El matrimonio presidencial obstinado en repetir con ahínco sus errores

domingo, 14 de febrero de 2010

Por Nelson Castro

El trance que puso en riesgo la salud de Néstor Kirchner le agregó un condimento de dramatismo al turbulento presente político de la Argentina. Cuando la doctora Patricia Carrascosa diagnosticó la placa de ateroma que estrechaba la luz de la arteria carótida derecha del ex presidente en funciones, un halo de conmoción embargó a todos los que vivían el vértigo de ese momento.

Que Kirchner tuviera una lesión igual a la que padeció Carlos Menem hace casi 17 años es una de esas paradojas propias de una novela que tanto abundan en la historia. La exitosa intervención quirúrgica que realizó el doctor Víctor Caramutti trajo calma a la atribulada vida política de Kirchner.


Fue una calma que duró lo que la nada. A las horas de haber concluido la operación, la clínica se transformó en una unidad básica. Muchos dirigentes del kirchnerismo se acercaron no sólo para hacerse ver sino para saber qué es lo que vendrá. Para cualquier persona que haya atravesado por una situación como la que le tocó vivir al ex presidente en funciones, lo aconsejable es, hablando en términos futbolísticos, “parar la pelota”. Ya se sabe que nada de esto ocurrirá.

Se sabe que en los hábitos de vida de Kirchner abunda el desorden. Esta es una alternativa nociva que debería modificar en aras de un mejor cuidado de su salud. No es éste, sin embargo, el pensamiento del ex presidente en funciones, quien, inmediatamente después de haber dejado el sanatorio, se encargó de redoblar la apuesta para apurar su vuelta a la conducción del PJ y para seguir demostrando que sigue en el ejercicio del poder.

Allí estuvieron, pues, las órdenes para que los legisladores díscolos del justicialismo bonaerense publicaran una solicitada de apoyo a su persona, con el objetivo de borrar la afrenta de las críticas vertidas en la cena que se realizó hace unos días en la casa que uno de ellos tiene en Pinamar; también hubo órdenes para que desde el oficialismo salieran a pegarle a Carlos Reutemann, a causa de sus fuertes declaraciones de comienzo de semana en las que trató al matrimonio presidencial de ladrón.

Lo que la reacción del Gobierno expresa es la preocupación que produce en Kirchner el ex piloto. La razón para esto es muy simple: Reutemann es el rival a quien el ex presidente en funciones más teme para la interna del PJ. “Si Reutemann se presenta, no hay con qué darle”, reconoce una voz del riñón K.

Y la verdad es que el actual senador santafesino, a quien las encuestas le dan bien, sigue trabajando con dos objetivos: tener un rol más activo en las sesiones ordinarias del Congreso, que comenzarán el 1º de marzo y el armado político con el que piensa dar la batalla en la interna peronista de 2011 por la candidatura presidencial.

Con relación a ello, distintas fuentes confirman la existencia de contactos con Alberto Fernández. El ex jefe de Gabinete, a su vez, está hablando con algunos gobernadores ultrakirchneristas, quienes, suplicándole absoluta reserva, le vienen manifestando sus crecientes desacuerdos con el enfoque político de Kirchner. Uno de esos gobernadores suele aparecer haciendo una defensa a ultranza del matrimonio presidencial.

Volviendo a Reutemann, hay que señalar que Kirchner en persona ha decidido ponerse al frente de las operaciones políticas en Santa Fe. Su primera acción fue motorizar una solicitada contra el ex piloto de F1 que subscribió un grupo de intendentes de esa provincia.

Es en atención a esa batalla que Kirchner cree imperiosa su reasunción de la conducción del PJ. Es con vistas a esa batalla que necesita sí o sí del Fondo del Bicentenario para el Desendeudamiento y la Estabilidad. Ahí las cosas vienen complicándose día tras día. Las esperanzas del kirchnerismo para que el Decreto de Necesidad y Urgencia sea aprobado por el Congreso están puestas en el Senado.

“Allí hoy estamos dos votos abajo, aun cuando las cosas no están cerradas. Daremos batalla”, reconoce una voz que habita en la Casa Rosada. La disputa pasa por la crucial votación de los senadores pampeanos Carlos Verna y María Higonet. Verna podría votar una ley que creara el Fondo especificando cómo se va a repartir entre las provincias. Esto no es lo que quiere el matrimonio presidencial, ya que le quitaría poder de decisión sobre el direccionamiento de esa plata.

La no aprobación del DNU del Fondo del Bicentenario significaría, además, una derrota de alto significado político para el Gobierno que, al insistir en su modalidad del todo o nada, demuestra su negativa a reconocer la nueva realidad política que emergió tras los comicios del 28 de junio pasado.

En el horizonte de preocupaciones del oficialismo también viene creciendo el proceso de rearmado de la UCR. En Olivos se festejó el costo político que para Julio Cobos tuvo su voto en la comisión bicameral que aconsejó la remoción de Martín Redrado al frente del Banco Central. Las encuestas demostraron que el vice pagó políticamente y cayó su imagen.

La posibilidad de una ruptura en el seno de la UCR entusiasmó al matrimonio K, deseo que se perturbó ante el encuentro de los radicales en San Nicolás, al que asistió Cobos y en el que se limaron asperezas. Por eso fue que el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y el ministro del Interior, Florencio Randazzo, recibieron la orden de salir a acusar al radicalismo de “cuasi golpismo”. Por lo que se sabe, a Randazzo le disgusta cada vez más recibir órdenes para salir a decir estas cosas en las que no cree.

Es cierto que la situación de Cobos es insólita y cada vez más difícil de explicar. De ahí a hablar de golpismo, hay un abismo. Pero éste es ya un clásico del Gobierno, para quien si no gana una elección sobreviene el caos, si la oposición discrepa afecta la gobernabilidad y es golpista y si los medios critican son destituyentes, hechos todos desmentidos por la realidad.

Así como le cuesta reconocer esta realidad, le sucede con otras. En estos días el objeto de la polémica es la inflación. Frente a esto el Gobierno está encarando su clásico plan de acción. Para ello ya llamó a Guillermo Moreno.

Ya se puede predecir, pues, la metodología a utilizar: el apriete. Ya se puede anticipar, también, cuál será el resultado efectivo del método Moreno: el fracaso, que es el resultado que se obtuvo cada vez que se utilizó el método en el pasado. Sin embargo, esto poco importa al matrimonio presidencial, siempre obstinado en repetir una y otra vez, con ahínco, sus errores.

Los disfraces políticos se reproducen y no por la llegada del carnaval

Por Eduardo van der Kooy

Las debilidades del Gobierno afloran. Por eso el atrevimiento de los reclamos de Moyano y D´Elia. Existe una diáspora todavía contenida entre muchos intendentes y gobernadores. La oposición en el Congreso empieza a ser un problema mas serio del que los Kirchner creían.


"D'Elia tiene razón. Los intendentes lo vamos a dejar a Kirchner. Pero no será una traición. Nos trajo hasta aquí a punta de pistola. No estamos dispuestos a hundirnos con el barco". La frase descarnada pertenece a un poderoso intendente del conurbano. La convicción de ese funcionario parece sólida pero se mulle frente a la pregunta de por qué razón esas afirmaciones se escuchan sólo en privado. "¿Qué quiere, que nos maten. Que nos saquen hasta la última moneda?", interroga temoroso.


Aquel intendente no es un excepción en el universo peronista. La simulación parece el fenómeno mas extendido ahora en el partido y en el kirchnerismo. Los legisladores provinciales bonaerenses que en un encuentro estival de playa habían criticado al ex presidente firmaron, hace días, una solicitada de adhesión: "Así lo dejamos contento y nos dejan tranquilos a nosotros", confesó uno de los principales adherentes.

¿Quien los intranquiliza? Daniel Scioli vive obsesionado por la conducta política de los peronistas de la provincia. El disciplinamiento de esa tropa le garantizaría una relación estable con Néstor y Cristina Kirchner. Esa es la teoría que esgrime al menos su jefe de Gabinete, Alberto Pérez.

Quizás por ese motivo Scioli habría aceptado también que las finanzas de Buenos Aires sean auditadas por la Nación. Existe desde hace semanas un trabajo conjunto entre el ministro de Economía provincial, Alejandro Arlía, y el secretario de Hacienda de los Kirchner, Juan Carlos Pezoa.

Se pactó también que la escasez se note poco: las obras importantes en el conurbano avanzan a tranco pesado o no avanzan; a las obras de menor envergadura se les dio un envión, en especial las del segundo cordón donde el kirchnerismo supone que retiene su clientela electoral. Pese a ese ensamble, el gobernador empezaría a dudar sobre si aquella olla política peronista que acumula presión no volará por el aire el día menos pensado.

Los disfraces políticos se reproducen y no por la llegada del carnaval. Kirchner le ordenó al ministro de Justicia y Seguridad, Julio Alak, que organizara en La Plata una reunión para reivindicar su liderazgo y castigar al intendente Pablo Bruera, apartado del kirchnerismo. La cena se hizo dos días después de la operación que sufrió el ex presidente. Hubo un grupo nutrido de kirchneristas rabiosos y algunos moderados. Hubo invitados que se negaron a asistir. Varios de los moderados le aclararon luego a un peronista disidente de talla: "Fuimos de compromiso. No teníamos como zafar del apriete", sonrojaron.

El kichnerismo también la semana pasada arrojó críticas como granizo sobre la cabeza de Carlos Reutemann. Las declaraciones del senador sobre que el Gobierno se "afane" antes del 2011 la Casa Rosada y la Plaza de Mayo colmaron de ira a los Kirchner. Pues bien, que se sepa dos de esos cruzados enviaron correos directos al ex gobernador: "No nos quedaba otra. Pero si jugás la presidencial vamos a estar con vos", le prometieron.

Luis D'Elia conoce bien esa trama enorme de apariencias y de engaños. Sabe también que desde el pasado 28 de junio los Kirchner han empezado a entrar en un cono de debilidad irremediable que se acentuará este año cuando deban gestionar con un Congreso adverso. O saca tajada a ahora mismo de esa debilidad, reclamando la participación en los planes de empleo que distribuyen los intendentes bonaerenses, o luego sería tarde.

Hugo Moyano tiene, incluso, un olfato mas sofisticado que D'Elia. El jefe de la CGT frecuenta el ámbito del peronismo clásico y de los intendentes bonaerenses como no lo hace el líder piquetero. Hace semanas admitió que "hay muchachos que no están conformes con el modo de conducción del PJ". Se desdijo cuando sonó desde Olivos el teléfono. Anda en un tironeo sobre los alcances de la inflación porque en poco mas de un mes arrancarán en los gremios las discusiones paritarias. Igual que D'Elia, también supone que el trance de fragilidad de los Kirchner le permitirá obtener un provecho mejor.

Moyano y D'Elia parecen lejos, sin embargo, de pensar aún en dar un salto. El peronismo no le ofrece al secretario de la CGT ninguna alternativa que no sea la de los Kirchner. D'Elia quedaría condenado a mezclarse otra vez entre las organizaciones piqueteras --de la izquierda-- sin ningún anclaje, como le gusta, en el poder.

Moyano conoce que no tendría futuro junto a Reutemann. El mismo inició la escalada de confrontación kirchnerista con el senador. Su palabra fue una de las razones, entre varias, que acicatearon la reaparición del ex gobernador de Santa Fe. Pero no fue la única.

Reutemann supo de alguna trapizonda kirchnerista para intentar instalarlo en la escena pública como un hipotético heredero de los Kirchner. Una manera expeditiva, tal vez, de amputarle cualquier expectativa social. El dedo de los Kirchner, hoy por hoy, hunde en vez de elevar. El senador creyó descubrir esa intención cuando días atrás fue abordado en un restaurante de Recoleta por un gerente del poder, ahora kirchnerista. Juan Carlos Mazzón quiso hablar con él, pero lo esquivó todo lo posible.

Reutemann decidió entonces castigar donde al matrimonio presidencial ahora le duele: las sospechas de que la administración se corrompe de modo incesante. Esas sospechas comenzaron a tener volumen popular no tanto por las reiteradas denuncias. Fue determinante un episodio derivado del conflicto en el Banco Central: los dos millones de dólares que compró Kirchner en el 2008 para una inversión inmobiliaria, en medio de la crisis económica internacional.

Reutemann trazó así una frontera definitiva. No tiene decidido todavía, pese al torrente de conjeturas, si se postulará para el 2011. Tiene en claro, en cambio, que de hacerlo estaría en la vereda opuesta a los Kirchner.

¿Lo hará?. Por lo pronto, descartó una nueva pelea por la gobernación de Santa Fe. Tal vez abandone la práctica de los enigmáticos y largos silencios para canjearla por una comunicación mas fluída. La diputada Celia Arena se encargaría de eso. El senador tiene voluntad de alentar el papel del peronismo federal en el Congreso y ampliaría contactos con dirigentes que no sean sólo de su provincia, Córdoba y Entre Rios. Tiene agendado un encuentro inminente con Felipe Solá y recibió a fin de año a Sergio Massa. Se comprende la bronca de los Kirchner contra el intendente de Tigre y la desconfianza que, por añadidura, le dispensa Scioli.

Kirchner instruyó aquella ofensiva contra Reutemann. Pero ni él mismo ni Cristina dijeron una palabra. Nunca el matrimonio se atrevió a cuestionar públicamente al senador. El ex presidente no quiso hablar de lo ocurrido delante de los visitantes que tuvo en el sanatorio donde permaneció internado tres días. Uno de sus interlocutores contó que el percance de salud habría devuelto a un hombre manso, reflexivo. Que hasta sobrevoló la idea de un sucesor para el 2011 que no podría ser un Kirchner. A un avezado kirchnerista se le ocurrió apuntar con sorna: "Es posible que ahora piense eso. Pero le durará hasta que se le borre la cicatriz".

El problema de salud del ex presidente quizás no se transforme en un límite político pero sí en un toque de atención. No sería el único. El matrimonio sabía que el Fondo de Bicentenario, para usar las reservas del Banco Central, naufragaría sin remedio en Diputados. Pero que el Senado sería, al final, una tabla de salvación. Esa esperanza flamea.

El kirchnerismo está ahora clavado en los mismos votos que la oposición (35). Pero el pampeano peronista Carlos Verna y su comprovinciana María Higonet se sumaron a los opositores en la puja por la distribución de las comisiones del Senado y exigen que aquel DNU sea cambiado por un proyecto de ley. Habría algo mas que el cambio de las formas: estaría implícita la voluntad de discutir la distribución de algunos impuestos a las provincias.

Verna no es un llanero solitario. Hay gobernadores del PJ que promueven esa idea pero que no la hacen explícita por el temor a la reprimenda. "Es el terrorismo que han instaurado los Kirchner. Nunca vi algo asi en el PJ", asegura el mandatario de Chubut, Mario Das Neves. Aquellos senadores y esos gobernadores peronistas mudos tienen también la solidaridad opositora.

Julio Cobos regresó de su voto favorable sobre la remoción de Martín Redrado --como querían los Kirchner-- y abogó por dos cosas: un proyecto de ley para avalar el uso de las reservas y la necesidad de contemplar las demandas provinciales.

La tregua kirchnerista con el vicepresidente de inmediato cesó. Le reclamaron a viva voz la renuncia. Lo reubicaron en el paisaje de una supuesta conspiración. Cobos alimentó el cotilleo con su participación en la cumbre radical y su deseo de recoger la bendición para el 2011. El vicepresidente fuerza los límites basculando tanto entre su papel institucional y el de posible candidato opositor.

Pero esas distorsiones empalidecen ante la ristra de arbitrariedades kirchneristas. ¿Hay una arbitrariedad mayor que insistir con una inflación (1% en enero, según el INDEC de Guillermo Moreno) existente sólo en la imaginación de los Kirchner?.

Con el engaño se puede convivir en la política un tiempo, quizás mucho tiempo. Pero no siempre. Los Kirchner no deberían ignorar esa certidumbre.

El arrastre del estrés institucional

Por Carlos Abrehu

El arrastre del estrés institucional de enero -según la calificación de Cristina Fernández de Kirchner que hizo del primer mes de 2010- hacia febrero hizo blanco en Néstor Kirchner. Los reveses políticos vulneraron la resistencia del ex presidente. Con su sorpresiva internación y posterior operación quirúrgica tembló temporariamente el esquema de poder que gira alrededor de él. Zafó del trance, pero no se disiparon las dudas sobre su salud.


En el peronismo esas incertidumbres abren espacios para las cavilaciones y los hipotéticos replanteos de actitudes. Conocedora del paño, la jefa de Estado salió a aventar los fantasmas con las frases de rigor. Está mejor de salud que nunca, repitió constantemente.

El sistema de lealtades que tejió en torno de su liderazgo personalista no se desmoronó, pero el deterioro del kirchnerismo es un dato de la realidad. A la tensión política, se agrega el impacto deletéreo de la inflación. Una combinación que mina la tranquilidad de la Casa Rosada y que siembra incógnitas sobre lo que acontecerá en los meses próximos.

El discurso presidencial reflejó con precisión meridiana el mal momento que vive el oficialismo y lo que le duelen las críticas opositoras. Ladran Sancho, señal que son perros, atacó desde una tribuna levantada en un sindicato adicto de Buenos Aires. El ministro de Salud, Juan Luis Manzur, escuchó impertérrito la admonición presidencial. Al fin y al cabo, es un hombre de confianza del gobernador José Alperovich, que asoció su destino al matrimonio K.

La adaptación "cristinesca" de una cita inexistente del genial Cervantes revela el malestar que causa la incipiente recuperación de los mecanismos republicanos de control político.

La inflación del Indec acentúa su descrédito, mientras que en Tucumán la medición de precios permanece oculta desde hace meses, por orden del gobernador. No se debe desentonar con la pauta de Guillermo Moreno, el arquitecto de la inflación artificial.

Efecto traslativo

El 1% de alza del costo de vida de enero no condice con el que los consumidores registran en sus incursiones por los negocios de distinta envergadura. Nadie puede negarlo, porque aumentó el precio de la carne y de la leche. En el mundo privado se habla del 2%.

El precio político lo paga el ministro Amado Boudou, pero también el gobernador a raíz de su cerrada solidaridad con el matrimonio presidencial. Los téoricos del oficialismo refieren que existe una inflación peronista -sería la del Indec que releva los consumos populares- y otra de tipo premium -que se focalizaría en los sectores encumbrados de la sociedad-. De ese modo buscan relativizar las diferencias entre las mediciones públicas y privadas.

Por otra parte, el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández. sugiere que suben los precios porque creció el poder adquisitivo de los ciudadanos. La sensación térmica que vive Fernández es muy distinta de la de los jubilados. Estos no mejoraron sustancialmente su situación, pese a los espectaculares discursos presidenciales. El 76% de los afiliados al sistema estatal, con el último ajuste del 8% y con el subsidio del PAMI, cobrará $ 940 desde marzo, cifra que está por debajo de la línea pobreza calculada en $ 1.095 por el Indec, sospechado de manipular los datos de la realidad socioeconómica.

En Tucumán se estima que el 80% de los jubilados subsiste debajo de ese piso de necesidades. La Anses, mientras tanto, sigue como prestamista de la Casa Rosada y de emprendimientos privados, y no reajusta los ingresos de sus aportantes.

Sacudió el tablero

Carlos Reutemann, con lenguaje destemplado y poco diplomático, dejó sospechada de corrupción a la maquinaria que controla el kirchnerismo. La billetera y la caja tienen a todos bajo sumisión, disparó el santafesino contra los gobernadores que orbitan en derredor de la Casa Rosada.

Las palabras de Reutemann sacudieron la modorra del antikirchnerismo y los aliados del Gobierno formaron fila para contragolpear. Alperovich se mostró cauteloso frente al hecho: está fuera de lugar hablar de afanar. ¿No querrá dinamitar puentes hacia el futuro? Con el campo había sido más contundente durante el caldeado año 2008.

Las divergencias más inmediatas se patentizarán en el Congreso, cuando deba discutirse si se ratifica el decreto de necesidad y urgencia que crea el Fondo del Bicentenario. Alperovich desplegará toda su artillería para que la orden presidencial no sea desairada. Es una prueba de fuego, de la que la Casa Rosada necesita salir airosa. De ese modo, podrá contar con recursos que financien la expansión del gasto público, al mismo tiempo que sujeta a los gobernadores.

Los radicales confían en desbaratar la estrategia oficialista en las dos cámaras y apuntan a que se modifique el régimen de reparto de los Aportes del Tesoro Nacional (ATN) y del impuesto al cheque. Ese renacer del espíritu de fiscalización creen que podrán proyectarlo en la provincia, donde Alperovich conserva el manejo de las palancas del poder. El senador José Cano entiende que es una operación posible, pero el andar de la política está lleno de buenas intenciones no cumplidas.

Los justicialistas que rompieron amarras con el kirchnerismo y la Casa de Gobierno bifurcaron sus senderos. El consejo provincial provisorio del peronismo acusó a Alperovich y Kirchner de trabajar para que haya más pobres y desocupados, promoviendo un clientelismo electoral sin precedentes. Es una experiencia que aglutina a dirigentes históricos, gremialistas y políticos.
La otra rama, que optó por cobijarse bajo la sigla Peronismo Federal, congrega a dirigentes que  comparten métodos de trabajo y mantienen diferencias políticas con la dirección provisoria del peronismo. Julio Díaz Lozano, Osvaldo Cirnigliaro y FlorencioAceñolaza, entre otros, emergen como las figuras más significativas del grupo, por el momemto. Existe la intención de coexistir pacíficamente y la coincidencia de enfrentar a Alperovich.

Cuando los perros son muchos y están hambrientos pueden devorar a cualquiera

Por Juan C. Sánchez Arnau

Acabo de leer en los diarios una frase que Ud. habría dedicado a sus opositores, es decir a los argentinos que no opinan como Ud., una frase “cristinesca” según su propia definición: “Ladran, Sancho, señal que son perros”.

Como argentino que no comparte su visión acerca de los méritos de su gobierno, me siento alcanzado e incluido en la categoría de los que, en lugar de opinar, ladran, y por lo tanto, son perros. Obviamente, la suya no ha sido, de ser cierta, una frase feliz. Quizás desde aquel grito terrible de “Muerte a los salvajes unitarios” ningún Jefe de Estado argentino, más allá de lo que hubieran sido sus actos, había hablado así de sus propios conciudadanos.

¡Qué contraste, Sra. Presidenta, con las actitudes y las palabras de sus vecinos! ¿No ha escuchado Ud. el discurso del ex Presidente Frei, felicitando a su adversario el futuro Presidente Piñera, de Chile? ¿No ha escuchado al ex Presidente Lacalle, saludando el triunfo de su adversario José Mujíca y diciéndole, “de aquí en más Ud. es mi Presidente”? ¿Imagina Ud. a la Presidenta Bachelet o al Presidente Lula, tratando de perros a sus adversarios políticos? ¿No comprende Ud. que al tratar así a sus adversarios, justificaría que cualquiera que no estuviera de acuerdo con sus opiniones la trate de “perra”, “gata” o “cebra”? Algo que ningún argentino debería permitir porque sería una afrenta a la figura institucional más importante del país, aquella a la que todos debemos respetar porque debe estar por encima de todos nosotros.

Alguien que, a su vez, debe tratar a todos los argentinos por igual, sin distinciones de banderas políticas o ideológicas, porque fue elegida para gobernar para todos y en nombre de todos los argentinos. Quizás esta noción le sea ajena, o quizás esté muy ofuscada por las sucesivas derrotas electorales y judiciales y por la enfermedad de su marido. Pero comprenda, Señora, que así va a quedarse cada vez más sola, acompañada solamente por aquellos que necesitan de Ud. y de su esposo para sobrevivir políticamente en un país cuyos ciudadanos ya dejaron de creer en Ud. y en sus discursos. Por eso, sus tristes palabras no han tenido mayor repercusión: fueron tomadas como un exabrupto más, otro desliz verbal de aquellos a los que nos tienen acostumbrados, Ud., su esposo y su Jefe de Gabinete.


En todo caso, Señora, gracias por haberme tratado de “perro”, no me molesta ser comparado con tan noble animal. Mal me habría sentido, en cambio, si me hubiera tratado de “cerdo”, ese sucio animal que parece animar -según sus propios dichos- sus fantasías eróticas.

Cálmese Señora, comprendemos que está Ud. viviendo tiempos difíciles y que su futuro, como el de todos nosotros, los argentinos, no es brillante. Pero ¡cálmese, por favor! Que todos queremos que termine su mandato en paz.

No siga así, que cuando los perros son muchos y están hambrientos, se juntan en jauría y pueden devorar a cualquiera.

Si no se tienen en claro los valores tampoco se tendrán en claro las acciones

sábado, 13 de febrero de 2010

Por José Benegas *

Todo el episodio del Banco Central nos muestra el renacimiento incipiente de los controles republicanos en medio de la situación de mayor debilidad del kirchnerismo.


La Justicia avanzó al decir con toda claridad que sobre la voluntad política se encuentra la ley, algo que en medio de la gran confusión general es visto como un problema al que se le ha dado el nombre de judicialización de la política (liso y llano control constitucional).

El mayor problema de nuestro sistema político es que con un gobierno que avanza sobre la ley, quienes están llamados a controlarlo duden. Se preguntan mil veces si están haciendo lo correcto, en algunas oportunidades piden perdón y retroceden. Se dejan atrapar por planteos de valores falsos como el problema de la “gobernabilidad” o la “investidura presidencial”.

La mayor gobernabilidad se da en un sistema totalitario; la legalidad, por lo tanto, siempre es un problema para la gobernabilidad y es bueno que así sea. La investidura como concepto confunde, porque lleva a pensar que el poder es inherente a una persona investida y no a una institución.

El sistema republicano es un sistema de equilibrios. A una avanzada desequilibrante le debe responder una acción equilibrante. Si las formalidades no alcanzan, en tanto están pensadas para circunstancias legales y no ilegales, la acción debe pasar por encima de ellas, para restablecer la legalidad.

La república no es un sistema de suicidio en función del mantenimiento de un credo. El objetivo es acotar al poder. Nada hay por encima de esta cuestión porque es para eso que el poder es dividido. Las reglas deben cumplirlas todos, pero cuando alguien tira la pelota fuera de la cancha, hay que buscarla fuera de la cancha. Por eso es que frente a un gobierno inescrupuloso, priorizar el cumplimiento de tradiciones como fue el caso de las designaciones de autoridades de la Cámara de diputados o dudar sobre la posibilidad de la autoconvocatoria, son formas de contribuir al desequilibrio y poner en juego el sistema.

Si no se tienen en claro los valores tampoco se tendrán en claro las acciones. La república es un sistema de gente con sangre caliente defendiendo la libertad, no de patos pensando en su próximo cargo. Tampoco está en la cima de los problemas el propio financiamiento del Estado. Las excusas de gobernadores y legisladores que siguen instrucciones de ellos para acceder a cualquier artilugio para recibir fondos del Estado nacional son inaceptables, debieran ser tratadas como un delito de lesa república.

El valor para la república no es la voluntad del poder, sino la legalidad constitucional. Palos en la rueda es lo que necesita este país para liberarse de la irresponsabilidad de todo tipo de tiranos. Hay que afectar a la gobernabilidad de una buena vez y recuperar un sistema sin salvadores.

Más allá de cómo terminó el episodio Redrado en sí, inclusive de cuánto puedan tentar con un pedazo de la torta a gobernadores y opositores para avanzar sobre las reservas del Banco Central, hemos visto fluir a la república en tiempos de ingobernabilidad porque contrariamente al paradigma que venimos arrastrando históricamente, según el cual necesitamos un Poder Ejecutivo fuerte, nuestro mayor desafío es tener una Constitución invencible.

Eso requiere más acción que contemplación. Hemos probado mucho con gobiernos fuertes, civiles y militares, durante todo nuestro período de fracaso como país. Alguien pensará en el caso de Fernando de la Rúa como el ejemplo del gobierno débil, pero más que por la debilidad se caracterizó por la ineptitud y una ineptitud onmímoda es siempre peor que una ineptitud acotada.

Muchos se asustan cuando un presidente se encuentra con un obstáculo, porque sólo conocen, como en las cavernas, una versión de la seguridad que es la política. La que el país necesita es la seguridad jurídica que es la que está a disposición de cualquiera todos los días cuando rigen reglas y no voluntades.

El gobierno debe ser débil en comparación con la ley; si se quiere, con una debilidad a la altura de nuestros patos, dado que es todo lo que tenemos.

*Periodista, abogado, máster en Economía y Ciencias Políticas

Existe una inflación popular y una inflación premium

Por Maximiliano Montenegro

“Si vos comprás en Patio Bullrich, la inflación es del 20 o 30%. Si comés en Happening, la inflación es del 100% en el último año. Pero ése no es el consumo de la mayoría de los argentinos. No creemos que haya el proceso inflacionario que promueve Clarín, inflando las expectativas. Quieren instalar que la inflación está desbocada, pero no es así”.


El alto funcionario del Palacio de Hacienda prosigue con su diagnóstico: “El IPC (del INDEC) representa una canasta de consumo popular. Ahí es otro mundo, no se dan los aumentos que fogonean los diarios. Ustedes hablan de la inflación de una canasta premium, que no refleja el consumo de la mayoría de los argentinos”.
Siete meses atrás, cuando asumió, Amado Boudou encargó la revisión de las cifras del INDEC a un consejo de académicos con el objetivo de transparentar las estadísticas del organismo. Hoy, en cambio, los colaboradores más fieles del ministro defienden la tesis de Guillermo Moreno: la inflación es elevada para los segmentos medios altos y altos –que consumen la llamada “canasta premium”–, mientras que la medida por el INDEC es para los sectores medios bajos y bajos.

“El 2010 va ser un año espectacular”, insiste el funcionario de Economía. Las proyecciones que se barajan por estos días en el despacho de Boudou son las siguientes: crecimiento del PBI del 6%, con un IPC del 9%... y una “inflación premium” que superaría el 20 por ciento.

“En 2009, la inflación promedio fue 14%. Este año va ser 15%. No muy diferente”, explica el funcionario a este periodista, que toma nota entonces de que en el Gobierno miran tres índices distintos: el IPC del INDEC (algo así como la inflación popular o peronista); el índice premium (que reflejaría el “consumo de lujo”); y la “inflación promedio”.

–¿Cómo es posible que en 2010, con 6% de crecimiento, la “inflación promedio” sea similar a la de 2009, cuando la economía cayó entre 2 y 4 por ciento?

–La economía no cayó en 2009, como dicen los consultores privados, responde tajante el funcionario. (Según el INDEC, el PBI en 2009 creció 0,5 por ciento).

En cuanto a la carne, si bien se reconocen aumentos como consecuencia de problemas estructurales en el sector, en el equipo de Boudou también prima la teoría de que el tema está agrandado por los medios.

El ministro ordenó a sus colaboradores un seguimiento del precio de la carne en base a un índice casero: recopilar los avisos con ofertas de precios publicadas por los supermercados en el diario Clarín durante los últimos meses. Efectivamente, el relevamiento muestra que los principales hipermercados cumplieron con el acuerdo cerrado con Moreno de congelar el precio de una serie de cortes populares. Por ejemplo:

• El 21 de noviembre, Carrefour publicó la oferta de cuatro cortes populares (palomita, roast beef, paleta y tapa de asado) a $ 6,99 por kg; y la carnaza común a $ 5,99 por kg. Toda carne de novillito.

• El mismo aviso promocionó “Súper Vea” el 9 de enero; volvió a publicar Carrefour el 30 de enero. Y repitió el sábado último (6 de febrero) Walmart.

El seguimiento de precios se extiende a otros alimentos, y las ofertas, en algunos casos, perduran con los mismos precios desde agosto pasado. La carpetita con fotocopias color ya está sobre el escritorio presidencial. Para el ministro es la prueba de que los consumidores tienen opciones para eludir la suba de precios, y que la inflación real para los sectores de menores recursos no es la que difunden los diarios, en base a encuestas de consultoras privadas.

Sin embargo, esas “promo” de los súper están acotadas a un día del fin de semana, y en letra chiquita siempre aclaran que la empresa dispone de un stock limitado de carne a esos valores. Durante la semana, en cambio, liberan las góndolas. Según comprobó este diario, esos mismos cortes, en uno de los híper mencionados estaban el jueves último entre dos y cuatro veces más caros. Es probable que hoy o mañana, a pedido de Moreno, reaparezca la oferta en un súper líder de origen nacional.

Según el sitio Inflaciónverdadera.com, que releva online los precios diarios de una canasta básica de consumo en dos grandes cadenas comerciales, la inflación asciende –a los precios de ayer– al 22,1% anual.

Otro argumento que mencionan en el Palacio de Hacienda para relativizar el proceso inflacionario es la marcha del consumo. “Si la inflación fuera tan elevada como dicen no habría boom turístico. La recomposición del poder de compra salarial explica el boom turístico de este verano, porque en 2009 no aumentó el empleo”, sostienen.

Pero ese mismo argumento podría usarse al revés: si en 2009 la inflación fue de sólo 7% –como dice el INDEC– y los salarios, a su vez, aumentaron 17% en general (¡y los salarios en negro 21,5%!) ¿por qué no explotó el consumo el año pasado?

Canasta. El INDEC de Moreno difundió ayer que el IPC de enero fue de 1 por ciento, la mitad de lo estimado por algunas consultoras, incluso las más cercanas al Gobierno. Sin embargo, el organismo admitió que la canasta básica alimentaria (que mide la línea de indigencia) se encareció 2,15 por ciento. Y acumula en el trimestre noviembre- enero una suba del 6,1%.

Anualizada, implica una inflación de alimentos superior al 25%, en línea con los cálculos de encuestadores privados. Por sí solo el dato debería preocupar en Olivos. No por la difusión de la primera cifra que contradice la “inflación peronista”, sino por el impacto que una dinámica de precios semejante supone sobre los bolsillos de las familias más pobres del Gran Buenos Aires.

¿Hay plan? Como se dijo, Boudou relativiza la dimensión del fenómeno inflacionario. Sin embargo, el ministro prepara un plan para estimular la inversión, bajo el supuesto de que los aumentos de precios responden fundamentalmente a un problema de escasez de oferta sectorial para abastecer a una demanda pujante.

“La clave este año va a ser la inversión privada. Muy pocas empresas dominan la mayoría de los mercados. Con esas empresas hay que sentarse y negociar más inversiones, a cambio de incentivos crediticios y otras cuestiones. Que ajusten por cantidades y no por precios”, reflexiona ante sus allegados.

“Este año es una bisagra: o pasamos al frente o volvemos a las políticas de ajuste de siempre”, asegura. En el menú ministerial no se descarta reflotar el proyecto de un banco de desarrollo, al estilo del BNDES brasileño.

Pero se defenderá a rajatabla la política expansiva, fiscal y monetaria de los últimos tiempos. Incluso, Boudou rechaza la sospecha de que el Gobierno utilizará la política cambiaria como ancla nominal de los precios: sin saltos bruscos, el objetivo es preservar la competitividad frente al principal socio comercial. Si Brasil devaluara, el dólar se movería aquí también gradualmente hacia arriba.

Para el economista Nicolás Salvatore –quien junto a la ex directora del IPC/INDEC, Graciela Bevacqua, elabora un índice propio desde un centro académico de la UBA– “los aumentos de precios han dejado de ser un fenómeno discreto, explicado por excesos de demanda sectoriales o aumentos de costos”. “Cuando un proceso de aceleración inflacionaria traspasa cierto umbral, la inflación se vuelve persistente, y crece impulsada por su propia inercia, por las expectativas, en un marco de indexación generalizada de contratos”, explica.

El diagnóstico es compartido por gran parte de los economistas –heterodoxos, no destituyentes–. En especial después de lo que ocurrió el año pasado: pese a la profunda recesión, con exceso de capacidad ociosa en las fábricas, la inflación no bajó del 15 por ciento. Una prueba irrefutable de que el alza de precios tiene vida propia, independiente de sus causas originales (en 2007, el exceso de demanda en una economía que crecía a todo vapor con precios de las commodities en ascenso).

¿Cómo frenar la inercia inflacionaria sin un termómetro de precios confiable? ¿Cómo moderar expectativas sin un indicador de referencia aceptado por sindicatos, empresarios, académicos y buena parte de la dirigencia política? ¿Habrá un mecanismo de actualización de los planes sociales o se dejará que los licue la inflación?

¿En base a qué parámetro se ajustarán en el futuro los principales contratos de la economía? ¿Las tapas de Clarín, las encuestas de las consultoras privadas, el IPC de Moreno, las ofertas de los supermercados o el “índice changuito” que le acerca a Moyano su mujer?

Los Kirchner priorizan la primacía del relato, más allá de los hechos

Por Pepe Eliaschev

La crónica de los episodios de estos últimos días, sobre todo los centrados en la intervención quirúrgica a la que fue sometido Néstor Kirchner, dejan un balance periodístico interesante y jugoso que no quiero desperdiciar. Aún cuando mucho se ha dicho sobre ese episodio -la intervención y el tratamiento al que fue sometido Kirchner-, tengo para mí que todo el acontecimiento tiene ribetes y rasgos que no deben ser dejados de lado.


Ustedes saben que cuando asumió la Presidencia de la Nación, allá por mayo de 2003, el entonces presidente Néstor Kirchner comenzó a desarrollar una serie de gestos y medidas de claro corte simbólico. Por ejemplo, recibirla a Hebe de Bonafini en la Casa Rosada, salir a la Plaza de Mayo y zambullirse literalmente en la gente –a punto tal que un fotógrafo lo lastimó con una cámara-, entre otros episodios. En ese circuito de decisiones de orden simbólico, Kirchner inauguró la sala presidencial del hospital público Cosme Argerich.

El Argerich es un hospital municipal muy importante, que queda en el barrio de La Boca de la ciudad de Buenos Aires. Allí fue recibido Kirchner en esas primeras semanas de su presidencia, hace siete años, para ratificar de manera abierta que, como presidente, sólo se iba a atender en un hospital público, el mismo hospital municipal en el que se atienden millones de argentinos y latinoamericanos que vienen a recibir atención médica sobre todo a la ciudad de Buenos Aires: sin privilegios ni restricciones de ninguna naturaleza.

Tendría, desde luego, una sala presidencial apropiada -lo que corresponde, pues un presidente no puede tener el mismo trato rutinario que un ciudadano de a pie-, pero en el ámbito de la salud pública.

En estas últimas horas, diferentes funcionarios han tratado de subestimar lo que fue una intervención delicada, sosteniendo que se trató de “chapa y pintura” –expresión que corresponde al ministro del Interior Florencio Randazzo- o “destape de cañerías”, la expresión que utilizó el gobernador bonaerense Daniel Scioli.

Pero, efectivamente, cuando ocurrió una emergencia médica como la que lo llevó al quirófano a Néstor Kirchner, no fue el hospital Argerich el elegido, sino un sanatorio privado de altísima gama, ubicado en la Av. Juan B. Justo de la Capital Federal, y propiedad del consorcio Swiss Medical, llamado De los Arcos. Este sanatorio reúne la doble función de hotelería cinco estrellas y atención médica absolutamente excepcional.

Así dichas las cosas, no tendría, ni tengo, ni tendré objeción ninguna. Tanto para mí como para mis seres queridos, procuro –en el caso de necesitarla- la atención médica más importante, seria, rigurosa, excelente. ¿Por qué no habría de procurarlo Néstor Kirchner? Pero mi reflexión apunta a otra situación.

La promesa de ir al hospital público no se cumplió, porque si algo define al gobierno de los Kirchner es esta diferencia, este divorcio abismal entre la retórica y la realidad. En una palabra: por un lado el matrimonio presidencial exalta, hace ya siete años largos, todo lo que sea estatal -Aerolíneas estatal, jubilación estatal, salud estatal- pero por el otro, vive de la manera más rigurosa y más ortodoxa que uno pueda imaginarse en función de las atribuciones del capital privado, y con los modos, los hábitos y los recursos de la actividad privada.

El matrimonio Kirchner ha viajado a lo largo de los años en aviones alquilados. El matrimonio Kirchner, a lo largo de los años, ha comprado, ahorrado y hecho transacciones en dólares, no en pesos. El matrimonio Kirchner, que por un lado ha castigado sin cesar a los empresarios privados acusándolos de complotar contra su gobierno, no ha dejado de cortejarlos, ni de hacer negocios con ellos.

Nunca antes, si lo pienso, hubo tanta divergencia entre el discurso y la realidad.

Lo que pasa queda reflejado en lo que ocurrió con el hospital Argerich: fue producto de una cruda especulación política. Este hospital era municipal en 2003, cuando gobernaba la ciudad de Buenos Aires una fracción política cercana al gobierno de los Kirchner. Sigue siendo municipal hoy en 2010, pero ahora gobierna la ciudad una gestión que para la Casa Rosada es, literalmente, “el enemigo”.

Hay sobre todo, en los Kirchner, multiplicación de gestos, uso de los símbolos y la insistencia en esa palabreja puesta de moda por las escuelas de comunicación y los tanques de pensamiento, “el relato”. Los Kirchner priorizan la primacía del relato, más allá de los hechos.

Se llega a un punto en el que efectivamente lo que advertimos es que a lo largo de estos siete años -con la excepción de algún hecho aislado y particularmente poderoso, como la renovación de la Corte Suprema de justicia- los símbolos han sido más poderosos que los datos concretos de la realidad. La simbología ha superado a los hechos.

Mientras que, por un lado, los Kirchner hacen uso y abuso de los desplantes, el sarcasmo, el comentario hiriente, la ironía despampanante, por otro lado, lo que se advierte es una rigurosa fidelidad a la ambivalencia entre discurso y realidad.

Cuando, efectivamente, la necesidad establecía que Néstor Kirchner fuera atendido en un centro de salud de excelencia, fue a parar a uno de los más emblemáticos sanatorios de la actividad privada porteña. Ese hecho no estaría mal en sí mismo, si no se chocara con la prédica estatista y solidaria de quienes gobiernan, a la que dejan de lado con absoluta falta de prejuicios.

En 2003, a pocos días de haber asumido la presidencia, Néstor Kirchner recibió a una delegación de las Madres de Plaza de Mayo, encabezada en ese momento por Hebe de Bonafini, su presidenta vitalicia.

Cuando salió, Bonafini le manifestó al periodismo que estaba encantada con Néstor Kirchner, y que en realidad él la había sorprendido. “¿Por qué?”, le preguntaron. Y ella respondió, literalmente –la cita pueden ustedes encontrarla en cualquier archivo-, “Yo pensaba que Kirchner era la misma mierda que todos”.

O sea que, veinte años después de reestablecida la democracia, Bonafini no había tenido un solo dato o noticia de algún gesto o decisión de Kirchner que le permitiera intuir que él era diferente. Fue diferente el día en que entró a la Casa Rosada.

Por eso, Kirchner no fue al Argerich a atenderse. Por dos razones principales: por un lado porque en definitiva lo de la salud estatal era para la gilada, símbolo, relato, gesto, en definitiva lo que le importaba era la mejor atención, y esto lo proporciona un establecimiento privado de excelencia, como el sanatorio donde se atendió, propiedad de Claudio Belocopitt.

Por otro lado, además, así procedieron para que si le iba muy bien en el Argerich, el gobierno de la ciudad de Buenos Aires, que dirige Mauricio Macri, pudiera capitalizar este hecho; una mezcla de hipocresía, cinismo e inescrupulosidad para la que es difícil encontrar antecedentes al menos inmediatos en nuestra realidad Argentina.

Alerta roja en Olivos: Consenso Opositor en el Senado

Por Alexis Di Capo

El gobierno ya tiene su obsesión número 2 (la número 1 es aprobar el Fondo del Bicentenario). Se trata de impedir que el salteño Juan Carlos Romero sea el nuevo Presidente Provisional del Senado reemplazando al bonaerense Juan José Pampuro. El acuerdo entre el Peronismo Federal, la UCR y Carlos Verna está casi cerrado y tendrían mayoría de votos.

Hay algunos casos difíciles, por ejemplo María Eugenia Estenssoro tiene expresas instrucciones de Elisa Carrió de no apoyar la postulación de Romero. Y similar resistencia manifiesta Luis Juez.

El clima, hasta ahora, es de consenso opositor para ir por todo en la sesión preparatoria del 24, es decir, por la Presidencia Provisional y por la Vicepresidencia para un radical.

Alerta roja en Olivos

Kirchner sufre la pesadilla de un nuevo 3 de Diciembre, pero mucho peor, porque en aquella ocasión la subsistencia de Eduardo Fellner en la presidencia de la Cámara le permitió al oficialismo disimular su derrota. Ahora, en cambio, si Romero desplaza a Pampuro, el escenario es sombrío para el gobierno. Y más todavía por cuanto es probable que Julio Cobos termine renunciando a la Vicepresidencia en los próximos meses, lo que haría que Romero pase a presidir las sesiones de la Cámara y que el Peronismo Federal crezca adentro y afuera del Congreso.

Medidas desesperadas

Kirchner le ordenó a Miguel Ángel Pichetto y Nicolás Fernández que encuentren una solución para retener la Presidencia Provisional, aunque sea sacrificándolo a Pampuro. Las relaciones de éste con el ex presidente hace rato que se enfriaron.

Horas después de la derrota del oficialismo el 28-j del año pasado, Pampuro corrió con Daniel Scioli a abrazarse con Luciano Miguens y Mario Llambías en la Rural. Y tiempo después aclaró que él no hablaba con Kirchner desde largo tiempo atrás. Éste sospecharía que el ubicuo senador hace rato que se entiende de vuelta con sus padres políticos, el matrimonio Duhalde.

Así es que el seguimiento que sufre Pampuro por parte de la Secretaría de Inteligencia implicaría en los últimos meses un trato especial en relación al resto de los senadores. Su vida privada estaría siendo investigada hasta en los más mínimos detalles, que incluirían, por ejemplo, sus compras con tarjetas de crédito en la sección sadomasoquista de varios sex-shops. La concurrencia de Pampuro a algunas fiestas especiales, como revela la foto, también llena los archivos del espionaje local.

Todo esto, en el código estalinista que reivindica Diana Conti, podría ser útil para que Pampuro recuerde a quién le debe obediencia. Pero el caso es que la situación se está desbordando por el acuerdo UCR-Peronismo Federal-Verna.

Kirchner piensa ahora seriamente en promover al santacruceño Nicolás Fernández, hombre de la mayor confianza de CFK, como relevo de Pampuro. Fernández creció políticamente en los últimos tiempos, pero es dudoso que logre recuperar la mayoría para el oficialismo.

Ernesto Sanz fue el centro de la escena y todos los méritos en San Nicolás

viernes, 12 de febrero de 2010

Por Alfredo Leuco

La impactante herida en el cuello de Néstor Kirchner puede funcionar como metáfora y diagnóstico del momento político que está atravesando. Sus fanáticos podrán decir que todo lo que no lo mata lo fortalece. Y sus enemigos, que está lastimado porque después de su derrota electoral personal del 28 de junio pasado, nada fue igual. Lo llamativo es que ni el riesgo de sufrir un daño cerebral severo le sirvió a Kirchner para calmar a una oposición y una realidad adversa.

El jefe de la jefa de estado padeció los mas grandes dolores postoperatorios por culpa de Luis D'Elía y Carlos Reutemann y ayer del vicepresidente Julio Cobos.

La cena amable de Cobos con las autoridades de la UCR es la confirmación de que ya no tiene dudas sobre la camiseta que lucirá en los comicios del 2011. Las viejas facturas que todavía tienen los radicales que se quedaron en el partido para resistir con Gerardo Morales a la cabeza comenzaron a pagarse al contado.

Sobreactuando cierta humildad, Cobos, dijo que se sentía uno mas en esa reunión y se dispuso a dar por superado el chisporroteo que tuvo con parte de la opinión pública (con caída en las encuestas y todo) cuando votó en la misma línea que el kirchnerismo.

Esta vez escuchó los consejos de su partido y le dejó a Ernesto Sanz el centro de la escena y todos los méritos por haber diseñado ese encuentro unitario y programático en San Nicolás. El hecho político fue una señal contra Néstor Kirchner pero también contra Elisa Carrió.

El diputado convaleciente había festejado como un triunfo el voto de Cobos en la comisión bicameral porque no analizó a fondo el contenido de las críticas que levantó el mendocino. El sector que lo cuestionó, lo hizo por no ser lo suficientemente opositor y por aparecer demasiado cerca de los Kirchner. Por lo tanto era un llamado más de atención para el matrimonio presidencial y no algo que corresponda ser celebrado. Esta mañana, Aníbal Fernández (AUDIO al final de la nota) enmendó el error y retomó las acusaciones de traidor y golpista contra el vicepresidente.

En el caso de Carrió las cosas están mas claras. La semana pasada ella fue muy dura con Cobos, tal como lo viene siendo desde que - voto no positivo mediante- Cobos se transformó en su competidor y se encaramó en la cima de la tabla de posiciones de popularidad.

“Es lo peor del radicalismo” dijo Carrió de ese hombre que anduvo anoche a los abrazos con la mayoría de su conducción. Para los radicales es un tema saldado. Si las elecciones fueran el próximo domingo llevarían como candidato presidencial a Cobos aún a riesgo romper el Acuerdo Cívico y Social que será lo que deba ser o no será nada.

El fin de la hegemonía oficial en la Cámara Alta

Por Atilio Bleta

La oposición se apresta a propinarle una dura derrota al kirchnerismo en el Senado al contar con los 37 votos necesarios para ganar la mayoría en las comisiones. Si no hay alguna deserción, en la sesión preparatoria del próximo miércoles 24, los bloques opositores estarán en condiciones de formalizar el fin de la hegemonía oficial en la Cámara Alta.


Fue lo que sucedió en Diputados en diciembre y si se concreta lo anunciado por la oposición en el Senado, por primera vez desde que gobierna el kirchnerismo, los legisladores de la UCR, del PJ disidente, la Coalición Cívica, el socialismo y el resto de los bloques estarán en condiciones de imponer la agenda parlamentaria.

Esto quiere decir que la oposición tendrá la oportunidad de priorizar los asuntos a tratar y llevar a los respectivos recintos, temas tales como una ley para repartir el impuesto al cheque en forma equitativa entre la Nación y las provincias y no como ocurre ahora que el interior recibe sólo el 15 por ciento de los más de 20 mil millones de pesos que el fisco recauda al año con este impuesto. Y también, por caso, dar curso a una ley que reforme la composición del Consejo de la Magistratura y termine con la mayoría oficial en este organismo que se ocupa de designar a los jueces y juzgar sus conductas. Es un paso que muchos opositores consideran clave para que los jueces "fallen con más libertad".

El jefe del bloque oficial, Miguel Pichetto, comprobó el jueves que la amenaza opositora va en serio y por eso ayer tuvo que reconocer que el kirchnerismo "está en dificultades". No obstante aseguró que "el oficialismo no se va a arrodillar y aceptar semejante imposición: nuestra voluntad es ir al recinto y que se vote. Algunos peronistas tendrán que explicar después por qué votaron en contra del Gobierno", remarcó visiblemente disgustado.

Pichetto admitió también que tiene problemas para aprobar en el Senado el DNU que crea el Fondo del Bicentenario, aunque todavía presiona a los dos peronistas pampeanos acaudillados por Carlos Verna, y a la liberal correntina Josefina Meabe, para volcar la votación en su favor. Los tres se declararon "no alineados", pero en la pelea por las comisiones se alinearon con el arco anti K. De hecho, Meabe se hizo representar en las negociaciones por Verna, que afina el lápiz del reparto de cargos junto al radical Gerardo Morales y el peronista disidente Adolfo Rodríguez Saá.

El problema para el Gobierno es que la oposición reunida cuenta con los 37 votos necesarios -la mirad más uno del Cuerpo- para conseguir mayoría en las 25 comisiones y en la bicameral que administra la biblioteca del Congreso.

El control de las comisiones es fundamental para definir el trámite parlamentario de todo proyecto. Cada comisión funciona como si fuera una Cámara en pequeño: por votación designa al presidente y la mayoría propone qué iniciativas tendrán prioridad.

Pero además el reglamento del Senado establece que hacen falta la firma en cada comisión de ocho senadores (la mitad más uno) para que un proyecto de ley tenga dictamen y quede habilitado para ser discutido en el recinto. Ergo, el que tiene mayoría impone el rumbo y define las prioridades.

Para Pichetto esta actitud de la oposición "es obstruccionista y busca impedir que el Gobierno gobierne y afecta la institucionalidad". Planteos similares a los que el oficialismo hizo cuando la oposición tomó el control de las comisiones de Diputados, en diciembre pasado. Pichetto pide ahora que al menos el oficialismo tenga mayoría en las comisiones de gestión.

Los bloques opositores conceden al kirchnerismo cinco comisiones consideradas clave: Asuntos Constitucionales, Acuerdos, Relaciones Exteriores, Justicia y Defensa, Pero insistieron con el criterio de tener mayoría de 8 miembros sobre 15 en todas las comisiones. Además la oposición quiere presidir 14 de las 26 comisiones. Sin acuerdo, se definiría por votación en la sesión preparatoria del miércoles 24.

El progresismo considera a los demás incapaces de gobernar su propia vida

Por José Brechner

Soy progresista no izquierdista”, me dijo. Para mi sonó: “Soy idiota no estúpida”. Después proseguiría: “Soy socialdemócrata”, lo que confirmó que mis oídos gozan de mayor agudeza que su cerebro. Progresismo y socialismo nacieron del mismo óvulo. Su variante civilizada, la socialdemocracia, que aprovecha del capitalismo para proclamar sus beneficios, también conduce a la pobreza sino al estancamiento económico y confunde los valores morales y culturales.


El progresismo es marxismo dosificado, administrado lentamente para que no se sienta su brutalidad. En vez de acudir a la revolución violenta y la lucha de clases para implantar un gobierno centralista ultra poderoso, que controla todas las acciones del individuo coartando su libertad. Aboga por el cambio gradual, sin revolución, destruyendo de a poco la constitución y los principios éticos de una nación hasta convertirla en dictadura.

La progresía cambió la palabra “revolución” por “evolución”, para introducirse en el sistema, usando y abusando de la democracia. El progresismo surgió en Estados Unidos a comienzos del siglo XX con el presidente demócrata Woodrow Wilson. Un racista que ordenó la segregación de los negros en las Fuerzas Armadas.

Otro progresista de la época, George Bernard Shaw, propuso la eliminación de quienes no generaban superávit aplicándoles un gas letal. Shaw fue el precursor de las cámaras de gas nazis. Según el escritor, cada cinco o seis años había que hacer un cómputo de quiénes habían producido más de lo que habían consumido. Esos merecían vivir. Los demás debían ser aniquilados. El mismo concepto era aplicable a los enfermos y minusválidos. Se denomina eugenesia y formula que sólo deben tener derecho a la vida los físicamente capacitados. La idea fue ampliada por Hitler contra cualquiera que no fuese ario.

Hitler era progresista. No se diferenciaba ideológicamente de Stalin o Mao y hablaba del socialismo como su meta. El “Partido Nacional Socialista Obrero Alemán” lo dice claramente, era “socialista y obrero”, los ancestrales simbolismos izquierdistas. Los nazis diferían de los socialistas tradicionales porque no eran internacionalistas sino nacionalistas, y a Hitler no le gustaba reconocer que su ideología derivaba de Karl Marx, un judío renegado. Ser “nacional y alemán” no es idealismo, es vanidad etnocentrista. Hitler fue tildado de derechista por no permitir los sindicatos. ¿Pero qué sindicato existió alguna vez bajo el reinado de Mao, Stalin o Castro?

La razón de ser de la filosofía progresista es “la redistribución de la riqueza”. Quitar a unos para satisfacer a otros. Los nazis saquearon principalmente a los judíos. Los progresistas no admiten límites legales ni individualismo. Consideran que pueden exceder los preceptos establecidos y los derechos naturales de las personas. Limitarán qué debemos leer, ver o escuchar. Restringirán lo que podemos divulgar o escribir.

Establecerán si podemos creer en Dios, la astrología o ninguno. Hasta nos ordenarán qué vestirnos, tal como hizo Mao. Los progres consideran a los demás incapaces de gobernar su propia vida. Sin embargo sostienen que el hombre es perfectible. No por introspección, empatía con el prójimo o elevación espiritual, sino por imposición. Según ellos, el estado puede crear individuos superiores si son obedientes. En eso también concordaban Marx, Hitler, Stalin y Mao.

Decirse progresista suena bien, armoniza con progreso, mientras que calificarse de marxista es demodé. El actual totalitarismo cibernético no es publicitado por un obrero de overol con un martillo en la mano, sino por un ejecutivo vestido de Armani conduciendo un BMW, o una modelo con la imagen del Che Guevara en la bombacha. Tanto el trabajador, el yuppie, como la modelo tienen algo en común: el materialismo es su Dios.

El progresismo es socialismo conservador, también llamado comunismo. En América Latina lo rebautizaron “Socialismo del Siglo XXI”. Es la forma más abusiva de gobierno que ideó el demonio humano porque casi siempre degenera en totalitarismo. Si no te fuerzan a cumplir con sus normas, con el tiempo y sin que lo notes, igual te encontrarás restringido en tus opciones hacia la vida porque el estado lo es todo.

Para acabar con la progresía, antes de que ella lo haga con nosotros, hay que luchar por la libertad individual; por la propiedad privada; por la justicia; por la libre empresa y la no injerencia del estado en los asuntos y negocios de las personas.

Los gobernantes deben someterse y rendirle cuentas al ciudadano. Hay que reducir la estructura estatal; bregar por leyes ecuánimes; la eliminación de los aranceles; la disminución de los impuestos; hay que exigir seguridad jurídica y física; no hay que permitir subsidios de ninguna clase; y no hay que dejar que se cambien las leyes a conveniencia de los gobernantes.

Para quienes están aturdidos en la nebulosa ideológica, la respuesta es simple. Lo opuesto al progresismo es el capitalismo y la libertad, representado apropiadamente por el movimiento libertario.

La carne vacuna símbolo patrio de la Nación Argentina

Por Pedro Cifuentes - desde Madrid


Cuando la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, afirmó la semana pasada insólitamente que “la ingesta de carne de cerdo mejora la actividad sexual”, algunos se lo tomaron como una simple broma y muchos otros se preocuparon por un posible desgaste psicológico de la mandataria.

Los más perspicaces, en cambio, interpretaron la frase como una anticipación al problema que ya se detectaba en el gran alimento y símbolo patrio de la nación suramericana, la carne vacuna, cuyo aumento imparable de precio está convirtiendo el asado, la principal costumbre gastronómica local, en un pequeño lujo.

Durante las pasadas Navidades, el kilo de tira de asado (costillar) costaba 14 pesos (2,65 euros). Hoy es imposible conseguirlo a menos de 25 pesos, y en algunos establecimientos de barrios acomodados de Buenos Aires el precio llega a los 30 pesos. Si se toman en cuenta los tres últimos años, algunos cortes populares han triplicado su precio, y el pollo o el cerdo, sustitutos de la ternera, se han duplicado.

Las carnicerías de todo el país empiezan a sufrir un descenso de consumo que está directamente ligado a un encarecimiento, vinculado a su vez, como manda la teoría económica, con un descenso en la producción cárnica: hay entre tres y cuatro millones de terneros menos que el año pasado. El sector ganadero ha advertido que el aumento de precios no va a ser estacional (la carne siempre aumenta en enero y febrero, aunque mucho menos que este año).

El presidente de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi, responsabilizó ayer de la caída en la oferta de carne a “los horrores del kirchnerismo”. Todo ello, en un contexto inflacionario no reconocido por las estadísticas oficiales, y que según diversas consultoras privadas puede llegar aproximadamente a un 25% anual.

El Gobierno admite el incremento del precio de la carne, que Cristina Fernández atribuyó esta semana a las intensas lluvias recientes y al deseo de los productores por “engordar su ganado” para “ganar más” con sus ventas.

El proceso se enmarca inevitablemente en el largo conflicto que mantienen desde hace años el sector agropecuario y el Gobierno, que desde 2005 ha seguido una política rígida en materia ganadera, basada en la intervención de precios y los controles a la exportación.

La intención, hasta ahora, era mantener un bien tan socialmente sensible como la carne a un precio muy asequible para el ciudadano medio en un país cuya tasa de pobreza subió alarmantemente tras el descalabro económico de 2001. Estas políticas, sin embargo, fueron alejando de la ganadería a miles de pequeños productores, que encontraron en cultivos como la soja una rentabilidad mucho mayor. A ello, además, se ha sumado la grave sequía sufrida por las regiones más fértiles del país en 2009.

Descenso de la inversión ganadera

Ernesto Ambrosetti, economista jefe de la Sociedad Rural Argentina, explicó ayer que desde 2007 se ha producido un descenso de la inversión ganadera del 30% anual, en su opinión debida a la “falta de previsibilidad” y el “cortoplacismo” de la política del matrimonio Kirchner, “que nunca sabes si te van a dejar exportar o no”. Las exportaciones de carne argentina estuvieron prohibidas durante tres meses en 2006, y hoy son dosificadas por el Ejecutivo, que otorga un permiso imprescindible para vender en el exterior.

Argentina es el mayor consumidor de carne vacuna del mundo (70 kilos por año, frente a los 40 de Estados Unidos o los 11 de España, por ejemplo) y uno de los principales exportadores del planeta, aunque su peso relativo ha disminuido en el último lustro. Brasil y Uruguay han empezado a ganar mercados internacionales y tratan de adquirir la vitola de calidad natural e inigualable sabor que acompañó al bife argentino durante todo el siglo XX.

Según Ambrosetti, en Brasilia y Montevideo llevan años “brindando por Néstor Kirchner” y su política de trabas a las exportaciones. Este periódico intentó ayer, sin éxito, recabar la opinión del Ministerio de Agricultura sobre el vertiginoso aumento de precios de la carne.

Debido al ciclo biológico de producción de la carne vacuna (unos tres años), es improbable que el mercado sufra una corrección a corto plazo, y prácticamente seguro que en el futuro aumenten los consumos de cerdo y pollo, cuyos ciclos productivos son mucho más cortos (medio año y 50 días, respectivamente).

En este sentido, es posible que acaben convirtiéndose en habituales ofertas como la que mostraba un restaurante de la avenida San Martín la semana pasada, en la ciudad de Mendoza: “Recomendación de la señora presidenta de la nación: ‘Incentivo sexual’, costeleta de cerdo con puré, más postre o café, 25 pesos con 90″.

Fondo del Bicentenario = Emisión Monetaria del Bicentenario

jueves, 11 de febrero de 2010

Por Domingo Cavallo

Cuando a fines de diciembre del año pasado el Ministro de Economía le llevó a Cristina Kirchner el proyecto de decreto para crear el ”Fondo del Bicentenario”, en realidad tendría que haberle explicado que se estaba ordenando al Banco Central poner a disposición del Gobierno la “Emisión Monetaria del Bicentenario”.

A esta altura debo concluir que Amado Boudou no le explicó bien a la Presidenta de qué se trataba. Me queda la duda de si el Ministro de Economía realmente entendía lo que le estaba proponiendo. Por eso quiero completar explicando por qué digo que se intentó decretar ( y aún se intenta legalizar, ahora con participación del Congreso Nacional) la “Emisión Monetaria del Bicentenario”.


El Banco Central emite dinero cuando permite que aumenten las cuentas de sus pasivos monetarios. Estos incluyen la “circulación monetaria”, los “depósitos de las entidades financieras en el Banco Central”y los “depósitos del Gobierno en el Banco Central”.

Los pasivos monetarios del Banco Central son un concepto más amplio que lo que actualmente se denomina”Base Monetaria”, porque incluye los depósitos del Gobierno contra los cuales el Gobierno puede girar de la misma forma que pueden hacerlo las entidades financieras contra sus depósitos. Por eso corresponde incluirlos en los pasivos monetarios que constituyen el verdadero concepto de “Dinero” emitido por el Banco Central.



No sería raro que ahora que necesitarán apoyo de los gobernadores que también necesitan dinero y de los diputados de izquierda que vienen pregonando que las reservas se utilicen para creación de infraestructura y estatización de empresas, el mecanismo del decreto se extienda a todas las “reservas de libre disponibilidad” . Si ello ocurre el gobierno podrá disponer de dinero de nueva emisión por 78 mil millones de pesos (tres veces la cifra que se indica en el decreto).Lo que el decreto de creación del Fondo del Bicentenario dispone no es otra cosa que el inicio de la corrida en contra del Peso. Seguramente cuando los ahorristas comiencen a demandar masivamente dólares, el gobierno saldrá a decir que forman parte del complot para derrocarlo, sin reconocer que se trata del fenómeno monetario que él mismo impulsó con el decreto de creación del Fondo del Bicentenario.
 
Lamentablemente para entonces será demasiado tarde. La emisión monetaria reponsable de la corrida ya se habrá producido y el Gobierno acentuará los controles de cambio para evitar que el precio del Dólar se escape o que la tasa de las Lebacs se vaya a las nubes.


Este Gobierno se caracteriza por sembrar vientos y cosechar tempestades. Me resulta difícil discernir si lo hace adrede o por ignorancia.

La enfermedad de Néstor Kirchner puso a las claras quién ostenta el poder actualmente

Por Walter Schmidt


E n 1978 los franceses Pierre Accoce y Pierre Rentchnick publicaban un libro en el que revelaban los historiales clínicos de hombres que gobernaron en distintos países -Kennedy, Stalin, Roosvelt- y cuyas decisiones, por su importancia, influyeron en el curso de la humanidad.


“El poder, los hombres y sus enfermedades”, refleja la conexión entre complejas decisiones políticas y las afecciones que en esos momentos padecían quienes las tomaban.

La obstrucción de la arteria carótida derecha de Néstor Kirchner, si bien tuvo antecedentes inmediatos en sus antecesores Carlos Menem y Fernando de la Rúa, puso a las claras, mas allá de la enfermedad, quién ostenta el poder actualmente aunque se trate de un ex mandatario.

Pero esa percepción es alimentada, además, por los inconvenientes que encuentra la oposición -algo recurrente- en establecer consensos y alternativas. Cobos, Carrió, Macri, De Narváez, Binner, Duhalde, difícilmente puedan compartir una mesa de diálogo y, con sus cruces, terminan siendo funcionales al oficialismo.

Julio Cobos, quien hasta hace poco navegaba por aguas tranquilas, debió timonear una tormenta que inevitablemente dejó secuelas. Cerca del vicepresidente no encuentran explicación a la posición del radicalismo, que contribuyó a horadar la figura del mendocino.

“Si siguen con estas internas, tratando de promover otros candidatos, pero sin buscar posiciones comunes, consensos, las cosas van a ir mal”, deslizó un cobista incondicional. El mensaje, está claro, fue para dirigentes como Gerardo Morales, que ven a la UCR junto a la Coalición Cívica de Elisa Carrió en el 2011. Sin embargo, Cobos apunta, más que a Carrió, a una alianza con sectores socialistas desde el arranque, y con peronistas en una segunda etapa.

Tras la muerte del ex presidente Raúl Alfonsín, es evidente que el radicalismo se sumergió en un pantano del que, sin liderazgos, se le hace difícil emerger. Cobistas y críticos del vicepresidente admiten ese estado, pero no admiten que sólo un acuerdo que defina referentes y lineamientos políticos puede solucionar ese estado de orfandad.

Mientras Carlos Reutemann dejó atrás el silencio para criticar con dureza al matrimonio Kirchner y vincularlo como nunca a un estado de corrupciónn otros dirigentes parecen recuperar sus ambiciones presidenciales.

En el escritorio del despacho de Mauricio Macri descansan una serie de encuestas que reflejan una recuperación de su imagen positiva así como de la visión sobre su gestión. Esas muestras, que generan cierta satisfacción en el macrismo, muestran a “Pino” Solanas, Mauricio Macri y Gabriela Michetti, en ese orden, como los mejores posicionados en la Capital Federal. Algo impensado en plena turbulencia por los casos de Ciro James, primero, y la renuncia de Abel Posse, después.

Pero la encuesta que mas entusiasma al Jefe de gobierno porteño es la que lo ubica -siempre en la ciudad- primero en intención de voto para presidente, seguido de “Pino” Solanas y con Cobos en tercer lugar.

“Mauricio quiere ser candidato a presidente sí o sí”, susurra un funcionario porteño. Ese comentario se haría una realidad insoslayable, dicen, si Reutemann decide no ser candidato presidencial.

En ese esquema, los macristas tienen fundadas expectativas en una alianza con el peronismo, porque descreen que Duhalde “se juegue solo” y que los justicialistas se resignen a condicionar su suerte a la del matrimonio presidencial.

Las diferencias abismales que hay entre Pepe Mujica y Néstor Kirchner

Por Alfredo Leuco

Ya hice una columna muy polémica y descarnada sobre las diferencias abismales de todo tipo que hay entre Pepe Mujica y Néstor Kirchner. Son casi las dos caras de la moneda de la política.



Sería como lavarse las manos y mirar para otro lado. Nosotros los ciudadanos somos buenos y los políticos son malos. No creo en eso. No conozco sociedades angelicales que produzcan presidentes diabólicos. Y esto va mucho más allá de la ideología. Tiene que ver con el tipo de cultura que se privilegia. Con la presencia o ausencia de valores solidarios y la clase de convivencia que ejercemos entre nosotros.


¿Es una casualidad que los policias chilenos no pidan ni acepten coimas? ¿Es un milagro que los sindicalistas uruguayos no sean millonarios? ¿Qué nos pasa a los argentinos con el cumplimiento de las normas y con el respeto a la ley?

Hablo de los delitos mayores como evadir impuestos hasta las violaciones de las reglas que permiten vivir civilizadamente en comunidad. Hablo de la caca del perro en la vereda, de la basura sacada a cualquier hora, de la lata de gaseosa que se tira por la ventana, del tapar la patente del auto con un trapo, de meterse por la banquina y levantar una polvareda infernal, en fin, de la trampa como si fuera una picardía o una piolada.

Eso es vivir siempre buscando atajos. Estafas de la vida cotidiana. Eso nos hace muy mal como argentinos y eso se refleja en muchas actitudes incomprensibles y se encarna en el comportamiento hipócrita, de doble discurso de muchos líderes políticos y empresarios.


Le doy el caso más terrible del que creo que no se habló lo suficiente. El último informe del Centro de Experimentación y Seguridad Vial (CESVI) que agrupa al 70% de las aseguradoras del país fue titulado por el lado de que en un año subió un 22% el robo de autos en todo el país. Pero yo creo que en ese trabajo había otro título terrible. Me da vergüenza decirlo. Pero nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.


El año pasado bajó la cantidad de robos de autos a mano armada y crecieron los hurtos. ¿Y sabe porque razón? Le pido que escuche bien por favor. El principal motivo fue el auto robo. ¿Escuchó bien? El principal motivo es porque hay argentinos vivísimos, ídolos seguramente entre sus amigos, que se roban a si mismos el auto o se lo hacen robar para cobrar el seguro.

¿Usted se imagina al Pepe Mujica haciendo eso? Creo que no tiene ni auto, anda en una motito. ¿Usted se imagina a Néstor Kirchner o a otros ex presidentes que tuvimos haciendo eso? Hummmm. No me conteste. Ya se que no todos nuestros ex presidentes lo harían. Pero con todo el dolor del alma creo que ese porcentaje es muy superior al de uruguay. Por eso ellos tienen mas posibilidades de tener como presidente a alguien como Mujica y nosotros como Menem o Kirchner.


No hay casualidades. Una vez puede ser un accidente de la historia. Pero no nacen de un repollo. Nosotros somos responsables de lo que generamos. De lo bueno y lo malo. Nuestros políticos se nos parecen en nuestras miserias y nuestras grandezas.

Hay que mejorar, condenar socialmente a los pícaros, a los egoístas, a los ladrones y los vagos y premiar a los inteligentes, a los generosos, a los honestos y a los que apuestas a la cultura del esfuerzo.

Nada nos asegura tener mejores presidentes. Pero ceo que el día que los argentinos seamos mejores ciudadanos, tendremos mejores presidentes.


Creo, porque esto es muy subjetivo, que Mujica se parece a los uruguayos y Kirchner se parece a los argentinos. Decirlo es doloroso pero necesario. Sería mas fácil ejercer la demagogia fácil y decir que somos un pueblo maravilloso pero tenemos “la mala suerte” de elegir presidentes nefastos.