerpo y de las comisiones que se elegirán en la sesión preparatoria del 24 de este mes, y para imponerse en cualquier otra votación. Lo urgente para el gobierno es tener quórum propio para poner el vigencia el Fondo del Bicentenario.

La distancia que Pampuro toma del Gobierno ya no es tan sutil. En noviembre se animó a decir que Cobos podría ser presidente de la Nación y la semana pasada, tras jurar como presidente del parlamento del Mercosur, sorprendió al señalar que no coincida con las declaraciones de Aníbal Fernández, respecto de que existía un “partido judicial”, una chicana a los magistrados por los últimos fallos adversos a los intereses de la Casa Rosada.

Por si fuera poco, las divergencias de Pampuro con el kirchnerismo comenzaron a materializarse. En Lanús, su distrito, el concejal Omar López, procedente del PJ orgánico que siempre se opuso al intendente kirchnerista Darío Díaz Pérez, dijo abiertamente tener un acuerdo con su coterráneo senador.

¿En qué consistía el acuerdo? ¿Qué puede prometer un legislador sin peso específico en intendencias y gobernaciones? Las especulaciones sobran, más aún cuando se recuerda que “Pepe” fue primero funcionario y médico personal de Eduardo Duhalde, y hasta insistió en 2002 para que acercarlo a Kirchner, entonces un gobernador de Santa Cruz con ilusiones presidenciales.

En 2005 Pampuro optó por el patagónico y enfrentó a Chiche Duhalde en la legislativa que consagró a Cristina Kirchner como senadora por la provincia de Buenos Aires.

Los aliados de Pepe

En el Senado cuentan a cinco legisladores que podrían pegar el portazo si Kirchner decidiera desplazar a Pampuro de la presidencia provisional del Senado.

Muchas voces del Congreso aseguran que esa opción fue barajada por Kirchner ante las sucesivas declaraciones antipáticas de Pampuro, pero el jefe de la bancada oficial, el kirchnerista Miguel Pichetto, habría frenado esa movida, sabedor de sus consecuencia inmediatas. El reemplazo que habían pensado en Olivos era el santacruceño Nicolás Fernández, sin dudas, el senador más kirchnerista del oficialismo.

Algunos de los reacios a seguir siendo mayoría automática en el Senado son el entrerriano Pedro Guastavino, la formoseña Adriana Bertolozi, la santiagueña Ana Corradi de Beltrán, el jujeño Guillermo Jenefres, y la riojana Teresita Quintela.

Todos tienen pocas razones para seguir haciendo los deberes que piden en Olivos. Quintela no guarda la mejor relación con el gobernador de su provincia, Luis Beder Herera, sensible a las dádivas oficiales al igual que sus colegas, y dejó su marca de independencia con su voto negativo a la resolución 125, en aquel 17 de julio de 2008.

Corradi de Beltrán tampoco tiene que ver con el gobernador radical kirchnerista Gerardo Zamora; y Bertolozi, si bien es la esposa del vicegobernador de Formosa, Floro Bogado, en esa provincia dan fe de que suele abundar en gestos de anarquía. Jenefres ya dio muestras de discrepancias cuando debió dar su posición en la ley de medios.

Guastavino es un caso a evaluar con detalle: fue vicegobernador de Jorge Busti hasta su último día de gobernador, en diciembre de 2007. Hoy el ex mandatario se muestra cercano a Duhalde y enfrentado a los Kirchner.

“Antes no se animaba nadie en el bloque, ahora ya están cansados de que los lleven a los cachetazos”, confiesa una fuente cercana a la bancada kirchnerista, conocedora de estos movimientos. Pero cualquier díscolo, antes de partir, debe resolver una controversia no menor: adónde ir.

Y el Peronismo Federal opositor ofrece en el Senado opciones disgregadas y personalistas con figuras avasallantes como Adolfo Rodríguez Saá, Juan Carlos Romero o Carlos Reutemann. Quizá en un futuro no muy lejano haya más destinos para contener a los peronistas distanciados de la Casa Rosada.

El kirchnerismo consigue seducir a confesos enemigos de la democracia y de las libertades

Por Pepe Eliaschev

Su confesión no debería haber alarmado tanto. En el fondo, era previsible. Ella no es una mujer particularmente asombrosa; lleva años exhibiendo con ruidosa desvergüenza una chatura conceptual que no le quita gravedad a su pasmosa adhesión a los totalitarismos más explícitos.
Sin embargo, que lo proclame por televisión y, encima, se ufane de su desvergonzada adhesión al mal, consiguió impresionar.

Expresar simpatía por Stalin, 47 años después de la muerte del tirano soviético, demuestra una notable constante en la regurgitación “progresista”, como si en el fondo, nunca se hubieran divorciado de los totalitarismos más viejos y evidentes.

En esa fuga a un pasado obsoleto y abominable, Diana Conti reactualizó la noche del martes 2 de febrero en el penoso espectáculo que ofreció en Le doy mi palabra por Canal 26  -VER VIDEO-, un interrogante que, para mí, suscita las conclusiones más truculentas.

¿Cómo y en qué circunstancias se explica que admiradores desprejuiciados de los regímenes antidemocráticos respalden, a la vez, a quienes gobiernan la Argentina hace casi siete años? ¿Se puede ser stalinista y kirchnerista, como la diputada Conti, que encima se enorgullece de serlo? Lo dijo muy claramente aquella noche: “Yo soy oficialista y mi rol es defender a un oficialismo que está siendo (sic) revolucionario en este país”.

Representante por el oficialismo del Congreso ante el Consejo de la Magistratura, donde es peón de brega del Gobierno para controlar y manipular jueces, Conti verbalizó una definición inolvidable.

Tras decir que quienes criticaban al gobierno “revolucionario” de los Kirchner, aunque lo hicieran desde la izquierda, trabajaban para la derecha y la oligarquía, le pregunté si ése no era el mismo mecanismo que durante décadas le permitió a Stalin que sus crímenes masivos no fueran denunciados por los comunistas, para quienes todo ataque a la Unión Soviética, y en ese caso a Stalin, “jugaba” objetivamente a favor de los enemigos del pueblo.

Conti me dejó, lo confieso, con la boca abierta. Me dijo: “Yo no tengo problemas en ser stalinista, a lo mejor los problemas los podés llegar a tener vos…”, cuando le recordé que el régimen de terror del dictador soviético imperó durante casi 30 años y dejó un saldo de varias decenas de millones de muertos en la colectivización forzada del campo, los lúgubres “gulags” donde languidecieron millones de presos políticos, los intelectuales fusilados en los años treinta por ser judíos (“burgueses sionistas”, en la jerga stalinista) y los seguidores de Trotsky, perseguidos y exterminados, como el propio Lev Davídovich Bronstein, asesinado por la policía política soviética en México en 1940.

El kirchnerismo consigue seducir a confesos enemigos de la democracia y de las libertades. En los comienzos del gobierno de Néstor Kirchner, el entonces secretario general de la Casa de Gobierno, Carlos Kunkel, despachaba de espaldas a un enorme retrato de Juan Manuel de Rosas, a quien Kunkel admira –sobre todo– por haber gobernado con la “suma del poder público”.

Pero en el armado kirchnerista, que los paladines principales se referencien en Stalin y Rosas no asombra mucho. Han reclutado en sus primeras líneas de acción a seguidores orgánicos del dictador fundamentalista iraní Majmud Ahmadinejad, como Luis D’Elía, y mantienen en Venezuela a la embajadora Alicia Castro, que jamás ocultó su seducida debilidad por Hugo Chávez.

En verdad, desde el peronismo de toda la vida, estas adhesiones generan sarpullidos intensos. Stalin, Ahmadinejad y Chávez no enamoran a quienes evocan con cariño a Juan y Eva Perón. Que Conti se enorgullezca de su debilidad por Stalin es un episodio sin precedentes, no por ella, pobre, que esa noche exhibió una conducta personal que suscitaba más piedad que ira.

Es un hecho político fuerte la potente realidad que de esas palabras se desprende. En siete años de gestión, el kirchnerismo se ha impregnado de profesiones de fe y definiciones temibles.

Algo invariable y recurrente en un tramo decisivo de la praxis kirchnerista es su innegable admiración por dictadores mesiánicos y regímenes hegemónicos. Con el agregado de una novedad muy siglo XXI, que puso en evidencia la diputada Conti, cuando dijo que la riqueza de los Kirchner se justifica porque “hay que tener un patrimonio muy grande, una vida ya hecha, saldada, que tus hijos y nietos no te van a poder reprochar por tu actividad política, peleándote con el establishment. Ser rico no es un delito”.

En la Argentina, la experiencia demuestra, por una parte, la trayectoria del peronismo de John W. Cooke, Alicia Eguren, Rodolfo Ortega Peña y Rodolfo J. Walsh. Por la otra, siempre emerge el modelo Galimberti, aquel agitador de los años setenta que pregonaba y militaba en pro de una revolución nacional socialista; pero ya en democracia concluyó sus días como operador de empresas, al calor de las cuales sólo procuraba forrarse de dólares, logrando por medios capitalistas las recaudaciones que años atrás conseguía con secuestros y pago de rescates.

Siempre se regresa a los dólares, la supuestamente detestada moneda yanqui, a la que reverencian desde el mismo altar en el que les encienden velas a Stalin y compañía. Pero, claro, ésa es una parte del asunto, no la totalidad, porque siempre en su ya larga historia, el peronismo ha tenido figuras y tendencias de probada convicción democrática y sistemática oposición a todos los totalitarismos.

Lo lamentable es que siempre termine prevaleciendo la moneda más innoble, como si en sus casi siete décadas de vida, el peronismo siguiera siendo “podido” desde adentro por los pertinaces epígonos del mal, ésos que facilitan que se lo denuncie por incurable.